Y por fin, después de toda una vida, les traigo una actualización! Cuanto lamento el tiempo transcurrido!

Quiero disculparme! En verdad, sucedió demasiado en este tiempo (pero no pretendo aburrirles con un resumen), y, por si no fuera suficiente, el capitulo de hoy resultó ser casi el triple de lo que suelo escribir, así que estuve toda la semana arreglándolo. Aviso que les quedo debiendo una reconciliación de hermanos! Será lo próximo en venir! Lo prometo!

nikingk: Hola! Bienvenid al fic!

Procrastinacion: No te preocupes por el final de este fic, que al paso que vamos no terminará nunca ajaja (es broma, la verdad es que el fic tendrá continuación). Tengo al pobre Boruto al borde de una depresión (si es que no se la cause ya), así que para equilibrar las cosas a la pequeña Hima también le tocará sufrir un poco.

kai vp: Y vendrán cosas peores, dice la Biblia. Gracias por leer!

Guest: Espero que hayas podido estudiar ajaja lamento que la historia robara tu tiempo. Gracias por tu gigantesco comentario (me encantan los comentarios así), y por tu acertado análisis de la dinámica familiar. Efectivamente Sarada, Mitsuki, Inojin y Sumire tendrán su propio peso en la historia (algunos más positivamente que otros), pero eso se verá en determinados momentos.

Diego Avendao: Muchas gracias, lector-kun.

Valerie Hyuga Senju: Me siento horrible por siempre hacer que Boruto sufra :( y claramente su situación no es una dónde pueda solucionar las cosas declarándose (oh Dios, no!, eso solo empeoraría todo!). Agradezco profundamente tu comentario, en realidad me gusta mucho saber lo que piensan al leer los capítulos.

El solitario: Ya vendrán instantes más felices para él.

Gabe Logan: La conversación entre Boruto e Hima la dejaré para el siguiente capítulo, y sí, a Boruto le toca su momento depresivo (y por si no fuera poco el corazón roto, le toca lidiar con dramas ajenos).

secretlistener: Ajajaja, I know! Boruto will be rewarded! I promise!


XI

Ratón

.

Desde lo sucedido con Hima ya va un día completo, y seguimos sin cruzar palabra alguna.

Si mamá lo nota, omite cualquier comentario. Asume que nuestra salida ha ido mal, pero no hace ninguna pregunta al respecto. Y yo lo agradezco.

Porque no siento ningún ánimo de contarle lo sucedido, de hecho, pienso que ni siquiera sabría cómo comenzar a explicarlo.

Lo único que sé, es que todo es mi culpa. Mi hermana menor solo quería tener una cita con un chico decente, y yo la arruine por culpa de mis absurdos celos. Y, lo peor, fue que en medio de mi desesperación por evitar ser descubierto voltee la situación para hacerla sentir culpable de lo sucedido.

Resulta que mi improvisado plan funcionó tan condenadamente bien, que Hima abandonó cualquier intento de acercarse a mí. Desde ayer todo lo que ha hecho es mirarme, con aquella expresión culpable y desolada de la cuál soy el único responsable. E incluso si ha sido solo por un día, tanta distancia entre nosotros me ha hecho recordar a cómo eran las cosas meses atrás, cuando mis reglas solo me permitían interactuar con ella lo estrictamente necesario.

Y no puedo creer lo desoladora que está resultando esa distancia ahora.

¿Cuándo se hizo tan insufrible estar un simple día sin ella?

Un brindis por mí, que lo he arruinado todo.

La tortuosa voz en mi cabeza me hace comprender que necesito un poco de aire fresco. Por eso, decido con obstinación que nada de lo sucedido ayer tiene que importarme, que estoy bien y que solo necesito distraerme.

Incluso conozco la forma perfecta de conseguirlo.

Hoy es la fiesta de Inojin. Y tengo planeado asistir a ella.

Durante todo el día esperé -casi ansioso- que mamá decidiera castigarme. Estaba convencido de que lo haría, y decidido a escapar de casa de cualquier manera. Pero resultó que al momento de marcharme ella me despidió en la puerta, dándome un poco de dinero y pidiéndome que no regresara tan tarde.

Puede ser que me volviese paranoico en las últimas veinticuatro horas, pero creí distinguir incluso un ligero brillo de culpa en su mirada.

Eso solo me hace pensar que tal vez mamá sabía lo que mi hermana planeaba, y por esa razón no me castigó al volver. O, tal vez, simplemente comenzó a sentirse culpable de forzarme a pasar tanto tiempo con ella.

Sea como sea, no tuve problemas para salir. Y tras media hora me encontré por fin en casa de Inojin.

Lejos de mi familia, lejos de mi hermana, lejos de mis asfixiantes sentimientos.

Hoy soy un ratón más, invitado a la gran fiesta del gato.

- Oh, así que has venido.

Mi amigo sonríe en la puerta, con cierto escepticismo al verme. De todas formas, no duda en darme un golpe amistoso y en dejarme entrar en su casa, mientras que saluda al resto de los invitados en la puerta.

- ¡Hay cerveza en la cocina! -me recuerda finalmente, mientras me abro paso por el recibidor.

No importa las veces que venga, la casa de Inojin sigue pareciéndome una mansión. Y si solo pudiesen verla entenderían la razón, es decir, ¡mi casa podría entrar con facilidad en su jardín!

Sí, han adivinado, los Yamanaka son ricos. El padre de Inojin es un reconocido artista y su madre una paisajista muy admirada, o eso es lo que mamá me ha explicado -porque por supuesto, ella y papá los conocen desde la preparatoria-. También, esa es la razón por la que siempre están de viaje, dejando siempre en el nido a su único hijo.

Inojin no se tortura con eso, claro. Le va bien el tiempo a solas. Por eso, siempre que tiene la oportunidad, organiza una fiesta y nos invita. A nosotros, sus amigos cercanos y, claro está, a todos los que estén seleccionados para conocer su privilegiado mundo.

Mientras me abro paso a la cocina, me doy cuenta de que esta fiesta en realidad es muy simple, pero incluso así se encuentra repleta de gente. Supongo que esas son las ventajas de ser uno de los chicos más populares de la preparatoria.

Supongo que yo soy lo contrario. Creo que mi fama de delincuente juvenil no ha ido más que en aumento desde mi última pelea con Iwabee. Es por esa razón que mientras avanzo algunas personas no dudan en saludarme, mientras que otras deciden tan solo ignorarme. Por supuesto, los desprecios de mis compañeros de escuela no me importan en lo absoluto.

Yo solo vine por una cosa.

En el sofá, y con seis latas frías en la mano, me permito relajarme por fin. La cerveza es un poco agria para mi gusto, pero mejora con cada sorbo.

La primera vez que la probé, recuerdo haber sentido ganas de vomitar. Era tan mala que no entendía cómo podía gustarle a Inojin y al resto de los chicos que me desafió a beberla. Pero pronto descubrí lo mucho que ayudaba si el objetivo era solo despejar tu cabeza.

Hoy, necesito aquello con desesperación.

Porque no puedo olvidarlo. Por mucho que lo intente y busque distraerme, no consigo quitarlo de mi cabeza.

A mi hermana menor, enamorada de otro chico.

Maldición, si esto es a lo que llaman tener el corazón roto, en verdad es una mierda.

- Luces de mal humor, Boruto.

Alzo mi cabeza ante tal observación. Mitsuki, de pie frente a mí, me está mirando fijamente.

¿Cuándo llegó?

- Tuve un día de mierda -mi propia sinceridad me sorprende. Él asiente a mis palabras, y sin preguntar toma asiento a mi lado.

- ¿Problemas en casa?

Sonrío. Aprieto la lata aún fría entre mis manos.

- Las hermanas menores son un fastidio.

O, más bien, lo son sus estúpidos y celosos hermanos mayores.

- No podría decirlo, solo tengo un hermano mayor y nunca nos vemos -murmura, luce pensativo-. Así que no puedo decidir si es un fastidio o no.

- ¿Vive lejos?

- Sí. Va a una universidad en el extranjero, y eso lo mantiene ocupado gran parte del año -me cuenta-. Por alguna razón no se lleva muy bien con papá, pero de vez en cuando viene a visitarme. Se preocupa por mí y no discutimos, así que diría que mi relación con él es agradable -se da una pausa, antes de volver a mirarme-. ¿Tuviste una pelea con Himawari-chan?

- Algo así.

- De seguro lo resolverán pronto.

Asiento, aunque es mentira.

Porque lo que nos sucede -o, en realidad, lo que a mí me sucede-, es imposible de resolver.

La persona de la que estoy enamorado se encuentra enamorada de alguien más.

Sí, supongo que eso le pasa a todo el mundo en algún momento, pero dudo que la gran mayoría de esas personas estén enamoradas de su hermana menor.

Tampoco es que exista alguna especie de solución mágica a este problema. No es como si pueda evitar que Hima se enamore de aquel chico, después de todo, ella ya no es una niña.

Tarde o temprano esto iba a suceder. Tan solo es momento de aceptarlo.

De seguro en cualquier momento mi hermana comenzará a salir con aquel chico. Caminaran juntos a casa, tal vez, charlando sobre todo lo que tienen en común; se tomarán de la mano, se abrazarán y, un día, él la besará tras haberse confesado. Serán novios. Entonces, ella lo invitará a cenar a casa, para presentárselo a mamá y papá. Como es un buen chico, ambos lo aprobarán; y yo también lo haré, para no decepcionar a Hima.

Porque de seguro se tratará de alguien bueno, ¿saben?, quiero decir, un buen novio, uno al que definitivamente ella amará. Y siendo mi hermana alguien tan maravillosa, él también se enamorará perdidamente de ella.

Y ambos serán felices juntos, sin duda alguna.

El único problema seré yo, como siempre.

Un gato sin nombre, enamorado de una princesa con la que no posee oportunidad

Entonces, ¿cómo se supone que deba enfrentarlo? Aquel futuro, en dónde no soy nada más que un distante hermano mayor, ¿cómo será?

Solo planteármelo resulta agotador.

O, más bien, yo soy el que está realmente cansado. Cansado de discutir con papá, de engañar a mamá y de lastimar a Hima… Cansado de ser tan egoísta, todo el tiempo. Incluso si mis motivos para hacerlo son buenos… estoy realmente exhausto de ello.

Francamente no puedo imaginar el resto de mi vida haciendo lo mismo. Pero si no es de esta forma, ¿entonces cómo debo continuar?

¿Qué cosa puedo hacer? ¿Qué tan lejos tengo que llegar?

Si el gato del cuento, asolado por el dolor de ver a su princesa tan enamorada de alguien más, la abandona para permitirle ser feliz… ¿qué implica para mí?

Acaso sería… ¿irme de casa?

La idea es agria -mucho más que el largo trago de cerveza que su aparición me fuerza a tomar-, pero incluso así no consigo quitarla de mi cabeza.

Detesto pensarlo, ¿pero realmente existe otra salida?

Todo lo que he hecho hasta ahora ha sido por seguir manteniendo a mi familia unida, por seguir protegiendo a mi hermana, para llegar al día en que pudiera deshacerme de mis pensamientos tan enfermizos. Pero tras tantos años, ha sido por completo inútil.

Porque estoy enamorado de Hima, irreparablemente.

No puedo deshacerme de estos sentimientos, por mucho que lo intente.

A este paso, continuar viviendo en casa y seguir pretendiendo que no hay nada malo conmigo… ¿no es acaso una fantasía imposible de realizar? Creer que podré mentir por siempre, que podré negar mis sentimientos eternamente, incluso creer que podré ocultarlos sin que nadie jamás me descubra, ¿no es acaso ingenuo de mi parte?

De seguro, tarde o temprano, alguien sospechará de mí. Mamá, papá… o puede que incluso Hima. Uno de ellos podría descubrirme, en cualquier momento, y todo terminaría terriblemente mal. Pero, si me fuera de casa, si comenzara a vivir por mi cuenta antes de que algo suceda, tal vez aún podría conservar todo tal y como está.

No parece una locura tan grande, después de todo, muy pronto cumpliré dieciséis años. Tras eso, solo necesitaría esperar otros dos años más, y luego… marcharme. A algún lugar cercano, como un departamento de estudiante en el centro de la ciudad. Si lo hago, de seguro podría visitarles cada fin de semana y pasar cada fiesta con ellos. Suena incluso como un buen plan de vida, excepto porque…

No es lo que quieres hacer, de ninguna manera.

No. No lo es. Pero, siendo honesto conmigo mismo, ¿qué otra opción tengo?

Incluso si es solo por una noche, debería comenzar a aceptar mi vida, tal y como es. Debería comenzar a ser realista.

Porque se los dije desde un comienzo, ¿recuerdan?, que ésta no se trataba de una historia de ciencia ficción, de terror o de ninjas; ni mucho menos una historia romántica, porque para mi hermana nunca he sido nada más que su distante hermano mayor.

En realidad, esta historia es la de un simple adolescente que está enfermo porque tiene pensamientos anormales, pensamientos que otras personas no tienen. O, siendo claros, es la historia de mi enfermizo amor no correspondido.

Y en las historias así, no existen los finales felices.

Deberían irse ahora, antes de que la bomba de tiempo en la que me he convertido termine por explotar.

Están advertidos.

- Hey, Boruto, está arruinando el ambiente.

La voz de Inojin me hace levantar la cabeza. El simple movimiento me marea y me obliga a enderezarme, para recuperar mi equilibrio.

Oh, mierda. ¿Tantas cervezas he tomado ya?

- Miren quién es -mis palabras emergen con torpeza, incluso puedo sentir mi lengua adormilada por el alcohol. De seguro debo escucharme ridículo-. El rey de la fiesta decidió bajar con los súbditos.

Distingo la sonrisa presumida aparecer en su rostro.

- ¿Y acaso el rey te ha condenado a ser decapitado? -pregunta divertido-. Vamos, quita esa cara, arruinas mi fiesta.

- Lamento de corazón estar robando la atención de tus invitados.

- No lo hace a propósito -la voz de Mitsuki me sorprende. No había notado que continuaba sentado a mi lado-. Boruto se siente triste hoy. Parece haberle sucedido algo malo.

Me enfada oírlo decir aquello.

- Oye, no lo digas así -empujo mi brazo, para golpearlo en el hombro. Como siempre, él ni se inmuta.

- Pero es la verdad -me replica, mirándome con calma y sin entender nada, como siempre. Su falta de comprensión me hace dar un resoplido.

¿Qué tiene que sea la verdad? No quiero que nadie me pregunte qué es lo que me sucede.

Estúpido Mitsuki.

- No te enojes con él, Boruto -el abogado del diablo hace su aparición. Shikadai emerge de entre el fuerte ruido de la música, y sonríe para tranquilizarme-. Basta verte para saber que algo malo te sucedió.

- No me ha sucedido nada-ttebasa -mi propia mentira es lamentable. Ya por costumbre, mi vista vuelve a la cerveza en mi mano, ahora tibia. Antes de poder dar un nuevo sorbo las manos de Shikadai me la arrebatan, como un verdadero ladrón-. ¡Oye!

- Creo que es suficiente por esta noche -su gesto burlesco me hace detestarlo.

No solo a él. De pronto la presencia de mis amigos no consigue más que molestarme.

Cielos. ¿Por qué no puedo tener una noche para mí solo?

- Podrías sentirte aliviado si nos confiesas que te preocupa -Mitsuki es quién habla. Yo me pregunto cómo consigue sonar siempre tan calmado, como si nada le afectara jamás.

- No les interesa. ¿Por qué no me dejan emborracharme tranquilo?

- Oh, vamos, ¿no ves que tus frías palabras lastiman nuestros sentimientos? -con un suspiro, Shikadai toma asiento a mi derecha. Con Mitsuki a mi izquierda e Inojin frente a mí, me siento, de pronto, rodeado-. Se supone que los amigos pueden hablar sus problemas. Si nos dices que pasó, tal vez podamos…

- ¿Qué clase de tontería melodramática es esa? -Inojin se ríe. Por primera vez concuerdo con él-. Están exagerando, es bastante obvio lo que le sucede.

- ¿Lo es? -preguntan ambos. E incluso yo me siento curioso sobre lo que dirá.

- Claro que sí. Es un lío de faldas, ¿o me equivoco?

Siento su mirada inquisidora sobre mí, y su sonrisa victoriosa por saber que tiene la razón.

Un lío de faldas. Vaya forma de describir mis problemas con mi pequeña hermana.

Que imbécil más grande.

- Te equivocas completamente, idiota.

- Vamos, no te enfades, es una fiesta -se burla. Shikadai asiente.

- ¿Por qué mejor no intentas hablar con alguna chica? Eso te distraerá.

- No tengo tiempo para sus tontos juegos.

En cuanto doy mi respuesta, ambos se miran divertidos. Reconozco el brillo de complicidad en sus ojos.

- Te dije que no se atrevería, es un cobarde.

- Que fastidio eres, Boruto -Shikadai finge enfadarse. Saca un billete desde su bolsillo, que furtivamente desaparece en la mano de Inojin-. Siempre pierdo dinero por tu culpa.

- Tienes un problema de apuestas.

- Más bien yo diría que es un pésimo apostador, siempre está esperando algo de ti -la risa tonta de mi amigo me hace enfadar.

De pronto, solo tengo ganas de pelear.

- ¿Quieres ver de lo que soy capaz? Tú y yo, Yamanaka. Aquí mismo. Veremos si quedas tan guapo cuando acabe contigo.

Intento levantarme, pero los chicos vuelven a tirar de mi hacia el sofá.

- Woah. Alguien quiere pelear -Shikadai se burla de mí. Con un tirón me libero de su agarre.

- Vamos, relájate, la cerveza se te está subiendo a la cabeza -Inojin vuelve a burlarse de mí. Siento unas profundas ganas de romperle esa sonrisa.

- No luces bien, Boruto -Mitsuki me habla. De los tres, es el único que realmente parece preocupado por mí-. ¿Quieres que llamé a tu madre para que venga por ti?

- ¿Y qué lo castiguen por estar casi en estado etílico? ¿Qué idea es esa?

- Mejor tráiganle comida. De seguro solo ha tomado cerveza desde que llegó.

Mientras Mitsuki se levanta para conseguir bocadillos, alcanzo a distinguir por el rabillo del ojo a un grupo de chicas pasar por la cocina. Más bien, solo reconozco a la presidenta de la clase entre ellas, avanzar tímidamente, como si no estuviera segura de cómo actuar en medio de una fiesta.

Tiene sentido, ella no suele venir a las fiestas de Inojin. Verla aquí es casi tan raro como imaginar a Sarada haciendo algo que no sea estudiar.

¿Para qué habrá venido aquí en primer lugar?

Siento un golpecito en mi costilla. Shikadai me ha dado con el codo, intentando llamar mi atención.

- Psst, Boruto, allí va Sumire Kakei ¿Qué te parece si hablas con ella?

- Shika, si se trata de otra estúpida apuesta te romperé la cara…

- No, hablo en serio -insiste. Ver su sonrisa sincera consigue que me relaje un poco-. Apenas llegó a la fiesta preguntó por ti. ¿Por qué no intentas algo con ella? Tal vez así te suba el ánimo.

Suspiro. Farfullo una excusa rápida y de inmediato vuelco mi atención en los bocadillos y frituras con los que Mitsuki vuelve.

La comida nunca ha sabido mejor.

Los minutos pasan. En un momento, unas risas tontas se elevan por sobre la música. Miramos a la cocina, dónde un grupo de chicas nos mira fijamente. O, más bien, miran a Inojin.

Y él lo sabe. Pronto les sonríe de vuelta, consiguiendo muchas más de esas risas absurdas.

Ah, mi amigo es todo un galán. Me pregunto que se sentirá ser tan popular con las chicas y poder tener a cualquiera de ellas cuando quieras.

La única chica que me interesa a mí me llama "hermano" y está enamorada de alguien más.

- El deber llama, señores -él se despide, con una inclinación de cabeza. Shikadai y Mitsuki protestan, pero a mí me resulta más que obvio. Por supuesto que va a dejarnos por estar con esas chicas. Es Inojin y es su fiesta.

Un rey no pierde el tiempo con sus súbditos cuando tiene tantas doncellas cerca.

- Sé que es nuestro amigo y todo, pero a veces me cuesta reconocer lo mucho que ha cambiado desde la secundaria -Shika se queja en voz alta, en cuanto lo ve desaparecer. Yo le recuerdo que Inojin ha sido igual siempre, desde que somos niños, y me concentro en terminar los bocadillos.

Por fin. Con el estómago lleno, me siento un poco mejor.

Tristemente, sin mi cerveza el encanto de la fiesta desaparece. De pronto todo a mi alrededor se vuelve aburrido y monótono, o eso creo, porque a diferencia de mí el resto del mundo parece estar pasándola increíble, mientras que yo me encuentro semi recostado en el sofá, consciente de mi corazón roto y de mis dedos pegajosos a causa de las frituras de queso.

Cielos. Si esta noche iba a ser tan desastrosa lo mejor habría sido quedarme en casa.

Bueno, no en realidad. No querer estar en casa es precisamente la razón por la cual vine aquí en primer lugar.

Qué maldito problema, no tengo un solo lugar de calma.

- ¿Entonces lo harás o no? -Shikadai sigue insistiendo en su absurda idea, y a mí ya no me quedan bocadillos para seguir fingiendo que estoy ocupado-. Ella sigue en la cocina, no ha dejado de mirarte en todo este tiempo.

- Eso es mentira-ttebasa.

- Es verdad -Mitsuki es quién habla, y como sé que no se le da el mentir no me queda más que aceptar que es cierto-. Momento. Se está yendo.

- ¿Y qué quieren que haga precisamente? ¿Preguntarle por el clima?

El empujón de Shikadai hace que rebote contra Mitsuki. Él me sostiene y evita que el golpe sea demasiado duro, me ayuda a enderezarme.

- ¿Quieres que te dibuje un mapa o qué? -pregunta, y a continuación viene una larga risa-. Tú ya sabes que se supone que debes hacer.

Sonrío.

Que amigos tan idiotas tengo.

- Como si ella fuese a querer algo conmigo.

- ¿Eres ciego o es que nunca has visto cómo te mira? -su pregunta me incomoda.

¿Sigue bromeando o está hablando en serio está vez?

- Ella es… la presidenta de la clase.

- ¿Y? ¿Te preguntas como ella va a estar enamorada del chico problema, el rebelde sin causa? -alza su ceja con intriga, burlándose. Yo resoplo-. Para mí suena como un manga shōjo, de esos que les gustan a las chicas.

- Eres un idiota.

Él sonríe. Sin embargo, al final suspira y abandona su faceta sarcástica.

- No veo que hay de malo en intentarlo. Creí que ella te gustaba en la secundaria.

Sí… yo también lo creía. Hasta que me di cuenta de que me esforzaba en pensar en ella para no tener que pensar en mi hermana menor.

Desde allí, decidí hundirme en picada.

- Ya no estamos en secundaria -esta vez es mi turno de suspirar. Shika me mira un momento, como si intentase leer mi mente y entenderme.

- Es cierto, pero sigues siendo igual de terco y fastidioso -se dedica a decir, finalmente. Incluso se da un momento para sonreírme-. ¿Quién dice que ella no siente algo por ti? ¿Y qué dentro de tu rebelde corazón sientes lo mismo?

No respondo. Su idea sigue resultándome absurda.

¿La presidenta de la clase interesada de mí? Que locura.

- Llevo un tiempo sin ver a Inojin -Mitsuki lo comenta, mirando de un lado a otro. Su pequeña interrupción me ayuda a cambiar de tema.

- No te preocupes, de seguro debe estar con alguna chica -Shika asiente mis palabras-. Luego volverá para presumirnos como le fue, igual que siempre.

- Dejémoslo divertirse lo que quiera. Mientras la policía no llegue para arrestarnos a todos, no hay nada de lo que debamos preocuparnos.

Aquella idea me hace sonreír.

- ¿Te imaginas cómo se pondría su madre si supiese lo que su pequeño ángel hace cuando ella no está en la ciudad?

Shikadai ríe a carcajadas, e incluso consigo notar un atisbo de risa en la repentina tos de Mitsuki. Después de todo, si hay algo que nuestro amigo conserva tan bien como su popularidad, es su reputación de niño bueno.

Lamentablemente, mi pequeño momento de calma dura menos de lo que esperaba. Pronto Shika vuelve a la carga, y pasa los siguientes minutos convenciéndome de que me levante del sofá en el que llevo toda la fiesta y me atreva por fin a conversar con la presidenta.

- Entonces, ¿qué dices?

Oh, respira profundo Boruto, él es tu amigo y solo le preocupa verte deprimido.

Si tan solo mi amigo no fuera tan fastidioso ni se metiera en dónde no lo llaman.

- Si voy a hablar con ella, ¿me dejarás tranquilo de una vez?

Él sonríe, intrigado.

- ¿Eso es un sí?

Resoplo. Dejo que los segundos pasen y uso el tiempo para que mi cabeza se aclare un momento.

Realmente no tengo interés en levantarme, pero la segunda opción -quedarme a beber aquí, como un idiota deprimido-, tampoco resuelve nada. De hecho, estoy seguro de que con mis amigos cerca mis posibilidades de conseguir más alcohol se han reducido por completo.

Así que… en realidad no tengo nada que perder. Ya me han roto el corazón, ya he planificado mi deprimente y solitario futuro, y ya se me han acabado las frituras.

Qué diablos.

- Creo que intentaré hablar con ella.

Porque debería, ¿no? Después de todo, eso sería comportarme como cualquier chico de mi edad… o al menos intentarlo.

Estar con chicas normales, quiero decir, chicas que no sean mi hermana.

Si lo pienso bien, nunca he tratado de hacer eso.

¿Podría cambiar de intentarlo?

- ¡Eso es! -el golpe en mi espalda borra la pregunta de mi mente, y me empuja hacia delante. Ciertamente Shikadai no podría lucir más feliz, tal vez creyendo que ha salvado mi alma de la profunda desolación o algo similar-. Así me gusta. ¡Oigan! ¿Alguien ha visto a la presidenta de la clase?

- La vi irse hacía el segundo piso hace algunos minutos -contesta alguien, aunque no estoy del todo seguro porque levantarme del sofá tan deprisa ha sido suficiente para hacerme tambalear.

- Ten cuidado -pese al mareo que invade mi cuerpo, distingo su socarrona risa a la perfección-. No quieres vomitarle encima, ¿o sí?

- No te preocupes Shika, si tengo ganas de vomitar vendré corriendo a ti.

Doy un par de pasos y limpio mis dedos pegajosos en mi pantalón. Mi cuerpo por fin se acostumbra a estar de pie y consigo despejar mi cabeza un poco, lo suficiente como para buscar la escalera.

Muy bien… ¿Hora de trabajar?

- Boruto, voy contigo -Mitsuki se levanta tras de mí. En un movimiento Shikadai vuelve a tirar de él hacía el sofá, y le impide seguirme.

Ah, ahí va mi última esperanza de escaparme de todo esto.

- Haznos sentir orgulloso -es lo último que me dice, con su pulgar arriba. Me aseguro de dirigirle mi mejor sonrisa de "déjalo en mis manos" mientras le muestro mi dedo medio.

Doy media vuelta y me escabullo entre los invitados. Cuando llego a las escaleras me aseguro de subirlas lo más lentamente posible, en un desesperado intento de ganar tiempo. La idea de tan solo desaparecer y fingir haber conversado con la presidenta no se me ocurre sino hasta haber llegado al segundo piso, pero luego recuerdo que jamás le agradecí su intervención en la casa de Sarada, y que éste sería un buen momento de hacerlo.

- ¿Presidenta?

Arriba, el pasillo se encuentra vacío y en penumbras. Siento las paredes retumbar a causa de la fuerte música en la fiesta, aunque desde aquí su sonido apenas es un eco distante.

Avanzo algunos pasos, antes de notar que las puertas de las habitaciones lucen cerradas, probablemente con llave. Bueno, por supuesto que tiene sentido, Inojin puede disfrutar mucho de organizar fiestas, pero no es tan estúpido como para dejar las pertenencias de sus padres sin cuidado alguno.

Entonces, ¿en dónde está la presidenta?

Mi mirada se mueve hacia la puerta del baño y me permito avanzar un poco antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo.

¿Abordar a una chica justo a la salida de un baño, en un pasillo oscuro y solitario? De seguro ella gritará al verme.

- Presidenta, ¿estás aquí? Soy… soy Uzumaki… digo, soy Boruto -parte de mí se siente estúpida por hablar en voz alta, estando solo en medio del pasillo, pero parece mejor opción que tan solo quedarme en silencio-. Eh, ¿tienes un minuto?, me dijeron que estabas aquí arriba, y te seguí para verte… -dudo de mis palabras. Creo que admitir haberla seguido no es precisamente la mejor forma de iniciar una conversación-. Es decir, quiero decir… no es que estuviera persiguiéndote, aunque es verdad que te seguí hasta aquí, pero no planeo hacer algo malo, lo prometo. Yo solo…

Cierro mi boca y abandono mis intentos de entablar una conversación con la puerta del baño. Nunca he deseado tan fuertemente que la tierra me trague.

Mierda, ¿qué demonios me pasa? Para empezar ni siquiera sé que es lo que estoy haciendo aquí.

Solo acepté subir para liberarme de Shikadai. Si en verdad algo pudiera darse entre la presidenta y yo, ¿qué haré?, nunca he estado a solas con una chica que no sea mi hermana menor.

Si ella realmente se encuentra interesada en mí… ¿qué debería hacer con eso?

¿En qué lio de mierda me metí ahora?

Mejor me voy, antes de crear un malentendido.

Tan pronto como planeo moverme, el repentino ruido a mis espaldas me hace dar un salto. Antes de darme cuenta estoy girando hacia la puerta de cuarto de Inojin, del otro lado del pasillo, iluminada ahora por la luz del interior. Incluso sin tener sentido que lo piense, imagino que solo puede tratarse de ella.

- ¿Presidenta? Lo siento, solo subí para agradecerte por… bueno, lo de la otra vez, en casa de Sarada, pero mejor…

La puerta se abre entonces, solo un poco. Retrocedo por impulso, esperando encontrármela de frente.

En lugar de eso, quién aparece es Inojin.

Viene despeinado, abotonando su camisa. Al mirarme, no hace más que sonreír.

¿Qué diablos?

- Ups, que incomodo es todo esto -me comenta, como si hablásemos del clima, justo antes de abrirse camino por el pasillo. Retrocedo lo justo para dejarlo pasar, y lo veo desaparecer por las escaleras, directo hacía el primer piso y la fiesta.

No tengo tiempo de digerir lo extraño que me parece la escena, porque no terminan de pasar dos segundos cuando alguien más llama mi atención. O, más bien, yo llamo la de ella.

- ¡B… Boruto-kun!

Todas las preguntas en mi cabeza se aclaran de inmediato en cuanto encuentro a la presidenta dentro del cuarto de mi amigo.

Aún sobre la cama, ella me observa con verdadera incredulidad, como si no pudiese creer que estoy aquí. Pese a eso, ella no tarda en cubrir su sostén, abotonando con prisa y nerviosismo su camisa desabrochada.

Si no estuviese sintiendo su misma incredulidad, me disculparía de inmediato por haber interrumpido lo que obviamente se encontraba haciendo con Inojin, y me marcharía. Sin embargo, en lugar de eso, las palabras se me han atorado en la garganta y yo me he quedado absurdamente paralizado.

Y no se trata de la sorpresa de haberlos descubierto a ambos, o de que precisamente se trate de la presidenta a la chica a la que he encontrado semi desnuda sobre su cama. En realidad, es por sus ojos, rojos e hinchados, prueba de que estuvo llorando hace poco.

Tan pronto como caigo en la cuenta de eso, siento mi cabeza despejarse de golpe. El resto del alcohol que pudo haber quedado en mi cuerpo desaparece en un instante, solo para ser reemplazado por el enorme desconcierto que estoy sintiendo.

Es solo que… ¿por qué razón ella estaría llorando? La única persona aquí, además de mí, fue…

La respuesta a mi pregunta me golpea, completamente obvia y desagradable al mismo tiempo.

- Hey, presidenta… -cuando hablo, puedo sentir el asco en mi voz-, ¿Inojin te estaba molestando o algo así?

La miro fijamente. Incluso si la respuesta me asusta, es algo que necesito saber. Pero para mi sorpresa, ella niega rápidamente con su cabeza.

- No, no fue eso -responde veloz. Por alguna razón luce asustada, tal vez demasiado asustada. No me cuesta entender que está escondiendo algo, o que simplemente se encuentra sumamente avergonzada de que yo permanezca todavía aquí.

- ¿Estás segura? Porque si necesitas mi ayuda, yo puedo…

- No es necesario -ella insiste-. De verdad. Yo solo estaba teniendo… un mal momento, e Inojin-kun solo fue amable conmigo.

- Muy amable, por lo que veo… -la veo sonrojarse por mi comentario, y apartar rápidamente su mirada de la mía, incapaz de sostenerla por más tiempo.

Y por mucho que me esfuerzo, no consigo entender nada de lo que está sucediendo. Estoy confundido…

"Apenas llegó a la fiesta preguntó por ti"

"No ha dejado de mirarte en todo este tiempo"

"¿Eres ciego o es que nunca has visto cómo te mira?"

…sobre la razón de haber terminado aquí, con Inojin. No consigo entenderla.

Puede que lo esté pensando demasiado. Puede ser que Shikadai solo se haya equivocado.

O de seguro es que debo ser realmente torpe cuando se trata de chicas, ¿no?

Mientras lo reflexiono, ella comienza a llorar nuevamente. El ligero movimiento de sus hombros y los pequeños sollozos que no consigue ocultar la delatan. Pero, aunque suene realmente egoísta de mi parte, sus lágrimas no aprietan mi corazón ni me producen la imperiosa necesidad de secarlas.

No es como con Hima… y estoy seguro de que nunca lo será.

Debería terminar de aceptarlo de una vez, en vez de intentar ignorarlo como siempre hago. Después de todo, siempre lo he sabido.

No es la presidenta la chica de la que estoy enamorado. Ni ella, ni ninguna otra chica.

Es mi hermana menor.

E incluso si ella está enamorada de otro chico, mis sentimientos no cambiarán. No hay forma de que cambien.

- Él no siente nada por ti.

No sé porque se lo digo. Tal vez lo hago porque se trata de una buena persona y no merece ser lastimada por Inojin.

Tal vez porque también me siento culpable de haber pretendido hacer algo similar.

Sea como sea, ella deja de llorar con mis palabras.

- Lo sé -murmura. Su voz es suave. Con su sonrisa triste y las lágrimas marcadas en sus mejillas, luce realmente frágil.

Pienso en que cualquier otro chico se aproximaría a ella sin dudar, para consolarla, y me pregunto si en cierta medida eso es lo que ella espera de mí.

Desearía ser cualquier otro chico.

Desearía no estar tan dañado.

- Entonces, ¿por qué estarías con un chico así?

Esta vez no me contesta. Tan solo se dedica a mirarme, por un largo segundo, antes de sonreírme y negar con su cabeza.

- En realidad yo también quisiera conocer la respuesta a tu pregunta.

Vaya, ¿qué tal? Las chicas son definitivamente más extrañas de lo que pensaba.

Creo que ya es momento de marcharme de aquí.

- Te dejaré sola. Si necesitas algo, no dudes en pedírmelo.

- Boruto-kun -ella vuelve a llamarme. Yo espero-. Gracias, por preocuparte.

- Sí.

Doy un paso atrás y cierro la puerta por fin. De vuelta, en la oscuridad y soledad del pasillo, finalmente me permito suspirar.

Pienso que para ser mi primera vez a solas con una chica que no sea mi hermana menor, no ha salido tan mal. Sin duda ha sido extraño.

Lo único que tengo ahora en mi cabeza son preguntas.

Vuelvo a bajar al primer piso, a la fiesta. De pronto, la música alta, las conversaciones y las risas tan bulliciosas que llenan la estancia solo me producen cansancio.

¿Ha sido realmente una buena idea venir? Tal vez es momento de volver a casa.

Con aquella idea en mente, abandono el último escalón y me dirijo hacia la entrada, casi de forma automática. Sea cuál sea la solución a todos mis problemas, es seguro que no la encontraré aquí.

Por el rabillo del ojo, consigo distinguir a Mitsuki y Shikadai, cerca del sofá en donde los deje. Me planteo el marcharme sin avisar y luego enviarles un mensaje disculpándome, hasta que contemplo a Inojin entre ambos, sonriéndoles con aquel gesto presumido en su rostro. Lo imagino presumiendo sobre su última conquista, tal y como aventuré que haría, y recordar que se trata de la presidenta es suficiente para hacerme enfadar.

Porque ella no se merece algo así. Ninguna chica en realidad.

Antes de darme cuenta, me abro paso entre la gente para alcanzarlos. Sin embargo, al llegar hasta ellos, me doy cuenta de algo que no había notado con anterioridad.

Los chicos están discutiendo.

- Hey, ¿qué sucede? -por supuesto, Mitsuki no tarda en informarme.

- Inojin y Shikadai están peleando.

- No es una pelea -Inojin le regaña, aunque en su rostro solo hay una sonrisa. Shikadai, en cambio, no parece estar de acuerdo con sus palabras.

- ¿Por qué lo hiciste? -pregunta. Parece realmente enfadado con él.

Yo sigo sin entender de lo que hablan.

- ¿Por qué no? -responde él. No luce preocupado en lo absoluto.

- Porque Boruto iba a hablar con ella. Y lo sabías. Me tomo mucho tiempo animarlo para que lo hiciera.

Yo por fin lo entiendo entonces. Hablan de la presidenta.

Shikadai está enfadado porque Inojin se me adelantó. Claro que ante esa revelación él no parece sorprendido ni comienza a pedirme perdón como cualquier otro amigo más hubiese hecho.

Es porque lo sabía, claro que lo sabía. Es con lo que siempre solía molestarme en la secundaria, después de todo.

¿Acaso es por lo que lo hizo en primer lugar?

Esto es… ¿una especie de perversa broma suya?

- Debería agradecerme, ahora sabe qué tipo de chica es -lo dice con tanta naturalidad que incluso a mí me cuesta creerlo. Shikadai, por el contrario, reacciona de inmediato.

- ¡Te estás pasando! -avanza decidido a empujarlo. Lo siguiente que hago es moverme para detenerlo.

- Está bien Shika, da igual -me aseguro de intervenir, antes de que algo se salga de control-. No me molesta.

- ¡Pero…!

- Es en serio, me da igual -insisto, siendo honesto-. No habría pasado nada entre nosotros, porque no siento nada por ella.

Shikadai me mira fijo. Creo que intenta averiguar si digo la verdad o si solo intento miento para calmar las cosas.

Inojin, en cambio, ha cambiado su sonrisa por un gesto caprichoso. Como un niño a quién su travesura no le ha resultado como esperaba.

Me esfuerzo, pero no consigo entenderlo. Las preguntas en mi cabeza no hacen más que aumentar.

¿Qué es todo esto? ¿Acaso me he perdido de algo importante?

- De acuerdo -Shikadai retrocede, y yo lo suelto. Vuelve a mirar a Inojin, con su ceño fruncido-. De todas formas, creo que deberías disculparte.

- ¿Y disculparme por qué? No he hecho nada malo -se defiende. Ofendido, da media vuelta y se aleja, perdiéndose entre el fuerte ruido de la música.

Su actitud me sorprende, pero al mismo tiempo me recuerdo que no debería ser así. Después de todo, las cosas siempre han sido igual entre nosotros, solo que la mayoría del tiempo tendemos a ignorarlo.

La verdad es que, al final del día, Inojin sigue siendo el gato, y nosotros simples ratones usados para su diversión.

- Qué idiota -Shikadai se queja en voz alta. Me mira como si esperara que compartiera su opinión, pero yo decido guardar silencio.

- Ciertamente no ha sido nada amable -Mitsuki se ve molesto también, pero como siempre decide ser más reservado con su opinión-. Entendería si quieres que nos vayamos, Boruto.

Los chicos me miran de pronto, esperando mi decisión. En realidad, sigo sin entender lo que acaba de suceder, y francamente lo único que en verdad quiero hacer es volver a casa, pero tampoco me gustaría que las cosas se salgan de control entre nosotros.

- ¿Creen que todavía queden frituras en la cocina? -los chicos me miran con cierta incredulidad, pero de todas formas deciden acompañarme.

No me malentiendan, preferiría largarme cuanto antes, pero no me gustaría provocar una pelea aún más grande entre los chicos.

Aún aomos amigos, después de todo.

¿Cierto?

CONTINUARÁ…