"De aquel amor, de música ligera, nada nos libra nada más queda"

.

.

.

.

Cuando llegó a la oficina principal no había rastro de Kotoko por ningún lado, la sensación que lo embargó fue demoledora.

De pronto, el celular le vibró desde el bolsillo del pantalón, al sacarlo se le fue el aire al percatarse de que era Kotoko quien le llamaba. No dudó un instante en contestar.

—Kotoko— Dijo. Escuchó que ella suspiró aliviada.

—Naoki-kun, lo siento!— Exclamó apenada. —Me llamaron del grupo, me dijeron que las calificaciones ya estaban publicadas en el tablón de anuncios, así que voy corriendo para allá; por cierto, cómo te fue, pasaste o no?—

—Pasé— Notificó claro; unos gritos de alegría sonaron del otro lado del teléfono, haciendo que su sonrisa interna se incrementara más.

—Felicidades, Naoki-kun!— Lo congratuló. —Esto merece ser festejado—

—No es para tanto—

—Sí lo es— Ella objetó obstinada. —Merece ser festejado porque es un triunfo de tu esfuerzo, porque es algo que tú quieres lograr por tu cuenta— Ella tomó aire, al parecer estaba corriendo a toda marcha. —Espérame en la estación, te veré en veinte minutos—

—Kotoko, ya te dije que—

—Rechazado!— Negó ella. —Te festejaré como te lo mereces— Antes de que él pudiera decir algo al respecto, ella ya le había colgado.

Con una sonrisa discreta se fue directo a la estación olvidando la presencia de Taketo Nakagawa que lo enfado aquella mañana.


Los rayos del sol de marzo encandilaban su vista, siendo penetrantes por su intensidad, mas no aburrido por la bruma que ocasionaba en sus ojos.

Se paró en la estación, no muy lejos, ni tampoco muy cerca de donde las personas entraban con sus pases para irse en el metro.

El clima mutaba, asimismo cambiando su frío a un calor suave que relajaba cada músculo de su cuerpo y sus venas se dilataban en su curso normal.

—Naoki-kun!— Esa voz inconfundible provino desde escasos metros de donde él estaba situado. Los cabellos de Kotoko revoloteaban con el viento, su bicicleta se movía agitada, pero era su sonrisa la que lo capturó al instante en que él se giró a verla.

Cuando ella arribó a él, dejó caer la bicicleta y se lanzó a sus brazos sonriendo ampliamente y soltando risas cálidas.

—Estoy muy orgullosa de ti— Lo abrazó fuerte.

Él se petrificó, sin asimilar al instante la muestra tan repentina de afecto dirigida solamente a él y que con esfuerzos devolvió el abrazo con poco ahínco, puesto a que se tensó por completo y cada músculo de sus brazos se apagó y sus mejillas se coloraron.

—Muy muy orgullosa de ti, Naoki-kun— Dijo sincera.

—Gracias— Masculló.

Ella lo soltó en un movimiento efímero, observándolo con una amplia sonrisa mostrando sus dientes.

—Qué estamos esperando?— Ella exclamó. —Vamos a festejar—

—A dónde?— La miró sonsacado.

—Al Karaoke—

—No, por favor— Espetó él perturbado, Kotoko hizo un puchero, insatisfecha con su respuesta. —No me gustan esas cosas— Refunfuñó él.

—No cantes si no quieres— Le dio un empujón con la mano.

—Kotoko, te dije que no es necesario festejarme— Suspiró abrumado.

—No haré eso— Arrugó la nariz, tomándolo del brazo y lo sentó a regañadientes en el asiento de su bicicleta. —Te vienes conmigo— Lo miró retadora, ocasionando que su corazón diera un vuelco. Tragó saliva y se inmutó con asentir despacio.

Qué poder tenía Kotoko sobre él con solo mirarlo y encararlo con sus ojos avellana hasta obtener de él una respuesta.

De ahí en fuera, Kotoko se lo llevó en el asiento trasero de su bicicleta, pedaleando a ritmo medio, pasándose de momentos las calles y luego regresando a la banqueta con tal de no estrellarse contra un vehículo que pasase en su recorrido.

El camino fue relajado, sutil, podría decirse; porque los sonidos del pedaleo de Kotoko siempre terminan sometiéndolo a un trance somnífero, reduciendo gradualmente sus tensiones acumuladas y se disipaban lentamente.

Los gentiles roces del viento soplar eran cálidos, el olor a café proveniente de las cafeterías que dejaban de lado le agradaban. Los recorridos que hacía con ella, siempre le resultaban acompasados en cuanto a su estado anímico. De estar decaído a estar de buenas.

Sin embargo, a Naoki le llegó una duda, se giró a ver la espalda de Kotoko, misma que se plasmaba fuerte y lejana de su contacto, a pesar de tenerla tan cerca.

—Kotoko— Pronunció su nombre. —Puedo preguntarte algo?—

—Adelante— Dijo ella, bajando la velocidad del pedaleo.

—Qué hiciste cuando quedaste en la carrera de cinematografía?— Interrogó un tanto curioso. Escuchó enseguida una suspiración pensativa por parte de ella.

—Ir a festejar mi logro— Simplificó ella. —Qué otra cosa pude haber hecho?—

—No, nada— Espetó él, ruborizado. —Sólo me dio curiosidad, es eso—

—Curiosidad o no— Dijo ella. —Yo estoy haciendo exactamente lo mismo contigo, o sea, llevarte al Karaoke—

—Entonces, tú fuiste al Karaoke para festejar?— Dijo en tono interrogante.

—Sí— Carcajeó ella de forma sencilla. —Igual, no tienes que cantar si no te apetece, para eso está la comida, tienen excelentes platillos para comer en lo que uno disfruta de cantar—

—Al menos comeré— Siseó él, meneando la cabeza.

—Ya le estás agarrando el rollo, Naoki-kun— Pedaleó con más ganas en cuanto dijo eso, recorriendo a toda marcha los locales del distrito en que se había arrimado ella, dejando toda la monotonía por detrás.

Llegaron al Karaoke al cabo de una hora de haberse retirado de la estación, pues el camino para llegar al dichoso local fue largo, pero uno de los más calmos y bonitos que Naoki pudo apreciar desde el asiento trasero de la bicicleta.

No sucedía todos los días en que podía disponer del tiempo para contemplar las maravillas de las personas que habitaban en la ciudad de Tokio, así como también no era a diario que Kotoko lo llevaba de paseo como a él tanto placer le causaba. Se reía de placer de sólo experimentar y sentir en carne propia el paseo hasta que la sangre que corría por sus venas se convertía en calidez pura.

Pidieron unas botanas en el aula que les otorgaron sólo para ellos dos. El tiempo que estuvo inmiscuido en el aula le pasó tan rápido que apenas si lo notó, puesto que se desvió de sus pensamientos por andar de idiota viendo a Kotoko cantar un gran número de canciones desde el aparato; además de tenerla sólo para él no era un escenario que vivía a diario, por eso es que él aprovechó lo máximo posible tal experiencia frente suyo.

—Ya sé!— Kotoko coreó de repente, tomándolo de sorpresa.

—Qué?— Deglutió las galletas de azúcar que comía.

—Porqué no cantas conmigo?— Sugirió ella encantada, acercando su rostro al suyo, provocando un sonrojo agresivo en él.

—No— Alejó su cara de la suya, perturbado de su interior. —Canta sola, Kotoko, ya te dije que no quiero cantar— Se negó firme. Ella pareció inconforme, haciendo un mohín.

—Hm— La oyó mascullar.

—Te lo advierto, Kotoko— La señaló escueto.

—Si insistes— Sacudió los hombros, desinteresada. —De lo que te pierdes— Le sacó la lengua.

—Qué fue eso?— Inquirió él en pose altiva.

—Oh, nada— Le ignoró.

Naoki ya sabía que Kotoko sólo jugaba con él, para convencerlo de alguna manera de cantar con ella, y ese juego le daba gracia.

—Sea lo que intentas hacer— Profirió él. —No me convencerás para cantar contigo—

Ella se giró a verlo por encima del hombro, moviendo las cejas.

—Hm— Fingió indignarse, y se cruzó de brazos de forma chistosa; él sonrió aun más, encantado con sus reacciones.

—No soy fácil de convencer— Bromeó con soslayo.

—Qué complicado eres, Naoki-kun— Se quejó ella chistando.

La sonrisa de Naoki se amplió a espaldas de Kotoko.

—Así soy yo— Presumió, cruzando la pierna.

—Al menos sé más flexible— Sopló ella fingiendo enfado. —Así cómo lograrás ser un buen doctor?— De pronto, ella le miró mañosa.

—Qué insinúas, Kotoko?— Encaró él, alterándose un poco. Ella al verlo de esa manera, se echó a reír.

—Al menos cambiaste ese gesto de tu cara— Lo apuntó riéndose de éste. —Así les agradarás a los niños, si es que quieres ser un pediatra, sino pues ya encontrarás tu área—

—Doctor de niños, yo?— Bufó él sacado.

Kotoko asintió.

—Para mí que sí perteneces a esa área— Afirmó ella. —Pero todo es cuestión de lo que a ti te gusta, no de mi sugerencia—

—No me opongo a ello— Admitió en una voz indudablemente avergonzada, dirigiéndose hacia ella, y como si una fuerza ajena a la suya, tomó el micrófono de la mano de Kotoko, sorprendiéndola por su acción. —Ya me convenciste de cantar contigo— Desvió la mirada, sintiendo los ojos abiertos de Kotoko fijarse sobre los suyos.

—¡Sí!— Kotoko exclamó de gusto. —Deja pongo la canción— Avisó en lo que ella buscaba entre el aparato del Karaoke.

—Claro— Asintió él, un ligero rubor aparecido en sus mejillas.

Era tan vergonzoso tener que hacer cosas que normalmente él no haría en su sano juicio, pero desde que conocía a Kotoko discernir entre si lo que hacía era bueno o no, no estaba en él de justificarlo, pues él poco a poco hacía lo que podía para acercarse a Kotoko.

Ella escogió la de "De música ligera" de Soda Stereo.

—A ver si puedes seguir mi paso— Presumió ella, levantando el mentón, con un puño a la altura del pecho.

—Eso lo veremos— Dijo de la misma manera.

Ambos se pusieron a cantar cuando empezó el verso, sin embargo él estaba más concentrado en ver cómo Kotoko interpretaba las palabras haciendo gestos chistosos con su cara. Ella le impedía concentrarse, a pesar de que la canción no tenía muchos versos, el solo hecho de tenerla a su lado cantándole al oído lo dejaba fuera del partido.

—No es tan difícil la letra— Ella le dio un codazo en el costado derecho, provocándole a él que resoplara en indiferencia, ocultándose entre sus sentimientos.

—Te dije que no quería cantar— Lo dijo dándose importancia.

Ella arqueó una ceja, burlándose de él.

—Si tu dices— Sacudió la mano, antes de seguir cantando lo que le faltaba a la canción para terminarse.

Luego de haber estado en el Karaoke hasta las nueve de la noche, él la acompañó a su departamento, diciéndole de manera cortés las buenas noches, sin embargo, ella lo retuvo del brazo cuando se estuvo por ir.

—Qué sucede?— Preguntó, enarcando una ceja; a pesar de que por dentro su interior revoloteaba como mariposas en la boca del estómago. Ella frunció las cejas.

—Quería hacer algo rápido— Emitió segura de sí.

—Qué cosa?— Dijo él, manteniendo con toda su voluntad la cara de indiferencia emplastada en su rostro.

De pronto, ella lo giró de un jalón y lo aprisionó con sus brazos.

—Esto!— Exclamó ella entre risitas. —Estoy muy orgullosa de ti, Naoki-kun— Lo apretó un poco más fuerte, provocándole que se le erizara la piel, llegando a abrir los ojos de la inmensa impresión de ser abrazado por Kotoko de esa manera tan amena, tan linda, tan…no sé, las descripciones no le cabían en la cabeza al imaginarse un pedacito de su mente qué se sentiría ser correspondido.

Soñar no costaba nada, pero vivirlo en carne propia era aún mejor que imaginárselo.

—Me da tanto gusto saber que estás logrando tu sueño— Exhaló ella aliviada y feliz.

—Gracias Kotoko— Sonrió de lado, con el corazón revoloteándole por todas partes, sintiendo el contacto como seda tras su piel, como pétalos de rosas rozándole las mejillas en tenue suavidad.

Quizás se atrevía a pensar que podría ser correspondido, no?

.

.

.

.

P.D. (Mención a la canción "De música ligera" de Soda Stereo)