Nueva semana, nuevo capitulo.
nikingk: Al contrario, gracias por los reviews! Bueno, Boruto ha pronosticado el final de esta historia desde el primer episodio.
Iris-san de Centeno: Muchas gracias ajaja debería estar escribiéndola justo ahora
Gabe_Logan: Entiendo a lo que te refieres, realmente las tramas en donde se desarrolla una pareja de hermanos no suele acabar con un buen final para los personajes, más bien es lo contrario, la situación y sus decisiones los termina llevando a un punto critico que muchas veces no tiene retorno. También sucede en la literatura, de los pocos libros que he podido ver (como Forbidden o La isla bajo el mar). Sigo en esa encrucijada: no se trata de un amor de un cuento de hadas. Realmente es complejo, porque incluso si pudiese resultar que Hima corresponda los sentimientos de Boruto, eso implicará tenerlo todo en contra.
Omnipotente Vargas: Nada de misterios, directo a las respuestas.
ItaSasuHinaNaru: Muchísimas gracias, amo estos reviews. Bueno, comencé el fic antes de conocer sobre Kawaki y su desarrollo en el manga ajaja, me gusta lo celoso que Boruto podría colocarse de una situación similar, pero no he visto como podría introducirlo en la historia por el momento. De todas formas, agradezco la idea!
XXV
Aprobado
…
.
- Entonces… ¿viene el cumpleaños de Himawari-chan?
Me dedico a asentir una vez como respuesta ante la pregunta, mientras termino a toda prisa mis últimos deberes de ciencias. O bueno, digo eso, pero en realidad tan solo los estoy copiando directamente del cuaderno de Mitsuki, mientras que él se dedica a observarme en silencio.
Ya sé lo que dirán. ¿Robarle los deberes a mi mejor amigo? No es realmente una práctica a la que suelo estar habituado, pero tras la catastrófica visita de Konohamaru a mi casa -y la desaparición del haiku que me ha hecho dar vuelta mi habitación completamente en vano-, solo he recordado los deberes en cuanto Shikadai se ha quejado de ellos durante la primera hora.
Y como Mitsuki es un gran amigo me ha ofrecido prestármelos para que no me reprueben nuevamente.
Pienso que si hay alguien que se merece el cielo es él, ¿cierto?
- Mi cumpleaños es antes -comento, mientras hago una pausa para sacudir mi mano ya acalambrada-. Vas a venir, ¿cierto?
Él me sonríe antes de asentir, como siempre. Yo vuelvo a mi tarea frenética de copiar la mayor cantidad de respuestas posibles.
- No me lo perdería por nada -algo me hace sonreír ante eso. Supongo que con lo nervioso que me he sentido en los últimos días, pensar en mis problemas cotidianos se ha vuelto un alivio-. Entonces, ¿pudieron solucionar su pelea con Himawari-chan?
Empujó profundo dentro de mí la enorme ansiedad que me ha devorado la cabeza los últimos días, mis decenas de excusas ya preparadas y mi cada vez más emergente psicosis, para sonreír y mentir diciendo que sí, que todo va de maravillas, aunque en realidad no sea así.
Porque he expuesto mis sentimientos más enfermizos en un trozo de papel que ha desaparecido de mi habitación, con mi familia en casa. Y porque sé que, pese a parecer que se ha esfumado de la faz de la tierra, volverá a resurgir en cuanto baje mi guardia para desmoronar mi vida completa.
- Todo va excelente -mentir en estos días se ha vuelto para mí algo tan natural como respirar-. Estoy ahorrando algo de dinero.
- ¿Eso significa que has pensado en algún regalo para ella?
- Sí. Hay un peluche de panda en una tienda del centro, creo que le gustará -sin embargo, en cuanto levanto mi vista, me encuentro ante su gesto pensativo.
- ¿Estás seguro? Himawari-chan ya no es tan pequeña. ¿Qué sucede si no le gusta?
- ¿Por qué tiene que importar tanto? Es un tonto regalo, ¿no? -pienso que me dará la razón, pero en lugar de eso él sonríe antes de devolver la vista al libro en sus manos.
- Los regalos son buenos transmitiendo sentimientos.
- ¿Qué tontería es esa? -me burlo, porque nunca había escuchado algo similar antes. Él continua con su gesto de calma.
- Algo que oí en un anime de romance.
- Ciertamente debes dejar de verlo, son para chicas-ttebasa.
- No creo eso -decide, impasible ante mi burla. Me recuerdo entonces que Mitsuki siempre ha sido un chico extraño, pero genial a su propio modo.
Vuelvo a la tarea, antes de advertir la forma en que él se mueve de pronto para mirar hacia la entrada del salón. Sin quererlo, de pronto me pongo en alerta.
- Luces muy tranquilo para ser el día en que entregan las calificaciones, ¿no crees?
Ni siquiera tengo que molestarme en voltear para ver de quién se trata.
- Vete de aquí Sarada, arruinas mi día -respiro profundo, decido que tengo que seguir en mis asuntos. Enfrentarla no es algo que quiera o que necesite hacer ahora-. ¿No tienes tarea o algo por hacer?
- Oh, vamos -su socarrona risa es suficiente para causarme estrés-. ¿No vas a defenderte con algo mejor?
- ¿No entiendes que estoy ocupado?
- Eres tan aburrido.
- Que estés obsesionada con molestarme cada día no significa que a mí me vaya a obsesionar lo mismo. Lo creas o no, tengo una vida fuera de la escuela -dejo el lápiz a un lado y alzo mi mirada, solo para enfrentarla-. Ahora, supérame y vete de aquí, ¿quieres?
- Debes estar soñando si crees que me obsesionas -pese a sus palabras, hace oídos sordos a mi petición.
- Puedes decirlo, pero Boruto tiene un buen punto -mi pecho se infla de orgullo secretamente al oír la intervención de Mitsuki.
Sarada rueda sus ojos de vuelta. Luce fastidiada.
- ¿No te cansas de estar siempre dándole la razón, Mitsuki? -pregunta, para luego sonreír burlonamente-. A veces eres como un perrito faldero.
Frunzo mi ceño automáticamente.
Vamos. No me importa que ella busque tanto pelear conmigo, pero Mitsuki jamás ha sido grosero con ella.
- Oye, te estás pasando…
- Boruto, déjala -Mitsuki me sonríe tranquilo, como siempre. Yo no dudo en replicar.
- ¡Pero ella está…!
- Está bien -insiste, para luego voltear a verla directamente. Sarada le mira con cierto interés, esperando saber que va a contestarle. Incluso yo me siento curioso, Mitsuki no es el tipo de personas que pierde la calma-. Con respecto a tu pregunta, no, no me canso, creo que Boruto es un chico interesante, siempre me está sorprendiendo. ¿Tú jamás te cansas de siempre estar insultándolo?
Su respuesta es una larga mirada, que se extiende durante casi cinco segundos. En todo ese tiempo, Mitsuki no aparta la vista de ella ni quita la sonrisa de su rostro. Justo después, sin decir palabras y para mi completa sorpresa Sarada simplemente da media vuelta y se va.
Impresionante.
- ¿Cómo hiciste eso? -es lo primero que pregunto. Si hay algún truco para espantar a Sarada, ¡quiero saberlo ya!
- Supongo que se me da natural -sus palabras en realidad no tienen ninguna respuesta. Sacudo mi cabeza, sigo sin creer lo que acaba de suceder.
- ¿En verdad crees todas esas cosas de mí? ¿Qué soy interesante?
Está vez Mitsuki no me mira, en lugar de eso vuelve a clavar su vista en el libro.
- ¿En verdad crees que los animes de romance son solo para chicas?
Me rio sin poder evitarlo. ¿Qué clase de pregunta es esa?
- Claro que sí-ttebasa.
- ¿Es decir que jamás has visto alguno?
Resoplo. Técnicamente eso no es algo que pueda negar. Hima siempre me pedía que viéramos juntos sus series. Y parte de ser un buen hermano mayor es hacer lo que tu hermana menor te pida, incluso si detestas la idea.
- Nagi no Asukara fue una buena serie -termino admitiendo, en voz alta.
Pienso en que cualquier otro chico se hubiese burlado de mi declaración. Mitsuki en cambio solo forma una sonrisa en su rostro. Como siempre.
- Muy buena serie -responde, sin quitar los ojos de su libro-. Realmente eres un chico lleno de sorpresas, Boruto.
Sonrío, no puedo dejar de sentirme incómodo. Aunque también me considero un chico lleno de sorpresas, no creo que mis secretos sean agradables. De seguro si alguien pudiese conocer como soy realmente, se espantaría al saber lo que siento.
¿Qué pensarían mis amigos de mí?
…
¿Han notado que mientras más se esfuerzan en buscar algo es como si la tierra se lo tragara, pero cuando por fin han olvidado lo que tan desesperadamente intentaban encontrar, se manifiesta frente a ustedes como si hubiese caído del cielo?
Bueno, algo así me sucede.
Voy con Mitsuki y Shikadai, caminando a lo largo del pasillo, cuando me topo con el enorme tumulto frente al tablón de anuncios de la escuela. Mitsuki quiere detenerse a mirar si acaso han colgado nuevas calificaciones, pero le respondo que no estoy de humor para ver cómo me reprueban nuevamente. Entonces alguien comenta que en realidad no se trata de eso.
De todas formas, y aunque no me interesa realmente averiguar qué es lo que llama la atención de todos, termino echándole un rápido vistazo a lo que está causando tanto revuelo mientras pasamos.
Y es cuando lo veo.
Mi haiku.
Colgado en el puto tablón de anuncios de la escuela y coronado como el ganador del maldito concurso. ¡Mierda!
.
"Vi un girasol,
y ardí por su amor,
un infierno"
.
¿Cómo…? ¿Cómo ha llegado ahí?
Abro mi boca para respirar, pero no consigo recordar cómo hacerlo. El golpeteo en mi pecho se ha vuelto tan violento que no consigo escuchar nada más. Las conversaciones y risas continúan a mi alrededor, pero siento mis oídos tapados.
El vértigo me golpea el estómago y mis piernas se duermen, por eso en cuanto alguien me empuja para que me aparte del pasillo termino tropezando. Me apoyo en la pared para no caer, y mi vista vuelve a las palabras del tablón.
Vuelvo a leerlo, esperando que las palabras se modifiquen o que en su lugar aparezca algo completamente diferente, pero no sucede, y no me queda más que aceptar que se trata del haiku que he escrito hace tan solo un par de días atrás.
No necesito preguntarme por segunda vez cómo fue que se transportó desde del fondo de mi escritorio hasta aquí, porque sé exactamente cómo sucedió. De pronto, puedo recordar claramente a Konohamaru saliendo de mi habitación un par de segundos después que yo. La imagen es tan clara que no entiendo cómo no lo he recordado antes.
Él ha sido, no hay otra explicación. Me vio en mi cuarto escribiéndolo, debió verme guardándolo y lo robó en cuanto tuvo la oportunidad.
¡Ese maldito hijo de…!
- ¿Quién es el autor? -el pánico me golpea. Mi nombre, alguien va a decir mi nombre a continuación.
- Al parecer se trata de una obra anónima.
- ¿Anónima? ¿Y cómo es que recibirá el premio?
Me fuerzo a tragar una bocanada de aire, porque sigo sin respirar. Mi estómago se convierte en un nudo, mis manos comienzan a sudar.
- Un artista anónimo, eso es interesante -pese a estar junto a mí, la voz de Mitsuki se escucha realmente lejana-. Ahora siento ganas de leerlo.
Sacudo mi cabeza, porque todo lo que yo quiero hacer es correr, arrancarlo de la pared, despedazarlo y quemarlo. Pero no puedo hacerlo, porque entonces todo el mundo sabrá que he sido yo quién lo ha escrito.
Ni siquiera puedo moverme, estoy tan aterrado que apenas consigo que el aire llegue a mis pulmones.
No puedo respirar.
No puedo respirar y estoy entrando en pánico.
Lo saben
No. No lo saben.
¡Ellos saben!
Me obligo a respirar profundo, por el rabillo del ojo veo mi expresión en el reflejo del ventanal y me fuerzo a cambiarla. Aunque sé que ya es tarde.
Te han visto, todos te han visto.
- ¿Quieres comer algo?
- En realidad quiero irme a casa, la escuela es un fastidio.
- Pero aún falta medio día.
- Lo sé, me refería a que… Boruto, ¿te sientes bien?
Shikadai y Mitsuki me miran fijamente. Curiosos.
Lo saben.
Sé que debería decir algún comentario inteligente, pero en lo único en lo que puedo pensar es que, si mi propia expresión de pánico es visible hasta para mí, ¿cómo ellos no van a notarla? ¿Y cómo no van a relacionarla con el haiku?
¿Cómo no van a descubrirme?
- ¿Te sucede algo? -Shikadai no deja de mirarme, ya preocupado. Mitsuki, en cambio, mira atrás.
Al tablón de anuncio.
Y luego vuelve a mirarme. En cuanto sus ojos se posan sobre mí, siento mi rostro ardiendo contra mi voluntad.
Cualquier cosa que haga o que diga, solo va a confirmarle lo que ya sabe. Porque lo sabe.
Lo sabe.
Lo sabe.
Lo sabe.
Sabe de mí.
- ¿Quieres ir a la enfermería, Boruto?
No, la verdad es que no quiero hacerlo. Pero digo que sí y me inclino sobre mí mismo, fingiendo unas terribles ganas de vomitar que en realidad no son tan falsas. Los chicos me obligan a caminar, alrededor todo el mundo continúa mirándome.
Y lo sé. Por la forma en que me miran.
Todos lo saben.
Nunca me he sentido más vulnerable y expuesto en mi vida, tan asustado de ser yo. ¿Cómo no sentirme así? Ellos saben.
Todo el mundo.
Todo el mundo lo sabe.
…
Para cuando llego a la enfermería entiendo que nadie me ha descubierto y que solo estoy sufriendo un ataque de pánico.
Sudando, con el corazón en una carrera y apenas consiguiendo respirar con normalidad, consigo convencer a mis amigos de que solo me he intoxicado por culpa de una caja de leche en mal estado, y que no necesito visitar a la enfermera. Me llevan, en cambio, a los baños. Tan pronto como estoy dentro y a solas, abro el grifo y hundo mi rostro en el agua fría. No sé cuánto tiempo estoy dentro, supongo que el suficiente para conseguir tranquilizarme nuevamente.
Nadie lo sabe, nadie, es imposible que lo sepan.
Sí. Porque el autor es anónimo.
Konohamaru no le dirá a nadie que fui yo el ganador, menos si eso tiene relación con un posible aumento en mi calificación final. Debe ser una suerte que esté tan concentrado en sus problemas románticos y su trabajo que no pueda relacionar el haiku a mi hermana.
Me sostengo del lavabo. El pecho me duele, pero me obligo a respirar profundo hasta que se vuelve tolerable.
Me repito una y otra vez, sin parar, que nadie lo sabe.
Ni papá, ni mamá, ni Hima. Nadie. Nadie puede relacionarme al haiku y, si fuese el caso, nadie creería que yo escribí algo así, solo bastaría con decir que lo he copiado de internet. Esa es la excusa que planeé, una de las muchas que preparé. Aún puede funcionar.
No hay manera en que mis padres vean el haiku, mucho menos Hima. Konohamaru no les contará que me obligó a participar.
Todo está bien. Tengo que actuar con calma.
No, no con calma. Tengo que actuar como siempre, como yo. Tengo que continuar siendo el problemático adolescente de preparatoria.
Me inclino sobre el lavabo y le dirijo mi mejor sonrisa desafiante a aquel chico con gesto de pánico en el rostro, el que parece que vomitara en cualquier momento.
Eso es exactamente lo que hago a continuación.
…
No sé cómo ni de qué forma, pero antes de terminar el día me he convertido en una especie de celebridad. Una anónima, claro.
Durante lo que queda de la jornada no hago más que escuchar comentarios sobre el absurdo concurso y sobre mi pequeña obra de arte. Es una locura, porque a dónde vaya hay alguien alabándolo o debatiendo al respecto. El maestro de literatura incluso lo lee en voz alta en medio de la clase y nos obliga a debatir sobre su contenido.
- Lo encuentro tan pasional.
- Tan romántico.
- ¡Tan atrevido!
Ah, como quisiera hacer callar a esas chicas. ¡Mi haiku no es nada de eso! ¡Es solo la manifestación de lo más enfermo en mi cabeza!
- Las chicas están como locas -Shikadai se ríe. Mitsuki, en cambio, sigue sonriendo. Parte de mí siente curiosidad por sobre lo que ellos piensan, pero no tengo el valor de consultarlo por temor a que lo relacionen conmigo, así que me mantengo en silencio, fingiendo garabatear notas en mi cuaderno, esperando con ansias la campana del final del día.
Cuando las clases terminan, tengo que luchar contra el impulso de salir corriendo para volver a casa lo más pronto posible. Me obligo a caminar con lentitud por el pasillo, sosteniendo una charla con mis amigos como haría cualquier chico normal, o más bien fingiendo prestarles atención porque no puedo dejar atrás lo sucedido.
El tumulto que emerge en mitad del pasillo frente a otro tablón de anuncios amenaza con producirme un nuevo ataque de ansiedad, pero en esta ocasión me equivoco. Simplemente se trata de las calificaciones de la clase de Konohamaru.
Un extraño sentimiento de alivio me atraviesa. Al menos esto se trata de algo con lo que puedo atormentarme de forma normal.
Me hago paso entre mis compañeros y me inclino para ver el final de la lista, cruzando secretamente los dedos para que Konohamaru haya cumplido su promesa de permitirme pasar. Pero mi nombre no está al final, como usualmente sucede, y me toma solo medio segundo de pánico pensar en que he debido obtener una calificación más alta de lo esperado, así que comienzo a subir hasta, finalmente, encontrar mi resultado.
Uzumaki Boruto – Aprobado
No, no es solo eso.
Yo, de hecho… he obtenido el lugar más alto de la clase de Konohamaru.
¿Qué…?
- ¿Uzumaki?
- ¿Cómo ha conseguido eso?
- ¿En verdad es el primer lugar?
- Hey, Boruto -y la voz de Mitsuki, de pie a mi lado, es lo que me saca de mi trance. A diferencia del resto de mis compañeros, él simplemente me está sonriendo-. Bien hecho. Debes sentirte orgulloso.
¿Lo estoy?
- Ah, bueno… yo…
¿Cómo voy a estarlo si no lo merezco?
Una mano tira de mí con fuerza. Me saca de mi sitio y me obliga a voltear. De pronto estoy ante Sarada, quién luce más furiosa de lo que jamás la he visto nunca.
- ¡¿Qué trampa hiciste para conseguirlo?!
En un comienzo no entiendo la razón de que me esté gritando. Sigo sorprendido por mi calificación, así que solo la escucho insultarme con cosas como "nepotismo", "preferencia" y "mascota del maestro" antes de verla dar media vuelta y marcharse.
Pestañeo. Ni siquiera soy capaz de asimilarlo.
Mierda. ¿Qué…?
- Sarada está muy enojada -Mitsuki, como siempre, nos comenta lo obvio. Pero esta vez en verdad lo agradezco, porque me ayuda a entender lo que está pasando-. Tiene sentido.
- ¿Lo tiene?
- Claro. Has bajado su promedio. Ahora no será la primera de la generación -ese es Shikadai, sonriendo-. Bien hecho, se lo has fastidiado en grande.
Vuelvo a mirar hacia el lugar por el que Sarada se ha marchado, despotricando furiosa contra mí sin saber cuánta razón tiene en realidad, porque mi calificación ha sido arreglada. Una parte mía -la que recuerda que alguna vez fuimos mejores amigos- quiere ir tras ella y disculparse por haber sacado el primer lugar y haber arruinado su promedio general.
No es que lo haya hecho a propósito, ¿saben?
Luego pienso en que, en un día normal, el Boruto que suelo ser se sentiría feliz de haber conseguido fastidiar su día, incluso sin intención, pero por más que rebuscó dentro de mí no consigo sentirme satisfecho.
No siento nada, realmente.
- Oye, Boruto, ¿nos dirás qué piensas?
- ¿Qué pienso de qué?
- Celebrar tu calificación -ambos responden, al mismo tiempo.
- Boruto -Shikadai me mira, sonriendo con su ceja alzada-. ¿Qué te pasa? Has estado en las nubes todo el día.
- Lo siento.
- Como sea, has sacado la mejor calificación. Mereces que lo celebremos con unas hamburguesas -insiste, tirando de mí y forzándome a caminar. Yo me dejo llevar.
Más adelante, cuando pasamos junto al tablón de anuncios con el ganador del concurso de haikus, tengo que hacer mi mayor esfuerzo en no mirar directamente a las palabras. ¿Cuánto tiempo va a permanecer allí, atormentándome en silencio?
- Es hermoso, ¿verdad? -una chica le comenta a otra, mientras pasamos. Tengo que contener el impulso de preguntarle si habla del poema.
Porque no tiene sentido. ¿Cómo es que sentimientos tan horribles resultan ser tan populares y admirados?
¿Qué pensarían esas chicas si supieran que lo escribí pensando en mi hermana menor?
- Boruto -Mitsuki frena y me llama, mientras Shikadai se adelanta. Giro agradecido de poder darle a mi cabeza unos segundos de alivio.
- ¿Sí?
Él me mira un instante, y abre su boca para hablar.
Y, de pronto, lo sé.
Sé lo que dirá. Incluso antes de que hable, yo ya lo sé. Es algo en la forma en que está sonriendo, la misma sonrisa segura que lleva cuando sabe que va a contestar correctamente un complicado ejercicio de matemáticas o una pregunta en clases.
Y es lo que con terror -y alivio- he esperado desde el momento en el que he visto mi haiku expuesto en la escuela.
Él sabe.
- Es solo que no dejo de pensar en el ganador del concurso. Fue bastante… interesante, ¿no te parece? -y no añade nada más. No espera mi respuesta, tan solo me sonríe, como siempre, y sigue caminando.
Lo sabe.
Sí. Lo sabe.
Que soy el autor del haiku.
Que estoy enamorado de mi pequeña hermana.
CONTINUARÁ…
