Llegó a casa pasados los días de su salida con Kotoko, una tarde cualquiera.

Los aires de primavera se avecinaban y los vientos frescos del invierno se alejaban de la proximidad epitelial.

Depositó sus zapatos en la estantería donde acomodaban los zapatos de cada uno de su familia, para colocarse las pantuflas que solía utilizar cuando estaba en las comodidades de su hogar.

—Bienvenido, Onii-chan— Silbó su madre sonriente, él asintió inexpresivo, como siempre.

—Onii-chan— Su hermano lo saludó levantando la vista del suelo donde él hacia la tarea.

Desde que Kotoko se había mudado de su hogar, su hermano se ponía a hacer la tarea en la sala en lugar de hacerla en su habitación, ya que aunque no lo admitiera, se sentía solo. Y en soledad la tarea no se le daba mucho a Yuuki, al contrario, se tardaba el doble que estando acompañado.

Naoki podía opinar lo mismo.

Él se sentía solo la mayor parte del tiempo, incluso cuando estaba con su familia en las dos comidas del día que compartía con ellos, o incluso cuando su madre le contaba historias de cómo le había ido en el día. No importaba cuantas cosas le contaran y cuantas personas de hallaban en el mismo espacio existencial que él, porque siempre se sentiría solo.

Él era un hombre solitario, y carente de sentido.

Pero, existía solamente una persona en su vida que le daba un sentido a esa vida carente de tenerlo, y esa persona se había mudado de su casa por tiempo indefinido.

Él quería a Kotoko, y la quería mucho, mas eso no bastaba para hacerla quedarse en su hogar porque él nunca se lo rebeló a ella, por cobarde.

Solamente con Kotoko se sentía acompañado, como un hombre con sentido y completo; se sentía dichoso de vivir, y bendecido para con la vida. Su vida cobraba sentido cuando ella estaba a su lado.

Nada valía para él que su compañía.

Con un suspiro se dejó caer en el sofa de la sala, abalanzando su peso para caer recto en el asiento. Rendido luego de haber tenido un día extenuante de tareas y de estudios.

Bufó molesto, sabiendo que él aborrecía la ingeniería y no era feliz en aquella carrera enfadosa que no le proporcionaba el desafío que en medicina sí encontraba.

—Qué tal tu día, Onii-chan?— Su madre le preguntó, trayendo una taza de té y unos sobres del té de su elección. La aceptó complacido de tener una bebida que relajara su garganta y con ello, el cuerpo entero. En verdad lo sentía atisbado y pesado.

—Bien— Respondió inmediatamente, indiferente ante todo.

—Hoy Yuuki, invitó a Kotoko-chan a la casa— Le notificó poniendo una expresión mañosa. —Y por supuesto aceptó!—Chilló emocionada.

—Qué?— Su voz salió estoica, algo que a su madre no le agradó mucho. La vio crisparse ante su aparente indiferencia.

—Al parecer le marcó al celular— Inquirió, enarcando una ceja en modestia, ojeando a su hijo menor, que, afortunadamente, no fingía indiferencia ni perturbación por los comentarios hechos por su madre.

—Mantenemos contacto por las redes sociales— Admitió, poniendo los ojos en blanco. —Mamá, no intentes espiar nuestras conversaciones porque no te diré cuáles redes sociales utiliza esa Baka para comunicarse— Advirtió referente.

—Y de qué conversan?— Su madre preguntó deseosa de información. —Si se puede saber— Añadió en fingida indignación.

—No te diré—Refunfuñó.

En cuanto a Irie Naoki se trataba, él se hallaba pensativo, recordando con anterioridad su último encuentro con Kotoko. Se arrepentía gravemente sobre su imprudencia, el haber sido demasiado egoísta pudo haberle costado muy caro.

Él reconoció comportarse como un idiota, pero fue peor, porque él la había echo llorar. Lo que sería una noche agradable entre ellos dos terminó en una dolorosa confesión por parte de ella al contarle sucesos de su pasado, sucesos que no le agradaron a él, pero que sin embargo, formaban parte de su vida.

Mas no se perdonaba por hacer a Kotoko llorar. Ver sus lágrimas decaer, su voz quebrarse, sus ojos entristecerse y nublarse, su cuerpo temblar, y encima, acorralarla. Él, por todos los medios, fue un idiota, un reverendo idiota!

Pero muy a su pesar, debía afrontar su error y seguir tratando de ganarse el corazón de Kotoko sin importar el precio y el tiempo en que lo logre hacer.

Su madre se acercó a él, haciéndolo regresar en sí momentáneamente.

—Llegará más tarde así que más te vale que seas amable con ella— Ordenó cambiando su expresión a una severa. —Porque viene en plan de quedarse a vivir con nosotros otra vez!— Gritó esa última frase con infundia. —Dijo que probablemente nos de la fecha en que vuelve a vivir con nosotros—

Qué? Kotoko vendrá a su casa? Hacía tiempo que no escuchaba una noticia tan buena como esa.

En verdad? Naoki estaba petrificado de la emoción. Quería sonreír y festejarlo a los cuatro vientos, pero no lo haría frente a su familia, ni loco!

Hacía tiempo que él no recibía una buena noticia.


Pasadas las seis de la tarde, el timbre sonó.

De inmediato su madre salió disparada hacia la puerta para abrirla, mientras él y su hermano seguían en la sala pasando el rato en lo que Kotoko llegaba; él, estaba demasiado feliz como para ocultarlo de cuerpo entero, por lo que sí se descuidaba un poco se podía apreciar el brillo que sus ojos plasmaban desde cerca.

Sus ojos grisáceos brillaban, producto de la ilusión de ver a la chica que él quería sinceramente con el corazón. No habían otra explicación más rebuscada que esa.

—Hola familia!— Apareció Kotoko exclamando en regocijo desde la entrada, extendiendo sus brazos, sonriendo resplandeciente. El corazón de Naoki dio un vuelco.

—Baka— Yuuki la saludó, mostrando su ceño fruncido. —Trajiste lo que te pedí?—

—Por supuesto!— Afirmó ella cabeceando en afirmación. —Traje todo— Sonrió.

—Kotoko-chan, toma asiento— Su madre le ofreció en sumo interés de escuchar sus recientes anécdotas, que como siempre, eran entretenidos. —Cómo fue tu camino de regreso?—

—Estuvo bien— Respondió ella, sentándose en el sofa verde menta que daba el lado contrario de donde Naoki estaba sentado. —Por cierto— Le dirigió una mirada a él. —Hola Naoki-kun, cómo estás?—

Su garganta se atoró, por lo que hablarle le costó trabajo.

—Bien— Se limitó a responder, dirigiendo su atención a las facciones de Kotoko y en su bienestar.

Se veía saludable, vivaz y tan linda como se le era conocida. Sus manos cobraban vida por rozar la punta de sus dedos sobre su piel desnuda, tan suelta y visible para poderla sentir.

Sus deseos lo consumían vivo, despertaban en él conductas irregulares de su comportamiento, pero que a grandes rasgos, no eran actos ilícitos de un joven de su edad; más bien, eran conductas normales para un joven de diecinueve años.

—Me alegra saberlo— Opinó Kotoko, aplaudiendo. —Estos días en que me he preparado para el concurso de belleza, cuando paso por el campus te veo entrenando tenis y siempre me impresiona verte—

—Así es, Onii-chan— Profirió su madre, entusiasmada. —Es imposible vencerle en el tenis—

—Lo he visto— Dijo Kotoko. —Y hace ver el tenis como un deporte sencillo— Abrió los ojos como platos, asombrada. —Cada que golpea la pelota con la raqueta parece un titán— Hizo gesto de gran admiración hacia su persona.

—Baka, no me digas que te gusta Onii-chan— Intervino Yuuki, malhumorado.

—Qué?— Kotoko se ruborizó y dio un salto para atrás en el sofá. —No dije eso!—

—No te invite a casa para que declares tu amor a Onii-chan— La refirió mirándola fijamente. Acaso veia en la mirada de su hermano, celos?

Lo único que le faltaba era que su hermano estuviera fijado en Kotoko de pies a cabeza.

—Qué tiene que Kotoko-chan se enamore de Onii-chan?— Reclamó su madre, con las manos pegadas a la cintura, doblando las cejas.

—Yo no he dicho nada— Habló Kotoko incómoda.

—Yo tampoco— Se quejó Naoki, sintiendo el escozor penetrarle el paladar en una sensación amarga y retorcida en relación al supuesto rechazo de Kotoko. —No hablen de mi como si no estuviera aquí presente— Cerró los ojos como de un dolor de cabeza lo invadiera.

—Bueno, cambiando de tema— Repuso Kotoko, riéndose nerviosa con la mano detrás de la nuca. —Traje lo que Yuuki-kun me pidió—

—Es bueno saber que tu testarudez no se entrometió en estos casos— Dijo Yuuki en sarcasmo. —Si no, hubiera sido una desgracia que no trajeras las películas que te pedí—

—Pero las traje— Presumió en airada. —Y aquí están— Abrió la mochila, desde el segundo zipper sacando de uno de los dos compartimentos que la formaban, unos contenidos rectangulares, a los que Naoki asumió eran las películas que Yuuki la pidió.

Sacó tres películas, un casete y unas figuras circulares una de color rojo y la otra de azul. —Con qué empezamos?—

—Uh! Kotoko-chan— Su madre exclamó, pegando ambas manos sobre sus mejillas en asombro. Ella se frenó, mirándole extrañada.

—Qué sucede, Oba-sama?—

—Hace años que no veo esa película!— Emitió un chillido agudo de emoción.

—Qué?— Kotoko se había tapado los oídos, entrecerrando un ojo, aturdida. —Qué película no ha visto?—

—Esa!— Apuntó al aire sin un punto en específico, a lo que Kotoko separó las tres películas entre sus dos manos para que ésta le pudiera decir a qué se refería.

—Dígame— Comentó ella de manera pacífica. —Cuál es la que no ha visto desde hace años?—

—La de grease!— Respondió, dando un brinco desde el sofá hasta estar de pie; la vieron correr en círculos por los alrededores de la sala. Kotoko sonrió divertida, mientras que Naoki la admiraba como un idiota desde su asiento, metiendo las manos a los bolsillos luchando contra sus sentimientos para no aprisionarla entre sus brazos delante de su familia.

—Ah! Me imaginé que diría eso— Dijo Kotoko concordando. —De hecho, esta película me la pidió Yuuki-kun, yo originalmente no la tenía en mi colección, así que la compré en una tienda de películas que está en el distrito Shibuya antes de venir aquí—

—Yuuki!— Exclamó la Sra. Irie asombrada con su hijo menor; él, se coloró de las mejillas, completamente ruborizado y un tanto molesto por la metida de pata de Kotoko. La aludida, como se le era bien conocida, no se había percatado de su intromisión, por lo que Naoki simplemente la observaba atisbado y carente de palabras para describir lo linda que esa mujer podía llegar a ser aun cuando hacía una locura.

—Baka!— La regañó Yuuki, desdeñoso. —Por qué tenías qué abrir la boca!— Le lanzó el libro a la cara, a lo que ella respondió, esquivándolo con la cabeza.

—Crees que me puedes dañar con un tonto libro de primaria?— Expresó ella en sarcasmo, arqueando la ceja izquierda.

—Vas a ver! Baka!— La retó Yuuki, sacándole la lengua al mismo tiempo en que bajaba la zona inferior de su párpados con un dedo hacia ella. —No me ganas ni en ingenio— Se burló presumido.

—Ah sí?— Inquirió ella, poniéndose de pie.

—Sí!— Le siguió Yuuki, retorciendo el paso, en lo que Kotoko avanzaba en puntitas con las piernas separadas.

—Niños no se peleen— Intervino la Sra. Irie, pero fue inútil porque ambos chicos se estaban mirando de frente en gesto retador.

—Madre— Dijo Naoki, serio. —No creo que sea buena idea intervenir—

—Onii-chan— Respingó su madre, haciendo un mohín.

—Te daré una lección por abrir tanto la boca— Advirtió, apuntándola sacudiendo el dedo.

—Ni modo que no hable— Dijo ella en sarcasmo. —Tendrías que quitarme la voz para que ya no pueda hablar— Se veía entrada, acercándose de manera sigilosa hacia Yuuki que seguía retrocediendo con las piernas tambaleándose entre sus propios pasos, mientras que Kotoko avanzaba sin inmutarse. —O tendrías que enseñarme a no abrir tanto la boca— Articuló gesticulando.

—No seas tan molesta, Baka!— Profirió el niño, reclamándole.

—Molesta, yo? No serás tú el molesto?— Inquirió ella burlona. —Quién sabe!— En eso, Naoki vio que Kotoko sacó detrás de su pantalón de mezclilla la bolsa donde estaban las figuras circulares adentro. Él frunció el ceño, perdido en lo que sucedía.

Kotoko dio un repentino salto con ambos pies, lanzándole a su hermano una pelota roja a la cara, viendo cómo su hermano trató inútilmente de cubrirse de ella.

La pelota rebotó por el suelo.

Su madre dejó salir otro chillido de su boca, en lo que Kotoko se echaba para atrás en triunfo, mas no lo celebraba por completo porque se agachó de espalda al ver que Yuuki cogió la pelota roja y se la devolvió con la quijada apretada y un gruñido escapándose de sus labios retorcidos.

—Necesitas más experiencia para vencerme!— Cantó Kotoko, esquivando los ataques coléricos de su hermano menor, que en vano trataba de darle un golpe a Kotoko con la pelota.

—Baka!—

Naoki se reía viendo con gracia el intercambio entre su hermano y Kotoko, donde ambos luchaban por ganar el juego. Un juego bastante extraño, pero un juego al fin.

Su madre, por el otro lado, intentaba por todos los medios calmarlos en caso de ocasionar algún destrozo en la sala, mas sin embargo, no hubo ni una ruptura y ni un herido en el juego.

—Deja de correr tanto, Baka!— Gritó Yuuki, habiéndole lanzado dos pelotas de los dos distintos colores que había traído Kotoko; ella los esquivó, primero levantando una pierna donde pasó una rebotando y la otra tuvo la necesidad de saltar, y al saltar se fue de boca en el sillón de la sala donde él se situaba. Contuvo la respiración, viendo cómo ella rozaba ligeramente la piel de su brazo derecho con el izquierdo de ella.

Ambas pieles se rozaron en cuestión de segundos, y el cabello negro de ella logró penetrarle las fosas nasales, dejándolo anonadado en el acto.

Ese momento lo sintió en cámara lenta, tan lenta que sólo podía considerarlo como si hubiera presenciado una película, solo que la única diferencia era que él estaba presenciado en carne y hueso la escena.

Reprimió la sonrisa que se le escapaba de los labios al sentirla tan cerca, a pesar de tenerla en su casa.

—Kotoko-chan!— Chilló su madre histérica, cuando el cuerpo de Kotoko se estrelló contra el suelo de la sala, estrellando su rostro con la madera del piso. Se escuchó un estruendo. —Estás bien?—

Naoki, aun lívido, palideció al escuchar el estruendo cercano a él; bajó la mirada, y Kotoko estaba tumbada en el piso, a milímetros de tocar su pierna, parte de su piel también.

Movió la pierna alterado de estar tan cerca de sentir aquella sensación penetrarle el cuerpo.

—Ajá— Aseguró ella, levantando el pulgar con su mano derecha.

—Baka, no seas tan desastrosa!— Refunfuñó Yuuki, cruzándose de brazos, como jactándose. —Casi arruinas la decoración de la casa—

—Oh— Se levantó ella de sopetón, enseñando su roja frente a causa del golpe. —Lo siento, Oba-sama, no fue mi intención causar destrozos por mis imprudencias— Se disculpó, avergonzada.

—Oh no! No te preocupes por eso— Repuso su madre, poniendo el gesto de inocente (mismo que Naoki aborrecía por salirle tan perfecto, incluso en situaciones como ésta) —No causaste ningún destrozo—

—Pero, pude haber ocasionado uno— Reiteró con los ojos como platos.

—No, pero qué dices?— Disuadió su madre con la mano, dejando de lado el juego que tuvieron. —Sabes que aquí es tu casa, y siempre lo será— Le sonrió amablemente a Kotoko, quien, le devolvió el gesto.

—Gracias, Oba-sama— Dijo. —En verdad extraño vivir con ustedes—

—Y por qué no regresas?— Sugirió, poniendo una mano sobre el cabello de Kotoko, deslizándolo de lado. Ella miró hacia abajo en aire reflexivo. —Hay alguna otra razón en específico por la que no quieras volver?—

—No— Negó con la cabeza.

—Oh!— Exclamó en sorpresa. —No me digas que es por Onii-chan!— Supuso.

—Yo qué?— Intervino Naoki, molesto. Él no tenía la culpa de que Kotoko hubiera querido mudarse.

—Naoki-kun?— Kotoko subió la mirada, alarmada. —¡No! Él no tiene nada qué ver—

—Madre no digas suposiciones extrañas— La regañó Naoki, en tono molesto.

—Tu siempre la tratas mal— Le reclamó su madre, indignada. —La ignoras cada que viene a la casa y no te importa lo que sucede con ella—

Disculpa? A él no le importa Kotoko? El escozor que había sentido en el paladar resurgía fervientemente, no obstante, él debía mantenerse firme ante las aparentes acusaciones de las que su madre lo hacia formar parte.

—Es más, ni siquiera le pediste que regresara a la casa— Siguió su madre. —Para ayudarla hacer exámenes te tengo que obligar a hacerlo porque no la quieres ayudar ni en voluntad propia; qué he hecho yo para tener un hijo así?—

—Oba-sama, basta!— Kotoko se entrometió entre ellos, centrándose más al lado de Naoki, que, estaba a punto de estallar de cólera escuchando a su madre decirle semejantes mentiras. —No es culpa de nadie el que me haya querido mudar— Aseguró, extendiendo ambos brazos para separarlos. Naoki la sentía tan cercana a él, aunque no pudiese tocarla libremente, mientras que su madre estaba en pausa, balbuceando y maquinando cosas para ella misma. —No te preocupes, yo lo resuelvo— Le susurró a Naoki, mirándolo de reojo.

—Gracias— Susurró de regreso. —Aunque no haya pedido tu ayuda—

—Kotoko-chan, eres demasiado bondadosa como para perdonar a Onii-chan— Recalcó su madre, no sin antes, dirigirle una mirada severa.

—No tiene nada qué ver— Espetó Kotoko a la defensiva. —Esto no tiene relación con que me haya ido de la casa— Explicó, moviendo los brazos a la defensiva.

—Déjame regañar a mi hijo— Pidió la Sra. Irie, frunciendo el entrecejo, haciendo un mohín.

—No!— Lo impidió Kotoko, rectamente. —De ninguna manera permitiré eso!—

—Kotoko-chan!— Suspiró su madre en frustración.

—No, Oba-sama— Negó con la mano derecha con el dedo índice parado. —Llevemos las cosas con calma, todo esto empezó por un juego de pelota, por favor cálmense— Pidió, asintiendo levemente la cabeza, mirando a ambos con reproche. —Solo fue un juego, no se lo tienen qué tomar personal—

Era verdad, solo había sido un juego infantil que entre ellos se tomaron muy a pecho, y no debían de darse tiempo de realizar conjeturas.

Él, posiblemente, acababa de comportarse como un idiota frente a Kotoko.

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P.D. Otro capítulo subido! es largo, porque me inspiré con la trama aquí y además quise que la relación entre Yuuki y Kotoko sea fraternal, como debe de ser, aunque Naoki no lo vea así, gracias a sus celos.