Nuevo capitulo!

Gabe Logan: Gracias por leer y comentarme. Hace mucho que no oía de eromanga sensei, y recuerdo que en algún momento quise verla (cuando me atrajeron mucho las historias con incesto), pero no tuve el tiempo, veré si ahora puedo. Estaba recordando cuando leía también tus historias, y lo mucho que te diferenciabas de otros autores (ajaja, contigo las restricciones de edad iban en serio), es un sentimiento nostálgico.

Parallax-Jordan: Gracias por tu comentario! Que bueno que el detalle del cuanto te gustara, realmente dudé de si añadirlo o no en su momento, pero estaba tan enferma cuando lo escribí que borré y coloqué varias veces la escena, y al final me decidí a dejarla ajaja.

secretlistener: Boruto es el mejor hermano, yo también espero que algún día pueda besarla :'(


XVI

Debilidad

.

Hoy, me encuentro en medio de una misión diplomática.

Digo diplomática, porque requiere de toda mi habilidad de negociación, en vista de que involucra a Sarada.

Sí, a Sarada. La misma chica que alguna vez fue mi mejor amiga, la misma que ahora solo se dedica a burlarse de mí en la escuela y, sobre todo, la misma que decidió advertirme sobre la escuela militar en primer lugar. Esa Sarada. A la que no consigo entender por mucho que me esfuerzo.

De hecho, en este mismo momento me encuentro justo afuera de su casa. Y aunque se supone que debería tocar el timbre para que me abra la puerta, todavía continúo de pie en la entrada.

Sucede que realmente no quiero lidiar con ella. La mera idea resulta agotadora, pero no tengo opciones. No puedo arrepentirme, dar media vuelta y marcharme, porque mientras les hago esta innecesaria introducción de mi día, Hima se encuentra enferma en casa.

Y, como clara señal de mi mala suerte, las medicinas que necesita -las mismas que tía Sakura le ha recetado-, se encuentran en casa de Sarada.

Por eso estoy aquí.

Ya que papá tuvo que ir de emergencia a la oficina por una importante reunión y no pudo recibir su mensaje; y como que no había nadie más que pudiera llevar las medicinas a casa, mamá se vio realmente en problemas. No me ha quedado más opción que ayudarla y venir por ellas.

Bueno, eso no es técnicamente cierto. Fue mamá la que se ofreció a venir en primer lugar, entendiendo lo mal que Sarada y yo nos llevamos, pero si ella hubiese venido yo habría tenido que quedarme en casa a cuidar de mi hermana.

No me malentiendan, no es que hubiese rechazado la proposición. De hecho, la acepté.

El problema surgió después.

- ¿Sabes que hacer en caso de que le suba la fiebre de nuevo? -cuando mamá hizo la pregunta, supe que me hacían falta clases de primeros auxilios o algo parecido.

Realmente detesto no saber la respuesta de una pregunta, pero -pensé en aquel segundo-, no podía ser tan complicado.

- ¿Meterla en el refrigerador? -mi respuesta me pareció incluso ingeniosa… hasta que vi a mamá fruncir su ceño-. De acuerdo, de acuerdo, fue una mala broma-ttebasa. Tengo que bajar la temperatura de su cuerpo, ¿cierto? ¿Cómo lo hago?

- Bueno, dependerá de que tanto suba -mamá lo meditó con cuidado-. Un paño con agua en su frente puede ayudarla, pero si sube demasiado deberás desnudarla y cubrir su cuerpo con una sábana húmeda…

- ¿Desnudarla?

Y, ya ven, la razón por la que he terminado en casa de Sarada.

Simplemente no había forma en que yo hiciera eso, o, más bien, no había forma en que pudiese dormir tranquilo tras hacerlo. Y a pesar de que una pequeña e irritante voz en mi cabeza no deja de decirme que soy un idiota por rechazar la posibilidad, sé que hice lo correcto. Después de todo, haber pasado la noche con ella una semana atrás, durante una tormenta, todavía continúa provocando que sueñe despierto en la escuela. No quiero imaginar el desastre que me provocaría verla desnuda.

Se supone que intento mantenerme bajo control, ¿no?

Entonces, una vez aclarado eso, es hora de volver a la realidad, porque francamente me estoy congelando de pie en la entrada, incluso con mi abrigo puesto. Y la realidad es que sigo detestando a Sarada, aunque me haya advertido de la escuela militar. Sin embargo, mi hermana necesita esos medicamentos lo más pronto posible.

Eso es lo único que importa.

Decidido, subo los escalones hasta la entrada y toco el timbre. Mi nerviosismo es tan grande que, mientras espero, limpió mis zapatos en el tapete de entrada, desesperado por hacer cualquier cosa que no sea quedarme quieto. Pero cuando los minutos pasan unos tras otros, comienzo a desesperarme.

Maldición Sarada, ¿por qué tardas tanto?, sabías que venía de camino.

Alzo mi mano para volver a tocar cuando la puerta se abre, de golpe.

Y, quién fue alguna vez mi mejor amiga, aparece del otro lado de la puerta, mirándome fijamente.

- Vaya, vaya -murmura divertida, examinándome con la mirada-. Miren quién está aquí.

Mi primer pensamiento claro, es que no recordaba haber visto a Sarada sin su uniforme escolar en mucho tiempo, y que, de alguna forma, verla solo en shorts y una polera de tirantes es demasiado… informal. Es como si estuviese frente a la Sarada que casi nadie conoce, otra vez…

Mi segundo pensamiento, por el contrario, es que continúo sin decir nada, y probablemente estoy pareciendo un idiota en ese momento.

- Mi mamá me envió por unas medicinas -no la saludo, porque siento que ya he perdido demasiado tiempo, y porque mientras menos palabras cruce con ella será mejor para ambos.

- Ya lo sé, están en mi habitación.

Ella da media vuelta y entra de nuevo a su casa. No me invita a pasar. Pero en vista de que esta fue alguna vez mi segunda casa decido seguirla de todos modos.

Cierro la puerta para que el aire frio no entre. Pienso en si debo quitarme el abrigo, porque dentro la calefacción está encendida, pero como se trata de una visita corta decido dejármelo puesto. No tengo planificado quedarme.

Sarada no pregunta por mi hermana, así que asumo que no le importa. En silencio ambos subimos por la escalera, directo hasta su cuarto.

Recuerdo que la última vez que estuve aquí -muchos años atrás-, su habitación tenía las paredes pintadas de rosado y un estante repleto de peluches, incluyendo uno que yo mismo le regalé una navidad. Por lo mismo me pregunto, en secreto, cuanto habrá cambiado su habitación en todos estos años y si acaso ya se habrá deshecho de mi regalo o solo lo habrá ocultado en una caja, en el desván. ¿Su cuarto será acaso igual igual de arrogante que ella?

Al llegar al segundo piso, mi rostro se refleja un segundo en uno de los espejos que hay colgados en la pared. Los últimos meses he adoptado la costumbre de evitar cualquier tipo de espejo, pero no puedo evitar echar un vistazo. Descubro entonces que los moretones en mi rostro comienzan a desaparecer, y que mi nariz ya no se encuentra inflamada, tal como tía Sakura predijo. De hecho, incluso siento que me veo mucho mejor de lo que me he visto en semanas.

- Es aquí -Sarada habla, captando nuevamente mi atención. Abre entonces la puerta de su cuarto, produciéndome por un instante una fuerte sensación de déjà vu.

¿Pensará ella en lo mismo o seré el único que está atrapado en el pasado?

- ¡¿Eso dijo?!

- ¡Sí, puedo prometerlo!

- ¡Qué escándalo!

Las risas y conversaciones que vienen desde el interior, por un instante me desconciertan. Luego, rápidamente, consigo analizar lo que sucede.

- ¡Sarada-chan ya regresó!

No estamos solos, como creí.

Cinco chicas de la clase están dentro de su cuarto, riendo y conversando hasta el momento en el que entramos. Sus amigas, deduzco, que hacen silencio y me miran sorprendidas en cuanto Sarada abre la puerta por completo.

- ¿Ese no es… Uzumaki? -murmura una de ellas, con preocupación. Otra le asiente.

- ¿Acaso es amigo de Sarada-chan?

- Solo vino a buscar algo -Sarada habla en voz alta, entrando al cuarto. Yo me quedo en el umbral, esperándola.

La veo atravesar su habitación con calma, directamente hasta su escritorio. En tanto, sus amigas no quitan su vista de mí. En un par de segundos reconozco a mis compañeras de clase, con quienes jamás hablo. Entre ellas están Chöchö, la mejor amiga de Sarada, y también la presidenta de la clase, Sumire.

Todas ellas mirándome en alerta, como si me tratara de un delincuente o algo peor, esperando que haga algo digno de mi reputación.

- Mira su rostro… -oigo susurrar a una. Aprieto mis dientes, conteniendo mi respuesta.

Cielos, estas chicas son tan exageradas. Con razón no hablo con ninguna de ellas, son insoportables.

- Listo, aquí están.

Tras lo que me parece una espera interminable Sarada vuelve por fin, con una bolsa de papel en su mano. Se mueve tan exasperadamente lenta que no lo soporto y entro al cuarto para acercarme yo a ella. Pero cuando intento alcanzar la bolsa ella la alza en el último segundo, alejándola de mí.

- Vamos, dámelas -hablo, porque pareciera que quiere jugar conmigo. Ella solo me sonríe de vuelta. Muevo mi mano, pero, como siempre, ella es mucho más rápida-. No es divertido-ttebasa.

- ¿Qué hay en la bolsa, Sarada-chan? -pregunta una voz, no reconozco quién.

- Drogas -responde ella con naturalidad. Yo frunzo mi ceño.

Estúpida Uchiha, eso es cruzar la línea. Lo que menos necesito es que haya más rumores de mí en la escuela, menos de un montón de chicas cotillas.

"Uzumaki es un drogadicto", definitivamente solo servirá para meterme en más problemas.

- Son medicinas -replico. Siento mi cuerpo temblar de la ira.

- Las medicinas son drogas -rebate ella, luce divertida con nuestra discusión.

Muevo mi mano, intento alcanzarla, pero ella retrocede un par de pasos más. Me acerco, y puedo ver, por el rabillo del ojo, como sus amigas se alejan asustadas de mí.

Sarada ve lo mismo y de pronto me sonríe, como si me desafiara a ir hacia ella y arrebatarle la bolsa por la fuerza. Y lo haría, pero con sus amigas presentes los rumores sobre mí solo terminaran por empeorar.

No solo seré el chico problema de la escuela, sino que también me convertiré el que atacó a la alumna prodigio.

- Vamos, no tengo tiempo para tus juegos, sabes que es una emergencia -pienso en que si mamá hubiese venido, esto no habría sucedido. ¿He tomado la decisión correcta al ofrecerme?

- Hagamos un trato -responde Sarada, con aspecto de estar meditando la situación-. Te daré la bolsa si te arrodillas ante mí y suplicas por ella.

¿Arrodillarme y suplicar? ¿Está bromeando?

- No haré eso -respondo de inmediato-, ¿tienes cinco años o qué?

- Entonces supongo que no quieres la bolsa tanto como dices.

Aprieto mis dientes. Avanzo, intento alcanzarla, pero fallo nuevamente. En respuesta, Sarada solo comienza a reír.

¡Maldición, que frustrante es ella!

- Maldición Sarada, basta, no es divertido -exijo. Ella no luce preocupada en lo absoluto.

Aquello me enfada. Sabe que son para mi hermana, sabe que las necesita. Y, de todas formas, solo está jugando.

Es una verdadera idiota.

- ¿Vas a suplicarme o no quieres tus drogas tanto como dices? -pregunta. Agita la bolsa frente a mí, divertida.

Recordar que es una chica es lo único que evita que le coloque un puñetazo en la cara. Pero es que incluso para ella esto es ir demasiado lejos.

¿Qué quiere de mí en verdad?

¿Solo divertirse a mi costa frente a sus tontas amigas? ¿Hacerme quedar mal? Bien, pues dos personas pueden hacer lo mismo.

- Mi hermana está enferma, necesita que le lleve esas medicinas rápidamente. Lo sabes.

- Podrá esperar los segundos que te cueste arrodillarte, ¿no piensas igual? -voy a gritarle por dónde puede meterse su absurdo pensamiento, cuando alguien más nos interrumpe.

- Eh, ¿Uzumaki tiene una hermana?

- ¿Y está enferma? -los murmullos inundan el cuarto.

- Hey, Sarada-chan, deberías dejarlo en paz.

Reconozco esa última voz. Es la de Sumire Kakei, la presidenta de nuestra clase, quién la mira con preocupación.

- No te preocupes, solo es un juego entre nosotros -rebate Sarada, con una sonrisa de tranquilidad. Sumire me mira un segundo, antes de apartar sus ojos de mí. No me cuesta reconocer la lástima en ellos-. Y bien, usuratonkachi, ¿qué vas a hacer?

Muy bien, se acabó. Saldré con esas medicinas en los siguientes cinco segundos o pelearé por ellas, y no me importara que Sarada sea una chica.

Después de todo, un Uchiha es un Uchiha.

- Las necesito… por favor -la sonrisa de Sarada no hace más que crecer al oírme. Pronto, siendo como mis orejas arden por ello.

Detesto que jueguen conmigo.

- No te veo arrodillado -replica. Apoya una de sus manos en su cadera, sonriendo con autosuficiencia.

¡Ah, que estúpida e insoportable es!

¡Si no fuera porque de verdad mi hermana necesita esas medicinas, simplemente me iría de aquí! Pero mamá confió en mí para poder llevarlas a casa, eso significa que tengo que hacerlo.

Hima las necesita, así que realmente no tengo más opciones. Incluso si no quiero hacerlo, lo terminaré haciendo de una forma u otra si es por ella.

Demonios. ¿Por qué ser un buen hermano mayor tiene que resultar tan duro?

- ¡Estoy en casa-ttebasa!

En cuanto me descalzo los zapatos, subo las escaleras con velocidad y entro al cuarto de Hima, sin detenerme a tocar. Mamá sigue en el mismo lugar en el que estaba cuando me fui, arrodillada junto a la cama de mi hermana, tan solo vigilándola.

- Ah, Boruto, que bueno que llegas -sonríe al verme. Yo me acerco y le entrego la bolsa, mientras respiro cansado a causa de mi carrera. Mamá rápidamente revisa su contenido.

Desde que salí de su casa he temido que Sarada me haya engañado, que las medicinas jamás hayan estado en esa bolsa, pero al ver a mamá sonreír y sacarlas aquel sentimiento desagradable desaparece. El alivio lo reemplaza.

- ¿No falta nada? -pregunto, porque quiero asegurarme. Ella asiente.

- Con esto tu hermana de seguro mejorará -afirma-. Vigílala un momento, mientras voy a la cocina por la jeringuilla.

Se coloca de pie y sale del cuarto.

Quedamos solos.

Me acerco a la cama, a la misma que hace una semana compartí con ella. Mi hermana está cubierta tan solo con una sábana. En un comienzo trato de no mirarla fijamente, pero entonces veo que lleva encima su pijama. Eso significa que la fiebre no ha aumentado desde que me fui. Sin embargo, ella aún respira agitadamente, su cuerpo está sudoroso y su rostro sonrojado.

Un pañuelo cubre su frente.

Con cuidado lo tomó. Incluso sin tocarla directamente puedo sentir el calor que emana su piel, porque el pañuelo está caliente. Lo hundo en el agua un par de segundos, lo estrujo y luego lo coloco nuevamente sobre su frente, esperando que aquello la haga sentir mejor de alguna forma.

Tras eso, solo miro en silencio, las pequeñas gotas caer por el costado de su frente, empapando levemente su cabello.

Hasta que sus ojos se abren un segundo, de pronto.

- ¿Mamá? -pregunta. Su voz suena cansada y débil.

- Shh… mamá ya trae tu medicina -respondo. Ella asiente, girando para verme. Sus ojos, de un azul profundo, cansados y enfermos, me miran. Yo tengo que volver a acomodar el pañuelo en su frente, para que no caiga.

- Hermano… -dice, y una sonrisa se forma en su rostro enfermo-. Tienes tu abrigo puesto en casa…

Hasta que lo dice no me doy cuenta de que es verdad, y de que estoy realmente acalorado. No dudo en sacármelo y respirar profundo.

Ah, mucho mejor.

Ella ríe con la expresión que hago. De seguro he tenido que verme muy gracioso.

- ¿Dónde fuiste? -me pregunta.

- A ningún lugar importante, solo he tenido que ir por tus medicinas, pero ya volví -contesto. Decido de inmediato que no vale la pena contarle aquella historia, ni tampoco seguir enfadado con Sarada por su estúpido juego.

Y es que al final, resulta, no he tenido que arrodillarme.

En el último segundo la presidenta ha intervenido, ayudándome. Así que, supongo, deberé darle las gracias cuando la vea en la escuela esta semana.

Al final resulta que he conseguido lo que mi hermana necesitaba. Entonces, todo está bien.

- Gracias -susurra, su voz es una simple exhalación. Verla tan débil consigue que mi corazón se apriete un momento.

- Te sentirás mejor Hima, lo prometo, ahora duerme.

Ella asiente, cierra sus ojos nuevamente. Una sonrisa se forma en su rostro.

- Quiero cenar hamburguesas, hermano.

No puedo evitar sonreír. Jamás pensé que me gustaría tanto escucharla decir eso.

Con cuidado, y sabiendo que nadie más puede verme, me permito apartar un mechón de su cabello que cubre su rostro… me permito mirarla, aunque sea por unos leves instantes.

Cielos, ¿quién pensaría que está pequeña niña enferma es realmente mi gran y única debilidad?

- Hamburguesas serán, Hima.

- Hinata, ¡ya llegué!

El grito de papá y el sonido de la puerta cerrándose me alertan.

Salgo de la cocina en menos de un segundo, antes de que él consiga llegar a la escalera.

- ¡Shh! Himawari está durmiendo-ttebasa -le advierto de inmediato, tal y como mamá me ha pedido-. Si haces ruido, va a regañarte.

Al oírme papá se detiene, alza su cabeza para verme. Se da un momento para respirar agitado, intentando recuperar su respiración, y a continuación, deja caer su abrigo y su maletín justo en la entrada.

Como se nota que ha corrido directamente a casa del trabajo. Y aunque ciertamente me sorprende verlo tan temprano en casa, supongo que está bien. Significa que aún le importamos lo suficiente.

- ¿Cómo está Himawari? -pregunta, acercándose por el pasillo.

- Está tranquila, durmiendo. La fiebre le bajó hace algunas horas. Mamá dice que las medicinas que tía Sakura envió la harán sentir mejor -él suspira, luce verdaderamente aliviado con mis palabras-. Llegaste más temprano del trabajo hoy -no puedo evitar comentarlo-, ¿pudiste salir antes?

Papá me asiente. Desabotona su camisa y arroja un suspiro.

- Hubo una reunión realmente importante y por eso no pude venir antes, pero en cuanto salí y recibí la noticia no dudé en volver. Tu madre está con Himawari, ¿verdad?

Asiento, sin responder nada.

Nos quedamos mirando entonces, tan solo un par de segundos, cuando a mí cabeza viene el hecho de que prácticamente no he cruzado palabra alguna con papá desde lo sucedido con la escuela militar. De hecho, aún no hemos conversado sobre eso.

Recordarlo es suficiente como para que la situación se vuelva incómoda.

- ¿Qué haces? -papá hace la pregunta, apartando su vista rápidamente. Yo aprovecho aquello mismo para volver a la cocina.

- Himawari no ha comido en todo el día, pensé en cocinarle algo para cuando despierte.

Un lindo detalle… aunque prácticamente no tengo ni idea de cómo llevarlo a cabo, porque no sé cocinar.

Mis ideas brillantes tenían que verse opacadas por mi falta de habilidades, ¿cierto?

- Es una buena idea, te ayudaré -papá asiente. Tal y como yo, detesta sentirse inútil, así que no duda en caminar hacia el refrigerador. Por el rabillo del ojo lo veo sacar algunos huevos-. Un poco de papilla de seguro la hará sentir mejor…

¿Papilla? Oh no. Eso no va a suceder.

- Ella pidió hamburguesas -papá me mira un segundo, para luego negar con su cabeza de inmediato.

- Eso no es nutritivo. Lo mejor que puede comer es algo simple, para recuperar su salud -replica con seriedad-. Prepararemos papilla.

Me cruzo de brazos, enfrentándolo.

¿Quién se ha creído mi estúpido padre para venir a apoderarse de mi idea?

- Ella no querrá comer eso, las hamburguesas son más deliciosas -camino y sujeto la sartén por el mango, pero él me detiene al sostenerla del otro extremo.

- Himawari necesita recuperarse -habla, frunce su ceño. Yo tiro de la sartén hasta que la suelta.

- Ella ya está bien. Le cocinaré hamburguesas, lo quieras o no.

- Te he dicho que no.

Me enfado rápidamente.

Estúpido padre terco. Por mi se puede ir al diablo.

Le prometí una hamburguesa a mi hermana y planeo cumplir de cualquier forma.

- Ella quiere cenar hamburguesas, viejo idiota.

- Un segundo, he dicho que no -me llama. Yo decido ignorarlo. Lo siguiente que siento es como sostiene la sartén nuevamente-, ¡obedéceme!

No dudo en tirar de vuelta, furioso.

- ¡Déjame tranquilo-ttebasa!

- ¡Obedéceme de una vez-ttebayo!

- ¡Eres un viejo…!

- ¡Ustedes dos!

La voz de mamá consigue que me detenga.

De la misma forma, papá también lo hace.

Ambos giramos para ver a la puerta al mismo tiempo, solo para encontrar a mamá de pie en el umbral, observándonos fijamente.

Mierda. Solo me basta verla para saber que está realmente furiosa con nosotros.

- Mamá, yo…

- Querida, yo…

- Si van a estar gritando de esa forma, es momento de que se vayan.

Doy un salto. Su voz firme siempre me asusta. Y es que mamá ni siquiera necesita gritar para ser terrorífica, ella solo se impone por si sola.

- Pero mamá…

- Pero Hinata…

- He dicho que se vayan. Himawari no necesita todo este escándalo.

Cuando consigo reaccionar, estoy de pie en la entrada, sosteniendo mis zapatos para evitar quedar descalzo en la calle. Luego, tan rápido que ni siquiera puedo darme cuenta, escucho el sonido de la puerta cerrarse justo tras de mí.

Y, al final de todo, el cerrojo dando vueltas. Giro a ver, solo para comprobar lo que ya sé.

La puerta está cerrada, lo que significa que mamá acaba de echarme sin cenar.

Esto es únicamente mala suerte.

- Ah, suelo olvidar lo estricta que puede ser… -papá, aún a mi lado, arroja su propio suspiro. Pronto se inclina, para colocarse sus zapatos-. Supongo que Himawari estará bien.

No respondo. No importa qué, no puedo evitar tener un único pensamiento respecto a lo que acaba de suceder.

- Es tu culpa -él guarda silencio al oírme, simplemente me mira algunos segundos. Me preparo para cualquier respuesta que vaya a darme.

- ¿Qué te parece si comemos algo y luego volvemos?

Su pregunta es tan inesperada que no sé qué contestar. De hecho, esperaba que más bien quisiera volver al trabajo o algo similar.

Mi estómago ruge justo entonces, haciéndome recordar lo hambriento que estoy. Papá sonríe al oírlo y se aleja hacia la entrada.

- Ven, vamos, todavía es temprano -me llama, y no dice nada más.

Me calzo los zapatos mientras decido si seguirlo o no. Aunque, ¿realmente tengo más opciones?

Si lo reflexiono con cuidado… incluso aunque terminemos peleando, que es lo que probablemente sucederá, al menos habré cenado.

En cuanto oye mis pasos, papá gira a ver sobre su hombro. Me mira con cierta satisfacción, pero yo ignoro su tonta sonrisa.

Nunca he ansiado tanto estar en otro sitio como ahora.

Y es que, cielos, atorado con papá. Realmente no puedo tener peor suerte.

¿Qué clase de giro retorcido es este?

CONTINUARÁ…


Pequeña (gran) nota: Bueno, hola, aquí yo, escribiendo esta pequeña nota a modo de disculpa/aviso. No, no cancelaré el fic, ajaja (espero, este año será algo movido para mí). Tiene más bien que ver con la forma en que escribo. Sucede que estoy intentado crear un fic decente que valga la pena leer y, mientras lo hago, me doy cuenta nuevamente que, como siempre, soy de alargar las historias que escribo, tal vez innecesariamente para algunas personas (aunque cierto día, un amigo me dijo que había algo positivo en este pequeño defecto, y era que justamente trabaja adecuadamente a los personajes y sus relaciones). El romance también sigue siendo un problema para mí, especialmente por el complejo escenario en el que he insertado a Boruto, dónde para él cualquier tipo de romance queda descartado al ser su hermana el objeto de su afecto (y, si pueden ver, esta simple idea es la que también guía sus acciones y decisiones en la historia. Mientras que cualquier otro personaje intentaría una acción para confesar sus sentimientos, él busca todo lo contrario). Pretendo cambiar eso en algún punto, pero tomará tiempo e intentos, así que, si tal vez hay alguien a quién le parezca que avanzo muy lento (ahora, o en el futuro), quiero disculparme de antemano, pero así es como escribo y por más que quiera adelantarlo, la historia está estructurada en mi mente. Dije al comienzo que Boruto sería mi protagonista en este fic, y eso implica que quiero trabajar muchas cosas con él, entre ellas su relación con Hima, con Naruto y con el resto de los personajes (Sarada, Sumire, Inojin y Mitsuki serán importantes a futuro), pero debo advertir que Boruto siempre contendrá sus sentimientos ante el temor de ser descubierto. Ya que no es un narrador omnisciente, solo tiene acceso a la información que él maneja o presencia. Lo que otros personajes piensen, sientan o hagan, le es completamente desconocido.

Siento si asuste a alguien ajaja, es solo que fue una reflexión que hice al ver la lista de episodios que tengo, una preocupación que me nació nuevamente. Como suelo ser realmente muy insegura al momento de escribir, especialmente al leer historias de otros autores, la inseguridad me agarra apenas publico el nuevo capitulo. Pienso en cosas como "no hay mucho romance e Hima no salió demasiado, ¿les gustara?", pero, a pesar de todos esos temores, tengo en verdad muchas ganas de escribir esta historia, le he tomado mucho cariño a pesar de que haya nacido tan repentinamente (nunca estuvo planificada para comenzar ajaja, se suponía que yo no escribiría historias nuevas en estos meses, pero aquí estoy). Es eso, más que nada. Supongo que finalmente darles las gracias, porque sus comentarios de verdad me hacen sentir que vale la pena el tiempo que le dedico a los capítulos, ver que les gusta lo que escribo, y lamento si me explaye demasiado.

Nos vemos la siguiente semana, gracias por leer!