Por mi reino que en el siguiente episodio traigo lo que todo el mundo está esperando.
Alluren: Gracias. Se viene un capítulo más relleno, pero pronto llega lo bueno.
secretlistener: Thanks!
Gabe Logan: Habrá un beso, lo juro ajaja yo igual quiero que tenga algo bonito :( De Sarada y Sumire habrán respuestas más adelante.
XXXI
Sobre buenas ideas y buenos amigos
…
.
- ¡¿Pueden creer lo que ha dicho el maestro?!
Asiento distraídamente, incapaz de recordar lo que sea que haya dicho el maestro. Justo ahora, mi mente está en un lugar muy lejano, captando apenas los rastros de la conversación que se supone estoy teniendo con mis mejores amigos.
Mi cuerpo completo, atrapado bajo los efectos de un poderoso hechizo.
La piel de su espalda es tan lisa, como seda…
- Que maldito fastidio. ¿Cómo se supone que estudiaremos si estaremos en el viaje escolar?
- Creo que el maestro pretende que estudiemos durante el viaje escolar.
- Mitsuki, no estás aportando nada a esta conversación.
¿Cómo se sentirá acariciarla?
Pestañeo. Intento quitar de mi cabeza las decenas fantasías que rondan sin cesar, pero no lo consigo. Se trata del efecto adverso de tener sueños húmedos con Hima.
Simplemente me es imposible concentrarme en cualquier otra cosa. Es por tal razón que apenas consigo prestar atención a la conversación de los chicos, y a la discusión en la que esta vez se han enfrascado.
Por supuesto, no pretendo culpar a mi pequeña hermana de mis asquerosas fantasías, pero preferiría que con trece años ella entendiera que andar por casa con solo una toalla puesta puede ser peligroso.
Trago una bocanada de aire, intentando deshacerme del recuerdo. Pero pronto me veo asaltado por el inevitable deseo de recorrer su cuerpo jabonoso.
Estoy metido en un gran lío. Si no me detengo, a este paso acabaré con una erección en medio de la escuela, y eso será francamente incómodo. Sin embargo, tengo un problema.
Hoy, por algún motivo, no consigo detener mis sucios pensamientos.
Quiero ver su cuerpo desnudo.
- ¡¿Eh?!
- Vamos. No es una mala idea. Boruto podría hacerlo.
Con su traje de baño, nunca la he visto con su traje de baño.
- Ciertamente Boruto puede hacer muchas cosas, pero esto…
- Vamos, ¿acaso no confían en él?
- Inojin, hablamos de…
O con su uniforme de gimnasia, oh, su lindo rostro sonrojado, jadeando, y el sudor en su piel…
- Si lo distraemos, Boruto podría entrar y hacer su magia, ¿no?
Inclinada contra el escritorio de mi cuarto, con su falda de secundaria levantada hasta su cadera, y sus piernas temblorosas mientras que yo…
- Lo haré.
Mi voz surge, tan alterada, que necesito aclararla antes de repetir lo que he dicho. Respiro profundo, lo más lentamente posible, intentando controlar el pánico creciente dentro de mí; intentando ignorar el susurro malicioso y terrorífico que me persigue.
Necesito pensar en algo más que no sea en mi hermana menor.
- ¿Es una broma? -mis amigos se sorprenden por mi intervención, pero solo dura un instante. Inojin sonríe como si hubiese conseguido ganar la lotería. Shikadai y Mitsuki, en cambio, solo consiguen mirarse preocupados.
- Vamos, no pongan esas caras-ttebasa.
- Boruto tiene razón, si de verdad queremos aprobar necesitamos robar este examen.
- Exacto, robar el… ¿Qué? -mi pregunta los desconcierta. Inojin cambia su sonrisa triunfante por un gesto de desesperación.
- ¿No estabas escuchando? ¿De qué otra cosa estaríamos hablando? -sacude su cabeza con fastidio, molesto por tener que repetir su idea-. Escucha, estoy seguro de que si alguien puede hacerlo eres tú. Tienes que robar el examen del salón de maestros. Hoy, en el almuerzo…
- Hey, Inojin, ya basta -Shikadai le interrumpe-. Deja ya de bromear con esto. No es gracioso.
La tensión se arremolina a nuestro alrededor. Este es probablemente el mayor tiempo que han pasado juntos en una habitación durante los últimos meses, y solo se debe a que estamos inscritos en el mismo grupo dentro del viaje escolar.
Mi intento por evitar que una pelea comience me lleva a abrir mi boca impulsivamente.
- ¿Qué? ¿Acaso crees que no puedo hacerlo?
- Creo que es una idea estúpida y extremadamente arriesgada, Boruto. Incluso para el chico problema de la escuela, es demasiado -Shika contesta sin ningún tipo de vacilación en su voz, justo antes de ponerse de pie-. No cuenten conmigo para esto, no los ayudaré. Mitsuki, vámonos.
Mi mejor amigo se dedica a echarme una corta mirada antes de levantarse y seguirlo. Me absorbe el deseo de seguirlos, pero me mantengo en mi lugar.
Inojin me observa desde el otro extremo de la mesa. Una sonrisa tranquila en su rostro, como la de un gato que sabe ha acorralado con éxito al pequeño ratón.
- Entonces, ¿eres un cobarde también?
…
En siguiente descanso, justo antes del almuerzo, me encuentro con Mitsuki a la salida de los baños.
En cuanto me asomo por el pasillo, de inmediato se aproxima a mí, incapaz de disimular que ha estado esperándome desde que entré.
- Boruto, debemos hablar -me informa, con una inesperada seriedad. Arrojo un suspiro resignado, imaginando de lo qué se trata. No en vano Shikadai también ha malgastado las últimas horas intentado convencerme de no robar el condenado examen.
- ¿Acaso vienes a desearme buena suerte antes de mi odisea? -me descubro contestando, con un aire soñador-. No te preocupes mi querido Mitsuki, volveré a tus brazos para…
Siento su mano sosteniendo la mía con fuerza. Más de la habitual, de hecho. Me obliga a detenerme. En cuanto busco su rostro, en lugar de una explicación me encuentro con su ceño levemente fruncido y sus labios apretados en una línea tensa, la prueba irrefutable de su enfado.
- No lo hagas -una simple orden, una que incluso me lleva a pensar nuevamente en el absurdo plan de Inojin. Sin embargo, de inmediato retorna mi urgencia por ponerme en acción.
Así que, en lugar de escuchar a mi mejor amigo, termino recriminándole su falta de apoyo.
- ¿Qué te pasa a ti-ttebasa? -intento soltarme, no lo consigo. Lo que encuentro es una inesperada resistencia y terquedad que nada tiene que ver con el muchacho sereno e indiferente que he conocido durante todos estos años.
- Te meterás en serios problemas -habla con las mismas palabras de Shikadai, que comienzan a cansarme-. Si los profesores te descubren…
Más chicos aparecen en el pasillo. El murmullo de su propia conversación interrumpe la nuestra. En cuanto giran por la esquina, se detienen al vernos. O, mejor dicho, al ver nuestras manos tomadas y la cercanía que, sin notar, hemos ganado.
Tras un momento de duda, ellos continúan con su camino. Pasan de nosotros como si no nos hubiesen visto. O, mejor dicho, como si tuvieran que hacer un esfuerzo enorme en no vernos.
Arrojo un suspiro. Esto ya ha llegado demasiado lejos.
- Agradecería que me devolvieras mi mano -intento sonreír. En cambio, solo termino con una forzada y ansiosa sonrisa que no sirve para nada.
- Primero quiero que me prometas que no lo harás -y contrario a lo que espero, su mano se cierra con mayor firmeza alrededor de la mía.
No hago lo que me pide. En realidad, su inesperada decisión solo me hace recordar mi terrible y heredada terquedad.
Me libero con un simple movimiento. Él no intenta acercarse otra vez, en su lugar vuelve a bajar su mirada, recuperando su actitud de siempre. Aquel gesto arrepentido en su rostro, mientras me observa silencioso, me exaspera levemente.
- Mitsuki… -no encuentro las palabras, o, mejor dicho, la forma correcta de decir lo que tengo en mente.
- Lo siento, no debí hacerlo -de cualquier manera, él me interrumpe. Pese a siempre mirarme a los ojos, en esta ocasión no lo hace-. Tan solo me siento preocupado. ¿Qué harás si te metes en un lío?
- No sucederá-ttebasa -esbozo mi mejor sonrisa y levanto el pulgar en señal de éxito. Sin embargo, pese a que se lo estoy asegurando siento mucha menos confianza de la que aparento.
Si Mitsuki lo nota, no dice nada nada. Seguramente me conoce tan bien que sabrá que, una vez tomada mi decisión, no hay marcha atrás. Vuelve a mirarme entonces, y yo soy incapaz de averiguar que pasa por su mente. Finalmente, y, sin añadir otra cosa, tan solo se marcha. Pese a que lo llamo, él no voltea ni se detiene.
Enfadado conmigo. La idea me es completamente desconocida.
- Problemas en el paraíso, ¿eh? -la socarrona voz a mis espaldas me toma por sorpresa. Al girar descubro a Inojin, espiándome desde la esquina. La jactanciosa sonrisa en su rostro me adelanta lo que viene-. No te preocupes, todas las parejas pelean.
- Vete a la mierda. Solo intentaba convencerme de no robar el examen -mi respuesta solo sirve para ensanchar su mueca de burla.
- ¿Eh? ¿Entonces le harás caso a tu novio? Se ve quién de ustedes manda en la relación.
Paso de contestar a su absurda provocación. Me encojo de hombros, y avanzo por el pasillo en su dirección.
Mientras lo hago, puedo sentir sus ojos examinándome, quizás intentando calcular el peligro de continuar burlándose de mí. Después de todo, sigo siendo el único chico en la escuela que sería tan osado y estúpido como para atreverse a robar un examen del salón de maestros. Sigo siendo su única opción en este momento.
A pesar de eso, de todas formas, parece dispuesto a ponerme a prueba, porque en cuanto llego frente a él se endereza, haciendo uso de su par de centímetros extra de altura para mirarme a gusto hacia abajo.
- ¿Y bien? ¿Piensas echarte atrás? -y sus ojos azules, tan calculadores, no dejan de examinarme. A mí, el pequeño ratón.
- Ni hablar.
…
Tal como Inojin me indicó, durante el descanso del almuerzo encuentro el salón de maestros completamente vacío.
No es normal, sin embargo, no he venido aquí a reflexionar respecto a las extrañas rutinas de mis profesores. En lugar de eso me abro camino por el salón, recorriendo la ordenada fila de escritorios idénticos, hasta dar con el que corresponde a mi maestro de ciencias.
Solo cuando estoy aquí, me pregunto por primera vez cómo es que se supone que debería comenzar a buscar la copia del examen. La ocasión en que registré el estudio de papá -en busca de alguna prueba para confirmar sus intentos de enviarme al otro lado del mundo- resurge desde lo más profundo de mi mente para guiarme.
Tratando de ignorar el temblor de mis manos y la voz de alerta en mi cabeza, comienzo a rebuscar entre los papeles. Me esfuerzo por no moverlos demasiado, y me aseguro de colocar cada cosa que toco de vuelta en su sitio, antes de pasar a la siguiente pila. He visto demasiadas películas de suspenso como para saber que esto es lo más importante.
Finalmente -con los latidos de mi corazón martillándome en los oídos- encuentro la planilla del examen de la siguiente semana, en el tercer cajón de fondo.
La deposito sobre el escritorio y me aseguro de tomar una fotografía con mi celular. Con solo leer un par de preguntas no puedo evitar formar una mueca. Sin duda hubiera terminado reprobando. Yo, y probablemente casi toda la clase.
No soy tan estúpido como para salir de aquí con la evidencia de mi crimen. En lugar de eso, vuelvo a abrir el cajón para devolver el examen a su sitio, en cuánto escucho claramente el sonido de la puerta corrediza al abrirse.
- ¿Por qué hemos tenido que volver-kore? Te dije que...
Konohamaru entra en el salón entonces.
Veo el instante exacto en el que se paraliza, justo cuando sus ojos se topan conmigo. No necesita preguntarse por mi presencia, porque inmediatamente parece darse cuenta de lo que estoy haciendo. Su expresión de pánico es evidente, mientras intenta volver sobre sus pasos para retrasar a la persona que viene con él.
- Pensándolo bien, ¡deberíamos...!
- ¡Hágase a un lado, Sarutobi!
No sé cómo, pero mi maestro de ciencias se abre paso con un simple empujón determinado. En un segundo está dentro, con un gesto desafiante y una mirada que me lleva a preguntarme, por primera vez, qué demonios estoy haciendo.
¿Cómo demonios he terminado volviéndome un delincuente juvenil a quién han descubierto in fraganti robando en el salón de maestros?
- ¡Uzumaki! -ladra, avanzando hacia mí.
Permanezco en mi lugar, paralizado. La copia del examen aún en mi mano. La mirada decepcionada de Konohamaru atravesándome como un cuchillo recién afilado.
Cielos, el pobre hasta ha intentado cubrirme completamente en vano.
- ¡Esto debería darle vergüenza! -me arranca la planilla de las manos. Luce tan furioso que incluso me preocupa le dé un ataque cardiaco en este mismo momento, porque no presté suficiente atención en la clase de biología cuando nos enseñaron cómo hacer una resucitación.
- Pu-puedo explicarlo.
- ¡Profesor Sarutobi! -su grito me produce otro sobresalto. No solo a mí, tras él Konohamaru también luce asustado de haber sido llamado por quién debió ser su antiguo profesor-, ¡lleve a este delincuente hasta la oficina de la directora!
- Pe-pero...
- ¡Hágalo inmediatamente! -desde el rincón del salón mi maestro favorito me dirige un inaudible "lo siento" antes de hacerme un gesto de cabeza para señalar hacia la puerta. No me queda más que dirigirle un sincero encogimiento de hombros y seguirlo.
Lo último que quisiera es meterlo en más problemas.
Él espera a que salga del salón antes de seguirme y cerrar la puerta. En silencio nos encaminamos hacia la oficina de la directora, sin embargo, para mi mala suerte, no dura demasiado.
- Boruto -él comienza su regaño, y yo sé que debe estar pensando en algo como "¡No puedo creer que hayas hecho esto!" -. ¿Robar un examen? ¡No puedo creer que hayas hecho esto!
¿Lo ven?
- No será tan grave, ¿o sí? -nos detenemos. Puedo sentir su mirada indecisa sobre mí, la decepción y la culpa, todo entremezclado.
No quiero ser autocomplaciente, pero la vergüenza que siento, justo ahora, me parece castigo suficiente.
- Robar un examen es causal de suspensión-kore.
Suspensión. La palabra me cae pesada. Maldigo para mis adentros y luego en voz alta. Él me permite el desahogo.
- Mierda, mierda, mierda -lucho contra la asfixia que comienza a invadirme-. Mamá va a matarme. Ahora sí va a matarme.
No importa la cantidad de líos en los que me metiese, nunca había sido suspendido antes. Y sospecho que ella no se sentirá orgullosa de mí por esto.
- ¿Cómo has pensado en algo así? -mi maestro no me da un respiro-. Robar un examen es algo muy serio-kore. Ni siquiera tendrás la oportunidad de darlo, se te colocará la nota mínima.
¡Mierda!
- ¡Yo no…! ¡Ni siquiera…! ¡Ah, maldita sea, se suponía que tenía que distraerlo…! -muerdo mi lengua, obligándome a hacer silencio, pero es tarde. Del otro lado del pasillo Konohamaru me mira con sorpresa-. Maldición-ttebasa.
- Boruto, ¿acaso alguien te pidió que robaras el examen? -incluso si no lo pretendo, mi silencio es la única respuesta que necesita. Su mirada seria regresa, mientras se acerca para apoyar sus manos sobre mis hombros, buscando en vano conseguir mi confianza-. ¿Quién fue?
- No voy a comenzar a delatar a nadie -me aparto con facilidad, y puedo distinguir nuevamente la decepción en su mirada, No lo soporto, así que vuelvo a encaminarme por mi cuenta a la oficina de la directora, con él siguiéndome de cerca-. Vamos, no me mires así. No me pusieron una pistola en la cabeza para hacer esto. El estúpido plan solo... no funciono, o algo. Es mi culpa, tardé demasiado.
Recibo un ligero golpe en la nuca, y me recuerdo a mí mismo que quizás conversar con un maestro sobre hacer trampa y robar exámenes no es la mejor idea.
Casi dos minutos más tarde, a unos metros de mi destino, él vuelve a iniciar la conversación.
- ¿Has tenido un problema con Yamanaka?
- ¿Qué dices?
- Yamanaka -hago todo mi esfuerzo en no demostrar el nerviosismo que me causa escuchar el apellido de Inojin-. Es tu amigo, ¿no?
- Sí.
- ¿Él fue quién te convenció de robar el examen?
Soy incapaz de evitar que se me escape una sonrisa. Honestamente, Konohamaru es el único adulto que escogería dudar de Inojin antes que solo responsabilizarme a mí.
- ¿Realmente importa si alguien me convenció? -él hace silencio, escuchándome atentamente-. Me han descubierto con el examen en las manos. Vaya mala suerte, se suponía que todos los maestros estarían fuera por diez minutos-ttebasa -suspiro, resignándome ante la mala fortuna. Sin decir algo más, me dirijo a mi patíbulo personal. Toco tres veces, y espero el permiso para entrar.
- Hubiese sido así de no ser por Yamanaka-kore.
Esta vez, cuando miro a Konohamaru, no consigo disimular mi sorpresa.
- ¿Qué has dicho?
- Hace un rato, Yamanaka se nos acercó en el jardín -habla lentamente, con una actitud seria que viene mejor con el adulto que en realidad es-, quería hablar con el maestro, dijo que era algo importante. No sé qué fue lo que le dijo, pero tras eso insistió en volver al salón de los maestros de inmediato.
Por más que busco, no consigo encontrar un solo rastro de engaño en lo que dice. Por el contrario, solo distingo lástima.
Por mí, el chico utilizado.
La puerta de la oficina se abre por fin. La directora -ya entrada en años- se asoma, observándome con aquel gesto duro que tiene exclusivamente reservado para mí.
- Uzumaki -cuando ella lo dice, mi apellido parece provenir de una línea de chicos problema, y me hace preguntarme qué clase de aventuras habrá tenido mi padre en sus días de adolescencia-, ¿qué has hecho esta vez?
…
Veinte minutos después finalmente salgo de la oficina, con un nuevo crimen en mi expediente y con una suspensión de una semana, a partir de hoy.
Por supuesto, llamarán a mis padres, así que para cuando vuelva a casa mamá sabrá de mi delito y no tardaré en ser castigado. Una adelantada sentencia de muerte.
No hay rastros de Konohamaru. En su lugar, Shikadai y Mitsuki me esperan fuera. Seguramente las noticias han volado.
Con la mayor tranquilidad que en estos momentos soy capaz de evocar, les doy aviso de mi sentencia.
- Nota mínima en el examen, suspensión de una semana y una mancha permanente en mi expediente, aunque eso último es para el Boruto del futuro.
Ambos hacen gestos de desgano. Distingo la lástima en sus miradas, y no lo soporto.
- Boruto…
- Da igual -les interrumpo-. Quiten eso de sus mentes. De todas formas, iba a terminar reprobando ese examen. No pensaba estudiar para ello.
- La nota mínima es diferente -Shikadai suspira, luce contrariado-. Lo tendrás más difícil en los exámenes finales.
Resoplo.
- Lo único que en realidad me preocupa es que mamá no me permita ir al viaje escolar, ahora que por fin he juntado suficiente dinero.
Los chicos vuelven a intercambiar aquella mirada. Sospecho entonces que me estoy perdiendo de algo.
- Eh, Boruto…
- Los alumnos suspendidos no van al viaje escolar.
La mierda que me faltaba.
Cierro mis ojos, lucha contra el calvario en el que se ha convertido mi día.
- De todos modos, no quería ir al estúpido viaje-ttebasa -mi mentira es tan lamentable que no me sorprende la silenciosa compasión que mis amigos me dirigen. Mientras ambos intercambian una mirada, no me cuesta imaginar lo que deben estar pensando.
- Boruto, sé que sonará como un fastidio, pero creo que deberías decirle a la directora que no fue precisamente tu idea robar el examen.
- No delatare a nadie. No tiene sentido hacerlo. Es mi palabra contra la suya.
Recuerdo entonces lo que Konohamaru me ha contado, y me pregunto si acaso debería comentárselo a los chicos. Pero en el momento en el que abro la boca, la voz de Inojin llamándonos nos toma por sorpresa.
Giro justo a tiempo para verlo aparecer, con un claro gesto de preocupación en el rostro que me desconcierta por completo.
- ¡Acabo de enterarme! -anuncia-. ¿Cómo te fue? ¿El castigo será muy alto?
- Claro que lo será -para mi sorpresa, es Shikadai quién estalla-. ¡Está suspendido por tu estúpida idea!
Avanza a él y le propina un empujón en el hombro, lo suficientemente fuerte como para hacerlo retroceder un par de pasos.
- ¿Eh, estás culpándome? -Inojin parece verdaderamente indignado. Shika vuelve a dar otro paso en su dirección, pero el recuerdo de que estamos justo fuera de la oficina de la directora me obliga a intervenir. Rápidamente me coloco en medio, levantando mis brazos.
- Vamos, fue mi culpa -intercedo. Invoco mi sonrisa de hermano mayor de "todo va fenomenal" que uso cuando las cosas suelen ser un desastre-. Ni siquiera pude encontrar el bendito examen antes de que los maestros entraran.
- Bueno, supongo que entonces todos reprobaremos. Es una pena que te hayan atrapado, espero que tu castigo en casa no sea demasiado duro -Inojin vuelve a sonreír, con su carisma usual-. Por cierto, esta semana es mi fiesta de disfraces. ¿Nos vemos allí?
- Por supuesto. Mamá e Hima están entusiasmadas por…
- ¿A ti qué demonios te pasa? -el grito estruendoso de Shikadai resuena en el pasillo. Inojin le observa con molestia-. No puedes pretender que todo vaya como si nada. Si realmente te preocupara entrarías en la oficina a decir la verdad. ¡Y tú quita la estúpida sonrisa de tu cara! -esta vez se dirige a mí-. ¡Estás suspendido, no es algo divertido!
Sé que tiene la razón. Pero, de todas, formas, me mantengo en silencio.
- Ah, vamos, deja de insinuar que es mi culpa -Inojin resopla, mientras da la media vuelta para marcharse por fin-. No es mi culpa que haya sido tan idiota como para ser atrapado.
Mitsuki sostiene a Shikadai a tiempo para evitar que lo persiga. Yo sigo en mi lugar, intentando procesando lo que acaba de suceder. Hay tanto ruido en mi mente que solo consigo concentrarme en una cosa.
- ¿Por qué me odia tanto? -los chicos me observan sorprendidos por mi pregunta. No consigo leer sus expresiones, así que desconozco si acaso saben la respuesta o no.
- Yo más bien creo que es solo un niño rico demasiado acostumbrado a que las cosas sean como él quiere -se limita a decir Shikadai. Mitsuki, por otro lado, parece más seguro.
- Está celoso -su respuesta me causa algo de gracia.
- ¿Y de qué podría sentirse celoso? -hago una lista mental de todas las cosas que tiene que son mejores que las mías. Él parece leer mi mente.
- No todas las cosas pueden comprarse -añade. No contengo mi suspiro, el repertorio de acertijos de Mitsuki nunca se acaba.
Saco mi teléfono y busco la fotografía que he conseguido del examen. Me aseguro de enviarles una copia a mis amigos. Para este momento del día, ver sus gestos de asombro es la única satisfacción que me queda.
- Oh, Boruto, esto es…
- Pero dijiste que te habían atrapado antes de encontrarlo.
- En vista de las circunstancias he decidido reservarme el derecho de admisión esta vez -uso mi pulgar para apuntar a la dirección por la que Inojin se ha marchado-. No he podido salvarme a mí mismo, pero al menos me he asegurado de que sus brillantes calificaciones no se vean afectadas.
Shikadai sonríe. Mitsuki en cambio me observa en silencio. Me pregunto si acaso seguirá enfadado por no haberlo escuchado cuando intentó advertirme.
De ser menos testarudo, seguramente no estaría metido en un lío tan grande.
Al salir de la escuela, los chicos me invitan una hamburguesa, en un vano intento por consolarme. Yo solo consigo pensar en mamá, esperándome en casa para aplicar su castigo.
Hombre muerto caminando.
Bueno, al menos esta aventura ha servido para algo.
Por fin pude dejar de fantasear con mi hermana.
CONTINUARÁ…
