Nota:
-Hola. Disculpa la tardanza, pero tiene explicación, fui presa de un horrible bloqueo y no era capaz de leer o escribir nada que tuviera que ver con One Piece, ni siquiera el manga :')
-Entonces un día decidí volver a empezar y leí el manga desde el capítulo uno, fue como la espinaca de Popeye, el amor se incrementó y la inspiración volvió con todo, tanto que ya casi tengo la mitad del próximo capítulo escrito.
-Disculpa nuevamente, espero que todavía tengan ganas de leer esta historia. Un beso.
-One Piece no me pertenece, los personajes son creación de Eiichiro Oda.
Capítulo 7
Báltigo, en algún sector remoto de la isla.
Viento. Viento. Viento. Y más viento, Zoro no recordaba haber estado nunca en un lugar con un clima similar, ese fue su primer pensamiento al despertar.
Con cuidado movió su mano, estaba algo entumecida por el frío, seguido de eso movió los dedos de sus pies, tras inspeccionar que no tenía ninguna herida potencialmente peligrosa y comprobar que sus tres espadas estuvieran con él, decidió iniciar con su misión.
Lentamente el espadachín se levantó. La isla estaba completamente desértica, con mucha nieve por los alrededores. Zoro estaba feliz de ser el encargado de cumplir con esta misión, si hubiera tenido que olvidar a Kuina, una parte de sí mismo hubiera muerto también. Pero el peliverde sabía que de tener que olvidarla, lo hubiera hecho. Zoro siempre elegiría a Luffy, su capitán sería el primero siempre.
Tras lo ocurrido en Wano, cuando en medio de su escape la misteriosa criatura apareció, todos habían entrado en pánico.
Él no aprobaba del todo el obrar de la Sognatori, pese a entender sus razones, Zoro creía que quitarle a Luffy sus recuerdos de Ace era cruel, Ace era parte de Luffy, sería como si le quitaran una parte vital de sí mismo y el espadachín casi lo aborrecía. Sin embargo acabó aceptando.
Siguió caminando por la superficie rocosa, en búsqueda del ejército clandestino más grande del mundo. Vaya suerte, y le tocaba justamente a él encontrarlo. Él, que tenía la mala suerte de encontrar calles móviles por donde quiera que pasase. Las malditas simplemente no se quedaban quietas. Gruñó frustrado.
Todo había sido idea de Usopp.
Cuando tuvieron la oportunidad de darle a Luffy una segunda oportunidad con Ace, al ofrecer ellos mismos sus propios valiosos recuerdos, el francotirador, quien siempre era el primero en huir, se enfrentó a la criatura. Irónico, pero la gente tiende a hacer locuras por Luffy, y Usopp amaba a su capitán como si de un hermano se tratase. Le exigió que salvara a Sabo, si era lo suficientemente fuerte como para salvar a uno, entonces podía salvarlos a los dos.
Lastimosamente no era tan simple, nunca nada era tan simple. Necesitaban un intercambio equivalente.
Quitarle a Luffy más recuerdos no era una opción, ellos ya habían accedido a dar algunos muy valiosos para siempre, por lo que solo quedaba una alternativa. Sus vidas.
Jinbe fue el primero en ofrecer su vida a cambio del Jefe Revolucionario, pero su elección fue rechazada de tajo. Luffy no cambiaría a su tripulación por sus hermanos, nunca. Sabían que su capitán jamás aceptaría tal medida y ellos tampoco la aceptarían. La tripulación Sombrero de Paja era sumamente protectora, tal cual su capitán, se cuidaban de una manera especial entre todos, eran ellos contra el mundo, desde el principio y hasta el final.
Así que fueron por la última medida, esperanza de vida.
Fue así como todos terminaron dando años de vida a cambio de una oportunidad de salvar a Sabo de su trágico final en la Levely.
Y ahora Zoro debía encontrarlo.
¿Qué tan difícil puede ser hallar a una persona en medio de una isla enorme? No sería tan difícil para Robin, quien había huido del gobierno durante 20 años, o para Sanji, quien tenía la manía de actuar por su cuenta y desaparecer en casi todas sus aventuras para actuar como espía y demás, pero este era Zoro, por lo que un largo camino estaba por delante.
I
No sabía cuánto tiempo había pasado, pudieron ser días o solo horas, Luffy estaba en una celda, lo habían metido ahí después del ataque a Teach, ya había aprendido el nombre del otro hombre tras escucharlo infinidad de veces salir de los diferentes piratas que se habían acercado a él para insultarlo.
Luffy no los culpaba, él haría lo mismo o incluso algo peor si alguien se atreviera a tocar a un miembro de su tripulación, pero no se arrepentía en lo absoluto. Desde muy joven había recibido entrenamiento de su abuelo, esos días solo en la selva impulsaron todos sus sentidos, en especial su instinto, Luffy había aprendido a confiar en él, nunca le había fallado, e incluso ahora, pese a no tener una razón lógica para su actuar, sabía que había hecho lo correcto. Había algo oscuro en ese hombre, le recordaba demasiado a uno de los yonkos.
— ¿Cómo había dicho Robin que se llamaba? Hmm… Barba algo, sí, definitivamente era algo sobre una barba—Luffy siguió pensando por mucho tiempo, al final se rindió por el inminente dolor de cabeza
La oscuridad abundaba en el lugar, por el polvo se podía deducir el poco uso que se le daba a la celda, Luffy sonrió, la tripulación de Ace le gustaba, se sentía similar a la suya de alguna manera, por supuesto que no era igual, sus nakamas eran únicos, pero al capitán de goma le agradaban, a excepción del gordo, por supuesto. Con eso en la cabeza se quedó dormido.
Sudor, agitación, jadeos en busca de aire.
Estaba corriendo en un gran espacio, el verde abarcaba mucho del mismo, había grandes árboles y también grandes animales. El cielo despejado se extendía en todo su esplendor, la inmensidad y majestuosidad de la naturaleza que siempre había rodeado a Monte Corvo no se hicieron esperar.
Le faltaba el aliento a causa de la carrera, pero no se rendiría, él jamás se rendiría. Sacudió la cabeza, su sombrero era demasiado grande, varias veces tuvo que acomodarlo durante la carrera, al levantar la cabeza y ver una espalda avanzar delante de él su sonrisa se ensanchó.
Sombrero de copa, tubo en mano, camisa azul, pelo rubio. Era Sabo, su hermano. La vista familiar calentó el pecho de Luffy con una agradable sensación familiar, lo echaba mucho de menos, no lo había visto desde Dressrosa.
Pero de pronto ya no era solo una espalda, eran dos.
Pelo negro, tubo en mano, ropa naranja, no se le veía el rostro, pero Luffy lo reconoció, Ace.
Extraño, ¿qué hacía Ace allí?
—Ace…hermano…—dijo entre sueños, volviendo a quedar dormido en poco tiempo.
II
Thatch estaba preocupado, nunca había visto a Ace tan mal. El encierro del chico estaba afectando a su hermano menor, pero el mocoso orgulloso no quería demostrarlo. Idiota.
El comandante de la cuarta división no fue capaz de soportar el estrés, así que terminó haciendo montañas de comida, pero nada funcionaba. Suspiró.
En eso una piña parlante se le acercó preocupada.
— Estoy preocupado, pero no soy una piña parlante-yoi—el tono molesto de Marco no se hizo esperar.
— Oh, ¿lo dije en voz alta?—la cara del contrario le dio toda la afirmación necesaria.
Ahora Thatch siguió cocinando con un enorme chichón en la cabeza.
— Hablaré con Ace-yoi, estoy pensando mandarlo a una misión, creo que necesita despejarse.
— Esa suena como una buena idea, ha vuelto a poner esa cara, la que tenía antes de unirse a nosotros.
— Lo sé, quiero bajar al sótano y darle una paliza al mocoso que lastimó a nuestro hermano-yoi.
— No lo harías, eres demasiado amable para lastimar a un niño—Marco rodó los ojos, su hermano tenía razón- ¿qué tipo de misión le quieres dar a Ace?
— Recibimos un extraño mensaje de Jinbe, dice que es urgente enviar a alguien de confianza a Báltigo.
— ¿Báltigo? No era una isla desierta, creí que era imposible llegar allí de forma normal.
— Lo sé, pero nunca escuché a Jinbe ser tan tajante, incluso envió una vibre card de un tal Roronoa, al parecer hay algo muy importante en ese lugar.
— Extraño, esto es demasiado extraño. Por cierto, ¿cómo está Teach?
— Mejor, se encerró en su habitación apenas tuvo oportunidad. Dijo que necesitaba leer para despejarse, ya sabes cómo es. Estoy pensando enviarlo con Ace.
— Buena idea, eso calmará el espíritu sobreprotector de nuestro hermano menor y Teach debería mantenerse lo más alejado posible de niño.
— ¿Vas a llevarle comida?
— Por supuesto, nadie morirá de hambre mientras yo esté en este barco, eso incluye a nuestro pequeño prisionero.
— Thatch, no olvides que lastimó a nuestro hermano, sé que tienes debilidad con los niños, pero no te encariñes con él por más inofensivo que parezca, es un prisionero.
— Sí mamá, me comportaré.
El golpe no se hizo esperar.
