Sé que me perdí, pero fue año nuevo ajaja, en fin, espero recompensar con este capitulo más largo de lo usual. El titulo es por una canción del mismo nombre: "Don't mess whit me" de Brody Dalle, que estuve escuchando muchas veces mientras escribía (consecuencias de jugar Life is Strange: before the storm ajaja, ¡el soundtrack es simplemente genial!)
crayola94: ¡Muchas gracias por leer y comentar! Es cierto que viene la tormenta (prepara tu corazón), pero es la antesala para mejores momentos, así que espero seas capaz de soportar el drama.
secretlistener: thanks! :') I really hope it's good job. Ahm, probably comes a lot of troubles for Boruto, but I preparing a beautiful scene too.
XI
"Don't mess whit me"
…
.
Hoy, por primera vez en mucho tiempo, apruebo un examen.
Bueno, no me refiero a un examen como tal. En realidad, solo se trató de una pequeña pregunta que contesté correctamente durante la clase de Historia. Sin embargo, por raro que les parezca, me alegra haber sido capaz de responderla, y aunque intento que nadie más lo note mis amigos no tardan en descubrirme.
- Alguien luce de buen humor -Shikadai, como siempre, es el primer en hacer sus observaciones. Estoy seguro de que otras personas pensarían que ser analizado todo el tiempo por uno de tus mejores amigos es en realidad una violación grave a tu privacidad, pero a mí no me molesta. Claro, mientras se mantenga alejado de mí y de todos los secretos que tan cuidadosamente busco esconder-. ¿Acaso es por haber respondido la pregunta correctamente?
- Solo están imaginando cosas-dattebasa.
- Ciertamente luces más alegre desde que le respondiste al profesor Konohamaru -Mitsuki interviene, delatándome finalmente-. No has dejado de sonreír, dudo que no haya relación al respecto.
- Sí, por no mencionar que la cara que puso el maestro cuando se dio cuenta de que era la respuesta correcta fue lo más gracioso -Shikadai ríe-. Nunca lo había visto tan sorprendido de nada.
Yo resoplo al recordar su gesto de incredulidad por mi respuesta. Aunque bueno, siendo justo con Konohamaru, yo también me sorprendí de contestar correctamente. Lo que me fastidia es que ahora de seguro querrá preguntarme más cosas las siguientes clases, esperando que vuelva a ser finalmente el alumno ejemplar que solía ser.
Sí, ya lo sé, imagino que quieren conocer la historia detrás de tanta familiaridad con mi maestro de Historia. Prometo, en algún otro momento, hablarles sobre él, pero en este instante necesito hallar una respuesta ingeniosa para mis amigos.
- Bueno, cuando eres un genio como yo, ver las expresiones de asombro ante mi evidente capacidad intelectual superior se vuelve algo cotidiano-dattebasa.
Shikadai ríe y se inclina sobre su mesa solo para golpear mi hombro. Luego dice algo para sí mismo, sobre mi capacidad intelectual, que no alcanzo a oír. Un insulto, de seguro.
Mitsuki, en cambio, sonríe con mis palabras, me mira fijamente.
- Eres un chico muy curioso, ¿sabías?
- Solo fue una tonta pregunta -la voz de Inojin, cansada, llama mi atención. Por alguna razón parece molesto. Repaso mentalmente si acaso he hecho o dicho algo recientemente que lo haya hecho enfadar, pero nada viene a mi cabeza.
- Vamos, no te molestes, la próxima vez te dejaré contestarla a ti.
- A diferencia de ti, a mí no me afecta en lo absoluto responder una pregunta tan fácil en clases -su respuesta es corta, aunque no puedo determinar si realmente está enfadado o si solo es una idea mía. De todas formas, decido que da igual.
- No te avergüences en pedirme ayuda si la necesitas, no todo el mundo tiene un don tan natural como el mío -respondo confiado. Él hace un gesto de desgano y vuelve a su tarea: dibujar. Como si no fuese suficiente lo popular y carismático que es todo el tiempo, Inojin tiene un increíble talento para el arte que no duda en aprovechar.
- Tengo algo de sed -Shikadai se queja, bosteza y, finalmente, se coloca de pie-. ¿Quién viene conmigo?
- Necesito algo de aire -decide Inojin, suspirando antes de seguirlo. Yo los veo alejarse por la puerta, antes de notar que también tengo sed.
- ¿Alguno me trae un refresco? -ninguno de los chicos responde mi grito de ayuda. Yo resoplo, frustrado.
- Puedo ir por ella -Mitsuki, quién estaba sentado a mi lado aún, se coloca de pie de un momento a otro.
- ¿Estás seguro? No quiero que te tomes la molestia.
- Está bien, quería caminar un poco de todas formas -responde, pasando a mi lado. Antes de alejarse definitivamente voltea a verme, para luego sonreírme un instante-. Yo creo que está bien que te sientas bien, Boruto.
Tras eso se marcha. Yo no puedo reprimir mi sonrisa.
Así que está bien que me sienta bien, ¿eh?
Cierto, pensándolo con detenimiento, no recuerdo haberme sentido de esta forma hace mucho tiempo. Confiado y tranquilo, como si no hubiera ninguna presión en mi vida.
Tal vez sea porque que las cosas van bien en casa, o tal vez sea que por fin los golpes de mi rostro están desapareciendo, como dijo papá.
Sea como sea, estoy teniendo un buen día.
Me estoy sintiendo bien.
Eso es genial, ¿cierto?
- Soy todo un genio-dattebasa.
Lo digo para mí mismo, aunque solo sea una broma. Sé perfectamente que no soy brillante con relación a la escuela, al menos no desde hace muchos años, desde que era un niño, sin embargo, haber sido capaz de responder aquella simple pregunta me hizo sentir mejor de lo que esperaba.
Me hizo sentir que tal vez, solo tal vez, no soy un caso perdido como todo el mundo cree.
- Un genio, ¿en serio?, ¿esto es por haber respondido la pregunta?
No necesito voltear para saber quién me ha comentado eso. De todas formas, lo termino haciendo, pero solo porque quiero comprobar si la sonrisa presumida en su rostro es tan común en ella como los son aquellos lentes rojos que siempre lleva puestos.
De pie, tan solo a un par de metro de mí, Sarada me mira como si fuese consciente de que su simple existencia es suficiente para arruinar por completo la mía y como si, no conforme con lo último, ella quisiera asegurarse de hacer a la perfección aquel trabajo. Me dirige entonces otra sonrisa torcida antes de tomar asiento en su pupitre, exactamente junto al mío, y comenzar a leer su aburrido libro.
- No me interesa tu opinión -respondo su pregunta, solo para demostrarle que está equivocada. Después de todo, siento que la sonrisa en mi rostro es imborrable-. No hay nada que puedas decir que vaya a arruinar mi buen humor hoy, Uchiha.
Ella sonríe al oírme, como si lo que acabo de decirle fuese un desafío personal. Aparta la mirada de su libro y me examina fijamente por varios segundos.
Yo me esfuerzo en ignorarla.
- Realmente luces de buen humor -dice al final. Yo sé que la sonrisa en su rostro no puede traer nada bueno-. Es curioso verte de esa forma, siendo que te irás pronto a una escuela militar. ¿O es que acaso la idea te agrada?
- Vete a pasear Sarada, sé que lo de la academia militar es mentira -mi respuesta es automática. Me niego a pensar en eso, me niego a que las dudas que tanto me he esforzado en ignorar vuelvan-. Se lo pregunté a mi tonto padre.
Ella ríe entonces. Un gesto que podría ser bonito de no ser porque obviamente se está burlando de mí.
- ¿Y tú solo le creíste? -pregunta, alza una de sus cejas con curiosidad, haciendo una mueca de burla-. Obviamente tu padre no va a decirte que te enviará lejos, ¿sabes?
- ¿Entonces debo confiar ciegamente en ti? -respondo-. Podrías estar mintiéndome solo para reírte de mí-ttebasa.
Ella suspira como si pensara que yo soy un caso perdido, sin embargo, de forma extraordinaria sus gestos no consiguen exasperarme como sucede usualmente.
¿Quién lo diría? Me siento tan bien que no me molesta discutir con ella.
- ¿No confías en mí? Vaya, me siento herida -yo sonrío al escuchar el tono sarcástico de su voz-. No es mi problema si no me crees.
- ¿Al menos tienes alguna prueba de que lo que dices es verdad?
- No tengo que hacer tu trabajo. Pensé que para este momento ya habrías hecho tu propio trabajo de investigación -por su respuesta, parece que acaba de perder el interés en mí, porque rápidamente devuelve la vista a su libro, retomando su lectura.
Me tomo un segundo para espiarla por el rabillo del ojo.
Su ceño fruncido y el ligero mohín en sus labios, me hacen pensar que de alguna manera Sarada luce… ¿decepcionada?
¿Se deberá a que ya no estoy cayendo en su juego como antes? ¿O será por otra cosa?
Dijo que pensaba que para el momento yo ya habría hecho mi propia investigación sobre el asunto. ¿Acaso lo que le disgusta es mi poca iniciativa para investigar lo que me ha dicho? ¿Le molesta que las palabras de mi padre sean suficiente para mí?
Si es así, seguramente debe estar creyendo que me he vuelto alguien incapaz de cuestionar las cosas, una persona excesivamente sumisa e ingenua. Y tal vez eso es lo que estoy dejando ver, sin embargo, lo que Sarada no puede ver es que mi aparente calma no se debe a que soy alguien crédulo.
No me siento tranquilo porque confío en las palabras de papá; yo necesito creer en papá, necesito confiar en sus palabras, para poder sentirme tranquilo. De lo contrario, solo soy un manojo de nervios andantes y eso no me ayuda de ninguna forma.
Me esfuerzo en confiar en mi padre porque esa es la única forma de llevar mi día a día con calma.
En cualquier caso, Sarada también se equivoca en otra cosa. Por supuesto que he hecho mi propio trabajo de investigación al respecto. Y es que, incluso esforzándome por no pensar en la escuela militar, no he podido evitar descubrirme a mí mismo reflexionándolo.
De esa forma, pude recordar la última vez que el padre de Sarada estuvo en la ciudad. Casi seis meses atrás, en dónde asumo fue la ocasión en que ella escuchó la conversación sobre la escuela militar entre mi padre y el suyo.
El padre de Sarada no ha vuelto en todo este tiempo. Así que, pensando en que mi suposición es correcta y en que Sarada dice la verdad, también sería correcto asumir que mi padre lleva pensando los últimos seis meses decidiendo si enviarme o no lejos de casa. Sin embargo, no recuerdo haber notado algún comportamiento diferente en el último tiempo, de hecho, me atrevería a decir que las cosas han mejorado de alguna forma, al menos los pocos momentos que estamos juntos o en familia.
Aunque podría estar arriesgándome. Como papá trabaja demasiado y pasa poco tiempo conmigo, realmente no puedo saberlo. La única que podría tener alguna certeza sobre lo que él piensa es mamá, pero ella continúa actuando como siempre por lo que deduzco -repito, suponiendo que Sarada dice la verdad-, que no sabe absolutamente nada.
Así que sí, haciendo un resumen de todo, estoy totalmente en blanco.
No tengo pruebas ni certezas de nada, solo un montón de suposiciones que no me ayudan a dormir.
- No es como si pueda examinar la mente de mi padre y descubrir si me miente o no-dattebasa.
Veo como Sarada vuelve a sonreír al escucharme, con la vista aún en su libro.
- Si buscas en su habitación y registras sus cosas puedes hallar una respuesta, genio, no es tan difícil.
Por alguna razón, su respuesta me molesta.
Debe ser porque me está incentivando a cometer una estupidez. O, más bien, lo que me molesta en verdad es el hecho de que parte de mí está considerando hacerlo.
No quiero -y no puedo-, desconfiar de papá, así que tengo que alejar esas ideas de mi cabeza.
- Vaya, vaya, yo sabía que no podías ser tan perfecta -hablo, solo con el deseo de distraerme-. ¿Tu madre sabe que te metes en sus cosas, Sarada? Tal vez deba decírselo la siguiente vez que la vea. ¿Quién lo diría? La alumna perfecta, Sarada Uchiha, es en realidad una mentirosa y una manipuladora, ¿acaso también robas?
Ella frunce su ceño entonces y me mira, verdaderamente enfadada. Pienso en que va a responderme algo o en que va a insultarme con lo mejor de su arsenal, pero, en lugar de hacer cualquiera de esas cosas, ella solo se coloca de pie.
- Después no digas que no te lo advertí -musita, con actitud seria. No me da tiempo para responderle, porque se va del salón sin mirar atrás.
Guardo silencio. La idea de perseguirla pasa por mi mente de forma fugaz, pero de igual manera la descarto.
Me toma, entonces, un par de segundos analizar lo sucedido.
¿Acaso acabo de conseguir ganarle en una discusión a Sarada Uchiha?
Quiero decir, pude conseguir que ella literalmente se pusiera de pie y se alejara de mí, frustrada, y, sin embargo, tengo la sensación de haber sido yo el perdedor de esta estúpida pelea.
Mi seguridad y confianza, que no recordaba haber sentido en mucho tiempo, desaparecen en un soplo. Ahora, en cambio, son reemplazadas por las palabras de Sarada, clavadas en mí nuevamente.
"Después no digas que no te lo advertí"
Simplemente es llegar demasiado lejos solo para hacer una broma y, sin duda, debe serlo.
Porque no hay forma en que sea algo real, no hay forma en que Sarada pueda estar diciendo la verdad sobre papá.
Tengo que confiar.
Tengo que confiar.
…
.
Mitsuki y Shikadai me alcanzan en medio del pasillo, aun durante el almuerzo.
Probablemente mientras regresaban me han visto alejarme del salón y han acelerado el paso para darme alcance.
- ¿A dónde vas?
- Necesitaba aire -respondo, veraz. La conversación con Sarada me ha dejado un pésimo sabor de boca, necesito distraerme de alguna forma.
- ¿Sucedió algo? -Mitsuki hace la pregunta.
¿Cómo puede notar mis sentimientos con tanta facilidad? ¿Tan obvio soy realmente?
- Nada de lo que realmente quiera hablar-ttebasa.
Doy un suspiro, vuelvo a avanzar. Siento como ambos intercambian una mirada, justo antes de volver a seguirme por el pasillo.
Pronto, estamos caminando los tres juntos.
- Hey, Boruto, podríamos hacer algo después de clases -propone Shikadai, con aspecto relajado-. Como ir por hamburguesas, por ejemplo. Oí que hoy sale una versión limitada con salsa picante. ¿Qué te parece?
- ¿No es esa acaso la misma hamburguesa que Boruto lleva tanto tiempo diciendo que quiere probar? -pregunta Mitsuki. Shikadai arroja un suspiro.
- Sí, esa misma.
Yo sonrío al oírlos. No puedo evitarlo.
Tengo buenos amigos.
- Claro, podemos ir después de…
- Hey, Uzumaki.
Levanto mi vista por mero impulso, antes de arrepentirme completamente.
Oh no.
No hoy, maldita sea.
- ¿Qué demonios quieres ahora?
De pie, metros adelante, Iwabee me mira, sonriente y presumido como siempre.
Parece que, después de todo, no conseguí derribarle ningún diente otra vez.
- Veo que tu rostro está recuperando su color.
Algo que agita en mí, al escucharlo decir eso.
Recuerdo entonces, con claridad, nuestro último encuentro. La forma en que me acorraló a la salida de la escuela, para golpearme con otros chicos de su club.
- ¿Qué quieres? -repito. Aprieto mis dientes para controlar el temblor de mi cuerpo.
- Estuve esperando por la revancha todo el mes -confiesa entonces-, pero nunca llegaste, cosa que me hizo preguntarme si acaso tendrías miedo de enfrentarme.
Quiero replicar, pero no lo hago.
No vale la pena tener más problemas en casa, mucho menos si existen posibilidades que lo de la escuela militar sea verdad.
- Estoy sorprendido de que puedas usar tu cerebro para realizarte preguntas -respondo, forzándome a ignorar aquel último pensamiento-. Ten cuidado, tu cabeza podría calentarse demasiado-ttebasa.
Él frunce su ceño levemente, ofendido.
- ¿Sabes? Es exactamente por esa razón que todo el mundo en la escuela te detesta. Crees que eres mejor que todos, pero en verdad solo eres un perdedor -yo guardo silencio ante sus insultos. No puedo negar que, ciertamente, mi mala imagen no me ayudaría a ganar un concurso de popularidad en mi preparatoria-. ¿Entonces qué dices? -Iwabee camina a nosotros, como si fuéramos buenos amigos y me estuviera invitando a hacer algo divertido-. ¿Necesitas un retoque?
Pienso en que, semanas atrás, habría aceptado su tonta oferta sin dudarlo.
Ahora, en cambio, no me interesa.
- Paso.
La sonrisa se borra de su rostro en cuanto me escucha. Pero veo como la recupera rápidamente, como si no creyera la respuesta que acabo de darle.
- Muy divertido -replica entonces. Yo niego con mi cabeza, porque ciertamente estoy algo cansado.
- Es en serio, no me interesa tu oferta.
Por el rabillo del ojo veo a Shikadai sonreírme, como si estuviese secretamente orgulloso de mi respuesta. No necesito preguntarme la razón, porque casi de inmediato el peso de mi propia respuesta me cae encima y por fin termino de comprender el alcance de mi decisión.
Me estoy negando a tener una revancha con Iwabee, aunque él prácticamente me lo está suplicando.
Me estoy negando a solucionar un conflicto por medio de una pelea.
Cielos. Ni siquiera yo lo creo.
¿Boruto Uzumaki siendo un ejemplo de madurez?
"Los milagros sí existen" debe estar pensando Shikadai en este segundo. Maldito genio presumido.
- ¿Quieren un refresco? -pregunta Mitsuki, comenzando a caminar. Yo sonrío.
Buena forma de retirarnos.
- ¿Dónde está el que dijiste que me comprarías-ttebasa? -nos movemos para seguirlo, sin embargo, Iwabee no parece haber comprendido el mensaje.
Usa su mano para detenerme en cuanto paso junto a él.
- Un segundo, tú no te vas.
- Cielos, déjame ya -respondo. Aparto su mano y, casi al instante, Iwabee me empuja.
Choco contra la pared, siento el golpe en mi espalda y casi de inmediato el leve dolor que me inunda. Pero recupero el equilibrio y le enfrentó de inmediato.
Voy a responder con otro empujón en cuanto algo me detiene.
Su sonrisa.
Su maldita sonrisa ansiosa, esperando que vaya y le golpee justo en la cara.
No. Yo no voy a caer en una provocación tan simple.
Necesito calmarme. Así que respiro profundo, sin apartar mis ojos de él.
- Ya te dije que no tengo intención de pelear contigo.
- No seas cobarde, Uzumaki.
- Hey, Iwabee, déjalo tranquilo -Shikadai habla, haciéndole una advertencia. Mitsuki en cambio lo observa fijamente, en silencio y con actitud amenazante.
A diferencia de mí, mis amigos no tienden a provocar peleas por su cuenta. Las pocas veces en que han terminado en medio de los golpes ha sido para defenderme, y por la misma razón es que no quiero involucrarlos en mis problemas con Iwabee, menos cuando ni siquiera hay razones válidas para comenzar a pelear.
Me muevo. Paso a su lado nuevamente. Incluso esta vez golpeo su hombro con firmeza.
Quiero dejarle claro que está llegando demasiado lejos.
- ¿Asustado de recibir otra paliza? -oigo su voz, llena de burla. Puedo notar de inmediato la forma en que espera provocarme con sus palabras-. No te culpo por ser un cobarde, Uzumaki.
Me detengo, siento la ira recorrerme en este segundo.
¿Me está llamando cobarde el sujeto que me tendió una sucia emboscada en primer lugar?
Estoy tan furioso que tengo que apretar mis dientes para no responderle lo que me pasa por la cabeza. Y, claro, para no girar y plantarle un puñetazo en pleno rostro.
Respiro otra vez, intento relajarme. Así que me concentro en esa pequeña voz en mi cabeza que me repite incesantemente que me tranquilice, que no caiga en su tonto juego.
No debo hacerlo.
No debo hacerlo.
Porque lo que menos necesito es tener más problemas, tanto en la escuela como en casa, especialmente cuando las cosas comienzan a ir tan bien.
Así que en vez de arrojar todo por la borda, tengo que respirar y no caer en su provocación.
Giro entonces, decidido a enfrentarlo. Y, en cuanto lo hago, me doy cuenta de lo absurda de la situación. Es decir, el idiota de Iwabee, de pie frente a mí, esperando que comencemos a pelear como si fuese un simple juego, como si fuera algo a lo que tengo que acatar solo porque él lo quiere.
- No.
Ustedes ya lo saben, ¿cierto?
Yo no soy el juguete de nadie.
- ¿No? -pregunta, parece sorprendido. Yo suspiro.
Cielos, ser maduro es mucho más trabajo del que pensaba.
- No quiero pelear, Iwabee, quiero que me…
Su puñetazo duele.
O, más que el golpe en sí mismo, es la sorpresa de recibirlo.
- ¡Mierda!
Retrocedo, llevando mis manos a la nariz para cubrirla. Pero ya es tarde, el dolor vuelve en oleadas y lo siguiente que siento es la sangre empapar mis manos.
- ¡Boruto! -un par de brazos me reciben. Oigo las voces de Mitsuki y Shikadai a mi alrededor, pero no consigo entender completamente lo que me dicen. No puedo concentrarme en ellos en este minuto.
En vez de eso, mi atención está sobre mí mismo.
Sin pensarlo me inclino hacia delante, intentando concentrarme en otra cosa que no sea el dolor. Uso la manga de mi camisa para apartar la sangre y me fuerzo a respirar, porque tengo que saber que tan grave es.
El aire pasa y, tras un segundo, siento como la sangre deja de caer. El alivio me cubre de forma momentánea.
No, mi nariz no está rota. Pero duele como el demonio.
Abro mis ojos por fin, levanto mi cabeza. Frente a mí, Shikadai y Mitsuki me hablan, tratan de convencerme de ir a la enfermería. Sin embargo, no consigo procesar lo que me dicen, mi atención -por estúpido que suene en este segundo-, está en la mirada asustada de sus rostros, en el gesto de sorpresa y preocupación con el cual me están observando.
No, no a mí. Lo que ellos en verdad están mirando es mi nariz golpeada y la sangre en mi rostro y mi uniforme.
Algo vuelve a mi mente en este segundo, algo que desesperadamente he tenido que ignorar las últimas semanas.
La sorpresa y el temor en sus ojos, el mismo que llevan en este segundo; el mismo que he tenido que soportar de extraños en la calle y en la escuela; el mismo temor implícito con el que papá, mamá e Hima me observan en casa, cuando creen que no los estoy viendo en la cena.
Las miradas sobre mi rostro golpeado.
El rostro golpeado que este imbécil me dejó.
- Solo eres una niñita llorona -oigo la voz de Iwabee, llena de risa. Cuando giro a verlo lo encuentro exactamente en el mismo lugar que cuando me golpeó segundos atrás, sonriendo todavía.
Al verlo, casi puedo escuchar las burlas que hará sobre mí y la forma en que presumirá pudo golpearme en la cara sin encontrar resistencia alguna.
Entonces, como si por fin se hubiese cansado, Iwabee gira y se aleja, con una sonrisa presumida en su rostro tras haber conseguido lo que deseaba.
¿Y saben? Yo no voy a permitir que eso suceda.
- Boruto, ¿qué estas…?
Agarro impulso y, antes de poder pensarlo bien, me arrojo sobre él y lo empujo directo al suelo.
Ambos caemos en medio del pasillo.
Iwabee no tarda en comprender lo que acaba de suceder y, a diferencia de mí, ya está preparado para devolverme el golpe. Pero oigan, no se preocupen por mí.
Yo sé perfectamente cómo defenderme.
- ¡Quítate, idiota!
- ¡No eres tan valiente cuando estás tú solo, ¿eh?!
Le grito sin pensar bien. Él vuelve a golpearme.
Se sube sobre mí y forcejeamos. Me golpea con fuerza en la mejilla.
Yo lo golpeo de vuelta en el ojo.
No sé cuánto tiempo estamos así. No puedo calcularlo, porque es como si el tiempo a mi alrededor se congelara, pero estoy seguro de que deben ser solo unos segundos.
La cosa es que todo lo que tengo en la cabeza en este momento es que debo golpearlo lo más rápido y fuerte que pueda, antes de que alguien nos separe.
Mi cuerpo busca la ventaja. Nos fuerzo a girar y, antes de que él pueda hacer algo para evitarlo, aprovecho el impulso y me subo sobre él nuevamente.
Vuelvo a golpearlo, lo más fuerte que puedo.
Él me insulta, comienza a revolverse para liberarse. Pero está acabado, porque ya lo he dominado. Estoy sobre él, usando mis piernas para mantenerlo quieto, y mi mano para sostener su brazo libre.
De la misma forma en la que aprendí a pelear con mi abuelo y tía Hanabi, sé la forma en la que tengo que sujetarlo para que le sea imposible escapar.
Y sé exactamente en dónde tengo que golpear para conseguir mi objetivo.
- ¡Así es como le rompes la nariz a alguien!
Sentir mis nudillos golpear su tabique tan directamente, escuchar el crujido de la misma, es placentero.
Hace mucho que no me sentía de esta forma. Hace mucho que no peleaba.
Lo escucho gritar del dolor, puedo ver la sangre saltar, pero incluso así Iwabee no se detiene.
Lo siguiente que siento es el golpe en mi barbilla.
- ¡Muérete luego, Uzumaki!
- ¡Te dije que me dejarás en paz!
Algo me invade entonces. Ardiente, como fuego corriendo por mis venas.
Es adrenalina, que me permite ignorar el dolor y continuar.
Así que no me detengo, ni siquiera cuando escucho a Mitsuki y Shikadai gritar.
- ¡Boruto, basta ya!
- ¡Detente!
Ni mucho menos cuando me intentan separar de Iwabee.
Porque todo lo que tengo en mi cabeza es que debo volver a golpearlo, una vez más.
- ¡Boruto!
Volver a golpearlo hasta que su rostro quede igual a cómo dejó el mío un mes atrás.
- ¡Boruto, ya déjalo!
- ¡Basta!
Alguien me sostiene entonces, más fuerte y con más facilidad que mis amigos. La voz de mi maestro, Konohamaru, resuena por fin, abriéndose paso por sobre encima de cualquier otro grito.
- ¡Uzumaki, deja de pelear!
Me alejan, y mientras lo hacen puedo a Iwabee mirándome con satisfacción desde el suelo, con su rostro cubierto de sangre y su sonrisa presumida de fondo.
Caigo en la cuenta de lo que acabo de hacer, al protagonizar una pelea al interior de la escuela, en medio del pasillo. Una trampa tan obvia y en la que de todas formas caí.
Mi ira crece. Ira conmigo mismo por tener tan poca paciencia, e ira contra el maldito de Iwabee por ser incapaz de dejarme en paz.
Quiero soltarme. Quiero volver a golpearlo.
En vez de eso, solo termino gritando, mientras Konohamaru tira de mí para evitar que vuelva a atacarlo.
Ni siquiera soy capaz de pensar en lo que sucederá cuando mis padres se enteren.
Maldición, ahora sí que estoy metido en serios problemas.
CONTINUARÁ…
