¡Gracias por la espera!
Antes de empezar, les advierto que no me hago responsable de lo que está mente es capaz de escribir :(
secretlistener: I really hope you have a lot of pacience! :)
IV
Hormonas
.
Me gustaría saber que es lo que exactamente piensan de mí.
No es que sea malagradecido ni nada, es solo que a veces resulta tan insatisfactorio reflexionar tanto, sin obtener respuesta alguna.
Por casualidad, ¿les agrado? ¿O acaso me odian?
¿Sienten asco de mis sentimientos?
Tal vez imaginan que debo estar en un hospital psiquiátrico, encerrado, o puede que estén haciendo apuestas sobre lo que me sucederá más adelante. Incluso puede que algunos de ustedes se estarán preguntando si soy el tipo de chicos que se atrevería a cruzar una línea que no debe ser cruzada solo para obtener lo que quiere.
Tal vez sea eso… tal vez no.
Tal vez solo sienten lastima por mí, por ser el muchacho que mira a su hermana menor de la forma en que no debería; por ser el adolescente que se ha enamorado de la persona equivocada y que jamás conocerá de forma certera lo que es el amor correcto y correspondido.
O tal vez solo estoy pensando más de la cuenta, en una tarde demasiado calurosa como para hacer cualquier cosa que no sea recostarme en el sofá del living, cambiando los canales de la televisión cada cinco segundos porque no hay nada divertido que ver. Y aunque el ventilador me entrega cierto consuelo no me resulta suficiente, por lo demás -y citando a Shikadai-, este día es un verdadero fastidio.
- Hace calor…
Sí. Son todas las palabras que planeo pronunciar durante este día. Siento que decir algo más sería gastar energía en vano.
Lo siento, es solo que cuando el calor resulta tan insoportable como lo es ahora es como si mi cerebro se fundiera. En días así, no puedo pensar claramente.
Mi mirada viaja al calendario colgado en la pared de la cocina. Desde aquí puedo ver las cruces rojas que mamá realiza tan sagradamente, día a día, para ir eliminando los días.
Es septiembre.
Las vacaciones de verano acaban de terminar y yo ya las estoy extrañando.
No era que tuviéramos un verano espectacular, de hecho, nos quedamos en casa durante todo el verano. Ya que papá suele trabajar incluso en vacaciones, mamá dice que no podemos permitirnos salir a otros lugares, para no dejarlo solo. De manera excepcional no me molesta, porque la última vez que salimos de vacaciones familiares tuve que compartir la cama con Himawari. Y en todo el viaje casi no pude dormir de lo nervioso que me encontraba, al notar su respiración en mi nuca y el calor de su cuerpo tan cerca del mío.
Si eso sucedió hace solo un par de años, no me imagino lo alterado que me dejaría tener que compartir una cama con ella nuevamente. Definitivamente no sería algo bueno.
En cambio, quedándome en casa durante el verano, puedo tener noches de fiesta y días completos jugando videojuegos. Sin tarea, sin hora de dormir, y sin mi hermana cerca.
En resumen, sin tener que fingir algo que no soy.
No es que siempre esté actuando, de hecho, solo lo hago lo hago en los momentos necesarios, cuando mi hermana está cerca. Y no es tan fácil como pueden creer. Se los dije una vez, ¿cierto?, que es como ir caminando por una cuerda floja, intentando no perder el equilibrio.
Porque una caída simplemente me mataría.
Casi siempre tengo días buenos, días en dónde tengo el control de lo que siento, en dónde no me balanceo de forma peligrosa mientras camino por la cuerda floja; días en dónde no soy una bomba a punto de estallar. Pero a veces, solo a veces, hay cosas que simplemente escapan de mis manos.
¿Recuerdan que la última vez les hablaba de las reglas que inventé a medida que comencé a notar mis sentimientos por mi hermana? Reglas que me ayudan a recordar mi lugar, reglas para mantenerla a salvo de lo que siento.
Bueno, pues hay una más, una regla que tiene que ver con lo que sucede cuando… ¿cómo decirlo?, cuando veo algo que no debo ver.
- ¡Boruto!
Oigo la voz de mamá, llamándome desde el jardín.
En este momento estamos solos en casa. Papá está -como siempre-, se encuentra en el trabajo; y mi hermana sigue en la escuela aún, lo que significa que tengo tiempo libre para pasear por la casa, antes de encerrarme en mi habitación hasta la cena.
Sin esperar demasiado apago la televisión y me levanto, abandonando el cómodo sitio que había conseguido formar en el sofá. Cuando salgo al jardín, encuentro a mamá colgando las sabanas para que sequen pronto, y como el sol es tan fuerte de seguro no tendrá problemas con eso.
- ¿Sí?
- Allí, un cesto de ropa limpia -me indica, sin detener lo que está haciendo.
Hace años mamá decidió que no pensaba hacer todo el trabajo de la casa por su cuenta, así que ahora tenemos una regla importante: todos ayudamos con los deberes, exceptuando a papá. No me molesta, creo que es algo bueno, porque eso significa que tengo más privacidad. Sé con seguridad que mamá no entrará a mi cuarto a revisarlo.
- Pero ya llevé mi ropa a mi habitación está mañana-dattebasa.
- Esa es la ropa de tu hermana.
Algo se acelera en mí en cuanto ella dice esas palabras.
Cielos, ¿en verdad puedo tener tanta mala suerte?
- Que la lleve ella a su cuarto entonces.
- Por favor, Boruto, aún tengo mucho que hacer -se queja. Me mira entonces, con el mismo mohín que Himawari usa para pedir un favor-. Hoy saliste tan deprisa que ella no tuvo tiempo de llevarla a su cuarto. Y tu hermana aún no regresa de la escuela.
- Pero…
- Vamos -me sonríe entonces, con cierta complicidad-, si me ayudas con esto, cocinaré hamburguesas en la cena otra vez.
Maldición, esa es mi debilidad.
Derrotado antes de empezar la batalla, tomo el cesto cargado de ropa y me dirijo a casa en silencio, mientras escucho la risa de mamá tras de mí.
Soy tan fácil que siento lástima de mí mismo, pero aunque no lo parezca, pese a lo rebelde que soy me gusta ayudar a mamá, excepto cuando hacerlo involucra de alguna forma a mi hermana, tal y como ahora. Pero hamburguesas en la cena son hamburguesas en la cena, y un hombre debe hacer lo que un hombre debe hacer.
De todas formas, suspiro fastidiado mientras subo las escaleras hacía su cuarto. ¿Cómo me metí en este lio?
Parte de mí no puede evitar sentirse nervioso por alguna tonta razón. Supongo que es porque no consigo recordar la última vez que entré en nuestro viejo cuarto, así que no sé si seguirá siendo la misma habitación con paredes color azul claro y empapelado de conejos que ambos compartíamos. Aunque si no mal recuerdo, creo que la pintaron un verano. No estoy seguro.
De todas formas, no debería importarme, porque solo entraré y dejaré el cesto sobre su cama. Y solo para aclararlo: no, no voy a ponerme a hurgar en su ropa, no soy ese tipo de chicos.
Empujo la puerta, sintiendo mi corazón latir un poco más rápido. Para entrar tengo que hacerlo de lado, ya que el cesto es muy ancho, pero tras eso camino hasta su cama y dejo el cesto encima de ella. Voy a girar para irme, cuando no puedo evitar sentir curiosidad. Así que hecho un rápido vistazo a su habitación.
Lo primero que noto es que, a diferencia de mi cuarto, aquí todo está muy ordenado y limpio. Las paredes son de color amarillo, y las ventanas están abiertas de par en par, dejándome ver unas campanillas meciéndose con la brisa. Tiene un escritorio tal y como yo, pero no computadora ni videojuegos, solo libros y cuadernos. Los estantes de su habitación están llenos de libros y cosas adorables, y pronto veo su vieja mochila de panda colgando del respaldo de la silla -sí, mi hermana sigue amando a los pandas como antes-. Además, hay cierto aroma dulce en el aire, uno que me gusta mucho. ¿Será su aroma? Pensar en eso consigue que mi corazón se aceleré un poco y, de pronto, solo me estoy preguntando si su cama será suave.
Demonios, estoy haciendo algo que no debería hacer. Es hora de marcharme.
Giro, y entonces noto una prenda de ropa caída justo en medio del cuarto, a un par de pasos de la puerta. Probablemente se me cayó del cesto al entrar al cuarto, así que me acerco para levantarla... cuando me doy cuenta de lo que es.
Un sostén.
De inmediato las orejas me arden.
¡Cielos!, mamá simplemente debería separar mejor su ropa y la de papá de la nuestra, no es tan difícil. Lo levanto de todas formas, con cierto fastidio. Estás cosas son vergonzosas por una razón: no quiero saber el tipo de ropa interior que mi madre usa. Siento que mientras más lejos este de todo esto es mejor, no quisiera encontrarme con algo que no pueda quitar de mi mente después.
Y entonces, justo al tomarlo, noto algo en lo que no pude caer en la cuenta antes.
En que el sostén es muy pequeño, demasiado para que sea de mamá.
Entonces, sino es de ella, ¿de quién…?
- ¡Ah!
El grito me produce un salto. Levanto mi vista hacia la entrada en dónde de pronto Himawari me está mirando, llena de sorpresa. Su rostro está rojo por completo y sus ojos están en mi mano.
Y entonces, solo entonces, termino por comprenderlo.
¡¿Este sostén es de mi hermana pequeña?!
- ¡Hermano pervertido! -grita. Y yo no dudo en soltar su ropa.
- ¡Espera, es un malentendido!
No me escucha, en vez de eso entra dispuesta a golpearme. Y yo salgo del cuarto tan rápido como puedo, corriendo para que no me alcance.
No es que le tenga miedo, ¡pero cuando se enfada es de verdad aterradora
- ¡Eres un pervertido, le diré a mamá!
- ¡Déjame en paz, tonta, no fue nada!
- ¡Era mi ropa interior, tonto hermano! ¡Te vi!
- ¡No es mi culpa que no recojas tu ropa cuando te lo dicen-ttebasa!
Himawari vuelve a gritar, persiguiéndome hasta mi habitación. Yo entro y no dudo en cerrar la puerta de golpe, dejándola fuera.
- ¡Mamá!
La escucho salir corriendo a continuación, escaleras abajo. De seguro irá a acusarme, pero no necesito preocuparme de eso porque mamá le dirá que me envió a dejar su ropa a su habitación, ya que ella no lo hizo por la mañana.
Estoy a salvo.
Bueno, no realmente. No puedo tranquilizarme, me arden las orejas y el corazón va demasiado rápido.
Me dejo caer, oculto tras la puerta, esperando que respiración se calme un poco, pero por mucho que me esfuerzo eso no sucede.
Todo lo que tengo en la cabeza es esa tonta pieza de tela que estuvo en mi mano.
Un sostén -¡SU sostén!-, pequeño, rosado y con encaje.
¿Acaso mi hermana ya ha llegado a la edad en que necesita esas cosas? No debería sorprenderme, después de todo el último tiempo podía ver la forma de sus pechos bajo su uniforme, pero no pensé que necesitaría uno aún. ¿Cuándo exactamente ha comenzado a usarlos?
Mierda, la imagen no se me va de la cabeza. Y las reglas que tengo no me pueden ayudar en este momento, porque no consigo controlar mi imaginación.
No me cuesta nada pensar en ella, usando aquella prenda... y pronto descubro que me gusta esa idea.
Estoy enfermo.
¡Maldición! Odio esta edad. ¿Por qué ella tiene que convertirse en una adolescente tan rápidamente? Era más fácil cuando continuaba gastando su dinero en muñecas, pero ahora está creciendo, su cuerpo ya no es el de una niña.
Y yo soy un adolescente de quince años.
Un adolescente que está seriamente dañado por tener una erección imaginando a su hermana menor en ropa interior.
Necesito masturbarme, urgentemente.
- ¡Moo~ que vergonzoso!
Oigo la voz y los pasos de Himawari justo por fuera de mi cuarto, en dirección al suyo. Tras eso, escucho la puerta de su habitación cerrarse. Parece haberse olvidado de mí por ahora.
Tal vez sea bueno, así no estará cerca de mí las siguientes horas, y probablemente en la cena ni siquiera me mire.
Me coloco de pie por fin y giro el pestillo en mi puerta, para asegurarme de que nadie entrara de improviso. Tras eso camino al escritorio y enciendo la computadora.
No. No voy a masturbarme pensando en mi hermana, eso rompería mis reglas por completo. Solo buscaré un video por internet, haré lo que tengo que hacer para bajar la erección en mis pantalones y listo. Me olvidaré del asunto del sostén sin cometer estupideces.
Esa es mi regla en situaciones de emergencia, la que tuve que crear estos últimos años cuando comencé a tener demasiados sueños húmedos con ella.
Y créanme, no es como que no me de vergüenza masturbarme, pero si no lo hago solo andaré gruñendo el resto del día y tampoco quiero eso. Además, creo recordar algo sobre lo saludable que es para aliviar el estrés… cierto, mamá me lo dijo el día en que me dio la "charla", completamente vergonzoso, por cierto.
Así que por esa razón estoy aquí ahora, sentado en frente de la computadora y con audífonos.
Lo único bueno es que no necesito buscar algún video en especial. Gracias a mis amigos, tengo muchas páginas para acceder. De hecho, siempre están enviado videos y, al conectarme al chat que compartimos, lo primero que recibo es un nuevo enlace.
Shika - "Chequen este"
MSn4ke - "¿Están enviado pornografía de nuevo?"
InojinArt - "¡Oh! ¡Está increíble, material de primera!"
Sí, mis amigos son unos malditos pervertidos. Pero no puedo decir nada al respecto, no soy mejor que ellos.
Para empezar, yo soy el que acaba de tener una erección pensando en su pequeña hermana menor.
No me juzguen, soy un adolescente.
Y estoy caliente, en un día horriblemente caluroso.
Mientras lo hago, espero terminar lo más pronto posible, así que no me esfuerzo en durar demasiado. Lo único en lo que pienso es en que la chica en el video luce más joven de lo que siempre envían y, cuando voy a preguntarme el porqué, creo que encuentro la respuesta.
- ¡Hermano, hazlo más fuerte!
Estoy viendo porno con incesto.
Casi de inmediato, mi propia hermana viene a mi mente.
La imagino entonces, sonriente, mirándome directo a los ojos.
"¡Hermano, buenos días!"
Cierro mis ojos, intento quitar eso de mi mente antes de que sea tarde. No sé porque pienso en ella justo ahora. Pero su imagen no se va como necesito, se queda, da vueltas, trae más.
Y de pronto solo la tengo a ella en mi cabeza.
Recostada en mi cama... con su falda levantada, la piel blanca de sus piernas expuesta y aquel maldito encaje rosado cubriendo sus pechos.
Sus ojos azules en mí.
- ¡Hermano!
Y entonces estallo, sin poder detenerme. El placer me recorre y es todo lo que puedo sentir.
Dejo caer mi cabeza sobre el escritorio, esperando recuperarme. Mi corazón late furioso, mis oídos zumban y mi respiración necesita unos segundos para tranquilizarse. Mis pies se relajan, mi mano está pegajosa.
Mi moral… mi moral está muy perdida.
¿Qué acabo de hacer? ¿En serio he terminado pensando en mi hermana?
Cierro la ventana, ya ni siquiera recuerdo que había en el video, ni el rostro de la chica.
La vergüenza me invade. Realmente lo hice.
Me masturbe pensando en mi hermana menor.
Me doy asco.
Casi siempre tengo días buenos, días en dónde tengo el control de lo que siento, en dónde no me balanceo de forma peligrosa mientras camino por la cuerda floja; días en dónde no soy una bomba a punto de estallar.
Y luego hay otros días, como hoy, en dónde solo quiero morirme por lo que siento.
No soy normal, estoy enfermo.
CONTINUARÁ…
