Jason:

Pequeño, estúpido y asqueroso elfo.

Me río como los demás a pesar de que no es tan gracioso. Decirle elfo a alguien es ir demasiado lejos, pero la combinación de la cara morada de Connel y la sonrisita de suficiencia del muchacho lo hace todo el doble de cómico. No me malentiendan, yo jamás en la vida usaría ese término con nadie, pero no es como si él no lo hubiera oído antes.

Es decir, miren al chico. Por supuesto que el término elfo como lo dijo Connell no tiene nada que ver con árboles o magia, pero ahora mismo sí que parece uno, lleva pedazos de ramitas en el cabello y en la cara manchas de tierra. Está también su constitución delgada, tan impropia para alguien del Distrito 7 y esas facciones delicadas, de grandes ojos que nos miran divertidos, desafiantes. Le queda tan bien el término elfo. Y es gracioso. Creo.

Él niega con la cabeza y camina lejos de nosotros.—Oh Connell, las Cosechas han sido demasiado benevolentes contigo.

Golpe bajo, pero no creo que Connell lo haya captado, es uno de mis grandes amigos pero no es una lumbrera. Tobin si que entiende.

Bueno, no vamos a ser ninguno de nosotros ahí parados este día elfo.

Estoy seguro que me echarán porras desde donde quiera que vean, si la suerte no está de mi lado—. Opina el chico haciendo un gesto despreocupado con su mano e imitando la voz nasal del Capitolio que me saca una carcajada que convierto en tos antes de que volteen a verme extrañados.

No estamos aquí para conversar. Regresemos al campamento—. Técnicamente el líder es Connell pero no veo la hora de regresar, antes de que alguien diga algo estúpido. Corrección, más estúpido.

Afortunadamente nadie objeta. Tobin, Connell, Ram y Ercole me toman la palabra y regresamos por donde venimos, o al menos lo intentamos. Ram lidera el grupo porque es el que tiene mejor sentido de la dirección. No me molesto en voltear a ver si el niño nos sigue, hasta donde yo sé siempre pone a los caballos primero así que lo hará. De hecho, seguro que llega antes que nosotros. Mientras tanto Ram parece saber por dónde va y vamos a buen paso hasta casi media milla del campamento, donde nos encontramos un riachuelo que definitivamente no habíamos pasado antes.

Carajo —Susurra Ram— Debimos desviarnos demasiado al sur.

Estaba escogiendo las groserías adecuadas para dedicarle cuando escucho detrás de mi cómo el chico toma una rama larga y la usa para saltar el agua. Con un ágil movimiento, da una voltereta en el aire y cae en una rama baja del primer árbol de la orilla. En segundos ya se ha ido saltando entre los árboles, volteo a ver a mis compañeros y todos estamos sorprendidos a nuestro pesar.

Mira al maldito elfo volar. —Murmura Tobin. Los demás gruñen con aprobación o hacen comentarios similares. Suspiro y me resigno a mojarme hasta las rodillas.

Nos toma diez minutos a todos encontrar un lugar donde pasar sin esfuerzo. Por suerte justo al otro lado escuchamos ya los ruidos del campamento. Llegar a él toma otros veinte minutos y cuando al fin ponemos pie en el lugar, casi todos los demás están por irse. El líder de mi grupo, Mack, levanta una ceja indignado.

¿Qué tan difícil es encontrar a un crío?

Encontrarlo fue fácil. —Le sonrío— Regresar fue la parte complicada. No me importa lo que Connell diga, ésta es la última vez que dejo que Ram elija el camino.

Su padre era igualito a su edad. Demasiadas habladurías sobre su gran habilidad en los bosques, y luego no podía encontrar el camino a casa porque no veía más allá de la primera línea de árboles. —Dice Mack con una carcajada, que al rato baja hasta convertir en susurro.— No le digas al viejo Burgen que te he dicho esto, pero al único que confiaría mi vida ahí dentro es al chico que tiene durmiendo en la cocina.

Sigo la dirección en que apunta su dedo y observo al chico removiendo los arneses de los caballos. Mientras lo hace, acaricia a los animales y les susurra palabras reconfortantes. Se han esfumado de su cara el disgusto y el sarcasmo, es como si fuera otro ser humano enteramente diferente.

¿De verdad? Pero mira el tamaño que tiene. No hay modo de que pueda blandir un hacha o derribar nada. —Dejo de verlo para volver mi atención a Mack— ¿La bebida de anoche aún te está afectando viejo?

Tu y yo estamos en el negocio de los árboles, somos leñadores, pero Blight… Jamás será uno de nosotros y lo sabemos. Su padre lo sabe, en cierto modo él mismo lo sabe. Y sabemos también que nadie conoce estos bosques como él. Como ya te dije, mi dinero está en ése musguillo si alguno tuviera que sobrevivir ahí unos días. Si me preguntas, su padre no sabe o no le importa la clase de hijo que tiene. —La voz se le vuelve algo delgada y agrega:— Como sea, no es mi lugar opinar sobre eso. Ni el tuyo. Ya acabé de recoger aquí, ve y empaca tu equipo muchacho.

Te veré en la plaza —Me despido con un gesto de mano. Mack se pone serio de repente.

¿Tienes a alguien ahí éste año Jason?

No. Mi hermana es mayor que yo, y desde el año pasado ya no soy elegible. Mis sobrinos son aún muy pequeños y los primos muy mayores. ¿tú?

Es el primer año de mi Darra —Suspira Mack— Su nombre sólo está una vez. Mi esposa y yo nos hemos asegurado de eso.

La suerte está a su favor. —Concluyo, antes de comenzar a recoger la herramienta. Mack se aleja con paso cansado. Con cuidado pongo la cantimplora y dos hachas en un bulto que entregaré a los agentes de paz para que lo guarden en la bodega durante la noche. Cambio mi playera, para que madre me deje entrar a casa sin tener que bañarme en el frío. Estoy por terminar cuando noto que Blight está a punto de partir con los caballos.

No puedo evitar mirarlo trabajar, la facilidad con que maneja a las bestias, las que podrían encabritarse y aplastarlo en cualquier momento. Es algo impresionante. A veces me es difícil recordar que es hermano de Jonel, lo cual es muy estúpido puesto que Jonel es de mis mejores amigos. Aunque si consideras que podría contar con una mano las veces que he hablado de él o con él deja de ser tan sorprendente.

Ha sido muy poco hablador desde que íbamos juntos al colegio, y como le llevo tres años siempre había sido el otro hermano de Jonel. Me siento mal por él, todos sabemos lo que pasa en su casa. Sin madre, su padre es el borracho del pueblo, y sus hermanos son buenas personas en general, pero no hablan de Blight. Nunca.

Blight, incluso su nombre no le ayuda, quiero decir que nadie en su sano juicio le pone a su hijo "plaga"*. Como dijo Mack, no es mi asunto, y parece muy alegre con los caballos.

No sé por qué lo hago, mis cosas están listas y podría marcharme de una buena vez a casa, pero antes de que acabe de pensarlo, ya estoy caminando hacia la inusualmente callada manada de caballos. He tenido que acercarme a ellos un par de veces desde que acabó el colegio y comencé a trabajar en el bosque. Lograr que hagan lo que quieres es una combinación de entrenamiento, intimidación y sobornos, a menos que seas Blight, es por eso que él dejó antes la escuela, para atender a la manada del pueblo. Hace más dinero que su padre de seguro, me pregunto cómo es que no parece que pueda comprar ni un hueso de pavo.

Una de las yeguas parece inconforme con mi presencia, y bufa sin miramientos antes de alzar sus patas delanteras amenazadoramente. De la nada aparece Blight, acariciando su trompa y susurrándole que es una buena chica, muy muy buena chica, y luego se vuelve a mirarme.

¿Hay algo que necesites Leñabobo? Aún no acabo aquí ni acabaré si vienes a hacerme perder el tiempo. —Me mira con ésa cara que pone cuando no importa lo que digas, seguro se te va a ir a la yugular con su respuesta así que decido tomar el camino de la honestidad.

En realidad quería ver si puedo ayudar en algo —La cara no le cambia cuando responde.

¿Alguna vez he necesitado ayuda?

No, yo sé que no pero hoy es diferente. Debes verte bien para después.

Me mira directo a los ojos. Nunca los había notado de verdad, eran realmente extraordinarios, del mismo tono azul grisáceo que Abel y Jonel pero de algún modo parecían más vivos, más inteligentes, tenían un brillo singular. Cuando su rostro está así, inexpresivo, sus ojos parecen estar llenos de risas, y por un momento idiota sólo quiero hacerlas salir. Digo idiota puesto que lo más probable es que si logro hacerlo reír será a mis expensas. Intento cubrir la pausa.

Soy Jason.

—Ya sé.

—Y tu eres Blight.

—Ya sé.

Dioses, qué pendejo soy.

Estoy listo para dar media vuelta y ocultar mi cara hirviente cuando él habla de nuevo.

Los dioses saben que tengo miles de cosas que hacer antes de la Cosecha. Cabello, cejas y quién sabe cómo vayan a quedar mis cutículas después de un día como el de hoy. Elige una montura Jason, veremos qué puedes hacer.

He montado antes, muchas veces, pero Blight se ha subido y puesto en marcha antes de que yo pudiera poner un pie en la montura. Creo ser un buen jinete, pero al lado del chico, que va a pelo sobre el caballo soy un saco de patatas. Afortunadamente, él se concentra más en contar y dirigir a los caballos que en mi y llegamos a los establos en relativo silencio.

Había varios chiquillos cuando llegamos, la mayoría de ellos en edad escolar pero muy pequeños para ser elegibles para la Cosecha. Se ganaron unos pocos sesterceres ayudando a Blight a limpiar y cuidar a los caballos. Hice lo que pude para ayudar, intentando ignorar las risitas que provocaban los torpes esfuerzos del gran bruto leñador. Tengo que decir a su favor que Blight no se rió ni me regañó, ni a mi ni a nadie. Nos daba algunos consejos, enseñando a un niño a limpiar lugares escondidos de la montura, ayudando a una niña a cepillar a una cría y poniendo su mano sobre la mía cuando no encontró otra manera de mostrarme que entre más largos los movimientos de cepillado más rápido terminaría y mejor se sentiría el caballo.

Si hay algo que sabían hacer los antiguos americanos era criar caballos.

—¿Antiguos americanos?

—Si, ya sabes, antes de Panem. Los que construyeron los caminos y las ciudades gigantes.

—¿Te tragas esos cuentos? —Me reí a carcajadas— ¿Edificios de miles de metros de alto o tan anchos que cabía todo el pueblo dentro?

—Nunca lo sabremos ¿o si? —Sonrió Blight— Al menos no con la información que nos da el Capitolio.

Los caballos están alimentados y listos para pasar la tarde en tiempo récord y de pronto me encuentro sólo en los establos con Blight. No me está mirando, en cambio se despide de los animales. Sé que no debería preguntar pero no me puedo frenar de preguntar.

¿Cómo van las cosas en casa?

—¿Por qué no le preguntas a Jonel? —Responde después de una enorme pausa.

Porque no creo que me de una buena respuesta. —¿De qué estoy hablando? No tiene nada que ver conmigo, Jonel es mi amigo y Blight es la broma del pueblo. Mi boca traicionera sigue abriéndose en contra de mis deseos.— He escuchado que la cosa no va bien, con lo de tu padre y el asunto de tu madre.

No sientas pena. —Se voltea a mirarme— Estoy bien donde estoy. No estoy en casa lo suficiente como para que me importe. Aquí en los establos, en el bosque, estoy bien. Así que déjalo, ríete con Jonel, con todos tus amigos, no me importa. Hace mucho que dejó de importarme.

Algo se contrae en mi estómago con sus palabras. Es vergüenza, y culpa. Porque todos hemos dicho las mismas cosas sobre Blight, quizás no con tanto veneno como sus hermanos, pero las he dicho igual que todos. Y ahora no sé que decirle.

Te veo mañana. —Murmuré y me di la vuelta.

Si es que sigo aquí.

Volteo a verlo una vez más y me encuentro con la misma mirada que yo tuve años atrás, cada vez que llegaba la Cosecha, la misma chispa que tienen los niños cuando están parados en la plaza y le ruegan a los dioses no ser ellos los elegidos.

Estarás bien. ¿Tienes como, cinco papeles dentro?

—Veinticinco. Mi tesela nos alimenta.

Aún no puedo decir nada útil, pero mientras miro al chico de dieciséis años frente a mi me acuerdo que no soy tan mayor. Y que quizás tenemos más en común de lo que jamás admitiría. De pronto quiero abrazarlo, decirle que todo estará bien, y que no tiene nada que temer. Éste impulso me hace sentir aún más avergonzado que la culpa de hace un momento.

Blight se aleja y mis últimas palabras salen de mi boca como todo éste día, de la nada.

—Buena suerte, y que la suerte…

—Esté siempre de tu lado —Termina Blight sonriente, la única sonrisa desprovista de sarcasmo que le he visto.


*Blight significa plaga en inglés.

Concluyo éste segundo capítulo aclarando de nueva cuenta que ésta historia NO es mía y que son bienvenidos los comentarios de casi cualquier clase. ;)