Confieso que ya no quería publicar más de la pura vergüenza de haberme retrasado. Realmente no fue la intención, fueron algunos meses duros personalmente, sumados a que estuve escribiendo mi tesis (todavía la estoy escribiendo, de hecho: si mi profesora supiese que estoy publicando esto en lugar de enviar mis avances, me mata), espero realmente que puedan entender mi presión. Estoy mejor, emocionalmente hablando, y quiero esforzarme por retomar mis historias abandonadas. Así que espero tener mayor constancia al momento de publicar.

Lo otro que quiero mencionar/recordar es con respecto al fic y el lento desarrollo de la pareja. Yo sé que va leeeeento (y se aguantan, que aún falta /ah re, re violenta la chava ajaja) pero en realidad debo recordar que no partí escribiendo la historia con la idea de generar un bello romance, siempre se ha tratado de Boruto lidiando con los sentimientos que no debería tener. Tampoco se confundan, puesto que sí quiero colocar algunos momentos (realmente no quiero hacer spoilers aquí, pero prometo que valdrá la pena), sin embargo, tengo que advertir que estoy siendo realista y no pretendo convertir el fic en un cuento de hadas, digo, con personajes que se enamoran mágicamente y son felices por siempre. Quiero que se sienta real y gran parte de lo que mi protagonista siente es miedo, decepción e incertidumbre sobre él mismo. Si bien mi intención es que también evolucione, porque parte de ser adolescente es madurar en ciertas cosas, en esta historia Boruto es prácticamente un joven deprimido y pesimista, así que tiende a dar vueltas sobre los mismos puntos en muchos momentos. También, y con respecto a Hima, sí deseo escribir desde su punto de vista, sin embargo, eso vendrá más adelante así que solo puedo pedir paciencia.

Aruam: Gracias por leer y bienvenido a la historia.

Diego: Justo ahora subo la conti. Lo siento, es que tuve algunos problemas personales.

Bononi: Un saludo! Muchas gracias por leer!

Caro: Ajajaja ¿enamorarse de Boruto? Ajajaja yo he encontrado tan pocos mangas de esta temática, he encontrado más literatura. Hace poco estuve releyendo "La isla bajo el mar" para suspirar con Rosette y Maurice.

Nikingk: Estoy segura de que la mitad del tiempo que Boruto pasa con Hima se reprende a sí mismo por sentir lo que siente.

Procrastinacion: Acabo de ver la fecha de tu comentario y ¡casi seis meses sin publicar! soy terrible, de verdad (pd: amo tus dibujos, te re sigo en instagram ajaja)

Gabe_Logan: Ya pronto se sabrá sobre los sentimientos de Hima por su hermano. Naruto sigue siendo tan mal padre como yo tan ausente escritora ajaja

El solitario: Habrá beso (no diré nada más)

Omnipotente Vargas: Algún día conoceremos la historia según Hima


XXIV

Haiku

.

Hoy es el primer día libre de papá desde que comenzó su nuevo trabajo.

Como se trata de una ocasión especial, él y mamá han decidido organizar una pequeña cena familiar. Nada demasiado elaborado ni ostentoso, claro, en realidad se trata de algo más bien simple.

- ¿Falta colocar algo en la mesa?

- No, ya está todo -papá me responde, mientras termina de ordenar los platos. Pese a su gesto cansado, parece contento. No es el único, Hima no ha quitado la sonrisa de su rostro en todo el día. Ella realmente extrañaba jugar con papá, y a mí me ha venido bien tener un pequeño descanso de mi papel de niñero y hermano mayor.

Solo cuando papá termina de colocar el último plato, me doy cuenta de que hay un lugar extra en la mesa.

- Es para Konohamaru -me explica, al ver mi gesto confundido. Un golpe de entusiasmo me recorre al oír su nombre-, llegará dentro de veinte minutos.

- ¡¿Konohamaru vendrá?!

Lo sé, lo sé. ¿Cómo va a hacerme feliz el hecho de que mi maestro de historia venga a visitarme? Bueno, eso es porque cuando estamos fuera de la escuela, cuando solo nos visita como un amigo de la familia, ¡Konohamaru es realmente genial!

¡Es como tener un hermano mayor! Vemos televisión juntos, jugamos videojuegos, y siempre, siempre, trae hamburguesas para cuando la cena aún no está preparada.

- ¿Konohamaru vendrá? -a diferencia de mí, mamá luce sorprendida y preocupada por el anuncio-, pero… pero invité a Hanabi.

El rostro de papá cambia por completo al oírla, aunque yo no lo entiendo.

- Mamá, hay suficiente espacio en la mesa -le recuerdo. Ninguno de los dos parece haberme escuchado.

En su lugar, ellos solo se miran el uno al otro, conversando entre ellos sin siquiera pretender invitarme a lo que sea que estén discutiendo.

- No puede ser tan horrible si ambos están aquí, ¿verdad? -el rostro de papá se convierte en una mueca.

- Ah, esto será un desastre -mamá se muestra demasiado afligida como para pretender ignorarlo. Aclaro mi garganta para preguntar lo que está sucediendo en cuanto la voz de mi hermana se abre paso por la casa.

- ¡Hermano, ¿puedes ayudarme?!

Ah, la Hima-señal. Sea lo que sea que esté sucediendo con mis padres, Konohamaru y tía Hanabi, deberá esperar.

- ¡Vooy!

Hima me espera en el kotatsu, con su cuaderno de matemáticas abierto. Pese a no ser un maestro en ellas, lo poco que manejo es suficiente para ayudarla a completar sus deberes. Para cuando terminamos de revisarlos, Hima me da las gracias y me sonríe.

"¿Hermano? Te quiero"

Y yo no puedo evitar la sonrisa que se me forma en el rostro, ni el golpe de energía que de pronto me inunda al recordar sus palabras, al verla sonreírme de esa forma.

Pensar que algo tan simple es suficiente para transportarme hasta las nubes es tan aterrador como emocionante. Vamos, con tanta energía me he terminado convirtiendo en el Boruto positivo que se está esforzando en serio por aprobar sus clases y pasar de año.

Esto de estar enamorado me hace fatal. ¿A dónde se irá mi imagen de chico rudo ahora?

Estoy terminando de pensar en ello, justo cuando el timbre suena. Por el rabillo del ojo distingo a papá abrir la puerta, y no me cuesta trabajo descubrir cuál de nuestros dos invitados ha llegado.

- ¡Naruto, tanto tiempo sin verte-kore!

No puedo evitar suspirar en cuanto veo a Konohamaru abrazar a mi tonto padre con tanta fuerza, como si no lo hubiese visto en años. Nunca he entendido el porqué, pero por alguna razón Konohamaru encuentra a papá realmente genial.

Es algo patético en mi opinión, pero… bueno, ¿qué puedo decir?, yo soy el patético adolescente que se enamoró de su hermana menor.

Konohamaru nos saluda uno por uno, pero me decido a secuestrarlo antes de que tenga oportunidad de ponerse al día con papá. Ya saben, ¡este es nuestro tiempo de calidad!

- ¡Vamos a mi cuarto, quiero que veas mi nuevo videojuego! -él sonríe y me levanta el pulgar, todo mientras subimos las escaleras hacia mi cuarto. Contrario a lo que en algún momento temí, no parece enfadado por nuestro último encuentro en la escuela, y aunque pienso en disculparme por lo sucedido el día de ayer decido que no vale la pena arruinar este buen momento por pequeños detalles sin importancia.

- Entonces, ¿qué haremos primero? -en cuanto entramos en mi habitación, sonrío sin poder evitarlo-. Tengo videojuegos, y también algunos mangas y…

Para mi desconcierto, él me devuelve una sonrisa desafiante. Saca algo de su bolso y lo deposita sobre mi escritorio.

- ¿Qué te parece si comenzamos con la tarea que dejaste incompleta?

El recuerdo del día de ayer me alcanza: la clase finalizando y yo marchándome sin entregar mis deberes.

Es viernes, Konohamaru, mis propias palabras sonaban mucho más ingeniosas y desafiantes hace 24 horas, si quieres esa tarea, termínala tú.

- Muy divertido -mi propia sonrisa se esfuma en cuanto me doy cuenta de que él no piensa cambiar su gesto serio.

- Harás tu tarea como cualquier niño, Boruto -replica. Y yo tengo claro que está hablando en serio.

Cielos. Que Konohamaru más aburrido.

Él ya debería saber con quién demonios está tratando.

- Paso.

- ¿Cómo qué pasas? -luce sorprendido, probablemente no se esperaba que yo fuese a desafiarlo directamente.

- Que no lo haré. No estamos en la escuela y no me obligarás a hacerlo -me cruzo de brazos y le desafío en silencio. Konohamaru parece meditar mi reacción, como si estuviese decidiendo que hacer a continuación. Yo decido abandonar mi habitación.

- ¡Un segundo! -él me detiene, sosteniendo mi muñeca en cuanto estoy cruzando el umbral de la puerta. Los siguientes segundos forcejeamos en el pasillo-. ¡Obedece!

- ¡Suéltame-ttebasa!

- Boruto, ¿eres tú quién grita? -la inconfundible voz de tía Hanabi me llega desde las escaleras. Probablemente acaba llegar a casa. Mientras me libero del agarre de Konohamaru, su risa se abre paso a la par de sus pisadas en los escalones-. Boruto, ¿qué locura estás haciendo…?

Ella aparece, terminando de subir con calma. Me dirige una mirada, antes de que sus ojos pasen a mi acompañante y se llenen de una súbita sorpresa.

Y entonces viene el silencio.

Un segundo, dos segundos, tres, cuatro y cinco. El tiempo suficiente, en realidad, como para que Hima también aparezca subiendo las escaleras tras ella y pregunte que está sucediendo.

Solo entonces reaccionan, apartando sus miradas el uno del otro, con una urgencia casi biológica.

Vamos, ¿qué ha sido eso?

- Ha… Hanabi-chan -él murmura. Luce en verdad sorprendido. De la misma forma, el rostro de tía Hanabi se contrae en una mueca involuntaria-. ¿Cómo has estado?

- Konohamaru… -ella responde. Su mirada esquiva y su actitud a la defensiva me produce un solo presentimiento-. Supongo que bien, gracias por preguntar.

- Que bien.

- Ustedes… ¿se conocen? -mi pregunta es estúpida, porque la respuesta es obvia. Sí, ambos se conocen, pero la cosa es… ¿qué tanto se conocen?

Tía Hanabi abre su boca, dispuesta a responderme con honestidad como siempre.

- Nosotros, en realidad…

- Solo fuimos a la misma preparatoria, es todo -en cuanto Konohamaru habla, consigo distinguir el dolor en la mirada de mi tía.

Oh, vaya… Esto es algo que yo no sabía.

"¿Te has enamorado alguna vez?". Recuerdo a mi tía sonriéndome y comenzando a balancear sus pies, antes de confesarme que sí estuvo enamorada, y lo mucho que tuvo que cuidar de ese amor para finalmente perderlo de todas formas.

Entonces, ¿ese alguien es Konohamaru?

Antes de que algo más incómodo suceda, mamá llama a tía Hanabi y ella aprovecha la oportunidad para farfullar una disculpa y marcharse. Nos deja solos. No pasa mucho tiempo antes de que Konohamaru también entre en modo automático, tan desesperado por escapar igualmente que tía Hanabi no termina de excusarse y él ya se encuentra volviendo por sobre sus pasos hacia mi cuarto.

La puerta se cierra finalmente, y yo quedo en medio del pasillo, con mi hermana menor que debe estar preguntándose qué demonios acaba de pasar.

- Hermano -Hima, frente a mí, luce su gesto preocupado y baja la voz para murmurar-. ¿Tú sabías que Konohamaru-san era el antiguo novio de tía Hanabi?

Bueno, ella evidentemente es más lista que yo.

- Ella me contó sobre su novio una vez, pero nunca me dijo quién era.

- ¿Qué haremos ahora? -murmura. Luce en verdad muy preocupada-. Tía Hanabi se vio muy afectada.

Asiento. Ahora entiendo porque mamá y papá se han mostrado tan preocupados antes de su llegada.

Es obvio que ellos no pueden ni mirarse, mucho menos estar en el mismo cuarto.

- ¿Crees que deberíamos hacer algo? -y aquí está mi pequeña hermana, pensando en que esto es algo que podría solucionarse con alguna clase de alocado plan para volver a juntarlos.

Es casi enternecedor que ella lo imagine así.

- No hay nada que podamos hacer -aunque sé que no es lo más optimista que podría decir, decido ser realista-. Ellos están separados por alguna razón, ¿no?, no nos corresponde intervenir.

Hima hace silencio, medita mis palabras.

- El amor parece ser algo… muy complicado -me mira preocupada, como si esperara que yo aliviara aquel temor.

Supongo que tiene sentido que no lo sepa. A su edad, el único concepto de amor que ella maneja es el de nuestros padres, que han estado juntos desde sus años de preparatoria. Mi hermana no conoce otras realidades, en dónde existen diferentes tipos de amor, diferentes personas que aman y en donde el final triste es más común de lo que se imagina.

Entonces, un buen hermano mayor sería capaz de aliviar sus temores. O también sería honesto, para variar.

- Sí, realmente lo es.

Ella me mira, agacha su vista. Luce decepcionada.

- ¿Alguna vez te has enamorado, hermano?

Suspiro. Creo que al oírme ella puede adivinar mi respuesta, así que decido que en verdad no hay nada que ocultarle. Después de todo, ella jamás podría adivinar a quién exactamente me estoy refiriendo.

Y yo jamás se lo diré.

- Sí. Una vez.

Lástima que nunca puedas saber que se trata de ti, Hima.

Parece sorprendida. Abre su boca y, aunque conozco la pregunta que hará, no consigo pensar en una respuesta que pueda librarme.

- Y… ¿de quién…?

Antes de que consiga terminarlo, la puerta de mi cuarto se abre de la nada y el brazo de Konohamaru emerge, agarrándome firme.

- ¡Tú no creas que te has liberado de tu tarea-kore!

¡Mierda!

Hima intenta estirar sus manos para alcanzarme, casi como si se tratara de un reflejo automático. Pero ni toda su abrumadora fuerza es capaz de salvarme.

En un segundo estoy atrapado dentro de mi propio cuarto, con mi molesto maestro de Historia.

- ¿Sabe que puedo denunciarlo por encerrarme con usted en una habitación, profesor?

Su gesto de enfado me hace reír.

- Vamos, siéntate y comienza -ordena, aunque en realidad su actitud parece la de alguien que intenta actuar como un profesor. Puedo verlo. Él simplemente está demasiado nervioso como para actuar con normalidad.

Y todo es a causa de mi tía.

- ¿Quién terminó la relación? -ante mi pregunta, viene un pesado silencio. Sin embargo, recordar la forma en que negó su relación y el dolor en la mirada de mi tía me hace descubrir la verdad de inmediato-. Oh, ya veo.

- No es lo que piensas.

- No puedo saberlo si no me lo dices-ttebasa -me encojo de hombros. Konohamaru me mira, probablemente meditando que tan buena idea sea contarme todo. Parece que finalmente decide que no hay nada más que pueda perder, porque toma asiento sobre mi cama y arroja un largo suspiro.

- Solo… apareció otra chica y… yo me confundí…

- Oh, ya veo. Así que la engañaste.

Él se enfada, puedo verlo en su mirada. Me mira con indignación.

Yo decido ignorarlo y tomo asiento sobre mi escritorio. En completo silencio, tan solo me dedico a observarlo.

- Estás juzgándome -me acusa.

- Uhmm. ¿Los lazos familiares con mi tía o mi amistad de toda una vida contigo? -lo medito en voz alta, y muevo mis manos como si fuesen una balanza. Adivinen que lado gana-. Eres un idiota, Konohamaru.

- Vamos, eres muy joven para entenderlo -él replica. Para mí, en cambio, todo suena como una justificación, y una muy mala, necesito añadir-. Cuando crezcas sabrás de lo que hablo.

- Entiendo que nunca sería capaz de engañar a la persona de la que estoy enamorado.

Bueno, eso digo. Aunque en realidad nunca me veré en esa situación porque jamás estaré con la persona de la que estoy enamorado.

Ah, detalles menores. Cosas sin importancia, ¿no?

Suspiro. De pronto, al pensar en ello, toda mi energía desaparece.

Konohamaru me queda viendo en silencio un par de segundos. Por un momento me preocupa que haya podido sospechar de algo, o que de pronto decida torturarme hasta que suelte el nombre de la persona que me ha robado el corazón. No sucede nada de eso. Para mi suerte, él está demasiado atrapado en sus propios problemas como para fijarse en lo que anda mal conmigo.

Suerte que se trata de él y no de tía Hanabi.

- Naruto no me dijo que ella estaría aquí -se queja finalmente, dejándose caer sobre mi cama.

- Eso fue porque no lo sabía. Y ella tampoco sabía que tú vendrías-ttebasa -por donde lo vean, esto solo se trata de una desagradable coincidencia-. Por cierto, ¿cuándo estuvieron juntos? No lo recuerdo.

- Ahm. Desde la preparatoria -él suspira-. Eras algo pequeño, es normal que no lo recuerdes. En ese tiempo solías estar siempre detrás de Himawari-chan -muerdo mi mejilla por dentro y miro al techo, esperando que mi nerviosismo pase desapercibido-. De hecho, cuidarte era una forma de evitar que nos quedáramos a solas -resopla.

- ¿Y cuándo decidiste engañarla?

Él me mira con rencor desde la cama. Se coloca de pie en dos segundos.

- Suficiente de mí.

- Vamos, no has contestado.

- Y tú no has terminado tu tarea-kore.

Mierda. Es cierto.

Suspiro otra vez.

- ¿Tarea en un fin de semana y ni siquiera una hamburguesa como incentivo? Esta es definitivamente tu peor visita.

- Vamos, Boruto, he visto tus calificaciones en tus otras clases. Necesitas un buen promedio en la mía para salvar el año.

- No es cierto, solo necesito… calcularlo todo bien, y ya -vuelvo a mover mis manos como malabares porque, después de todo, soy el chico balanceándose sobre una cuerda floja, pero Konohamaru no cae en mis trucos.

- ¿Qué te parece hacer un trato?

- ¿Un trato? -solo lo pregunto por curiosidad, porque la verdad es que nada que no incluya hamburguesas ni videojuegos podría convencerme de terminar mi absurda tarea.

- Hay un concurso en la escuela, uno que estamos organizando con el resto de los maestros -en cuanto lo dice, yo entiendo a dónde va. Es casi como si pudiera leer su mente-. Y quiero que participes-kore.

- Ni hablar.

- No creo que estés en posición de debatir -puedo ver cómo ser el centro del poder le divierte más que nada en el mundo-. Vamos, será algo corto. Es un concurso de haikus.

Oh, cielos. ¿Es en serio?

- ¿De haikus?

- Sí. Solo necesitas escribir uno.

- Eso es para chicas.

El golpe en mi cabeza llega sin aviso.

- ¡Auch!

- Vamos. Participarás. Lo he decidido ya.

- ¿Y si no quiero participar qué harás?

Suspira, y a continuación me mira con ese rostro que dice "no he querido llegar a esto, pero…".

- Voy a reprobarte de mi clase. ¿Has entendido?

Esa amenaza… es seria. Solo me basta escucharla para saberlo. Y en cuanto levanto mi mirada, puedo comprobarlo por mí mismo. La obstinada determinación de papá reflejada en su mirada.

Mierda. Estoy en un gran lío ahora. Y no hay forma de escapar.

- De acuerdo.

Konohamaru pasa los siguientes diez minutos explicándome los elementos básicos de un haiku, y luego me deja a solas para que lo escriba. Justo antes de salir, me recuerda nuevamente que aprobar su clase dependerá solo de que tan buen trabajo haga.

- No es que disfrute haciendo esto-kore.

Mírenlo, si hasta tiene el descaro de mentirme en la cara.

Cuando la puerta de mi habitación se cierra, me aseguro de dedicarle mi dedo medio con el más absoluto de los desprecios.

Nuestra relación era más divertida cuando él todavía iba en la preparatoria y solo me ayudaba con mis deberes de primaria. ¿Pueden creer que yo lo inspiré a ser maestro? Siento que he cavado mi propia tumba sin saberlo.

Suspiro. No hago más que sentirme atrapado en mi propio cuarto. Y no es como que pueda escapar por mi ventana y marcharme, olvidando todo. De hecho, esa sería la peor idea que podría cometer.

Entonces, aquí estoy.

Un tonto haiku.

Cinco silabas, luego siete, y nuevamente cinco, escrito sobre algo que pueda observar en la naturaleza.

Vamos, de seguro tiene que ser fácil.

No sé cuantos minutos me toma darme cuenta de que estoy equivocado. Por completo equivocado.

Supongo que lo que me toma notar la pila de hojas de papel arrugadas sobre el escritorio.

Ah, mierda. Esto no es nada fácil, como imaginé. Es lo contario.

¡Es el tonto poema más difícil de escribir del mundo!

¿Por qué fue que no hice mi tarea cómo debía? No estaría en este lío si no hubiera subestimado a Konohamaru.

"Voy a reprobarte de mi clase. ¿Has entendido?"

¡Ah, mierda! Si repruebo su clase estaré en serios problemas en la escuela. Y también con papá, que probablemente vuelva a pensar en enviarme al internado militar en América.

Ay, y ni siquiera quiero pensar en lo que mamá me hará.

Hombre muerto caminando.

Vamos. No puedo rendirme tan rápido. ¡Solo necesito concentrarme lo suficiente!

Un haiku, un haiku. Cinco, siete y cinco silabas. Sobre algo que haya observado en la naturaleza.

¿Qué es lo que observo todo el tiempo?

¿A quién observas todo el tiempo…?

Vi un girasol,

y ardí por su amor,

un infierno.

Dejo el lápiz sobre el escritorio, y vuelvo a leer lo que acabo de escribir, contando cuidadosamente las silabas. Y es… Woah. ¿Yo en serio escribí esto?

Las palabras sobre el papel me parecen tan irreales. Es decir, aunque no se parezca en nada a un haiku -al menos no a los que Konohamaru me mostró de ejemplo- suena bien, ¿no?

Es increíblemente real para mí.

Y nadie puede verlo.

¡Cierto! Si Hima o alguien más lo leyera…

Mi creación de pronto se convierte en algo tan peligroso que me veo obligado a arrugar la hoja. Solo pensar en que alguien pueda leer lo que he escrito es suficiente para causarme un enorme nudo en el estómago.

Abro el cajón más cercano y empujo el papel arrugado hasta el fondo, hasta un lugar en que mamá no pueda encontrarlo tan fácilmente. Ya decidiré que hago después para asegurarme de que nadie lo encuentre.

Termino de cerrar el cajón, cuando un rechinido proveniente de la puerta me hace dar un salto.

El corazón se me dispara, pero al voltear y encontrar a Konohamaru entrando termino convenciéndome de que no hay peligro en lo absoluto… más que reprobar todo el año por no haber hecho lo único que me pidió.

Ah, mierda.

- La comida pronto estará lista-kore -anuncia, incapaz de ver la crisis por la que estoy atravesando-. ¿Lo terminaste ya?

- De inmediato.

No sé qué cosa exactamente escribo tan apresurado. Algo sobre tormentas de nieve y días de verano. Cualquier cosa en verdad, que no debe ser más que una torpe imitación barata de cualquiera de los ejemplos que conozco.

Sea como sea, eso no me importa. Incluso siendo el peor haiku del universo, he cumplido con mi parte del trato. Además, estoy tan infinitamente nervioso por lo que he escrito antes que termino abandonando mi cuarto en una carrera.

Konohamaru me alcanza algunos segundos después en la escalera, mientras termina de guardar mi mala imitación de un haiku en su bolso.

En cuanto me mira, esta vez lo que hay en su rostro es un gesto familiar. Una sonrisa que apenas puede contener, y una mirada llena de orgullo.

- Estoy tan orgulloso de ti, Boruto -y con la pequeña palmada en mi cabeza, me doy cuenta de que por fin he recuperado al Konohamaru de siempre.

Vaya, se siente bien. Lo extrañaba.

- ¿Luego jugaremos videojuegos?

- ¡Puedes apostar a que sí!

Supongo que las visitas de mi maestro no son tan malas, después de todo.

Paso el resto de la noche divirtiéndome, al menos hasta que mamá anuncia que la cena está lista.

Tía Hanabi y Konohamaru se sientan en extremos opuestos y dedican la cena completa a ignorarse mutualmente, consiguiendo que me pregunte cómo es que pasas de amar tanto a una persona a, tal vez, odiarla. ¿Eso es posible en verdad? ¿O solo será que todo ese amor que alguna vez sintieron el uno por el otro sigue ahí, enterrado bajo el orgullo, el resentimiento y la memoria?

Cuando la cena termina, tía Hanabi y Konohamaru deciden marcharse. Es de noche ya y aunque papá se ofrece llevarlos hasta la estación de trenes tía Hanabi rechaza su ofrecimiento, replicando que prefiere caminar y marchándose sin esperar permiso. Mamá se opone, pero entonces Konohamaru le promete que la acompañará, y se dispone a seguirla antes de que ella se aleje demasiado.

Los veo desaparecer al final de la calle, en medio de la noche, pero caminando al mismo ritmo.

Vaya. Definitivamente debo preguntarle cómo le fue a Konohamaru en cuanto lo vea en la escuela.

Y, al parecer, no soy el único que lo piensa.

- Naruto-kun… ¿tú crees que…?

- Podría ser algo bueno, Hinata -él sonríe. Bueno, el idiota de papá siempre busca verle el lado positivo a las cosas, pero debo confesar que en esta ocasión me siento igual de intrigado. Incluso Hima luce una sonrisa de satisfacción en su rostro, sin quitarle la vista de encima sino hasta que desaparecen al final de la calle.

- ¿Crees que vuelvan a salir, hermano? -me pregunta. Sus ojos brillan de forma especial, como cuando ve películas románticas. Le respondo que podrían terminar peleando nuevamente, pero ni siquiera mi brutal honestidad es capaz de echar abajo su férreo optimismo.

Al final del día, con mamá y papá lavando los platos, e Hima viendo televisión abajo, es momento de eliminar la evidencia. Vuelvo a mi cuarto rápidamente, y me aseguro de cerrar la puerta con llave. Meto mi mano en búsqueda del haiku, mientras tomo el encendedor que tengo sobre el escritorio.

Mi mano palpa algunos segundos el fondo del cajón antes de darme cuenta de que está vacío. Y, finalmente, caigo en la cuenta del haiku desaparecido.

No importa cuántas veces lo busque, no lo encuentro en ningún lugar.

Vacío, por completo. El haiku que escribí… ¡El estúpido haiku que escribí no está!

¡No, no, no, no, no!

Doy vueltas por mi cuarto, comenzando a sentir como mi desesperación va en ascenso. Empujo las cosas del escritorio, sin resultado alguno.

No está en mi cuarto.

Eso significa que alguien tuvo que haberlo tomado, y la única persona que suele escabullirse dentro de mi habitación es…

¡Hima!

Salgo corriendo a toda prisa, y bajo las escaleras en un par de saltos.

Y todo lo que veo es a Hima, sentada frente a la televisión, con el papel en sus manos.

Casi caigo por las escaleras llegando a ella, sosteniendo su brazo, intentando alejarla de las palabras que tanto me aterran.

- ¡Hey, hermano! -ella grita, e incluso siento la hoja rasgarse mientras se la arrebato. Pero no puedo detenerme, es mi prioridad arrebatársela incluso si la llego a lastimar.

¡Ella definitivamente no puede leer lo que escribí!

.

Tomates

Cebolla

Papas

Zanahorias

Arroz

Hamburguesas

.

Un segundo. Esto…

No es el haiku.

Esto es… la lista de compras de mamá.

- Boruto, ¿qué te sucede? -su voz enfadada me hace dar un salto. Solo entonces soy consciente de lo firme que estoy sosteniendo el brazo de Hima, y aunque la suelto lo más rápido que puedo eso no consigue cambiar el gesto de indignación que he provocado-. Discúlpate ahora con tu hermana, esa no es forma de tratarla.

¿Dónde está mi haiku?

No puedo pensar en nada más.

- Tonto hermano -ella me insulta, pero yo en realidad no tengo tiempo para nada de eso.

- No… ¿no tomaste nada de mi cuarto?

- Claro que no. Siempre me dices que no puedo entrar ahí -añade, cruzada de brazos y con resentimiento.

La miro. ¿Ella miente? ¿Por qué lo haría?

Miro a mamá, que sigue esperando que me disculpe; y a papá, que ha aparecido en la habitación para saber que sucede. Examino sus rostros a toda prisa, esperando encontrar algo que los delate o algo que me ayude a probar que no estoy enloqueciendo.

¿Quién? ¿Quién de ellos lo tiene?

¿Quién ha sido el que me ha descubierto?

CONTINUARÁ…