Saliendo del recinto, caminaba a la par con su acompañante femenina a la orilla de la banqueta, sintiendo las palpitaciones de su pecho alocado, queriendo pellizcarse por creer en la posibilidad de estar despierto. Pero, era real. Todo era real conforme sus pasos hacia adelante comprobaban esa teoría, su realidad.

Una pequeña fracción del mundo conspiraba a su favor.

Ella andaba en ropa casual, nada especial. Unos vaqueros azules holgados y sostenidos con un cinto de cuero, un suéter de una pieza de azul celeste abrigándola del frío, gabardina en el cuello de color gris y unos tenis Adidas de color blanco.

Estoy nervioso, tanto que puedo desmayarme en cualquier momento en caso de que me delate.

Se recordaba que no debía de delatarse por la misma euforia de tener una cita inesperada en un día cualquiera. Un viernes por la tarde/noche. Un día que pensaba llevársela con calma, pero no se esperaba que estaría caminando con la chica que le gusta por las calles de Tokio.

—Está muy lejos la tienda?- Inquirió.

—No mucho— Aclaró arrugando el gesto. —Tomaremos el camión de ida y vuelta—

—Pero, a dónde vamos a ir?— Quiso saber, porque a la que había ido con ella y Yuuki estaba en la otra ruta. —Vamos a otro lado de la tienda que nos queda más cerca de mi casa—

—Esta es otra, mucho mejor que la que está cerca de tu casa— Repuso con el dedo índice señalando al aire.

Llegando a la parada del autobús, no se dijeron palabra alguna.

La incomodidad del silencio lo penetraba hasta los huesos, incluso se sentía palidecer si no hablaba de cualquier tema.

Distraído, no se percató que el autobús había llegado a la parada y ella le decía que se apuraran a subirse, al ver que no respondía él, lo agarró de la mano para subirse al camión en cuanto estuvo a punto de marcharse.

La agitación del movimiento lo sacó de sus cavilaciones y correspondió entrar al camión sin analizar la situación en la que se encontraba.

Luces blancas iluminaban discretamente el transporte público en afilados filamentos distribuidos en las partes esenciales del transporte.

Sintió un calor ajeno al suyo, uno que le brindaba seguridad y quietud. Volteó abajo, donde realizó que estaba tomado de la mano de Kotoko.

Una parálisis se acento en su cuerpo, la respiración se le escapó de los pulmones en un tumulto de sensaciones. Estaban tomados de la mano!

No lo puedo creer!

Ella casualmente miraba la ventana, agarrándose con la mano libre en la agarradera del transporte público, luciendo tranquila.

En cambio él, estaba más colorado que un tomate, para su fortuna la noche se había sentado en la ciudad y la poca iluminación no lo delataba de su físico exaltado.

Debo estar soñando…

Volvió a mirar su mano izquierda tomada de la chica con la suya, lucían como toda una pareja sacada de una revista.

Se sintió palidecer y estremecer en segundos y uno de sus sueños estaban logrados, sin embargo notó que ella no lo soltaba por lo que supuso que existía la posibilidad que ella sintiera algo más que amistad.


Bajándose del camión, seguían tomados de la mano.

Naoki decidido a cuestionar a la chica, no lo dudó dos veces para preguntar.

—Kotoko— Llamó tratando de estar calmado. —La mano— Dijo.

—Qué pasa con la mano?— Parecía ausente ante la acción de estar tomados de la mano. Él la alzó dando a entender que los dos iban de esa manera. —Oh! La mano- Rezongó. —Te molesta?—

No me molesta, al contrario, me gusta mucho.

Paralizado se quedó mudo. Qué podía decir si no le molestaba? Que le incomodaba?. No, sería rebajarse mucho y eso no era su estilo.

—Hm…— Suspiró inquieto.

—Entonces seguiremos así— Declaró confiada.

Bajó el brazo y su mano buscó entrelazarse con la suya conforme iban caminando, este le permitió hacerlo dejándose llevar por sus emociones.

Caminaron por las calles, luciendo como toda pareja joven y feliz. Las tiendas tintineando de luces en los anuncios, y el olor a comida estaba por doquier.

De pronto, entraron a un pequeño local de aspecto pasable; unos adornos japoneses colgados en la entrada y un olor a nata llenaba el lugar. Un paraíso de discos rodeaban el local, mesas y mesas de discos de diferentes géneros musicales tanto nuevos como viejos. Las luces cambiaban de color en la caseta donde escuchabas el vinilo que elegías de los estantes de Lp's.

—Llegamos— Anunció como buscando a alguien. —Nozomi!—

Nozomi? El basquetbolista?

Un muchacho joven de rulos rubios con raíces acastañadas, de altura del promedio y una presencia segura y tranquila apareció de la caseta de vinilos.

—Kotoko!— Saludó sorprendido de verla. —Hace tiempo que no venías a visitarme—

—Ya ahorre suficiente para comprarme el casete— Afirmó con una sonrisa agradable.

Nozomi parecía un muchacho más afable que Ryo, maduro y menos gritón; de todas maneras, él ya lo había visto en el campus de la universidad cuando acompañó a Kotoko a la sesión de canto.

—Veo que no vienes sola— Comentó al notar la inevitable presencia del castaño que aún seguía tomado de la mano de Kotoko.

—Naoki-kun viene conmigo— Respondió, dándole un apretón de mano.

—Es lo que veo— Suspiró incrédulo. —Y no lo creo—

Kotoko se rió ante el comentario del rubio, soltando la mano del castaño que en sorpresa volteó a mirar que ésta se puso ambas manos en el rostro de vergüenza por la risa escandalosa que traía.

—Ya deja de burlarte de mi, Kotoko—Nozomi salió de su trance de incredulidad. —Iré a la bodega a traerte lo que me pediste la otra vez—

—Qué le pediste?— Naoki se inclinó a preguntarle cuando el muchacho se había retirado del lugar.

—Un casete de la presentación de Cerati de la radio FM100— Respondió poniéndose de puntitas.

—Ya veo—

Quería tomarle la mano, pero temía cometer un error de hacerlo tan pronto.

Se aguantaría de ahí hasta que salieran de la tienda de su amigo. O la tienda en la que su amigo trabajaba.

Nozomi salió de la bodega sosteniendo en su agarre un casete sin portada, dentro de la cajita de plástico.

—Lo grabe tal y como lo pediste— Aseguró con los dientes frontales reluciendo de su boca.

—Excelente— Lo agarró con asombro y alto respeto. —Añoraba tener esta presentación entre mis manos— Saltó de emoción dando gritos de emoción por toda la tienda, dejando a los dos jóvenes solos.

—Qué se le ofrece, Irie-san?— Lo miró con respeto y admiración, tal como lo hacían en la preparatoria.

—Yo estoy bien, gracias— Se limitó a expresar más allá que pura frialdad.

—Cualquier cosa que necesites, puedes preguntarme, Irie-san— Se ofreció muy profesional ante él.

—Dime Naoki— Ordenó el castaño con seriedad y frialdad en su tono.

—Oh perdón— Se disculpó rápido. —Naoki—

—Cuánto te debo, Nozomi?— Kotoko apareció de golpe.

—Nada, Kotoko— Abrió los párpados como bombillas en incredulidad. —El casete va por mi cuenta—

—Pero—

—Nada de peros— Le dio un palmada en la cabeza como si de un niño se tratase. —Y no me mires con esa cara— Regañó, a lo que ella hizo un mohín.

—Malo— Refunfuñó.

—Y pensar que te hice ese preciado casete me dices malo— Sermoneó picarón, puso sus dedos sobre sus mejillas y las jalo de arriba a abajo haciéndola parecer chiste. —Niña traviesa—

—Déjame— Se quejó con disgusto.

Naoki no pudo evitar reírse ante el gesto de Nozomi, parecía un tipo buena onda a comparación del bocón de Ryo o del gritón de Kinnosuke.

Su amigo rubio la soltó con una risilla malosilla, mientras ella se recuperaba del jalón de mejillas, sobándose con infortunio el rostro.

—Nos vamos— Dijo ella con resentimiento.

—Aquí estaré hasta tu próxima visita— Echó una risilla maliciosa con las manos en la cintura inflando el pecho de la risa.


—Ese Nozomi es un inconsciente— Se quejó ella en el camino de regreso, dando pisotones en la calle.

—Es más agradable que tu— Resopló él con aire de superioridad. —Al menos no es escandaloso—

—Oye!— Le dio un sopapo en la nuca haciendo que su cabeza se fuera hacia adelante de un tirón.

—Y agresivo— Agregó con la mano en la nuca, apretando los ojos.

—De qué lado estas?— Arrugó el gesto.

—De ninguno—

—Como es posible que no— Suspiró apretando los dientes. Este le resultó chistoso la acción y quiso seguir dándole lata.

—Acaso no puedo estar de mi lado?— Dijo con sarcasmo. —Digo porque también existo yo en la ecuación—

—Tienes razón— Dijo derrotada, dando pisotones en la calle nuevamente con los puños cerrados. Que adorable se pone cuando se enoja.

—Yo siempre tengo razón— Presumió el castaño.

—Presumido— Murmuró entre dientes, agachando la cabeza. Al parecer creyó que no la escucharía, mas estaba equivocada porque sí la escuchó.

—Querrás decir inteligente— Corrigió con aire superior, caminando con la cabeza en alto y las manos en los bolsillos. —y atractivo—

—Vanidoso sería la palabra—

Se divertía con la conversación aunque no llegaron a nada, porque ella se tornó taciturna como si su mente ocupara otros pensamientos que no fueran conversar con él.

En qué estará pensando?

—Kotoko?— Llamó, viendo que no había respuesta, lo intento de nuevo. —Kotoko? Oi!—

Reaccionó ante el estímulo de su llamado, con los ojos desorbitados y la boca entre abierta.

—Qué—

—Estabas distraída y no me contestabas— Habló exaltado, tratando de ir a la par con los pasos de la chica.

—Lo siento— Se disculpó despabilándose del aparente trance en el que se hallaba. Agitó los brazos para demostrar que estaba en sus cinco sentidos, llevándose una mano a la cabeza sobándose los cabellos negros de su cabellera lacia. —Me quede pensando—

—En qué pensabas?— Inquirió extrañado con su comportamiento.

—En cosas— Expresó dubitativa.

—Cuáles?— Presionó con la voz más seria.

—No te voy a decir— Espetó dudosa de hablar.

Pero que rayos!

—Kotoko no me evadas— Se acercó a ella estando caminando por las calles transitadas.

Se frenó en seco, tomándolo desprevenido estando al borde de toparse con un semáforo cualquiera. Miraba al piso girando los ojos en todas direcciones, frotándose las manos en pequeñas presiones, indicando que estaba nerviosa.

Nunca la había visto en ese estado.

—Kotoko?— Suavizó el tono de su voz seria y fría.

—Se me olvidó comprar el disco de metal— Murmuró entre dientes, analizando sus propias palabras. —Para eso te lleve a la tienda y sólo recogí mi casete— Se tiró de los cabellos en coraje. —Cómo se me pudo olvidar!—

Naoki se tranquilizó ante la confesión, solo se le había pasado comprarse un disco de metal a causa de la distracción con su amigo Nozomi Yuuki.

Hizo una sonrisa de lado, suavizando el gesto de su rostro frígido.

—Kotoko, no te preocupes— Posó ambas manos sobre sus hombros, sacudiéndola para que dejara de revolverse el cabello en un desorden tremendo. —Será en otra ocasión— Aseguró con firmeza.

—Tu crees?— Ella lo miró con ojos esperanzados. Le hicieron acordarse de Chibi, el perro que ella rescató el día de la graduación de la preparatoria. Asintió. —Entonces no estás enojado conmigo?—

—Por supuesto que no— Asintió nuevamente antes de soltarla.

Una sonrisa de oreja a oreja apareció en el rostro juvenil de la chica, sus cabellos alborotados no desvanecían la belleza de su juventud. Esa era su chica.

Siguieron con el camino de regreso a punto de llegar a la parada de autobuses, donde la multitud de personas disminuían conforme salían del distrito concurrido.

Un calor ajeno al suyo lo sacó de sus pensares, la mano de la chica lo había tomado de improviso. Le volvió a tomar la mano en una de esas veces en las que él bajaba la guardia.

El se giró a verla, ésta le sonreía con los párpados cerrados y los dientes relucientes.

Aceptó el gesto cariñoso.

Esta era la chica que él quería.