—Y, quién es ese alguien?— Dijo interrogante, tratando de que el pánico permaneciera atado a su interior. —Si se puede saber—

La vio colorarse poco de las mejillas, y apareció una sonrisa inocente en sus labios rosados. La imagen que presenció le hizo estremecerse.

—A él lo conoces muy bien— Enfatizó el "muy bien" alzando las cejas como si quisiera decirle algo importante entre líneas, pero él se quedó corto en entender el mensaje.

Quién rayos es el sujeto que conquistó a Kotoko, sin ser él?

—Lo conoces tan bien— Siguió ella insinuándole. —Que hasta pueden ser la misma persona— Alzó la voz en tono sarcástico. —Vive en el distrito de Setagawa y él es muy inteligente— De nuevo, remarcó el "muy inteligente" en su cara, queriéndole dar a entender algo detrás de sus palabras, pero él seguía sin comprender.

—Desconozco de quién hablas— Articuló desganado. Pensaba que ella hablaba de alguien más, o de algún otro sujeto que hubo logrado que el corazón de Kotoko latiera a mil por hora, mientras que él, un pobre enamorado que sólo metía la pata.

Ella sopló frustrada, poniendo los ojos en blanco.

—No sabes a quién me refiero?— Cuestionó incrédula, poniendo gesto desesperado. —De verdad no lo sabes?—

—No— Respondió molesto.

—Eres muy denso, Naoki-kun— Sonrió burlona.

—Te estás burlando de mi?— Inquirió molesto.

—No— Le sacó la lengua mofándose de él. —Pero, me sorprende que seas tan denso—

—Kotoko— Intentó acercarse, sin embargo, ello lo retuvo poniendo la mano en alto.

—No te preocupes por eso— Advirtió segura. —Yo te demostraré quién es el chico que me gusta— Sonrió mofadamente, tomando dos pasos hacia su dirección dejando que un mínimo espacio libre los separara de aquella brecha.

El corazón se le detuvo al verla de ese modo. Qué linda! Exclamó dejando escapar un leve sonrojo en sus mejillas encendidas.

El amor que sentía para con ella, brotaba y se expandía por los rincones del universo hasta convertirse en un abismo que lo rodeaba de solo calor y convicción.

Todo aquello que añoraba transmitir, todo por lo que luchaba a diario en demostrar se puso en pausa al saber que quizás el hombre que ella quería no era él.

Una profunda tristeza invadió su cuerpo.

—Naoki-kun?— Kotoko se ladeó a verlo directamente a la cara. Él, al notarlo, desvió la mirada apenado con su ridículo comportamiento de perdedor. Él no era así.

—Estoy bien— Farfulló enfadado consigo mismo, queriendo desaparecer. Huir siempre era su solución, la que mejor le salía y la que no cambiaba por otras opciones.

Ya se consideraba un torpe enamorado con el corazón desahuciado y desalentado.

Comenzó a caminar en dirección contraria, cabizbajo; de pronto, unos brazos lo sostuvieron desde la espalda, paralizándolo como si él fuera una estatua.

Su cuerpo entero se detuvo.

Su tristeza se disipó de su cuerpo como si ella la succionara con su tremenda fuerza de voluntad; y con ello, se desvaneció por un leve momento los sentimientos conflictivos que sintió segundos antes.

Pero, sabía que debía volver a la realidad en vez de quedarse en su pequeño mundo de ficción amorosa.

—Kotoko?— Articuló, notando que su voz salió trémula al igual que su estático cuerpo mostraba una reacción contraria. Sus manos subieron hacia las de ella, cogiéndola amablemente, sintiendo la calidez que ella irradiaba.

—No te voy a soltar!— Advirtió ella en voz alta, determinada en retenerlo. Ella ejerció presión en su cuerpo, estirando lo que pudo sus brazos sobre él.

Nunca antes ella había echo una acción tan vivaz.

—Por-por qué?— Inquirió inquieto y ansioso en saber.

Si ella le daba una excusa tonta como eso de 'somos amigos' se iría a casa solo.

Ese abrazo no parecía ser de "amigos" como lo diría él, sino una abrazo romántico y sincero que probablemente, no, no era una probabilidad, sino un hecho de que los unía.

Al ver que ella no habló, volvió a cuestionarle.

—No quiero soltarte, Naoki-kun— Expresó convicta. —No cuando…— Se trabó, ocultando su rostro en su espalda.

No cuando, qué? Esa pregunta usurpó su mente.

Cogió una de sus manos, y la giró hacia él, separándola de su espalda. De modo que pudieran verse cara a cara.

La boca le sabía extraño, al igual que su pecho daba vuelcos y saltos por doquier, las manos le sudaban de igual manera y el cuerpo le amenazaba con subir de temperatura a niveles bruscos.

A veces él creía que el cuerpo le reaccionaba extraño cuando se trataba de cuestiones de amor.

—No cuando, qué? Kotoko— Demandó saber, ejerciendo autoridad en su voz. Tragó saliva al ver que sus labios estaban entreabiertos y rosados desde su punto de vista. De no ser porque esperaba una respuesta de su parte, la besaría sin dudarlo. La vio entrar en pánico. —Dímelo!—

Ella asintió, moviendo los ojos en conflicto. Estuvo a punto de renunciar en tratar de averiguar el motivo detrás de las acciones de Kotoko, mas no fue de ese modo.

Ella trató de calmarse, respirando profundamente para poderle responder.

—Me lo puedes decir?— Puso sus manos sobre los hombros de Kotoko. —Si no me lo dices— Intentó amenazarla. —Te besaré— Agregó sintiendo un escozor en su paladar.

Cerró los ojos queriendo desaparecer de la faz de la tierra por su inútil comportamiento.

—Qué?!— La vio palidecer.

—Lo que escuchaste, Kotoko— Cogió valor de quién sabe donde, emulando desde su cuerpo una energía que demostraba su urgencia en conocer la verdad. Posiblemente la verdad que lo libere de tanta cobardía por su parte. —Te besaré si no me lo dices— Amenazó fríamente, escuchando su voz salir hosca y oscura. —Qué harás, Kotoko?—

—No te diré— Respondió Kotoko alterada.

Tragó saliva sintiendo en nudo en la garganta aparecerle, y decidió cumplir con su palabra, a lo que bajó la cabeza en dirección a su boca entreabierta. Entrecerró los párpados para alcanzarla, cuando…

—Lo que pasa es que— Comenzó ella balbuceando. Él, en ese instante se frenó a centímetros de su boca, sintiendo la respiración que ella emitía desde su nariz. —No quiero perderte— Confesó abiertamente, poniendo ambas manos sobre sus brazos para sostenerlo firmemente entre su agarre.

—Qué?— Se quedó estático.

Lo que salió de la boca de Kotoko, era real? Podía creer en ello?

—Por qué dices eso?— Farfulló falto de aire, respirando agitadamente efecto de la confesión de ella.

—A veces te siento distante— Levantó la vista, expresando en sus ojos avellana súplica.—Y a veces siento que me odias—

Escuchó bien? Que él la odia? Frunció el ceño, abriendo levemente la boca en sorpresa.

—Disculpa?—

—Da la impresión de que me odias— Dijo ella. —O que te desagrado—

En verdad él daba esa impresión? Pero si él la quería con fervor, admiración y sobre todo con ardoroso afecto.

Le faltaban razones para subsecuentar sus constantes estupideces que repetía por miedo a ser descubierto, por cobardía, mejor dicho, y si siguió tomando ese camino fue por idiota. Un gran idiota, eso era lo que él era. Un gran y patético idiota que en vez de darle seguridad a la chica que quería, le daba inseguridades.

En verdad él era patético.

—No me perderás tan fácil— Habló agitado, sobre tomado por la emoción. La vio abandonar la expresión de pánico de su rostro, a lo que él suspiró aliviado.

—Lo dices en serio?— Lo volteó a ver esperanzada. El asintió rendido a sus encantos, como siempre. —Me veo muy rogona, no? Has de pensar que de seguro me veo patética— Se rió nerviosa, soltándolo en ese instante.

Otra tristeza surgió en su cuerpo, sintiéndose desolado de su presencia, nuevamente, como siempre.

Siempre era él quien se sentía triste y lamentable cuando desconocía cómo actuar, o el que siempre iba detrás de ella como perrito faldero. Pero, qué más podía hacer él? Si lo único que buscaba era su afecto, el cariño y amor de Kotoko, solo eso.

Sin embargo, admitió ver que en ella comenzaba a ver un cambio con respecto entre ellos, en cierta forma, que su conexión en vez de alejarse, se iba entrelazando por las burlas del destino.

Los brazos manipuladores del destino que no paraban de sacudirlo hasta hartarlo de sus inconstantes conflictos.

Nunca terminaba de resolver uno cuando se le aproximaba otro.

—Por supuesto que no— Negó toda posibilidad de que ella se considerara como patética, si el patético aquí era él. —Yo no creo que seas patética, Kotoko—

Al contrario, eres la chica más linda de todas.

—Molesta a veces sí— Agregó, apretando los dientes en acción de mofarse de ella. —Pero, no patética—

—Prefiero ser molesta que patética— Repuso ella sonriendo.

—Te queda más esa característica—

—Entonces no te voy a perder?— Interrogó ella reflejando iniciativa.

—No— Aseguró él, sonando certero.

—Bueno, entonces vámonos— Le guiñó el ojo, sonriendo.


La acompañó hasta su departamento, aligerando aquella carga que, de una u otra manera, lo sometía a autotorturarse para lograr algo.

La dejó, sin dar explicaciones sobre sus sentimientos, sin anticiparle lo mucho que la quería a pesar de todo, a pesar de que el tiempo no le era suficiente para abrazarla toda una vida, a pesar de que ella era tan linda y él un estúpido en el amor.

Se despidió de ella, sintiendo que su pecho se apretujaba y se retorcía de la profunda tristeza que le hacía sentirse de ese modo: insatisfecho.

Puesto a que su infelicidad se debía a que él era muy negativo y cobarde para actuar, y para arriesgarse a tomar decisiones que a fin de cuentas, podían ser las correctas.

Restringirse de su propia felicidad resultaba ser intolerable.

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P.D. Este capítulo es interesante, incluso cuando lo escribí lo sentí así. Kotoko ya está dispuesta en probar su amor por Naoki aunque él no esté consciente de que él es quién ya ha ganado su corazón. Y él tan denso!

Le tomara cierto tiempo entenderlo, pero la determinación y convicción de Kotoko serán más asertivas que las suyas, por lo que la tomé como clave para que la trama acelerara y no se viera como una historia sin rumbo.