Capítulos largos para disculpar el hecho de que me retraso siempre, y de que soy despreciable por eso :(
Guest: A mí también me alegra que se reconcilien, pero como me gusta esos momentos tendré que colocar más peleas.
Procrastinacion: el consuelo de saber que ella lo adora, pero como a un hermano :(
Gabe Logan: ajaja lo he pensado, pero la imagino tan pequeña para esas cosas. La haría crecer primero, antes de poner esas divertidas escenas incómodas
secretlistener: Campaña por un beso para Boruto ajaja (por supuesto que habrá uno, más adelante, si alguna vez se termina la historia, pero de todas formas que lo habrá)
Anderson Yagami: Gracias por leer :)
XXIII
"Te quiero"
…
.
Generalmente suelo ser el tipo de chicos que alardea sin motivo alguno, pero, a diferencia de otros días, hoy es una ocasión especial.
- ¡Ta daa! ¡Hamburguesas a la Boruto! ¡Y de primera calidad!
Porque, por primera vez, me he encargado de preparar la cena.
Mientras coloco con cuidado los platos sobre la mesa, le hecho un último vistazo a mi magnifica creación. Las hamburguesas son un platillo en verdad simple, pero no por eso dejan de ser apetitosas.
Además, estas las he freído yo mismo. Así que de seguro deben estar estupendas.
Y no fue tan difícil como me imaginé que sería. Un poco del arroz que sobró de la cena de ayer, un par de hamburguesas congeladas y un tutorial en youtube fue todo lo que necesité. Ah, y claro, suficiente valor como para encender la cocina por mí mismo.
Vamos, vamos, no es necesario que lo digan, yo ya sé lo que deben estar pensando.
Que soy todo un genio, ¿cierto?
- ¡Hima, la cena está lista! -la llamó, y tomo asiento deprisa para esperarla. No sé porque, pero en verdad me siento entusiasmado por ver su reacción.
Treinta segundos después y arrastrando sus pies, mi hermana llega por fin. Toma asiento sin mirarme, con la vista fija en su plato y un gesto de desgano en su rostro.
A diferencia de lo que esperaba, el pequeño dibujo de un girasol que he hecho con kétchup no consigue que ella sonría. En lugar de eso, ella se mantiene callada mientras mira su cena, con un gesto de tristeza y de… ¿decepción?
- Entonces… ¿mamá no llegará?
Auch. ¿Qué se supone debo sentir cuando ella me pregunta algo así?
Pese a todo el esfuerzo que he puesto en cocinar, mi hermana sigue teniendo aquel gesto de berrinche en su rostro. Y de alguna manera, me siento un inútil por no conseguir animarla.
- No. Ya sabes que está cuidando al abuelo, que enfermó -una hora atrás, cuando se volvió evidente que mamá ya no llegaría, he terminado confesándole sobre la llamada telefónica. Desde entonces, ella no ha quitado aquel gesto de berrinche de su rostro-. Pero volverá mañana, Hima, ya verás. Cuando despiertes ella estará aquí.
Mi hermana asiente, pero el gesto de decepción no se aleja. Finalmente, alza su mirada para observarme.
- ¿Y papá?
Suspiro.
Bueno, no puedo decir que no tuve fe en que llegaría. Incluso mientras me preparaba para cocinar, seguía mirando hacia la puerta esperando que él la atravesara en cualquier momento.
La cosa es que, muy en el fondo, yo sabía que no sucedería.
"El trabajo se retrasó", dijo, en cuanto le llamé para preguntar en dónde estaba.
Claro que sí, tonto padre. Siempre es el trabajo primero.
Conociéndole, de seguro ni siquiera prestó atención cuando mamá le pidió que volviese temprano a casa hoy.
Ya quiero ver en que lío se mete mañana por la mañana.
- Papá tiene que trabajar, Hima. Pero mamá volverá mañana, todo estará bien. Además, yo estoy aquí, ¿no? -no sé porque me doy tantas ilusiones. No es como que mi sola presencia pueda animarla.
Solo soy su hermano mayor, después de todo.
Y, muy pronto, me doy cuenta de que tengo la razón. Porque en realidad mi hermana no luce más animada ante la perspectiva de tener que pasar una noche de tormenta sola conmigo. Ella, en realidad, luce realmente aburrida y desinteresada.
Vamos, ¿mi compañía en verdad es tan mala?
- Va a enfriarse -le recuerdo. Hima vuelve a mirar el plato.
Por un momento, me pregunto que estará pensando sobre lo que he preparado, y sobre el pequeño girasol que he dibujado encima.
No dice nada, y yo soy incapaz de leer su mente.
Bajo su mirada cansada, mi hamburguesa -la que tanto esfuerzo me tomo preparar-, de pronto no me parece más que un platillo soso y sin sentido.
Incluso estúpido.
- En realidad… no tienes que comer si no estás de ánimo -hablo. Me levanto para retirar el plato, pero entonces ella me detiene.
- No, espera -pide. Y por fin, una sonrisa aparece en su rostro. Una pequeña. Una que me reconforta-. Acabo de darme cuenta de que es la primera vez que cocinas para mí, hermano.
Siento la sangre subir hasta mi rostro.
¿Es en serio? ¿cómo puedo ser tan patético como para avergonzarme por algo tan simple?
- Espero que no necesitemos una próxima vez -como no sé que otra cosa decir, me burlo de mí mismo.
Ella sonríe. Comienza a comer, sin quejarse como en algún momento llegué a temer que sucedería, así que parte de mí tiene que admitir que no lo he hecho del todo mal.
Aquello me llena de orgullo un momento.
- Ugh, hermano, ¿esto es un pelo? ¡Qué asco!
Bueno. El sentimiento ha durado poco.
- ¡¿Eh?! ¡Eso es imposible-ttebasa!
- ¡Espera a que mamá se entere mañana de esto!
- ¡Ah, vamos, no es justo!
Hima ríe nuevamente ante mi suplica, y sigue burlándose de mí por el siguiente minuto. Sus ojos brillan entusiasmados, mientras insiste en que le contará a mamá sobre mi error. Parece que mi primera vez cocinando la cena acaba de convertirse en una anécdota familiar, pero extrañamente no me importa.
Porque creo que lo vale.
Sí, lo vale.
Estando con ella y viendo su sonrisa, cualquier cosa vale la pena.
.
…
.
Tras mi improvisada cena y un baño caliente, por fin ha llegado el momento de dormir.
Apago la luz, me deshago de mis zapatillas y mi camiseta, y me arrojo sobre mi cama. Ni siquiera intento reprimir el suspiro de placer que me invade de pronto.
Cielos, ¿mi cama siempre fue así de cómoda o es que simplemente yo estoy muy cansado?
Y pensar que durante todo el día no he hecho nada más que acompañar a Hima, desde que nos encontramos en la tienda justo antes de que la lluvia iniciara. A pesar de que había visto el reporte del clima, y de saber que habría una tormenta, nunca imaginé que comenzaría desde tan temprano. Me ha tomado por sorpresa, y también a mi hermana.
Bueno, creo que puedo decir que me alegra haber estado con ella cuando empezó todo. Quién sabe lo que hubiese pasado de no encontrarnos.
Pero todo salió bien al final, pienso, y me doy cuenta de que tengo la razón. Es verdad. Todo salió bien.
De hecho, yo diría que salió increíblemente bien.
Miro hacia techo. Respiro profundo.
Es realmente absurdo, pero no puedo dejar de sonreír.
Estoy tan feliz, ¿saben?, sé que está mal sentirme así, pero no puedo evitarlo. Caminando a casa juntos bajo la lluvia, sin dejar de sostener su mano…
Ha sido fantástico. Realmente fantástico.
Aunque claro, todo fue aterrador en un comienzo. Por un momento, incluso recuerdo haber temido que sería incapaz de conseguir que ella caminara, que nada de lo que le dijera sería capaz de convencerla, y de que ambos terminaríamos quedando atrapados bajo la lluvia toda la tormenta. Pero, al final, solo tuve que ser honesto con ella…
"Yo voy a cuidarte. Para siempre. Así que ven conmigo, por favor"
Con solo recordarlo, mi corazón se acelera y mi rostro arde de inmediato.
Porque… ¿cómo he podido decirle algo tan vergonzoso a mi pequeña hermana? ¡Que humillado me siento en este segundo?
Y, ahora que lo pienso mejor, ¿acaso aquello no fue como una declaración?
Tengo razón, ¿no?, esas palabras serían algo que solo un novio diría.
Ah, ¡¿me he declarado sin quererlo?!
¿Ella podrá sospecharlo? ¿Y si les dice a mamá y a papá lo que dije?
¿Y si ellos me descubren? ¿Si me echan de casa?
¿Puedes tranquilizarte de una vez? ¡No exageres!
No puedo evitarlo. Solo ahora estoy siendo consciente de lo que he dicho.
"¿Para siempre?"
"Para siempre, torpe girasol"
Ah, ¡y se lo he prometido además! ¡Se lo he prometido sin pensármelo dos veces!
Que estaríamos juntos, siempre.
Arrojo un quejido, que rebota contra la almohada. Por mucho que intento olvidarlo y apartarlo de mi cabeza, no lo consigo. Todo lo que viene a mi mente en un segundo como este, es la imagen de Hima tan desprotegida y asustada, temblando bajo la lluvia con su uniforme empapado y su mirada suplicante en mí.
"¿Para siempre?"
Para siempre, torpe girasol.
¿Realmente hice bien en hacer esa promesa? ¿Qué sucede si no puedo cumplirla? Porque, para empezar, ¿realmente seré capaz de estar siempre aquí?
Si más adelante en verdad termino yéndome de casa, ¿qué se supone que voy a decirle? Un simple "lo siento" no hará que mi promesa deje de estar menos rota.
Yo, en realidad, soy un gran mentiroso.
Un rayo, y luego un trueno, me toman por sorpresa. Me descubro maldiciendo la tormenta, hasta que me recuerdo a mí mismo que he sido yo quién la estuvo esperando todo el día.
De eso se trataba mi deseo, ¿no?, muchos truenos, para así poder dormir con Hima hoy.
Estiro la mano y alcanzo mi teléfono celular. Su intensa luz me ciega un momento, pero tras un segundo consigo acostumbrarme lo suficiente como para poder buscar la hora en la pantalla.
22:30. Justo ahora, Hima debe estar recostada en su cama. Esperándome.
Intento levantarme, pero mis piernas comienzan a temblar tanto que se me hace una tarea imposible. Y el solo pensar en que pronto estaré junto a ella es suficiente para que mi corazón se acelere y mi estómago se convierta en una bola de nervios.
Además… ¿estoy sudando? Qué asco.
Mierda. ¿Por qué mi cabeza no deja de darle vueltas a tan tontos detalles?, no consigo concentrarme lo suficiente.
Es porque no deberías hacerlo, la voz de mi consciencia se abre paso por sobre el resto de mis pensamientos. Y, esta vez, no consigo hacerla callar. Esto no está bien. Ya basta.
Ah, maldición. Solo la acompañaré un momento, y nada más.
Deja de mentir.
Llevo las palmas de mis manos hasta mis oídos y presiono hasta dejar de oír el ruido de la tormenta, pero no consigo pensar en otra cosa que no sea esa fastidiosa voz.
No necesito recordarme a mí mismo que soy un mentiroso, ya lo sé. Sé perfectamente que no quiero ir para cuidarla, que solo quiero hacerlo para estar con ella.
No es lo que haría un buen hermano mayor.
Tan pronto pienso en ello, la culpa me domina.
Mierda. Mierda.
No era esto en lo que quería pensar hoy. ¿Es acaso un castigo por haber deseado tantos truenos?
Maldito karma. Maldita consciencia.
Entonces… ¿es en serio? ¿En verdad no iré?
No está bien.
Suspiro. Mi cabeza no deja de dar vueltas.
No es lo correcto.
Lo sé. No lo es. Nunca lo ha sido.
Le pedí mi propio cuarto a papá por lo mismo. Dejé de dormir con ella por lo mismo. Porque incluso siendo un niño, siempre he sabido que hay algo malo con la forma en que deseo estar con ella, con la forma en que la quiero.
Sí, siempre lo he sabido. Que no soy alguien bueno, que estoy enfermo por amarla tanto.
Y que, pensando en ir como hago ahora, solo estoy siendo egoísta.
Lentamente vuelvo a subir los pies a mi cama, y me aseguro de cubrirme con el cobertor. Giro, miro hacia la pared, y me concentro en el sonido de la lluvia golpeando el techo.
Es cierto. Tengo que dejar de hacerlo.
Por terrible que esté la tormenta, no debo ir con ella.
Es lo correcto. Sí.
No es lo quiero, pero sucede que no tiene que tratarse de eso. Necesito ser alguien bueno. Necesito actuar como alguien bueno, porque precisamente sé que soy lo contrario.
Entonces… voy a quedarme aquí. Sí, eso haré.
Es lo que haría un buen hermano mayor.
Pese a que espero que mi cuerpo por fin se relaje por haber hecho lo correcto, no sucede. En realidad, termino contando los minutos que pasan, mientras siento como el golpeteo de la lluvia en el techo aumenta y el sonido del viento silbando también. Los truenos son simplemente imposibles de ignorar.
No puedo dejar de imaginarla, sola en su habitación, asustada y temblando.
¿Estará pensando en mí?, ¿seguirá esperándome?
Paf, paf, paf…
¿Pasos?
Casi de inmediato, escucho con claridad el sonido de mi puerta abriéndose. Sin pensarlo demasiado, me levanto.
- ¿Hima? -llamo por instinto, aunque en realidad podría tratarse de papá, que por fin ha llegado a casa y viene a verificar como estamos.
Si es así, planeo darle una paliza. Después de todo, nos ha dejado solos hoy.
Viejo estúpido.
- Ah, yo… -para mi sorpresa, es la suave voz de mi hermana la que se abre paso hasta donde estoy. Casi al instante, consigo distinguir su pequeña silueta ocultándose tras la puerta-. Lo… lo siento.
- ¿Pasó algo? ¿Estás bien?
- Hay… hay muchos truenos, y… -sé que murmura algo más, pero siendo franco no consigo escucharlo. Solo que no estoy seguro de si es porque ella ha hablado demasiado bajo, o porque los latidos de mi propio corazón se han vuelto demasiado ruidosos.
Solo sé que, de pronto, la bola de nervios en mi estómago no ha hecho más que crecer. Porque, incluso si he decidido no ir a su cuarto esta noche…
Mi hermana menor ha venido a buscarme.
¿Cómo se supone que debo sentirme con eso?
- Tú… ah, ¿quieres… quieres que vaya a acompañarte hasta que te duermas? -me cuesta volver a hablar. De todas formas, tan pronto lo digo me enderezo y aparto mi cobertor. Para entonces, mis ojos se acostumbran lo suficiente a la luz que hay como para permitirme verla.
Incluso si mis piernas tiemblan intento levantarme, pero entonces ella da un par de pasos y entra en mi cuarto.
- ¿No puedo dormir aquí?
- ¿Aquí?
- Tu cama es mucho más grande que la mía -ella lo menciona, casi como si estuviese quejándose de eso, y yo no consigo concentrarme lo suficiente como para decidir si es verdad o no-. Entonces, ¿puedo?
- Ah… es que…
- Por favor, hermano…
Ella me suplica, sosteniendo uno de sus brazos con el otro y mirando hacia el suelo.
No consigo responder. Vamos, ni siquiera consigo pensar.
¿Qué debo hacer? No pensé en esto.
Que ella venga a buscarme, que me pida poder dormir en mi cama es…
Mierda. Es como si mi corazón fuera a salirse de mi pecho en cualquier segundo solo por pensar en eso.
¿Esto en realidad está pasando?
- So… solo no me quites el cobertor-ttebasa.
¿Qué estoy haciendo?
Casi en modo automático, me aparto hacia la pared, viéndola a ella atravesar mi cuarto rápidamente, directo hacia mi cama.
Directamente a mí.
¿Qué estoy haciendo al permitirlo? ¿Dónde están todas mis reglas?
- Gracias -antes de darme cuenta, ella está recostada junto a mí. Cubierta con mi cobertor hasta el cuello y sonriéndome avergonzada.
Ah, su cuerpo está realmente cerca esta vez.
Aparto mi mirada. Me concentro en la pared a mi izquierda. E intento mantenerme lo más lejos de ella que puedo. Pero no funciona, porque incluso si estamos separados por algunos centímetros, puedo sentir perfectamente su cuerpo recostado junto al mío.
Cielos, qué mal día elegí para no usar pijama.
Además, ¿cómo voy a dormir ahora? ¿Ella podrá escuchar lo rápido que late mi corazón?
- Yo… quería esperar a que papá llegara a casa, ¿sabes? -Hima me habla. Su voz es suave y melodiosa, colándose por mi oído como el canto de una sirena-, pero me asustaba estar sola en la escalera.
- Podemos ir y esperarlo -propongo. Giro mi rostro para verla, pero entonces la encuentro cubriéndose hasta la nariz con ayuda de mi cobertor. Sus pequeños ojos azules me espían, recelosos.
- Pero está muy frio afuera -se queja bajo el cobertor-. ¿No podemos esperarlo aquí?
- ¿Despiertos?
- ¿Tardará mucho? -su pregunta me sorprende un poco. Porque la respuesta es obvia: claro que lo hará, se trata de papá. Tal vez ni siquiera llegué hasta mañana.
Lo que terminara sucediendo seguro, es que Hima se quedara dormida esperándole.
Aquí, conmigo.
- No, no creo que tarde demasiado -miento, y mi propia tranquilidad para hacerlo me asusta. La voz de mi consciencia se ha extinguido.
Mi hermana se acomoda en mi cama. Aunque seguimos separados, siento sus pies fríos rozarme de vez en cuando. Me aproximo todo lo que puedo hasta la pared, y allí me quedo, concentrándome en respirar.
El silencio se vuelve incómodo rápidamente. Hima no habla, y a mí tampoco se me ocurre un tema de conversación. No sé tampoco si se una buena idea hablar.
En lugar de eso, recupero mi teléfono y desbloqueo la pantalla buscando alguna otra cosa que hacer. Cualquier cosa, que me sirva para olvidar que ella se encuentra junto a mí en este momento.
Mi partida de Shinobi Striker sigue intacta. Incluso si no he jugado en mucho tiempo, de pronto me parece lo más sensato por hacer. Concentrarme en el juego me ayuda a relajarme. Cumplo mis misiones pendientes, acabo con los enemigos y subo de nivel.
Todo va bien, hasta que, de pronto, siento a mi hermana moverse para acercarse a mí.
- ¿Cómo se llama ese juego? -pregunta, acomodándose en mi hombro para ver directamente a la pantalla. Su aliento me roza en el cuello, y un escalofrió me recorre al notarlo.
De pronto, me doy cuenta de que ella está realmente cerca de mí. Y también noto que la tela de su pijama no es suficiente para dejar de sentirla. Aquel pequeño espacio en dónde su piel choca con la mía se ha vuelto un campo minado.
Mierda. ¿Qué pasó con todo el espacio en mi cama?
- Hima, ¿por qué estás aquí? -la pregunta se me escapa. En realidad, no pretendía hacerla, solo necesito dejar de pensar en la forma en que su cuerpo está tocando el mío. Cuando giro mi rostro para verla, la luz de mi teléfono me permite distinguir su sonrisa avergonzada.
- Tú sabes porqué -ella dice, y yo asiento.
Es por su temor a los truenos. Por eso ella está aquí.
Y, también, sé que hay otra solución. ¿Debería decírselo o solo permitir que las cosas sigan cómo están ahora?
- Si duermes escuchando música no oirás los truenos -mi hermana me queda mirando fijamente un par de segundos, justo antes de asentir.
- Lo sé.
- ¿Lo sabes? -estoy sorprendido. Ella tan solo sonríe.
- Es lo que siempre suelo hacer, pero ¿sabes?, en verdad me gusta estar contigo, hermano. Me siento segura.
Los latidos de mi corazón se disparan más rápidos que nunca. Siento la sangre alcanzar mi rostro.
Mi reacción es automática. Con un simple toque, bloqueo la pantalla del teléfono.
La oscuridad nos inunda a ambos de nuevo. Y, así, evitó que ella note que me he sonrojado.
- ¡Hermano, no guardaste tu partida!
- No importa -decido. Mi corazón late con tanta violencia que lo escucho en mis oídos. La bola de nervios en mi estómago me hace sentir que estoy en una montaña rusa, aunque en realidad tan solo estoy recostado en mi cama.
Es una locura.
- Pero perderás tu avance…
- Dije que no importa -repito. Miro al techo, me concentro en como debo respirar, e intento ignorar el latido de mi corazón y la presencia de Hima recostada a mi lado.
Como siempre, ella simplemente es incapaz de ver mi esfuerzo.
- ¿Te molesta que venga aquí?
- No.
- Estás mintiendo.
Vamos, ¿cómo puede ella saberlo?
- No… no es eso -la lengua se me enreda un momento-. Solo es… extraño.
- ¿Por qué?
- Porque los hermanos no duermen juntos.
¿Acaso no puedes verlo, Hima?
¿Acaso me estoy arriesgando demasiado al decirle eso?
- Antes dormíamos juntos -su voz es un murmullo, sin embargo, yo siento la queja implícita que tienen esas palabras.
"Antes dormíamos juntos"
Antes, cuando compartíamos habitación y yo era un excelente hermano.
Antes, cuando no tenía ni la más mínima idea de lo que me hacías sentir, tonta hermana.
- Antes éramos más pequeños y tú tenías pesadillas todo el tiempo.
- ¿Dices que ahora estoy gorda?
Sonrío. Solo ella pensaría que intento insultarla.
- Sí, Hima.
Ella no responde tras eso. Hago silencio también. Y lo único que nos acompaña es el golpeteo de la lluvia fuera.
- No me importa -dice, de un momento a otro. Su voz es nuevamente un susurro.
- ¿Qué cosa?
- No me importa que sea raro, me agrada volver a dormir contigo.
- Lo dices… ¿lo dices en serio?
- Nunca tengo pesadillas cuando duermo contigo.
Mi corazón sigue latiendo veloz. La bola de nervios en mi estomago desaparece por fin. La reemplaza un agradable cosquilleo, tan fuerte que incluso me produce la sensación de estar flotando.
Por un momento, olvido todo.
Me olvido de papá y de mamá, me olvido del resto del mundo.
Olvido dónde estoy, olvido el tiempo, el espacio.
Lo olvido… porque la verdad es que no existe otro lugar más cómodo que estar aquí, a su lado.
Es fantástico.
- No le digas a mamá, por favor.
Ella lo pide. Y, por un momento, creo que he escuchado mal.
- Qué… ¿qué no le diga…?
- Que dormí aquí, contigo -ella me responde, como si fuese obvio.
¿Ah? ¿Qué sucede? ¿Cómo la conversación ha dado este giro?
Es como si la más inimaginable de mis fantasías se estuviese volviendo realidad justo ahora.
¿En serio no estoy soñando?
- ¿Por qué no debería decírselo? -tengo que repetir la pregunta, porque me he dado cuenta de que mis labios están secos. Me fuerzo a respirar profundo, necesito calmarme.
No estoy pensando con claridad.
- Es porque no quiero que sepa que aún me asustan los truenos -Hima responde en voz baja, como si no estuviese segura de cómo explicarse-. Mamá siempre me trata como una niña, ¿sabes?
- Es porque eres una niña.
Hay silencio.
De pronto, ella se levanta. Toma asiento y voltea a verme.
Desde mi lugar, puedo distinguir su ceño fruncido.
- ¿Tú también lo crees? -pregunta, y parece molesta. Como no estoy seguro de que responder, ella aparta su mirada entonces, y suspira-. No soy una niña -murmura decepcionada.
Y nada más dice.
Mi corazón sigue latiendo. Aunque intento averiguar qué es lo que debería decir, nada viene a mi cabeza.
Es cierto. Cuando se trata de chicas, soy realmente torpe y nunca estoy seguro de entenderlas. Pero cuando se trata de mi hermana… es lo único que realmente quisiera saber.
- Eres la menor -me apoyo sobre mis codos. Hima ha dejado de mirarme, en cambio parece estar mirando hacia otro lugar de mi cuarto, enfurruñada.
- ¿Y qué?
- Y vas en secundaria.
Hago silencio. No puedo encontrar las palabras adecuadas. Pero es solo que es tan complicado.
Por dentro, sé que tiene la razón. Mi hermana ya ha dejado de ser una niña. A lo largo del año, he ido comprobándolo yo mismo, pero, también, sé que continúa siendo pequeña en muchas cosas.
Y, por eso, es que muchas veces no estoy seguro de cómo debería tratarla.
- ¿Es por qué le temo a los truenos?
- ¿Qué más da eso? Yo le temo a los payasos -admito. La oigo reír por fin y, como siempre, es un alivio-. Supongo que solo… no lo sé, a veces es algo difícil aceptar que estás… creciendo. Para mamá y papá, digo.
Ella no me responde. Supongo que está meditando mis palabras.
- ¿Y para ti?
- ¿Para mí? -puedo ver su silueta asintiendo-. Bueno. Creo que sí. Un poco.
Miento, porque en verdad no es que sea difícil aceptarlo. Solo sucede que no puedo permitirme pensar en ella como alguien mayor. De alguna manera, seguir pensando en ella como mi pequeña hermana es lo que me permite mantenerla a salvo de mí mismo.
Y temo ser capaz de olvidarlo alguna vez.
- En algún momento ya no podrán seguir tratándome como a una niña, ¿sabes?, algún día tendré un novio.
Ugh.
- Tal vez. Y papá va a echarlo en cuanto atraviese la puerta -bueno, estoy exagerando. En realidad, no sé si es lo que realmente sucederá, pero en verdad me gustaría que fuese así.
- Ah, que vergonzoso sería eso -ella replica, imaginándolo. Aunque su voz debería ser la de una adolescente indignada, más bien parece divertirle la idea-. ¿Tú no vas a ayudarme?
- ¿Bromeas? Yo seré quién sostenga la puerta.
Mi hermana comienza a reír, de seguro creyendo que estoy bromeando. Es un alivio, en cierta forma, que no pueda pensar que hablo seriamente.
- En verdad me gustaría que dejen de tratarme como a una niña -suspira. Yo la imito.
- Si te hace sentir mejor, a mí también me tratan como a un niño a veces.
- Eso es porque siempre estás discutiendo con papá, hermano -ella me recuerda. La imagino sonriéndome en medio de la oscuridad-. Antes solía ser muy divertido, ¿no?, verlos discutir -confiesa-, pero… pero ahora, ¿por qué es que se llevan tan mal ahora?
Ah, esa es una pregunta complicada. A veces ni siquiera yo conozco la respuesta.
En realidad, ni siquiera creo que haya una única respuesta. Más bien, solo es un montón de cosas que se acumulan y que hacen que todo sea insoportable. ¿Pero cómo explicarle eso a mi pequeña hermana?
Después de todo, ni siquiera papá puede sospechar del enorme muro de mentiras que hay entre nosotros.
No, eso es algo que solamente yo puedo ver. Porque he sido quién lo ha construido, para comenzar.
- No es que nos llevemos mal, es solo que… no lo sé -sin una respuesta clara en mi mente, simplemente me dedico a desvariar-, a veces, es difícil y ya. Él es tan testarudo-ttebasa.
- Hermano, ustedes son iguales -mi respuesta parece haberle causado gracia. A mí, en cambio, tan solo me produce el efecto contrario.
Arrojo un quejido dramático, y me dejo caer sobre el colchón.
La idea de convertirme en una versión joven de papá es tan estresante.
- No somos parecidos en nada -replico, aunque obviamente se trata de una mentira. Soy más parecido a papá de lo que jamás quisiera admitir en voz alta.
- Seguro que no -Hima se burla de mí. Desde mi lugar, me permito espiarla.
Sentada aún, con su largo cabello cayendo suelto. Incluso si la luz es escasa, consigo distinguir su perfil.
Es tan hermosa, ¿saben?
Ella vuelve a recostarse entonces, y, tal y como antes, se cubre con mi cobertor hasta el cuello. Esta vez, ya no vuelve a acercarse a mí. Me da la espalda y se acomoda, en silencio, así que sospecho que debe estar cansada.
La entiendo. Probablemente debe ser cerca de la medianoche.
Me cubro también. Mi espalda desnuda, chocando con la pared, se queja un poco del frío.
Ah, al final de todo si me ha robado el cobertor. Y mi almohada. De hecho, desde mi lugar todo lo que consigo distinguir es su nuca, y su cabello sedoso y despeinado cayendo alrededor.
Sin embargo, incluso notando lo cerca que está de mí, me siento relajado, cómodo. Puede que se deba a que tras tanto tiempo mi corazón se ha cansado de latir tan rápido, o en realidad sea por todas las cosas que conversamos. Estoy seguro de que es la conversación más madura que he sostenido con ella jamás. Y, de alguna forma, se siente bien.
Saber que no soy el único que piensa tanto, todo el tiempo, ni que soy el único adolescente en casa. Es, incluso, un alivio.
Incluso si no estoy siendo del todo honesto, siento que ella me entiende de alguna manera.
- ¿Hermano? -ella vuelve a llamarme. Esta vez, su voz suena más somnolienta que antes.
Debe estar durmiéndose, seguramente.
- ¿Qué pasa?
- Te quiero.
Bueno. Esto claramente es un sueño.
Tiene que serlo, de otra forma, ella no me diría algo así. Pero, descubro con agrado, que en realidad no me molesta.
Es un gran sueño.
- Mmm… de acuerdo.
La Hima de mis sueños no tarda en quejarse de mi respuesta. Siento su quejido en un murmullo, y siento la patada que me arroja bajo el cobertor.
- Pero se supone que debes repetírmelo -y su réplica me hace sonreír.
- Bueno… entonces yo también me quiero.
Vuelve a reír. Su risa es encantadora, en la vida real y en mi imaginación.
- Uh, que desagradable eres, tonto tornillo.
- Y tú eres tan fastidiosa, torpe girasol.
CONTINUARÁ…
