Hola, muchas gracias por leer (lamento no haber respondido, ¡no sé usar esta página!).
Hubo mucha gente que me pregunto si la historia continuaría, y la verdad es que me gustaría hacerlo, pero no estoy segura de si les gustaría seguir leyendo lo que escriba (ya he planeado la historia e incluso escrito algunos capítulos, pero sigo algo preocupada. "¿Les gustara?" es una pregunta que se repite bastante en mi mente).
Boruto es mi protagonista, y este es un capitulo piloto, por eso quisiera que lo leyeran y opinaran. ¿Les gusta como se narra? ¿Sienten que debo mejorar? ¿O qué cosas quisieran leer en la historia?
De estrenar un fic, sería dentro de un mes más, ya que tengo que terminar otro antes. Y me gustaría, repito, seguir esta historia.
Espero sus respuestas :)
Pd: también les advierto que soy bastante dramática, así que si hacemos este viaje: ¡prepárense!
I
Una mañana normal
Para algunas cuantas personas, hay un momento en la vida en el que comprendes que solo eres un problema para los demás.
Hablo de un problema real, claro, uno que no se soluciona con el paso del tiempo o con algunas sesiones en el psicólogo, sino que un problema que parece crecer y empeorar hasta convertirse en una bomba a punto de estallar y acabar con todo a su paso.
Para mí… ese momento es ahora.
- ¡Boruto! ¡A desayunar!
Puedo reconocer la voz de mamá, viniendo desde la escalera, en un claro intento por hacerme despertar. Sé con certeza que en el primer piso debe estar esperándome con un gran y delicioso desayuno, pero no tengo intención alguna de obedecer a mamá.
En este momento, solo quiero acurrucarme y seguir durmiendo, como cuando era un niño y no tenía que preocuparme por nada ni por nadie.
El problema… es que soy un adolescente. Y cuando eres un adolescente, todo en tu vida es un asco. Doy fe de ello.
Mi vida, o mejor dicho, mi adolescencia, apesta completamente.
Mejor me presento, pero solo si quieren conocer mi historia, claro.
Mi nombre es Uzumaki, Uzumaki Boruto, y no me molestaría llamarme a mí mismo "un chico normal", de no ser por un simple detalle que me lo impide: no lo soy, para nada. De hecho, me considero lo contrario.
- ¡Boruto! -mamá insiste. Y yo uso la almohada para tapar mi cabeza, ocultándome bajo mi cobertor.
Bostezo, porque estoy cansado. Tengo sueño y no quiero ir a la escuela.
Ya lo sé, parece la queja de un niño de primaria, pero es solo que últimamente estoy durmiendo muy poco, algo malo si consideramos que tengo un examen de matemáticas a primera hora. Un examen para el que no he estudiado, otra vez.
Sí, voy a reprobar nuevamente.
Realmente no me importa, pero sé con certeza que, de seguir así, mi estúpido padre va a terminar por hacer algo más drástico que solo confiscar mi teléfono celular. Supongo que debo agradecerle a mamá por evitar que también me restringiera el acceso a internet. A veces tiene sus ventajas esto de ser el hijo favorito.
De pronto, doy un salto. Pero es solo por el repentino golpe en la puerta de mi cuarto.
- ¿Ya despertaste?
Inmediatamente aguanto la respiración, aun bajo el cobertor.
Mi corazón se acelera automáticamente. No entiendo que me produce tanto nerviosismo, después de todo esto es algo que siempre hago pese a que este mal en una serie de formas. Y aunque sé que no debería hacerlo, supongo que soy igual obstinado que mi padre en su adolescencia -o al menos eso deduzco por las historias que mamá cuenta de él-, y como él solía hacer… a mí también me gusta arriesgarme.
La puerta de mi cuarto se abre y alguien entra… pero yo sigo acostado, respirando lentamente y simulando dormir. Para ser mi propia familia, es casi graciosa la forma en que los he engañado haciéndoles creer que tengo el sueño verdaderamente pesado.
Los pasos avanzan poco a poco entonces, y yo finjo no escucharlos aún.
- ¿Sigues durmiendo?
La voz de mi hermana menor es suave.
Pasa un segundo de silencio. Y, de pronto, siento su peso sobre mí. Es agradable. Y aunque no debería quedarme quieto, lo hago de todas formas.
Entonces espero, siempre espero, porque sé que ella va a acercarse aún más a mí. Y, por raro que les parezca, es exactamente eso lo que quiero…
- Levántate ya, por favor.
Solo entonces me muevo, mientras la siento apartar el cobertor de mi rostro. Y, de pronto, nos encontramos por fin, cara a cara. Sus ojos azules -idénticos a los míos-, brillan en cuanto me ve, e incluso me sonríe por un breve instante.
Algo peligroso se agita dentro de mí en cuanto la veo hacer eso.
- ¡Hermano, buenos días!
Y entonces hago algo que definitivamente no debería hacer.
La empujo, lejos de mí.
- ¿Qué te he dicho sobre entrar a mi cuarto-dattebasa? -mis palabras sirven para que ella frunza el ceño y haga un mohín con sus labios.
- ¡Pero golpee la puerta y tú no despertaste!
- De seguro golpeas muy despacio.
Mi mentira es patética, lo sé, pero al menos funciona.
Me levanto de la cama y ella, con cuidado, lo hace también. La falda de su uniforme escolar se ha levantado un poco, por lo que tiene que alisarla para que quede ordenada nuevamente. Yo aparto mi mirada mientras lo hace.
- Mamá dice que debes bajar a desayunar -ella continúa hablando, aún en mi cuarto. No se mueve tras eso, en vez de eso, siento su mirada sobre mí.
- Ya lo sé. Vete de una vez.
No la miro, pero sé que debe estar inflando sus mejillas en este segundo. Probablemente las pequeñas marcas que tiene allí resaltan aún más con eso. Dice algo que no entiendo y, luego, escucho sus pasos alejarse hacia la puerta.
Cuando vuelvo a mi vista hacia mi cama deshecha, ella ya no está. Arrojo un suspiro que no puedo contener.
De alivio. Y de culpa.
Tal vez no esté listo para mi examen de matemáticas, pero sé con certeza una cosa. Una que ustedes deben saber si quieren seguir leyendo mi historia.
No soy un chico normal, porque estoy enfermo.
…
Cuando digo que estoy enfermo, no hablo de una gripe, ni de algo que se pueda contagiar.
Tampoco me refiero a una enfermedad terminal. Creo que es, más bien, una patología interna… o una mental, probablemente. Aún no sé con exactitud como referirme a ella, pero lo que sí sé con certeza es que estoy enfermo.
Porque hay cosas en mí que no son normales.
Y es casi aterrador ser consciente de eso. Aterrador y tranquilizador, por extraño que les parezca, pero es que cuando sabes que tienes algo malo -algo que no puedes arreglar-, la ola de alivio por descubrirlo es mayor al miedo de no saber qué hacer con eso que está tan mal en ti. Pero me estoy distrayendo, lo sé, ninguno de ustedes quiere oír sobre mi propia guerra interna, quieren saber a qué cosa me refiero exactamente cuando digo que estoy enfermo.
No, no tengo una cola o partes extra en el cuerpo. Tampoco soy mitad lobo, ni tengo algún demonio encerrado dentro de mí. Esta no es una historia de ciencia ficción o de terror, ni una historia de ninjas. Esta historia es la de un simple adolescente que está enfermo porque tiene pensamientos anormales, pensamientos que otras personas no tienen.
¿Y qué tipo de pensamientos son aquellos?
Bueno, para empezar, solo digamos que tienen algo que ver con mi hermana menor…
- ¡Himawari, tu hermano casi termina de desayunar!
Esa última es mamá, delatándome como cada mañana.
Yo no me considero un buen hermano mayor -es más, si existiera una lista de buenos hermanos mayores probablemente yo estaría en el último puesto-, y una de las razones por la cual pienso en esto, es que voy solo a la escuela cada mañana en vez de caminar junto a ella, como se supone que debería hacer un buen hermano.
Mamá, obviamente, se encuentra en contra de eso. Cree que necesitamos mejorar nuestra relación, o, mejor dicho, cree que soy yo quién debe comenzar a ser más amable con ella. Y una forma de conseguirlo, es hacer que caminemos juntos a la escuela cada mañana.
- ¡Ya voy!
Escucho correr a Himawari por el segundo piso, probablemente buscando sus cosas. Podría apresurarme e irme por mi cuenta, pero si me levanto de la mesa antes de terminar mi desayuno mamá no me dará el postre en la cena. Esa es una de sus "medidas precautorias" para que yo obedezca, aunque ambos sabemos que es un simple chantaje.
Y, como si ella supiera lo atrapado que me tiene, tararea alegre en señal de una victoria personal.
- Comenzaré a desayunar más rápido cada mañana -decido orgulloso. Mamá se apoya en la mesa entonces, a observarme con una sonrisa en su rostro.
¿Quieren saber algo sobre mi madre? Bien. Por fuera puede lucir como una mujer muy amable, pero la realidad es que también puede ser una mujer muy aterradora cuando lo desea.
- Podrías intentarlo… -responde entonces, mientras sus ojos aperlados me examinan divertidos-, pero terminarías vomitando antes de llegar a la puerta.
El recuerdo me produce un escalofrió. De pronto me obligo a masticar mucho más lento lo que tengo en la boca, antes de tragar con fuerza.
- ¡Eso solo sucedió una vez-dattebasa! -replico. Pero ya es tarde, mamá ya ha ganado la discusión, como siempre.
- Si saldrás más temprano a la escuela, también podrías dejar de jugar videojuegos hasta tan tarde.
Esa es la voz de mi estúpido padre. Giro a tiempo para verlo entrar en la cocina, bostezando ruidosamente mientras rasca su nuca. Como siempre, no importa la cantidad de años que tenga, sigue comportándose como un niño cuando no hay más adultos cerca.
Mamá de inmediato sirve su desayuno, arreglando de paso su corbata torcida. Y, de pronto, los veo intercambiando un beso justo en los labios.
¡Pero qué asco!
- ¡No hagan eso frente a mí!
- No te sientas mal-dattebayo -papá se ríe de mí-, algún día harás lo mismo cuando te enamores de alguien.
Resoplo, vuelvo a mi desayuno. No importa lo que les parezca, yo he pasado aquella vergonzosa etapa en donde era genial ver a tus padres besarse.
Himawari, por el contrario, no la ha superado.
- ¡Me he perdido el beso! -se queja, de pie en la entrada de la cocina y con un puchero de esos que suele hacer cuando algo no sale como le gustaría. Mamá y papá ríen, enternecidos. Yo, en cambio, termino de tragar el último bocado y me coloco de pie.
Hora de salir de aquí.
- Me voy a la escuela.
- ¡Ah! ¡Yo también! -grita Himawari, corriendo para tomar el almuerzo que mamá le ofrece.
- Ten un buen día -se despide ella, con un dulce beso en su mejilla. También me mira a mí, como si esperara que se lo pidiese. Pero no, yo paso.
Que mi madre bese mi mejilla quedaría muy mal con mi imagen de chico rudo, así que solo me voy sin despedirme.
Me apresuro hacia la entrada y me calzo los zapatos. Tomo mis llaves y salgo por la puerta, sin esperar a Himawari como se supone que debería hacer. Pero es solo que no me gusta esperarla, ni caminar con ella a la escuela, por lo que mamá obligándome a seguir esta tonta rutina es algo que francamente me pone de mal humor.
Así que, entonces, volviendo a lo que hablábamos antes del desayuno, ¿quieren saber qué es lo que se supone está tan mal en mí?
Bueno, creo que es bastante fácil, de hecho, tal vez ya lo hayan adivinado.
- ¡Hermano, espérame por favor!
- ¡Voy tarde! -finjo no escucharla, mientras salgo hacia la reja exterior. Incluso entonces puedo oír sus pasos correr por el pasillo y luego por el recibidor hacia mí. Doy un salto a la calle, pero no lo suficientemente rápido.
Porque, como cada mañana, mi pequeña hermana consigue alcanzarme justo a tiempo.
- ¡Hermano!
La puedo sentir entonces, colgándose de mi brazo para detenerme. Su cuerpo pequeño, sosteniéndose del mío tan de golpe, provoca que perdamos el equilibrio. No lo suficiente para caernos, pero sí creo que debemos vernos bastante ridículos mientras nos equilibramos nuevamente.
- ¡No seas infantil! -me enfado, pero entonces ella me mira con su lindo puchero y su ceño fruncido. Y mi corazón comienza a latir rápido, sin que yo pueda hacer nada para detenerlo.
Sí, tal vez les parezco débil, pero nunca he sabido cómo evitar que lo haga, ni como pararlo cada vez que empieza.
Creo que mi corazón es algo sobre lo que no tengo el control.
- ¡Mamá dice que tenemos que ir juntos a la escuela!
Maldigo en voz alta.
- Le diré a mamá que has maldecido frente a mí -me amenaza otra vez. Sigue sujeta a mi brazo, y no parece que vaya a soltarme. Es más, sé que no va a hacerlo, porque ambos somos igual de tercos que papá.
Así que solo comienzo a caminar, fingiendo que me molesta su presencia. Aunque en verdad no es cierto. La realidad es que una parte de mí disfruta este momento, pese a saber que está muy mal hacerlo. Mi corazón late presuroso por algo que definitivamente no debería causarlo.
Entonces, ¿en verdad quieren saber mi oscuro secreto? Muy bien, se los diré.
Creo estar enamorado de mi linda y tierna hermana menor.
Ya se los dije, estoy enfermo.
CONTINUARÁ…
