Jason:
—Despierta chico —Me remuevo en la cama e intento alejar el sueño de mis ojos con mis manos. Es demasiado temprano para levantarse, el sol ni siquiera se asoma en el horizonte. Mi confusión ante la hora es rápidamente opacada por el hecho de que Mack está dentro de mi casa, parado frente a mi.
—¿Mack? ¿Qué demonios..?
—Vístete rápido Jason, te espero afuera.
Desaparece de mi vista y para el momento en el que me he sentado y la claridad ha vuelto a mi mente somnolienta ya se ha ido. Me pongo pantalones, una camisa cualquiera y calzo mis botas en tiempo récord. Me cuido de no despertar a mi madre al salir de la casa intentando no hacer ruido. Mack está afuera, esperándome, comienzo a querer decir algo pero niega con la cabeza y me indica que lo siga.
Caminamos por el pueblo que está tan muerto como una tumba a esta hora. En unos minutos el sol se alzará y los leñadores comenzarán a marchar hacia los campamentos y las fábricas, pero ahora no hay nadie más que un par de agentes de paz. Nos miran cuando pasamos y nos ignoran, asumo que piensan que nos dirigimos a trabajar temprano. O tal vez saben que Mack y el Jefe son amigos y les ha dicho que lo dejen en paz. De cualquier modo no nos molestan hasta llegar a nuestro destino.
Para mi sorpresa, me doy cuenta que estamos en la casa del alcalde. La conozco de vista pero jamás he entrado. Es muy temprano para visitas, pero en lugar de tocar a la puerta principal, Mack nos lleva a un costado de la casa donde hay una pequeña puerta de madera. Mack toca en ésta puerta tres veces, espera un momento y toca dos más. Una mirilla se abre y una voz baja y femenina habla.
—Los días son oscuros.
—He traído una linterna —responde Mack.
Esto no tiene ningún sentido para mi, pero debe haber sido la respuesta correcta porque la puerta se abre y una ola de reconocimiento me invade, pero no es Charlie la que está parada frente a mi, es su hermana mayor. Nos urge a entrar y la seguimos por una escalera de concreto hacia la mazmorra. Para mi sorpresa es un lugar acogedor con una chimenea y lámparas de aceite en las mesitas. Una gran mesa de cedro está en el centro y viejas sillas que no hacen juego completan el cuadro. La única persona ahí es el alcalde Lourdes, el padre de Charlie. Hago una corta reverencia con mi cabeza en señal de respeto a nuestro legendario alcalde, intentando esconder la impresión en mis ojos.
la última vez que vi al alcalde fue en la Cosecha dos semanas antes, y ahora se veía como si hubiera envejecido dos décadas. Su cabello está algo largo y maltratado, su traje cuelga de sus hombros encorvados. Pero sus ojos son lo que verdaderamente da miedo. Están muertos y sin esperanza. me invade una cierta simpatía mientras pienso en éste hombre y en todo lo que ha perdido a manos del Capitolio.
Un tazón de fruta está en la mesa, así como una bandeja de postres. Es pan real de la panadería, no el simple pan que hacemos de las raciones de grano de la tesela. Es todo lo que mi madre y yo podemos permitirnos. Se me hace agua la boca e intento apartar la vista de la canasta, sin querer parecer maleducado. El alcalde me ha visto y una chispa de vida parece bailar en su ojos al sonreírme.
—Carla, por favor ve a la cocina y trae más roles glaseados —Su hija asiente y sale del cuarto—. Jason siéntate por favor, y come todo lo que quieras. Eres un joven muchacho y necesitas alimentarte bien. No cabe duda que ha sido una semana muy.. dura para ti también.
—Gracias señor —digo tomando un panqué y sentándome junto a Mack—. Pero estoy muy confundido. ¿Qué estoy haciendo aquí...?
—Te explicaremos pronto —dice el alcalde. Mack pone una mano en mi hombro, tranqulizándome, y no hago más preguntas. Escucho la puerta abrirse y cerrarse sobre nosotros un par de veces mientras desayuno y pronto me veo rodeado de Reuben, Greta, un cazador que conozco llamado Moran y un par de personas del pueblo que he visto pero no sé sus nombres. No es hasta que el Jefe de los Agentes de Paz, Core, llega y se sienta a mi lado que me doy cuenta que el grupo está lleno de amigos de Mack, la gente con la que he estado viendo los Juegos. Pero no tengo idea para qué me sacaron de mi casa a esta hora hasta que Carla vuelve con una segunda canasta de pan y una jarra de jugo de naranja.
—He traído a Jason porque es tiempo de que lo sepa. Es tiempo de que se entere de lo que está en juego.
—¿Crees que es lo mejor? —pregunta Reuben—. El chico puede ser... amigo, de Blight pero cada nuevo miembro que traes es un riesgo de seguridad, y este muchacho ha probado tener un temperamento hostil que no siempre puede controlar.
—Es joven. Nosotros lo fuimos alguna vez Reuben.
—Además podría sernos útil —dice Greta. Me dedica un guiño—. Cuando llegue el momento de la acción y no de las palabras, puede sernos muy útil.
Un cosquilleo me recorre la espalda y las palabras salen de mi boca antes de poder pararlas. —¿Están hablando de rebelión no es cierto? Todos ustedes, están peleando contra el Capitolio.
—Por ahora no somos más que un grupo de ancianos hablando cada semana con un par de tazas de té —interviene Greta—. Es tu generación la que se rebelará. Quizás la que le sigue a la tuya si mal nos va. Pero tenemos que empezar por algo ¿no crees?
—Pero.. pero soy sólo un leñador —digo abrumado, recargándome en mi silla—. No soy especial. ¿Qué es lo que necesitan de mi?
—Ya te he comentado de la evacuación que llevaremos a cabo cuando Blight muera, antes de que el Capitolio se entere de esa maldita apuesta. Esos planes son sólidos. Podemos sacar de aquí a toda la gente que amamos antes de que lleguen y nos castiguen por lucrar con los Juegos del Hambre. Pero recientemente nos hemos dado cuenta de que hay una segunda posibilidad, aunque parezca ridícula. Ha pasado una semana desde que iniciaron los Juegos y él aún no ha muerto.
—Blight podría ganar —dice Core.
—Y si lo hace, será un Vencedor, con gran influencia en el Capitolio y en el distrito. Eamon está en el bolsillo del Capitolio, a Vera ya no le importa y Jules es demasiado viejo para ayudar de la forma en que necesitamos que lo haga. Si Blight se convierte en un Vencedor, necesitamos que apoye nuestra causa —dice el alcalde.
—¿Creen que no lo hará? —pregunto.
—El Distrito lo vendió a los Juegos del Hambre —gruñe Mack—. Dudo que le importe un pepino si nos bombardean siempre y cuando él no esté aquí. A menos que alguien lo convenza de pensar diferente. Alguien cercano, alguien que le importe. Y eso elimina a todo el Distrito, excepto a ti, Jason.
—¿Quieren que lo manipule para que los ayude?
—Queremos que lo suavices ante la posibilidad. No tienes que mencionarnos siquiera, de hecho, sería mejor que no lo hicieras en caso de que quisiera vengarse de alguna forma. Sólo suaviza su corazón, de cualquier forma que puedas.
No hablo por un largo tiempo mientras el grupo me mira con intensidad. —Tiene que ganar primero —digo—. No puedo darles una respuesta ahora. Esperemos a que vuelva a casa.
—Bueno, eso es mejor que un no —dice el alcalde Lourdes—. Hablando de eso, ¿cuál es la situación en el Capitolio Core? ¿Qué está tramando Eamon?
—Está bajo mucha presión. Las donaciones de los patrocinadores se están acumulando pero a penas si le ha dado algo a Blight. No es que eso lo haya detenido claro —comenta sonriendo y recuerdo los gritos enojados que recorrieron la taberva cuando Blight convirtió su botella de licor en una bomba. Mack estaba tan ocupado sonriendo que no me regañó por pararme en mi silla y hacerle gestos obscenos a Burgen y Abel.
Mi mente aún intenta aceptar todo lo que he descubierto hoy y lo que me han pedido hacer mientras el consejo rebelde habla de nombres que no conozco y gente de la que nunca he escuchado. No es hasta que Moran le pregunta a Reuben sobre cómo enviar un mensaje al Capitolio que vuelvo a escuchar la conversación. Reuben dice que será difícil desde que usaron muchos favores para hacerle llegar la moneda de madera a Blight. Me vuelvo hacia Mack.
—¿Cómo hiciste eso, por cierto? No has querido decirme.
—Te lo quité aquél día en la taberna después de que te desmayaste. Se lo di a Core, Core se lo dio a un Avox que iba en un tren para el Capitolio. El Avox se lo dio a una concubina en la mansión del presidente, y ella se lo dio a Blight.
—Un desperdicio de energía y recursos —murmura Reuben.
—Era necesario —masculla Greta—. El chico necesitaba esperanza para sobrevivir, una razón para volver a casa. Y si lo hace, miles de vidas se salvarán. ¿Le llamas a eso un desperdicio? —Reuben no contesta.
El resto de la reunión es más charla sin sentido para mi y a penas me doy cuenta cuando salimos de la mazmorra. Vuelvo a casa, tomo mis herramientas y voy al campamento de leñadores. Estoy distraído todo el día y no digo una sola palabra. Estoy pensando en rebeliones, amuletos, avoxes, reuniones secretas y en Blight intentando por todos los medios sobrevivir en la arena y, contra todo pronóstico, lograndolo.
Esa noche estoy de vuelta donde he estado toda la semana. Es una mesa en la taberna con Lees, Mack, Evelyn, Greta, Core, Reuben y el resto. Sólo el alcalde no se nos une, al estar sin duda viendo todo en la privacidad de su casa, con sus hijas. Blight ha estado en la arena por una semana. Es el tercer día desde que usó el alcohol para escapar de las rastrevíspulas, un acto que ha subido su popularidad en el Capitolio.
No ha habido muertes en dos días. El mismo día del escape de Blight, los chicos del 9, 10 y 11 intentaron robar el campamento de los Profesionales en la Cornucopia. El chico el 10, Devon, obviamente no estaba muy a gusto con aliarse con los otros dos, pero aceptó que la comida era prioridad y que los tres tenían un mejor chance juntos. Lograron infiltrarse en el campamento cuando los Profesionales iban a cazar y casi se salen con la suya, pero regresaron antes y los atraparon en el muelle.
Los del 9 y 11 fueron marados por Link y Plautia al instante, pero Devon logró defenderse con su enorme hacha por unos minutos. Sin embargo no tenía posibilidad alguna hasta que los Vigilantes decidieron intervenir. Cientos de pequeñas lagartijas salieron del lago y atacaron los víveres de la Cornucopia. Los Profesionales se vieron en la disyuntiva de terminar con Devon o salvar su alimento. Al final, Plautia corrió hacia la comida dándole a Devon la distracción necesaria para escapar con un pequeño paquete de comida, mientras los Profesionales no pudieron apartar las lagartijas antes de perder casi todo.
Eso había sido hace tres días. La acción entre Blight y aquello había apaciguado a la audiencia, pero parecía que las vacaciones habían terminado. Los Juegos se transmiten en el Capitolio las 24 horas, mientras que como los Distritos deben trabajar, sólo vemos recapitulaciones en la vista mandatoria. Usualmente dura unas pocas horas y la taberna está llena cada noche. Las pantallas se encienden y el silencio llena la sala.
Empezamos viendo a los Profesionales recogiendo sus pertenencias y los pocos víveres que les quedan. Los seis siguen trabajando en grupo aunque la tensión es palpable. El grupo parece culpar a Plautia de la pérdida de Devon y la comida. Link golpea un par de latas con enojo antes de gritarle.
—¡Eres una estúpida! Lo teníamos, pero le diste una salida. Tenías que correr hacia la comida.
—Si no lo hubiera hecho estaríamos comiendo pasto —dice Plautia que ha rescatado una caja de fruta y carne seca—. Pero por favor, continúa dando tumbos por ahí como cavernícola —Pone a propósito una cara tonta—. ¡Yo Link! ¡Tu escucharme, Link a cargo! ¡Yo querer todo con Alabaster! ¡Link grande, Link fuerte!
—¡Cállate! —grita Alabaster—. Cállate o cae aquí mismo.
Incluso a través de las pantallas podemos sentir cómo la temperatura baja considerablemente. Tara y Alabaster miran a Plautia con ansiedad y sed de sangre. Quintus continúa afilando su hacha, sin defender o hacer caso de su pareja de Distrito.
—No lo harás —sonríe Plautia—. No hasta que tengamos a los otros. Me necesitas. En especial desde que la mitad de los que quedan tienen buena puntuación. Los patrocinadores no querrán que rompamos la alianza tan pronto.
—Salgamos de aquí entonces y encontrémosles —sisea Tara—. ¿Quién queda?
—El Cowboy, el Elfo y las princesas —dice Romani. Los Profesionales recogen el campamento y se separan. Alabaster y Link tienen una conversación privada.
—¿Me dejas acabar con ella? Por favor —ruega Alabaster.
—Aún no —dice Link frunciendo el ceño—. Si la matas Romani y Quintus no nos tendrán confianza y si comenzamos a pelearnos entre nosotros perdemos la ventaja. Ella tiene razón, debemos mantener la alianza o seremos los primeros en caer.
—Pero cuando llegue el momento...
—Si llegas a ella primero, es tuya.
Los Profesionales viajan al parque y comienzan a peinarlo de lado a lado, intentando sacar un par de tributos de entre las ramas. Siento mi estómago encogerse, ya que el parque es donde Blight se ha estado escondiendo estos días. Rezo porque los oiga venir pronto y le de tiempo de esconderse.
Cuando ellos llegan a la vieja fuente, la cámara vira hacia donde está Blight en un árbol, cincuenta pies por encima de ellos, mirándoles. Acababa de volver a su guarida después de tomar agua, pero se ha logrado subir al árbol cuando los escuchó llegar. Su boca se contorsiona divertida al escuchar a Link decir que el elfo podría estar en cualquier lado de aquél lugar. Sin saber que estaba justo arriba.
Los Profesionales se fueron y Blight bajó del árbol silenciosamente. Tomó su bastón y se encaminó a su campamento para desmontarlo rápidamente y salir del bosque en dirección contraria a ellos silenciosamente. Llega a su segundo escondite en el edificio sin techo y consigue dormirse.
La televisión muestra que Devon está cerca de él pero el gran chico de dieciocho está mucho peor que él. Después de su encuentro con los Profesionales huyó a la Ciudad de los Gigantes por el oeste, poniendo el mayor espacio posible entre ellos. Desafotunadamente esto también lo alejó de la única fuente de agua. Tenía su hacha, la soga y su paquete de comida, pero nada más. Pasó días caminando de regreso al lago aumentando su deshidratación y delirio.
Justo cuando parece que va a colapsar una fuente se prende de pronto y el agua cae a unos metros de él. Devon corre hacia ella con la incredulidad en su cara y mete las manos en el chorro y las aparta con un grito de dolor. En su delirio no se dio cuenta de lo que era obvio para todos en la pantalla, el agua estaba hirviendo. El pobre Devon tiene que conformarse con alejarse hasta donde el agua corriente se enfríe y pueda tomarla del suelo sucio.
Lo lamento mucho por Devon, pero parte de mí desearía que los Vigilantes no hubieran intervenido. Sería mejor para Blight que Devon muriera hoy. No creo que nadie quiera que la final sea entre ellos dos. Bueno, nadie excepto quizás el Capitolio que siempre se divierte con ganas ante los aliados volteandose unos contra otros.
Finalmente muestran a Charlie, Qin Li y Bobbi, quienes han tenido menos problemas que todos los demás tributos. Las chicas acampan cerca del lago, a unos metros al norte de la Cornucopia, en la orilla de la arena. A penas hay algo que las proteja pero han camuflado muy bien su campamento detrás de una pequeña hondonada. También se han asegurado de mostrar sus atributos y los paracaídas no han dejado de caer. Sin embargo el precio de los regalos es cada vez más caro y éstos se han vuelto menos frecuentes. Aparentemente hay mucha especulación en el Capitolio sobre cómo se va a romper la alianza de las chicas.
Charlie y Qin Li duermen mientras Bobbi hace guardia. La pelirroja chica de dieciocho circula el campamento lentamente, sin ver nada más que el yermo a su al rededor. Las chicas se enfrentaron a ratas mutantes unas noches atrás pero se defendieron con ramas encendidas. QIn Li y Bobbi fueron mordidas pero Charlie se las arregló para mantenerse en una pieza e incluso matar una de las ratas. Es una chica dura.
De pronto Bobbi mira hacia arriba. Un paracaídas plateado va cayendo y aterriza justo en sus manos. Sólo tiene un pequeño frasco de líquido verde. Lo mira curiosa, antes de abrirlo y olerlo. Sus ojos se iluminan justo cuando Qin Li se sienta frente a ella.
—¿Bobbi? —pregunta—. ¿Qué está pasando? ¿Es mi turno de montar guardia? —Entonces ve el paracaídas—. ¿Qué mandaron? ¿Comida, medicina?
Bobbi mantiene el frasco en su mano. —No es nada cariño, sólo un poco de analgésico para que podamos dormir mejor. Tenemos comida suficiente y creo que nuestros mentores esperan enviarnos algo cuando realmente lo necesitemos.
Qin Li asiente con la cabeza. A los dieciséis es la más pequeña de las tres.
—Tengo hambre Bobbi.
—Ya lo sé cariño. Pero tenemos que racionar para que la comida dure.
—¿Cuándo se va a acabar? Quiero ir a casa —susurra Qin Li sonándose la nariz.
Bobbi la consuela y Charlie, que al parecer estuvo despierta todo este tiempo, la abraza por un tiempo, entonces Bobbi y ella acuerdan que pueden hacer un poco de sopa. Charlie comienza a trenzar el cabello de Qin Li mientras Bobbi prepara la sopa en la fogata. La prueba para asegurarse que está caliente y sirve un poco en una de las latas que les han mandado para comer. Curiosamente entonces saca el líquido que le enviaron y lo vierte en el resto de la sopa y sirve otras dos latas.
La taberna queda en silencio al darnos cuenta de lo que Bobbi está haciendo.
—Oh Charlie —gruñe Mack—. No así, no así.
Charlie se levanta y toma su lata, pero mira la de Bobbi y frunce el ceño.
—Bobbi —dice—. Tu también tienes que comer, a penas si te has servido —Bobbi sonríe y niega con la cabeza.
—No tengo tanta hambre. Ustedes necesitan mantener las fuerzas, comienzan a mostrar las costillas. Coman, yo estaré bien —le pasa su lata a Qin Li con palabras amables y cuando se voltea Charlie le sirve un poco de su sopa.
Bobbi toma su lata, hace una broma sobre sus habilidades culinarias y las chicas ríen. Bobbi toma un poco.
—Entonces, mañana yo creo que... —para de hablar y se toca el estómago con los ojos abiertos—. Yo no, no me siento bien —la lata cae de sus manos temblorosas. Su cara se ha puesto azul, está gritando—. ¡No, no! ¡No era para mí!
Charlie y Qin Li están mirando a Bobbi estupefactas, sin poder creerlo, mientas ella se dobla de dolor al rededor del campamento como si estuviera ebria. Bobbi mira a Charlie.
—¿Qué hiciste? ¡¿Qué fue lo que hiciste?! —pero no salen más palabras de su boca, cae al suelo y se convulsiona unos segundos. Entonces deja de moverse y el cañón suena.
Charlie y Qin Li están paralizadas. Así como la taberna. Así como Panem. Todos mirando el cuerpo de la pelirroja que murió por la gentileza de Charlie. Traicionada por un acto silente de generosidad.
—Tu... tu la has matado —dice Qin Li. Charlie da un paso hacia atrás.
—¡No, Qin Li no! ¿Cómo pude haber sido yo? ¡Ella hizo la sopa!
—La envenenaste. ¡La mataste! ¡Como querías matarme a mi!
—¡Qin Li no! ¡Somos aliadas!
—¡Tú la mataste! ¡Y yo te mataré a ti! —de su bolsillo Qin Li saca un pequeño cuchillo. Debió haberlo agarrado en la Cornucopia porque no vino en ninguno de los paracaídas. Charlie mira el cuchillo en la mano de Qin Li, da un grito y corre por su vida.
Es una carrera entre presa y cazador y Qin Li es más rápida. Charlie no ha corrido ni veinte yardas cuando la otra chica se lanza sobre ella. Los gritos de ambas se mezclan mientras ellas ruedan en el suelo. Charlie intenta mantener la muñeca de Qin Li que sostiene el cuchillo alejada de ella pero a Qin Li la ha poseído el miedo y le ha otorgado una enorme fuerza. Charlie usa todas sus fuerzas para quedar sobre Qin Li, pero pronto cambian posiciones otra vez. Ambas sostienen el cuchillo y los gritos dejan de sonar. El cañón retumba en la arena.
Qin Li se levanta lentamente, se mueve y entonces se vuelve hacia la cámara y Charlie queda en el piso, con la hoja ensangrentada en las manos. Está cubierta en la sangre de Qin Li. Mira los cuerpos de las dos chicas que habían sido sus amigas en la arena y comienza a gritar. Grita y no para de hacerlo. Empieza a correr sin rumbo, sin dirección, dejando el campamento atrás al internarse en el yermo.
Nunca deja de gritar y finalmente termina refugiándose bajo un arbusto, llorando histérica y jalándose el cabello y frotándose la cara. Sus ojos miran a un lado y al otro rápidamente, como los de un animal acorralado y se niega a dormir. La cámara se centra en ella bajo el arbusto y después panea hacia arriba para mostrar el punto de la vasta arena donde se encuentra.
El programa termina y Antonia y Antonius comienzan a comentar los eventos del día con muchas frases animadas. Sólo quedan nueve. Los Profesionales, Devon, Blight y Charlie.
La taberna sigue muy callada y todos escuchamos las palabras de Burgen.
—El elfo sigue vivo. ¿Cómo es que sigue vivo? ¿Por qué no se muere de una vez?
Miro mi tarro de cerveza, intentando tragarme el enojo. —¿Por qué lo odian tanto?
—Esto nunca fue por Blight —dice Mack, sus ojos distantes. A pesar de que la mesa principal está teniendo una conversación privada, toda la taberna se inclina para escuchar inconscientemente.
—Esto es malo —dice Jonel—. Muy muy malo.
—Cállate —dice Abel—. Todo estará bien. Aún queda mucho camino por recorrer.
—¡Ellos vendrán! —grita Jonel—. Una muerte más y vendrán por las entrevistas de los ocho finalistas. ¿Dioses, qué les vamos a decir?
Tiene razón, lo había olvidado. Las entrevistas de los ocho finalistas las recuerdo bien porque fui entrevistado cuando mi primo Cameron llegó a los dieciséis primeros en el Vasallaje.
Burgen levanta la mano pidiendo silencio, aunque nadie estaba hablando.
—Bien, esto es lo que haremos —le anuncia a la multitud—. Les diremos a los reporteros que Blight se ofreció el mismo, que le rogamos que no fuera. Que es un chico estúpido que quería fama y gloria. Y entonces... entonces les decimos que Blight le teme al agua. Que le teme a ahogarse. Solía decirme eso cuando era pequeño, que nada lo asustaba más que ahogarse. Con suerte el Capitolio encontrará la forma de aventarlo al lago y conseguir un buen espectáculo. Es lo que quieren después de todo.
La multitud asiente, algunos a gritos. La sangre me palpita en las orejas. Me levanto de pronto, caminando hacia Burgen.
—No te preocupes Pa —dice Abel—. Eamon encontrará una manera de matarlo, así sea lo último que haga.
—¡Yo te mataré! —Las palabras desgarran mi garganta, pero sé que las digo en serio. Jamás he odiado a nadie en mi vida como a los hombres frente a mí—. ¡Te mataré! —cargo contra él y Abel se lanza hacia mi pero antes de que podamos alcanzarnos Mack me detiene y Connell retiene a Abel.
Burgen me mira con disgusto. —¿Eres el chico que quiere con el mío? —pregunta con una sonrisa ladeada—. Bueno, pues nunca tendrás la oportunidad. Aunque podrías habértelo quedado, como si me importara. El sucio y estúpido elfo, igual de sucio que su zorra madre.
El agarre de Mack se debilita considerablemente cuando se adelanta. —Es suficiente Burgen.
—¿Y quién va a detenerme Mack? —Burgen se acerca a una distancia ofensiva a la cara de Mack—. ¿Tú? —Los hombres se miran, ignorando el hecho de que toda la taberna hierve. Dos agentes caminan hacia nosotros pero Core los despacha—. ¿A ti qué más te da lo que diga de nadie? ¿En especial de la puta del agente de paz?
La mano de Mack intenta agarrar el cuello de la camisa de Burgen pero él se hace para atrás y él no puede seguirlo porque me está deteniendo a mí, pero su voz arrastra toda su ira. —¡No te atrevas a hablar así de Lila! —ruge. Incluso yo salto.
—¡Diré lo que quiera de esa zorra! —grita Burgen—. ¡Diré lo que quiera de ella y de su bastardo! ¡Nos dejó por un traidor! ¡Escapó con un maldito agente y todos...!
—¡Tu esposa no huyó con un agente! —Si la taberna estaba en silencio antes, no era nada comparado con ahora. Todos contenían la respiración mientras Mack miraba a los ojos a Burgen—. Lila no huyó con un agente de paz Burgen.
Hay una pausa antes de que Burgen gruña. —Eso es mentira Mack, tu me dijiste que...
—Mentí, Burgen. Pero es tiempo de que sepas la verdad —Mack habla gentilmente, como a un niño, pero Burgen aún así salta ante la palabra verdad—. El agente Marrow la deseaba. Igual que la mitad del distrito. Eras el hombre más afortunado Burgen.
»Marrow la persiguió, intentó convencerla de dormir con él. Le prometió dinero, joyas, regalos del Capitolio pero ella rechazó todo. Frustrado y humillado tomó un enfoque diferente.
»Marrow le dijo a Lila que si no aceptaba se aseguraría de quitarle todo. Que jamás vería a Abel, Jonel o Blight nunca más y que su esposo no le llevaría flores nunca más. —Burgen está blanco como la cera. Abel se ha deshecho del agarre de Connell y mira a Mack con incredulidad. Jonel llora en silencio y a pesar de mi mismo pongo una mano en su hombro mientras se sacude con dolor dándose cuenta que ha traicionado a su hermano por una mentira.
—Lila habría hecho lo que sea por ti Burgen, te amaba más que a su propia vida, a ti y a sus hijos, estaba dispuesta a darlo todo por ustedes y lo hizo. Dejó que tomaran su dignidad y que rompieran su espíritu para salvar a su familia. Pero una vez que Marrow hubo terminado con ella no pudo mirarla más. Así que esa noche la vendió al servicio de Avoxes.
Burgen cae arrodillado al suelo. —No —gime—. ¿Por qué no me dijiste?
—Lila vino aquella noche, antes de ir con Marrow y me hizo prometer que si algo le pasaba te diría que escapó con él. Tenía miedo de que hicieras algo estúpido y apresurado que dejara a tus hijos huérfanos. Y yo no podía negarle su último deseo a mi mejor amiga. Juré que vería por ustedes de la mejor manera.
Burgen mira a Mack con los ojos rojos de llanto. —¿Lila es un Avox? ¿Esclava de algún capitolino?
—Peor. Es una de las concubinas de Snow.
El rugido de dolor e ira de Burgen es terrible y a pesar de todo lo que ha pasado siento pena por él. Todo circula de alguna u otra forma de vuelta al Capitolio. Ellos son los que se han encargado de arruinar todas aquellas vidas. Haré todo lo posible para acabar con ellos, incluso si mi vida depende de ello.
—He vigilado a tus hijos lo mejor que he podido. Incluso a Blight. En especial a Blight porque se parecía tanto a Lila y lo hiciste el objeto de tu odio. Lo protegí lo mejor que pude de lo peor de ti, pero no había mucho que pudiera hacer. Me dije a mí mismo que al menos estaba vivo y sano incluso si no podía impedir que su familia hiciera de su vida una miseria sin romper la promesa que le hice a Lila. Pero fallé, fallé de todas las maneras posibles ¿y sabes por qué? —Mira a su al rededor y en sus ojos hay algo terrible—. ¡Porque lo VENDIERON a los JUEGOS DEL HAMBRE! —se vuelve hacia Burgen—. Lila dio su vida para que Blight pudiera tener una y tu se lo diste a las personas que la apartaron de ti. Eres, sin duda alguna el más idiota y horrendo animal que he conocido jamás y nunca, nunca te mereciste a Lila.
Creo que Core se da cuenta de que las palabras de Mack comienzan a sonar mucho a sedición porque pone una mano en su hombro, niega con la cabeza y le indica a los agentes que se lleven a Burgen fuera de la taberna. Él no protesta, simplemente baja la cabeza y camina entre ellos en silencio. Abel y Jonel le siguen. Abel está apretando los puños, sus ojos peligrosamente hostiles. Jonel parece devastado.
La taberna intenta resumir la conversación de forma normal, pero toda palabra susurrada es sobre la escena que acaba de suceder. Un sentimiento colectivo de vergüenza cuelga sobre todos. Mack regresa a la mesa, abrazando a Evelyn. nadie me mira y de pronto una energía me invade. Estoy impresionado de lo que Mack hizo, lo que estuvo haciendo todos estos años para proteger al hombre que más despreciaba. Quiero hacer algo igual de valiente, justo como él, por Blight. Y de pronto sé exactamente qué.
Vuelvo a casa y entro a mi cuarto. Revuelvo bajo la cama por un momento y me encuentro con el frasco en el que he estado guardando todos los sesterces que podía ahorrar por los últimos cuatro años. No recuerdo en éste momento para qué lo quería, seguramente algo estúpido y trivial. Pero le he encontrado un mejor uso.
Estoy de vuelta en la taberna en tiempo récord. Mack me mira y me pide que me siente pero le ignoro. En lugar de eso, aparto a unas cuantas personas de mi camino hasta llegar a la barra y pongo el frasco ahí antes de subirme a ella. El barman me exige que baje de inmediato pero le digo que se calle con un par de cuidadosamente elegidas palabras altisonantes del Distrito y me deja en paz.
—¡Escuchen todos! —La multitud guarda silencio y me doy cuenta que todos los ojos están posados en mí. Demasiado tarde para el pánico escénico Jason—. Blight está en los Juegos del Hambre. No podemos hacer nada para cambiar eso, cada uno de nosotros formamos parte del plan para mandarlo ahí, no importa qué tan pequeña. Todos somos responsables por su vida, y por traerlo de vuelta a casa.
»Eamon no le manda a Blight nada útil porque cree que el distrito está de su lado. No tiene que preocuparse de nuestra opinión. Bueno, tenemos que decirle que se equivoca, tiene que saber que estamos con Blight ahora. Enviaremos una donación para ayudarlo y lo haremos para que Eamon se entere de que está solo. Tendrá que ayudar a Blight entonces. Y el único modo en el que podemos hacer eso es si todos ayudan —levanto el frasco y lo agito para que suenen las monedas dentro—. Saben a lo que me refiero. Todos estaban dispuestos a dejar morir a un chico inocente para tener unas cuantas monedas. Ésta es su oportunidad de redimirse. El que quiera tomarla, el frasco los espera.
Dejo el frasco en la barra y bajo. Siento el calor subir por mis mejillas. No soy de los que hacen grandes discursos, y no tengo idea de qué tan idiota he sonado, pero tenía que hacer algo. Lo que sea.
Aparentemente no fue suficiente, porque los segundos pasan y entonces los minutos. Estoy junto al frasco mientras toda la taberna bebe, intentando evitar mis ojos.
Hay movimiento en la parte de atrás y veo que Mack se acerca. Suspiro, intuyendo que viene a regañarme de nuevo por no poder mantener mi temperamento controlado. Pero sus ojos están llenos de orgullo, casi como mi padre solía mirarme. Se quita su anillo de compromiso, un sencillo aro de oro que probablemente cuesta el salario de todo un año y lo pone en el frasco. Greta está justo detrás de él, me guiña un ojo antes de poner varias monedas dentro. Reuben es el siguiente, con una mirada que parece de respeto creciente. Y después para mi sorpresa están Ercole y Connell que vacían sus bolsillos y se van de la taberna con las caras rojas.
Es como si un dique se hubiera roto. Todo el que se encuentre en la taberna hace fila para contribuir, algunos con poco, otros con un poco más. Incluso Jono, el corredor de apuestas. El jefe Core, Carla, la hermana de Charlie. Las meseras ponen sus propinas y el barman las ganancias del día. Para el final de la noche necesité otro frasco. Se lo llevo al jefe Core.
—Necesito llevar esto al palacio de Justicia para registrarlo y que lo lleven al Capitolio —asiente y le pide a un agente que me escolte. Al irme escucho que susurra:
—Bien hecho chico
Veo una vez más a la pantalla que muestra la recapitulación rápida de los eventos. Ahí está Blight, cansado y herido, pero aún peleando. Vivo.
Vendrás a casa hombre. Volverás incluso si tengo que ir a la arena y arrastrarte yo mismo.
