Naoki había despertado con la cabeza al otro lado de la almohada: totalmente sacado de sí.

Por fortuna, el clima estaba estable, significando que el viento soplaría con calma y el sol no le quemaría los poros de la piel. En resumidas cuentas, un clima idóneo para él.

Recordó que Kotoko se había quedado a dormir en su casa, a causa de su cansancio, pero qué importaba la razón por la que se quedó, sino el que esté en su casa lo que cuenta.

Sonrió de lado, y se vistió tan pronto como pudo.

—Onii-chan, buenos días— Le dijo su hermano, con cierto recelo.

—Sí, buenos días— Respondió él disconforme con la expresión que Yuuki le hizo; esto significaba que su hermano no dejó pasar el suceso de la noche anterior.

Y es que, qué tan obvio era él con sus sentimientos como para que su hermano lo notara?

Supuso que demasiado obvio, y el suponerlo, se maldijo por ser tan imprudente con sus propios sentimientos sabiendo que alguien que lo conociere a la perfección intuyera que él tenía sentimientos por Kotoko; además, su hermano bien admiraba a Kotoko en todos los aspectos y posiblemente él intentaría protegerla de sus "malos tratos".

—Iré a despertar a esa Baka— Le notificó su hermano, rodando los ojos al verle a la cara.

—De acuerdo— Asintió Naoki, desconcertado por la acción de su hermano.


Bajó a desayunar, usando un abrigo de lino color negro, una camisa de botones de color vino y unos vaqueros de tonalidad oscura.

—Buen día, Naoki-kun— Dijo Kotoko, risueña.

Cuánto extrañó verla en las mañanas previas a desayunar.

—Buenos días, Kotoko— Correspondió, tratando de sonreírle.

—Dormiste bien?— Interrogó contenta, pareciese que le brotaban estrellas alrededor de su sonrisa encantadora; Naoki asintió.

—Y tu?—

—Bastante bien— Ella alzó el pulgar.

Era obvio que ella usaría la misma ropa que el día anterior, aunque esta vez, ella usaba su cabello suelto, del cual, le daba una apariencia el doble de atractiva de lo que ella ya era por naturaleza, haciendo que Naoki se percatara de ello y quedase encantado con lo que vio.

Cada vez se enamoraba más de Kotoko.

—Onee-chan— Yuuki le habló desde la cocina.

—Voy— Respondió ella volteando a la cocina, luego regresó su atención a Naoki que la miraba embobado. —Hablamos después— Le murmuró, acompañada de sus ojos que se abrieron acorde a sus palabras.

Él asintió conforme.


—Kotoko-chan— Su madre le habló a ella, que estaba terminando de desayunar.

—Sí, Oba-sama?— Levantó la vista del pan tostado que iba a terminarse.

—Vete con Onii-chan a la escuela— Ordenó, no sin antes dirigirle una mirada severa a él, que correspondió rodando los ojos en indiferencia.

Cómo irse él sin ella a su lado?

Naoko no tuvo más remedio que asentir resignado con las actitudes que tomaba su madre en su contra.

—Yo puedo ir con ellos— Se entrometió Yuuki, codeando a Kotoko.

—No— Lo regañó su madre, frunciendo el ceño.

—Ah, por qué no?— Renegó Yuuki, haciendo un mohín.

—Porque Kotoko-chan y Onii-chan van a la misma universidad— Respondió su madre con simpleza, entrelazando sus dedos en la mesa. —Ahora, bien, Onii-chan ve con Kotoko-chan a la escuela— Ordenó ella, fingiendo sonreír complacida.

Naoki la miró tenso, sabiendo que no tenía otra opción mas que obedecer aunque él quisiera de verdad irse acompañado de Kotoko.

—Estoy por terminar mi desayuno— Avisó Kotoko, en deje apurado.

—Ahora— Presionó su madre, quitándole a Kotoko la taza de café de las manos, recibiendo una mirada indignada por parte de Kotoko.

—¡Oba-sama!— Exclamó sorprendida.

—Ándale Kotoko-chan— La apresuró, señalándole la puerta con fingida inocencia.

—Pero-pero— Ella se dio un golpe en la frente con la mano abierta, en frustración. —De acuerdo, me tendré que comprar un café en la escuela— Dijo en tono resignado.

Naoki no supo cómo interpretar eso, pues Kotoko siempre le resultaba muy complicada de descifrar aun cuando ya llevaba cierto tiempo conociéndola, todas esas expresiones faciales lo confundían con extrema facilidad. Él desconocía por completo si ella estaba frustrada por no tomarse la taza de café a gusto, o por tener que ir a la escuela en su compañía.

Él podría guiarse por la primera suposición, y descartar la segunda, pero siempre existiera cierta duda que lo pusiera a corregir las varias posibilidades que pudieran o no hacer enojar a Kotoko con respecto a la acción de su madre.

—Vámonos mejor, Naoki-kun— Ella se puso de pie de la silla, y se fue a la sala por su mochila. Él fue detrás de ella, palmoteando su mano contra su pierna para colmar sus alocados pensamientos a tan tempranas horas de la mañana.

—Que tengan un buen día— Gritó su madre desde la cocina con picardía, mientras se escuchaban los quejidos ese Yuuki por no poder irse con Kotoko.

Kotoko movió la cabeza, indignada.

—Oba-sama si que se pasó— Comentó Kotoko, colocándose la mochila en la espalda.

—Así es ella— Dijo Naoki igualmente indignado.

—Será mejor irnos— Sonrió Kotoko, con deje de travesura.

—Sí, mejor— Concordó Naoki, yéndose con ella afuera.

Ambos salieron caminando, con Kotoko apreciando la suave brisa que soplaba alrededor de ellos como pequeños ráfagas de aire cargado de frescura, en lo que Naoki esperaba a que ella le quitara el candado a su bicicleta para marcharse como era debido.

Al cabo de un rato, Kotoko comenzó a tararear, meciendo su cabeza de un lado a otro, balanceándose después con un pie y luego con el otro, mientras empujaba su bicicleta con ambos brazos.

Ella parecía estar en su propio mundo, porque no lo tomaba en cuenta o quizás ella lo hacía por reflejo. Las acciones que Kotoko hacía eran casi por mero reflejo, o mejor dicho, por instinto, como si ella ya las tuviera predispuestas en su conducta; y eso, a Naoki le gratificaba mucho saber que ella ejercía cosas porque así ella las quería hacer y nada ni nadie podía interferir en ese sentido con su estructura.

Naoki la seguía con la mirada, asimismo, asegurándose no verse como un completo idiota, en caso de que Kotoko se percatara de su cometido; lo cual, no suponía que sucediera porque ella pronto comenzó a cantar.

—Qué tanto haces?— Él cuestionó, cuando la vio a unos escasos centímetros de estamparse contra un poste de luz.

—Ah!— La escuchó exclamar frenándose en seco, parpadeando al darse cuenta que había un poste de luz en sus narices.

—Ahora sí prestaste atención— Dijo sarcástico, sonriéndole.

Kotoko al escucharlo, dijo:

—Gracias, Naoki-kun—

—Por qué?— Preguntó sorprendido.

—Por evitar que me estrellara contra el poste de luz— Dijo ella con simpleza.

—No fue nada— Dijo resignado, mordiéndose el labio inferior del mismo nerviosismo de tenerla tan cerca suyo y aun así, no poder hacer nada.

—Si que prestas atención a tus alrededores— Comentó Kotoko al mismo paso que él. —Yo admito no hacerlo a menudo, pero sé que es necesario para sobrevivir en la calle—

—Deberías de prestar atención a tus alrededores— Opinó él en tono de advertencia.

—Trataré de hacerlo— Aseguró Kotoko, sacando la lengua en travesura.

—No creo que sea posible— Se mofó él.

—Sí es posible— Rezongó Kotoko, entrecerrando los ojos como si él la estuviera molestando. —No me subestimes, Naoki-kun—

—Trataré de hacerlo— La imitó burlón, llevándose un codazo por parte de Kotoko en la espalda baja. —¡Oye! Qué te pasa?— Dijo a la defensiva.

—Más bien, a ti qué te pasa?— Inquirió, subiendo el mentón. —Quieres pelear?— Empuñó una mano en pose de pelea.

—Cálmate— La ojeó con desdén.

—Tu también— Se dijo ella burlona.

De pronto, ella se echó a reír, tomándolo desprevenido ante tal gesto.

—Estás bien?— Preguntó despavorido.

—Súper— Contestó entre carcajadas. —Es que tu cara de seriedad me dio risa— Admitió, llevándose ambos brazos al estómago, dejando que la bicicleta se le cayera a la banqueta.

—Te burlas de mi cara?— Señaló Naoki, ofendido. Eso solamente provocó que Kotoko se riera más fuerte.

Luego de que su risa se calmara, Naoki la contempló en aumento a su lado, sumiéndose a un trance largo en que sólo la escuchaba reírse como una suave melodía que acariciaba a sus oídos y después le provocaban sensaciones de electricidad, tal como la vez en que él la tocó en el festival deportivo de Tonan hacía más de un año.

La sensación de electricidad que circuló por todo su cuerpo, empezando por sus manos, y esa vibración se expandió en una turbulencia, al principio incierta de sensaciones que revolotearon por su cuerpo, y ahora revoloteaban igualmente con la risa de Kotoko. Tan natural y tan linda.

—Ya te calmaste?— Cuestionó él a secas.

—Sí, lo siento— Se disculpó, con el gesto irónico emplastado en su rostro.

—Ya deja de reírte— La regañó, sintiéndose ruborizar porque en ese momento sus miradas se cruzaron en breve.

—Está bien— Admitió regañada.

—No vas a irte sola a la escuela?— Preguntó al ver que ella no se iba por el camino habitual en el que solía irse cuando vivían en la misma casa.

—Iré primero a mi departamento— Notificó ella. —Porque tengo que ir los libros de las clases de hoy, pero tu te puedes ir yendo solo—

—No— Se negó fríamente. —Voy contigo— Confesó, reprimiendo con todas sus fuerzas que el rubor de sus mejillas no fuese notorio por ningún motivo.

—Ah, en serio?— Dijo Kotoko, emocionada.

Asintió en aire resignado.

—¡Perfecto!— Exclamó Kotoko, aplaudiendo. —Vamos—


Se fueron caminando a su departamento, que por cierto, no quedaba muy lejos de su camino a la escuela, por lo que no le importó a Naoki llegar un poco tarde si se trataba de Kotoko.

De todas maneras, le gustaba ver su departamento, aunque estuviera sobrio y con papeles esparcidos en el piso; Kotoko empujaba la bicicleta, cada tanto haciendo un comentario al aire sobre lo "genial" que era el clima de ese día, a lo que él respondía con un cabeceo.

Llegados al departamento, ella sacó las llaves de su mochila y se puso a abrir la puerta.

—Perdona el desorden— Se excusó Kotoko, riéndose nerviosamente, en lo que metía la llave a la manija de la puerta para entrar al departamento.

—Está bien— Dijo Naoki, nervioso por otros motivos.

—No he tenido mucho tiempo para limpiarlo— Prosiguió ella, abriendo la puerta, pasando ella primero seguida de él. —Últimamente ha estado así— Extendió los brazos apuntando al desastre de papales esparcidos en el suelo, unos libros con post-it salidos de las páginas, etc. No supo porqué Kotoko decía que estaba desordenado si no lo estaba viendo tan notorio como se lo imaginó al oírla.

—Ya veo— Expuso él, observando el alrededor con atención a los mínimos detalles.

—No me tardo— Aseguró ella, buscando los libros de la escuela.

—Ajá—

Naoki veía los papeles esparcidos y tuvo el impulso de rejuntarlos y agruparlos por fechas en lo que Kotoko colocaba sus libros en la mochila y posterior a eso, se fue a lavar los dientes al baño; él, después de ordenar los papeles, metió los libros abiertos al estante, tendió la cama, acomodó sus zapatos al ropero, y lavó los trastes.

Se sintió complacido con su proeza, puesto a que le dejó limpio el departamento a Kotoko en lo que ella se alistaba para la Universidad, y eso que él no solía hacer los deberes de la casa.

Al salir Kotoko del baño se asombró de su cometido, mirándolo todo con los ojos bien abiertos.

—¡Wow!— Pudo articular.

—Lo tenías hecho un desastre— Remarcó Naoki, sarcástico. —Pero, ya me encargué de limpiarte tu departamento— Esbozó una sonrisa conforme, queriendo quedar bien con ella, aunque con su reacción, supo que su cometido fue benéfico.

—Impresionante— Opinó ella asintiendo en admiración.

—Gracias— Dijo sarcástico. —Ahora, podemos irnos a la escuela— Cogió su mochila, indicándole que ya era hora de irse.

—Claro— Exclamó ella, acordándose; ella tomó su mochila y la bicicleta y se fueron directo a la escuela.

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P.D. Un capítulo relajado, corto, pura convivencia entre Kotoko y Naoki.

Espero que les haya gustado.