No supo exactamente cuánto tiempo estuvo dormida, pero en algún momento los diversos sonidos y el intenso olor del mar la inundaron por completo.
Lentamente abrió los ojos y con una leve pereza se incorporó. Su largo cabello naranja se agitó con el repentino movimiento, mientras ella buscaba con los ojos algo que le dijera en qué sitio se encontraba.
Sin mucha opción Nami comenzó a caminar hasta que el sitio le resultó completamente familiar, finalmente lo había reconocido, Cocoyashi, su hogar.
Después de tanto tiempo finalmente estaba en su hogar.
La navegante Mugiwara siguió avanzando, presa de la familiaridad que su amada isla le brindaba, hasta que divisó algo unos metros más adelante. Perdió el aliento al revivir aquella escena.
El cuchillo en su mano, el sombrero de paja en su cabeza, Luffy allí siendo su pilar como siempre, estando para ella como siempre.
Su versión más joven estaba tan rota en ese momento, Nami todavía se estremecía al recordar esos días tan oscuros cuando no era más que una marioneta de Arlong, y ahora lo estaba reviviendo.
Entonces volvió a escucharlo.
—Luffy, ayúdame—dijo entre lágrimas la joven Nami.
Luffy, mientras le daba la espalda, gritó con todas sus fuerzas.
—¡Claro que sí!
'Esta vez seré yo quien te ayude, capitán' pensó la pelinaranja mientras seguía su camino.
Esta vez ella estaría ahí para él.
Tal y como le prometió a su hermano pequeño Ace fue a buscarle comida. Llevaba ya rato en la cocina esperando con paciencia que Thatch terminara el almuerzo, el gran almuerzo.
—Soy un cocinero experto Ace… y el mocoso es tu hermano—, Ace soltó una carcajada ante eso. Su nakama tenía razón, Luffy comía tanto como él o más. Sintió lástima por Dadan al pensar en eso, mantenerlos a ambos debió ser un martirio, aunque los dos cazaban la mayor parte de la comida—me alegra verte mejor—dijo Thacth, ahora un poco más serio al observar al menor.
El pecoso dudó por un instante antes de hablar.
—La verdad… estoy hecho pedazos—, su voz, sin que él lo pudiera evitar, se rompió. Le costaba mucho expresarse, sin embargo era necesario, necesitaba hablar con alguien o explotaría —detesto no poder llamarlo Lu, aborrezco que me mire con lástima, como si fuera un extraño que le parece simpático y no quiere lastimar siendo "descortés " y sabes qué es lo peor, que a Luffy nunca le importaron esas cosas y odio que ahora lo haga… ya lo echaba de menos antes, ahora lo tengo aquí mismo, pero nunca lo había extrañado tanto…
—Realmente te importa—el cocinero, que al principio se sorprendió por la sinceridad del pecoso, perdió el aliento ante él, jamás pensó ver una mirada tan afectuosa a la vez que dolorosa salir de Ace.
—Estoy aquí por él—. Confesó, con una mirada solemne, 'es mi razón de existir' pensó—Es mi hermanito y lucharé por ganármelo. Una maldita amnesia no me va arrebatar a Luffy —dijo con determinación.
—¡Rayos! A este paso tanto amor fraternal acabará conmigo—el hombre mayor no mentía, ya casi sentía las lágrimas salir y como en el infierno lloraría delante de su nuevo hermano. Decidió entonces concentrarse en su cocina.
Ace se sonrojó, pero no negó nada de lo dicho por Thacth.
Luffy y Sabo fueron, y siempre serían, su razón de existir. Amaba a sus dos hermanos, nunca logró perdonarse por completo la muerte de Sabo y no estaba dispuesto a perder a Luffy.
Una vez tuvo la comida en sus manos volvió a la enfermería rápidamente.
La cara de alegría pura que puso el menor al verlo llegar lo valió todo, cualquier malestar que Ace pudiera tener despareció en un instante.
Se sentó por unos instantes a su lado, simplemente disfrutando de tenerlo allí.
Luffy era la persona más importante en su vida y a pesar de dolor que le provocaba el haber sido olvidado su presencia bastaba para él.
Unos minutos después decidió salir a acabar con su propia hambre, sin perder tiempo se dirigió hacia la cocina.
—¡Ace!— Entonces la voz de su nakama hizo que detuviera sus pasos, se volvió y con una sonrisa se acercó a su amigo.
—Hah, ¡qué comida tan deliciosa!—Luffy dio un suspiro contento—Es casi tan buena como la de Sanji shishishi.
El pelinegro tomó todos los platos y los puso al costado de su cama. Al principio había estado un poco desconcertado por todo lo ocurrido, sobretodo con Ace.
'Ace' pensó, inconscientemente hizo una mueca de dolor cuando el rostro preocupado del pecoso brilló en su mente. Ese nombre le resultaba demasiado familiar, ese rostro también, todo acerca de él le resultaba familiar.
Luffy deseaba con todo su corazón creer en él, sus instintos prácticamente le gritaban que el pecoso decía la verdad, que él realmente era su hermano.
—¿Por qué no logro recordarlo?—el capitán Mugiwara apretó los puños con frustración.
Los últimos días el chico de goma se había pasado horas pensando, él de todas las personas, probablemente sus nakamas y Sabo se sentirían orgullosos, en fin, sin importar lo mucho que se esforzara nada cambiaba, no podía recordar.
Sintiéndose frustrado, no solo por el esfuerzo que le había tomado pensar, sino también por haber pasado horas en esa horrorosa cama, el joven capitán se levantó. Inmediatamente se sintió mejor, con su clásica risa fue hacia la salida y avanzó por un largo pasillo hasta llegar a cubierta.
Una vez ahí se paralizó por completo.
Ace… Ace estaba sonriendo, sus ojos brillaban llenos de felicidad y confianza…
Junto a Teach.
Junto a Barbanegra.
Algo en esa imagen hizo que se le revolviera el estómago. Un instinto protector feroz invadió todo su cuerpo.
En un instante lo vio todo rojo.
Antes de que nadie pudiera procesar nada Teach ya estaba contra la pared, a punto de ser asesinado.
