Hola a todos! Quiero disculparme nuevamente por la tardanza. En realidad, el capitulo estaba casi terminado, pero durante la redacción algo no me terminó de convencer sobre la manera en que lo escribí. Por esa razón he pasado las últimas tres noches reescribiendo varias partes, intentando componer algo lo más real posible. Espero de verdad haberlo conseguido.
Cuba-tigre01: Y continuará alargándose, ya que así está planificado.
MogeFlower: ¿así se llaman esas galletas? no lo sabía!
diego: Gracias, lamento la tardanza!
Sebas602: Gracias por tus animos!
kai vp: un capitulo casi el doble de largo para compensar!
Parallax-Jordan: No me hago responsable de nada de lo que he escrito! :(
secretlistener: I am so sorry! Really! I promise be good with Boruto in the future.
Gabe Logan: Ajaja, oh no, mi trama del capitulo ha sido descubierta :( Todo lo que puedo decir, es que está historia será larga y tal vez no termine en el final (mi intención inicial siempre fue hacer un OS ajaja, pero se salió de control)
coni06: Oh, realmente ame tu review, muchas gracias por dejarlo. Ya que en realidad me he sentido secretamente angustiada por la forma en que voy trabajándola, y es que mi interés principal son los sentimientos de Boruto. Gracias por leer, me alivia mucho que te guste como va yendo.
El solitario: gracias por leer!
XX
Un día para olvidar
…
.
Es algo raro, pero tras quince minutos completos viendo a mi hermana revisar su reflejo en la vitrina de una tienda de ropa, solo tengo una pregunta en mi mente.
¿Acaso todas las chicas son igual de inseguras sobre su apariencia?
¿O es acaso que Hima siempre ha sido igual y solo sucede que recién lo estoy notando?
- ¿Dejarás de hacer eso? Me pones nervioso-ttebasa.
En cuanto escucha mi queja ella le sonríe a su reflejo, por completo nerviosa. Alisa la falda de su vestido una vez más y vuelve a ordenar su flequillo -por veinteava vez-, antes de girar a verme por fin.
Listo, por fin he roto el hechizo que la obsesionaba con la vitrina de la tienda de ropa.
- Hermano, ¿crees que me veo bien?
Mi primer impulso, como siempre, es decirle que luce hermosa, pero me contengo justo a tiempo. Después de todo, esto no es una cita y yo no soy su novio.
Simplemente soy un chico normal, acompañando a su adorada hermanita -y a la mejor amiga de ella-, al cine, a ver alguna aburrida película de preadolescentes, luego de haber sido cruelmente chantajeado para ello.
Así es, hoy soy un simple chaperón.
- Más bien pareciera que acabas de salir de la cama.
- ¡Te estás burlando de mí! -me acusa, e infla sus mejillas al mismo tiempo, como si hacer aquello fuese la prueba definitiva-. Ya verás, ¡le diré a papá que me has insultado de nuevo!
Lo siguiente que hago es pellizcar sus mejillas, hasta que comienza a suplicarme que me detenga.
La gente que camina a nuestro alrededor nos presta atención, pero tan solo les basta mirarnos un momento antes de decidir que solo somos dos hermanos comunes discutiendo. Así que no intervienen, y cuando creo que mi hermana ha aprendido la lección sobre no chantajearme, decido detener mi tortura.
Ella se aleja algunos pasos, acariciando sus mejillas y murmurando cosas en contra de mí. Ahora hay dos enormes marcas rojas sobre su piel.
No puedo evitar reír cuando noto lo graciosa que luce.
Cielos, ¿por qué no tuve esa idea una semana atrás cuando me estaba chantajeando?, de seguro me habría librado de todos estos problemas.
Ah, es verdad, estaba viendo sus piernas.
Hormonas, simplemente mis peores enemigas…
Bueno, no pienso quejarme. Estar aquí no ha resultado ser tan malo como lo imaginé en algún un momento.
Sé que parece imposible, pero en realidad estoy teniendo un buen día.
Puede que se deba al aire fresco que estoy respirando o al haber cambiado mi monótona rutina por algo más divertido.
O puede que solo tenga que ver con el hecho de estar con Hima. Solo nosotros dos, lejos de nuestros padres, lejos de casa.
Sea como sea, no experimento aquella horrible sensación de ahogo que siempre me invade cada vez que comienzo a recordar las razones por las cuales estoy tan enfermo.
De hecho, ni siquiera consigo sentirme culpable por estar disfrutando este tiempo de calidad con ella.
- ¡Ki-chan, estamos aquí!
Hima grita de pronto, alzando su mano para llamar la atención de quién supongo es su mejor amiga.
La chica, casi de su misma altura, gira al oírla. Su sonrisa aparece en cuanto reconoce a mi hermana y no duda en acercarse corriendo a nosotros.
Como mi hermana no suele llevar amigas a casa, es la primera vez que la veo. De cabello largo, y castaño, rápidamente rodea a mi hermana entre sus delgados brazos.
- ¡Himawari-chan! -grita, abrazándola con fuerza. No puedo evitar sentirme algo celoso al verlas.
¿Por qué no puedo ser yo quién la abrace de esa forma?
- Ki-chan, vas a aplastarme -Hima se aleja. La sonrisa en su rostro definitivamente ha llegado para quedarse.
No me cuesta recordar que ha esperado esta salida toda la semana.
De seguro debe estar más que entusiasmada.
- ¡Ya lo verás, nos vamos a divertir mucho hoy! -asegura, antes de notar por fin mi presencia. De un segundo a otro esta chica, a quién solo conozco por el apodo con el que Hima la llama, voltea a verme. O, más bien, a examinarme con su mirada-. ¿Y este chico quién es? ¿Acaso se trata de tu novio, Himawari-chan?
Mierda.
Mi corazón literalmente acaba de detenerse.
Y solo dura el segundo en que me tardo en notar que aquella chica intenta tomarme el pelo.
Mis orejas arden, al igual que el resto de mi rostro. Ella no duda en mencionarlo en voz alta.
- Ah, ¡se ha sonrojado!
- ¡Claro que no! -aseguro, sin embargo, sé que es mentira. Hima solo comienza a reír al verme, pero no añade nada.
Oh, que vergonzoso es esto.
- Ki-chan, te presento a mi hermano mayor.
Hima patea mi pierna con disimulo, ordenándome ser amable. Tengo que obedecer.
- Ah, soy Boruto -me presento, estirando mi mano para estrechar la suya. Ella no me corresponde, tan solo me queda mirando fijamente. Así descubro que sus ojos son verdes, como los de una serpiente.
- Puedes llamarme Kiyomi -habla por fin, sonriendo como si fuese muy divertido dejarme con la mano en el aire-. Realmente te pareces un montón a Himawari-chan, Boruto-kun.
Intento sonreír, pero no consigo más que una mueca rara.
Nada más que hermanos, ¿cierto?
- Vamos pronto, o llegaremos tarde -recuerdo, solo porque necesito cambiar el tema. Intento avanzar, pero aquella chica me sostiene del brazo, deteniéndome por completo.
- Un segundo, aún falta Hikari.
- ¿Hikari? ¿Quién es Hikari?
- ¡Ah! -incluso si sé que es mi hermana la que ha gritado, me sorprendo al oírla. O, en realidad, lo que me sorprende es ver su gesto avergonzado aparecer de un momento a otro, sin razón.
No lo entiendo.
- Himawari-chan, ¿acaso no le dijiste? -en el rostro de aquella chica no hay más que una sonrisa de burla.
- ¿Decirme qué cosa-ttebasa?
- Es que no tuve tiempo -ella le murmura, excusándose. Para mí, su mentira es más que obvia.
¿Por qué lo hace?
- Entonces… ¿vendrá alguien más?
- Sí. Hikari.
- ¿Quién es él?
Mi voz se escucha tan seria, que de inmediato me reprendo por ello. No se supone que debería molestarme si viene alguien más, ¿verdad?
Hima y su amiga se observan tan solo un instante, antes de responder al mismo tiempo.
- Un amigo de Himawari-chan.
- Nadie.
Mi hermana desvía su mirada otra vez. Su mejor amiga comienza a reír al verla hacer eso.
Y yo sigo sin entenderlo.
O sin querer entenderlo. Porque todo lo que sé es que no me gusta en lo absoluto.
Ni la manera en que evade la pregunta, ni la forma en que aparta su mirada, avergonzada. Ni mucho menos el recordar que se ha pasado tanto tiempo arreglándose frente a la vitrina de una tienda, preocupada por su aspecto.
Todo por un chico.
Por supuesto, él no tarda en llegar.
Lo hace poco antes de que la función comience y nos deja con el tiempo justo para comprar las entradas, pero a mi hermana no parece molestarle en lo absoluto.
En lugar de eso le sonríe, mientras que él se disculpa por su retraso una y otra vez.
La curiosidad me invade y ponto me encuentro examinando a aquel chico, incluso si no quiero hacerlo.
Me comparo con él. Más joven, de cabello y ojos oscuros; sin marcas de golpes sobre su rostro. En lugar de eso, lentes y un libro que rápidamente guarda en su bolso.
Un gesto amable en su rostro, una sonrisa sincera.
Alguien por completo opuesto a mí.
Intento quitarme ese último pensamiento de la cabeza, pero por mucho que lo intento no lo consigo.
Aparto mi mirada entonces, contengo mi suspiro. Me trago el malestar que comienza a gestarse en mi interior.
Se suponía que solo seríamos nosotros dos.
¿Por qué me has mentido, Hima?
.
…
.
La película resulta ser exactamente como imaginé que sería: aburrida, lenta y con un final por completo predecible.
Cielos, mi hermana tiene en verdad un pésimo gusto para las películas.
Mientras la espero a la salida de los baños, me dedico a observar los carteles de los siguientes estrenos. Futuras películas de acción, de comedia y de terror adornan el pasillo.
Incluso aunque esté mal hacerlo, me permito pensar que esto es algo que podríamos repetir alguna vez, solo nosotros dos.
De pie, frente al cartel de una película romántica, incluso me permito fantasear con ello.
- ¿Te gustan las películas románticas, Boruto-kun?
La voz me produce un sobresalto. Cuando giro, la amiga de Hima me observa atenta, con aquella sonrisa en su rostro.
- No realmente -contesto, aunque en realidad no sé si mi respuesta es por completo sincera.
No suelen gustarme, porque nunca consigo identificarme con ninguna de esas historias.
- ¿Estás seguro? Parecías muy interesado.
Retrocedo un paso, y farfullo alguna respuesta simple, algo que no suene tan grosero. Continuó esperando a Hima, y sin recibir invitación alguna ella se queda de pie junto a mí, esperando también. En este momento, el pasillo está repleto de risas y conversaciones, a excepción por nosotros dos.
- Vas en preparatoria, ¿no es así? -su pregunta surge de pronto. Asumo que solo busca ser cortés con el hermano mayor de su mejor amiga.
- Sí.
- ¿Es divertida?
- Para nada -incluso si mi respuesta ha sido por completo honesta y sin un ápice de sarcasmo, ella comienza a reír como si se hubiese tratado de un chiste.
Que chica tan rara, ¿cierto?
Tras casi otro minuto completo de incomodo silencio, mi hermana aparece por fin. Al mismo tiempo su compañero también sale del baño de chicos. Ambos se encuentran entonces, en medio del pasillo.
Al verlos, mi cuerpo se mueve automáticamente, urgido por la necesidad de no dejarlos a solas.
- Ya vienen.
- Espera.
Kiyomi -recuerdo de pronto su nombre-, sostiene mi mano entonces, con tanta familiaridad que me sorprende. De pronto, me veo alejado en dirección opuesta, hacia la salida del cine.
Incluso si no es lo que quiero, no consigo reaccionar. Mis pies avanzan guiados por una orden que no es mía.
Debería reaccionar. ¿Por qué no lo hago?
- Un segundo… Ellos están por allí…
- Ya lo sé -insiste, llevando un dedo sobre sus labios, indicándome hacer silencio-. Pero ¿qué te parece si les dejamos solos un rato?
Me sonríe entonces. Pero no como la sonrisa presumida que usa Sarada, ni como la sonrisa amable de mamá o Hima. Es una sonrisa casi… ¿provocativa?, una que definitivamente queda muy extraña en una niña de trece años.
No puedo imaginar a mi hermana con ese tipo de sonrisa.
Giro de inmediato, para ver sobre mi hombro. En medio del pasillo aún repleto de personas, Hima observa alrededor, de seguro buscándome. Sin embargo, no parece estar asustada, no con aquel chico junto a ella.
La alerta se dispara dentro de mí. Mi cuerpo reacciona y se niega a dar un solo paso más.
- Pero...
Siento como esta chica vuelve a tirar de mí, mucho más decidida que antes, pero yo me resisto.
¿Qué demonios está haciendo?
Solo se detiene cuando consigo liberar mi mano. Entonces gira a verme, y me observa como si lidiar conmigo fuese lo mismo que enfrentarse a un niño en medio de una rabieta.
- Vamos, me esforcé mucho para que Himawari-chan tuviera una oportunidad con Hikari -me revela, casi como si fuese un secreto. Esta vez, lo que hay en su rostro es un gesto de regaño-. No seas un hermano amargado, ¿de acuerdo?
- ¿Esto es algo planeado?
- Por supuesto que sí, llevo planeando por semanas que ambos tengan un tiempo a solas -revela con frustración. Casi de inmediato la misma sonrisa de antes vuelve a aparecer -, pero ¿sabes?, resulta ser que me gustan un montón los chicos de preparatoria. Así que le pedí a Himawari-chan que te invitara hoy, para divertirme también. Eso es matar dos pájaros de un tiro, ¿no crees?
No. No lo creo.
- ¿Hima sabía que lo querías hacer?
- Por supuesto que lo sabía -me asegura, sonriéndome como si mi pregunta fuese realmente estúpida. Para mí, ella también podría estar diciendo "pobre chico ingenuo" y no habría diferencia alguna-. ¿Por qué otra razón iba a invitarte hoy?
¿Qué se supone que significa esa pregunta?
"También podemos comer hamburguesas y pasear por las tiendas. ¡Vamos, hermano! Será muy divertido"
La promesa de mi hermana, la que ha hecho tras chantajearme para hacerme venir, resuena en mi mente de pronto, como una campana.
Y se vuelve insoportable.
El malestar en mi interior no hace más que aumentar al entenderlo: lo que mi hermana en verdad planeaba al invitarme, lo que la hizo llegar tan lejos con tal de asegurar mi presencia aquí.
No era para estar conmigo, nunca lo fue.
Ella solo quería que yo saliera con su mejor amiga, para así tener un tiempo con aquel chico.
- ¡Oye! ¿A dónde vas?
No contesto. Ni siquiera me molesto en despedirme.
En lugar de hacer eso, camino de vuelta adentrándome entre las personas que aún esperan en el pasillo.
Y hago lo que tuve que haber hecho desde un inicio.
- Entonces, Hima-chan, tal vez podríamos…
- ¡Hima!
Ella voltea al reconocerme. Sonríe de inmediato.
- Oh, hermano, ¿dónde está Ki-chan? Creí que…
No alcanza a terminar su pregunta. Tan rápido como puedo, agarro su muñeca y tiro de ella, obligándola a seguirme hacia la salida.
No sé exactamente porque lo estoy haciendo, solo sé que no pienso dejar que suceda.
Ella. Y aquel chico.
Su absurda cita planificada.
No voy a permitirlo, de ninguna manera.
- ¿Hermano? ¡Oye, un segundo…!
No me detengo ante su suplica, no soy capaz de hacerlo.
Incluso si sé que es me estoy equivocando, incluso si sé que estoy haciendo algo estúpido e infantil, no la suelto. Y me odio, porque es lo que debería hacer: soltarla e irme por mi cuenta, dejarla tener su cita y dejarla estar con un chico que no sea yo, como querría cualquier adolescente. Pero no puedo. Algo, algo profundo dentro de mí no me deja hacerlo.
Por más que me ordeno soltar su muñeca, lo único que consigo es sujetarla con más fuerza.
- ¡Hermano!
Es insoportable.
- ¡Hermano, por favor!
Verdaderamente insoportable.
- ¡Hermano!
El sentimiento desagradable en mi pecho, la sensación de estar ahogándome.
Y yo mismo, forzándola a seguir caminando.
¿Cuándo me he convertido en una persona tan horrible?
…
Para cuando Hima consigue soltarse, he conseguido llevarnos hasta la estación de trenes.
- ¡Hermano, detente ya!
Esta vez, su orden me paraliza por completo. En el andén de la estación, por fin consigo detenerme. Siento su muñeca deslizarse lentamente, pero esta vez no la sostengo.
Estoy agotado.
Ya es tarde para arrepentirme, de cualquier manera, porque he arruinado todo.
No creo que haya forma alguna en que ella me perdone por lo que he hecho.
- ¿Por qué hiciste eso, hermano? -pregunta, y yo puedo sentir el enfado en su voz. Sin embargo, cuando giro, todo lo que consigo ver es una mezcla de temor y desconcierto en su forma de observarme.
Los siguientes segundos pasan veloces, mientras que ella espera una explicación de mi parte, una explicación que le haga entender porque la obligue a irnos.
Y yo no tengo ninguna, me doy cuenta por fin.
Ninguna explicación posible.
¿Qué digo? ¿Qué invento?
¿Cómo explico lo que acabo de hacerle?
- ¿Por qué hiciste eso, hermano? -repite nuevamente. Su mirada asustada, como si no me reconociera en lo absoluto, me hace entrar en pánico.
Si no hago algo pronto, si no digo cualquier cosa, va a descubrirlo.
Va a descubrir mis sentimientos.
No. No. No.
Tengo que pensar en algo. Tengo que inventar cualquier cosa.
- Contéstame, por favor -pide, por tercera vez. Pero mi mente, por completo en blanco, ni siquiera me permite recordar como hablar-. ¿Acaso Ki-chan te desagrado? ¿Fue grosera contigo?
- No… no fue eso.
- ¿Entonces qué fue?
- Tú… ¿tú me armaste una cita?
Ella se sorprende de mi pregunta.
Yo también lo hago. Pero tan pronto como aquella estúpida excusa se manifiesta frente a mí, me aferro a ella, desesperado por no ahogarme.
Desesperado por protegerme.
- Es solo que... Ki-chan llevaba mucho tiempo pidiéndomelo -Hima habla. Luce sorprendida y culpable. El gesto de alguien que ha sido atrapada.
Yo lo recuerdo entonces.
Esa fue la razón por la que ella me invitó a salir en primer lugar. Nada más.
Lo que Hima en verdad quería, todo este tiempo, era estar con ese chico.
- Creí que... creí que esto sería algo que haríamos tú y yo, creí que…
Me ordeno callar. Incluso si es lo que siento en verdad, ella no debe saberlo.
No puedo decírselo.
- No entiendo que hice mal.
Nada, no has hecho absolutamente nada. ¿Acaso no lo entiendes?
¡El que lo ha arruinado todo soy yo!
Y aún así, no consigo que deje de importarme. No es justo, ¡¿por qué no puedo superar todo esto?!
La respuesta a mi pregunta es tan obvia que me avergüenza tener que aceptarla.
Es porque estoy celoso, realmente celoso.
Y estoy celoso porque estoy enamorado de mi pequeña hermana.
No debería, pero lo estoy.
No debería sentir nada de esto. Y aun así lo estoy sintiendo.
¿Por qué yo? ¿Por qué no puedo deshacerme de estos sentimientos?
¿Por qué tiene que sucederme esto a mí?
- Debiste… debiste preguntarme si quería tener una cita.
Puedo ver el gesto de arrepentimiento formarse en su pequeño rostro. De pronto, incluso si soy yo quien ha arruinado el día, es ella quién se comienza a disculpar conmigo.
¿Qué clase de hermano soy haciéndola sentir culpable?
¿Cómo puedo ser tan egoísta?
- No pensé que te molestaría. Ki-chan me lo pidió mucho tiempo -me explica, incapaz de mirarme. Sus ojos acuosos son la prueba de que está a punto de comenzar a llorar-. Creí… creí que podría ser divertido que salieras con ella…
- Querías que saliera con ella para poder tener tu cita con aquel chico. Me obligaste a venir solo por eso, ¿no es verdad? -mi acusación la sorprende. Y le duele, lo sé, porque a mí también me duele-. Ese chico… ese chico te gusta, ¿verdad?
De pie sobre la cuerda floja en la que siempre me estoy balanceando, acabo de perder el equilibrio por completo. Y ni siquiera intento sostenerme, pese a que debería hacerlo. Porque lo único que verdaderamente -y desesperadamente-, necesito, es su respuesta.
Responde. ¡Responde por favor!
¡Dime lo mucho que realmente me estoy equivocando, por favor!
No sucede. Hima ni siquiera contesta mi pregunta. En lugar de eso, tan solo aparta su mirada, mientras que su rostro lentamente adquiere un notorio sonrojo.
Y yo pienso en que seguir negándolo ya no tiene ningún sentido, ¿cierto?
Lo sé. Lo he sabido durante todo el día.
Mi hermana está enamorada de aquel chico.
Pensarlo es suficiente para que algo me golpee directamente en el corazón, con tanta fuerza que incluso temo vaya a romperse y dejar de latir por completo. Pero eso tampoco sucede. En su lugar, solo se hace doloroso.
Cada latido, cada inspiración… Todo a mi alrededor.
Infinitamente doloroso.
- Hermano, yo…
La yema de sus dedos alcanza mi brazo, el roce suave me hace estremecer. No lo soporto, tengo que retroceder.
Porque no quiero que me toque, no quiero ser consolado. De hecho, no quiero saber nada de ella en lo absoluto.
Mierda. ¿Por qué no puedo dejar de sentirme así?
¿Qué tan patético soy en realidad, al sentirme tan celoso de un estúpido niño de secundaria…?
¿…y al tener que esconder lo herido que estoy, para que ella jamás lo descubra?
- La próxima vez... la próxima vez no me uses de excusa, ¿de acuerdo?, si quieres salir con un chico, solo hazlo y déjame a mí solo. No soy un juguete, ¿escuchaste?
Los segundos pasan, tan lentos y dolorosos que incluso respirar se vuelve una tarea difícil.
Pronto, el tren anuncia su llegada, para luego entrar en la estación. La gente que espera abordarlo se amontona alrededor de nosotros, sin prestarnos un ápice de atención.
Pienso en que es perfectamente normal.
¿Qué hay de extraño con un par de hermanos discutiendo?
- Lo siento.
Hima habla, agotada. Su voz es un simple susurro, que se extingue rápido mientras subimos al tren.
"Lo siento", dices… pero ¿cómo perdonarte si no has hecho nada malo?, si el único culpable de todo esto soy yo.
Siempre yo, asediado por estos sentimientos que no puedo eliminar.
Cuando se trata de ti, no tengo remedio alguno. Lo he sabido desde siempre.
Y ahora puedo verlo con claridad.
Mintiendo todo el tiempo, ocultando lo que siento, actuando tan egoístamente.
Yo en realidad… soy alguien horrible. Una persona en verdad despreciable.
Lo sé. Y lo siento.
Lo siento, Hima, perdóname por favor.
No sabes cuánto lo siento.
CONTINUARÁ…
