¡Sé que tardé demasiado, me siento horrible! (no he podido darme el tiempo de escribir adecuadamente)

En mi país son las 01:00 am, debería estar dormida hace horas ajaja, no alcanzo a contestar los últimos mensajes, pero espero que sigan sin aburrirse! A los recién llegados, informo, está historia será larga (y dramática), ¡lo siento mucho!

Ahora sí, si gustan, pueden leer.


XIV

Proteger el amor

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Predecir las consecuencias de tus actos es, en cierta medida, imposible.

Lo creo porque, en primer lugar, tomar decisiones ya de por sí es difícil -especialmente aquellas que implican a otras personas-; y, en segundo lugar, porque nunca sabes lo que podrían hacer esas otras personas y la forma en que tu decisión podría cambiar las cosas.

Al final, una elección que hagas puede terminar escapando de tus manos y pasar de ser una pequeña bola de nieve para convertirse en una enorme avalancha que destruye todo a su paso.

Y les digo esto porque, gracias a las decisiones que he tomado estos últimos días, mis padres están peleando justo ahora.

- ¿Por qué Sakura-chan me mentiría con algo así?

- No lo sé, Hinata, ni siquiera sé de qué está hablando-ttebayo.

- Sabes bien a qué me refiero, Naruto-kun. ¿Es cierto lo que dijo sobre Boruto?

Debo confesarles que esto no era lo que esperaba.

Cuando tía Sakura dijo que todo estaría bien, creía que se refería a que ella solucionaría las cosas hablando con papá. Ya que es una gran amiga de la familia, y conoce a mi padre desde que era un niño, asumí que sería la única persona que podría convencerlo de no enviarme lejos de casa… pero realmente no esperaba que fuera a decírselo a mamá directamente.

Me avergüenza confesar que no me siento culpable por haber producido la pelea.

La verdad es que… estoy secretamente aliviado.

Por primera vez desde que me enteré de la escuela militar me siento un poco más tranquilo, especialmente con lo enfadada que escucho a mamá. Y eso es porque, sin importar qué, sé que ella me defenderá.

Por fin estoy a salvo.

- Tal vez Sakura entendió mal lo que sea que Boruto le haya dicho.

- Sakura-chan jamás me habría comentado algo así de no estar segura.

- Entonces tal vez Boruto lo inventó-ttebayo, tal vez lo hizo para…

- Naruto-kun -mamá le llama entonces, interrumpiéndolo. Su voz es mucho más dura que en cualquier ocasión que pueda recordar-. Quiero que me mires a los ojos y me digas que jamás has pensado en esa idea.

Pasan segundos de silencio entonces. Yo cuento cada uno usando los latidos de mi corazón.

- El idiota de Sasuke no deja de mencionarlo cada vez que nos vemos, el folleto me lo dio él y yo lo acepté para que me dejará en paz. Y… prometí que lo pensaría.

- ¡Naruto-kun!

- No es tan malo, Hinata, déjame mostrarte como…

- ¡No quiero…! -mamá hace una pausa, de un segundo, como si se arrepintiera de decir lo que tenía en mente-. No quiero oír de ese lugar -susurra finalmente, bajando el volumen de su voz. Probablemente se está esforzando para no despertarnos a Hima o a mí.

Tiene sentido, porque no sería algo bueno que mi hermana o yo los escucháramos pelear. Solo añadiría más preocupaciones.

El problema es que yo sí estoy despierto. Aunque, para empezar, ni siquiera debería estar aquí en primer lugar.

Casi amanece. Pero en vez de estar durmiendo en mi cama como se supone debería hacer, me encuentro levantado, escuchándolos pelear.

Definitivamente una mala noche para haber tomado tantos vasos de agua.

Y ahora… tengo que escuchar las consecuencias de mi decisión.

- Hinata…

- Boruto no es un problema que resolver -mamá habla con claridad. Puedo escuchar la firmeza en su voz y me emociona oírla. Que mamá piense así de mí, es realmente grato-. Boruto es nuestro hijo. Sus problemas son nuestros problemas.

Dentro solo hay silencio.

Fuera, en el pasillo, el sonido del reloj en la pared me acompaña.

- Hinata, tú sabes que crecí solo -papá habla, cansado. Su voz es una exhalación. Es raro escuchar ese tono en su voz-, sabes lo difícil que fue para mí atreverme a formar una familia, sabes que no sé cómo manejar este tipo de… conflictos.

- Sabíamos que no sería fácil -la voz de mamá se relaja, al igual que la de papá. Tengo que esforzarme por escucharla mejor. Me pregunto si la pelea habrá terminado ya-, pero estamos juntos en esto. Se supone que debemos acompañarnos en la crianza de Boruto e Himawari. Si tienes miedo o dudas entonces consúltame, pero no busques una solución tan… drástica, mucho menos sin preguntarme antes.

- Pero no sé… no sé cómo tratar con él -habla. Puedo sentir la frustración en su voz. Es raro saber que está hablando de mí justo ahora. No sé cómo sentirme-. Él no era de esa forma-dattebayo. Era un poco travieso de niño, es cierto, pero de un momento a otro se ha vuelto mucho peor. Tú lo sabes mejor que nadie, Hinata, sus notas han descendido, siempre lo están castigando en la escuela. Incluso se ha portado de forma muy agresiva con Himawari. Y, además, están esos golpes en su rostro que…

-Boruto solo necesita que lo entendamos, Naruto-kun -la voz de mamá vuelve a ser tranquila. Incluso puedo sentir la preocupación en su voz-. La solución no es enviarlo lejos. No te preocupes, hallarás la forma de mejorar la relación entre ambos.

- ¿Cómo lo haces tú?

- Le doy el espacio que necesita, no lo fuerzo. Me encantaría que nuestro hijo nos hablara de lo que siente, pero si no puede confiar en nosotros no es su culpa, es nuestra.

- ¿Y qué propones entonces?

- Definitivamente no enviarlo en una escuela en otro país. ¿Qué crees que le dice eso de nosotros? ¿Crees que se sentirá en confianza? Puede que esté pasando por un momento difícil, no lo sabemos.

- En verdad no es tan mala -él habla, relajando su tono. Yo no sé si se trata de una broma o no-. Es la misma escuela dónde Sasuke asistió, dijo que le hizo muy bien y que puede recomendar a Boruto para que lo acepten. Además, tienen piscinas y torneos internacionales que…

- No se trata de eso, se trata de…

Suspiro y me muevo, cansado.

Ya no quiero seguir escuchando. Además, no tiene sentido hacerlo. Ahora sé que papá no me enviará a esa escuela, no mientras mamá se oponga.

Se los dije, ¿no?

Estoy a salvo. Nada más debería importarme.

Ellos resolverán su pelea pronto.

O eso pienso, pero cuando bajo a desayunar, una hora después, puedo sentir con claridad el ambiente tenso entre mis padres.

Hoy no hay risas, ni sonrisas, ni coqueteos. De hecho… el silencio entre ambos es horrible.

La pelea no terminó en cuanto me fui, de hecho, probablemente continuó. Y, como siempre hacen los adultos cuando hay problemas y no quieren que lo sepas, fingen que nada malo sucede, fingen que todo está bien.

Así que no hay gritos ni insultos… pero tampoco palabras cariñosas.

Solo silencio e indiferencia entre ambos.

En medio de este pesado ambiente me sirvo el desayuno con rapidez. Pienso en que mientras más pronto coma, más pronto podré irme.

Pronto descubro que no soy el único con esa idea en mente. De hecho, papá parece pensar lo mismo, porque en cuanto se levanta de la mesa y recoge su maletín, se dirige a la puerta en silencio y veloz.

- ¿No habrá un beso? -Himawari habla. Su voz decepcionada me sorprende.

Cuando la miro, la descubro observando a papá con cierto anhelo en la mirada, como si esperara que él diera media vuelta y corriera para besar a mamá. Pero no lo hace, en vez de eso él solo se marcha sin decir nada más.

Mamá recoge los platos de la mesa, sin explicar nada ni inventar una excusa.

La pregunta de mi hermana, que solo ha ayudado a hacer más evidente lo que ya era obvio, queda en el aire, colgada.

Himawari me mira entonces, silenciosa. Sus ojos azules están justo sobre mí, suplicándome el silencio que diga o haga algo, cualquier cosa. Pero yo no sé qué decirle para hacerla sentir mejor.

"Los padres pelean, Hima, es normal"

Sí, normal, ¿pero cuantos lo hacen a causa de su problemático hijo mayor?

Pensar en eso me asfixia. Pronto, volver a la rutina se convierte en la única opción que me queda, así que la tomo con desesperación.

- Voy a la escuela -me levanto de la mesa. Mi hermana me mira y, de inmediato, se levanta tras de mí. Ha decidido imitarme, ha decidido fingir que nada malo sucede mientras nuestros padres solucionan su pelea.

Eso está bien, ¿verdad?

- Boruto, un segundo -la voz de mamá me detiene. El corazón se me acelera. ¿Sabrá acaso que he escuchado su pelea? -. Hima, adelántate, tengo que hablar con tu hermano.

Mi hermana me mira un instante otra vez, como si no deseara marcharse. Mamá repite su nombre, insistiendo en que se adelante, y finalmente ella asiente. Sale de la casa lentamente, cabizbaja y en silencio.

No puedo imaginarme la expresión que debe estar llevando.

- Boruto -mamá me llama nuevamente. Su voz es más suave que nunca, como si ya no estuviese enfadada conmigo por lo que ha sucedido.

Cuando giro a verla, no puedo distinguir la expresión de su rostro.

- Mamá, yo…

Ella me abraza, de un instante a otro, y a continuación me rodea con sus brazos, tan fuerte que llega a doler.

- Lo siento -habla, y yo guardo silencio. Me doy cuenta de lo mucho que he extrañado uno de sus abrazos-. No quise ser tan dura contigo estos días.

- No, yo… -me remuevo y, como si entendiera lo incomodo que estoy, me suelta. Sin embargo, no me deja ir. Puedo ver la tristeza dibujada en su rostro y, recuerdo por fin, que hay algo por lo que desesperadamente he deseado disculparme todo este tiempo-. Yo lo siento, mamá, no quise irme de esa forma… lamento que hayas tenido que llamar a la policía.

Ella niega con su cabeza, incluso antes de que yo pueda terminar de hablar.

- Ahora sé lo que sucedió -puedo oír la preocupación en su voz. Me mira fijamente-. Boruto, ¿por qué no me dijiste lo de tu padre?

El sentimiento que aparece en mi estómago es desagradable.

- Tía Sakura no debía contarte.

- No, no debió ser ella -afirma. Me mira a los ojos, herida-. Debiste ser tú, desde el primer momento.

- No estaba seguro de que fuera verdad. Por eso no quise decir nada.

Ella asiente, con mirada comprensiva.

Cielos. De verdad extrañé esa mirada. Después de todo, tal vez lo más duro de las últimas semanas ha sido la indiferencia con la que mamá me ha castigado. Que eso desaparezca es ciertamente un alivio.

De un segundo a otro, la veo meter la mano en su bolsillo y sacar algo que no duda en entregarme.

- Ten -mi celular, que no he visto en meses, vuelve a estar en mis manos-. También reconecté el internet y tus videojuegos están en tu cuarto. Puedes salir con tus amigos de nuevo -me anima con una sonrisa, para luego, finalmente, añadir-. Y hoy cocinaré tu platillo preferido, ¿de acuerdo?

Yo no sé qué responder.

Para empezar, ¿qué se supone que debo decir ante eso?

¿Se trata acaso una recompensa? ¿Por qué?, si todo lo que he hecho ha sido que ambos peleen.

- ¿Qué pasará con lo de la escuela? -con mi pregunta, mamá vuelve a mirarme con seriedad.

- No pasará nada, porque no irás a esa escuela.

Por extraño que les parezca, sus palabras no me hacen sentir tan aliviado como antes.

No lo entiendo, ¿por qué no me siento conforme? ¿Por qué no me siento tan tranquilo como cuando la escuché en la mañana?

¿Qué es esta horrible sensación en la boca de mi estómago?

- Mamá… ¿papá y tú seguirán peleados?

Ella suspira ante mi pregunta. Puedo ver la tristeza en sus ojos regresar con fuerza.

Todos los padres pelean, ¿cierto?

- Sé que tu padre siempre ha sido impulsivo, pero esto es… -guarda silencio, como si no quisiera decir lo que tiene en mente. Finalmente, niega con su cabeza-. Estarás bien, Boruto, preocúpate por divertirte. Yo me encargaré de todo.

Tras decirme aquello, mamá se coloca de pie y me empuja hacia la salida, acompañándome.

Como no sé qué decir, no respondo en lo absoluto.

Solo me marchó, como he dicho que haré hace cinco minutos.

Y, para mi sorpresa, mi hermana me espera en la entrada, silenciosa. Mamá nos despide a ambos, y vuelve a repetirme que cocinará hamburguesas para la cena. Pero por primera vez la idea no me entusiasma, ni me permite olvidar aquella sensación desagradable en mi estómago.

Al final decido marcharme, porque de otra forma llegaré tarde a la escuela.

Porque de otra forma no estaré siguiendo mi rutina. Pero, a diferencia de lo que sucede cada día, hoy Hima no se cuelga de mi brazo, ni yo intento dejarla atrás.

Hoy caminamos en silencio hacia la escuela, juntos.

Antes de perdernos en la esquina, giro a ver a casa una última vez. Descubro entonces a mamá, quién sigue de pie en la entrada, mirándonos con tristeza.

La tristeza de la que soy causante.

Pensar en que soy el responsable es suficiente para que pase distraído el resto del día en la escuela. No presto atención en clases, no escucho a mis amigos y, antes de poder notarlo, estoy siendo regañado por mi maestro.

No es como que necesite una excusa para no prestar atención, pero esta vez es diferente.

No puedo dejar de sentir que he tomado una mala decisión.

Sé con seguridad que tía Sakura no deseaba provocar problemas, probablemente decidió contarle a mamá pensando en que esa sería la forma más adecuada de solucionar las cosas… pero, a causa de eso, mis padres han peleado.

No pienso en que sea grave, sé que todas las parejas pelean. Sin embargo, mamá y papá tienden a solucionar sus problemas en el mismo día. No suelen enojarse el uno con el otro por tanto tiempo, ni mucho menos a ignorarse en nuestra presencia.

Sin exagerar, esta es tal vez la pelea más larga que han tenido.

Sé que tal vez me preocupo en exceso, que no es mi problema, pero… tía Hanabi me dijo una vez que el amor de una pareja es diferente al amor de una familia. Dos personas que se aman deben cultivar y cuidar juntas ese sentimiento, e incluso así no hay garantías de mantenerlo por siempre.

Porque el amor es algo muy complicado, ¿cierto?

Entonces, ¿estas peleas serían suficiente para arruinar el amor de mamá y papá?

No lo imagino, pero sé por mi propia experiencia lo mucho que una simple pelea puede destruir una relación. Con Sarada fue de esa forma, ¿recuerdan?

¿Puede que con mis padres suceda de la misma manera?

- Boruto, ¿sucede algo?

Me toma un par de segundos pestañear. Me doy cuenta de que he estado mirando al mismo lugar por mucho tiempo.

Cuando levanto la cabeza, me doy cuenta de que Mitsuki espera mi respuesta. Me mira con preocupación.

Rápidamente niego con mi cabeza. Ni siquiera sé cómo comenzar a explicar el desastre en mi mente.

- Nada, estoy bien -miento. Algo muy obvio, en verdad.

Él se da cuenta de eso rápidamente, porque frunce sus labios como cuando desea decir algo y no está seguro de si debe o no hacerlo.

- Sé qué harás lo correcto para resolverlo -murmura, casi como si fuese una promesa. Finalmente me sonríe y vuelve a su libro.

Resoplo, pero no respondo.

Estúpido Mitsuki con sus palabras complicadas y sus frases misteriosas.

¿Hacer lo correcto? ¿Por qué debería ser yo quién haga lo correcto?

Después de todo no he hecho nada malo.

Para empezar, todo este embrollo no es culpa mía, es culpa de mi estúpido padre. La pelea era cuestión de tiempo.

Mamá está enojada con él. E incluso si estuviera dispuesto a mentir por salvarlo, no puedo simplemente decir que todo se trató de una mentira que inventé, porque papá ya le ha confesado a mamá que sí estaba pensando en enviarme lejos de casa.

Así que no es mi problema.

Sé que no lo es.

Sin embargo, el solo pensar en el gesto de tristeza de mamá y en el silencio distante de papá es suficiente para que la culpa me invada. Porque sin importar cuanto lo niegue, en el fondo me siento responsable de todo esto. Así como de la mirada suplicante de mi hermana esta mañana, de su caminar lento y de la ausencia de su sonrisa.

No debería ser así, sin embargo, me siento horriblemente culpable.

Aliviado. Decepcionado. Culpable. Enojado.

¡Es tan odioso ser un adolescente!

Cuando abro la puerta, al final del día, me encuentro de frente con papá.

Como no nos hemos visto en dos días completos -desde que, en este mismo recibidor, hemos peleado y yo he salido de casa corriendo-, topármelo de frente en este segundo es inesperado e incómodo.

De hecho, en cuanto me ve papá se muestra sorprendido de verme. Y yo sé, con exactitud, que debo estar poniendo exactamente la misma expresión que él en este segundo. Después de todo, somos padre e hijo.

Incluso si él pensó en enviarme a otro país.

El remolino de sentimientos que trato de controlar regresa rápidamente. Por eso, antes de que él pueda decir algo, yo decido ignorarlo.

Paso a su lado sin decir nada, tengo que irme.

En estos momentos mis amigos me esperan.

- ¿A dónde irás-ttebayo? -la pregunta de papá me detiene. Lo habla con seriedad.

- Mamá me dejo salir con Mitsuki.

- Pensé que estabas castigado.

- Estaba. Tú lo dijiste-ttebasa.

No agrega nada más. Pero me mira como si quisiera decirme algo y estuviera decidiendo si hablar o no.

¿Acaso pretende disculparse por lo hecho? ¿O solo está furioso porque le he contado a tía Sakura y ahora mamá sabe la verdad?

Espero alguna respuesta de su parte, aunque sé que no debería hacerlo. Debería irme. Olvidar todo esto, salir con mis amigos e intentar retomar mi rutina normal. Tal y como me dijo mamá que hiciera.

Después de todo, ya estoy a salvo. Mamá prometió que yo no iría a esa escuela. Lo que suceda de ahora en adelante deja de ser mi problema.

¿Cierto?

Su pelea no es mi culpa. No debería serlo.

- Boruto, nosotros tenemos que hablar.

- No quiero hablar contigo -replico. Me muevo para irme, cuando lo siento sujetar mi brazo-. Suéltame.

- Boruto, solo será un segundo.

- Dije que me sueltes-ttebasa -alzo mi voz sin quererlo. Papá me sostiene con mayor fuerza, me mira fijamente y abre su boca… pero al final de todo me suelta, como le he exigido.

Yo lo enfrento, pero muerdo mi lengua para no soltar todo lo que estoy pensando.

Estúpido padre.

- Boruto, ¿sucede algo?

Aquella voz nos sorprende a ambos. Volteamos hacia el pasillo, en dónde mamá acaba de aparecer, secando sus manos con el delantal de cocina. Al vernos, ella camina a nosotros, sin apartar la mirada de papá en ningún momento.

Lo mira con seriedad, casi enfadada, como si estuviese desafiándolo, como si se estuviera preparando para pelear en mi lugar…

Otra pelea más, con papá.

Por mi culpa.

Pienso en que no debería ser mi asunto, porque hace mucho que la bola de nieve ha escapado de mis manos. Pienso en las palabras de mamá.

"Preocúpate por divertirte".

Y pienso, un instante, en que quiero hacerlo. Olvidar el problema, dejar que ella lo resuelva. Sin embargo… tarde o temprano tengo que aceptar que este sigue siendo mi problema, ¿cierto?

Las peleas entre mis padres no es algo de lo que pueda alejarme, menos si son a causa de mí. Y mucho menos si lastiman a mi hermana.

Ella merece que cada día mamá y papá se den un beso de despedida antes del trabajo, para ir con una sonrisa a la escuela.

Eso es por lo que debe velar un buen hermano mayor.

- De hecho, sí sucede -antes de pensarlo con cuidado, estoy respondiendo. En verdad ni siquiera sé lo que quiero decir, pero ya he comenzado a hablar.

No hay marcha atrás.

Mamá se muestra sorprendida por mi respuesta, pero asiente con firmeza. Papá, por el contrario, se muestra adolorido.

- Boruto… -puedo oír la preocupación en su voz. Debe estarlo, después de todo una sola palabra de mi parte puede provocar una nueva pelea con mamá.

Entonces, lo correcto es evitarlo.

- Pasa que… papá y tú irán a cenar mañana, por la noche -contesto. Ambos me ven con sorpresa. Mamá no tarda en reemplazar su gesto serio por uno de desconcierto total.

- ¿Eh? ¿Cenar? -pregunta, sin creerlo. Papá también luce sorprendido.

- ¿Mañana?

- Sí -la idea acaba de ocurrírseme, pero a medida que los segundos pasan toma mayor fuerza y, de hecho, tiene sentido-. En un restaurante, en el centro. Papá puede llamar y pedir una reservación, ¿cierto?

- Eso es…

Ambos se miran con sorpresa, como si no hubiesen esperado mi respuesta. Sin pensarlo pateo la pierna de papá, esperando que mamá no se dé cuenta.

Él no tarda en tomar la iniciativa.

- Oh, podemos… podemos hacer eso… -la mira, expectante-. Puedo llamar y pedir una reservación. Sería buena idea, hace mucho que no cenamos.

Veo el conflicto en los ojos de mamá, probablemente dudando de si aceptar o no la invitación de papá. Sin embargo, yo sé que la aceptará.

Porque mamá odia pelear con papá. Ella está realmente muy enamorada de él.

- Bueno, sí… podemos… podemos intentarlo -sonríe un poco. Luce realmente feliz y, de inmediato, se muestra preocupada-. ¿Pero qué cosa voy a ponerme?

- Pues el vestido nuevo-ttebasa -respondo yo. Papá sonríe, pero mamá no. De hecho, pronto abandona cualquier rastro de alegría en su rostro.

- No podemos salir a cenar, Naruto-kun -murmura. Puedo oír la decepción en su voz. Él la mira de igual manera-. Boruto dormirá mañana en casa de los Nara. Himawari no puede quedarse sola tanto tiempo. Y no quiero molestar a Hanabi tampoco, está ocupada con sus estudios.

- Oh -papá se escucha decepcionado, sin embargo, pronto niega con su cabeza y sonríe nuevamente-, bueno, podríamos hacer algo divertido con Himawari, como mirar una película infantil o…

- No es necesario, yo me quedaré en casa.

Un segundo.

¿Qué acabo de decir?

- ¿Tú? -mamá y papá hacen la pregunta al mismo tiempo. No parecen creerlo.

Y bueno, yo tampoco lo creo y, sin embargo, lo he dicho. Y tras eso ya no puedo echarme atrás, ¿verdad?

Cielos, ¿acaso soy igual de estúpido que mi padre?

- Pero ¿acaso no ibas a ir a dormir en casa de los Nara? -mamá me pregunta, yo niego con mi cabeza.

Adiós a mis planes de fin de semana.

- La cuidaré -vuelvo a prometer. Mamá duda de mis palabras, me mira fijamente. Y si papá piensa algo al respecto, guarda silencio.

- ¿De verdad?

- Nada de videojuegos, ni de dejarla sola -le aseguro, mirándola a los ojos-, estaré con ella, todo el tiempo. Así que pueden ir a cenar, juntos.

Ambos me miran, como si evaluaran la seriedad de mi promesa.

Finalmente, sonríen.

- Tendremos una cita, Hinata -asegura papá. Mamá se sonroja con velocidad, sin embargo, la sonrisa no se va de su rostro.

Está feliz. De hecho, ambos lo están.

Como si una burbuja hubiese reventado, aquella horrible tensión entre ambos ha desaparecido totalmente.

Y el alivio finalmente regresa, aunque solo por algunos segundos. Porque gracias a mí y a mi brillante improvisación, mis padres tendrán una cita nuevamente… y yo seré el niñero de mi hermana menor durante la noche.

Ah, demonios, ¿en qué acabo de meterme?

La simple idea es suficiente para sentirme nervioso, pero no hay forma en escapar de esta ocasión, porque no solo he prometido cuidarla, sino que he prometido acompañarla por lo menos hasta la hora de dormir.

Lo sé. Estoy rompiendo mis reglas. Estoy arriesgándome mucho más de lo que jamás he hecho… pero ¿saben?, sería mucho peor si no coloco esfuerzo alguno de mi parte en ayudar a mis padres a cuidar el amor que se tienen.

Sería un mal hermano y un mal hijo. Y estaría olvidando mi único deber.

Después de todo, soy el responsable de proteger a mi familia.

Aunque a veces, solo a veces, una parte de mí se pregunta qué sucedería si simplemente olvidara preocuparme de aquella pequeña bola de nieve en mis manos y la dejara caer sin importarme su destino.

¿Podría realmente convertirse en una avalancha que destruya todo a su paso?

CONTINUARÁ…