¿Alguien vivo?
VI
Heridas
.
Los últimos rastros del atardecer se pierden en el horizonte, finalmente.
En su lugar, el cielo comienza a cubrirse de pequeñas estrellas que se afirman de la oscuridad, para mantenerse en su sitio.
La noche es fresca y, mientras camino solo a casa, la brisa del final del verano me resulta refrescante en muchos sentidos.
Descubro que me gusta caminar a casa de noche. Es, de hecho, tranquilizador y silencioso. Y no necesito pensar para hacerlo, en vez de eso, puedo disfrutar de la sensación mientras recorro las calles, puedo olvidarme de todo, aunque sea solo por un leve instante.
Y, en este momento, lo necesito. Olvidarme de todo, quiero decir, hasta de mí mismo.
Es agradable.
Para cuando llego a casa ya está completamente oscuro afuera.
Abro la puerta principal lentamente, esperando no provocar ruido ni llamar la atención de nadie.
No hay luz en el recibidor, pero puedo verla encendida en el resto de la casa. El sonido de la televisión me llega desde el comedor y muy pronto el aroma a comida me abre el apetito, la cena debe estar casi lista.
Avanzo lentamente entonces, me quito los zapatos con lentitud.
Tengo que apretar los labios cuando me inclino. Y como si mi cuerpo hubiese despertado por fin, el dolor me golpea nuevamente.
La verdad es que decirles que estoy agotado sería mentira. Después de la golpiza que me han dado tan solo una hora atrás, la realidad es que estoy molido, casi literalmente.
No estoy seguro, pero he tenido que hacer algún tipo de ruido, porque de pronto puedo oír voces.
- ¡Boruto, ¿eres tú?!
Ah, cierto, es mamá.
A esta hora ya debió haber regresado de la reunión de padres y maestros.
Eso significa que estoy castigado.
- Estoy en casa -contesto. Mi voz suena lamentable y patética.
Más bien, yo me siento lamentable y patético. Creo que no sería tan malo si pudiese sentirme así estando solo, pero que mi familia me vea de esta forma me hace sentir mucho más vulnerable.
Dios, ¿acaso puedo ser un perdedor más grande?
Mamá aparece entonces, desde la cocina y cruzando el comedor a toda prisa. Me basta ver su rostro para notar lo enfadada que está realmente conmigo, después de todo, no solo he reprobado mi examen, sino que también le he mentido al respecto.
- Boruto Uzumaki, ¿tienes idea de la hora que…?
Comienza a hablar, pero entonces se acerca lo suficiente para verme de cerca. A mí, y a mis golpes. Es entonces cuando se detiene y guarda silencio.
No es que yo sea un chico en extremo conflictivo, pero siempre se me ha dado resolver las cosas por mí mismo. Mamá lo sabe, así que no es la primera vez que me ve llegar a casa con algunos golpes o algunas heridas. Y siempre que sucede, suele regañarme para después ayudarme a curarlas.
Supongo que en está ocasión es algo distinto para ella, porque apenas me ve lo primero que hace es moverse para encender la luz del recibidor. Tengo que cerrar mis ojos por un segundo, pero al abrirlos, la imagen de mamá, mirándome con terror y con sus manos cubriendo su boca, me hace sentir extraño e incómodo.
¿Qué tan malo tiene que ser para que ella no sepa cómo actuar?
Creo que en este momento yo debería sonreírle, decirle que todo está bien y que no me duele. El problema es que no consigo hacerlo, por más que me esfuerzo.
Hoy no puedo fingir que estoy bien, no puedo fingir que no estoy herido. Así que no me esfuerzo en hacerlo.
- Mamá, no fue un buen día. ¿Puedes castigarme en unas horas, por favor?
Ella no responde, continua en silencio, solo mirándome. Yo tomo eso como un "sí" y me dirijo a la escalera para irme a mi cuarto.
Me siento como un perro apaleado, uno que solo quiere esconderse y nunca más volver a salir.
"Al parecer tu padre está pensando enviarte a una academia militar, en Estados Unidos, para solucionar tu comportamiento"
Y las palabras de Sarada no están ayudando en lo absoluto.
- Boruto, alto -mamá reacciona finalmente. Toma mi mano con suavidad y me detiene-. ¿Quién te golpeó?
- Solo unos chicos estúpidos-ttebasa. Y yo también los golpee a ellos.
Mi respuesta parece solo preocuparla más.
- ¿Te están molestando en la escuela?
- No, mamá.
- Sabes que puedes decirme lo que sea, ¿verdad? -yo asiento de nuevo, aunque sé que es mentira. Simplemente hay cosas que mamá no puede saber.
- Subiré a mi habitación -me muevo, esta vez no me detiene. Mi mano se desliza lentamente hasta soltar la suya.
- Boruto…
- Ya lo sé. Tengo prohibido el internet.
Subo las escaleras, con pasos lentos y pesados hasta llegar al segundo piso.
No entro a mi habitación, en vez de eso, sigo por el pasillo. Veo la luz encendida en el cuarto de Himawari, pero paso de largo hasta llegar al baño que hay al final del pasillo, en dónde me encierro un momento.
Cuando finalmente enciendo la luz y me veo en el espejo, entiendo la reacción de mamá al verme.
Ni siquiera yo me reconozco.
Tengo el labio roto e hinchado, y la mitad de mi rostro golpeado. Los moretones incluso alcanzan mi cuello y la piel está comenzando a oscurecerse alrededor.
Abro la llave y me inclino sobre el lavabo, para limpiar la sangre. Cada pequeño movimiento que hago significa una punzada de dolor. Especialmente en mi estómago, en dónde he recibido las patadas. Mi uniforme está manchado de tierra y sangre, y como si eso fuera poco siento una horrible punzada en mi costado cada vez que respiro.
Ni siquiera quiero ver como estoy debajo de la camisa, pero de todas formas tendré que hacerlo tarde o temprano.
No puedo evitar hacer una mueca al quitarme la camiseta. La piel de mi torso está morada, en un montón de partes. Morada y verde.
Vaya, no sabía que era posible que esos dos colores se mezclaran en un hematoma. Eso solo significa que esta vez me han dado una verdadera paliza. Me tomara semanas que se quiten los golpes.
Lo peor es que en la escuela todo el mundo lo sabrá con solo verme a la cara. Como si no fuese suficiente humillación que Iwabee lo vaya presumiendo por allí, todos se darán cuenta de que no es un simple rumor, de que realmente me dio una paliza.
Supongo que me lo busque. Si me hubiese quedado en el suelo la primera vez probablemente me habría ahorrado todo esto, pero no pude hacerlo. En ese momento, la ira que sentí fue como gasolina.
Viendo mejor, también me doy cuenta de que la piel en mis nudillos está rota y cubierta de sangre seca, aunque no de la mía.
Cielos, parece que en medio de todo al menos fui capaz de devolverle un par de golpes a Iwabee. Si tuve suerte, también conseguí botarle otro estúpido diente.
Esa es mi única satisfacción.
Probablemente les parezco un idiota por pensar en eso, con lo golpeado que estoy. La verdad es que yo mismo me encuentro un idiota, pero si al menos voy a verlo reírse de mí en la escuela, quiero ver el hueco entre sus dientes.
No puedo hacer nada por el corte en el labio, ni por los moretones que tengo encima, pero si puedo tomarme un par de desinflamatorios para detener el dolor. Lo hago, y luego me dedico a curar mis manos. El antiséptico me arde, pero es necesario antes de vendar mis nudillos. Que bueno que mamá siempre tiene vendas en el botiquín de primeros auxilios, sino, no sé que haría.
Sí, ya lo sé. Todo esto tiene una solución mucha más fácil: dejar de ser el chico conflictivo que soy para ya no meterme en problemas.
El asunto es que no puedo.
Ser como soy es lo único que mantiene a mi familia a salvo. Si yo dejase mi rutina y actuara bajo lo que realmente siento… mi familia acabaría rota en pedazos. No puedo hacerle eso a mi hermana. Ni a mamá, ni a papá.
Después de todo, soy yo quién está enfermo, no ellos.
Y como no parece existir ninguna cura para lo que tengo, lo único que puedo hacer es fingir ser normal. Mi versión de lo normal, al menos, la que me mantiene lo más alejado posible de mi hermana.
Un estudiante problema; un adolescente en sus años rebeldes.
¿Un delincuente también?
No lo sé con certeza, pero sí sé que no quiero pensar en eso en este momento. Solo quiero dormir.
Salgo del baño y vuelvo a mi cuarto para encerrarme. Me deshago de mi uniforme, por ropa más cómoda, y al final me coloco un poleron que pueda cubrir mis golpes y que tenga capucha. Luego de eso, finalmente me dejo caer en la cama mirando hacia la pared.
Cierro mis ojos entonces. Siento como la oscuridad y soledad de mi habitación me arropan.
Pasan varios minutos a continuación, no sé cuántos exactamente. Solo sé que, por muy cansado que este, no consigo quedarme dormido. Giro nuevamente en la cama, buscando alguna posición más cómoda.
Mirando hacia la entrada de mi cuarto, puedo ver la luz del pasillo que se filtra bajo el marco de la puerta. Puedo oír los pasos venir por fuera antes de ver la sombra proyectarse contra la luz.
Los golpes suenan entonces, cortos, suaves.
Incluso sin tener que abrir la puerta, ya sé quién está del otro lado de ella. Por lo mismo, no me sorprende cuando la voz de Himawari suena, segundos después.
- Mamá dice que la cena está lista.
Tampoco me sorprende mi propia respuesta.
- No quiero comer.
Es mentira. Tengo mucha hambre.
Mejor dicho, lo que no quiero hacer es bajar de nuevo, no si eso significa que todos van a verme.
Quiero estar solo ahora.
- Pero mamá hizo hamburguesas de nuevo -ella vuelve a intentar convencerme.
- Es en serio, no quiero bajar-ttebasa.
- Por favor, hermano. Cenemos juntos.
Me frustro, no puedo evitarlo. Cielos, ¿por qué demonios tiene que ser tan terca cuando quiere hacer algo?
Me coloco de pie y, antes de notarlo, estoy abriendo la puerta.
Ella da un salto al comienzo, para luego levantar su rostro y mirarme.
Y, de pronto, solo parece estar asustada de mí, como si no me reconociera. Estoy seguro de que debe haber pasado un tiempo ya desde que me hubiese metido en una pelea tan grande. Un labio roto o un ojo morado son cosas normales, pero sé que lo mío va más allá.
Probablemente pasen semanas o meses antes de que los hematomas en mi cuerpo desaparezcan.
- Hermano, yo...
- Lárgate -ordeno.
Lo hago porque quiero estar solo, y porque no soporto que sea ella quién me mire con lástima.
Soy un desastre en este minuto. Soy por completo un perdedor.
De verdad necesito estar solo.
- Pero mamá dijo que...
- ¡Dije que te vayas!
No espero una respuesta, azoto la puerta. Su golpe consigue que las paredes de mi habitación tiemblen.
Respiro agitado, buscando calmarme. Tras eso, camino de vuelta a mi cama.
Realmente necesito estar solo. Pero los golpes vuelven a sonar, exactamente un minuto después. No se detienen esta vez, son incesantes y fuertes. Y, tras algunos segundos, lo que suena es la puerta abriéndose.
Mierda. Detesto que Himawari sea tan insistente cuando no debe serlo.
- ¡Te dije que...!
Guardo silencio al mirar hacia la entrada, pero solo porque no se trata de Hima como pensé. Y tampoco es mamá.
Es papá.
Sí, papá.
Está de pie, en el umbral de la puerta, mirándome con seriedad. Lleva su traje de oficina todavía, probablemente porque acaba de llegar del trabajo. Parece molesto, y debe estarlo para haber venido él mismo.
"Al parecer tu padre está pensando enviarte a una academia militar, en Estados Unidos, para solucionar tu comportamiento"
Mierda. No sabes cuánto te odio en este minuto, Sarada.
- Sabes que no puedes cerrar la puerta de esa manera-dattebayo -empieza, encendiendo la luz de mi cuarto.
Yo aparto mi vista. Como si no fuese suficiente el examen, la broma de Sarada y la paliza que recibí, ahora estoy en problemas en casa.
- No lo haré nuevamente. Tuve un mal día.
Mi respuesta es pobre y estúpida, pero no sé qué otra cosa decirle. Conozco las reglas.
Papá entra en mi cuarto entonces. Avanza lento y, mientras se mueve, se da un momento para mirar alrededor, tal vez queriendo averiguar lo que ha cambiado desde la última vez que entró aquí. Yo también lo hago, aunque sé que casi nada ha cambiado en realidad. Sigue estando desordenado, como siempre. He movido el escritorio de lugar para tener espacio extra, pero no sé si él podrá darse cuenta de eso.
Después de todo, jamás está en casa, jamás está conmigo.
- Irás a disculparte con tu hermana y luego cenarás en la mesa con nosotros.
Guardo silencio. Odio que papá me ordene lo que debo hacer. Sé que fui un idiota con ella, sé que debería disculparme.
- Ya lo sé-dattebasa.
No se mueve de su lugar, así que supongo que es una forma indirecta de decirme que tengo que hacerlo ahora.
Me coloco de pie y, al pasar a su lado, me sostiene del brazo. Su agarre no es fuerte, pero es suficiente para que yo no pueda soltarme. Antes de poder hacer algo, él quita la capucha que llevo encima.
- Boruto, ¿qué te sucedió? -no luce sorprendido al verme el rostro, probablemente porque mamá se lo contó antes de subir, sin embargo, su falta de preocupación me produce una sensación desagradable en la boca del estómago.
Tras eso, yo tiro hasta soltarme y vuelvo a cubrirme.
- Una pelea-ttebasa.
- Eso ya lo sé. Lo que quiero saber es por qué te peleaste esta vez.
Cielos, mi padre es un verdadero idiota.
¿Nada de "¿te encuentras bien, hijo"? ¿Ni siquiera le preocupa saber si me molestan en la escuela o algo?
- ¿Por qué? ¿Acaso hay alguna respuesta que evitará que me envíes a la escuela militar?
Mi respuesta surge por si sola y tan pronto como la digo me aseguro de verlo, para conocer su reacción.
Hasta este momento, confiaba en que Sarada hubiese estado jugando conmigo… pero no parece ser así, no por la cara que papá coloca al oírme.
Sorprendido, pero no desconcertado. Definitivamente atrapado.
Mierda. Esto es un asco. Ahora tengo que darle la razón a Sarada, porque papá de verdad está pensando en echarme de casa.
- ¿Dónde oíste eso? -yo no respondo, y papá mantiene su expresión seria-. Boruto, habla-dattebayo.
- Sarada escuchó como el tío Uchiha y tú hablaban.
- Creí que no eras amigo de Sarada.
- No lo soy, por eso creí que solo estaba bromeando cuando me lo dijo.
- ¿Hace cuánto te dijo eso?
- ¿Qué importa? ¿Acaso es verdad? -lo miro a los ojos y, en ese momento, puedo ver la respuesta. Algo se sacude en mí al saberlo-. Claro que es verdad.
Papá, para mi sorpresa, niega con su cabeza.
- Por supuesto que no lo es, Boruto.
- ¿No lo es?
- Claro que no -frunce su ceño, observándome con seriedad-. Jamás pensaría en eso. Eres mi hijo-dattebayo
Guardo silencio, porque no sé que decir. Lo único que termino haciendo es apartar mi vista de él.
¿Realmente puedo confiar en papá? No lo sé con certeza.
Antes lo hubiese hecho, a ojos cerrados, pero resulta que he aprendido a desconfiar de todo el mundo, especialmente de mí mismo. No es nada personal, pero cuando guardas secretos como el que yo tengo, confiar en cualquier persona es simplemente estúpido.
Y si me pongo a pensarlo, ni siquiera puedo recordar la última vez que me he sentido sin la necesidad de mirar sobre mi espalda a cada momento.
Solo sé que, mientras papá me mira, no consigo sentirme tranquilo como debería estar después de que me asegurara que todo es un engaño.
Me siento, de hecho, muy inseguro.
El sendero que estoy recorriendo, el que lentamente parece ir estrechándose hasta convertirse en un camino sin salida… ¿lo estoy formando yo mismo o solo me he dejado arrastrar a él?
¿Vale la pena llegar tan lejos por mantener a salvo a mi hermana?
¿O habrá un punto en dónde decidiré que suficiente es suficiente?
CONTINUARÁ…
