Realmente no quiero comentar ningún spoiler del capítulo pero sí voy a pedirles perdón por adelantado, por seguir jugando con sus sentimientos ajajaja. Son lectores maravillosos y muy pacientes, prometo que haré que valga la pena en su momento.
Gabe_Logan: Sí, precisamente se viene la gran pelea, y prometo también que habrá un beso, solo falta un poco más de sufrimiento :c
secretlistener: ajajaja the best prank, poor Boruto, but he will got an opportunity some day, i promise
Alluren: Ajajaja se van a querer morir en este capi
Caro: Yo tampoco me esperaba actualizar ajajaj soy terrible :c Sí,Boruto en realidad va a comenzar a colapsar poco a poco.
Procrastinacion: Ajajaja aparentemente todos imaginaron que se trataba de un beso!
XXVII
Monstruo
…
.
Cuando era niño, mis padres solían discutir muy pocas veces.
Usualmente era porque papá cometía algún error o porque mamá no expresaba sus sentimientos adecuadamente, pero las pocas discusiones que solían tener las solucionaban en solo un par de horas y, antes de la cena familiar, ambos se encontraban sonriendo nuevamente.
Ahora, que he crecido, esas discusiones han aumentado. O, tal vez, solo soy yo quien recién ha comenzado a notarlas en verdad.
Sea como sea, es una reflexión a la que he llegado porque, bueno… en este momento mamá y papá están discutiendo nuevamente.
Y lo sé porque…
- Estoy agotado, ¿no podemos hablarlo en otro momento-ttebayo?
- ¿Cuándo? Ya casi no pasas tiempo en casa, Naruto-kun.
…puedo escucharlos desde la habitación.
Arrojo un quejido, vuelvo a concentrarme en el juego y subo el volumen para acallar las voces de mis padres. Mi teléfono celular vuelve a vibrar, y por el rabillo del ojo distingo el nuevo mensaje que Mitsuki acaba de enviar, recordándome mis deberes para mañana.
Lo sabe. La alarma en mi cabeza regresa, mi instinto de supervivencia trata de convencerme de huir despavorido. En lugar de eso, me obligo a quitar ese pensamiento aterrador de mi mente y a contestarle como lo haría normalmente.
Si Mitsuki sospecha algo, lo peor que puedo hacer es distanciarme. Eso solo confirmaría sus dudas. O puede que tan solo me esté volviendo paranoico y en realidad mi mejor amigo no tenga idea de que he sido el autor del haiku, mucho menos pueda relacionarlo de alguna manera a mi pequeña hermana.
Sea como sea, no puedo permitirme tomar distancia. Necesito respirar profundo, no permitir que el miedo devore mi cabeza y, sobre todo, relajarme.
- ¿Sigues enfadada por eso?
Aunque puede que lo último sea imposible en este momento, con mamá y papá peleando en el primer piso.
Giro mi rostro para buscar a Hima, sentada sobre mi cama y demasiado incómoda como para disfrutar con tranquilidad de la película que he puesto para ella. Desde que la discusión ha comenzado ha dirigido todos sus esfuerzos en fingir que la está viendo, pero el insistente mechón de su cabello en su boca y el movimiento frenético de su pie la delatan.
Mamá y papá llevan un poco más de media hora discutiendo. Han comenzado con el ascenso en el trabajo y han ido recorriendo una lista de los problemas en casa. Incluso si he intentado concentrarme en el juego no consigo convencerme de que se trata de algo que pasará.
Yo nunca he escuchado a mamá tan enfadada antes. Casi siento lástima por papá, que ha intentado desviar la conversación sin éxito un par de veces. Pero debo admitir que me siento más frustrado por no haber recibido un aviso sobre esto que por la pelea en sí.
Todo ha iniciado en medio de la cena, cuando Hima le ha consultado a papá por su siguiente día libre.
"La obra de la escuela será dentro de un mes y…"
Y nada. Papá descartó la idea antes de que ella pudiese contarle que sería la protagonista de la obra, solo para luego informarnos algo sobre su aburrido trabajo en la oficina. No fue capaz de ver el gesto de decepción en el rostro de Hima, pero yo sí pude y prácticamente me coloqué en pie dispuesto a iniciar una pelea.
Alguien se me adelantó entonces. Mamá.
"Niños, suban a su habitación"
La cosa no ha parado desde entonces, y sucede que como se han movido al recibidor su conversación no es nada difícil de escuchar, especialmente porque han comenzado a subir el tono de sus voces paulatinamente.
- Además de eso, también está el tema de Boruto…
- ¿Qué cosa hizo ahora Boruto? -la voz de papá se deja escuchar, ya cansada-. No, mejor no me cuentes, no necesito saberlo.
Escuchar eso me fastidia por alguna razón. Incluso si sé que tiene motivos de sobra para sospechar que me he metido en problemas nuevamente… cielos, papá, ¿al menos puedes fingir que tienes algún tipo de expectativa en mí?
- Boruto te extraña, Naruto-kun, ¿no puedes verlo?
- Cielos, mamá -no puedo contener mi queja en voz alta, aunque ella no vaya a escucharla.
¿Qué es esto? ¿Terapia familiar?
¿Por qué le habla de mis sentimientos?
Hima me queda observando. Yo en tanto le devuelvo la mirada, sin sentirme seguro de qué decir para tranquilizarla.
Quisiera ser capaz de explicarle que las peleas de una pareja son normales, que por contradictorio que parezca es normal que papá y mamá no siempre estén de acuerdo sobre ciertas cosas. Las discusiones son sanas.
Digo, podría ser peor. Podríamos haber sido abandonados por papá y mamá podría pasársela ebria durante todo el día, dejándome a mí el deber de cuidar de Hima. O tal vez papá podría estar muerto, y nosotros creciendo en un ático a la sombra de nuestro perverso abuelo. O ser hijos del amo en una plantación y de su esclava doméstica, creciendo juntos sin saber nuestro lazo.
Sí, me gustan las novelas de amores prohibidos.
- Nuestros padres estarán bien -digo, lo que he tenido atorado desde que comenzaron a discutir. Consigo percibir la mentira implícita en mis palabras.
Hima asiente, poco convencida.
Doy un suspiro, abandono mi videojuego y camino hasta la cama. Ella me observa con cierta sorpresa en cuanto hago énfasis en tomar asiento.
- Vamos, hazme espacio -me quejo, esforzándome por sonar como un hermano mayor fastidiado y no nervioso por lo que estoy haciendo-. Es mi cama, ¿no? ¿Qué película es esa en cualquier caso? ¿Tiene escenas de acción?
Hima se arrastra hasta el final. Puedo ver su gesto de alivio al poder concentrarse en algo que no sea la pelea.
- Es una romántica.
Por supuesto. Estas cosas solo me pasan a mí.
Apago la luz de mi habitación -la de la mesita de noche, junto a mi cama- y me dispongo a tolerar otra de las tontas películas de adolescentes que mi hermana disfruta, mientras ella me cuenta los detalles para ponerme al tanto. Subimos el volumen y los siguientes cinco minutos nos refugiamos de lo que sucede en el primer piso.
- Entonces, ¿solo un beso de amor verdadero romperá el hechizo? Eso es tan cliché, Hima.
- ¡No es verdad! -siento su golpe aterrizar en mis costillas. En mi interior, las mariposas revolotean entusiasmadas al notar el lugar exacto en dónde deja caer su mano a continuación.
Tan cerca de la mía, a centímetros de distancia.
Ah, les prometo que daría cualquier cosa solo por poder tomarla.
- Claro que lo es, como en todos los cuentos de princesas. ¿Y que sucede si a su príncipe encantador le gusta otra persona?
Hima se ríe. Nuestras miradas chocan un segundo, y mi corazón entusiasta vuelve a enamorarse de ella con solo mirar sus ojos tan brillantes.
Es tan hermosa.
- Eres muy poco romántico, hermano -ella responde, para a continuación dejar caer su cabeza sobre mi hombro.
Necesito respirar profundo y reprimir la sonrisa que surge en mi rostro, mientras siento el roce de su mano junto a la mía. Necesito controlarme para no sostenerla, pese a que es lo que más deseo en este instante.
Intento mirar la película, pero no consigo prestarle atención. Mi mente, en cambio, está en su cuerpo suave apoyándose contra el mío, en su mano tan cercana y en el aroma tan dulce de su cabello.
Tan perfecto, como en un sueño…
Incluso si fuese solo un sueño, desearía quedarme aquí, para siempre. Porque estando aquí, yo podría, yo puedo, en realidad, hacer cualquier cosa.
Cualquier cosa.
- Hima, yo…
¡Crash!
Salto por culpa del estruendo que llega desde el primer piso. Mi teléfono se desliza de mi mano, para terminal en el suelo. Mi corazón da un vuelco a causa del miedo.
¿Ese ha sido un cristal rompiéndose?
Miro a Hima -quién al igual que yo ha dado un salto-, congelada en su sitio y con sus pequeñas manos aferradas sobre mi cobertor. Su rostro pálido, mientras la película sigue corriendo ajena a nuestro momento interrumpido. Y, entonces, sus ojos asustados en mí, buscando una respuesta.
- ¿Herma…?
- ¡Naruto-kun!
El grito estridente de mamá es suficiente para asustarme. Un golpe desagradable invade mi estómago.
¿Qué está pasando abajo?
No lo pienso dos veces. Mi urgencia por conocer la respuesta me lleva a abandonar mi cama en un instante. Necesito bajar. Necesito asegurarme de que mis padres están bien.
Veo tantas películas y series que mi cerebro comienza a crear los peores escenarios posibles de inmediato.
- ¡Hermano! -Hima me llama. Sus pequeñas manos se aferran a mi camiseta, tirando de mí para detenerme. Su rostro asustado, a punto de llorar, es suficiente para hacerme olvidar todo lo demás.
- Hima, Hima, mírame, tranquila. Todo está bien -miento, porque eso es lo que hacemos los hermanos mayores-. Mírame, quédate tranquila. Yo voy a bajar y…
- ¡No bajes! -ella grita en un susurro asustado, su agarre no hace más que aumentar. Abajo la voz de mis padres vuelve a elevarse, pero no consigo entender lo que están hablando. Todo lo que tengo en mi cabeza es a mi pequeña hermana, tan aterrada y suplicándome que me quede a su lado-. ¡No quiero estar sola!
Quiero bajar, quiero asegurarme de que mamá está bien, pero su mirada penetrante me impide moverme.
Vuelvo a subir los pies a la cama mientras que ella nos mete bajo el cobertor frenéticamente, como si pudiese protegernos de cualquier cosa que esté sucediendo. Yo la sigo, porque no sé qué otra cosa hacer más que ocultarnos en la oscuridad.
Abajo, el sonido de las voces de mamá y papá sigue elevándose.
Vamos, ¿qué está pasando? ¿Por qué siguen gritando? ¿Qué fue aquello que se sonó tan fuertemente?
Hima se acerca. Sus brazos me sostienen más fuerte, sus manos se enredan en mi camiseta.
No deberías hacer esto. La voz de mi conciencia -la que toda mi vida me ha advertido de compartir una cama con mi hermana- trata de abrirse paso cuando me vuelvo consciente de lo cerca que me encuentro de ella, pero vuelve a desaparecer con otro grito que nos llega.
Extiendo mi brazo fuera del cobertor y busco mi teléfono a tientas, en dónde sospecho que ha debido caer. En cuanto lo rescato, mis torpes dedos tardan una eternidad en desenredar los audífonos.
- Tranquila, Hima -hablo, e intento controlar el tono de mi voz. No puedo permitir que note lo asustado que también estoy-. A veces los adultos discuten, es todo. Solo ha debido caerse un tonto vaso o algo así. Yo estoy aquí, vamos a escuchar música juntos, ¿de acuerdo?
Me muevo a ella, le entrego uno de los audífonos e inicio una canción, cualquier canción, justo en el momento en el que los gritos comienzan.
- ¡No necesitabas tomar ese ascenso!
- ¡Se trata de un buen puesto, Hinata!
Me coloco el otro audífono, la música me llena entonces, pero, aun así, puedo oírlos gritar. Hima tiembla junto a mí, siento su cuerpo sacudirse por culpa de los sollozos. El corazón se me aprieta al oírla contener sus lágrimas.
Llevo mis manos a su espalda y ella termina por refugiarse en mi pecho.
Pienso en que -al igual que la última vez- su cuerpo es cálido, pequeño y cabe perfectamente entre mis brazos.
Pienso en que no debería pensar en eso.
- Es mi culpa, ¿verdad? -siento la desesperación en su voz en cuanto me habla-. No debí hacerle esa pregunta a papá. Sé que trabaja demasiado, no debí esperar que pudiese asistir a la obra.
Siento ganas de replicarle lo equivocada que se encuentra, pero las palabras no consiguen salir de mi boca. ¡Debería ser papá quién se sienta culpable! ¡Por todo esto!
- ¡Boruto y Himawari están creciendo y te lo estás perdiendo!
- ¡El dinero nos será útil!
Estrecho a Hima más fuerte entre mis brazos. ¡¿Ah, por qué mierda no pueden callarse de una vez?!
- ¡Pero Boruto ya es un adolescente! ¡Necesita a su padre en casa! ¡Esas peleas que estuvo teniendo son su forma de llamar tu atención!
Las palabras de mamá me hacen sentir culpable. Incluso si no son por la razón que ella piensa, mis problemas en la escuela vuelven a ser la causa de sus discusiones.
Más bien, yo soy el causante. De mi rostro golpeado, de aquel gesto suyo con sus labios apretados, de la discusión que ambos están sosteniendo ahora.
¿Por qué he tenido que volver a hacerlo? ¿Por qué no puedo ser el hijo que ellos quieren?
- Hermano, ¿nuestros padres van a divorciarse? -la voz de mi hermana se abre paso a través de mi oído, igual que un susurro desesperado.
- Claro que no -sin embargo, sé que miento. No lo sé con certeza. Los padres de mis amigos se han divorciado, ¿quién dice que los míos no lo harán?
Mi mentira es tan obvia que Hima comienza a llorar. Su cuerpo tiembla y yo no sé qué hacer para evitarlo. ¿Cómo soluciono todo esto?
- No vas a dejarme, ¿cierto hermano? -su voz, tan asustada, se cuela en mis oídos-, prométeme que nunca vas a dejarme, por favor.
De pronto, caigo en la cuenta de lo cerca que estamos el uno del otro. De su pequeña cabeza enterrada entre mi cuello y la almohada, y de su aliento cálido y dulce rozar mi clavícula, alcanzar mi cuello. Y tan pronto como lo noto mi interés en los gritos desaparece por completo, porque ahora solo hay una cosa en mi cabeza que tiene mi completa atención.
Mi hermana está demasiado cerca de mí.
Más.
Casi sin notarlo, mi rostro se mueve a ella. El nerviosismo se apodera de mi cuerpo, parecido a aquella sensación que tenía en la boca del estómago cada vez que saltaba hacia papá para hacerle una broma.
Solo que esto es mucho mejor, un millón de veces más agradable. No quiero dejar de sentirlo jamás.
- Nunca voy a dejarte.
Mis palabras suenan muy bajas, estoy demasiado alterado. Ella alza su rostro para oírme mejor. Sus labios rozan mi mandíbula.
Aguanto la respiración. Siento mis labios secarse.
Mierda. Mierda.
Esto no es bueno.
Esto es muy bueno.
Los latidos de mi corazón retumban tan fuertes que es imposible que ella no los escuche.
Los gritos siguen, la acerco mucho más a mí. Sus pechos suaves chocan con mi cuerpo, puedo sentirlos a través de la tela de su pijama. Ella entrelaza nuestras piernas, buscando acomodarse mejor. El calor aumenta.
Ah, mierda, si no me concentro en otra cosa tendré una erección.
- ¿Nunca me dejarás?
- Nunca -repito.
Presiono mis labios contra su pómulo, su mejilla. No puedo detenerme. Su piel es tan suave, su aliento tan dulce. Huele a la menta de su pasta de dientes.
Más.
Quiero más.
Soy adicto a esta sensación, a todo lo que me provoca.
Soy adicto a mi hermana menor.
Ella se aproxima más a mí. Una de mis manos reposa en su nuca, otra sobre su espalda. La yema de mis dedos se mueve, sube y baja, acariciando sobre la tela de su pijama. Ella aún se sostiene de mi camisa, puedo sentir sus manos tensas. Voy a tomarlas, cuando la canción cambia a una melodía de piano y su agarre se relaja.
Y, por solo un instante, deseo que mis padres sigan peleando.
- ¡Tal vez si pasaras más tiempo en casa…!
Deseo que el tiempo se detenga.
- ¡El trabajo es importante!
Deseo besarla.
- ¡Nuestros hijos también lo son!
Deseo besarla para que no tenga que pensar en los gritos, para que pueda pensar en algo más.
No, no es cierto, solo quiero besarla porque estoy enamorado de ella.
Sus labios están tan cerca, acariciando mi mandíbula, su pequeña nariz chocando con mi mejilla. Si solo me inclino un poco hacia ella, mis labios la encontrarían como tanto he deseado antes, como tantas veces he soñado.
Siento su respiración tranquilizarse y sé que por fin ha dejado de llorar. Sin embargo, sé que aún escucha los gritos de nuestros padres porque yo también puedo escucharlos.
- ¿Y si mamá y papá se van alguna vez y nos dejan? -su pregunta suena tan baja que necesito hacer un esfuerzo por oírla. Sigo acariciando su espalda. Debería soltarla, pero no lo hago.
No quiero.
No me imagino apartándome de ella nuevamente.
- No se irán, porque nos aman -le aseguro. Ella asiente, o al menos eso percibo.
- ¿Y tú me amas, hermano?
Claro que lo hago.
Las palabras se atoran en mi garganta, incapaces de salir, pero no porque me asuste decirlas. En realidad, por más que busco no consigo sentir miedo.
Miedo de decirlas en voz alta, o de lo que pueda pasar aquí y ahora.
Debería sentirme aterrorizado, pero, por primera vez desde que puedo recordar… quiero que Hima note lo que siento. Quiero que pueda oír lo acelerado que late mi corazón, lo fuerte que la sostengo contra mi cuerpo, lo cerca que están mis labios de los suyos.
Quiero que olvide que somos hermanos. Quiero que me bese.
Retiro mi mano de su espalda, con cuidado, y la muevo hasta dejarla entremedio de ambos. Su pequeña mano se escabulle hasta sostenerla, en medio de tanta oscuridad.
La canción sigue sonando. Una dulce melodía de piano.
Nuestros dedos se entrelazan, solo un instante. Porque luego vuelvo a moverla, para secar las lágrimas en sus mejillas, con cuidado, con más cuidado del que jamás he tenido. No sé cómo, pero también termino acariciando su mandíbula, sus labios.
Y, por primera vez desde que puedo recordarlo, soy honesto con ella.
- Claro que te amo, Hima, ¿cómo no voy a amarte?
Pese a mis malas calificaciones en la escuela, no soy idiota. Sé que, con las cosas como están ahora, sería el momento perfecto para hacerlo. Casi como si fuese una situación en uno de los libros que he leído.
Si la besara ahora, Hima no me rechazaría… porque está asustada de perderme.
Incluso puede que corresponda mi beso, incluso puede que sus sentimientos por mí evolucionen. Puede que deje de verme solo como a su hermano mayor.
Y entonces, si estoy tan seguro de eso… ¿por qué no me atrevo a besarla?
¿No es eso lo que tanto he anhelado en secreto? ¿Una excusa válida para permitirme estar cerca de ella? ¿La ínfima posibilidad de ser correspondido?
Puedo besarla sin culpa, puedo liberar el torrente de sentimientos que me invade y, sin embargo, no soy capaz de hacerlo. Porque si lo hiciera, entonces no sería un buen hermano mayor.
¡No!
Tengo que salir de aquí.
Tan pronto lo pienso, el impulso que me golpea me obliga a abandonar la cama. Ya no quiero que mamá y papá sigan peleando, porque no puedo permitir que seamos el tipo de familias que hay en mis libros.
Es por eso que tengo que salir de aquí tan pronto como pueda.
¡Basta!
- ¿Hermano?
Salgo corriendo, tambaleándome hasta estrellarme contra la puerta. Mi mano temblorosa gira la perilla, hasta que los gritos suenan más fuertes que nunca.
¡Vuelve con ella!
No, no puedo hacerlo. Tengo que salir de aquí.
Tengo que salir de aquí antes de cometer una estupidez que dañe a mi hermana menor.
Bajo por las escaleras de dos en dos. El corazón me late desenfrenado.
- ¡Solo quiero que pases más tiempo en casa!
- ¡Hinata, tienes que entender que…!
- ¡Lo hago! ¡Pero es tan injusto pedirles a los niños que también lo hagan!
Sigo sus gritos hasta llegar al comedor, y entro tan rápido que tengo que sostenerme del marco de la puerta para evitar pasar de largo. La luz encendida lastima mis ojos. Mi garganta se daña en cuanto la fuerzo a gritar.
- ¡Basta ya!
Mamá es la primera en verme. Papá es quién sigue. Ambos están en lados opuestos de la habitación, gritándose, pero en seguida guardan silencio al notar mi presencia, al escucharme.
- Boruto -mamá cubre su boca, sorprendida, y de inmediato camina a mí. Papá se cubre el rostro, con cansancio y vergüenza-. Lo… Lo siento, es-estábamos…
- ¡Sé lo que hacían! ¡Hima no deja de llorar! ¡Basta ya!
Ambos se miran entonces. Puedo ver la culpa en sus rostros.
De pronto solo estoy furioso con ellos, por pelear de esta forma, y estoy furioso conmigo mismo por tantos motivos que ni siquiera soy capaz de comenzar a enumerarlos.
También creo debo estar a punto de comenzar a llorar, porque papá se acerca entonces.
- Boruto, lo siento -intenta abrazarme, pero un manotazo me basta para apartarlo. No pienso dejar que mi estúpido padre me consuele.
- ¡Ve a disculparte con Hima! ¡Ella no se merece esto!
Hay silencio. Papá mira a mamá y ella asiente, luego él sale del cuarto y sube por las escaleras para obedecer mi orden.
Mamá se acerca, busca abrazarme. Y yo se lo permito, solo porque es mamá. Mi mirada queda fija entonces en los restos del jarrón esparcido por el suelo, junto a la entrada. Me invade un sentimiento desagradable, hasta que mamá se da cuenta de lo que estoy mirando.
- Tu padre lo ha pasado a llevar sin querer -me promete, y yo le creo. Vuelve a abrazarme, más fuerte esta vez, me pide perdón y me promete que no volverá a suceder. No sé si debería creerle y, en cierto punto, ni siquiera me importa.
Mi corazón sigue latiendo rápido, pero no tiene que ver con la discusión. Late de esta forma porque, sin importar lo mucho que intente no pensar en ello, sigo sintiendo el cuerpo de Hima, el calor allí donde sus piernas se enredaban a las mías y la forma de sus pechos escondida bajo la delgada tela de su pijama. Sigo sintiendo su respiración entrecortada por culpa de sus sollozos, el latido asustado de su corazón incrustándose en el mío, el roce suave y eléctrico de su piel con la mía, su aliento a menta y la forma perfecta en que nuestras manos… no, más bien en que su cuerpo completo encaja entre mis brazos.
Sigo sintiéndolo todo, tan claramente, que siento mi propio cuerpo quemando al rojo vivo solo por desearlo tan fuertemente.
¡¿Por qué has tenido que arruinarlo todo?!
Las lágrimas escuecen mis ojos, mientras me repito una y otra vez que he hecho lo correcto, porque soy un buen hijo, un buen hermano mayor.
Nunca lo has sido. Y comienzo a llorar, mientras mamá me consuela creyendo entenderme, porque sé que la voz en mi cabeza dice la verdad.
Siempre lo he sabido. Hay algo malo en mí, algo oscuro. Y ahora, en los brazos de mamá, puedo sentirlo claramente.
A ese alguien en mi interior, tan horrible, perverso y aterrador, a quién no le importa destrozar a mi familia con tal de conseguir lo que quiere.
Un monstruo, uno que me asusta.
CONTINUARÁ…
