Jason:
No debería haber trabajo hoy. Con las entrevistas saliendo al aire ésta noche nos habían dado el día para dormir y prepararnos para la segunda vez que veríamos a los tributos desde la Cosecha. Al pueblo casi parecía darle igual. Los equipos salieron al bosque a talar árboles como todos los días y los agentes no los detuvieron, es más, apoyaban dicha actitud. ¿Qué le iban a decir al Capitolio? "¡El distrito siete muestra señales de rebelión trabajando turnos extra en sus días libres!". Suena ridículo en mi cabeza, probablemente aún más en las suyas. Además todos sabemos que el distrito tiene una reputación que mantener como uno de los más productivos en Panem. Es como conseguimos nuestros privilegios, como licencias para cazar y los permisos de la Taberna.
Estoy trabajando con un nuevo equipo esta mañana, por lo que estoy agradecido. Estoy seguro de que Mack tuvo algo que ver y no voy a discutirlo. El simple pensamiento de tener que trabajar con Jonel, Abel y compañía como lo he hecho los últimos cinco años es suficiente para enfermarme de coraje y vergüenza. Enojo por lo que les escuché decir en la Taberna, y vergüenza por haber contribuido inconscientemente en la situación de Blight.
Así que mantengo la boca cerrada y me comunico con mi equipo con asentimientos de cabeza y uno que otro gruñido. Ellos se dan cuenta que no soy muy hablador y que obedezco sin rechistar por lo que va bien. El trabajo exige concentración y constante trabajo en equipo así que soy capaz de ignorar las malas miradas y ocasionales comentarios del grupo de Abel. No pude evitar mirarlo de reojo cuando llegamos ésta mañana y me dio mucho gusto ver que el moretón que había florecido cerca de su ojo derecho seguía viéndose tan doloroso como ayer.
Noto que Mack me mira cuando pasa cerca de mí pero no tengo el tiempo o la energía para hablarle. Estoy cubierto en sudor y a la mitad de cortar un sicomoro particularmente ancho con otro chico del equipo. Tengo la sensación de que Mack sigue mirándome la espalda, he sentido sus ojos encima mío por los últimos tres días, desde el altercado en la taberna y mi terrorífico encuentro con los agentes de paz. Por fortuna he podido cumplir la promesa que le hice de mantener la cabeza gacha y la boca cerrada, aunque no ha sido fácil. La manifestación vocal de odio hacia Blight se ha intensificado en el distrito desde el desfile y parece ser aún más en mi presencia. No he ido a la taberna desde aquella noche, vi las calificaciones en casa de Mack con su esposa e hijos. No pensamos que tendríamos mucho que celebrar de todas formas, sólo ver la calificación y volver a casa, pero cuando Blight empató el once de Link, el tributo del Distrito Uno, nos quedamos sin palabras. La cara de Mack transmitía profunda sorpresa, las manos de su esposa volaron a su boca y estoy seguro que yo me veía igual. Esa noche abrimos una de las botellas de vino del Capitolio, cosa que Mack y su esposa sólo habían hecho anteriormente en su noche de bodas.
De cualquier modo, ésta noche volveré a la taberna. Manteniendo la otra parte de mi promesa, que es ver los juegos siempre con Mack, y él irá a la taberna a discutir algunos asuntos con el Jefe Core.
El sicomoro cae por fin y le hablamos al resto del equipo. Aún siento una extraña sensación cada que veo que se necesitan cuatro hombres para mover a los caballos, e incluso con toda aquella ayuda les cuesta trabajo mantenerlos controlados. Se han acostumbrado a un individuo delgado de cabello negro que los lidere con intuición y afecto, y éstas duras manos de leñadores los ponen nerviosos. No es una sorpresa que uno de ellos susurre enojado:
—Nunca pensé que extrañaría tanto al chico.
—Ya encontraremos un reemplazo —Dice el líder del equipo —. Mientras tanto ata a las bestias al carro para que podamos llevar la madera antes de que comience a ponerse el sol.
—Ningún reemplazo lo hará como el niño.
—Blight volverá en unas semanas —Digo antes de poder detenerme.
Todos los hombres me miran un segundo, después simultáneamente encuentran cosas fascinantes que hacer o decir. Trago saliva en un intento de pasarme el nudo que se me ha formado en la garganta y ayudo a manejar a los caballos.
Regreso a casa cuando el sol está a punto de ponerse. Me pongo ropa limpia y me dirijo a la taberna no sin antes decirle a mi madre a dónde voy. Ella me sonríe y continúa con su bordado en la bufanda que parece terriblemente complicado. Su trabajo es muy apreciado en el Capitolio, es capaz de alimentarse por sí misma incluso si algo llegara a pasarme.
La taberna está igual de ruidosa que siempre. En lugar de saludos como de costumbre, recibo silencio y casi todos me ignoran mientras me dirijo a la mesa de Mack, hay un asiento libre entre él y su pequeña esposa Evelyn. Ordeno una cerveza y la camarera la azota frente a mí y se va a paso firme a la mesa de honor, desde donde los familiares de Blight reinan sobre la taberna. Siento un apretón en mi pierna y volteo a ver a Evelyn que me dedica una triste sonrisa. Mack me asiente con la cabeza a modo de saludo al igual que el Jefe Core. Vuelven a su conversación en cuanto se prende la televisión.
—¡Ya empieza!
El silencio se hace presente y todos los ojos se concentran en las pantallas. Los comentadores, Antonia y Antonius aparecen riéndose e intercambiando trivialidades con ése look de pesadilla del Capitolio. Detrás de ellos está el escenario masivo que ponen cada año en el centro de la ciudad, que brilla con lo que parecen millones de luces de todos colores. Miles de capitolenses observan expectantes desde las gradas, otros en balcones. Las pantallas muestran las calles aledañas también rebosantes de personas intentando acercarse lo más posible.
Entierro las uñas en la madera de la mesa para ocultar mi nerviosismo. Las entrevistas son muy importantes, son una ventana que tiene en Capitolio para conocer mejor a los tributos y decidir a quién apoyar. Pero siento que conozco a Blight, su reputación de antagonizar a quienes no le caen bien lo precede. ¿Cómo reaccionará ante miles de personas que claman por verlo entrar en la arena? Cierro los ojos y ruego a los dioses que Blight sea lo suficientemente visionario como para apelar al gusto de la gente. Él puede hacerlo. Yo sé que si.
Caesar Flickerman, el hombre que ha conducido las entrevistas por casi veinte años se eleva al escenario al sonido de un estridente aplauso. Está usando su traje azul marino de costumbre, que brilla bajo las luces. Su cabello y labios están pintados de plateado con toques de negro. Le sonríe a la multitud, levanta sus brazos como abrazando el barullo de la gente.
—¡Señoras y señores, bienvenidos a las entrevistas de los quincuagésimo segundos Juegos del Hambre! —Otro enorme aplauso se alza. Las cámaras hacen un paneo de los asistentes, alternando con los Vigilantes en su balcón, el Presidente y su corte en otro y los estilistas en la primera fila. Muestran también el espacio reservado para los Campeones. Brutus levanta su puño en el aire, Cora lanza besos a la cámara. Haymitch, el chico de dieciocho años a quien mi primo Cameron casi mata está echado en su asiento, botella en mano.
—Y ahora, la razón por la que todos estamos aquí. ¿Están listos para saludar a nuestros tributos? —Otro gran aplauso —¡Aquí los tienen: Alabaster; Link; Plautia; Quintus; Kira; Chip; Tara; Romani; Caraway; Cole; Reesa; Owen; Charlotte; Blight; Qin Li; Tune; Bobbi; Monaghan; Clare; Devon; Robin; Sower; Doralie y... Rie!
Uno por uno, los tributos entran al escuchar sus nombres. Hay gritos de aliento para los favoritos, y búes para aquellos que obtuvieron bajas calificaciones. Charlie entra, vestida de negro con acentos plateados. Las alas transparentes que lució en el desfile han vuelto, recibe una ovación y ella responde pasándose el cabello hacia atrás y sonriendo con mucho batir de pestañas. Y después sale Blight y el público se vuelve loco. Su estilista sigue con el tema del elfo y una vez más ha logrado que se oiga atractivo en lugar de ridículo. Blight luce unas orejas puntiagudos y símbolos en el cuerpo una vez más, pero en lugar de los pantalones pegados con diseños de hojas, lleva unos normales con grandes botas negras de piel y una chaqueta sin mangas. Plateados brazaletes en forma de serpiente se alcanzan a ver en sus antebrazos y lleva otra enroscada en la cabeza, casi como una corona. El público grita su nombre. Blight sonríe y toma asiento. Un cierto orgullo me invade. Sabe lo que hace, mi pequeño elfo.
Las entrevistas comienzan rápidamente. Cada una dura tres minutos, con ocasionales pausas para que Caesar Flickerman tome agua y le compongan en maquillaje, momentos en los que Antonia y Antonius hablan sin parar sobre lo que acaba de pasar. La mayoría de los tributos han trabajado un ángulo para ser memorables para la audiencia. Los demás sólo se sientan y tiemblan de miedo, como la niña de trece años del Tres que a penas puede poner dos palabras juntas. La chica del Uno nos da un comienzo predecible, siendo sexy y exuberante. Nunca es diferente con su distrito, porque la fórmula da frutos y al Capitolio parece gustarle. Su compañero, Link, es una de las personas más egocéntricas y arrogantes que he visto, lo que es decir mucho considerando que fui a la escuela que Connell y Tobin.
Las entrevistas se suceden con rapidez. Plautia es una favorita del público, convirtiendo todo lo que Caesar dice en una aguda broma sobre sus compañeros tributos, en especial su alianza. Quintus no dice mucho, se limita a sentarse y flexionar los músculos, cosa que supongo dice mucho más de él que cualquier cosa que salga de su boca. Tres y Cuatro pasan, después Cinco. La niña da un discurso desde el alma de cómo va a pelear con todo lo que tiene para volver a casa con su madre enferma que la necesita. Al final la audiencia llora un poco. Seis viene y se va y antes de que me dé cuenta es hora del Distrito Siete. La taberna queda en completo silencio mientras Charlie se aproxima a Caesar. Le hace una recatada reverencia y se sienta con una sonrisa radiante. Caesar se lleva una mano al corazón como si fuera a desmayarse, Charlie se ríe y pone una mano en su brazo. Sólo así el público ya está más que atento.
—Así que Charlie, es obvio que has tenido una gran semana. ¿Hay algo que haya destacado en tu mente este tiempo que has pasado en el Capitolio?
—Oh, demasiadas cosas Caesar —Bate las pestañas una vez más —, la gente en especial. Todo el mundo ha sido muy amable con nosotros, es un poco abrumador para una ordinaria chica del Siete como yo —. Consigue un aplauso enorme.
La entrevista de Charlie continúa por ése camino el resto del tiempo. Ella está excelente en su papel de niña humilde e impresionable por su experiencia, sonrojándose con destreza cuando Caesar menciona que muchos muchachos del Capitolio deben de amarla. Es igual de bella y más genuina que Alabaster. Su mentora supo exactamente qué perfil usar, se ha ganado al público fácilmente y se nota cuando la alerta suena indicando que se acabó su tiempo.
—Bueno Charlotte, es todo el tiempo que tenemos, pero estoy seguro que no estoy sólo cuando te deseo la mejor de las suertes en la arena —. Charlie le da un beso en la mejilla al levantarse, el público aplaude y Caesar se lleva una mano al pecho una vez más.
Regresa a su silla, pasando al lado de Blight. Es su turno ahora. No puedo quitarle los ojos de encima. Por favor Blight, pienso, aprende de Charlie, haz que te recuerden.
—Bueno, Blight Gavin, un placer tenerte con nosotros.
—El placer es todo mío Caesar.
—¿Te está gustando el Capitolio?
—El Capitolio es maravilloso Caesar —, los ojos de Blight sonríen con él y observan a todos los presentes —. Pero mi tiempo aquí no ha podido contestar mi pregunta más profunda. ¿Qué hacen con toda la madera?
—¿La madera? —Caesar parece confundido.
—La madera, del Distrito Siete. ¿A dónde va? Talamos docenas de árboles cada día pero los edificios aquí son todos rocas y metales.
—Se convierte en mobiliario y papel por supuesto —Caesar y la audiencia ríen —Mi departamento está recubierto con paneles del mejor nogal oscuro de tu Distrito.
—Oh —Blight parece decepcionado —Siempre pensé que se la comían.
La audiencia suelta una larga carcajada y Blight les otorga una sonrisa a modo de disculpa. Mis dedos, aferrados al tarro comienzan a aligerar el agarre. Blight sabe lo que hace. No ha perdido la rápida lengua ni el sarcástico sentido del humor, sólo lo ha volteado sobre sí mismo. Y al Capitolio le encanta.
—Ahora Blight, mereces una felicitación. Has tenido la más alta puntuación en el entrenamiento, empatando con Link ahí atrás. —La cámara muestra al tributo del Uno, que cruza los brazos y frunce el ceño. —¿Crees que esto influirá en lo que veremos de ti en la arena?
—¡Claro Caesar! Sin embargo creo que mis habilidades sólo pueden ser mostradas en su totalidad si la arena es un amplio espacio vacío lleno de muñecos de práctica. Ya he puesto una petición formal ante los Vigilantes para que la arena sea renovada de acuerdo a mis instrucciones.
Caesar se carcajea un poco y en la multitud se escucha una constante risa que no ha parado. Blight le guiña un ojo a los Vigilantes en su balcón, la cámara panea hacia ellos que se doblan de risa. Debe haber una broma interna ahí.
Mack se voltea hacia mí.
—Ese es nuestro chico —Murmura.
—El muchacho lo está haciendo bien —Asiente el Jefe Core en su voz suave y grave.
—Tu Distrito debe estar muy orgulloso de ti Blight. ¿Qué nos puedes decir de tus amigos y familia en casa?
—Mis amigos y familia todos pueden ser descritos como "muy especiales" unos más que otros —mira directo a la cámara —¿Verdad Connell?
Algunas risitas sofocadas se escuchan en la taberna, todos los ojos puestos en Connell que ha escupido su bebida y mira la pantalla con odio. Sonrío para mí mismo y me concentro en Blight, que parece extremadamente satisfecho consigo mismo.
—Háblanos de la Cosecha. Te ofreciste y a todos les encantó. ¿Cantaban tu apodo no? El que tu estilista ha ejecutado con tanta maestría. ¡Blight, el elfo!
Quiero enterrar la cara en las manos. Mack insulta por lo bajo. ¿Por qué tenían que hablar de aquello? El vergonzoso apodo que le dimos a Blight por tantos años. No importa lo que pase, el no puede... no puede decirles lo que significa en verdad o perderá todo el apoyo.
La sonrisa de Blight se ha desvanecido.
—Ellos... eh... de hecho Caesar, no me estaban apoyando. —Parece un poco fuera de su elemento.
Mi estómago se ha vuelto de hielo. ¿Qué estás haciendo Blight?
—¿De verdad? ¡Debe haber un error! Todos lo escuchamos ¿no es así amigos?
La audiencia vitorea, pero Blight no logra sonreír. Un visible sonrojo ha aparecido en sus mejillas.
—Elfo... no es un buen apodo para ponerle a alguien. Se burlaban... de mí. En los distritos, al menos en Siete significa algo diferente.
—Ya veo —La cara de Caesar muestra empatía —. ¿Puedes decirnos lo que significa?
No, no, no, no, no, no, no, no.
—Significa... —El sonrojo se ha acentuado aún más —Alguien que es, ya sabes, que tiene preferencias diferentes. Se refiere a un hombre que... prefiere hombres.
La audiencia se ha callado por fin y Caesar pone una mano en el hombro de Blight.
—Ya entiendo. Pero el Capitolio no es el Distrito Siete Blight Gavin. Y éste no es el momento para esconder quien eres en verdad. Así que dinos ¿eres un elfo?
No. Lo. Hagas.
Blight mira a Caesar a los ojos.
—Si Caesar, lo soy.
A penas se han oído unos cuantos murmullos y jadeos en la taberna cuando todo el Capitolio explota.
Y no paran. El indicador de tiempo suena pero las últimas palabras de Caesar no se escuchan por encima del rugido de la gente. La cámara panea a las miles de personas animando, gritando palabras de aliento y festejando en general. De pronto emergió un canto dispar: "¡Blight, Blight, Blight!" y "¡El-fo, El-fo, El-fo!". No parecen burlarse en lo absoluto, son cantos de admiración. Respeto. Reconocen el coraje y valentía que necesitó para no esconderse de la nación entera. Las pantallas en la Plaza Central del Capitolio muestran el nombre de Blight una y otra vez, con el clip de él montando el caballo del desfile.
Estoy tan orgulloso de él. Yo jamás tendría los huevos para hacer lo que acaba de hacer. Y para mi completa sorpresa, funcionó. Mi estómago parece haberse descongelado por completo, y ahora alberga carbones calientes. Me gusta el sentimiento. A penas noto las amargas palabras y comentarios insultantes que vienen de la mesa de la familia de Blight, no podría importarme menos. Él les ganó a todos.
Caesar indica que es tiempo para una pausa, la multitud sigue enardecida. Habla en el micrófono, declarando que parece que Blight Gavin se ha ganado algunos patrocinadores fieles. La cámara muestra a Blight que sonríe como si no creyera lo que estaba pasando, Charlie se rie a su lado. Muestran la línea de tributos, extrañamente, el del Distrito Diez le enseña los pulgares en señal de aliento. Link lo mira con odio, me recuerda vagamente a Abel.
Caesar finalmente logra que manden a comerciales y Antonia y Antonius comienzan a comentar con rapidez las entrevistas que precedieron a Blight. Antonia parece muy consternada, sus palabras se arrastran y continuamente se frota los ojos. Antonius finalmente le pregunta qué le pasa.
—Es sólo que Blight Gavin, es tan... ¡tan guapo! Y listo y valiente y... y... ¡ahora no está disponible!
Entierra la cabeza en las manos y comienza a sollozar.
—¡No para mi! —Dice Antonius.
—Golpealo Antonia —Le susurro a mi cerveza. Muy satisfecho cuando lo hace.
Mack me mira, luego a Core, a mí de nuevo. Y suelta:
—¿Blight se acaba de convertir en un icono Gay?
Es la primera vez que me río con ganas desde la Cosecha, y no paro en un buen rato.
Bueno mis bebés de luz. He aquí otro capítulo, gracias por su apoyo para mí el autor Oisin55. Recuerden que pueden encontrar ésta historia originalmente escrita en inglés en mis favoritos o por su título The Lumberjack and the Tree-elf en fanfiction.
Un abrazo y un beso.
H
