—Kotoko-chan— Habló su madre, al cabo de un rato de ver alrededor de quince videos musicales de un tirón.
—Sí?— Ella alzó la vista, buscando otro video con el control de la televisión.
—Te quedarás a dormir con nosotros?— Preguntó con la boca abierta de emoción.
—No— Pestañeó Kotoko, negando. —Debo de irme a mi departamento en un rato, porque mañana tengo clases—
La decepción de su madre fue bastante notoria, sobre todo en sus facciones decaídas. Para Naoki, eso fue muy dramático de parte de su madre.
—No se preocupe, Oba-sama— Disuadió Kotoko, afirmante. —Ya falta muy poco para que sea el concurso y si gano, les compartiré el premio contigo— Ella subió los puños en señal de fuerza, acompañada de una sonrisa compradora.
—De verdad?— Su madre dijo en un chillido.
—Por supuesto— Aseguró Kotoko, guiñando el ojo. —Los llevaré a las aguas termales—
—¡Wow!— Exclamó Yuuki en sorpresa.
—¡Sí!— Saltó su madre en emoción despampanante. —Me vendría bien un buen baño en las aguas termales, ayuda mucho a que la piel brille y resalte— Su madre chirrió alegre. —¡Qué emoción!—
Naoki vio que Kotoko sonrió complacida, pero no pudo evitar ver que ella bostezó y se sobaba los ojos para no quedarse dormida; a él, semejante detalle le resultó lindo.
—Cuándo es el concurso?— Interrogó su madre, aún saltando de alegría.
—En dos semanas— Respondió Kotoko, frotándose las manos. Ella parecía tener frío, y aparentemente nadie se percataba de ello.
—No nos dirás lo que vas a hacer?— Quiso saber su madre.
—Es secreto— Dijo Kotoko en maña.
—Ay! Kotoko-chan— Su madre se quejó haciendo un mohín. —Por qué no nos dices?—
—Prefiero sorprenderlos— Ella dijo con simpleza.
Pasadas las ocho, los cuatro cenaron en el comedor, deleitándose de la rica comida que su madre preparó para Kotoko.
Naoki sabía cuánto le gustaba a Kotoko la comida de su madre, al igual que sabía que ella era una máquina devoradora de comida cuando tenía mucha hambre, y ese día ella tenía mucha hambre.
—Extrañaba mucho su comida, Oba-sama— Comentó Kotoko con ahínco.
—Come todo lo que quieras, Kotoko-chan— Ofreció su madre, deleitada. —Todo esto lo preparé para ti—
—Muchas gracias— Sonrió gustosa. —En verdad, lo aprecio mucho—
—Acaso comes comida de cartón?— Se burló Yuuki en sarcasmo. En lo que Kotoko lo miró para responder, su madre le dio un sopapo en la cabeza, regañándolo al instante.
—No le digas eso a Kotoko-chan!— Advirtió su madre.
—Mi comida no es de cartón— Admitió Kotoko, con el gesto en blanco. —Por qué crees eso?—
—Olvídalo— Yuuki murmuró a regañadientes.
—Okay— Y Kotoko siguió comiendo como si nada pudiera afectar su calma.
Cuando dieron las nueve, Naoki subió a colocarse las pijamas, al igual que su hermano, dejando a Kotoko esperarlos en la sala de estar.
Él no estaba a gusto al saber que ella se tendría que ir sola a su departamento a esas horas; además, ella vivía sola.
Le daba intriga saber que Kotoko regresaba a su hogar, sin que nadie la saludara o que la recibiera el suave olor de la comida en preparación desde la cocina.
Era obvio que él la extrañaba, que deseaba que ellos vivieran juntos como antes, o que las cosas se dieran de otra manera, pero como él ya estaba acostumbrado a que el destino lo odiara, se conformaba con las pocas veces en que la veía, y más cuando la tenía en las comodidades de su casa.
El único inconveniente que encontraba eran las intromisiones de su madre, pero hasta ahí. Fuera de eso, no había otro inconveniente que se metiera en su camino cuando se tratara de Kotoko.
—Onii-chan— Su hermano lo llamó.
—Sí?— Lo ojeó por el rabillo del ojo, terminando de ponerse el pijama invernal.
—A ti te gusta esa Baka, verdad?— Preguntó curiosón.
Naoki se congeló, tosiendo por el asunto tan de pronto que su hermano decidió que su curiosidad fuera el impulso para tales cuestiones como esas.
—Disculpa?— Dijo ofendido.
—Sólo pregunto— Se excusó, fingiendo desinterés.
—Por qué crees que me gusta Kotoko?— Cuestionó él, sintiendo las palpitaciones emerger desde su pecho en desastre total.
—Por la forma en que la miras— Respondió, ojeándolo.
La forma en que la mira? Y cómo la mira él?
Naoki desconocía tales actos referentes a su comportamiento, por lo que, debía de negarlo. Él no diría sus sentimientos porque primero él debía de decírselos a Kotoko.
Ella debe ser la primera persona que reciba su confesión de amor, hecho y derecho.
Sin vueltas y sin excusas.
Una confesión de amor hecha por un verdadero hombre.
Bueno, aunque él, en efecto, sí era un hombre, pero no uno al cien por ciento por su cobardía para el amor, pero fuera de eso, él era una proeza total.
—Y cómo la miro si se puede saber?— Inquirió indiferente.
—Con intenciones de amarla— Yuuki le dijo con obviedad. —Es demasiado obvio que la quieres, Onii-chan—
—No la quiero— Mintió, sintiendo que un nudo en la garganta se cimentó al decir aquellas palabras erróneas. Negó sus sentimientos.
Su hermano lo miró sospechoso, como si no le hubiera creído absolutamente nada de lo que dijo, respondiendo con un leve cabeceo:
—Como sea—
La discusión quedó ahí, flotando en el aire.
—Onii-chan!— Su madre le gritó desde el primer piso. —Onii-chan, ven aquí!—
—Voy— Respondió de igual forma.
Al bajar notó que su madre estaba en bata y usaba sus rulos en el cabello; ella flexionaba el pie derecho en la alfombra de la sala, con los brazos cruzados.
—Qué quieres?— Inquirió él en flojera.
—Kotoko-chan se quedó dormida— Le hizo saber su madre, observándolo con cierta maña.
—Y qué quieres que haga?— Resopló lascivo.
—Al menos ponle una cobija encima— Ella abrió los brazos al aire en indignación. —No ves que hace frío y se puede enfermar? Onii-chan, de verdad que no te interesa Kotoko-chan en lo más mínimo— Reclamó chirriando. —Es una vergüenza tener un hijo así— Puso la mano en la frente en dramatismo.
Naoki rodó los ojos, enfurecido.
Qué argumentos usaba su madre para acusarlo de esa manera tan indignante?
—Buenas noches, madre— Le dijo levantando una ceja, mirándola fijamente con enojo.
Su madre lo vio pasmada.
—Onii-chan!— Ella se llevó una mano a su pecho en sorpresa.
—Buenas noches— Dijo contundente. —Yo me haré cargo del resto—
Su madre se subió a su habitación, pisoteando indignada las escaleras, murmurando frases que él no se tomó la molestia de escuchar, puesto a que su atención estaba dirigida a Kotoko, quien estaba dormida en el piso con la cabeza reposando en el sofá.
Sintió emoción al realizar que ella se había dormida en su casa.
Fue por una cobija del ropero donde guardaban los zapatos de la entrada. La tapó con la cobija, aguantando la tentación de no pasar sus dedos sobre su cabello que colgaba con la intensidad en que su espíritu se mecía a su merced.
Se fijó a todos lados que nadie lo observara, al considerar que él estaba completamente solo de las imprudencias de su madre y las preguntas de parte de su hermano, se inclinó delante de ella, y la tomó entre sus brazos sabiendo que ella se sentía ligera en sus brazos.
La depositó con cuidado en el sofá donde ella solía sentarse cuando vivía con ellos, y la volvió a tapar toda entera con la cobija, asegurándose que el frío no le entrara por ninguna parte.
Siempre luces perfecta, pensó él al contemplarla.
Decidió no reprimirse más y bajó su mano semi abierta, pasando por su cabello, donde sus dedos se entremezclaban con la textura suave y lisa de su cabello.
La sentía tan suave y cálida.
Naoki sonrió enamorado, irguiéndose en un impulso, y plantó un beso dulce en la frente de Kotoko, susurrándole al oído:
—Me gustas—
Subió su mano sobre sus mejillas sonrosadas, las tocó un poco, delineando sus pómulos suaves, sus ojos cerrados, sus cejas bien trazadas, su nariz pequeña, hasta pararse en sus labios semi abiertos.
Él se atrevió a darle un beso en la mejilla, cerrando los párpados fuertemente, inhalando el aroma de Kotoko, embelesado y embriagado con su fragancia que se mezclaba con sus sentimientos.
Se acercó a su oído, volviendo a susurrarle:
—Me gustas mucho, Kotoko— Dijo suavemente.
Y así, él se fue a su habitación, sintiendo el calor de su mano vibrando y punzando sensaciones placenteras, dejándolo en estado laxo.
Él le había dado el beso de las buenas noches.
