—Naoki-kun— Kotoko lo llamó en la parada del semáforo.
—Si?— Volteó a verla, aun pasmado porque llevaban cierto tiempo juntos recorriendo las calles del distrito Shibuya sin meterse a ningún local, y tampoco parecía que terminarían pronto. El cansancio se le avecinaba, pero él se rehusaba en darle prioridad al sueño ya que se encontraba con su persona especial y eso no lo cambiaría por nada.
—Te parece si nos metemos a un local?— Le preguntó mostrando su expresión de duda, rechinando los dientes y encogiéndose de hombros. Parecía una niña cuando hacia esa expresión.
—Local?— Enarcó una ceja, sospechoso. —Acaso no vinimos solamente a filmar el movimiento aparente y nos regresamos?— Ladeó la cabeza en gesto bonachón.
—Bueno— Se rió nerviosa, desviando la mirada. —Es que me dio hambre— Confesó.
A él se le escapó una sonrisa genuina.
—Vamos, Kotoko— Dijo ablandado por la situación.
Ambos entraron a una cafetería del distrito Shinjuku del cual tomaron un autobús y se bajaron en la parada indicada, caminaron unas cuantas calles llamado "Breizh cafe Creperie" de comida francesa. Tomaron asiento en una mesa de madera circular para dos personas.
—Creperia, eh?— Suspiró Kotoko mañosamente, enarcando las cejas.
—Qué tienen las creperias?— Inquirió él inquieto de su reacción.
—Me parecen formales—Intercaló los dedos sobre la mesa, reposando los antebrazos sobre el borde de la mesa circular, dejando caer sus hombros en dirección al suelo. —Tienen un ambiente serio, me atrevo a decir que pretencioso, si, eso— En ese momento apareció la mesera, que logró escuchar a Kotoko.
Naoki apretó la mandíbula de la misma vergüenza, llevándose una mano a la frente queriendo desaparecer de ahí.
—Su menú— Les entregó dos menús con el ceño fruncido, sin mirarle la cara a Kotoko que se reía de su entrometimiento.
—Hay gracias— Agradeció burlona. —Mesera— soltó una carcajada mostrando su lado infantil, quien con solo sonreír las cosas comenzaban a verse de un mejor ángulo.
—Kotoko, no vinimos aquí para que te burles de la mesera— Regañó en pose autoritaria, acercando su torso hacia la mesa en acción imperativa.
—Pero si tu escogiste el lugar— Resopló tercamente.
Ah cierto…
Ella tenía razón, él había escogido el lugar sin pensar en las consecuencias de las imprudencias de Kotoko, aunque no le molestaba del todo que ella hiciera lo que le placiera, siempre y cuando la viera sonreír. Hasta se atrevería a ver el mundo arder.
—Por lo menos compórtate en este lugar— Ordenó cruzándose de brazos, enarcando una ceja en modo autoritario.
—Me lo dices a mí?— Ella alzó las cejas de manera juguetona. Él asintió sin emitir palabra. —Bueno, es justificable— Mencionó reiterada. —Porque te dejé elegir, ya que siempre elijo yo—
—Obviamente— Aseguró narcisista.
—Eres muy presumido, Naoki-kun— Respingó ella arrugando la nariz, cruzándose se brazos resignadamente.
Él no diría el término presumido, sino presuntuoso.
Aunque descartaba ser un hombre de muchas palabras porque decir mucho no lo hacia, él más bien, era de pocas palabras, pero llegando siempre al punto.
Suspiró abrumado por la situación que consideraba descarrilada, porque quería abarcar otras cuestiones con Kotoko, cuestiones mejor dichas, personales.
Hablar de sentimientos no eran lo suyo, éranse puras tonterías de la juventud.
Hablar de música tampoco era su fuerte, pero llevaba tiempo dedicándose a coleccionar casetes del género de música que a Kotoko le agradaba.
Pero si tenía qué hacer algo era conversar, es decir, hablar.
La mesera volvió a aparecer para tomarles la orden, sin embargo, Kotoko cambió de expresión a una bromista, mas no presumida.
—Mesera— Se rió detrás de sus manos que cubrían su boca.
La mesera hizo un movimiento desinteresado de cabeza, bufando irritada. Naoki, decidió intervenir antes de que el problema se hiciera mayor.
—Ya sabemos qué vamos a ordenar— Habló haciendo su mejor sonrisa amable, forzando a su voz salir elegante.
—Si?— La mesera, que a su ver, se mostró interesada en él, anotó la orden de ambos y tan pronto como miró el rostro burlón de Kotoko se marchó nuevamente, irritada.
—Kotoko, ya deja de reírte de la mesera— La regañó en tono severo, frunciendo el ceño, colocando ambas manos abiertas en la mesa, haciéndola tambalear de la impresión de haberle visto de ese modo.
—Está bien— Puso las manos a la defensiva en la altura del pecho. —Dejaré en paz a la mesera— Aseguró abriendo los ojos, recobrando la antes postura relajada en la silla.
Él bajó los hombros, sintiendo que el cúmulo de tensión se vaciaba de su cuerpo como si las malas energías se esfumaran de su punto de asentamiento. La tensión, en sí, no era a causa de Kotoko, sino de ser corridos del restaurante y ser objetos de burla para los otros clientes que se hallaban en el local. Él ser un objeto de burla era una idea que no le agradaba en absoluto.
Desconocía cómo Kotoko podía vivir siendo el hazme reír de sus conocidos y encima, soportarlo.
—Naoki-kun?— Lo llamó atenta, dirigiéndola una mirada fija, ladeando la cabeza.
—Hm— Recuperó la atención, un tanto desorientado, pero la recuperó al menos.
—Te mirabas pensativo— Comentó desconcertada, sin perderlo de vista. —Me intriga saber lo que piensas— Entrelazó los dedos sobre la mesa, suscitando en él una corazonada peligrosa, porque sentía que las mejillas comenzaban a colorarse a un rosa pálido.
—Lo que pienso yo?— Cuestionó, con el corazón palpitándole desde el pecho.
Asintió cabeceando.
—No te diré lo que pasa por mi cabeza— Refunfuñó parco, subiendo el mentón en aire desinteresado.
—Pero yo sí te digo lo que pasa por la mía— Presumió meciendo la cabeza de un lado para el otro, silbando. —Por ejemplo, te conté el anécdota que sucedió cuando me quedé sin casa—
—El de cuando pasó el temblor?— Cuestionó sonriendo burlonamente. Ella asintió.
—Entiendes mi punto?— Sonrió ladina.
—Sí— Resopló irguiendo la espalda dándose un aspecto maduro, mas sin parecer frívolo como lo haría su yo del pasado. —Que hable más sobre mis pensamientos— Expresó en fachada molesta.
—Exacto— Apuntó afirmativa. —Si no eres honesto con las personas, cómo te van a entender?—
No dirás lo mismo si te digo que me gustas, resopló en su mente.
—Ya entendí— Refutó parcamente, mordiéndose el labio inferior tratando de no esquivar la mirada en caso de verse obvio en su supuesta actitud molesta. —No me lo tienes qué explicar—
—Ah de verdad?— Se detuvo con la boca abierta, parpadeando.
Naoki soltó una risita, pensando en que ella se vio chistosa haciendo ese gesto.
—Kotoko, yo hablaré cuando me sienta dispuesto a hacerlo— Explicó, esbozando una sonrisa de lado, alzando ambas cejas y luego bajándolas. —Así que no hay necesidad de que me lo digas, de acuerdo?— Enarcó una ceja, sonando claro.
—Yo creo— Afirmó, moviendo la boca apretada, como si lo estuviera asimilando. —No quieres hablar, entonces?— Preguntó dudosa, entrecerrando los ojos.
—No es eso— Dio la negativa. —El punto es que no quiero hablar de mi—
Kotoko meditó su comentario, asintiendo ligeramente la cabeza, asimilando —lo que él suponía, había dicho—.
—Mejor concentra tu atención en la comida— Repuso resignado de hablar de él mismo. —Es mejor así—
Reconoció ser torpe para iniciar las conversaciones, juntando lo sucedido con el capitán canalla que se hacía llamar Nakagawa, que nada de gracia parecía darle a él mas que puro bochorno.
Descartaba su molestia en Kotoko, porque le gustaba, pero no descartaba la idea de que posiblemente ella se interese en encontrar al supuesto primo de Nakagawa, porque sabía que ella era una persona bastante curiosa, y de ser así, sus oportunidades podían irse a la basura si no se apuraba. Se irritaba al recordarse que debía de ser rápido y asertivo en las cuestiones del amor, mas se seguía mostrando torpe, inseguro, incluso desviando la mirada.
Esa nueva faceta suya no le provocaba mas que malestar.
Tragó saliva, sopesando ambas manos entre sí, provocando fricción.
Notaba que Kotoko no alcanzaba a comprender lo que él quería explicar, por lo que decidió intervenir.
—No te preocupes por mí— Dijo parco. —Mejor concéntrate en tus cosas que son más importantes que las mías, esas las puedo resolver yo— Puso gesto afirmativo.
—Me interesas tú— Confesó ella de manera precipitada, dirigiéndole una mirada intensa, haciendo que él se ahogara en su propia saliva.
Qué acababa de suceder?
—Disculpa?— Masculló rasposo.
—Me interesas tú, Naoki-kun— Kotoko lo miró con tal intensidad que creyó que moriría ahí mismo. Nunca ella lo había mirado de esa manera. —Me interesa lo que sucede contigo, lo que haces, lo que quieres hacer— Dijo desenfrenadamente. —Me interesa todo de ti—
Él tardó en responder, paralizado por la repentina confesión de Kotoko, que en parte lo había dejado desorientado.
Acaso Kotoko insinuaba que sentía cosas por él?
—Ahora sí soy clara?— Concluyó ella, esbozando una sonrisa inocente.
Naoki juró que el corazón se le detuvo en ese breve instante.
