"Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla"

Napoleón Bonaparte.

( 1 )

La noche era tormentosa, la luvia no cesaba y parecía que una inundación en la aldea era lo más próximo a suceder. Combinando con el horrible frio de esta región, era un lugar de mierda para vivir. Un lugar en el cual alejarse sería lo ideal, pero aun con todo esto, no podía echarme para atrás. Aunque el miedo me invadiera.

-Ya casi nos acercamos. Debemos estar atentos ante los guardias.

No podía distinguir la voz de la persona que dijo eso, el sonido de la lluvia y los fuertes vientos me lo impedían. Estábamos en un grupo de masomenos 100 civiles, armados con lo que podían. Desde pequeños rifles, hasta machetes que utilizaban para cortar la vegetación de la montaña. Caminando lentamente en hilera Luego de eso, yo le grite a la persona para contestarle lo que dijo. Aunque no la viera.

- ¡¿Qué tanto estamos cerca?!

-Puaj! El lodo se metió ente mis botas.

Dijo un civil a lado mío. Yo también pude sentir su incomodidad. El suelo montañoso parecía como si fuera una gelatina a punto de derretirse.

-¡A menos de dos kilometros!

Al oír su voz a través de la gente de mi grupo, supe quien era y en donde estaba. Rápidamente corrí hacia adelante, evitando a los que estaban enfrente de mí. Tenia que verlo con mis propios ojos.

- ¡Este idiota no deja de adelantarse!

Dije frustrada y a la vez feliz por acercarnos a nuestro objetivo. Cuando llegue finalmente hasta el final de la interminable hilera. Pude verlo en frente de mí, parado sobre una roca enorme, viendo a través de unos binoculares hacía en frente, donde se veía luces artificiales al fondo del bosque montañoso, muy tenues, pero se veía algo. Mientras lo hacia el me dijo.

-La paciencia lo es todo, recuérdalo por toda la eternidad. Por lo que oí corriste hacia aquí como una niña que le acaban de regalar un dulce.

-Lo dices tú, que no eres inmortal.

Dije un poco ofendida. Pero el replico riéndose de mi respuesta.

-Se aplica a todos por igual, incluyendo a un ser con poderes como tu…

Tenia que admitir que tenía razón. Tanto esfuerzo por encontrarlo valió la pena, impacientarme era lo menos que podía hacer.

-Ahora tenemos que rodear…

Cuando el finalmente se quito sus binoculares, una bala paso rozándole el rostro y cayo al suelo. Luego vi que un explosivo, tal vez un mortero exploto cerca de la hilera, a unos pocos metros de nosotros. Vi a muchos salir volando y siendo heridos. Los sonidos de disparos aumentaron entre nosotros y el enemigo. Saqué mi rifle y me puse en posición a lado de otra roca cercana y comencé a disparar al enemigo.

-Mierda! ¡Nos traicionaron!

Oí decir a mi amigo herido, quien estaba a penas dos metros de mí, cubriéndose en la misma roca en que cayo. Tenia el rostro sangrando y parecía que una parte de su ojo desapareció. Disparaba con su pistola, con desesperación.

-¡Son demasiados!

Dijo un aliado, disparando al enemigo cerca de un árbol.

-¡Ayuda!

Dijo otro en el suelo con las tripas salidas por los impactos de bala, mientras que otros compañeros heridos lo auxiliaban sacándolo del lugar.

-Mierda! ¡Van a morir hijos de puta!

Dije furiosa disparando, a los enemigos, quienes caían uno a uno. caían como moscas.

De repente el sonido de otro mortero se oyó disparándose, y callo en un grupo de aliados cercanos. Su sangre logro caer a mi rostro y mi boca también.

-¡No solo son uno! ¡Hay varios morteros o cañones!

Dije desesperarada para que los demás se retiraran. Pero no parecían oírme, al parecer no creo hubiera mucha gente que me oyera. Pues varios proyectiles de morteros cayeron en distintos puntos, destrozándonos totalmente. después del primer ataque, solo pude ver humo y ese olor característico a ceniza y carne quemada. Sinceramente nuestro numero se redujo, por lo que pude ver a menos de 20 de nosotros y no todos de una pieza.

- ¡jefe!

Le grite a mi amigo, quien estaba en la misma roca, tosiendo por el humo.

- ¡Debemos retirarnos!

El me respondió furiosamente.

-¡No nos van a dejar! Tenemos que luchar.

El en su desesperación corrio hacia atrás, agarro un arma de un aliado muerto y luego corrio de nuevo, pero hacia en frente.

-¡fenómeno! Voy a distraerlos y tu ordenas la retirada a los demás.

- ¡¿Qué?¡ ¡No lo hagas!

El corrio en frente hacia su propia muerte, disparando al enemigo con una puntería envidiable. No quería creerlo, pero su estrategia funciono, los enemigos se concentraron mas en el que en los demás. Pero…

-¡No lo dejare!

Corrí hacia él, pero a la vez oí el sonido de un solo proyectil, era obvio que querían terminar el trabajo. Calculaba que llegaría en menos de pocos segundos, hacia nuestra posición y la de él, no tenía tiempo que perder. Corrí hacia él, aun con el dolor de las balas que llegaban a mi cuerpo. Al llegar hacia él, lo empuje lo mas fuerte posible, eso hizo que cayera cerca de un árbol.

-Corre! guía a los demás!

No pude decir nada más, por que un mortero cayo cerca de mí, el jefe se cubrió un poco con el árbol, pero en mi caso recibí toda la metralla, después de eso todo fue oscuridad.

(2)

Sin previo aviso, me desperté exaltada. Estaba confundida, me costaba respirar y mi corazón estaba palpitando.

"Mierda"

Me arremetí a mi misma por tener otra pesadilla. Odiaba tener que recordar mi pasado, a través de pesadillas por el resto de mis días. Por más que trataba de no hacerlo, era inevitable.

- ¡Oh por dios!

Eso fue muy notorio para la persona que estaba a lado en mío, en el avión. Solo pudo darme una mirada, como si fuera una rara o fenómeno.

-Señorita, usted necesita un psiquiatra-dijo la señora de mediana edad-.

"Y usted necesita menos maquillaje, se le nota bastante la edad, aunque lo oculte" me dije a mi misma, molesta por su comentario.

-eh….

Al parecer, por lo que note, los que estaban en el asiento de atrás y adelante no dijeron nada y me dedicaron la misma mirada. De ahí me preguntaba "¿Que había pasado?"

-Señorita…

Una azafata joven y rubia se puso a lado de mi asiento, con una cara de preocupación me comento.

- ¿Usted está bien? Pues los pasajeros alrededor suyo me han comentado que usted ha estado gritando cosas mientras dormía, como si tuviera una pesadilla. ¿Requiere algo? Algo para que usted se sienta cómoda o tranquila.

Lo pensé por un momento y le dije.

- ¿Tiene vodka?

-No. No está permitido y ¿usted es mayor de edad?

Como odio esa pregunta. Soy mayor que tu abuela, jovencita.

-Si. ¿algún problema? -dije enfadada.

-No ninguno-dijo nerviosa-Pero tenemos té relajante en la parte de atrás. ¿Quiere una taza?

-Si, como sea-Dije sin ganas-.

Ella se despidió y siguió su camino. Luego empecé a leer una revista sobre unas jovencitas encueradas, que bailaban ese "Reggaetón", ese género que no debió haberse creado. Para mi desgracia era la única revista disponible y mi pantalla en frente de mí, solo ponía películas que no me gustaba.

"Damas y caballeros, gracias por volar con LATAM Airlines, nos acercamos al aeropuerto de Narita, en menos 20 minutos comenzaremos el descenso. Recuerden ponerse el cinturón de seguridad a la hora de aterrizar. Gracias por su atención"

-Al fin…

Dije dejando la revista y estirándome después de casi 12 horas de vuelo directo.

-Qué bueno que estamos a punto de aterrizar ¿No?

Volteé y vi a un viejo de mas 70 o 60 años, con un simple suéter azul, pantalones cafés y zapatos negros clásicos. Lo mas característico que vi fue una gorra con el símbolo de la bandera de Estados Unidos. Siendo sinceros es uno de los pocos países que no es simplemente de mi agrado.

- ¿Muy fanático de su país? -dije con un poco de desagrado-.

- ¿Ah esto? -dijo señalando a su gorra- Si soy norteamericano, pero no muy fanático. Tengo una nieta estudiando aquí como intercambio y ella fue quien me regalo esta gorra cuando se fue de casa.

Mi semblante cambio un poco, me comenzó a agradarme este sujeto.

-Veo que viene a visitarla.

-Si, sus padres andan ocupados en sus trabajos y fui el único que pudo ir.

-Usted es un buen abuelo-dije sonriendo- desearía haber tenido un abuelo que me visitara-dije nostálgica-.

-Pero tienes a tus padres ¿verdad?

Desafortunadamente no.

-Si -mentí- ellos viven aquí. Yo nada mas fui de visita a Colombia.

-Me alegro por ti jovencita.

-Si, jeje….

Aunque no lo parezca, me odio a misma por mentirle a la gente quien soy. Es como si no tuviera una identidad propia. Pero, no puedo quejarme, esta es la vida que elegí.

- ¿Cuál es tu nombre?

Me ofreció la mano.

-Artemisa Yukimura-de nuevo mentí- Mi madre es de Grecia y mi padre Japones. Por eso el nombre. Soy estudiante.

Se la recibí. Sinceramente lo elegí por un libro de la biblioteca.

-Mi nombre es Kurt Davis. Exingeniero retirado del ejército.

No lo supe al principio, pero vi su placa colgada en su cuello. Y eso confirmo lo que dijo, y también me trajo recuerdos desagradables también.

"El maldito ejercito norteamericano" dije con repulsión.

- ¿Lucho en alguna guerra?

Le pregunte.

-Se que sonara feo, proviniendo de mi y de este viaje. Yo en mi juventud, luche en Tokio en la gran guerra de 1973. Yo solo era un soldado de infantería. Afortunadamente sobrevivir e hice mi familia.

Aunque estuvo ahí, yo no lo culpo. Todos fuimos obligados a ello.

-Oye… cambiando tema…. Te recomiendo jovencita que para las pesadillas, imagines lo más preciado por ti, un recuerdo bueno y así el sonido de los disparos o esas pesadillas terminaran.

Me quede perpleja. "¿Acaso dije algo de más?" De nuevo me arremetí a mi misma, por eso, no me gusta no viajar con traficantes.

-Yo a tu edad me reclutaron a la fuerza. Se como te sientes. Aunque me imagino que lo hicieron mucho antes a ti. Yo no te juzgo por ello. Todos tomamos un camino diferente… sabes...-dijo con la voz mas dulce que un abuelo pueda decir- hay un dicho que mi padre decía "Cuando té pasa algo traumático en tu vida, puedes tomar uno de dos caminos: Puedes deprimirte, o puedes decir, no me importa. Haré lo que quiero hacer". Resumiéndolo, para superar esto, ten cerca a las personas que mas quieres.

"Pero, yo no tengo a nadie y no creo tenerlo jamás"

"Comenzaremos el descenso, abróchense los cinturones de seguridad"

-Parece que nos separaremos señorita Artemisa, espero que su familia la reciba con los brazos abiertos.

-Eso espero…

"Torino" Supongo que es el único que podría considerarse algo cercano. Solo espero que estés en esa cafetería.

( 3) (Omnipresente)

-Oye Aiko.

- ¿Sí?

- No te da cosa ese anciano de la mesa 6. Digo ha estado un año entero aquí pidiendo una taza de café. Con una rosa en la mano, en un traje elegante. ¿Acaso no se rinde? Quien sea que espere, no va a venir.

-Mas bien ¿Es romántico no? Esperando un amor durante tanto tiempo. Yo pienso que debería haber más hombres así ¿no?

-Yo digo que es estupidez. Ya debería darse cuenta.

Aquellas meseras no se daban cuenta de que el aquel señor las oía desde esa distancia. Pero era poco lo que importaba. El solo se limitaba observar la rosa que tenia en las manos, practicando las palabras que le diría a ella y como lo haría. Tal como lo ha hecho un año entero.

-¿Estaré bien arreglado?

Dijo Gran Torino, arreglándose el cabello. Su nerviosismo aumentaba cada vez más, hasta llevo en su mochila, un perfume antiguo. Y con ello, se echó un poco en su cuello.

-Si no le dices, lo hare yo.

-Oye Rin, ¡no lo hagas!

-¡Míralo!

Cuando estaba a punto de acercarse a Gran Torino. De repente una chica hermosa entro a la cafetería con una maleta de ruedas en la mano. El jefe de la mesera "Rin" le dijo.

-Oye Rin-san, es una clienta muéstrale la mesa.

Rin de mala manera se acerco a la chica y le dijo.

-Hola Bienvenido a la cafetería Yoshimura. Hay alguna mesa…

-No. Yo espero a alguien….

-Quien es. Tal vez pueda checar en la lista para ver quien es…

-Claro. Su nombre es Sorahiko Torino.

La chica se quedo perpleja. Volteo para ver al anciano con la rosa en su mano…

-Segura que es…. ¿No se habrá equivocado de nombre?

-No. Es el.

La chica en shock le señalo la mesa donde estaba el.

-Mesa numero 6….

-Gracias

La chica hizo una reverencia, tal como lo dicta la cultura japonesa. después de que ella se dirigiera ahí, la chica seguía en shock. Mientras tanto…

-¿Aun sigues utilizando ese feo perfume que te regale?

El anciano volteo y la vio. Se veía tal como la recordaba.

-Veinte años sin verte Artemisa. Es mu…mucho tiempo. Te ves hermosa…

Le ofreció su rosa a ella. Después de tantas marchitas, esa era la afortunada.

-Tu no has cambiado nada niño.

Ella lo acepto con gusto y se dispuso a olerla. Eso le trajo muchos recuerdos.

-Siéntate…

El dijo emocionado, el aun con la cadera adolorida y con su bastón le ayudo a sentarse ofreciéndole la silla. Ya cuando ambos estuvieron finalmente sentados, el empezó la conversación.

-A Nana le hubiera encantado estar aquí…

"Nana" Creo que sería una de las pocas personas que fueron mis mejores amigos. Como la extraño.

Fin del Capítulo.

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