Lo siento! Tenía planificado subir el capitulo la semana pasada, pero me faltó tiempo para terminarlo. Hoy por fin me puse manos a la obra con ello! Aquí tejiendo los hilos de la trama!

Caro: Diste en el clavo, gran parte del autocontrol de Boruto se basa en que Hima es su "pequeña hermana" :(

Alluren: Ay, pobre Burrito, ya tendrá su momento, lo prometo :(

El solitario: Falta, pero poco!

Gabe_Logan: Hima sigue siendo una bebé como para pensar en besar chicos uwu

Iris-san: Gracias ajaja espero que no haya sido decepcionante que no hubiese un beso, pero quería darle un momento a Boruto de todas formas

secretlistener: Thanks for the analysis. I write always with the hope to be realist in the story. I´m glad for the little moment too.


XXVIII

"Desearía que…"

.

Incluso si no me gusta, el sonido de la lluvia estrellándose contra el tejado me adormece con facilidad.

Miro a través de la ventana, a las nubes oscuras y cargadas, a las ramas de los arboles agitándose por causa del viento y a las pequeñas gotas deslizándose lentamente por sobre el vidrio. El invierno parece tan poco dispuesto a marcharse que resulta incluso desalentador.

Tengo que estirar mi cuerpo para no quedar atrapado en el extraño letargo que me suelen producir las tardes de lluvia. Aquel deseo de hundirme en un profundo sueño, tan profundo que me permita escapar de todos mis problemas.

Vuelvo a bostezar, por séptima vez en los últimos diez minutos.

Cielos, es por cosas como estas que prefiero el verano. Mi estación favorita.

Desearía que fuese verano, justo ahora. Vacaciones de verano, mejor dicho. De esa forma podría tener un descanso de la escuela.

Bueno, no puedo quejarme en realidad. He tenido suerte.

Sigo sin estar seguro de cómo fue que lo conseguí, pero finalmente pude aprobar el semestre. Eso significa que me he convertido en el alumno modelo que mamá adora, pero, más importante, que pude comenzar mi segundo semestre sin la presión de reprobar el año completo.

Francamente, eso sería humillante.

Mis calificaciones no son lo único que ha mejorado este último tiempo.

Casi un mes después de la enorme discusión de mamá y papá, las cosas marchan mucho mejor en casa. Parece que se trata de nada más que la prometida calma al final de la tormenta.

Claro, no es como si las cosas se hubiesen solucionado en tan solo una noche. Sospecho que las discusiones de ambos han debido continuar a puerta cerrada por lo menos durante un par de semanas más. Después de todo, papá es realmente terco, es casi imposible hacerlo cambiar de parecer cuando toma una decisión. Tal vez es por esa misma razón que mamá ha decidido comportarse de igual manera, negándose a ceder como siempre suele terminar haciendo en las discusiones.

Como sea, ha terminado funcionando.

No me pregunten cómo, pero papá ha terminado moviendo todas sus influencias en el trabajo para pasar más tiempo en casa. No sé qué clase de trato habrá hecho, pero ahora llega a cenar más mucho seguido.

Tampoco estoy seguro de lo que debería sentir al respecto. Alivio, en parte, porque gracias a ello ya no estoy obligado a pasar tanto tiempo junto a Hima, lo que me ha venido de maravillas para concentrarme en mis deberes y en aprobar mis exámenes finales. Y, supongo que también, envidia, porque ya no tengo una patética excusa para poder estar junto a ella por las tardes.

Así que, en resumen, volvemos a ser una familia normal. Bueno, excepto por mí y mis malsanos sentimientos, pero eso ya lo saben.

- Este proyecto es tan estúpido.

Sentado frente a mí, Inojin lleva una hora quejándose con su vista en el lienzo en el que hemos estado trabajando las últimas dos semanas. Su mirada es tan intensa que comienzo a sospechar que solo es cosa de tiempo antes de que la pintura arda en llamas por combustión espontanea.

- Yo creo que está bien como está-ttebasa -pese a lo holgazán que suelo actuar siempre, no me considero a mí mismo como una persona excesivamente conformista. El problema es que ni siquiera Inojin termina de decidir qué es exactamente lo que nuestro trabajo necesita… o, en realidad, qué es lo que -a su juicio- le sobra-. Deberías tomarte un descanso, ¿no crees?

- Hmp -su gesto de desgano no me sorprende en lo absoluto. Vuelve a examinar la pintura, demasiado inconforme para el gusto de ambos-. Si no hubieses insistido en pintar tú mismo el árbol y me hubieses dejado a mí hacerlo en primer lugar, no necesitaríamos…

- Admite que mi técnica es una revelación -le interrumpo, justificando mi acto de sacrilegio hacia su obra maestra-. La he desarrollado durante todo el año.

- Ya te lo he dicho -replica, yo puedo sentir perfectamente la burla en su voz-. Todos tus trabajos han sido horribles.

- Solo sientes envidia, Inojin, admítelo.

Su respuesta es un comentario por lo bajo que no consigo descifrar, mientras continúa examinando la pintura. Yo vuelvo a bostezar -por octava vez- y devuelvo mi atención al manga que he comenzado a hojear.

Siendo sincero, apenas consigo soportar su drama barato. Preferiría ahorrármelo, pero de haberle permitido estar a cargo de toda la pintura -como él quería desde un comienzo- el que terminaría con una menor calificación sería yo. El maestro de Arte necesita ver que he agarrado los pinceles para algo más que solo jugar durante la clase. Sin embargo, parece que mi decisión de ser un alumno comprometido con mi trabajo ha fastidiado a mi compañero.

Sí, ya lo sé, parece una extraña situación en la que meterme por mi cuenta. Pero no estamos juntos porque lo hayamos pedido. Ha sido nuestro maestro, convencido de que mi talento especial para el Arte se mezclaría perfectamente con la obsesión de Inojin por perfeccionar sus obras.

No me culpen. Yo quería trabajar con Mitsuki, pero Shikadai sigue negándose a trabajar con Inojin. No sé cómo van las cosas entre ellos, pero no consiguen pasar cinco minutos juntos en una habitación sin que uno de los dos decida marcharse.

Aunque estoy seguro de que tiene que ver con lo sucedido en su casa con la presidenta he decidido que no me importa y que prefiero mantenerme alejado de todo el asunto.

Pienso que Inojin es un idiota, claro, pero no más de lo que ha sido siempre. Además, no ha vuelto a tocar el tema. Sospecho que porque entiende que las cosas terminaran mal para él si lo intenta. Al menos, por mi parte ya me he decido a reventarle la nariz de un golpe si vuelve a presumir de la presidenta frente a mí. No es que el tema me afecte personalmente -como Shikadai puede imaginar-, pero ella ha sido agradable conmigo, así que no se merece ser expuesta de esa manera.

Y bueno, aquí estamos.

- ¿Hermano?

La voz de Hima emerge desde la entrada de mi cuarto, buscándome. Mi atención recae inmediatamente en la pequeña bandeja entre sus manos.

- Ah, ¿mamá envió refrigerios? -ella asiente, pero permanece en su lugar por un par de segundos antes de atreverse a entrar. Supongo que debe intimidarle la presencia de un desconocido en mi cuarto-. Puedes dejarlos aquí, muchas gracias.

- Ah, ¿es Hima-chan? -Inojin ha quitado su vista del trabajo finalmente, solo para observar a mi hermana menor. En silencio intento calcular cuántos años han pasado desde la última vez que vino a mi casa, mientras recibo la pequeña bandeja con galletas recién horneadas-. ¿No me recuerdas acaso?

- Eres el amigo de mi hermano -para mi sorpresa ella parece tener una buena memoria-. ¿Yamanaka-san?

- Claro que sí -él le sonríe, con aquel gesto amable que siempre sabe mostrarle al resto de las personas. Mi hermana también luce aliviada de no haberse confundido-. Pero mejor llámame por mi nombre, ¿te parece? Inojin.

- Inojin… san -la escucho murmura, indecisa. Él le responde que suena perfecto, y justo cuando pienso en que es momento de que ella se marche, Hima decide saltarse el protocolo oficial y permanecer en mi cuarto-. Y… ¿qué están haciendo?

Ah, que hermana tan entrometida tengo.

- Vete de aquí-ttebasa -ordeno. Ella me mira con regaño.

- Tonto hermano -reclama, con un murmullo silencioso. Creo que la risa de Inojin es lo único que evita que comencemos a discutir.

- Déjala, Boruto, deberías ser más amable con ella -me regaña. Refunfuño de vuelta. Claro, es mucho más fácil simular ser un buen hermano a serlo realmente-. Estamos terminando un trabajo para la escuela.

- ¿Una pintura?

- Sí, pero no está lista aún. Falta mucho trabajo.

- Que seas un perfeccionista compulsivo no es sinónimo de que nuestro trabajo no esté terminado -espero un insulto en respuesta a mi comentario acido, pero en lugar de ello mi compañero coloca los ojos en blanco y me ignora olímpicamente.

¡Ah, maldito…!

La atención de Hima pasa desde lienzo hasta el cuaderno de bocetos de Inojin, que ha estado sobre la mesa desde su llegada.

- ¿Tú dibujas? -pregunta entonces, con verdadera sorpresa. Sus ojos brillan en cuanto Inojin asiente y toma su cuaderno para comenzar a mostrarle sus dibujos.

Reconozco aquel gesto de admiración formarse en su rostro. Tras un instante ella sale del cuarto, solo para volver en cosa de un minuto con su propia libreta de dibujos. De inmediato la abre, en busca de una página en particular para enseñársela.

Observo el dibujo en el que ha estado trabajando los últimos días. No es el más talentoso que he visto, pero estoy seguro de que lo ha hecho con cariño.

- Es un dibujo muy bonito, Hima-chan -Inojin lleva su mano al cabello de mi hermana y, sin mi permiso, lo revuelve. Ella sonríe de vuelta, y en ese segundo yo puedo ver el sonrojo en su rostro que se forma al ser halagada de esa manera.

Y siento celos.

Celos, horribles celos que no debería estar sintiendo.

Inojin acaba de convertirse en alguien aún más desagradable para mí en este momento.

- Hey, volvamos al trabajo -incluso si intento controlar mi voz, me resulta imposible esconder mi molestia.

- ¿Eh? -él me mira confundido-. ¿Qué te sucede? Eras tú quién hablaba de tomar un descanso.

- Eso fue antes -si ha notado que estoy enfadado, no dice nada. Probablemente porque no conoce el motivo y no es algo que yo desee explicarle-. Vamos, Hima, vete de aquí.

- Pero, hermano…

- Vete -replico. No la observo, y de esa forma me ahorro su gesto de berrinche-. Ahora, tenemos que resolver lo del árbol.

- Hmm. De acuerdo -Inojin no luce muy convencido, pero decide zanjar el asunto de una vez. Hima levanta su libreta y, mientras se marcha, él consigue detenerla ofreciéndole un volante que ha surgido de un momento a otro-. Es una exposición de dibujos que se realizará esta semana. Deberías ir, Hima-chan.

Ella lo recibe, con una sonrisa en sus labios. Antes de marcharse él vuelve a revolver su cabello.

Tengo que controlarme para no golpearlo aquí mismo. Pero incluso si me esfuerzo por respirar profundo y pausado los siguientes minutos, el sentimiento desagradable no consigue desaparecer.

Y solo alimenta al horrible monstruo que hay dentro de mí.

Solo al final del día consigo sentirme más relajado, justo a tiempo para la cena.

De alguna manera he conseguido firmar la paz con Inojin, al menos el tiempo suficiente para ponernos de acuerdo sobre las modificaciones del trabajo -asegurarnos de que quede presentable y de que mi participación vaya más allá de mi nombre colocado en una esquina del lienzo-, y tras eso, verlo marcharse ha resultado ser un verdadero alivio.

Ya en las escaleras consigo sentir el aroma del estofado de mamá. Tan solo eso es suficiente para que mi apetito despierte.

Después de todo, el estofado de mamá es el mejor de todos.

- Hey, hermano… -en medio de la cena, la voz de mi hermana menor parece abrirse paso hasta mis oídos, como si se tratase de un canto de sirena. Tengo que respirar profundo para frenar cada sentimiento que avanza por mi cuerpo como si se tratase de una erupción volcánica.

Luego de lo sucedido aquella noche yo necesito estar lo más lejos posible de ella.

Soy un buen hijo, un buen hermano. Y nunca tengo que olvidarme de ello.

- ¿Hmm? -me obligo a esperar diez segundos completos antes de contestar. Aunque no la miro directamente, por el rabillo del ojo soy capaz de distinguir el folleto que Inojin le ha dado hace solo un par de horas. Recordar su sonrisa, el sonrojo en su rostro y la mano de mi amigo acariciando su cabello, es más que suficiente para que los celos resurjan desde lo más hondo de mí.

- Esta exposición…

- ¿Qué sucede con ella?

- Yo… quisiera ir.

- Hazlo ¿Cuál es el problema?

Ella me mira con regaño, ante mi comentario tan simple.

Claro que sé cuál es el problema. Mamá y papá nunca la dejarían ir al centro sin mí.

Vuelvo a respirar, recordándome a mí mismo los errores que cometí la última vez que salí con ella, cuando me dejé llevar por mis sentimientos y arruiné su cita; y obligándome a recordar la razón por la que no puedo volver a estar a solas con mi hermana menor.

- Lo siento. Pero estoy ocupado.

- ¿Qué? Pero… pero no he dicho cuando es -mi silencio y mi desinterés la decepcionan, puedo verlo-. Por favor, hermano…

- Estaré estudiando, no podré acompañarte.

Me obligo a ser firme. Tengo que hacerlo porque sé lo que sucederá si acepto su invitación. No podré dejar de pensar en ello como una cita.

Y eso está mal, porque soy su hermano mayor.

- Hermano…

- No.

Mamá y papá continúan atrapados en su propia charla. Hima, en cambio, insiste en mirarme. Lleva aquel puchero en su rostro que solo consigue quitarme el apetito rápidamente.

No es justo. ¿Por qué siento tanta culpa por negarme incluso si sé que estoy haciendo lo correcto?

- Por favor, haré cualquier cosa -aunque bien su tono suplicante y herido podría ser mi tortura personal, vuelvo a negarme. Una y otra vez. Y lo seguiré haciendo las veces que sea necesario.

Porque he pasado demasiado tiempo con ella, me he acercado mucho más de lo que debo. No puedo continuar haciéndolo. No puedo permitirme perder el control, no con el monstruo que hay en mi interior.

Tengo que detenerme, tengo que recordar el lugar en dónde estoy.

Tengo que aprender de una buena vez que solo soy su hermano mayor.

- Ya dije que no quiero hacerlo. Solo acéptalo y déjame en paz-ttebasa.

Hima baja su rostro, abre su boca y murmura algo. Probablemente se trataba de algo para ella misma, pero como mamá y papá hacen una pausa en su conversación yo consigo escuchar sus palabras con claridad.

- Desearía que Inojin-san sea mi hermano y no tú.

Siendo sincero, no sé exactamente que me produce oírla decir eso.

Creo que sorpresa, celos… y dolor, eso último es seguro. Mucho dolor, de hecho, más que cuando recibo un golpe en una pelea. Mi corazón, que iba tan tranquilo, comienza a latir desenfrenado cuando aquella sensación tan desagradable comienza a ahogarme junto a sus palabras. Pero no hago nada, solo me mantengo en silencio y, de hecho, nadie más habla en la mesa.

Así es como ella se da cuenta de que todos la hemos oído.

- ¡Himawari! -esa es mamá, en verdad sorprendida-. Discúlpate con tu hermano por lo que acabas de decir.

Hima mantiene su vista en el folleto. Lleva aquel ceño fruncido y la mirada obstinada que ambos hemos heredado de nuestro padre.

- No lo haré -decide. La dureza de sus palabras es como recibir un golpe en el corazón-. No quiero disculparme.

- Himawari -mamá insiste, pero ella se niega otra vez-. Si no te disculpas, deberé castigarte.

- Está bien -Hima me mira en cuanto hablo. El dolor vuelve, mi garganta se aprieta-. Ya terminé de cenar… ¿puedo retirarme?

Mierda. Me siento un idiota. ¿En serio voy a llorar por un par de palabras estúpidas?

No tengo idea de lo que lo debo decir, mucho menos de cómo se supone debo reaccionar. ¿Qué haría un hermano mayor normal si le dicen algo similar?

- No, Boruto -esta vez papá es quién habla y, por primera vez desde que recuerdo, parece decepcionado de ella-, Himawari debe disculparse contigo. Lo que ha dicho estuvo mal.

- Ya dije que está bien, me da igual -desde su lugar ella me devuelve la mirada, enfadada aún. De pronto, tengo sentimientos encontrados, porque no quiero que mamá o papá la regañen, pero también quiero herirla con algo que le duela. Y como no sé qué decir, simplemente decido ser sincero-. Después de todo, yo también desearía que no fuera mi hermana.

- ¡Boruto! -esa es mamá. No me detengo a oír su regaño, simplemente me retiro de la mesa.

Subo las escaleras con rapidez y me dirijo hasta mi cuarto, marcando los pasos con fuerza para simular estar enojado.

Porque en verdad lo estoy, conmigo mismo. Porque se trata de palabras estúpidas, el tipo de cosas que cualquier hermana le puede decir a su hermano mayor al enojarse. Es como si yo me burlase de ella asegurándole que es adoptada.

Y, sin embargo, no consigo esquivar el dolor que me produce. Por más que aprieto mis ojos, no consigo controlar las lágrimas que se asoman.

Mierda, con lo mucho que detesto llorar. Sé que es una tontería, pero no deja de doler. ¿Por qué no deja de doler?

Conoces la respuesta.

Sí, la conozco. Muy en el fondo, lo sé. Que Hima tiene razón al desear algo así. Es la verdad, después de todo.

Que cualquiera, incluso Inojin, sería un mejor hermano mayor que yo.

CONTINUARÁ…