"No necesito verte para saberlo"
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A veces las trivialidades entibiaban la piel, o las canciones la sometían a un calor relajante y digno de sentir y presenciar en carne viva.
Naoki antes creía nefasto que cada canción tenía incrustado un mensaje sumamente específico en su composición, en su estructura lírica, mas sin embargo, él siempre terminaba buscando la canción que más describía su actual estado.
Las fórmulas matemáticas y físicas no eran suficientes para explicar tal fenómeno, o el porqué su corazón se aceleraba cuando las letras describían sus sentimientos mejor que él mismo.
Ni tener el mejor coeficiente intelectual o ser el mejor estudiante de Japón alcanzaban a descubrir todo lo que le sucedían, y él tampoco lograba comprender de dónde surgió el amor hacia Kotoko; su intenso apego hacia ella, el sentimiento de anhelo para con ella, que era el origen de todo.
Kotoko era su origen y su detonante de buscar un cambio en su persona. Ella era su guía en la vida, su compás para elegir y para tomar decisiones, su inspiración y su primer amor; además, ella fue su primer beso.
Naoki no necesitaba ver números para saberlo.
No necesitaba él ver una respuesta para saberlo.
Los meses pasaron y llegó Julio arrasando con un calor abrasador y las vacaciones se avecinaban con suma velocidad que predisponía al joven Naoki a posponer el hecho de decirle a su padre que él ya estaba estudiando medicina.
No diría que era miedo por su parte, lo que sucedía era que si le comentaba, tendría que dar explicaciones. Explicaciones que le daban flojera de dar.
Sin embargo, Naoki sabía que debía de hablar, por lo que huir todo el tiempo no conllevaría a nada nuevo, sino a prolongarlo, a divagar en nimiedades que involucraban la pérdida de los segundos que se volvían minutos hasta dejar pasar meses.
Ante todo, Naoki dispuso de su tiempo libre, ya que sus clases de ese día habían terminado y regresar a casa le causaba pereza.
Tomó asiento en una banca, colocándose sus audífonos y se puso a buscar canciones entre el playlist del casete que le dio Kotoko en navidad, pues aun él no terminaba de escucharlo por completo, mas que dos o tres canciones y la cosa quedaba rezagada ahí.
En lo que buscaba, sus ojos encontraron algo digno de perder su capacidad de concentración en menos de un parpadeo. Sus ojos hallaron la figura que le hacían perder la cabeza, el raciocinio, la lógica de las cosas.
Esa figura esbelta, fuerte, sus ojos color avellana, su cabello lacio color negro de longitud hasta la espalda, ese caminar tan único y profundo.
Su corazón se aceleró, chocó contra su pecho y regresaba a su médula espinal para volver a repetir el mismo ciclo de latidos; asimismo, su pulgar, que era el dedo que cambiaba las canciones, se frenó en una canción que le llamó la atención.
La canción de "No necesito verte (Para saberlo)" de Soda Stereo, vibraba desde sus audífonos, creando una danza rítmica y grácil, sumergiéndolo al trance que sus ojos captaban con tanta añoranzas arraigada en cada partícula de la certeza.
Kotoko caminaba con tanta naturalidad que lo hipnotizaba, paseándose por el campus universitario con el walkman ajustado al pliegue de sus vaqueros a la altura de sus rodillas, una camiseta de manga corta de tipo polo de color rojo sangre, su cabello suelto y bailoteando al ritmo del viento, su frente en alto, sus brazos se movían con nobleza adornando su linda figura.
Naoki la contemplaba quieto desde su postura, embelesado de su sustanciosa presencia, de la cual, él adoraba tanto ver.
Él no necesitaba verla para saber que la quería, para saber que ella lo volvía loco, para saber que ella era un terremoto en su vida desde su primera aparición.
No lo podía describir en palabras, pero era verdad que ese tumulto de sensaciones que lo llenaban como una reacción química a punto de estallar, significaban una sola cosa: Naoki la amaba.
Sin precisarlo mejor, ella notó su presencia de enamorado idiotizado y se dirigió a él, sonriéndole. Un escalofrío recorrió su espina dorsal y se regresó a su cabeza, enloqueciéndolo e inmediatamente se quitó los audífonos.
—Naoki-kun— Lo saludó Kotoko, tomando asiento a un lado suyo. Él asintió al saludo, devolviéndoselo de manera educada y estoica. —Qué escuchabas?— Interrogó curiosa.
—Nada relevante— Respondió indiferente. La pulsión lo carcomía, pues el rabillo de su ojo centró su atención a la mano de Kotoko, la cual, reposaba a ambos costados.
—Tienes planes para las vacaciones?— Cambió de tema, siendo tan linda en ello, como siempre.
—No— Volvió a responder en ese ademán indiferente que desgraciadamente le salía tan natural como si fuera una acción de su ADN le obligara a hacer. —Y tú, Kotoko?—
—Sí— Dijo ella campante. —Trabajaré durante las vacaciones, ya casi termino con todos mis pendientes para volver con ustedes— Se pausó. —¡Ya estoy emocionada por eso!—
Naoki no pudo evitar reprimir una sonrisa traviesa formándose en sus labios. Por fin, Kotoko volvería a vivir en su casa.
Cuán eterno le resultó vivir aquella fúnebre experiencia.
—Qué bueno— Comentó en un tono más ameno. —Dónde vas a trabajar?—
—No sé— Admitió ella, echando una risilla nerviosa. —De hecho, tengo muchas ideas de trabajo, pero aún no decido cuál me conviene—
—Por qué dices que vas a trabajar si no sabes en donde?— Bufó él, haciendo una mueca de lado.
—Bueno— Se rió ella. —Sigo pensando—
—Le das muchas vueltas a las cosas, Kotoko— Opinó él, viéndola de reojo con añoranza, disfrazando claramente sus sentimientos.
—Sí— Carcajeó suave. —Sino de otra forma no podré madurar—
—Madurar?— Repitió él interesado.
Asintió ella.
—Tengo que ver todas mis opciones— Prosiguió ella. —Si no de lo contrario, limitaré mi potencial, y además yo necesito aprender a madurar, porque así somos los adultos—
—Tu crees?— La cuestionó, obteniendo un asentimiento de su parte. —Por qué lo ves así, Kotoko?—
—Porque no necesito verlo, para saberlo— Respondió ella con amplia casualidad, tal que le erizó la piel.
—Cómo?— Exteriorizó sorprendido.
—Qué cosa?— Ella puso el gesto en blanco.
—Lo que acabas de decir— Repuso él inquieto. Al ver que ella no le entendió añadió: —Lo que quise decir con que no necesitabas verlo para saberlo—
—Ah— Dijo entendiéndole. —Quise decir que no necesito ver las cosas para saber que es esencial para mí, el hecho de poder madurar con el paso del tiempo, como por ejemplo— Alzó el dedo índice. —Taketo ha estado detrás de mí, y le di cabida, pero al conocerlo mejor me di cuenta que él es un muy buen chico— Él tensó la quijada. —Pero, no es la persona que me gusta, y lo que tiene que ver con madurar es que yo me percaté de mis sentimientos, y también me percaté de lo que mi razón me dio a entender—
—Entonces, ese tipo no te gusta?— Preguntó un tanto esperanzado, aunque él ya conocía la respuesta sin siquiera preguntárselo directamente. Al verla asentir, una sonrisa de formó en sus labios, dictando que aún él tenía el camino libre, claro, de momento.
—A eso me refiero con madurar, Naoki-kun— Kotoko dijo con claridad. —Hay veces en las que no necesitas ver las cosas para saberlas, a veces simplemente es pura intuición—
—Tienes razón— Concordó, acercándose discretamente a ella, moviéndose unos pocos centímetros de la banca.
—Llegue a esa conclusión— Prosiguió ella, sin percatarse de que él se le acercó. —Luego de pensarlo tanto en mis ratos a solas en mi departamento—
—Ya veo— Dijo áspero, pues al oír que había ocasiones en las que Kotoko se la pasaba sola, desataba en él una estrecha preocupación por su bienestar. Él teniéndolo todo por su estatus, se preocupaba por la chica que le gustaba; era obvio que lo haría a esas alturas que llevaba de conocerla.
—Ahora, si me dirás qué escuchabas?— Lo ojeó ella con curiosidad.
—Qué?— Espetó él sonsacado.
—Sí, quiero saber qué escuchabas— Ella se le acercó, causándole un rubor en las mejillas que efectivamente ocultó tras su piel. Kotoko era demasiado impulsiva, incluso para él de lidiar.
—Ten— Le dio uno de sus auriculares, regresando la pista, rendido a sus pies. —No hagas escándalos—Se quejó, mientras ella le respondió sacándole la lengua en maña.
—Gracias— Dijo al irse colocando el auricular en la oreja.
Cuando él le puso en marcha a la canción, ella echó un grito de emoción.
—¡Conozco esta canción!—
—Obviamente— Resopló él, cruzándose de brazos en porte aristocrático.
En lo que ambos se quedaron ensimismados escuchando la canción, Naoki supo que él no necesitaba ver los alrededores para saber que sus sentimientos por Kotoko crecían cada día sin límites.
No había un final para ellos, pues ya estaban en sintonía con su anatomía.
Y así, las vacaciones de verano arribaron para el genio, quien esperaba que las cosas funcionaran a su favor.
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P.D. (Mención a la canción de "No necesito verte (Para saberlo)" de Soda Stereo)
