Luego de su proeza de besar a Kotoko, dormir en la habitación le resultaba conflictivo porque le entraba la urgencia de quitarse las cobijas, ponerse una chamarra y salir corriendo hacia ella con el fin de permanecer juntos.

Se giraba en diversas direcciones de la cama esperando dormirse en algún momento, cansarse de moverse y dejarse caer al sueño.

Bufó del coraje de no poder dormirse.


Al día siguiente, Matsumoto y su hermana, Ayako habían llegado a la Villa en un convertible rojo a eso del mediodía.

Tanto Ayako como Matsumoto lo instigaban con su insistencia de acercársele mucho con el fin de conquistarlo, pero era claro que no les correspondería al afecto.

Sudou les sugirió después de la hora de la comida que jugaran a las parejas en búsqueda de diversos lugares de la Villa y le tomaran foto a la sección con una banderilla amarilla. El primer equipo que finalizara el juego, le darían la cena gratis.

Las parejas fueron decididas por piedra, papel o tijera.

Le tocó estar con Ayako, a Matsumoto con Sudou, Kotoko con Yuuki y Nozomi no quiso jugar en absoluto porque el juego le parecía infantil.

Ese chico Nozomi le provocaba curiosidad, sonaba muy interesante para su gusto y maduro para su edad.

—Ay Irie, que lindo estar así solos, no crees?— Ayako le coqueteó.

—No lo creo— Se inmutó en no dar su brazo a torcer.

—Pero, tienes novia?—

—No—

—Entonces tengo chance de conquistarte— Se reclinó en su brazo en instinto de posesión.

—Por favor no— Replicó enfadado, pensando en su chica y si estará haciendo bien el juego.

—Por qué? Si eres tan guapo y atractivo— Suspiró enamorada.

—No me interesa que me conquisten— Reparó desdeñoso.

Más que Kotoko.

Ayako le dirigió la mirada confusa, casi reprimida.

—Quieres decirme que vas en serio con alguien?— Cuestionó simplemente, soltando el agarre de su brazo para caminar a la par con él.

—No es asunto tuyo— Reprimió sus ganas de contestar que "sí" pero no lo vio como necesario. Siempre y cuando, que entre el número de pretendientas descienda, las cosas se le darán más fácil.

—Lo tomaré como un sí— Refunfuñó asimilando el asunto. —Pero no le diré a Matsumoto— Burló afablemente, puso las manos al aire y dio por sentado el tema.

Él asintió educado, inconscientemente soltando un suspiro de alivio.

Al menos no es tan insistente como Matsumoto, ella sí que es persistente.

Encontraron casi todas las banderillas amarillas y tomaron fotos de las locaciones que pedían tomar, mientras él divagaba a medio pensar lo que debía de hacer, se topó con el sombrero que usaba Kotoko ese día. Un sombrero de fieltro negro con tonos de azul oscuro. Kotoko.

Qué habrá pasado?

Terminaron de encontrar las banderillas con la audacia de la chica, Ayako, pudieron regresar de nuevo al punto de partida, con el manteniendo firmemente el sombrero de la chica en su agarre queriendo tener la oportunidad de olerlo y recordarse de ella cuando se sintiera solo, pero eso solo eran sus deseos para después. Por ahora se pusiera en posición de revisar si todo estaba en orden.

Arribando al punto de partida, notaron que fueron los primeros en llegar y por lo tanto los ganadores del premio.

Nozomi estaba postrado en una silla esperándolos llegar, con la cabeza suspendida en el aire, usando sus brazos largos como almohada en la recargadera de la silla, las piernas despilfarradas en el piso de tierra, una playera de rayas rojas y amarillas delgadas y unos shorts de color café claro, tenis casuales blancos.

—Oh— Suspiró al escuchar sus pasos. —Son los primeros en llegar—

—Kotoko no regresó?— Se acercó con deje de preocupación en su voz fría y monótona. Éste lo miró con las cejas arqueadas, confundido.

—Cómo? Pero si no ha regresado, de aquí no me he movido — Protestó extrañado. —A que viene la pregunta?—Le restregó el sombrero en su cara extrañada.

—Esto—

—Quiere decir que se perdió— Concluyó Nozomi, luciendo cada vez más preocupado por la situación de Kotoko. —Vamos por ella— Exclamó decidido.

—Ayako— Le dijo a la chica. —Quédate aquí en caso de que Kotoko regrese—

—Claro— Esta se sentó en donde Nozomi descansaba calmadamente como si el mundo rodara a su favor. —No se preocupen por eso—

—Gracias— Los dos salieron hechos balas recién expulsadas de la pistola.


—No pudo haberse ido muy lejos— Exasperó Nozomi, abotagado por andarse subiendo a los árboles con la excusa de poder ver mejor, aunque al principio funcionó tal sugerencia, al tiempo en que el atardecer acaecía no lograba ver la gran cosa.

—Conociéndola, no lo creo— Corrigió Naoki. —Es muy energética, debió de haber caminado lejos—

—Tu sí que la conoces— Complementó Nozomi, corriendo al paso del castaño que parecía perder el control en cualquier momento si no la encontraba antes de ser noche. —Yo que llevo más de cinco años conociéndola a veces no es suficiente— Se rió nervioso. Será por estar fuera de su zona de confort que estaba diciendo cosas sin sentido? Probablemente, se dijo Naoki.

—Ahorita no estás carburando bien— Carraspeó sudando como elefante, pisando ramas frenéticamente y sus palpitaciones aumentaban con el paso del atardecer centrándose a lo lejos del horizonte. —Necesitamos encontrarla lo antes posible—

—También a tu hermano— Le restregó detalle importante a la cara. Cómo se le pudo olvidar que su hermano también estaba con ella? Porque le importaba Kotoko más que a nadie en el mundo. No era momento para culparse, estaba a punto de perder la compostura si no la encontraba, necesitaba verla y abrazarla cuanto antes. Recordarle que mientras él exista, no tendría preocupación alguna. —No me digas que Kotoko es más importante—

Cómo fue que le leyó la mente? Tan evidente era?

Asintió involuntariamente.

Esa chica vale demasiado como para dejarla sola con cualquier piltrafa.

—¡Kotoko!— Gritó a todo pulmón. —¡Kotoko! ¡Contéstame!—

Nozomi lo miró azorado con su hazaña.

—¡Kotoko! Contesta! Aquí estoy— Anunció su presencia con fuerza. —¡Kotoko!— Aulló claro y firme. Contéstame Kotoko, me volveré loco si no apareces.

—¡Naoki-kun!— El grito de la chica provenía de unos metros hacia el norte.

La corazonada alarmada lo impulsó a correr más rápido que su acompañante que meditaba sobre los gritos desesperados que realizó con tal de encontrarla. Menos mal que funcionó haber gritado.

Se la encontró en cuclillas con su hermano echo bola sobre el hombro de ella, los dos confinados al frío del anochecer envueltos en una pequeña cobija café.

Al carajo mis pensamientos.

La tomó entre sus brazos, alejándola del agarre de su hermano menor que seguía dormido. Aprisionado entre sus brazos y la expresión incrédula de la chica, inhalaba el aroma a dulce haciéndole un efecto tranquilizador para el corazón que latía tan recio que parecía que moriría en ese momento del mismo miedo de perderla.

Lo sientes, Kotoko? Es mi corazón latiendo por ti, por creer que algo malo te pasó.

—No me vuelvas asustar así— Proclamó en voz cortada.

—Naoki-kun—

—Por favor, no lo vuelvas hacer— Sonaba más como una súplica que como un regaño pero eso era lo de menos. Lo importante fue encontrarla antes de que oscurezca.

Nozomi alcanzó a llegar y lucia perturbado con la escena de verlos abrazados sobre el pasto en la raíz de un árbol.

—Kotoko— Suspiró aliviado de verla.

—Nozomi— Ella se alejó de Naoki, dejándolo de lado. —También venías tu?— Era obvio, ella estaba conmocionada por el susto.

—Sí, me pegaste un buen susto— Se dejó caer de rodillas derrotado, inhalando grandes bocanadas de aire fresco con tal de relajarse. —Siempre te metes en problemas, no tienes remedio—

De repente, vio que ella lo volvió a abrazar ocultando su cabeza en su pecho. Un intenso rubor surgió en sus mejillas.

—Gracias por encontrarme— Murmuró con voz queda. Éste correspondió al abrazo, sin dudarlo.

Naoki reposó su cabeza sobre la suya, respirando el aire que su cuerpo irradiaba de forma natural. Apretó el agarre de su abrazo, envolviéndola entera sobre su cuerpo, notando lo pequeña e indefensa que se sentía cuando la tenía cerca.

—La próxima vez, tendré más cuidado— Aseguró.

—Eso es imposible— Bromeó él, pensando que tener el privilegio de encontrarla primero que nadie, fue una hazaña que hará que ella se enamorara de él. —Siempre te metes en líos aunque no lo pidas— Se rió nervioso, mecanismo usado para ocultar sus ganas terribles de llorar del miedo.

Al soltarla, vio que su rostro estaba ligeramente sonrojada. Era la primera vez que la miraba en ese estado y eso le cautivó demasiado como para querer dejarlo pasar, necesitaba asegurarse que fue por él quien se puso así.

—Em, Kotoko— Habló lo más cuidadoso que pudo.

—Nada— Espetó alterada. —Llevémonos a Yuuki-kun antes de que despierte—

Nozomi se apresuró a llevarse al niño empleando la fuerza de sus brazos largos, incluso más que los de Naoki, hasta parecía nadador profesional y no un jugador de basquetbol.

—Yo me lo llevo, Naoki, no es problema para mi— Aseguró tranquilo. —De verdad—

—Bueno, te dejaré— Admitió derrota viendo cómo lo cargaba con cuidado y precaución.

Es bueno con los niños, pensó.

—Ya tenemos que regresar— Jactó presuroso.

Naoki y Kotoko fueron detrás de él, conforme subían la vereda del caminito de tierra trazado por una línea de un metro de ancho, casi imposible de ver por la noche.

La miraba de reojo, queriendo tomarla de la mano, pero notó algo que estaba fuera de lugar y captó su atención. Estaba callada, pensativa dentro del área donde avanzaban a cuestas del extremo cansancio. Lucía abrumada por algo y eso le intrigaba, quería conocer la razón de sus pensares en caso de ser grave o algo problemático. Lo que fuera. Quería ser su apoyo.


Luego de llegar y cenar con el resto de los participantes del juego, Yuuki seguía dormido en la habitación, como si haberse perdido fuera poca cosa.

Naoki aprovechó la oportunidad de que estuviera en un lugar seguro y salió en busca de Kotoko, que había dicho que se quedaría en la fogata de uno de los huéspedes hasta que se extinguiera.

Pudo verla sentada con las rodillas hacia su pecho, abrazándolas con sus pequeños y finos brazos, observando con intensidad la lumbre que danzaba en la madera quemada.

—Kotoko— La llamó para tener su atención.

Alzó la vista con seriedad.

—Naoki-kun— Suspiró amplio recostando su cabeza sobre el hueco de sus rodillas. —Qué te trae por aquí? Si ya es noche—

—Venía a ver si sabías apagar el fuego— Dijo sarcástico, a lo que ella se rió con eso.

—Buen intento— Refunfuñó arrugando el rostro.

—Solo quise salir, de acuerdo?— Se hizo el importante, tomando asiento con elegancia en su porte altivo, bajando la guardia con ella. —Hace un buen clima como para no disfrutarlo—

—Tienes razón— Se rió bajito. —Aunque es mejor las de invierno porque te puedes poner cobijas, en cambio aquí no puedo ni usarlas— Estiró sus piernas al mismo tiempo que estiraba sus brazos a los extremos. —Bueno, no importa, las estaciones se aprovechan a como de lugar—

—Supongo que sí— Este recargó su cuerpo contra la recargada de la silla.

—No dejaré de agradecerte por lo que hiciste— Admitió contenta, casi orgullosa con su hazaña de ese mismo día. —Fue increíble—

—No es la gran cosa— Espetó colorado por el halago. —Solo hice lo que tenía qué hacer—

—Pero fue genial!— Aplaudió contenta, sin avergonzarse de hacerlo. —Toda una hazaña de película, yo no hubiera podido salir de ese alboroto y tu me encontraste—

—Deja de halagarme, es molesto— Fingió fastidio, aunque por dentro estaba extasiado.

—No seas tan modesto, ríete Naoki-kun— Puso dos dedos sobre sus mejillas e indicó una sonrisa. —Cuando sonríes te vez muy atractivo, más de lo que ya estás—

—No voy a hacer eso— Se quejó, sonrojado a más no poder. Estaba por explotar.

—Me gusta cuando sonríes, tienes una bonita sonrisa— Complementó ausente de sus sentimientos hacia ella.

—Por favor no sigas— Sonó como una súplica.

Que no ves que me estoy reprimiendo para no correr a ti y tomarte entre mis brazos? Que no ves que es difícil no hacerlo?

—No sigas, para con eso— Ordenó cogiendo valor de sus entrañas para decirlo.

—Está bien, no te molestaré— Abatida se inclinó hacia sus rodillas ocultando su rostro entre ellas.

—Kotoko, hay algo que me intriga— Sopesó meciendo sus cabellos alborotados dirigiendo su vista hacia el fuego que se iba extinguiendo. -Hay algo que te moleste?-

—Qué quieres decir?— Cuestionó con el entrecejo arrugado. -Si hay algo que me este molestando o qué cosas me molestan?-

—Si hay algo que te esté molestando— Aclaró, carraspeando.

—Em, no que yo sepa— Hizo un mohín, confusa hasta con su respuesta. —Debería de molestarme algo?—

—No es eso— Rectificó trabándose con su voz que iba atrasada con sus pensares. —Me dio la impresión de que había algo que no te deja en paz—

—Pues sí hay algo— Comentó despreocupada, a lo que él puso sus alarmas en acción. —Necesito un lugar para hacer mis prácticas—

Era eso lo que le preocupaba? Suspiró aliviado, pensaba que tal vez algo le intrigaba y no la dejaba estar tranquila. Me alegra saberlo.

Un lugar para tus prácticas?— Repitió.

Ella asintió con puchero.

—Me preocupa no encontrar un lugar donde hacerlas— Expresó a expensas de las intenciones de él.

Inmediatamente pensó en Pandai, la empresa de su padre, de seguro encontrara algo por hacer como comerciales.

—Puedes intentar en Pandai— Sugirió.

—Pandai?— Se le abrieron los ojos como bombillas. —Oye, es una buena sugerencia, le diré a Oji-san—

—Papá si te dará oportunidad— Aseguró con la voz firme.

—Excelente, Naoki-kun eres genial— Saltó del asiento, en victoria.

—Aún no has echo nada— Protestó en burla.

—Eso que— Respingó indignada. —Un logro es un logro— Aseveró con las cejas arqueadas.

—Como tu digas—

Lo que sea por ayudarte y verte sonreír es mi privilegio.