Vamos a ver si alcanzo a subir otro capitulo antes del fin de semana, ya que debo compensarles por la espera!

kai vp: ajaja no podía ser tan fácil para este pequeño bribón

Parallax-Jordan: Las cosas estarán movidas, efectivamente!

Procrastinacion: A mí también me da miedo que Naruto se entere de la verdad :(

Gabe Logan: Bueno, Naruto usó algo de culpa al recordarle lo mucho que cambió su relación con Hima, y luego usó el chantaje directo para rematar ajaja. Pero servirá para el propósito, un burrito en casa es un burrito que pasa más tiempo con su hermana.

secretlistener: Boruto is strong, but a sweet and kind Hima could be his perdition.

Omnipotente Vargas: Muchas gracias por tu comentario ajaa, ya quiero darle a este chico algunos momentos más alegres :(


XVIII

Buen hermano

.

Díganme, ¿hay algo más aburrido que una historia por completo predecible?

- ¡Este es tu fin, mocoso! ¡Jamás podrás derrotarme!

- ¡Te equivocas! ¡Porque todo el mundo confía en mí, así que definitivamente no puedo perder!

- ¡Tu poder se ha terminado! ¿De dónde sacarás más? ¡Es tu fin, jaja!

- ¡Mi deseo de proteger a mis amigos será suficiente para derrotarte! ¡Esa es toda la fuerza que necesito para seguir adelante!

Oh, cielos. ¿Cuándo fue exactamente que el anime comenzó a aburrirme tanto?

No es que tenga nada en contra de las series de anime, más bien lo que me cansa son los clichés que usan en ellas. Por ejemplo, con el típico protagonista, que es presentado como un adolescente ordinario y sin ningún talento -al menos a primera vista-, para luego descubrirse que, además de su impresionante tenacidad con la cuál se abre camino, posee alguna otra habilidad o talento que lo hace completamente único en toda la historia.

Tal vez crean que soy amargado por pensarlo de esa forma, pero supongo que prefiero las historias con personajes que sean diferentes a lo esperado, es decir, opuestos a como se supone que deben ser. Ni valientes ni hábiles, más bien… inseguros, débiles, e incluso cobardes.

Protagonistas más humanos. De esos que cometen errores, que persiguen sus propios deseos egoísta y que se ven asolados por sentimientos oscuros.

Personajes como yo, supongo…

Sin saber cómo he llegado a esa conclusión, simplemente me dedico a suspirar y a cambiar de canal, usando el mando a distancia.

Estoy teniendo una mañana muy aburrida.

- Oh, pero estaba en la mejor parte…

La queja que llega a mis oídos resulta ser un murmuro inaudible en realidad, pero incluso siendo así no puedo permitirme ignorarla. Así que, en silencio, vuelvo a colocar el programa de anime, justo a tiempo para ver como el personaje principal derrota al malvado villano.

Y, como ya pueden haber adivinado, sucede que no estoy solo en este minuto.

Sentada junto a mí, Hima alza su cabeza de vez en cuando, mirando a la televisión tan solo algunos segundos justo antes de devolver su atención a su cuaderno, temiendo ser descubierta por mamá. Lo que sucede es que mientras yo veo televisión… ella hace sus deberes. O bueno, creo que al menos lo intenta, porque al parecer solo estoy sirviendo como distracción, viendo televisión mientras ella necesita concentrarse. El problema es que tampoco hay mucho más que pueda hacer mientras estoy con ella.

Lo recuerdan, ¿verdad? Gracias a papá ahora tengo que acompañar a mi pequeña hermana cada día, como un buen hermano mayor haría. Un chantaje sucio, por no decir menos, pero uno que me mantiene lejos de la escuela militar.

Así que, durante el último tiempo, pueden adivinar que solo he hecho eso. Sentarme con ella, viendo televisión, aburriéndome y quejándome de mis horribles días de adolescencia, en vez de salir con mis amigos o jugar videojuegos.

¿Todos los hermanos mayores pasan por este tipo de cosas o solo soy yo?

Hima, sentada junto a mí y con la vista en su cuaderno, muerde su lápiz mientras piensa en cómo resolver su ejercicio. Viéndola, solo puedo pensar que aquel es el mismo gesto que yo solía hacer al realizar mis propios deberes.

¿Me habrá visto alguna vez haciéndolo y lo habrá copiado? ¿O será algo que ambos heredamos de papá?

- Hey, hermano… -escuchar cómo me llama sigue generándome nerviosismo, pero el paso de los días me ha permitido acostumbrarme, al menos lo suficiente como para fingir normalidad.

- ¿Qué sucede?

- No lo entiendo -ella se queja, en voz alta. Hay un mohín en sus labios.

A continuación, alza su vista y la clava justo en mí, pidiendo ayuda.

Mi respuesta es simple.

- ¿Y quieres que haga tu tarea por ti entonces? No seas tramposa, resuelve tus ejercicios.

- ¡Boruto! -la voz de mi carcelaria llega desde la cocina. Yo doy un salto al escucharla y al comprobar que mamá siempre está escuchando, incluso si no parece estar cerca-, ¡recuerda ser amable con tu hermana!

Oh, rayos. Que fastidio es esto de ser el hermano mayor.

Puedo ver la sonrisa en el rostro de Hima. A continuación, me observa de vuelta, expectante.

Les juro que es como si su mirada brillara solo por saber que voy a ayudarla. O, tal vez, por saber que de no hacerlo mamá me enviará directo a mi cuarto y sin cenar.

Con mi mano alcanzo el cuaderno de mi hermana. Le hecho un rápido vistazo a su letra ordenada -tan parecida a la mía-, y a los pequeños dibujos de pandas en los bordes de la hoja.

Tal y como yo, Hima parece ser buena distrayéndose en clases.

Descubro entonces que está aprendiendo a sacar porcentajes y que los ejercicios parecen estar correctamente desarrollados. Excepto por el último, que con tantos borrones está cerca de convertirse en un verdadero desastre.

- ¿Puedes resolverlo? -pregunta, preocupada.

Suspiro. Pienso en que las matemáticas no son realmente mi fuerte, pero los ejercicios de porcentaje no se me daban tan mal. Incluso recuerdo lo mucho que me gustaba hacer mi tarea a su edad.

- Aquí -decido. Mi hermana se inclina sobre la mesa para ver-. En realidad hay un truco. Solo tienes que multiplicarlo cruzado, luego lo divides por el porcentaje y podrás sacar el total.

Ella asiente con firmeza, toma la libreta y vuelve a realizar el ejercicio.

En un minuto, el resultado está listo. Y es el correcto, o al menos eso es lo que pienso. Pero a mi hermana no parece importarle en verdad si tiene el resultado real, todo lo que hace es sonreírme, con su mirada justo en mí.

- ¡Hermano, eres genial!

Contengo mi sonrisa a tiempo, y me recuerdo que debo actuar de forma seria con ella. No me malentiendan, me encanta que ella piense eso de mí. El problema, es que justamente no debería sentirme de esa forma.

Soy un adolescente con demasiados conflictos internos.

- ¿Cómo les va?

Mamá aparece, caminando desde la cocina con una bandeja en sus manos. Antes de que yo pueda contestar que la televisión es demasiado aburrida, Hima alza su cuaderno como si se tratara de un trofeo.

- ¡Hermano me ayudó a terminar! -afirma Hima, radiante. Yo siento ganas de replicar, después de todo solo ha sido un tonto ejercicio. Sin embargo, me permito sentir por un momento el orgullo que me produce escucharla.

- Me parece muy bien -mamá sonríe también. Se inclina entre nosotros y apoya la bandeja que lleva sobre el kotatsu-. Aquí tienen, un pequeño refrigerio para mis genios.

Tan pronto como lo dice, yo puedo ver el postre que nos ha preparado. El aroma a galletas recién horneadas me abre el apetito.

- ¡Ah, que delicioso! -Hima de inmediato abandona sus deberes para probar una de las galletas caseras de mamá. Yo dudo un momento.

No estoy quejándome, es solo que últimamente mamá parece consentirnos mucho más de lo usual. O bueno, tal vez en realidad me consiente mucho más a mí, su hijo prodigo que de la noche a la mañana ha dejado de encerrarse en su propia habitación para pasar tiempo de calidad en familia.

De seguro debe pensar que se trata de un milagro.

- Buen trabajo, Boruto -mamá me sonríe, como si hubiese adivinado mis pensamientos. Acaricia mi cabello por un segundo, para luego levantarse y volver a la cocina tarareando.

Me acerco a la bandeja y alcanzo una galleta con mi mano, devuelvo mi mirada a la televisión.

Y pienso, finalmente, en que papá tenía la razón. Porque tal y como lo dijo, Hima y mamá parecen ser más felices al tenerme cerca de ellas, incluso si todo lo que hago es ver televisión, comer y estar en silencio. Que yo esté con ellas durante el día, parece tranquilizarlas en verdad.

Incluso yo comienzo a sentirme tranquilo con esta nueva rutina. Estoy convirtiéndome poco a poco en un gato casero, y aunque sé que no es bueno para mis sentimientos malsanos, aquí estoy, intentando compensar un poco la ausencia que papá provocó gracias a su nuevo ascenso en el trabajo.

Solo por si quieren saberlo, papá cumplió la promesa que hizo y le contó a mamá sobre su ascenso al día siguiente, durante la cena.

"He recibido un ascenso en el trabajo", les dijo, tan tranquilo como si hablase del clima. Hima, quién se sentía mejor de salud como para bajar a cenar con nosotros, fue la primera en comentar algo, o, en realidad, fue la primera en preguntar lo que aquello significaba; y yo, fui el primero en contestarle.

"Significa que ya no llegará a cenar a casa con nosotros-ttebasa". Después de eso, papá me regañó por decirlo con rudeza, aunque técnicamente fuera la verdad.

Mamá, por otro lado, no dijo nada. Como cada vez que algo no le gusta, simplemente apretó sus labios y suspiró. Y de alguna forma aquello me molestó. Ver a mamá tan decepcionada, pero sin atreverse a decir algo, me hizo odiar aún más la decisión de papá.

Si él lo notó también, tampoco lo mencionó. Solo se disculpó, y prometió esforzarse por nosotros, como siempre hacía. Añadió, también, que habría días que pasaría en casa, al final de cada mes, y que serían como mini-vacaciones; que los usaríamos para ir a visitar a los abuelos o para ir al parque, para pasar tiempo juntos, como una familia. Sin embargo, a pesar de todas sus promesas, nada le quitó la decepción al rostro de mi hermana durante el resto de la cena, ni siquiera el que él le hubiese prometido leerle un cuento antes de dormir, como ella tanto le pedía.

Si me lo preguntan, pienso que papá realmente arruinó las cosas está vez, incluso si fue por nuestro bien como tanto afirma.

Y, lo peor, es que me dejó a mí para resolver su desastre, sabiendo que con él pasando menos tiempo en casa, el único capaz de alegrar a mamá e Hima sería yo.

Vaya padre astuto tengo, ¿no?

.

.

Apoyo mi mano sobre el espejo y la muevo, limpiando el vapor que lo ha empañado.

Mirándome con detenimiento, sé que es casi una locura pensarlo, pero… ¿acaso mis golpes están desapareciendo?

Sonrío al darme cuenta de que es cierto, de que mi piel por fin está recuperando su color. En realidad, lo único que continúa de un color más oscuro es uno de mis pómulos y la zona que rodea mi ojo. Con satisfacción, noto también que el resto de las heridas en mi cuerpo también han sanado, desde la vez que Iwabee me colocó una emboscada con el resto de sus amigos. De hecho, ya no aprecio los horribles golpes que antes estaban marcados en mi estómago.

Por alguna razón, me siento realmente tranquilo al notarlo.

Relajado gracias al baño que acabo de tomar, enrollo la toalla alrededor de mi cintura y salgo al pasillo. Casi hora de dormir, y la casa se ha hundido en el silencio previo al final del día.

En cuanto entro en mi habitación, me aseguro de cerrar la puerta tras de mí. Tengo que secarme y vestirme aún, pero me distraigo con el celular un momento, al escuchar el tono de un nuevo mensaje recibido.

"Cuando los padres del gato se van, éste invita a sus amigos ratones a festejar"

Sonrío. ¿Un mensaje al más puro estilo de las películas de espías y agentes secretos?

Significa que Inojin se quedará solo en casa otra vez y, en consecuencia, habrá una fiesta enorme.

¡Y yo no puedo perdérmela!

Es la ocasión perfecta para escapar de mi tranquila rutina y volver a ser un gato callejero. El único problema sería que mamá no me de el permiso para ir, pero incluso de esa forma tengo maneras de salir de casa sin que nadie lo note. Pero no, no será necesario, porque si mantengo mi buena conducta como lo he hecho hasta ahora conseguiré su permiso sin dudarlo.

Solo debo evitar meterme en problemas y ser un buen hermano.

- Es pan comido -decido. Me siento realmente confiado.

¡Definitivamente nada puede salir mal con el plan que en cinco segundos he elaborado en mi cabeza! ¡Es perfecto!

- Voy a entrar.

El sonido de la puerta abriéndose me hace dar un salto.

Mi celular caer al suelo, mientras mis manos solo se aseguran de sostener la toalla en su lugar.

- ¡Cielos, mamá! ¿No sabes tocar? -me quejo con la responsable. En la entrada, ella sonríe al verme, muy divertida con mi queja. Sin pedir permiso simplemente avanza dentro de mi cuarto, directo al armario.

- Oh, créeme que no hay nada que no haya visto antes, hijo -canturrea. Puedo ver las sabanas limpias en sus manos.

- Pude haberlas traído yo.

- Sí, y las habrías amontonado sin ningún cuidado -replica. No respondo, porque sé que tiene la razón-. Pero ya que estoy aquí, ¿quieres que te arrope antes de dormir?

- No soy un bebé -ella ríe con mi respuesta, pero no dice nada más.

Espero a que mamá decida irse de mi cuarto antes de poder vestirme. Así que tomo asiento en mi cama y levanto a mi pobre teléfono del suelo, abandonado en acción. Sin embargo, cuando la veo ordenando otras cosas dentro de mi armario entiendo que va a tomar un tiempo.

Cielos, esto es tan inoportuno. Todo lo que tengo es una toalla alrededor de mi cintura, y no puedo -ni pienso-, cambiarme de ropa mientras ella siga en mi cuarto.

¡Soy un adolescente!, ¿en dónde rayos está el respeto a mi privacidad?

Solo tras cinco minutos mamá decide que ha sido suficiente de revolver mis cosas y cierra la puerta del armario.

- Boruto, ¿aún no te cambias? -me regaña al verme. Yo frunzo mi ceño.

- No puedo cambiarme si estás en mi cuarto-ttebasa.

- De acuerdo, pero cámbiate pronto -ordena, dirigiéndose a la salida. Vuelvo a dejar mi celular y me pongo de pie-. No quiero que te resfríes. Tu pijama de invierno está en tu armario.

Yo resoplo. Los pijamas son muy calurosos, ¿saben?

En general, prefiero dormir usando algún pantalón corto o simplemente en boxers, especialmente en verano.

Sí, lo sé, soy un chico de gustos simples.

- Gracias por darme privacidad, mamá -respondo en voz alta. Por el rabillo del ojo distingo a mamá por fin saliendo de mi cuarto.

Y entonces también me doy cuenta de otra cosa.

De que Hima, sí, Hima, está justo en la puerta, tan solo mirándome mientras uso una simple toalla. Y también me doy cuenta de la sonrisa divertida que hay en su rostro.

- Mira lo gordo que estás, hermano -se burla. Yo no necesito pensarlo dos veces, no con mi corazón latiendo tan fuertemente y sintiendo como me sonrojo.

- Sal… ¡Sal de aquí!

Ella comienza a reír y se aleja. Mamá también lo hace, pero cubre su boca para disimular.

¡Ah, qué vergonzoso fue eso! ¡De verdad acabo de perder mi privacidad por completo!

En cuanto mamá se aleja por el pasillo, Hima vuelve a asomarse a la puerta.

Y yo sigo casi desnudo.

- Deja de verme -ella no obedece, sigue riendo. Maldición, ¡que vergüenza! No tengo nada más para cubrirme, y me aterra soltar la toalla, inclusive si es para cerrar la puerta-. ¡Vamos, ya vete!

- No puedo, luces muy gracioso -decide-, deberías hacer más ejercicio, hermano.

- ¡Ah, que niña tan tonta eres!

Hima deja de reír de inmediato. Hace un mohín con sus labios y frunce su ceño.

Solo entonces recuerdo lo mucho que detesta que la traten como una niña, pese a serlo en parte todavía.

- ¡No soy una niña!

- Ajá. Como tú digas, tonta -respondo. Puedo ver por el rabillo del ojo que mis palabras solo sirven para hacerla enfadarla más.

- ¡Tampoco soy tonta! -replica, aún más alto.

- Pues si no eres tonta entonces solo eres idiota.

- ¡Boruto!

Doy un salto. La voz de mamá es suficiente para congelarme.

Oh, mierda.

En dos segundos ella se asoma tras Hima. Con su ceño fruncido me mira de vuelta.

- Discúlpate con tu hermana por insultarla.

- ¡Pero mamá…!

- Discúlpate. Ahora.

Ah, ¡cielos!, ¡detesto estás nuevas reglas que me han impuesto!

Las mías funcionaban mejor. Nada de ser amable, de disculparme o de hablarle, simplemente bastaba con pretender que ella no existía.

Mientras lo pienso, puedo ver a mi hermana esperar su disculpa, aún con su mohín encima. Sin embargo, al ver que estoy en problemas, no hace más que sonreír.

Ella realmente puede ser diabólica cuando lo quiere, ¿saben?

- Lo siento…

- ¿Qué dijiste, torpe hermano? -puedo ver la satisfacción en su mirada mientras se burla de mí. Antes de pensar en las consecuencias, respondo lo primero que se me viene a la cabeza.

- Que lo siento… ¡por no poder hacer nada mejor para evitar que seas tan tonta!

- ¡Boruto Uzumaki!

Y, a continuación, soy castigado.

Digan lo que digan, ¡ser un buen hermano definitivamente no es algo fácil!

CONTINUARÁ…