El clima templado del mes de marzo le dio la bienvenida de manera cálida, abrazándolo suavemente y con gran entusiasmo para el viaje a las aguas termales, donde pasaría las tres próximas noches en compañía de su familia y de los Aihara.
Todo estaría en sincronía si no se viera envuelto en las imprudencias de su madre que lo sonsacaban de su estado normal, y esa mujer lo sacaba de sus casillas.
Iban todos sentados en el carro del padre de Kotoko, mismo que utilizó cuando se mudaron a su casa; el padre de Kotoko iba manejando con ella ocupando el lugar del copiloto, pues ella se encargaba de poner la música para no aburrir a los demás.
Su hermano iba sentado a su lado en los asientos de hasta atrás, mientras que sus padres estaban en los de en medio.
Su madre forzó a Kotoko poner el disco de la película de Grease, y aunque ella se opusiera al principio, él la pescó cantar algunas canciones muy debajo de su aliento, en eso aprovechó él para observarla sin interrupciones por parte de su padre o de su hermano.
Cuando se hubo finalizado el disco de la película de Grease, Kotoko puso el disco de "Appetite for Destruction" de Guns N Roses, donde el auto crujió debido a la intensidad en que las vibraciones sonoras de las canciones se hacían escuchar en las bocinas.
Yuuki se puso a cantar en conjunto con Kotoko, quien sacudía su cabello de un lado a otro, espantando a su padre, del cual, trataba de concentrarse para manejar en vez de rendirse a los encantos del grupo de rock que, a ojos de Naoki, le gustaba.
—Onee-chan— Yuuki le dijo desde su asiento.
Kotoko asintió, ladeando la cabeza.
—Qué otros discos trajiste?—
—Slippery when wet de Bon Jovi— Respondió ella en deje de frescura.
—Oh! Ese me encanta!— Manifestó el Sr. Aihara entusiasmado.
—Lo pongo pa?— Sugirió Kotoko.
—Claro!—
—Ese me gusta, Onee-chan— Complementó Yuuki, en ímpetu.
En cuanto lo puso, los tres se pusieron a cantar desde que empezó la primera canción a sonar desde el estéreo del carro, lo que Naoki no se esperaba era que su propio padre se les uniera en el canto y el carro en vez de mantenerse en silencio, estaba rugiendo en alegría, brindando nuevos ruidos a la vida del genio, quien nunca se vio en una postura como aquella que experimentaba en el vehículo, siendo apenas el comienzo de su viaje.
Su hermano entre canciones, le ofreció unas golosinas, que él gustosamente aceptó, pues un gesto tan poco común hecho por su hermano no lo veía a diario; él supuso que se debía a que su familia estaba influenciada por la fuerte presencia de Kotoko explayándose en cualquier lugar.
—Cómo van todos atrás?— Kotoko se ladeó a verlos con una sonrisa emplastada en su rostro.
—Súper bien, Kotoko-chan— Su madre le dio el visto bueno.
—A gusto, Kotoko-chan— Coreó su padre, entusiasta.
—Y tú, Naoki-kun— Ella lo ojeó, emanando desde sus pupilas la expectación que afirmaba tener fijada en él. Naoki, tragó saliva, mostrándose indiferente.
—Bien— Se inmutó en decir modesto.
—Y tú, Yuuki-kun?— Dirigió su atención a su hermano.
—Muy bien, Onee-chan— Señaló con el pulgar arriba.
—Excelente!— Ella les hizo un puño en alto, sonriendo de lado.
—Hija— El Sr. Aihara la giró para que su vista estuviera el frente de la carretera. —No te descuides del frente, necesito que me leas el mapa—
—Sí, padre— Cercioró ella, dándole una palmada en el hombro.
Total, el camino estaba lleno de rebosantes árboles con enormes copas de un verdoso espesor, el mar que acompañaba a tan hermosa vista, resplandecía desde el horizonte con sus azulados encantos naturales y el olor a la brisa marina era para someterse a un sueño vivido en carne y hueso.
De igual manera, Naoki se hallaba de buen humor, gracias a que Kotoko ganó el concurso, ellos podrían pasar unas vacaciones juntos, sumándole que tendría que soportar a su ruidosa madre, su entrometido hermano menor, pero fuera de allí, no había mal que por bien no venga.
Pasar unos días acompañado de Kotoko eran de inminente felicidad.
Al llegar al recinto de las aguas termales, Naoki fue el último en bajarse del auto, puesto a que su familia salió de inmediato del vehículo con las intenciones de que les dieran su habitación, aun así eso no lo detuvo de ayudar a su familia con las maletas, con tal de pasar tiempo extra a lado de Kotoko, quien se quedó de igual manera a bajar y cargas las maletas, aprovechando que ella era lo suficientemente fuerte para cargar las cosas sin derramar sudor en el proceso.
—Qué divertido que ya estamos de vacaciones— Le dijo ella, cuando hubieron sacado todas las maletas de la cajuela.
—Sí— Farfulló él, un poco nervioso de poder verla en otros aires. —Kotoko— Decidió llamarle, a lo que ella asintió. —Me preguntaba si ya te decidiste en volver con nosotros o no—
Kotoko lo observó con la boca semi abierta, contemplándolo en silencio.
—Qué?— Inquirió él, avergonzado. —Olvídalo, Kotoko— Se giró, pero justo cuando se volteó, Kotoko habló:
—Pronto— Fue su respuesta, seguida de una risita traviesa. —No seas impaciente—
—Quién dijo que estoy impaciente?— Refunfuñó sonrojado.
—Ah, como digas— Se mofó ella. —Tu siempre tienes la razón—
—Insinúas algo, Kotoko?— Se atrevió a preguntar, revoloteando por dentro.
—No— Respondió ella frescamente. —Al contrario, yo estoy feliz de poder estar unos días fuera de mi departamento, al menos tengo una hermosa vista qué contemplar y estoy en compañía de personas que quiero— Esta vez, else ladeó a verla, con el pretexto de llevarse consigo dos maletas (una era de sus padres y la otra la suya propia). Ella estaba sonriente, como si le salieran notas musicales de las orejas o algo parecido.
Para él, eso le hacía verse chistosa.
—Bueno, yo tampoco insinúo nada— Rezongó él en mofa actitud. —Por si preguntas— Enfatizó esa frase, yéndose al hotel donde se hospedarían; tan pronto como él hizo eso, fue seguido de Kotoko, quien le ojeaba con curiosidad, cargando dos maletas sin problemas. —Tus clases van bien?— Se sintió terriblemente patético al preguntarle algo como eso, además de que casi siempre que se veían, él le preguntaba lo mismo: Si sus clases iban bien.
Claramente pudo haberle preguntado algo mejor que eso, como la anterior pregunta.
—Por supuesto— Aseguró ella, campante. —Y las tuyas?—
—Bien, como siempre— Presumió él.
—Obvio— Coreó ella, guiñándole. —Si naciste con un cerebro prodigioso— Lo dijo con fingido asombro, a lo que a él le causó gracia su expresión. —Lamentablemente, yo no soy la más brillante del montón, ni la más linda de todas las chicas como lo es Matsumoto— Parafraseó ella en dramatismo. —Pero, si sigo aquí es por algo— Dio por hecha su actuación, haciendo que una sonrisa apareciera en los labios de Naoki que tenía deseos de reírse por lo chistosa que le pareció la actuación de Kotoko, mas no lo hizo porque su entrometida madre se había colado entre ellos, tomando las riendas de su convivencia.
Él bufó, haciendo una mueca de indiferencia frente a su madre, para que ésta lo notara, pero desgraciadamente a su madre le pasó desapercibido.
Kotoko se fue en compañía de su padre, y él en la de su familia.
Cuán fastidiosas serían sus vacaciones en las aguas termales.
Llegando a su habitación, le tocó compartirlo con su hermano (como se lo esperaba desde el principio), Kotoko en compañía de su padre, y sus papás juntos.
No consideraba lo suyo una desfortuna del destino, o una mala jugada hecha por su familia, aunque no negaba que él no se hallaba de buen humor como para lidiar con los demás que lo rodeaban, mas que con Kotoko. Sin embargo, ella no estuvo con ellos cuando se fueron a comer en el restaurante del hotel, pues ella se fue a filmar los paisajes que rodeaban el hotel; además, él no estaba con la mente lo suficientemente despejada para poder charlar abiertamente con ella de un tema, aunque reiteraba que no se oponía en charlar con ella de lo que fuera, pero una parte de él se lo impedía. Una especie de fuerza ajena a la suya lo absorbía a ese mundo en que sus pensamientos colisionaban unos con otros y se unían a la danza de palabras que su mente conjuraba por inercia.
Nada era suficiente para mantenerse complacido con las directrices que el camino le lanzaba a que él lo resolviera, para así volverle a poner otra directriz, y así sucesivamente hasta llevarlo al hartazgo mismo. Era como tapar el sol con un dedo.
Una situación desfavorable para alguien de su calibre mental, pero a pesar de ser inteligente, él era un hombre enamorado, con amplios deseos de expresar su amor libremente y en cada momento en que le fuera posible hacerlo.
Ser un hombre déspota no lo salvó de enamorarse.
—Onii-chan— Yuuki le habló con cara de soslayo.
—Dime— Musitó, en lo que desempacaba su maleta.
—Iré a buscar a Onee-chan— Le notificó con cierta maña. —De seguro se ha de ver perdido en algún lado de por ahí—
Naoki se inmutó, abriendo ligeramente sus inexpresivos ojos.
—Irás tú solo?— Lo señaló.
Su hermano sacudió los hombros, asintiendo.
—Por qué no la dejas sola?— Rezongó ocultando el resentimiento que portaba en relación a su hermano menor. Sin ofenderlo, su hermano arrugó las cejas, mirándolo con sospecha.
—No seas tan duro con ella, Onii-chan— Defendió Yuuki. —Si la conoces de verdad, te darás cuenta que es una persona que vale la pena pasar el tiempo—
Eso ya lo sé, pensó él, una vena brotando desde su sien.
—La iré a buscar— Notificó su hermano, rodando los ojos en su dirección.
—Desde cuándo te llevas tan bien con Kotoko?— Sin pensarlo se lanzó a preguntar, reteniendo a su hermano de salirse por la puerta del cuarto. El nombrado se detuvo, con la mano suspendida en el aire, a escasos centímetros de la manija.
Yuuki ladeó la cabeza hacia él, viéndolo con amplia sospecha presente en sus pupilas.
—Desde que descubrí que ella es genial— Admitió él sincero. —Me está ayudando con algo mío, y desde ahí me percaté de lo que genial que es— Al ver que Naoki no dijo nada, giró la manija y se salió, diciéndole:—Bueno, si eso es todo, me voy yendo—
Naoki se quedó absorto, en el silencio absoluto que embargaba la habitación, permitiendo que su hermano fuera detrás de Kotoko delante de sus narices.
No lo pensó mucho, tan sólo se fue al lado de la puerta y salió en busca de Kotoko, sabiendo que quizás la encontraría acompañada de su hermano menor y tal vez, él no dispondría de la misma atención que su hermano recibía por parte de ella.
Era como ver el sol y no encontrar las gotas que caen de sus rayos incandescentes, o ver encandilado el cielo, bloqueaba su vista, asimismo, nublando su raciocinio.
Suspiró hondo, amargado de que las cosas no solían aparecer en su vida por parte de magia, y sin más remedio, él debía buscarla, encontrarla, ir detrás de su objetivo y alcanzarlo a como diera lugar. Lo demás no importaba ya, mientras su principal objetivo fuera resuelto.
Salió por las hondonadas del paisaje, pasando por estrechos pasajes, oliendo la suave brisa que emergía del mar a cierta distancia, guiando sus pies por las piedrecitas que contrastaban el verdeado paraje natural del bosque que ocultaba con recelo los tesoros de las aguas termales.
Para ser la tarde, no había mucha gente afuera, puesto a que de seguro estarían disfrutando del principal propósito de venir allí: las aguas termales.
Pasaban algunos senderistas en ropa deportiva ligera, unas señoras en ropa casual con botas de alpinismo con sus termos de agua, uno que otro muchacho joven corriendo por los senderos, y ni un rastro de Kotoko por ningún lado.
Quién sabrá dónde se encontraba aquella chica desastrosa.
Subió hasta el punto más alto de la colina, logrando apreciar una vista espectacular que se grabó en su memoria, puesto a que el sol alumbraba con sus rayos cálidos los brillos pequeños que decantaban y coloreaban el azul inconfundible del mar y sus olas que se estrellaban con las rocas creando un choque de fuerzas que se esparcían por el aire en belleza inigualable.
Ese paisaje solo aumentó sus deseos de querer tener a Kotoko a su lado para que ella apreciara la vista al igual que él.
Tan sólo eran meros deseos… unos simples deseos ilusos.
Colina abajo, Naoki caminaba suspirando el oxígeno limpio que poseía los árboles con sus enormes copas, sus ramas alargadas y finas se extendían frágiles como péndulos de un reloj que cuelgan mecidas en sintonía asombrosa.
Naoki pasó por el pequeño sendero, pasando por unos peldaños que guiaban el camino de regreso con sigilo y respeto a la naturaleza.
Escuchó unos pasos rápidos, significando que alguien iba corriendo colina arriba, al contrario de él, lo que menos esperó era que esa persona que corría se tratara de Kotoko.
Su corazón dio un vuelco al ver que ella venía corriendo hacia su dirección, teniendo los audífonos puestos en sus orejas, con gesto concentrado; su cabello caía despampanante desde una cola de caballo que lo resguardaba de bloquearle a ella la vista del camino. Ella usaba unos shorts deportivos a la altura de la rodilla de color crema, una camiseta deportiva de tirantes de color miel oscuro, y sus tenis del basquetbol.
Cuando ella estuvo a punto de pasarle por a lado, unos muchachos se le atravesaron torpemente, puesto a que ellos montaban sus bicicletas sin tener cuidado de quiénes pasaban por ahí.
Kotoko se percató de esto, y se lanzó al suelo, pero justo en ese instante, se lo llevó a él de paso, cayéndole encima, su cabeza aterrizando por inercia en su pecho y sus manos apoyándose de sus antebrazos con presión para no moverse mucho.
Naoki paralizado por su acción, la atrapó firmemente entre sus brazos, dejándose caer directo al suelo suave, puesto a que no le dolió el golpe al caerse.
Kotoko tosió, disculpándose de inmediato, con cara avergonzada.
—Por favor, perdóname— Decía ella alarmada, inclinando la cabeza. —No fue mi intención golpearte de esa manera—
—Kotoko, está bien— Aseguró él, sintiendo que el corazón estaba a punto de estallar de la emoción de tenerla tan cerca suyo. De hecho, era la primera vez que la tuvo tan cerca, encerrada entre sus brazos, protegiéndola de la caída.
—Naoki-kun— Ella mencionó su nombre con susto. —Que bueno que no me estrellé con un desconocido— Suspiró ella aliviada, bajando los hombros.
—Lo mismo digo— Dijo él tieso, tensando cada músculo de su cuerpo de los nervios.
Kotoko se rió amistosa, poniéndose de pie, para después tenderle a él una mano para ayudarlo a levantarse. Él, aceptó el gesto, suspirando de por medio. —Gracias—
—No es nada— Disuadió ella con la mano libre. —Por cierto, qué hacías por aquí? Tomabas un paseo?—
—Algo así— Respondió parco. No le admitiría que la estaba buscando a ella, gracias a que afortunadamente la encontró antes que su hermano menor.
—Yo me fui a correr luego de grabar un poco el paisaje— Ella se llevó una mano a la cabeza, ajustándose la cola de caballo. —Pero, en cuanto lo hice, me dieron ganas de irme a correr por mi cuenta, en verdad— Suspiró ella, atisbada. —Necesitaba relajarme en la naturaleza—
Él la miró, quieto, volviendo a suspirar.
—Te importa si voy contigo?— Preguntó él, metiendo las manos a los bolsillos del pantalón que usaba.
—Sí— Sonrió ella amable. —No veo porqué no—
Y así ambos se fueron corriendo colina arriba, a pesar de que él ya iba de regreso, le dio igual volverse a subir, puesto a que esta vez venía acompañado por su persona especial; además, él le mostraría a Kotoko la hermosa vista que contempló en la parta más alta de la colina.
No había razones para no estar agradecido en cómo la situación se tornó curiosamente a su favor.
