¡Nuevo cap!
Flemy Speeddraw: Muchas preguntas! y prometo que todas tendrán respuestas en los siguientes caps (para evitar el spoiler!). También prometo más momentos con la pequeña Hima y un poco más de calma para Boruto!
Gabe Logan: Por el momento, la escuela militar sigue siendo un secreto entre Naruto y Boruto, sin embargo, cuando se sepa no resultará nada bueno. Nada más puedo decir sin hacer un spoiler ajaja. Juro que leería tu fic, pero cuando dices que es para estómagos fuertes, no cuestiono tu palabra ni por un segundo!
secretlistener: I really hope the same thing :( after all, Boruto is a good boy
XIII
Chequeo de salud
…
.
Hoy tengo cita con mi pediatra.
¿La razón?
Mamá quiere asegurarse de que todo esté bien conmigo, especialmente tras lo sucedido el día de ayer.
Salir corriendo de casa en medio de la noche, sin llaves ni teléfono celular, solo para volver al par de horas no es algo que una madre pueda ignorar, ¿saben? O no lo sé, en realidad, porque cuando tomé esa decisión no había considerado las consecuencias de lo que sucedería.
Realmente no estaba pensando con claridad en ese momento.
Bueno, no estaba pensando y ya.
Supongo que sufrí una especie de crisis de pánico, ¿cierto?, o al menos es lo que puedo imaginar, porque no encuentro otra explicación para lo que hice.
Mucho menos mi familia, como podrán imaginar.
Fue solo cuando regresé a casa que supe el enorme problema que mi huida temporal había generado. Porque mientras papá salía a la calle a buscarme, mamá llamaba a las casas de mis amigos, esperando que alguno supiera de mí, y al no obtener respuesta alguna termino por llamar a la policía.
No creo que mamá haya exagerado al hacerlo, de hecho, para mí fue una reacción bastante lógica, especialmente porque no le dije a ninguno a dónde iría o cuando volvería a casa -o si es que volvería a casa siquiera-. Cuando lo pienso, solo puedo imaginar en lo aterrada que tuvo que haber estado por mi desaparición, lo suficiente como para haberse visto en la necesidad de llamar a la policía.
Y, por supuesto, estoy castigado por eso.
No por haber escapado de casa, ni por haber provocado que mis padres casi denunciaran mi desaparición, sino que, más bien, por negarme a darle una explicación a mamá de porque hice lo que hice.
Estoy castigado por la horrible angustia que la hice pasar y por no disculparme al respecto.
Sin internet.
Sin teléfono celular.
Sin videojuegos.
Sin postre en la cena.
Sin salidas con mis amigos.
Para ella, crucé una línea. Y está tan herida que no me ha dirigido la palabra desde que me castigó. Tampoco me ha mirado a los ojos.
No me molesta, ni nada. Porque mamá tiene razón.
Hice algo estúpido sin medir las consecuencias, hice que mi familia tuviera una horrible noche, y mi única explicación al respecto fue algo parecido a "quería irme y ya".
La cachetada que recibí me duele todavía, pero no quiero menos a mamá por dármela. Sé que me la merezco, pero me hubiese gustado ser capaz de decirle la verdad.
Tampoco sé si papá le habrá dado una explicación mejor que la mía. No hemos hablado y esta mañana se ha ido más temprano al trabajo que de costumbre. Como mamá estaba lo suficientemente preocupada por mí, supongo que él consiguió pasar desapercibido.
Viejo listo.
¿Yo? Estoy bien. Bueno, si eso es realmente posible.
Supongo que a lo que me refiero es a que estoy mucho más tranquilo que ayer, tal vez demasiado, pero aquello me permite poder analizar las cosas con claridad. Puedo, por fin, enfrentar la realidad, mi realidad, que tan desesperadamente traté de evadir la noche anterior.
Que mi padre quiere enviarme a una escuela militar.
Que, de hecho, lleva meses pensándolo.
Bueno, todo eso ya lo sé. No vale la pena reflexionar al respecto.
Lo que no sé, es si algo de eso tiene solución.
¿Qué creen ustedes?
- Boruto, ¿puedes alzar un poco más tu brazo?
Obedezco la orden, casi de forma mecánica.
Es algo temprano en la mañana, así que mi mente sigue funcionando de forma lenta. Si estuviese en la escuela es casi seguro que estaría durmiendo en clases, pero hoy me visto obligado a venir al hospital con mamá.
Y es que mientras regresaba a casa, en medio de la oscuridad de la calle, me caí.
Sí, lo sé, completamente patético, no digan nada.
Fue bajando una cuesta, en dónde tropecé pisando mis cordones desatados y terminé rodando en el suelo, con mis rodillas y brazos lastimados. Como solo llevaba la ropa de casa -unos shorts y una polera sin mangas-, no fue difícil herirme.
Así que ahora estoy sentado en una camilla, sintiendo el olor a desinfectante clásico de los hospitales, mientras que, inclinada frente a mí, mi doctora termina de aplicarme un par de puntos en el brazo.
- ¿Duele? -me pregunta de pronto, sin apartar sus ojos de su trabajo.
- No.
Ella sonríe, conforme con la respuesta que ella ya conocía, y es que después de todo, me ha puesto un antiséptico para evitarlo.
- Tendrás una cicatriz muy genial -me advierte entonces. Intento devolverle una sonrisa, sin embargo, solo termino haciendo un triste intento de mueca que abandono rápidamente.
No tengo energías para sonreír.
Así que permanecemos en silencio los siguientes minutos, mientras que ella trabaja con cuidado y dedicación, curando mis heridas
Mamá, en cambio, me espera fuera, en la sala de espera, junto a Hima.
Al igual que mis padres, mi hermana no ha querido verme ni dirigirme la palabra, y si nos ha acompañado es únicamente porque mamá la obligó. No sé qué le habrán dicho, pero no me cuesta saber que tampoco tuvo una buena noche, especialmente porque al volver a casa pude ver sus ojos rojos debido a las lágrimas.
Así es. Mi hermana lloró por mi culpa.
Ser consciente de eso simplemente me hizo sentir peor conmigo mismo de lo que creía posible.
Ahora, ninguna de las dos ha querido entrar conmigo. Pero mi doctora ha pensado que eso serviría para que yo me relajara un momento. Después de todo, ella también se encuentra informada de mi ajetreado día de ayer.
- Muy bien, está listo -ella se aleja y apaga la luz de la lampara que ha utilizado-, conoces los cuidados básicos, ¿cierto? ¿Crees que estarás bien?
Miro la nueva -y glamorosa-, cicatriz en mi brazo.
Veo los puntos zurcidos en la piel.
Mi piel está cosida.
Eso es genial.
- Supongo que tienen que ver con asegurarme de ensuciarlo con tierra y de tirar del hilo, ¿cierto? -contesto. Ella asiente.
- Estarás bien -decide finalmente, riendo. Se deshace de sus guantes, los bota en su tarro de basura, y escribe algo en mi ficha médica-. Sigamos, ¿cómo está tu rostro?
Camina a mí, pero esta vez no enciende la lampara. En vez de eso, solo me examina con cuidado, girando mi rostro con delicadeza para ver bien los golpes.
- Dígamelo usted, doc, ¿cuál es el diagnostico?
No se preocupen por la familiaridad entre nosotros, después de todo, esta mujer ha sido mi pediatra desde que nací. Prácticamente me ha visto crecer, por no añadir que, hasta lo que tengo entendido, asistió mi parto cuando mamá no consiguió llegar a tiempo al hospital.
Además, es realmente una doctora genial.
- Bueno, los moretones viejos están sanando -murmura, girando con suavidad mi rostro para que la luz que entra por la ventana de mejor-. El golpe en la nariz no es tan malo como luce, de hecho, ya está desinflamándose y de seguro al terminar la semana estará mucho mejor, pero de todas formas emitiré una orden para que te saltes la clase de deportes la siguiente semana, ¿estás de acuerdo?
¿Sin clase de deportes toda una semana? ¿Les dije o no que era una doctora genial?
- ¿Solo una semana-dattebasa? -pregunto, fingiendo seriedad-. ¿No pueden ser dos para tomar precauciones extra?
- Sobrevivirás con una semana -decide ella, sacudiendo su cabeza como si yo fuese incorregible.
A continuación, anota algunas cosas en mi ficha, arrojándome pequeñas miradas de vez en cuando para comprobar si lo hace correctamente. Sin embargo, no necesito leer su mente para saber lo que debe estar redactando.
¿Diagnostico general?
"Magullones generales, golpes alrededor del rostro, nariz inflamada, pequeño corte en el pómulo, rodillas raspadas, heridas en los nudillos, ocho puntos en el brazo derecho…"
"Emocionalmente… no hay respuesta para eso. El chico actúa como un robot"
Estoy por completo seguro de que desea preguntar sobre la razón por la que me fui de casa tan improvistamente -y, en cierta medida, también estoy seguro de que mamá le ha pedido que me lo pregunte-, pero no lo hará.
Y si lo hiciera, tampoco sabría cómo responderle.
Es decir, ¿cómo me siento exactamente?
¿Devastado? ¿Profundamente traicionado?
¿Emocionalmente traumatizado?
No, me considero un chico dramático, pero no tanto.
Ya se los dije. Me siento… muy tranquilo, al menos en comparación al día de ayer.
Probablemente salir corriendo de casa, gritar y llorar, fue lo que me ayudó a desahogarme. Ahora mi mente ve las cosas con claridad.
He tenido tiempo para reflexionarlo con cuidado. Incluso, justo antes de que mamá ejerciera su sentencia, tuve tiempo de entrar en internet y buscar el nombre de la escuela militar.
Y entonces, caí en la cuenta de dos cosas importantes.
La primera, es que la escuela no se trata de una academia militar como tal, más bien se trata de un internado masculino con un nombre muy viejo. Y, además, tienen piscina.
La segunda cosa que descubrí -la cuál, por cierto, me dolió tener que aceptar-, es que Sarada tenía la razón.
Lo oyeron, ¿cierto?
Sarada. Tenía. La. Razón.
¿Entienden lo insufrible, lo verdaderamente humillante, que resulta tener que aceptarlo?
Cuando pienso en eso, mis ganas de gritar regresan.
- Creo que está de más decir que debes mantenerte alejado de peleas. Tu nariz está bien, pero sensible -mi doctora me habla con mayor seriedad en esta situación, llamando mi atención-, no la golpees de nuevo, ¿de acuerdo?
- Veré que puedo hacer por usted, doc.
- Cielos, los chicos siempre gustan de meterse en peleas -suspira entonces, con calma. Me mira con sus ojos jade y me sonríe.
Tras eso, revuelve mi cabello y se aleja de vuelta al escritorio.
Algo importante que deben saber sobre mi doctora, es que se trata de una amiga cercana de la familia. Fue la mejor amiga de mis padres, desde la escuela primaria hasta la universidad, e incluso hoy siguen viéndose de cuando en cuando.
De hecho, ella es mi madrina.
Y, también, es la madre de Sarada.
- ¿Quieres una paleta?
Se los dije, tía Sakura es simplemente genial.
- De manzana, por favor.
Ella no necesita buscarla en su cajón. Ya la tiene sobre su escritorio, lista para mí.
- ¿Sarada sigue molestándote en la escuela? -su pregunta me sorprende, más que nada porque no solemos hablar de Sarada, o al menos no desde que dejamos de ser amigos. ¿Eso significa que ella habla de mí con su madre?
- Yo también la molesto -ella sonríe con mi respuesta vaga. Camina a mí y me entrega la paleta. Yo me aseguro de guardarla en el bolsillo de mi pantalón.
- Lo sé. Usualmente esos son los días en dónde más conversa en la cena -me explica. A mí me sorprende.
- ¿Es así?
- Claro que sí. Todo el tiempo quejándose de ti. "El tonto de Boruto esto…", "El tonto de Boruto aquello…", -suspira con cansancio-, ciertamente, escucharla es como escucharme a mí misma quejándome de tu padre cuando eramos niños.
Eso me hace sonreír de verdad, por primera vez desde ayer.
Incluso si es solo un poco, que la vida de Sarada sea intranquila por mi culpa me produce satisfacción.
- Pues me aseguraré de que jamás deje de conversar en la cena -prometo. Tía Sakura sonríe, para luego mirar al reloj.
- Muy bien. Nos quedan cinco minutos. ¿Alguna cosa de la que quieras hablar?
Ah, ahí está. La forma disimulada de preguntar sobre lo sucedido. Lo que imagino que tía Sakura quiso decir en verdad es algo como "¿Quieres explicarle a tu amable y genial doctora porque tus padres llamaron a la policía el día de ayer?"
- No tiene que disimular, sé que mi madre le contó lo que sucedió -ella asiente. Su rostro se vuelve un poco más serio, pero no pierde la sonrisa.
- Podemos hablar de ello, pero solo si tú quieres.
Yo asiento, sin embargo, no me imagino confesándole todo a ella con tanta facilidad.
- Estoy bien -miento. Algo obvio para ambos. Me pregunto si insistirá, pero ella guarda silencio esperando que yo terminé de hablar-. En verdad es algo complejo, no quiero hablarlo.
- De acuerdo -sonríe, mira al reloj y hace un mohín-. Pero aún tenemos cuatro minutos y medio, así que, siguiendo el protocolo y viendo que ya tienes quince años, ¿alguna pregunta especial que quieras hacerme sobre tu cuerpo?
Yo río, por lo improvisada de su pregunta.
- No tiene que preocuparse de eso, mamá ya me dio la "charla".
Tía Sakura sonríe al oír esas palabras. Una sonrisa divertida, que me deja ver a la mejor amiga de mi madre, la que de seguro conoce muchas historias vergonzosas de ella.
- ¿Tu madre? ¿Y sin desmayarse?
Yo sonrió también, solo de recordarlo.
Suena divertido, ¿verdad?, mi tímida madre hablándome sobre sexo. Pero es solo que como mamá lo sabe todo -o bueno, casi todo-, y como papá estaba demasiado ocupado trabajando como para hablarme a mí sobre los cambios de mi cuerpo, ella tuvo que tomar la importante misión de informarme todo al respecto.
Estoy seguro de que saben que no hay nada más vergonzoso que tu propia madre hablándote de sexo, sobre todo cuando ella suele avergonzarse hasta por las cosas más tontas. No le importó que yo no tuviese novia o que le dijese que aún no me gustaba ninguna chica -una mentira, claro, pero no le iba a hablar de mis sentimientos secretos por mi hermana, ¿verdad? -, como sea, mamá quería tenerme informado de todas maneras. Solo por eso creí poder resistir aquella vergonzosa tarde.
Solo lo tendrás que oír una vez en tu vida -recuerdo haber pensado, mientras mamá me daba aquella charla. E incluso acepto que me pareció gracioso en un par de momentos, verla tan avergonzada… hasta que comenzó a hablarme sobre los sueños húmedos, las erecciones y la masturbación.
Oh, fue horrible. En ese instante simplemente quería que la tierra me tragara.
Sin embargo, cada vez que lo recuerdo, se me aparece una sonrisa en el rostro. Porque dejando de lado lo absolutamente humillante que aquello resultó para ambos, pude ver lo mucho que mamá se esforzó por mí, por compensar la falta de papá en casa.
Tengo una buena madre, ¿verdad?
De hecho, agradezco que hubiese sido ella quién hubiera querido darme aquella torpe charla. No sé si habría sido igual de divertido con papá.
Y es que realmente confío en mamá. Al menos con las cosas que puedo confiarle, mis problemas cotidianos. Porque sé lo mucho que se preocupa por mí, lo mucho que me cuida y quiere ayudarme.
Por eso, también, estoy tan seguro de que mamá no sabe nada de la escuela militar.
Porque ella jamás pensaría en enviarme lejos de casa. Ella se opondría sin pensarlo.
Entonces, sabiendo eso, mi respuesta más lógica es decirle a mamá lo que descubrí, ¿cierto?, de esa forma ella estará de mi lado.
Mamá me defenderá, aunque eso signifique tener que pelear con papá y…
Ah demonios.
Con solo pensar en aquello último -en la idea de mis padres peleando-, contarle a mamá ha dejado de ser una idea.
Con eso, acabo de volver al principio. Con mi padre queriendo enviarme a una academia militar y sin tener a nadie que me ayude a enfrentar este problema, porque no confío en ninguna otra persona lo suficiente como para explicarle lo que me sucede.
O bueno, eso no es cierto. De hecho, si hay una persona, una adulta, en la que puedo confiar. Una adulta que, de hecho, podría ayudarme.
- ¿Puedo…? ¿Puedo hacerle una pregunta, tía Sakura?
Ella sonríe entonces. Sin dudarlo, me asiente.
- Lo que sea.
Resoplo.
¿Por dónde empezar?
Tal vez por el principio, ¿verdad?
- Sarada dijo algo, el otro día… -comienzo. Tengo que repetirme que puedo confiar en tía Sakura antes de poder continuar-. Algo sobre mí.
- ¿Qué cosa?
Trago. Inspiro.
Quiero vomitarlo todo, pero necesito hacerlo bien. De otra forma, tal vez piense que me lo estoy inventando todo.
- Que escuchó al tío Sasuke, hablar con mi padre… sobre mí, sobre… enviarme a una academia militar, en Estados Unidos.
Ella abre sus ojos, más que sorprendida.
No sé qué esperaba escuchar, pero de seguro no era esto.
- ¿Sarada te lo dijo? -pregunta. Yo asiento, mirándola a los ojos. Ella frunce sus labios entonces-. Esa niña… -murmura, negando con su cabeza-. Incluso para ser una broma, es ir demasiado lejos.
- Yo también pensé que era una broma, así que se lo pregunté a papá -ella guarda silencio, solo mirándome. Yo tragó aire, intentando ser claro-. Él lo negó, dijo que jamás lo había pensado, y yo quisiera saber, ya que usted conoce a papá desde siempre, ¿cree que él realmente podría…?
- ¿Sea capaz de enviarte a una escuela militar? -yo asiento. Ella debe estar viendo mi miedo, porque inmediatamente me sonríe, apoyando su mano en mi hombro-. Claro que no, tu padre jamás pensaría en…
- Encontré el folleto de la escuela ayer, en la oficina de papá.
Ella guarda silencio de golpe.
Parece sorprendida y, de inmediato, puedo ver el dolor en su mirada. La mirada de alguien que acaba sufrir una gran decepción.
Finalmente, tía Sakura suspira.
- Ya veo -dice. Me observa con preocupación, mientras se cruza de brazos-. Eso fue lo que sucedió ayer, por eso huiste de casa.
- Mamá no lo sabe, o al menos eso creo. Me preocupa que papá la convenza de…
- No. Es imposible -ella niega con su cabeza, no me deja terminar-. Tu madre te ama con todo su ser, jamás te enviaría lejos. Le da hasta pánico dejarte ir a los paseos escolares. Hinata jamás pensaría en una posibilidad así.
- Dijo lo mismo de mi padre hace cinco segundos -no quiero sonar como un cretino, la frase simplemente se me escapa. Luego de eso, ambos guardamos silencio.
Tía Sakura no me responde, incluso aparta su mirada por un instante.
- Cielos -suspira de nuevo-, ¿por qué tu padre no es capaz de dejar de cometer estupideces? Estúpido Naruto -hace un mohín nuevamente, y finalmente arroja un quejido-. Boruto, escúchame bien. Tu padre es un hombre muy impulsivo, es cierto, pero cuando se trata de decisiones importantes y de ustedes, su familia, no se rinde jamás.
- Yo no estaría tan seguro de eso -ella frunce sus labios un instante, pero luego de algunos segundos, me sonríe.
- Todo estará bien, me aseguraré de eso -me promete.
Yo asiento, porque no hay otra cosa que pueda hacer. Solo soy un adolescente en problemas.
Tía Sakura, en cambio, es la mejor amiga de papá, así que tal vez ella pueda hacer algo para conseguir que cambie de idea.
Así que, esto es lo único que me queda por intentar.
Confiar.
Al salir de la consulta, mamá me espera junto a Himawari. Tras despedirse de tía Sakura con un ademán de manos ambas se dirigen a la salida, sin dirigirme palabra alguna.
Eso duele. Pero no es como si esperara algo más de ellas.
Tía Sakura se despide de mí entonces, y luego me promete nuevamente que las cosas estarán bien.
Me alejo para perseguir a mamá y mi hermana, y ya en la puerta me aseguro de girar a verla una última vez.
La descubro entonces, observándome con preocupación, y no puedo evitar preguntarme si acaso he hecho lo correcto al decirle lo de mi padre, si acaso la decisión que he tomado hoy no habrá sido estúpida y arriesgada. Pero cuando tía Sakura me descubre mirándola, me sonríe.
Es una sonrisa amable, casi como las que hace mamá.
Lo sé entonces. Sé que confío en ella.
Y, con aquel pensamiento, el peso sobre mis hombros desaparece un poco.
…
Cuando salimos del hospital, mamá nos acompaña hasta la escuela.
Todavía queda medio día de clases, así que va a dejarnos. Ella entra en la oficina de la directora y nos deja solos un momento, en el pasillo.
Y, entonces, mi hermana me habla por fin.
- Hermano, ¿por qué peleaste con papá ayer?
Su pregunta me toma por sorpresa. Principalmente, porque ella jamás suele preguntar ese tipo de cosas.
En casa no nos gusta que Himawari sepa de las peleas, por lo que buscamos dejarla al margen. Siempre ha sido así.
Supongo que a veces olvidamos que, aunque siga actuando como tal, mi hermana ya no es una niña. Y, como yo, ella también es capaz de distinguir cuando hay un problema en casa.
- No pelee con papá-ttebasa -miento, sin embargo, todo lo que consigo es que ella me observe por más tiempo.
- Dímelo -pide, con voz amable y suave, al igual que mamá. Yo tengo que negar con mi cabeza-. Por favor. Sé que pelearon, no tienes que mentir para…
- Dije que no fue eso -insisto. Su expresión cambia, ahora me mira con un ligero mohín.
- Se lo preguntaré a mamá entonces -decide, antes de girar la cabeza y mirar hacia el pasillo. Yo niego con la mía, pero ella no me ve.
Suspiro. Es una mala idea seguir presionando las cosas en casa, ¿verdad?
- No hagas eso, Himawari -ella no responde, me ignora con decisión-. Vamos, no te comportes como una niña -insisto-, mírame, Himawari. Himawari -nada, ella pasa de mí como tantas veces yo lo hago de ella. ¿Ven lo parecidos que realmente somos?, ¿o esto es solo un castigo de su parte? -. Tonto girasol -lo intento, pero ella finge no oírme. Cansado, decido probar una última cosa-. Mírame, por favor, Hima.
Ella voltea por fin.
Sus ojos azules están sobre mí.
- ¿Sí, hermano?
- No te metas, es en serio -insisto. Ella aparta su mirada entonces, yo reconozco el gesto de tristeza que de pronto invade su rostro. Baja su mirada y mira sus zapatos-. En verdad no es nada grave, yo… yo me molesté por otra cosa, y me fui de casa. Pero papá no hizo nada…
- Yo me preocupe -ella habla, me interrumpe-, cuando saliste corriendo, me preocupe…
La presión en mi pecho aumenta, al oírla decir aquello.
La imagen de su rostro, con sus ojos rojos por el llanto, vuelve a golpearme.
- Lo siento -ella asiente.
- Papá salió corriendo tras de ti -ella continúa hablando, con la vista aún en sus zapatos-, pero cuando volvió y dijo que no había podido encontrarte… mamá tuvo que llamar a la policía. Ellos estaban muy asustados.
- Yo… no volveré a hacer algo así, yo… eso fue…
- Si tienes un problema, puedes decírmelo -sus palabras, como un susurro, me sorprenden-. Yo te apoyaré, hermano.
Cuando consigo reaccionar ella está mirándome fijamente, directo a los ojos, esperando una respuesta.
Al final asiento y aparto mi mirada. Aunque estoy mintiendo, porque sé que no puedo decírselo.
No es que no confíe en mi hermana. Más bien es que no puedo permitirme hacerlo.
¿Qué le diré? ¿Qué el padre al que ella tanto adora quiere enviar a su hermano mayor a otro país?
Al igual que si se le contara a mamá… eso no provocaría nada bueno en casa. Solo problemas y horribles peleas.
¿En qué me ayudaría? ¿En que la ayudaría a ella?
Quiero mantener a mi hermana alejada de todo este lío. Y supongo, también, que no quiero que piense las mismas cosas horribles de mí que piensa papá.
No quiero que Hima se entere del enorme desastre que soy, ni de lo enfermo que estoy.
Es mi secreto.
Con ese último pensamiento, me remuevo en mi asiento, aburrido, cuando algo suena en el bolsillo de mi pantalón. Solo entonces recuerdo la paleta de manzana, que he guardado todo este tiempo.
La saco con cuidado y le quito el envoltorio. Es tan ruidoso que mi hermana gira a verme automáticamente, solo para clavar su mirada en mi paleta con cierto resentimiento, como si odiase el no tener una propia.
Cielos, ella es tan obvia cuando desea algo. Igual que una niña pequeña.
- Ten-ttebasa.
Ella sonríe en cuanto se la extiendo, ni siquiera duda antes de tomarla. Me mira fijamente, entusiasmada.
Y mi corazón se acelera, como siempre.
- Muchas gracias, hermano.
Supongo que acabo de conseguir su perdón.
Descubro entonces lo bien que se siente bien. Es un sentimiento… muy cálido, justo en mi pecho.
- De nada -respondo, y me veo forzado a apartar mi mirada, al recordar que no debo mirarla demasiado.
Lo siento, pero últimamente he roto mis reglas demasiado. El problema es que, incluso sabiéndolo, hay una parte de mí a la que no le importa en lo absoluto.
La misma parte que disfruta ver cómo me sonríe.
La parte que agradece cada pequeño instante con ella.
Y la que desearía que, para empezar, no existan reglas.
CONTINUARÁ…
