Las vacaciones en las aguas termales se terminaron tan rápido en un parpadeo, y sin embargo, las cuestiones y las premisas de volver a casa con el mismo atolondramiento que aborrecía sentir lo consumía lentamente.
Eran como ecos sonando en sus oídos, lo saturaban y lo engullían con sus impulsos, en un adormecimiento fatal.
La casa con su calor lo envolvía y lo protegía de todo lo dañino proveniente de afuera, contrastando con todo aquello a lo que él se veía visto forzado a lidiar con tal de tener su felicidad garantizada. Total, nada en la vida lo obtienes gratis, y Naoki lo sabía mejor que nadie que las cosas que él buscaba obtener no le llegarían gratis como por arte de magia.
A pesar de que su casa fuera cálida había un frío en su interior que no podía describir, o siquiera poner en palabras, pues todo parecía tan confuso cuando quería palparlo.
Vagas aspiraciones, sería el término en cuanto a nivel de sinceridad empleada por su parte… una soledad que se llenaba con otra soledad, y el sitio alguno no cesaba de crecer en alguna parte de su pecho.
Sus miedos se los guardaba, su silencio lo llenaba con otro silencio y las cosas se iban quedando rezagadas, es decir, a medias. Dejarlo todo en claro o dejarlo todo en la nada, no era algo que él supiera hacer como si se tratara de un reforzador. Él en escasas descripciones era un hombre de pocas palabras y varias veces él se lo repetía cuando la situación lo requería, o simplemente cuando él deseaba evadir un tema incómodo. Un tema llamado amor.
Le desgarraba saberse idiota, saberse un completo desorientado en ese tema que englobaba sus sentimientos para con Kotoko. Unos sentimientos que él fue sintiendo, y que con el paso del tiempo él se fue percatando como una entidad existente dentro de su cuerpo, incapaz de zafarse o desligarse de su sitio, pues se incrustó con dureza con intenciones de jamás desaparecer de su interior.
La tierra comprimía sus acciones, lo limitaba a ejercer movimientos libremente, afectando su conciencia.
Con cada silencio emitido por su persona, las canciones que le recordaban a Kotoko emergían por el siempre ocaso amanecer en que sus ojos se abrían cada mañana y con la antelación en que se cerraban cada noche en que se dejaba llevar por sus sueños eternamente quietos.
Sus vacaciones se acabaron con esos pensamientos, mas no cerraban un final en su jovial existencia, sino la ampliaban y la extendían constantemente. La enredaban y la zarandeaban, la sumergían a un mar de sensaciones y su fondo no es el mismo, al contrario, su corazón seguía dando vuelcos cada que sus ojos se posaban sobre Kotoko. Cada vez… cada una de las veces.
Regresó a la escuela con la cabeza erguida, saturado hasta el cansancio de tener qué lidiar con las actividades que ser un estudiante implicaba y constar de una certeza estrecha no significaba ser una de sus cualidades.
Por fortuna, ya le darían las calificaciones sobre si pasó o no el examen de medicina y si lo pasó, significaba que él entraría a su 2do año de Universidad en el departamento de medicina.
Le sudaban las manos al saberse estudiante de tan prestigiosa carrera, y de sólo imaginárselo se le erizaba la piel de la emoción.
Le diría a Kotoko cuando él se enterara del resultado, definitivamente ella merecía ser la primera en saber si su esfuerzo fue en vano o no.
El cansancio y cada cosa que lo atosigaba no eran suficientes para frenarlo o siquiera de direccionarlo hacia el fracaso, que en todo caso, no sería un fracaso, pues él profirió éxito.
Justo cuando él pasaba por el campus universitario, donde se ubicaban unos árboles en el pasaje, vio a Kotoko con sus dos amigas atrás de ella con cara de haberse quedado sin aliento, y frente a Kotoko se posesionaba un muchacho que él nunca había visto cercano a ella. Es más era la primera vez que lo veía.
Frunció el ceño completamente sacado de sí.
Quién era el muchacho que se le acercó a Kotoko?
Lo que alcanzó a ver era que el chico le estiró la mano para presentarse y Kotoko lo miraba petrificada, como sin saber qué decirle o cómo reaccionar ante tal presentación.
Una pulsación en la palma de sus manos lo hizo entrar en sus casillas, aunque desconoció cómo fue que su mente le ordenó realizar aquella acción, sus precedentes no lo testificaron como un mal momento, al contrario, abordó a Kotoko en un impulso promiscuo, llevándose un reojo de parte de ella que le agradeció por su entrometimiento.
—Gracias— Ella coreó, dando zancadas detrás suyo. —No sabía qué hacer allá atrás—
—Quién era ese tipo?— Preguntó él en tono desdeñoso.
—Es Nakagawa Taketo— Respondió ella en cierta sorpresa. —Yo me acordaba de él, pero no en ese estilo, antes él tenía el cabello más largo y su complexión era un poco más delgada— Ella lo siguió describiendo a como solía ser antes, pero que había algo en ese muchacho que no le daba a él buena espina. —Me dijo que desde la preparatoria él estaba enamorado de mi, y ahora lo sigue estando—
—Qué?— La voz le salió áspera. Otro pretendiente más?
—Me pidió darle una oportunidad— Prosiguió ella cautelosa, alcanzando su paso. —Pero, no estoy segura—
El sentimiento de alegría por saber sus resultados del examen se fueron por la borda, puesto a que ahora su mente divagaba en otro asunto de mayor índole, o sea, de mayor importancia. Cómo actuar si Kotoko tiene un pretendiente fuerte?
—Descuida— Dijo ella, alzando el pulgar. —No es de gran importancia—
—Qué cosa no es de gran importancia?— Inquirió él, seco.
—Darle una oportunidad— Especificó ella. —Ya sabes que a mi me gusta alguien—
—Sí—
—Por eso, le diré que puede ser mi amigo— Ella le dio un codazo casual. —No te preocupes—
—Quién dijo que estoy preocupado?— Se quejó, metiéndose ambas manos en los bolsillos. Aunque, ella volvió a acertar como era costumbre, puesto a que en efecto, él si se hallaba bastante preocupado por tener qué lidiar con otro contrincante más en su camino; si de por sí, ya era una molestia lidiar con Ikezawa, sumarle otro pretendiente más a la lista implicaba otra dificultad con la que él se vería vislumbrado a resolver.
—No tienes qué decirlo— Ella disuadió con la mano. —Yo sé que dentro de ti estás preocupado, aunque lo niegues—
—Disculpa?—Fingió ofenderse.
—No me hagas caso— Optó ella, cambiando el tema de la conversación en referencia a su intervención. —A qué se debe que querías hablar conmigo, Naoki-kun?—
—Hoy me darán mis resultados de la transferencia— Notificó con un deje de emoción apilada. Los ojos de Kotoko se abrieron de par en par, y de pronto empezó a dar pequeños brincos de ansiedad.
—Ay qué intriga!— Exclamó ella poniendo ambas manos en sus mejillas.
—Lo es— Dijo entre su aliento, aún sopesando en su mente sobre aquel muchacho que buscaba tener una oportunidad en la vida de Kotoko, y el pecho se le contrajo en plena incertidumbre, de pronto parte de su vista se tornó borrosa y ese miedo embriagó sus sentidos con soporífero desdén.
Qué se necesitaba para superar los obstáculos? La respuesta es muy simple: valor. Pero él no siempre tenía valor para afrontarse a las pesadumbres de la vida, a pesar de tener apenas diecinueve años, todo lo emocional le resultaba complicado. Distinguir en el qué hacer y qué decir, no era tarea sencilla para cualquiera, sobre todo para alguien como él.
Llegaron a las oficinas de la universidad, donde lo trasladaron a otro cubículo de ese mismo edificio para que control escolar le diera sus resultados. Kotoko se quedó a esperarlo en la oficina de la entrada del edificio, dejándolo a él a expensas de lo que diría un simple papel.
—Irie Naoki, cierto?— Nombró el señor de control escolar, mirándolo a través de sus lentes que pendían del puente de su nariz. Él asintió. —Bien, pues felicidades por tu transferencia— Le entregó el papel donde venían sus resultados, vislumbrando desde sus pupilas su excelente calificación sacada del examen de transferencia. —Entrarás después que el resto porque tenemos bien sabido que eres un prodigio de estudiante y por lo tanto, los papeles de transferencia los veremos aquí si gustas el día de mañana a la misma hora— Sugirió prudente. —Claro, si tiene usted tiempo para hacer el proceso de transferencia—
—Sí tengo tiempo— Dijo él educado, reprimiendo la enorme sonrisa de oreja a oreja que amenazaba con escaparse de sus labios.
—Perfecto— El señor de control escolar sacó unas hojas de su escritorio, y se las entregó. —Son los requisitos para hacer la transferencia y viene la ficha de tus datos— Le explicó lo que él debía de llenar y los documentos que él requeriría para dicha transferencia, pero lo único que sucedía en su cabeza era la gran sonrisa que Kotoko esbozaría para él por su triunfo individual. —Si tiene alguna duda, viene mi número en la hoja de los requisitos, pero no creo que la tenga, pero en caso de que sí puede llamarme durante el día—
—Muchas gracias— Inclinó la cabeza en agradecimiento y se dispuso a salir de la oficina.
Al menos una cosa buena le sucedía recientemente y más porque fue un logro que él mismo realizó por su cuenta.
