Este capitulo debería titularse "el fanfic dentro del fanfic", ajaja, no se burlen :(

Procrastinacion: Wuajhsa, te prometo que sabrás cuando será el momento en que se besaran. Había pensado en introducir a Kawaki, pero la verdad es que no tengo idea de como podría permitirle entrar (mentira, una idea está naciendo, justo ahora ajaja, pero de todas formas acepto sugerencias de tenerlas!) Conti lista

Caro: Inojin no tiene tan firmemente establecido ese papel de antagonista... aún.

Iris-san: Imagino que este también los dejará a todos con un sentimiento de tristeza ajajaja Intentaré darles otros momentos al par de hermanos.

Alluren: Y se viene en camino más tormento para el pequeño Boruto!

nikingk: No quiero revelar nada de lo que viene próximamente ajaja a seguir leyendo, pero no, no habrá una cita entre Inojin e Hima (al menos por ahora)

Gabe_Logan: Hima sigue siendo la pequeña hermana que espera obtener cosas de su hermano mayor, llegando a ser manipuladora y consentida como muchas hermanas pequeñas ajaja (quise hacerla más real), algo que ya he demostrado antes en la historia. Por lo mismo, al negarsele algo encuentro natural que se enfade a tal punto de decir una frase de la que evidentemente sentirá arrepentimiento (yo recuerdo que, en plena pelea con mi hermana menor una vez, ella llegó a desearme la muerte de mi pequeña mascota). Si bien Hima se muestra muy infantil (cosa que, en realidad es, teniendo tan solo 14 años en este punto de la historia), en realidad ella tiene un montón de sentimientos y pensamientos respecto a Boruto como su hermano mayor. Y sobre Boruto, ¡no vas tan perdido en realidad!, está a punto de llegar a su límite, solo falta un pequeño empujón más.


XXVIII

Mundo alternativo

.

Oscuridad.

Silencio.

Mis ojos cerrados, mi respiración calmada.

A salvo en mi habitación, tras un día agotador, estoy teniendo una fantasía. Una fantasía sobre mí mismo, dónde todo es distinto, una que estoy usando para escapar de mi realidad.

Y en ese mundo… soy joven.

Sigo en la escuela y es mi último año de preparatoria.

Soy un buen alumno, con buenas calificaciones y un excelente comportamiento. No me meto en problemas, nunca he estado en una pelea y paso los días junto a mis amigos, buenos amigos, quiero decir, de esos que vale la pena tener. No soy un chico popular ni nada similar, solo soy alguien agradable, alguien que tiene la facilidad de llevarse bien con todo el mundo.

Trabajo media jornada, durante los fines de semana. Estoy ahorrando porque quiero comprarme una motocicleta, aunque todos dicen que se trata de una locura para alguien como yo, ¿no lo creen?, de todas formas, quiero una, así que desde hace un año y medio ayudo con el inventario en un supermercado cercano.

Vivo únicamente con mi padre. Nos llevamos muy bien en realidad, no solemos discutir. Trabaja, claro, como cualquier padre, pero siempre se asegura de llegar a casa para que cenemos juntos. Es lo que más me agrada de él.

Sobre mi madre… bueno, aparentemente papá y ella se divorciaron siendo yo un niño de dos años. Tras eso, nunca más volvieron a hablar. Aunque no conozco todos los detalles de su separación, tengo claro que papá obtuvo mi custodia porque ella no la deseaba.

Por tal motivo, ni siquiera conozco su nombre.

Como sé que a papá le duele recordarla, siempre he evitado hacerle preguntas sobre ella. Lo único que conservo es una vieja fotografía suya, una que robé de entre las cosas de papá y que he guardado en secreto todos estos años. A veces la miro, pensando en lo hermosa que luce en ella e imaginando la razón por la cual abandonó a su hijo de dos años. Me imagino conociéndola, charlando con ella, intentando descubrir qué tenemos en común, que rasgos suyos he heredado, pero luego me recuerdo a mí mismo que no la necesito para que mi familia esté completa. Basta con tener a papá.

De todas formas, me pregunto -en secreto también- cómo sería tener una madre.

En mi vida tampoco hablo con chicas. No tengo amigas, ni ninguna chica nunca me ha atraído lo suficiente pese a que me han invitado a salir. Tampoco estoy enamorado de alguien, no he experimentado cosas como mariposas en mi estómago ni el latir presuroso de mi corazón. O eso creo.

Hasta que la conozco a ella.

Una chica, en el primer día del nuevo semestre. Chocamos en medio del pasillo, caemos y derribo todas sus cosas. Me siento tan mal al respecto que la ayudo y luego la acompaño hasta su salón, porque está completamente perdida. En el camino descubro que asiste en primer año de preparatoria, pero es nueva en la escuela porque acaba de mudarse a la ciudad.

No puedo evitar fijarme en sus ojos, me producen curiosidad.

Resulta que son del mismo color que los míos, cosa que me agrada porque es muy raro encontrar ojos azules. También pienso que lucen mucho mejor en ella de lo que se ven en mí, incluso si su cabello es oscuro a diferencia del mío.

Al despedirnos, le digo mi nombre y ella me responde el suyo. Me gusta su nombre, me parece cálido y hermoso, como ella.

Himawari.

Sigo viéndola en la escuela los siguientes días. A veces en la hora de almuerzo, otras veces paseando por los jardines.

Le sonrío siempre que puedo y veo como ella alza su mano para responderme. También me sonríe.

Descubro que me gusta ver esa sonrisa.

Mis amigos pronto lo notan, me molestan ya que es la primera vez que presto atención a una chica. Por eso mismo -dicen- debo invitarla a salir, pero a mí me da vergüenza aceptar lo realmente nervioso que me siento cada vez que la veo.

Me encuentro con ella en la biblioteca de la escuela una tarde. Como está sola, me atrevo a acercarme. Me doy cuenta de que tenemos gustos en común, al menos en la lectura. Y aunque he dicho que no la invitaré a salir, mientras charlamos sobre libros recuerdo una exposición cercana, una a la que mis amigos no quieren ir.

Me armo de valor, se lo menciono, digo que puede ser divertido asistir juntos.

Ella me sonríe entonces, sus ojos brillan.

- Me gustaría mucho.

Soy feliz.

Así tenemos nuestra primera cita. Lo pienso una vez y es suficiente para avergonzarme. Vamos a la exposición, charlamos, almorzamos hamburguesas. Descubro que las ama, al igual que yo.

Le pregunto por su vida. Me cuenta que acaba de mudarse aquí, con su madre. No me cuenta nada sobre su padre, pero decido no preguntarle porque sé que sería grosero, en cambio, le cuento de mí, viviendo con papá en un pequeño apartamento. Como me avergüenza ser el chico al que su madre abandonó, lo omito. Por eso solo somos papá y yo, como siempre. Ella tan solo me mira un momento, antes de sonreír.

- Lo entiendo -y yo sé que es verdad y no solo palabras vacías.

Me doy cuenta de que hay más chicos y chicas que solo viven con uno de sus padres. No me siento tan solo entonces, me siento acompañado.

Por ella. Por Himawari.

Mientras volvemos a la estación, comienza a llover. Es tan sorpresivo que comenzamos a reír, para luego correr juntos y protegernos bajo el alero de una florería, esperando a que pase.

- Lo siento -me disculpo, aunque no sé porque lo hago. Ella responde que no es mi culpa, y que de todas formas ha sido divertido.

Y entonces… solo hay silencio, pero no un silencio incómodo. Más bien… más bien es ese tipo de silencio que surge cuando ya no hay nada más que decir.

Incluso si tiene su vista fija en sus pies, yo puedo distinguir aquella ligera sonrisa en su rostro sonrojado. Sé que me gusta en ese momento, como ninguna chica me ha gustado antes.

Nunca he sentido lo mismo. Por fin entiendo todo a lo que mis amigos se referían cuando hablaban de enamorarse. El sentimiento es como adrenalina y no me deja pensar claramente.

Así que le digo lo que siento.

- Me gustas.

La veo sonrojarse y mariposas revolotean en mi estómago. Siento que luce hermosa de esa manera, siento que quiero besarla. Me acerco, sosteniendo su rostro entre mis manos con delicadeza. Noto sus ojos en mí, mientras que yo no soy capaz de mirar nada más que sus labios entreabiertos.

Sé que voy muy rápido, pero no puedo detenerme. Y me da miedo asustarla.

Me dan miedo tantas cosas.

Me acerco un poco más lento entonces, pero ella no me rechaza. De hecho, solo cierra sus ojos, y espera. Me espera. Yo sé que le gusto entonces… y no hay nada que me detenga tras eso.

Así es como tenemos nuestro primer beso, bajo una inesperada lluvia de verano.

Soy feliz entonces.

Soy el chico más feliz de la tierra.

Caminamos juntos, la acompaño hasta la entrada de su casa. Me despido y vuelvo a besarla. Luego regreso a casa, para cenar con papá.

Pese a que intento actuar con naturalidad, él se da cuenta de mi sonrisa. Me pregunta si he conocido a alguien por fin, se alegra por mí cuando le cuento de ella. Me da consejos y me recuerda que no apresure mis sentimientos, que soy joven. Pero yo estoy seguro de lo que siento por ella.

Dentro de mí, puedo sentir que Himawari es la persona indicada para mí.

Llevamos saliendo un mes, cuando Hima me habla sobre la petición de su madre.

Ella quiere conocerme.

No se trata de algo malo, asegura de inmediato, tan solo quiere conocer al primer novio de su hija. Supongo que es algo normal, después de todo soy mayor y voy en último año de preparatoria. Sin embargo… la verdad es que me asusta conocerla.

De seguro es porque nunca crecí con mi madre, así que no tengo idea de cómo son las madres. Además, mis amigos siempre cuentan historias temibles sobre las madres de sus novias, pero quiero creer que son exageraciones y que yo soy un buen chico.

Sí. Es cierto, lo soy. Puedo agradarle, estoy seguro.

Ese día le pido a papá que me acompañe. Aunque se trata de su día libre, él acepta ir conmigo para conocer a la familia de mi novia.

"Novia", pienso, una y otra vez, mientras caminamos hacia su casa. La palabra me hace verdaderamente feliz.

Es Hima nos recibe, lo que se traduce en una enorme ola de alivio para mi gusto. Nos permite entrar e informa que su madre se encuentra en la tienda y que viene en camino.

En cuanto saluda a papá, me doy cuenta de la extraña mirada que él le dirige. Un gesto extraño de disgusto en su rostro que es incapaz de disimular.

Quiero preguntarle si acaso sucede algo malo, pero no encuentro la ocasión para hacerlo, así que me repito a mí mismo que solo son ideas extrañas causadas por mis nervios. En lugar de ello, intento abrir una conversación y le cuento a papá que Himawari es, en realidad, extranjera. Hima comienza a contar la historia de su familia, y antes de que papá pueda preguntarlo decido explicarle que solo son ella y su madre, al igual que en nuestra familia somos solo él y yo.

Algo cambia en el rostro de papá entonces.

- ¿Cuál es el nombre de tu madre?

- Hyuga, Hinata.

Papá se levanta de golpe, su exabrupto provoca que su taza caiga al suelo. Hima rápidamente va por algo para limpiar los trozos de porcelana.

En el segundo en qué quedamos solos papá toma mi brazo, me asegura que debemos irnos. No entiendo de qué habla y me resisto a marcharnos, le digo que sería grosero hacerlo sin conocer a su madre.

Nunca he visto tanto miedo en los ojos de papá.

Justo entonces la puerta principal se abre. Hima vuelve a aparecer, anuncia que su madre ha llegado. Aun no entiendo que sucede con papá, pero me suelto y camino hasta el recibidor.

Y, entonces, me encuentro con un fantasma.

La reconozco, aunque han debido de pasar al menos 15 años o más. Su rostro curvo, sus ojos finos y claros. Incluso lleva el mismo corte de cabello que, en secreto, fui capaz de memorizar.

La mujer frente a mí, la madre de mi novia, es la misma mujer que aparece en la vieja fotografía que he robado a papá.

Es mi madre.

Ella sonríe al verme, solo para cambiar su sonrisa por exactamente el mismo gesto de extrañeza que papá ha puesto al ver a Hima. Yo sé a qué se debe entonces, lo entiendo perfectamente.

Ella me reconoce.

- Disculpa, pero… tu nombre -pide, y yo pienso en todas esas cosas que me imaginé diciéndole si alguna vez podía encontrarla, en todas las preguntas por hacerle, en todas las historias que alguna vez quise contarle y en mi secreto deseo de poder -con solo mirarla- descubrir todo lo que debemos tener en común.

"¿Por qué me has abandonado?"

- Uzumaki, Boruto -sé lo que mi apellido, lo que mi nombre, va a producir. Y, sin embargo, incluso así no soy capaz de mentirle.

Creo que nunca he visto tanto miedo en los ojos de nadie. Sorpresa, miedo y un sinfín de emociones más tan cuidadosamente almacenadas, encerradas bajo siete llaves. ¿Alguna vez ella imaginó encontrarme o solamente fui yo quién lo deseó tanto?

Pese a la situación en la que nos encontramos, la mujer frente a mí parece olvidar a quién se supone que está conociendo, e intenta abrazarme como si no hubiesen quince años de olvido entre nosotros.

Por esa razón, sus brazos a mi alrededor no hacen más que asfixiarme y mi cuerpo entero clama por alejarse de ella, como si se tratase de algo realmente venenoso. No puedo evitar apartarme.

- ¡No me toques! -estoy seguro de que lo que realmente la asusta es que, al igual que ella hizo, yo también la he reconocido.

- Boruto, yo soy…

- ¡No, no lo eres! -y entonces lo digo, aquello que he conservado oculto en lo más hondo de mí desde el primer momento en el que fui plenamente consciente de su ausencia-. ¡Una madre no abandona a su hijo!

Aceptar que soy su hijo provoca que el peso de la realidad me caiga encima, como una cubeta de agua fría. El miedo me petrifica, y de pronto en lo único que puedo pensar es en Hima, observándonos tan asustada como desconcertada, oculta en su propio silencio.

Mis gritos terminan por atraer a papá, quien en silencio se aproxima a la puerta. Escucho el sollozo ahogado de la madre de Himawari, y recuerdo entonces que no soy el único a quién ella abandonó por quince largos años. Pero, a diferencia de mí, papá no parece sentir ira. Solo hay tristeza en su mirada.

- Creo que los cuatro deberíamos sentarnos a conversar.

Así es como nos enteramos de la verdad.

Himawari y yo somos hermanos.

Incluso si ya lo sé, no puedo evitar negarlo. No, no le creo a papá. No sé porque razón me mentiría, pero no puede ser verdad.

Porque eso significa que Himawari es mi hermana. Significa que yo me he enamorado de ella.

Sin embargo, no hay duda de ello. No por la historia que cuenta su madre.

Justo en medio del divorcio, una última noche compartida que no consiguió cambiar su decisión de marcharse. Su vida estuvo tan tensa tras firmar los papeles que no se dio cuenta de que estaba embarazada hasta varios meses después de salir del país. Como no quería volver a saber de papá, jamás le contó.

- No hay duda de que esto es solo un error- y yo siento ganas de empujarla por decir esa mierda de nosotros.

Himawari comienza a llorar entonces. De todos nosotros, es la única que no ha visto explotar la bomba que se encontraba justo bajo nuestras narices. Sé lo devastada que debe sentirse, pero cuando intento ir con ella y decirle que todo estará bien, papá me detiene.

- Hijo, tienes que entender quién es ella -insiste, tratándome como si fuese el portador de un peligroso virus o una terrible enfermedad.

Esta vez, al mirarla, soy consciente de la venda cayendo de mis ojos. Por primera vez, todo en lo que puedo fijarme es en lo parecidos que somos físicamente y en lo estúpido que soy por haber creído que nuestros gustos iguales eran solo la señal de que había encontrado a la persona indicada para mí.

Porque nosotros en realidad somos hermanos.

Hermanos. Hermanos. Hermanos.

Nada más que una mala copia de nuestros padres.

¿Qué puedo hacer yo con eso?

No mucho, ¿cierto? Nada, en realidad. Porque incluso si solo quiero ir con ella y consolarla, no tengo la fuerza para liberarme de papá. Incluso si quiero tener las palabras adecuadas para decirle, tan solo me encuentro atrapado en un horrible silencio mientras permito que él me lleve hasta la salida. E incluso si, con todo lo que sé, aún quiero correr a ella, estrecharla entre mis brazos y besarla, me descubro tan asustado y tan débil que al escucharla llamarme ni siquiera soy capaz de mirarla a los ojos.

Antes de darme cuenta estoy en casa, encerrado en mi cuarto, atrapado en un ciclo que no puedo quitar de mi cabeza por mucho que lo intento.

Hermanos. Hermanos. Hermanos.

Soy el hermano mayor de la chica de la cual estoy tan enamorado.

Los siguientes días son definitivamente los peores. Cuando no estoy durmiendo, estoy gritando y llorando sin parar. Antes de notarlo estoy en cama, con gripe, vomitando cada bocado que doy y con una fiebre terrible de la que despierto a ratos solo para desear -más fuerte de lo que nunca he deseado cualquier cosa- que todo se trate de una equivocación, pero mis suplicas desesperadas no tienen ninguna respuesta, porque solo se trata del efecto de los calmantes que papá me hace tomar.

Falto una semana completa a la escuela. Cuando finalmente papá me permite volver -solo por los exámenes- me recuerda sin descanso por qué sería "poco prudente" acercarme nuevamente a Hima.

- A pesar de ser tu hermana, lo mejor sería tomar distancia de ella, ¿no te parece?, en vista de su… pequeña amistad.

Sus palabras son suficiente para obligarme a devolver mi desayuno.

Cuando por fin nos encontramos en la escuela, yo paso de ella y ella pasa de mí.

Mis amigos me preguntan si sucedió algo, quieren saber si acaso hemos peleado. No les respondo, así que después de un tiempo dejan de preguntar.

Soy incapaz de decir cualquier cosa porque siento que, si abro mi boca tan solo un instante, voy a comenzar a gritar nuevamente.

En vez de eso, dejo de prestar atención a clases, dejo de aprobar mis exámenes. Incluso dejo de comer. Mis amigos se preocupan, mis maestros igual, así que todos hablan con papá. Él les dice que se debe a un problema familiar. A mí me rompe más escucharlo decir aquello.

Sigo llorando también, todos los días.

Una noche durante la cena, papá abre su boca para decirme que entiende lo que me está sucediendo. Peleamos por ello, porque en realidad no lo sabe. Ni siquiera puede imaginarlo. La única que puede entenderme es Hima.

Papá intenta hablar conmigo, pero solo termino gritándole y encerrándome en mi cuarto. Por primera vez desde que puedo recordar lo odio, aunque no tenga la culpa de nada. Más bien, solo odio a esa mujer que dice ser mi madre, por abandonarme.

Dos semanas después sufro una crisis de pánico en la escuela, en medio de la hora de almuerzo. Termino en la enfermería.

Mientras llaman a papá al trabajo, Himawari llega. Le dice a la enfermera que somos hermanos, y ya que nos parecemos a simple vista, la dejan entrar.

Me hace daño verla, me hace daño que me llame hermano.

Y con solo escucharla, verla, me doy cuenta de que sigo enamorado de ella.

Los primeros diez minutos no hablamos. Resulta horrible para ambos.

La enfermera se va, quedamos solos. Y, entonces, Hima comienza a llorar sentada junto a mí. Yo la entiendo, porque llevo aguantándome las lágrimas desde que llegó, desde el día entero, que va, desde que hemos descubierto la verdad.

Sin mirarla tomo su mano entonces, porque no soporto estar lejos de ella, porque no soporto oírla llorar.

Porque esto es una mierda, pero sé que no tenemos la culpa.

Y al tocarla, vuelven esas mariposas, vuelve el sentimiento de alivio. Vuelve la culpa y la vergüenza, y el odio por sentir esas cosas. Ella aprieta mi mano con fuerza, yo le devuelvo el apretón de la misma manera.

Sé que es la única que me entiende, la única que se siente de la misma forma.

- Boruto -habla. Me llama por mi nombre, como tanto le pedí que hiciese-. Lo siento mucho.

Niego con mi cabeza. ¿Cómo podría ella disculparse?

No es culpa nuestra.

- No lo digas.

- Pero…

- No hay nada por lo que disculparse.

Ella asiente, baja su mirada. Aprieta mi mano con mayor fuerza.

- Te amo.

Te amo. Te amo. Te amo.

Soy feliz al escucharla. Soy el chico más feliz y desdichado del plantea, porque siento exactamente lo mismo.

No me da miedo llorar junto a ella y, de alguna manera, me vuelvo a sentir acompañado. No estoy solo, estoy con ella.

Entonces nos besamos.

No estoy seguro de quién besó a quién primero, creo que fuimos ambos, y creo que ni siquiera importa. Incluso si está mal no puedo dejar de besarla, porque por primera vez en semanas siento que algo tiene sentido en mi vida.

Antes de que regrese la enfermera, nos atrevemos a hablarlo por primera vez. Hima me cuenta con prisa que su madre planea cambiarla de escuela. No, más allá, que ante la "situación" incluso está pensando en irse del país nuevamente. Por supuesto, ella no quiere irse y yo tampoco deseo que esté lejos.

Por horrible que sea, no consigo imaginar mi vida si me apartan de ella. Pero no podemos negar lo que realmente somos, así como tampoco podemos pretender ignorar nuestras manos entrelazadas. Ni volver a casa al final de cada día, fingiendo que todo va bien, que lo estamos superando, porque nuestros padres no tardarían en notar que todo se trata de una farsa. Probablemente es por ello por lo que, temiendo a lo que podría suceder, su madre esté pensando marcharse nuevamente.

Sé entonces que quiero irme, irme realmente lejos, y que quiero que Hima venga conmigo.

- Huyamos.

Sí. Lejos, juntos. No sé dónde aún, ni cómo, pero solo eso tiene sentido para mí en este minuto. Porque de lo contrario, realmente vamos a ser separados.

Para mi sorpresa, Hima acepta. Así que lo planeamos, de verdad, a toda prisa y temerosos.

Huir. Juntos.

Es temprano por la mañana, cuando papá parte al trabajo.

Antes de irse, me asegura una vez más que todo estará bien y que solo necesito más tiempo para sanar. Dice que me quiere y que volverá a casa para la cena. En el instante en el que se va, yo me visto, rescato el bolso simple que he preparado durante la noche y reúno el dinero que estuve ahorrando este último año.

Pienso en si debería dejar una nota o no antes de marcharme, aunque pueda resultar peligroso, y decido hacerlo finalmente. En ella, me disculpo por no ser tan fuerte y le prometo que comeré adecuadamente. Le digo que le quiero, también.

Junto a la nota, dejo la vieja fotografía de mamá que he ocultado todo este tiempo.

Voy hasta la estación de trenes con el corazón en la boca y aferrado a mi improvisado equipaje, esperando que Hima no tuviese problemas o -lo que realmente temo- se hubiese arrepentido de nuestra decisión. Pero cuando llego, ella está allí, esperándome con su propio bolso.

Me sonríe. Y yo sonrió, por primera vez en semanas.

Verla es suficiente para olvidar mis ganas de vomitar y la odiosa culpa que me había estado atormentando el último tiempo. Porque tan pronto la observo, tengo que frenar el impulso de salir corriendo y estrecharla entre mis brazos en medio de tanta gente.

Lo sé entonces. Lo que siento por ella no se ha alterado ni un poco con toda esta tormenta.

Lo que siento por Hima es hermoso, honesto y puro.

Incluso si es mi hermana, incluso si lo que hago está mal, estoy profundamente enamorado de ella.

En el andén, y tras elegir nuestro primer destino, esperamos en silencio. Cuando pase el mediodía estaremos lo suficientemente lejos.

Miro al reloj en la estación, y pienso en que papá debe estar llegando ya a su trabajo. Trato de quitar aquel pensamiento de mi mente, de ignorar el vuelco inseguro que da mi corazón al pensar en papá, quién ha prometido volver para cenar juntos. Pero dudo, por primera vez, de lo que estoy haciendo. Lo hago hasta que Hima sostiene mi mano, tan cálida y suave en comparación a la mía.

- ¿Boruto…?

- Tengo miedo -admito. Porque sí, lo tengo. Miedo de muchas cosas-, pero no de esto, ni de ti.

En respuesta, ella entrelaza nuestros dedos.

- Lo entiendo -asegura-, me siento de la misma forma.

Lo recuerdo entonces, justo en el instante en el que nuestro tren llega a la estación. Algo tan cálido, capaz de llenar mi corazón y silenciar mis dudas.

No estoy solo, ya no más.

Estoy con ella.

.

.

Toc, toc, toc

Los golpes en la puerta son suficientes para detener mi fantasía.

- Hermano, la cena está lista -la voz de mi hermana, del otro lado de la puerta, suena baja e indecisa.

- Iré enseguida.

Me levanto entonces y de esa forma abandono la historia que, en cinco minutos, he creado en mi cabeza. Me pongo de pie y camino a la entrada, pero necesito un minuto para respirar profundo.

Tengo usar el dorso de mi muñeca para secar las lágrimas en mis ojos.

Solo tras eso, salgo de mi cuarto y bajo al comedor, en dónde toda mi familia está esperándome para cenar.

Y me siento, en muchas formas, culpable.

- Boruto, ¡date prisa! Ah, un segundo, Himawari, olvidaste lavar tus manos.

- Dense prisa, ¡o me terminaré todo yo solo-ttebayo!

- ¡Ah, no es justo! ¡Papá está robando comida!

- ¡Naruto-kun!

- ¡Lo siento, Hinata, es que tu comida es tan deliciosa!

Tan culpable.

Por soñar con que las cosas fueran diferentes.

Por querer una oportunidad.

CONTINUARÁ…