"Me pase la vida imaginándote no es momento para ser cobarde"
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Encontrarse anonadado a causa del calor era desagradable, tumbado en su habitación por la tarde, notaba que el clima descendía de temperatura y esto le parecía mejor que el calor infernal que pasaron en el partido de basquet.
Su hermano menor dormía abrumado por el solazo que le impactó a pesar de tener un sombrero de pescador, mas no estuvo exento de la tempestad del sol.
Esto es insoportable.
Se ladeó estando acostado en la cama, divagando en temas triviales como la cantidad de sol que consumió, siendo que esto le aburría si pensaba mucho en el clima. Parezco un tono pensando así, debería de centrar mis pensamientos en otras cosas más interesantes que el clima. Eso es lo de menos.
Sacudió su cabeza en frenesí, dándose aire con las manos en son de relajarse. Su mente estaba tranquila, su cuerpo no. Necesitaba frescura, aire de afuera, no de adentro donde se concentraban los olores del sudor.
Se tomó una ducha de agua fría, refrescándose del abrumador calor que lo asfixiaba y consumía vivo. Se vistió de prendas ligeras y se secó el cabello castaño dispuesto a estirar sus piernas cansadas.
Salió a tomar aire fresco estando el día a punto de ponerse en un claro y hermoso atardecer lleno de tintes naranjas y rojizos a lo lejos del horizonte. Centrado en solo caminar, dejó a su hermano tomando una siesta en la habitación en lo que él buscaba relajarse antes de cenar y dormirse.
Subió un poco tomando un camino alternativo en vez de irse cuesta abajo, lo que no se esperaba fue encontrarse con una vista muy interesante, una que le incitaba acercarse involuntariamente a la persona que reposaba despreocupadamente en el cálido y tierno suelo rodeado de pasto y la sombra de un árbol enorme con una gran copa de ramas y hojas verdosas.
Ahí se hallaba Kotoko dormida con las manos entrelazadas en el vientre, los cabellos flotando a la merced del viento, los párpados cerrados con delicadeza dejando ver sus pestañas alargadas y lisas, un sombrero del sol le daba reposo a la cabeza tumbada directamente contra el pasto.
En segundos se encontraba pegado a ella, sus labios cayeron a los suyos como una especie de magnetismo que lo atrajo directo, firme y precisamente a darle un beso. Un beso para demostrar cuan fuerte podía ser su amor sin medidas.
Fruto de sus sentimientos, la besó como muestra de ellos. Queriendo que sus sentimientos la alcanzaran de alguna manera, olvidando su intriga y miedo. Eso se quedaba de lado, solo haciendo contacto hacia ella le bastaba para sentirse cálido y cómodo frente al mundo que lo consumía vivo.
Kotoko solo le daba amor y él lo recibía.
Este era su turno de darlo sin esperar nada a cambio. Bueno sí, esperar obtener su corazón sobre sus manos y guardarlo con seguro para siempre.
El crujir de una rama lo saco de sus ensoñaciones y el beso que le obsequiaba a ella, su Kotoko que dormía plácidamente en el pasto.
Despegó su boca de la suya, para buscar el origen del sonido a lo lejos perturbado por ser interrumpido de esa manera tan descarada.
Giró su cabeza viendo que el del ruido había sido su hermano. Qué hacía allí? Acaso no estaba dormido?
Lo miraba espantado con su acto, con los ojos desorbitados y el rostro colorado de la vergüenza. Naoki le hizo seña de que se mantuviera callado o lo haría pagar por abrir la boca.
Naoki se fue tomando otra ruta lejos de Kotoko, viendo que fue interrumpido por su hermano, quiso despejarse de la mente antes de dejarse llevar por los impulsos de su corazón que latía inmensamente dentro de su pecho, saltando y volando de felicidad. Si esto se le llamaba besar, quería hacerlo todo el tiempo.
La belleza de Kotoko al dormir le cautivaba cada que la veía, cada que sentía la tranquilidad que irradiaba con los párpados cerrados y la respiración lenta y pausada.
Era tan adorable que le urgía abrazarla como si fuera su posesión más preciada y no dejar que se escapara de su agarre.
Deseaba darle todo el mundo, las cosas que lo conformaban, las canciones que le gustaban cantárselas, todo eso quería darle y más, con tal de verla sonreír.
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P.D. (Mención a la canción "Nací para esto" de Gustavo Cerati)
Ya casi termina la 2da parte.
