Blight:

¿Qué hiciste?

Charlie me mira entusiasmada al entrar al departamento en el séptimo piso. Estoy acostado en el sofá blanco de la sala, buscando algo que ver en la pantalla. Los únicos programas son repeticiones de juegos pasados y de la Cosecha y Desfile de éstos. Antonius y Antonia, los comentadores de los Juegos de Hambre están en tres canales a la vez, hablando sin parar del corte de éste tributo o del vestido de aquella. Apago el programa y dejo que Charlie se siente a mi lado.

Hice una fogata en menos de cinco minutos, encontré algunas plantas comestibles y lancé unas cuantas lanzas. No creo que estuviesen muy impresionados. ¿Qué hiciste tú? Tuve que esperar veinte minutos antes de entrar y me miraban como halcones todo el tiempo. ¡Debiste impresionarlos bastante!

— Lo dudo —Le digo con una carcajada gutural— Esencialmente hice un berrinche y dejé hecho un asco. Créeme NO están impresionados por éso.

— Blight... ¡No lo hiciste!

— Ya me conoces, no puedo pasar por los Juegos sin hacer una escena. Los Vigilantes no estarán tristes de verme partir.

No digas éso —Charlie se pone seria— No digas eso nunca.

— Hemos estado evitando el tema ¿no? —Su labio inferior tiembla y asiente.

Uno de nosotros morirá. Probablemente los dos. Y muchos otros —Deja salir un sollozo— ¡No es justo! No quiero morir, no quiero que tú mueras, ni Qin Li, ni Bobbi. Podríamos haber sido amigas de verdad ¿sabes? Trabajamos muy bien juntas y no puedo dejar de pensar que al menos dos moriremos y no quiero ser yo pero, siento que no podría hacerles daño...

— ¡Suficente Charlie! Ya es suficiente. Mírame —La tomo de los hombros y la sacudo un poco— Cuando el momento llegue, Qin Li y Bobbi van a morir. Y tú vas a terminar con sus vidas. Si van hacia ti con un cuchillo, les clavas una lanza, si aparecen mutantes, corres y dejas que se las coman, si quedan pocos tributos, no duermas, no comas nada que te den y en la primera oportunidad les clavas una espada en la espalda. ¿Me estoy explicando?

He tomado su barbilla y la obligo a mirarme.

Blight... —Intenta parpadear para alejar las lágrimas de sus ojos.

¿Me estoy explicando sí o no?

— Si —Susurra. Ha empezado a llorar, así que la aprieto contra mí.

Tienes un padre y hermanas que te necesitan. Mereces regresar a casa con ellos. Le rezo a todos los dioses que sean tu o Devon quienes ganen ésto.

— ¿Te has dado por vencido ya?

— No. Voy a luchar con todo por ganar, pero voy sólo, ésa ha sido mi decisión. La suerte nunca ha estado a mi favor, así que cuando suene el pitazo de salida mañana, quiero que me des por muerto. Es muy probable que no me vuelvas a ver hasta que mi cara aparezca en el cielo. Mantén a tus aliadas cerca pero piensa en una sola persona. En ti.

No responde, sólo entierra aún más su cabeza en mi pecho. Nos quedamos así unos momentos, sin hablar pero cómodos. Por el momento no somos tributos, oponentes o contendientes, sólo dos niños asustados que no quieren encarar los días que siguen.

Momentos como éstos son, por supuesto, la antítesis a la existencia de Tutti Marble, que aparece de la nada y anuncia que es hora de cenar no sin antes mirarnos con desaprobación.

Ni siquiera se han ido a bañar después de su sesión ¡Qué vergüenza! Nadie quiere comer con caras como las suyas. ¡Vamos límpiense un poco!

— Nadie quiere comer con caras como la tuya tampoco Tutti, pero constantemente nos la impones. —Le digo y me separo de Charlie que va a adecentarse un poco. La sigo a pesar de mí mismo. Sólo para molestar a Tutti tomo un largo y extenso baño jugando con cada llave hasta que mi cuerpo está cansado de tantas burbujas y lociones.

Cuando llego a cenar voy muy pero que muy tardecito, pero Tutti no dice nada. Me siento junto a Madame Lucia que me da palmaditas en la mano y le indica a un Avox que me sirva una gran porción de carne y pasta. Eamon no se aparece. Gloudus comenta al respecto y Tutti rueda sus ojos.

Está consiguiendo patrocinadores por supuesto. Gloudus, por favor ¿qué más crees que esté haciendo? Y seamos francos, tiene que tardarse más de lo normal porque su tributo éste año va a necesitar toda la ayuda que se le pueda dar. —Dice con una pequeña sonrisa que se borra por el comentario que hace una voz a mi derecha.

Está en el bar Tutti.

— ¿Disculpa? Eamon jamás... —Comienza Tutti indignada.

Está en el bar, bebiéndose los sestereceres que gana y haciendo apuestas en contra de su propio tributo. No te molestes en contradecirme. Madame Lucia sabe cosas.

— ¡Eamon jamás abandonaría sus deberes por actividades tan corrientes! ¡Se toma muy en serio su trabajo! ¡Lo que pasa es que estás celosa, vaca anciana y olvidada!

Madame Lucia se levanta muy despacio.

Podrías repetir éso, mi niña. —La boca de Tutti se abre y se cierra un par de veces, al final mira a su plato— Éso pensé.

Charlie, Vera, Gloudus y yo veíamos el intercambio con aprehensión (ellos) y diversión (yo). Por fortuna la pantalla en la sala escoge este momento para encenderse. Tutti limpia delicadamente su boca con una servilleta.

— ¿Me acompañan a recibir nuestras puntuaciones por favor?

Lidera el grupo hacia la sala y se sienta en el extremo del sofá, con Vera y Charlie entre ella y Madame Lucia que está junto a mi y toma mi mano. Su piel es sorpresivamente rasposa a pesar de las cremas y lociones que sé que debe usar. Evidencia de las horas y horas que pasa confeccionando sus creaciones.

Antonuis y Antonia pasan unos minutos intercambiando cumplidos, y después hablando del sistema de puntuaciones, como si alguno de nosotros no supiera al respecto. Los tributos son calificados desde uno (abismal) hasta doce (Dios). No ha habido un doce nunca, un uno se deja ver de vez en cuando. Los Profesionales siempre están por encima del ocho y los demás casi siempre cincos o seises con unas pocas excepciones. Las puntuaciones, como nos recuerda Antonia, no son más que una base para que los patrocinadores y los corredores de apuestas puedan calcular las probabilidades. Unas cuantas bromas más y comienzan a aparecer.

Las primeras son típicas. Link, el rubio del 1 obtiene un 10, Alabaster un 8. Quintus y Plautia ambos 9. Espero que el tío de Plautia esté contento, por su bien. A pesar de odiar a los Profesionales por principios ella me ha dado buena espina. Me gustan su espíritu y su bocota. No haría drama si ganara.

El Distrito 3 es típicamente abismal, al cuatro le va bien, el cinco y seis obtienen irónicamente cincos y seises. Y llega el siete. Mi cara está en la pantalla, sonriéndome de lado. Un diez se forma en la pantalla y Madame Lucia me abraza. El nivel de ruido me alcanza y no puedo apartar la vista de la televisión. ¡Diez! Es más de lo que podía esperar.

Charlie me abraza también y Vera asiente con la cabeza en mi dirección. Tutti se levanta y besa mis cachetes, sin duda agradeciéndome por todas las fiestas a las que será invitada ahora que es escolta de un tributo con alto rango. Vera nos calla a todos a tiempo que aparece la cara de Charlie. Después de una pequeña pausa un siete aparece. Otra ola de ruido nos envuelve y todos la abrazamos y felicitamos. Un siete no es nada despreciable. Esto le garantiza a Charlie un par de patrocinadores.

Debió ser una fogata impresionante. —Le susurro al abrazarla.

Bueno, pudo o no haber tenido un maniquí cocinándose dentro. —Dice con una sonrisa traviesa.

Por todos los dioses —Ruedo los ojos— Los Vigilantes han de pensar que el Distrito 7 cría sádicos psicópatas.

— Los sádicos psicópatas atraen patrocinadores criatura. Lucia está orgullosa. De ambos.

El resto de las puntuaciones pasa en un rao, distigo que Devon ha sacado un ocho mientras que su pequeña compañera de distrito tan sólo un dos.

Tutti se aclara la garganta y anuncia que todos merecemos celebrar. Da una palmada y un Avox aparece cargando una charola de plata con seis copas de cristal. Hacemos un brindis por el Distrito 7, y que la suerte continúe a su favor. Bebemos y Charlie y yo casi nos ahogamos al sentir el líquido burbujeante. Ella infla las mejillas y yo saco un poco por la nariz. Tutti se lamenta por el desperdicio de champagne, y parece emanar genuina tristeza cuando Charrlie y yo sólo nos reímos más. Pronto ella tamién comienza a reír y esto desata una ola de carcajadas de todo el grupo. El momento comienza a morir cuand la puerta se abre de golpe.

Eamon está apoyado en el marco. No se e nada feliz.

Entra al cuarto hecho una furia, tirando una silla al aproximarse a nosotros. La risa se ha apagado, los demás lo miran impresionados. No me muevo ni un centímetro, aunque sé exactamente lo que lo ha puesto así.

— ¡¿QUÉ ES LO QUE HICISTE?! —Me grita aventando una lámpara al suelo. — ¿¡DIME AHORA MISMO QUÉ ES LO QUE HICISTE?!

Salta el sofá y me tiene agarrado del cuello en segundos. Mi cabeza choca contra la pared. Intento respirar, puedo escuchar los gritos angustiados de Charlie y los enojados de Madame Lucia. Puedo oler el alcohol en su aliento, su cara demasiado cerca de la mía.

¡¿TIENES IDEA DE LO QUE HAS LOGRADO?! ¡¿DE LO DIFÍCIL QUE HAS HECHO ÉSTO PARA MÍ?! —Me avienta hacia un lado y alza la mano, estoy seguro que me golpeará cuando otra palma envuelta en accesorios plateados lo detiene. Eamon trata de soltarse pero Madame Lucia no lo deja. Es más fuerte de lo que parece.

¿Tiene algún problema Eamon? —Sus ojos son fríos y su voz peligrosamente suave.

Blight está... él está arruinando el plan. —Eamon voltea a verla, Lucia lo mira con asco pero no lo suelta. Detrás de mí Tutti me toma de los hombros y mira a Eamon con cargada incredulidad.

El estúpido elfo, el no... no se supone que él...

— Sacó un diez. —Dice Madame Lucia— El sr. Gavin obtuvo un diez. ¿Es que no está orgulloso de su tributo criatura?

Algo parece hacer conexión en el cerebro de Eamon y se da cuenta del peligroso camino que recorre. Casi puedo ver los engranes de su cerebro trabajando a toda velocidad para salir del estado etílico. Para mi sorpresa logra construír una excusa.

— Ése no era el plan —Dice— Le dije a Blight que pareciera mediocre, para no atraer atención hacia él. Obviamente ignoró o que le dije.

— Más obvio aún era la poca utilidad del consejo. Blight no puede parecer mediocre, no después del desfile. Una no puede evitar preguntarse si está tomando sus responsabilidades como mentor en serio Eamon.

Un hombre más sabio, o más cobarde que Eamon habría huido de la habitación ante la mirada que Lucia le dedicaba, pero él la mira a la cara.

Ten cuidado cómo te diriges a mí. Soy un Campeón, y un mentor, por encima de todo el mentor de Blight. Yo decidiré cómo se presenta durante éstos juegos, no su estilista.

— Tenga cuidado Campeón —Lucia suelta su mano— Éso no lo hace un ciudadano del Capitolio.

Con éso hace girar sus ropajes y se marcha del departamento.

Bueno, ¿nos retiramos todos a dormir? —Interviene Tutti y por primera vez doy gracias por su manía de romper con el momento. Sin otra palabra salimos de la sala. Ya en mi cama doy vueltas por un momento hasta que el sueño me toma, lo último en que pienso es la mirada de odio que me dedicó Eamon antes de salir del departamento.


En mis sueños mi madre está sentada en el borde de la cama en nuestra pequeña cabaña en el Distrito 7. Soy un niño pequeño aún, tengo fiebre y me da sopa caliente mientras me cuenta historias. Mis favoritas son las que hablan de las ciudades gigantes, las grandes ruinas americanas. Le pregunto si son reales y me dice que eso no importa, que si yo creo que son reales entonces lo son. Me toma en sus brazos y acaricia mi mejilla. Sus manos suaves me llevan al mundo de los sueños. Todo está bien.

Me levanto de golpe. Aún es de noche. La cabina, la sopa, la fiebre, han desaparecido. Las manos no.

Me doy la vuelta en la cama y encaro a la persona sentada en el borde del colchón. Las joyas en su garganta brillan a la luz de la luna. Sus sedas susurran cuando se mueve. Tiene un velo cubriendo sus facciones pero jamás olvidaré esos ojos o esas manos.

Mi voz se rompe, a penas puedo emitir sonidos.

¿Mamá?

Su mano se mueve y se quita el velo. La sonrisa lo dice todo.

¡Mamá!

Y estoy en sus brazos, llorando como no lo hacía desde que se marchó y me juré no volver a llorar así frente a nadie. Los sollozos recorren mi cuerpo y la aprieto con fuerza mientras me sostiene como si me fuera a llevar una corriente invisible.

Mamá, mami, mamita. —Miro su rostro— ¿Qué haces aquí?

Pregunto casi gritando. Su cara se pone pálida y se lleva un dedo a los labios. Repito la pregunta en un susurro. Ella sonríe con tristeza y mueve la cabeza de un lado a otro.

— ¿Mamá cómo terminaste en el Capitolio?

Otro movimiento de cabeza.

¿Por qué no me hablas?

Mueve la cabeza una vez más. Apunta a sus labios y niega por cuarta vez. Entonces me doy cuenta.

Mi madre es un Avox.

Apoyo mi cabeza en su hombro, demasiado entumecido para seguir llorando o para decir algo. Sus manos recorren mi cara como si quisieran memorizar al hijo que se le parece tanto. A pesar de los que tuvieron que haber sido nueve años terribles mi madre aún es hermosa. Puedo verla en mi cara y siento un orgullo enorme invadirme, por ser el hijo de ésta mujer tan fuerte. Y la historia sale a borbotones.

¡El me ofreció madre! ¡Papá lo hizo! —Le digo todo, lo mucho que la he extrañado, cómo papá se volvió un ebrio, la crueldad de Abel, la indiferencia de Jonel, las burlas de todos por tantos años. La cosecha, el plan de Eamon, que voy a morir pero estoy muy feliz de haberla podido ver otra vez. Lo único de lo que no hablo es de Jason, porque no se qué decir, eso es aún más confuso que la prescencia de mi madre. Ella juega con mi cabello y escucha. Cuando termino se apunta el pecho con el índice y después la sien.

"Lo sé"

¿Lo sabes?

Asiente y señala la pantalla en mi habitación.

"Lo vi todo"

— Lo siento tanto mamá.

Me toma de los hombros, obligándome a verla. Su cara es seria. Me apunta, y después a ella una y otra vez.

"Regresa a mi"

— Lo haré mamá. Volveré a ti.

Señala su pecho, su corazón y luego a mi.

"Te amo"

— Yo también te amo mamá.

Y entonces saca algo de su manga, algo pequeño y plano. Lo pone en mi palma. Lo veo, es una pequeña moneda de madera. En ella está tallado un caballo hermoso, encabritado. La reconozco de pronto. Es la moneda que Jason intentó darme, la que le aventé en la cara. El recuerdo de su padre que quiso que llevara a la arena para recordarme mi hogar.

— ¿De dónde sacaste ésto?

Niega vigorosamente. Apunta a la moneda, su corazón y después a mi.

— Ya se mamá, yo también te amo.

Niega con más vehemencia. Después casi apuñala la moneda con el dedo, apunta a mi corazón y luego a mi.

"Él te ama"

— No mamá —Aparto la mirada— El no... En realidad él no...

Me toma del hombro, presiona la moneda contra mis labios, corazón y me apunta.

"Él te ama"

— Yo también lo amo. —El cansancio me invade. Me acuesto en la cama, la moneda de Jason entre mis manos. Cierro los ojos, la palma de mi madre acariciando mi mejilla. No recuerdo haberme dormido.

Cuando vuelvo a despertar ya ha amanecido. No hay signos de mi madre, o de que haya estado ahí excepto porque he dormido mejor que en los últimos nueve años y por la pequeña moneda de madera en mi mano.


Hoy es día de preparaciones, mañana Noche de Entrevistas, en la que los tributos se presentan propiamente ante todo Panem, y en especial el Capitolio. Es nuestra oportunidad de convencer hombres y mujeres ricos para que nos patrocinen antes de que empiecen los Juegos. Es de esperarse entonces que se le dedique todo un día a prepararse para esos tres minutos de entrevista.

Lo que significa que, a pesar de mis rezos a todos los dioses de los bosques que conozco, pasaré toda la mañana en las garras de Tutti Marble.

El desayuno pasa sin novedad, después de la escena de ayer nadie ve a nadie a los ojos por mucho tiempo. Como resultado tengo un desayuno muy satisfactorio. En cuanto los Avoxes limpian la mesa, Vera se lleva a Charlie para prepararla para las entrevistas. Eamon también se va, sin duda a hacer algo ilegal y sin escrúpulos. Me dirijo a la sala de estar y entro con seguridad. Tutti está esperándome, una enorme sonrisa en su cara. Sus ojos se desvían continuamente al otro lado del sofá donde Madame Lucia está sentada con una sonrisa idéntica. Ambas me miran con falsa felicidad y se miran como tiburones hambrientos.

Bueno Blight, vamos a empezar tu instrucción en el fino arte de la elegancia y la clase. Haz exactamente lo que te digo, sin comentarios y sin interrupciones, y quizás pasaremos por ésto sin inconvenientes.

Sonríe aún más, con ése tipo de sonrisas que prometen dolor si no haces lo que te dicen.

¿Madame Lucia, estoy encantado de verla por supuesto, pero es usual que esté aquí?

— Madame Lucia ha hecho suficiente progreso con su vestuario que sintió que podría tomarse un descanso —Es asombrosa la forma en que Madame Lucia ve a Tutti, como un gato a un ratón— La Madame creyó prudente venir a asegurarse que la Srta. Marble no arruinara a su tributo.

— ¿Disculpe? —La voz de Tutti ha llegado a ése tono al que sólo ella puede— Aprendí sobre la gracia en sociedad de la mejor...

— Si se refiere a su madre es justo por lo que estoy aquí.

— ¡Siéntate ya Blight! —Si no puede ganar con argumentos, Tutti parece determinada a ganar por volumen— ¡Brazos atrás, piernas separadas, casual, con seguridad, alardea!

— Parece un muñeco de trapo. —Interviene Lucia— ¡Siéntate bien criatura! ¡Espalda derecha, mete los codos!

Y así empezó. Camino, me siento, poso, hablo, sonrío y hago demás gestos toda la mañana. Estoy a veces perfecto o desastroso, usualmente al mismo tiempo. No es hasta que Tutti y Madame Lucia comienzan a gritarse sobre cuánto debería mover la cadera al andar que me acomodo en el sofá e intento dormir un poco.

La campana suena anunciando el almuerzo y abro los ojos para ver a las dos mujeres salir del cuarto con un bufido. Como un poco de lo que está en la mesa, esperando a que Eamon llegue. No espero mucho.

Entra, vestido con pantalones de diseñador blancos y una camisa roja casualmente desabotonada por arriba. Se sienta en el sofá directamente frente al mío. Lejos está el hombre fuera de sí de anoche. Me sonríe y de forma casual juguetea con un pequeño frasco. A pesar de mi odio hacia él debo de admirar su postura confidente y calmada, así como su mantenida apariencia y mirada benevolente. Me mira como si fuera su sobrino favorito, ignorando el hecho de que nuestro profundo desprecio mutuo amenaza con asfixiarnos.

Me has causado un gran problema Sr. Gavin.

— Estoy excepcionalmente feliz de escuchar éso.

— Sin duda. —Me sonríe aún más— Pensé que el plan no tenía fallas. Entras en la arena, llegas tan lejos como puedas tú sólo. No dejas ninguna impresión en nadie gracias a tu mediocridad. Mueres. Me hago rico. Este fue el trato, ¿no?

— No sé, no recuerdo los detalles.

Y aún a pesar de tanta planeación, has logrado hacer un gran nudo en medio. No demasiado difícil pero aún así peligroso. Tu disfraz, no fue tu culpa claro, pero aún así; tu espectáculo en ése animal en el desfile; tu sorpresivo y alto puntaje, el más alto que ha conseguido el Distrito 7 desde Jules. —Sigue jugando con el frasco— Y ahora, se me acercan personas del Capitolio que quieren patrocinarte. Uno o dos no supondrían problema alguno, porque podría ignorarlos y decir que faltan fondos. Pero tienes más de una docena de ellos, y muchos son poderosos, lo que me pone en una terrible posición. Si no mueres rápido no tendré más remedio que mandarte algo, y te aseguro que no te servirá de nada y que haré lo que esté a mi alcance para que tu tiempo en la arena sea un infierno.

Escucho todo esto con cara impasible. Me complace saber que le he dado a mi mentor tantos dolores de cabeza, pero sus amenazas no son nada. ¿Qué es lo que va a hacer? Ya estaba determinado a no mandarme nada.

Eamon parece darse cuenta de ésto y abre el frasco. Se para y se para encima de mi.

¿Sabes lo que es ésto?

— ¿Crema de afeitar?

— Pomada. Uno de los milagros médicos del Capitolio. Sólo necesitas aplicar un poco en cualquier golpe y se desvanece en minutos. Muy útil. Muy valioso.

— Qué bien. Aunque no veo cómo éso debería importar...

Mis palabras las corta un golpe de Eamon a mi cara. Me escurro por el sofá, al no estar preparado para ello. Antes de que pueda pararme, el pie de Eamon hace contacto con mi costilla y quedo hecho un guiñapo contra la pared.

Mocoso estúpido, asqueroso y vil excusa de muchacho.

Me levanta y vuelve a golpear mi cara, una y otra vez. Cuando caigo patea mi pecho, me toma de la camisa y me azota contra el muro. Cada vez más fuerte.

¿Crees que puedes ganarme? ¿Que eres más listo que yo pequeño elfo?

Estoy mareado, sangrando y todo duele. No soy un debilucho pero Eamon es mucho más fuerte y pesado que yo. Lucho un poco y después me protejo de lo inevitable.

Vas a morir, me voy a reir, y nadie va a llorar por ti excepto tal vez esa perra gorda que te peina tan bonito.

Los golpes parecen llegar de más lejos. Ya no duelen tanto. A penas siento que estoy en el suelo. Algo duro cae a mi lado en la alfombra.

Límpiate niño. Tienes que verte bien para la entrevista mañana.

Pasos fuertes. Silencio.

No sé cuánto tiempo me quedo ahí, viendo el suelo. Eventualmente mis manos encuentran el frasco de pomada y comienzo a gatear lentamente a mi cuarto. Donde puedo empezar a recomponerme.

Mi nombre es Blight Gavin

Una mano, luego la otra. Lucho por ponerme a gatas.

Soy el tributo masculino del Distrito 7. Voy a entrar en los Juegos del Hambre.

Con un esfuerzo masivo me pongo en pie. Ningún sonido escapa a mis labios.

Mi padre me ofreció. Mis hermanos y sus amigos quieren verme morir. Todo mi Distrito apostó en mi contra.

Uso la pared como apoyo para salir de la sala.

Mi madre está viva. Volveré a ella.

Alcanzo la puerta de mi dormitorio.

Madame Lucia es mi amiga. Volveré a ella.

Entro dando tumbos.

Un hombre llamado Jason me ama. Volveré a él.

Colapso en mi cama.

Soy el Campeón de los cincuenta y dos avos Juegos del Hambre.