Julio llegaba con vientos acalorados, rayos de sol intensos tanto como para quemar la piel o cocinar un huevo en una sartén al aire libre.

El crecimiento de Chibi estaba más que claro, finalizando en un peso casi obeso, pero certero de estar saludable.

Naoki se arrastraba debido al calor intenso que recorría en las paredes de su habitación, un calor tan intenso que no podía vestirse correctamente sin dejar las prendas mojadas del mismo sudor.

Kotoko seguía sin mudarse con ellos, por lo que Naoki estaba indeciso si marcarle o no al celular para saber noticias sobre ella. De hecho, lo único que sabía fue que ella había conseguido otro empleo durante las vacaciones de verano, era por eso que no se habían visto desde entonces.

—Onii-chan!— Yuuki apareció dentro de la habitación donde ya dormía solo, sin su hermano.

—Yuuki— Suspiró abatido, tumbado en el suelo con ansias de aire fresco.

—Vamos a ver a esa Baka— Anunció con una risilla malita.

Naoki se despertó del trance de querer aire fresco a el trance pensar en Kotoko nuevamente.

—Cómo?—

—Mamá consiguió saber dónde trabaja y la visitaremos— Dijo con emoción. —Esta en Villa Romance, porque un tal entrenador le dio ese trabajo—

Nada más y nada menos que Sudou. Obvio. La otra vez lo escuche que necesitaba de alguien a quien cuidar una casa de verano. Supuso.

—Cuándo iremos?— Quiso saber.

—Hoy—

—Qué?— Espetó en defensa. —Pero si apenas son las diez de la mañana—

—No importa— Desvió las palabras de Naoki en un santiamén. —Mamá dice que con el metro llegaremos en una hora y media, a parte no es tan lejos y solo iremos los dos—

—No vendrán papá y mamá?— Inquirió extrañado por el comportamiento de su madre.

—No, solo nosotros— Saltó de emoción, empezando por empacar su maleta y una mochila con su libreta y útiles de escribir. —Apúrate, Onii-chan para llegar lo más pronto posible y sorprender a esa Baka—

Se paró como resorte envuelto en energía ajena a sus pasados días de meditación con pura música reproducido en su walkman. Coloco en una maleta pequeña dos cambios de ropa, dos de zapatos casuales, un cambio de pijamas ligeras para soportar las altas temperaturas, ropa interior, utensilios de higiene personal y una chamarra en caso de que haga frío.

En una mochila negra de equipaje, metió el walkman y unos cuantos casetes para escuchar en el camino de ida, un libro cualquiera, su celular y el cargador del celular, una gorra para la cabeza y una libreta para escribir anotaciones.

—Onii-chan— Su madre entró al cuarto desbordando alegría. —Ya estás listo para salir?—

—Madre, no me apures— Carraspeó conforme terminaba de acomodar su cabello recién cortado en un buen peinado y su ropa de verano no le provocaba incomodidad debido a la transpiración.

—¡Ya estoy listo!— Exclamó Yuuki, vestido con una camisa azul de manga corta y unos shorts bermuda de color café claro, un pequeño sombrero en su cabeza de pescador.

—Yuuki te ves adorable— Chilló su madre con gusto.

—Mamá— Espetó avergonzado hasta los huesos.

—Por cierto, Onii-chan, tu padre quiere hablar contigo antes de que te vayas— Le dijo como recordatorio, nada especial.

Teniendo sus cosas listas, se apuró a ver su padre al estudio donde se lo encontró esperándolo con las manos en su barriga.

—Ah, Nao-kun— Lo vio con gusto, obsequiándole una leve sonrisa.

—Padre— Asintió serio. —Querías decirme algo?—

—Estaba curioso por saber tus planes del futuro, te acuerdas?—

Como no acordarse si apenas se había enterado que fue aceptado en medicina. El problema constaba en animarse y revelar la verdad, sin embargo, lo ocultaría por el momento y le diría cuando se encuentre listo.

—Sí me acuerdo— Murmuró serio.

—Quiero saber lo que has pensado, hijo— Comentó tranquilo, dejando ver la atmósfera de confianza.

—Pensaba en cambiarme de carrera— Admitió tensándose de cuerpo entero, ocultando su secreto. —Aún no se cuál, pero no me siento cómodo estudiando ingeniería—

Su padre se quedó pensativo, observando si continuaba hablando de lo que haría con respecto a su futuro. Naoki se quedó estático en su silla, esperando tener la oportunidad de salirse.

—Te daré de aquí a que regreses de Villa Romance— Declaró con seriedad, sobándose la barriga con suavidad, significando que se encontraba un poco nervioso. —Tu madre me dijo que irás a ver a Kotoko-chan, salúdala de mi parte y dile que es bienvenida cuando se anime a dejar de vivir sola—

—Claro— Asintió inexpresivo.

—Por cierto, te pusiste de novio con Kotoko-chan?— Quiso saber, poniendo una pequeña sonrisa emocionada.

Naoki se sonrojó ante la pregunta. Aún no es mi novia, padre, luego lo será.

—No— Contestó con la voz baja. —A qué viene la pregunta?— Tosió un poco incrédulo. Su padre lo miró curiosón, a la vez que satisfecho con ver una expresión diferente en su hijo mayor.

—Es que daba la casualidad en que un día en que venía de regreso a casa— Empezo a relatar apaciblemente, como si recordara algo agradable. —Te miré con Kotoko-chan en el distrito de noche, ustedes iban tomados de la mano—

Naoki estaba quieto en el asiento, pegado con goma indeleble contra la silla porque si pudiera salir huyendo, lo hubiera hecho, pero su miedo era más grande que su propia fuerza.

—Me pareció extraño porque sé que tu no eres así— Siguió sin tomarle importancia a su situación. —Pero me contentó saber que entre ustedes hay una conexión fuerte, y me alegre en suponer que eres el novio de Kotoko-chan— Sonrió mientras se cruzaba los dedos sobre su barriga, cerrando los párpados de orgullo.

Naoki tragó saliva, mordiéndose el labio inferior, apretando ambas manos sobre las reposaderas de la silla.

—Kotoko no es mi novia— Afirmó sintiendo la boca seca.

—Hijo— Su padre suspiró, separando los dedos de sus manos entrelazadas. —Yo sé que sientes cosas por ella, pero si te tranquiliza no le diré a tu madre— Aseguró sonriente. —Sin embargo, no creas que puedes ocultarme cosas por ser quien eres, recuerda que soy tu padre—Él enarcó una ceja, autoritario. —Y como tu padre, hay cosas que aunque no me las digas, las sabré porque eres mi hijo y porque te quiero—

Naoki alzó la vista, sintiendo que su mente se tornaba borrosa de tantos pensamientos volando en un mismo lugar. Por un lado quería negar sus sentimientos, pero por el otro, ocultar que él quería a Kotoko fervientemente, era imposible. —Siempre te he querido hijo—

—Ah…— Él suspiró monótono, indispuesto a expresarse. El discurso emotivo de su padre le llegó como un rayo estrellándose en su pecho como una flecha atravesando su corazón. Él del mismo modo, quería a su padre.

—Nao-kun— Lo nombró su padre. —Quiero que sepas que la decisión que tomes yo estaré a favor, pero por favor no te demores en tomar acción en ello—

Él asintió, dándole punto final al tema.

—Ahora si me permites me retiro para llegar temprano a Villa Romance— Informó él.

—Sí, hijo, diviértete en el viaje— Se levantó del sillón acomodándose los lentes. —Hablaremos de tu futuro cuando regreses—

—Sí padre, eso haremos— Aseguró justo al retirarse. —Cuídate— Hizo una leve inclinación de cabeza y se fue al viaje.


El camino de ida resultó ser más rápido de lo que esperaba, sopesaba sobre lo que haría para que su relación con Kotoko fuese fuerte y estrecha, se esforzaba por no acobardarse pero planear las cosas no lo ayudaban a avanzar en el juego del amor.

Necesitaba acción, no razón.

Actuar en vez de pensar tanto.

Escuchó el Actually de Pet Shop Boys antes de ver que su hermano estaba en los brazos de Morfeo. Le agradaba que su hermano se expresara mas que él, que fuera menos serio y cerrado al mundo como lo estuvo durante toda su adolescencia.

Le daba orgullo ver que su hermano evolucionaba rápidamente a comparación de él.

Arribando a Villa Romance se asombraron de la belleza del paisaje natural, el verdor amplio y los árboles brindando aire limpio y fresco.

Para llegar a Villa Romance tenían que bajar por una pequeña senda de bajada, hasta toparse con el anuncio de que habían llegado al lugar, mientras su hermano no dejaba de maravillarse de las bellezas de la naturaleza.

Pasaron por la entrada de la Villa, pidiendo un cuarto para dos personas en el lobby, para su fortuna, su madre reservó un cuarto para el y Yuuki. A veces las ocurrencias de su madre salían efectivas.

Se les fue dada la llave de la habitación a cada uno y el número de cuarto.

Saliendo con las maletas a su disposición, se dirigieron a la habitación donde se hospedarían en el primer piso con vista a los terrenos verdosos del paisaje de la Villa.

—Que bonito es aquí, Onii-chan— Chilló su hermano.

—Si, Yuuki—

—Después de dejar las maletas, asustemos a esa Baka— Juntó las manos como formulando un plan maloso.

—No asustes a Kotoko— Ordenó con seriedad.

—Por qué no, Onii-chan?— Los ojitos de su hermano se postraron en él.

—Porque no quiero escuchar sus gritos de susto— Fingió quejarse.

Y también porque no me gusta verla asustada, es mejor cuando sonríe.

—Es muy escandalosa— Le creyó a pesar de ser una pésima excusa. Ya no le importaba si su raciocinio estaba ligeramente bloqueado, lo que le importaba era el corazón de Kotoko. Nada más eso.

—Lo es— Prosiguió con la caminata hasta entrar a la habitación 102 en compañía de su hermano.

Un cuarto espacioso y lleno de luz los recibió, colores blancos con diferentes tonalidades cercanas al color crema. El olor a flores de jardín era suave y gentil a los pulmones, mientras que las camas estaban de buen tamaño.

—Guau— Exclamó su hermano extasiado con el lugar. —Que bonito, Onii-chan—

—Sí— Comentó al irse instalando en la cama cercana a la ventana.

Una vez instalados en la habitación, salieron en busca de Kotoko sin saber dónde pudiera encontrarse en la Villa.

Pasaron por el lobby con la intención de preguntar por ella, pero fueron retenidos por una presencia molesta: Sudou.

—Irie!— Lo llamó contento de verle. —Qué te trae por aquí? Ah! Aihara, no?—

—Sudou— Articuló irritado con su presencia persistente.

—Si la buscas está jugando basquet con uno de sus amigos— Apuntó la dirección de la cancha, casi como si le hubiera leído la mente de que solo iba porque Kotoko estaba en ese lugar. —No me digas que ese niño es tu hermano?—

—Sí, Yuuki— Presentó a su hermano con seriedad. —Tiene once—

—Si es una copia miniatura de ti— Se rió. Su hermano se avergonzó con semejante cumplido.

—Bueno, nos vamos— Anunció con su altiva presencia desinteresada.

—Espera— Lo volvió a retener con cierta insistencia. —Vendrá Matsumoto—

—Encárgate de eso tu— Espetó, alejándose de el en compañía de su hermano.

—Irie!—

Se fueron de prisa, dando grandes zancadas por el camino derecho a las canchas de basquet. Entrando a las canchas, que solo constaban de ser dos grandes trozos de terreno donde una cancha de tenis se localizaba al fondo de las de basquet.

La encontró de inmediato jugando con sus pants de basquet del equipo de la universidad. Color azul con líneas blancas en los extremos del short. Jugaba con su amigo Nozomi, aquel le parecía buena influencia y ninguna amenaza en cuanto a sus otros rivales de amor.

Se miraba mucho más alegre que otras veces, moviéndose libremente sin presiones alrededor de la cancha, debatiéndose por ganarle al jugador talentoso que es Nozomi.

Los cabellos rubios del muchacho brillaban con la intensidad del sol, brisas luminosas de su ser flotaban conforme se movía por la cancha, botando la pelota.

Parecían una pareja.

Se acercó rápido, alejando esa tonta suposición nueva para él. Nozomi no es una amenaza para mi, solo me estoy haciendo ideas.

—Kotoko!— Gritó amplio y claro. —Oi!— Ella se detuvo de quitarle el balón a Nozomi que estaba a punto de encestar. Se paralizó al verle, abriendo los ojos como bombillas de luz y la boca abierta del susto.

—Na…nao…Naoki-kun!— Formuló asombrada de verle.

—Ah, Naoki!— Saludó Nozomi con despreocupe. —Qué haces aquí? Vienes a jugar con nosotros?—

—Baka!— Agitó los brazos Yuuki con los ojos iluminados de verla, corrió hacia ella con frenesí. Al llegar a ella, le dio un empujón y una sacada de lengua.

—El actor de las tragedias— Suspiró recuperándose de la sorpresa. Se inclinó a sacudir el cabello castaño de su hermano menor, y sin lugar a dudas sintió envidia de que a su hermano lo tocara con tanta libertad. —Qué los trae por aquí? Y cómo se enteraron que trabajo aquí en la Villa?—

—El señor de bigote nos dijo— Comentó Yuuki.

—Sudou-senpai— Jactó de golpe. —Es un loquillo ese señor—

—Mamá lamenta no venir, pero aun así venimos los dos— Le dijo su hermano con la mano en el mentón.

—Oh ya veo— Agregó con los ojos interesados y como si de un rayo se tratara. —Por cierto él es Nozomi Yuuki— Lo presentó risueña. -Mi amigo-

—Se llama igual que yo, soy Irie Yuuki— El niño asintió.

—No me digas que eres hermano de Naoki— Expresó asombrado de ver al hermano de Naoki. Este asintió confiado con su postura. —Impresionante, digo, no me esperaba que Naoki tuviera un hermano menor, pero suena bien— Guiñó el ojo.

—Naoki-kun, quieres jugar con nosotros?— Sugirió ella sosteniendo el balón que estaba tirado en el suelo.

—Sí, anímate, será divertido— Lo animó Nozomi con una sonrisa invitándolo.

Viendo que los dos ojos de la chica se posaban sobre él de manera contenta, indicando que confiaba en su decisión y que quería jugar con el le agradaba. Aceptó.

Se pusieron a jugar por dos horas seguidas bajo el sol intenso, que a pesar de ser fuerte la brisa del aire y los árboles disminuían la fortaleza de los rayos ultravioleta del sol.

Notaba que el juego resultaba mejor cuando tenía una compañía extra que le diera ese ponche al partido que se aventaron. Nozomi le agradaba, no por ser buen jugador, si no, porque lo respetaba y lo trataba de manera condescendiente y eso le complacía.

Jugar con Kotoko nunca le pareció algo tan bonito, hasta que veía sus risas traviesas que lo seducían ampliamente, haciendo que bajase la guardia y anduviera por los aires dentro de su mente enamorada.

Acostumbrado a esas sensaciones, el amor no le resultaba ser tan burdo.