Hola, ¿cómo están?, la semana pasada no pude publicar, ya que tuve una sobrecarga de cosas por hacer que me impidió sentarme a a escribir. ¡Fue agotador! Como es sábado, y me encontré con menos cosas que hacer, quise publicar.
¡Disfruten!
Vnimrod: Muchas gracias por leer. Los comentarios siempre son bien recibidos, así sé que les está gustando o si tienen alguna pregunta que hacerme :)
Procrastinacion: A mí también me duele esa relación padre-hijo, pero tendré que seguir trabajándola porque será importante para las decisiones que tome o no Boruto a lo largo de la trama, igual que la relación con Hinata. Con respecto a Sarada, continuará metiendo algunos problemas y más adelante se involucrará un poco más. Sobre tu petición de spoiler con Hima... todo lo que puedo decir es que sí, ama a su hermano mayor como toda hermana, pero ella aún no está en la edad de fijarse en chicos. ¡Es tan complicado!
Gabe Logan: Okey, no quiero sonar como una vieja fan, pero confieso que cuando leí tu nombre llegué a gritar (un poco mezcla de la incredulidad y la sorpresa). Es tan vergonzoso admitirlo, lo siento, es solo que cuando me involucre en el mundo de los fics (y te hablo de una década atrás), eras literalmente la bomba, y siempre tuve ese anhelo de que alguna vez llegarás a leerme (listo, mi pequeño descargo de fangirl ha terminado ajaja). Ahora, con tus preguntas: la relación entre Boruto y Sarada se desarrollará más adelante; y sobre Hima, como mencione, bueno, ella ama a su hermano como toda hermana hace, pero aún no pareciera que le guste ningún chico.
VII
Las tareas de un hermano mayor
.
Como toda persona que tiene hermanos sabe… ser el hermano mayor tiene sus ventajas.
¿Que por qué razón les digo eso? Bueno, pues porque justamente eres el primogénito, y eso te da poder. Por ejemplo, puedes ordenarle a tu hermano o hermana que haga cosas por ti; también acusarlo de cometer alguna travesura que en realidad tú realizaste; decirle que es adoptado incluso, como una venganza; y, especialmente, tener un aliado muy importante para vencer en las peleas contra tus padres.
Ser el hermano mayor tiene sus ventajas, pero otros días, como hoy, apesta…
- Boruto, hoy estarás a cargo de Himawari.
Simplemente, apesta.
- ¡Pero acorde salir con los chicos hoy-dattebasa!
Y aunque muy en el fondo sé que es una pelea perdida, intento encontrar alguna forma de liberarme de este castigo tan injustamente caído del cielo.
- No lo harás -mamá frunce su ceño al oír mi negativa-. Recuerda que reprobaste tu examen de matemáticas.
O bueno, no tan injusto. Yo diría que es un castigo predecible y merecido, consecuencias de no estudiar para mi estúpido examen y por mentirle a mi madre al respecto. Por no mencionar el haber llegado a casa lleno de golpes, sin dar ninguna razón.
- ¿Y tiene que ser necesariamente hoy?
Vuelvo a quejarme, ella me mira con su ceño fruncido.
Mierda. La estoy haciendo enfadar. Hora de retirarse de aquí, de todas formas, nada puedo hacer nada al respecto para librarme.
- Boruto…
- De acuerdo, de acuerdo-ttebasa -le interrumpo-. Supongo que puedo echarle un ojo.
Para mi sorpresa, mi respuesta no la calma. En vez de eso mamá pasa junto a mí, sube las escaleras con decisión, y tras eso solo la veo desaparecer directamente al interior de mi cuarto. Yo no tardo en perseguirla.
- Un segundo, mamá, ¿qué haces?
Ella no me responde. Al entrar la veo inclinada sobre la mesa en dónde están mis videojuegos. Siento un ligero temor al ver como los toma sin ningún cuidado, e incrementa cuando se gira para verme a mí.
- Boruto, vas a cuidar a tu hermana -me advierte. No necesito ser un genio para ver lo enfadada que está conmigo-. Si vuelvo a casa por la tarde y descubro que estuviste todo el día encerrado en tu cuarto, no te los devolveré.
Oh mierda. Mamá va en serio.
- ¿Estás secuestrando mis videojuegos? -ella alza una de sus cejas.
- Y se mantendrá así, a no ser que desees que esto se convierta en un caso de tortura y desaparición forzosa.
Un escalofrío me alcanza.
- No podrías-ttebasa.
Ella sonríe al oírme. Es verdaderamente espeluznante.
- Claro que sí -afirma-. Es más, sería una lástima que todo esto terminara en la basura tras un triste accidente con el martillo.
- ¡De acuerdo-dattebasa!
Mamá vuelve a sonreír, esta vez más tranquila, y luego de eso abandona mi cuarto llevándose mis videojuegos con ella. La pequeña mesa, en medio de mi cuarto, parece vacía y sin sentido ahora.
¡Demonios!
Primero sin celular, luego sin internet y ahora sin videojuegos.
¿Puedo tener peor suerte o no?
Claro que sí, ahora soy el niñero de mi hermana menor.
Y no sería algo tan horrible de no ser por un detalle importante: tengo reglas. Y son reglas importantes, que me recuerdan mi lugar; reglas que definitivamente no estoy cumpliendo.
Cielos. ¿Cómo protejo a mi hermana si me obligan a actuar como un hermano mayor responsable?
…
Mamá se va tras servirnos el desayuno.
Dice que volverá por la tarde, algunas horas tras el almuerzo, y que hasta entonces debemos cuidar del otro. Antes de irse le da un beso a Himawari en la mejilla y luego me advierte a mí que me comporte o que mis videojuegos sufrirán las consecuencias.
Entre la espada y la pared como estoy, no me queda más de otra que obedecer, aunque implique tener que pasar tiempo con mi hermana.
Mientras termino mi desayuno, no puedo evitar bostezar. Y, por un segundo, mi reflejo distorsionado en la cuchara llama mi atención.
Esto es injusto, el día apenas empieza y ya sé que será lento y tortuoso. En vez de una tarde jugando videojuegos, en casa de Mitsuki, estoy atrapado cuidando de mi hermana, la persona con quién menos debo pasar tiempo.
Solo es cosa del nerviosismo instalado en mi cuerpo y del latido acelerado de mi corazón para saber que el solo desayunar con ella es una imprudencia que no debería cometer.
- ¿Aun te duele?
Cuando Himawari hace esa pregunta, no la entiendo inicialmente. Tengo que mirarla y ver como apunta a su rostro, observándome de vuelta.
Ah, mis golpes.
Ella quiere saber si me duelen mis golpes.
Devuelvo la vista al reflejo distorsionado de la cuchara. No necesito más para notar que la piel de mi rostro sigue oscura, con ese extraño tono entremezclado de verde y morado. Aunque no espero otra cosa, solo ha pasado día y medio.
- Solo un poco -confieso. Siento su mirada sobre mí, pero no se la devuelvo. Me pregunto si creerá que soy un perdedor o un idiota por dejarme golpear de esta manera.
Puede que no crea ninguna de las dos, o tal vez crea que soy ambas cosas.
- ¿Duele pelear? -Himawari vuelve a hacerme una pregunta, segundos después.
- Solo cuando te dan una paliza.
- ¿Le diste una paliza a alguien? -sonrío sin quererlo. ¿Cómo puede creer eso con lo golpeado que estoy? Sin embargo, el estúpido deseo de querer parecerle genial me obliga a alterar los hechos.
- Claro-dattebasa, no lo vieron venir -sus ojos brillan con mi mentira, una sonrisa adorna su rostro.
- Hermano, eres genial.
En cuanto dice esas tres simples palabras, mi corazón acelera su carrera como si hubiese estado esperando cualquier excusa para hacerlo.
- S… Suficiente charla por hoy.
Ella asiente, luego de eso termina su desayuno mientras yo intento fingir lo mismo. Pero me complica porque, para empezar, ni siquiera puedo tragar bien con la incómoda sensación de tener mi rostro sonrojado como de seguro debe estar en este minuto. Sin embargo, Himawari no se da cuenta de eso, o si lo hace no dice nada al respecto.
No sé que cosa es peor.
Vemos televisión el resto de la mañana. Y como realmente no me interesa lo que estamos viendo simplemente dejo que ella escoja algo. No sé si es porque no quiere tomar una decisión sin considerarme, o si solo es coincidencia, pero tras un minuto pasando por los canales al final se termina decidiendo por una serie vieja, que ambos solíamos ver cuando éramos niños, para luego dejarse caer en el sofá del otro lado de la sala en completo silencio.
Los episodios pasan y confieso que es agradable no recordar por completo los eventos, me permite sorprenderme por segunda vez.
En un momento -no recuerdo cuantos capítulos han pasado-, Himawari se levanta y se marcha. Como no sé que hora es, muevo mis ojos hacia el reloj.
Las 12:45 de la mañana. Y mamá dijo que volvería algunas horas después del almuerzo, tras terminar los trámites que debe hacer en el centro.
Mi tortuosa mañana avanza para convertirse en una tortuosa tarde.
No, no es cierto. Estoy exagerando.
La verdad es que este tiempo me resulta, de hecho, muy agradable… y tiene a mi corazón latiendo a una velocidad un poco más rápida de la usual.
Ese es el problema. No debería sentirme de esta manera solo por estar pasando tiempo de calidad con mi hermana menor.
- Hermano, tengo hambre.
La voz de Himawari me llega desde la cocina. Yo bostezo, para luego colocarme de pie y apagar el televisor.
- De acuerdo-dattebasa, podemos comer.
- Hermano… -vuelvo a oír su voz. Al asomarme a la puerta de la cocina puedo ver la preocupación en su rostro, por alguna razón que desconozco, mientras está mirando al interior del refrigerador.
- ¿Qué sucede?
- Mamá no preparó almuerzo.
Oh mierda.
- ¿Es una broma?
- Debió estar muy apurada -murmura, hay un mohín en su rostro mientras mira el refrigerador. Claramente tiene hambre-. No hay nada para comer.
- ¿Segura? ¿Ni siquiera queda del ramen de papá? -ella niega con su cabeza. Entonces, vuelve a mirarme, sin quitar el mohín.
- ¿Puedes cocinar algo, hermano?
Bueno, esa es una pregunta compleja. En teoría, podría hacerlo, de no ser por un simple detalle.
No sé cocinar.
Y ella se da cuenta inmediatamente, al notar mi prolongado silencio.
Entonces reemplaza el mohín por una sonrisa de burla que no pasa desapercibida.
- Ja, hermano, ¿de verdad no sabes cocinar? -las mejillas me arden con sus palabras. Oh, que humillante es esto.
- Cállate-ttebasa. ¿Acaso tú sabes?
- Claro que sí -un gesto orgulloso aparece en su rostro, ahora alzado-, siempre ayudo a mamá con la cena.
- Entonces cocina algo.
- Mamá no me deja usar la cocina sin ella -yo doy un resoplido. Mi hermana es demasiado correcta.
- Mamá no tiene que saber todo lo que haces-ttebasa.
- ¿Y si me corto con el cuchillo? ¿O si me quemo con aceite hirviendo? -me pregunta, hay un mohín en su rostro, pero sé con certeza que está burlándose de mí en este momento-. ¿Cómo se lo explicarás a mamá?
Demonios. Estoy atrapado.
Tonta hermana menor. Puede que luzca muy adorable e inocente todo el tiempo, pero la verdad es que también adora burlarse de mí.
¿Y se supone que es la chica de quién estoy enamorado? Mi corazón late rápido solo recordándolo.
¡Ah, demonios! Yo solo quería tener un día tranquilo con mis amigos, jugando videojuegos. Ahora debo resolver como darle de comer para que mamá no me castigue aún más de lo que ya estoy.
- Oh, al diablo, ponte un chaleco, vamos por hamburguesas.
No tengo más ideas en este momento, pero en cuanto la digo en voz alta no parece una mala idea.
- ¿De verdad? -Himawari sonríe con mi propuesta.
Mejor dicho, me sonríe a mí. Con sus ojos brillantes, sin dejar de mirarme.
Yo recuerdo que me gusta esa sonrisa, mucho más de lo que debería admitir y sentir.
Como quisiera que ella siempre fuese capaz de sonreír de esa manera.
…
El local en dónde compramos hamburguesas no resulta estar tan lleno, así que en vez de pedir para llevar decidimos sentarnos y comer aquí mismo.
Mientras ordenaba nuestro pedido, he visto las miradas que los adultos me han dirigido, probablemente planteándose diversas teorías sobre la razón por la cual debo tener tantos golpes. En silencio, me pregunto quién adivinará que se son consecuencias de una pelea perdida; quién imaginará que fue por causa de algún accidente; y, en secreto, me pregunto si habrá alguien que crea que me hicieron esto a propósito, si pensarán en que fue mi padre quién me golpeó.
Suspiro sin poder evitarlo. Supongo que solo tengo demasiada imaginación.
Es solo que, en los libros que suelo leer, el protagonista halla refugio en sus sentimientos porque su vida común está marcada por el descuido o el maltrato. Pero yo no estoy en esa situación. Tengo, de hecho, una buena familia, y debería sentirme conforme y agradecido de ella. Y lo estoy. Pero cuando pienso en lo que siento por mi hermana, no puedo evitar imaginar en que todo esto sería mejor si mis sentimientos solo fuesen los que un hermano normal debería tener.
Sin mi corazón latiendo como loco, sin el nerviosismo traicionándome en cada movimiento, sin la sensación de que su compañía es tan agradable…
Mi vida sería mucho más fácil. Estoy seguro.
Y ahora, en silencio y mientras reflexiono todo eso, la miro a ella comer su hamburguesa, sentada frente a mí.
Me doy cuenta de lo mucho que le gusta y que, a diferencia de otras chicas que he conocido, como Sarada, mi hermana aún no se preocupa por tener la boca llena de hamburguesas y papas y que alguien la vea de esa forma.
Supongo que me agrada pensar en que ella no es el tipo de chicas superficiales que suelen haber. O puede que tal vez solo se sienta confianza porque soy yo quién está aquí, su hermano mayor.
¿Actuaria de la misma manera más adelante, con algún otro chico? O, de hecho, ¿quién dice que mi hermana no está saliendo con chicos ya? ¿Le gustara algún compañero o tendrá algún novio del que yo no sepa nada?
Esos últimos pensamientos derivan en un sentimiento que tengo prohibido experimentar, así que rápidamente me aseguro de pensar en otra cosa.
La imagen de papá viene a mi mente sin quererlo. O, mejor dicho, la escuela militar.
Pierdo el apetito rápidamente, solo por pensar en ello. Porque pese a que papá me ha dicho que todo se trataba de una mentira, ¿qué sucedería si comenzara a pensarlo en verdad?
¿Yo tendría que irme?
- Hey, Himawari -con mi vista aún en mi hamburguesa, le hablo, aunque no sé porque lo estoy haciendo exactamente.
Va contra mis reglas el hablarle. Pero ella me escucha y, ahora, me mira sin dejar de comer su hamburguesa. Tiene una mancha de mayonesa en rostro, cerca de la comisura de sus labios.
Una parte de mí fantasea con limpiarla. Otra parte, más grande, sabe que jamás me atrevería a pensarlo en serio.
Solo es una fantasía. Una abandona mi cabeza tan fugazmente como llega.
- ¿Sí?
- Dime algo, ¿qué harías si yo me fuera?
Ella deja de comer entonces, mirándome confundida. Traga y da un sorbo a su refresco, todo sin quitar sus ojos de mí.
- ¿Irte? ¿A dónde?
Guardo silencio, indeciso. Creo que tampoco conozco esa respuesta.
Papá me ha dicho que las palabras de Sarada fueron mentira, así que tengo que creerle, ¿cierto? Pero, si esa situación se presentara, ¿qué pensaría mi hermana de todo eso?
- Olvídalo-dattebasa -doy un suspiro. Estoy pensando las cosas demasiado.
Himawari hace un mohín casi inmediatamente.
- Vamos, hermano, dime -yo resoplo.
- Dije que lo olvides.
- ¿Vas a escaparte de casa? -niego con mi cabeza. Vuelvo entonces a mi grasosa hamburguesa, aunque no tenga tanta hambre como aparento-. ¿Es para ir a una fiesta de preparatoria otra vez?
- Nada de eso.
- ¿Mamá sabe que irás?
- Ya te dije que no es eso, solo estaba pensando en voz alta-ttebasa.
- ¿Y en que pensabas?
Doy un sorbo a mi refresco y miro por la ventana antes de contestar.
- Cosas de adultos.
Por el reflejo del vidrio puedo ver como ella frunce su ceño, enfadada al oírme decir esas palabras.
No me cuesta entender el porqué. Después de todo, "cosas de adultos" es una forma tonta de decir "no te diré nada, porque no puedes entenderlo".
Mamá y papá siempre usan esa frase con nosotros, y aunque sé que no debería, yo hago lo mismo con ella. Sucede que Himawari solo ha tenido la mala suerte de ser la menor en la familia, a quién nadie jamás le cuenta nada por ser muy pequeña aún, pese a haber dejado ya de ser una niña.
Supongo que yo también me enfadaría en esa situación.
- Tonto tornillo
Cuando la escucho decir eso, se me forma una sonrisa en la cara. No puedo evitarlo, e incluso aunque trato de quitarla esta vuelve insistente.
Sé que no debería reírme con lo enojada que está, pero… es solo que ese estúpido apodo siempre me ha causado gracia.
Y Himawari me descubre, porque inmediatamente vuelve a mirarme enfadada.
- No es divertido.
- Sí lo es.
Ella vuelve a fruncir su ceño, pero en vez de responderme simplemente se dedica a terminar de comer, con un mohín en su rostro, que no quita en ningún momento.
Y lo sé, porque pese a fingir estar concentrado en lo que pasa detrás de la ventana, la estoy mirando a ella por el reflejo.
No debería, pero lo hago de todas formas.
Supongo que a veces no puedo evitar mirarla, incluso aunque sepa lo mal que está hacerlo.
Vuelvo a recordar en cómo me ha insultado y, sin quererlo, comienzo a pensar en cuando éramos niños. Probablemente mi hermana no lo recuerde, pero antes, en esos raros momentos en que peleábamos por algo, ella solía gritarme ese insulto como si fuese la peor cosa que pudiera decirme. Y sucedía que yo también tenía uno para ella, y siempre que se lo decía conseguía que estuviera enfurruñada el resto del día, a veces llegaba a llorar. Luego mamá nos obligaba a pedirnos disculpas mutuamente, diciendo que los hermanos no debían pelear.
No sé porque lo recuerdo, pero pensar en eso ahora me produce alegría y tristeza entremezcladas.
Me produce nostalgia.
Supongo que simplemente extraño esa época. O, mejor dicho, extraño ser esa versión de mí.
Hablo del Boruto que era un buen hermano mayor. Del Boruto que no necesitaba fingir todo el tiempo algo que no era; que no tenía que vigilar sus pensamientos y acciones a cada segundo para asegurarse de no cometer una estupidez.
Esa versión mía que era feliz…
- Tonto tornillo.
Himawari vuelve a repetir su insulto, yo vuelvo a sonreír.
Y, por un grato segundo, solo me permito quedar atrapado en los recuerdos de una época mucho mejor.
- Torpe girasol.
CONTINUARÁ…
