Advertencia: Éste capítulo contiene extrema violencia física y mental, si no quieres leer este tipo de contenido te recomiendo que te saltes esta parte. Un saludo de la traductora y el autor Oisin55.


Blight:

Por supuesto que escucho los cañones, todos en la arena los escuchamos. No sólo son informativos sino una forma de tortura psicológica; nos hacen saber que estamos un paso más cerca de ir a casa, que nuestras probabilidades han incrementado. Pero también nos recuerdan que la muerte acecha en cada rincón de éste lugar y que puede llegar en cualquier momento; además está la espera de horas para saber quién ha sido eliminado.

Dos cañones sonaron hoy separados por un par de minutos. Estoy de vuelta en mi campamento en el templo en ruinas y rezo por que fuesen Profesionales quienes murieron y por sobre todas las cosas que no hayan sido Devon y Charlie porque uno de ellos debe sobrevivir si no lo hago yo. Y si los Profesionales comienzan a pelearse entre ellos es mejor para todos porque sin su alianza sólo se tienen así mismos y entonces son como cualquier otro tributo; pobres niños que quieren ir a casa. Excepto claro por el instinto asesino y el entrenamiento superior y su severa falta de habilidad para la pelea verbal. Retiro lo dicho, los Profesionales no son como el resto de nosotros para nada, creo que el estar sólo comienza a afectarme.

El viaje de mi campamento en el parque a mi guarida en el templo me ha cansado. La distancia no es demasiada, quizá una milla o menos, pero requiere navegar sobre interminables montañas de escombros, volviéndose una tarea tan pesada como caminar deteniéndose a trepar cada árbol del camino. Es por el cansancio que casi me pierdo el himno de Panem a pesar de que resuena por toda la arena.

Me despierto justo a tiempo para ver la cara de Qin Li. ¡Qin Li! ¿Me he perdido a Charlie? ¿Está…? Pero no porque al desaparecer Qin Li en el cielo, es reemplazada por Bobbi. Me siento e intento quitarme el sueño con las manos, pensando.

Qin Li y Bobbi, muertas. Y dudo mucho que hayan sido los Profesionales porque los he visto peinando el bosque esta tarde y me habría dado cuenta si las chicas estuvieran en el lugar, además dudo mucho que se encontraran en la Ciudad de los Gigantes. El laberinto de metal y piedra es demasiado peligroso para ellas y los momentos en que me he parado a pensar en ellas siempre pensé que estarían acampando tan lejos de la Cornucopia como fuera posible, en el yermo. No hay forma de que los Profesionales llegasen a ellas en una hora desde que los vi hasta que sonaron los cañones, así que para que murieran tuvo que haber sido una trampa de los Vigilantes o Charlie.

Como sea ella está viva. ¿Quién hubiera pensado que tuviera aquello dentro? Casi ha llegado a los ocho primeros.

El distrito 7 nunca había tenido dos tributos en los ocho finalistas y ahora hay nueve de nosotros. Seis Profesionales, Devon, Charlie y yo. No puedo evitar pensar que las cosas se pondrán color de hormiga pronto. Los Profesionales deben estarse cocinando a fuego lento ahora que hay tan pocos objetivos y el Capitolio debe estar igual de ansioso por verlos atacarse entre sí por lo que los Vigilantes querrán atar cabos sueltos pronto; es decir Charlie, Devon y yo, lo que quiere decir que manipularán los eventos para que nos enfrentemos.

Con estos felices pensamientos me duermo de nuevo aunque no descanso mucho. El cuerpo desmembrado de Chip me sigue por la Avenida de las Tentaciones, rogando por comida. Huyo y le digo que no tengo nada, que ya no tengo más y su cuerpo explota en una nube de rastrevíspulas.

Corro por mi vida pero el concreto se vuelve fango bajo mis pies y pronto me encuentro chapoteando y buscando terreno firme, entonces Jason está frente a mí, me da la mano y me adelanto a tomarla pero al mirar sus ojos descubro que no es Jason, sino Link que lanza su espada contra mi cuello…

Me despierto de un salto. El sol comienza a filtrarse por las ventanas rotas del templo de Starbucks indicando el inicio del octavo día en la arena y yo ya estoy sudando como puerco. Rápidamente empaco el campamento y recuento mis suministros. Creo que estoy en buena forma exceptuando la comida; mi desayuno se compone del último pedazo de carne y fruta seca que he cargado por más de una semana. La comida es la primera orden del día.

Sé que podré recoger unas bayas en el parque y quizás pueda atrapar un conejo o una de esas codornices que he visto pero todo eso está demasiado cerca del campamento de los Profesionales así que me conformo con buscar raíces comestibles en las montañas de escombro a la orilla de la ciudad y el yermo. Es campo abierto pero no he visto otro tributo aparte de mí en esta área, así que es mi mejor opción por el momento.

El pasto ha crecido lo suficiente para tener un poco de cobertura y para sentirme cómodo desenterrando raíces y removiendo hojas de diente de león. No es un festín del Capitolio ni mucho menos y sin duda es la comida más escasa que he probado en la arena pero mis años de vagar por el bosque en el distrito 7 están dando frutos. Puedo alimentarme y no necesito la ayuda de nadie; ni de mis compañeros tributos, ni de los Vigilantes ni de mi maldita excusa de mentor.

Los pensamientos oscuros que dirijo a Eamon son interrumpidos por un sonido de arrastre que viene del otro lado del pequeño cerro. Me congelo de inmediato, con el pecho en el suelo, mis instintos me dicen que estoy a punto de llevar a cabo mi primera muerte en la arena a menos que sean Devon o Charlie del otro lado pero creo que son los Profesionales.

No oigo voces humanas, así que se han separado y viajan solos o sospechan que estoy en el área y están tomando precauciones para no ser escuchados, lo que ha de ser un pequeño milagro considerando la bocaza de Plautia.

Lentamente y en silencio tomo un cuchillo de la abrazadera bajo mi chaqueta y aún en silencio subo la colina con mi palo en la otra mano. Intento no mover ni una piedra de su lugar al mirar por encima con cautela.

Suelto un suspiro incrédulo, atraído por la belleza que se pasea entre las colinas. A penas a unos metros de mí, seis caballos trotan a través del pequeño valle de abajo. Son demasiado pequeños para ser caballos de verdad; parecen más ponis de trabajo, de ésos que usamos en el distrito para llevar astillas y herramienta aunque estos no son nada duros, sino delicados, casi espirituales criaturas en tonos dorados y plateados; negros como la noche con pequeñas estrellas titilantes o un blanco tan puro que a penas puedo verlo; y se mueven con una gracia que jamás le he visto a ninguna otra criatura.

—Por todos los dioses y su gloria —susurro, totalmente cautivado—. ¿Qué son ustedes?

El momento en que las palabras dejan mi boca sé que he cometido el primer error verdadero desde que entré a la arena. Habiendo pasado más de una semana en total soledad me he acostumbrado a hablar conmigo en voz alta, aunque sea para escuchar una voz humana. Mis palabras son a penas más que un susurro pero los seis ponis se voltean al unísono a verme. Sus orejas no son como las de ningún otro equino, largas y puntiagudas como las de un murciélago y al momento en que hablé vibraron y giraron emocionadas.

Mientras me miran veo que estas mutaciones -porque no pueden ser otra cosa- tienen ojos que miran hacia delante, como los carnívoros, como los cazadores.

El poni más grande, un semental de piel dorada, patea el suelo con sus cascos y me enseña los dientes que son más largos que mis dedos. Simplemente este no será un buen día.

Sin dudar un momento me lanzo por donde vine, bajando la colina corriendo con todas mis fuerzas hacia la Ciudad de Gigantes, escuchando los chillidos penetrantes detrás de mí, el sonido sobrenatural de bestias artificiales.

No tengo que mirar atrás para saber que me pisan los talones, escucho sus cascos en la piedra y sé que son mucho más rápido que yo, pero mi experiencia trepando y esquivando obstáculos me ayuda a mantenerme a unos metros de los mutos salvajes lanzando dentelladas. Mi bastón es mi mayor arma en éste momento, el cuchillo cayó de mi mano entumida tan pronto como salí corriendo.

He llegado a la ciudad pero una calle abierta es la muerte para mí. Intento llegar a lo alto de un edificio, a donde los mutos no puedan llegar y pronto encuentro un lugar donde una porción del muro ha caído dejando un espacio considerable entre los pedazos restantes. Corro hacia allí donde el espacio es más pequeño y aviento mi bastón con desesperación, afortunadamente queda entre ambos pedazos, como una barra en el centro de entrenamiento. Tomo impulso y logro llegar al bastón y saltar hacia arriba al edificio cuando un terrible dolor en la pierna me toma por sorpresa.

El semental ha logrado encajarme los dientes en el muslo en un esfuerzo por hacerme bajar. Estoy lo suficientemente alto para que el muto tuviera que pararse en los cuartos traseros así que no tiene buen equilibrio. El dolor sigue escalando pero logro tomar otro cuchillo de mi cinto y cortarle a través de los ojos; el semental chilla de dolor y me suelta, momento que aprovecho para alejarme de la orilla del edificio y retomar mi bastón mientras me mira con odio.

La siguiente hora es un borrón de sucesos en los que llego dando tumbos al parque-bosque donde -que los Profesionales se jodan- tengo cobertura, cobijo y árboles para encaramarme, en donde los mutos no puedan alcanzarme o los vigilantes se aburran de mí. No hay señal del semental dorado o el resto de la manada mientras navego por la linde del bosque, no es hasta que comienzo a adentrarme que mi pierna finalmente cede y me hace colapsar. A pesar de mis esfuerzos por mantenerme callado, un gemido de dolor escapa de mis labios y acto seguido el chillido furioso del semental resuena en la ciudad. Me volteo con pánico, sabiendo lo que voy a ver. El semental dorado trota hacia mí con las orejas vibrando y comienzo a sospechar la naturaleza de estos mutos. Son como las rastrevíspulas, que una vez marcada su presa no le dejan ir, sólo que éste registró mi voz en su cerebro modificado y me seguirá cada vez que oiga mi voz mientras le sea posible.

La revelación llega demasiado tarde, mi pierna sangra copiosamente; estoy exhausto y no hay más pelea en mí. Si esta es la forma en que tiene que ser, que así sea. Mejor ahora que en las manos de los Profesionales.

No intento correr cuando el semental carga contra mí. Simplemente dejo mi mochila y bastón y tomo el último cuchillo como la defensa final. Los negros ojos del semental están fijos en mi cara y yo miro al cielo, de pronto pensando en Jason y la mirada hambrienta en sus ojos cuando hablamos en los establos; esa única vez en que no alejé mis verdaderas impresiones de él, dejando que me invadieran como una ola de placentera tortura.

El caballo chilla y lo siento mucho más cerca de mí, y esta vez el sonido no se detiene. Sigue y sigue en una oda de sonidos horrendos que me hacen bajar la mirada, cerrar los ojos y esperar la muerte inminente. Que de pronto no es tan inminente como yo pensaba. El animal está tirado en el suelo, luchando para pararse, pero está restringido por el nudo en su cuello; entonces otro lazo vuela hacia sus patas desde veinte pies atrás y Devon ata sus cascos juntos tan rápida y eficientemente como lo hiciera con aquél muñeco en el Centro de Entrenamiento.

Asegura el lazo a un árbol al que ya ha atado la primera cuerda que restringe en cuello del muto y después de tener todo listo aparta la mirada de él y me mira a mí que tengo la cara blanca y la expresión llena de incredulidad.

—Así es como lo hacemos en Texas —dice.

No tengo tiempo de reflexionar sobre lo que ha pasado con el muto porque casi me desmayo del dolor. En mi estado mareado, dejo que Devon me ayude a llegar a donde empezamos los juegos, la fuente cerca del lago. No lucho contra la ayuda de Devon, que me da agua y comida, limpia mi herida y la venda. Para el momento en que ha terminado mi cabeza está mucho más avispada y busco en mi mochila la medicina para quemaduras para regresarle el favor; también le vendo las manos escaldadas mientras me cuenta su historia de la trampa de agua hirviendo. Lo dejo hablar y lo observo. Es mucho más delgado que antes, sucio, herido y sus ojos han perdido mucha de la felicidad que solían relucir tan abiertamente cuando lo conocí. Habla menos ahora y tiene una tendencia a dejar que el final de sus frases se pierdan en la nada, además de llevarse la mano al guardapelo con la foto de su novia tan a menudo que parece pensar que lo ha perdido.

Devon es un hombre diferente, su tiempo en la arena le ha enseñado todo el dolor y sufrimiento que los humanos pueden infligirle a otros y no puedo dejar de preguntarme qué cambios nota en mí.

Examino mi pierna y él sigue hablando. Las heridas son profundas pero no han tocado ninguna vena importante ni el hueso así que no parecen querer desangrarme hasta la muerte y ahora que están limpias y vendadas tampoco hay mucho riesgo de infección. Sólo tengo que lidiar con el hecho de que duele muchísimo. Ya estoy pensando en el calvario que será volver al templo de Starbucks y me pierdo la pregunta de Devon.

—¿Qué? Perdón ¿qué dijiste?

—Pregunté si te escaparás tan pronto como me duerma otra vez.

—Si, sabes que lo haré —una cosa que no ha cambiado su tiempo en la arena ha sido su intuición y no le vi el punto a mentirle.

—Bueno, esta vez no puedes —me dice con una mirada penetrante—, nos necesitamos ahora.

Me recargo contra la fuente con un gruñido.

—Devon, no es que no te esté agradecido porque salvaras mi vida. Lo estoy, en serio, pero no debiste hacerlo en primer lugar. Estos son los Juegos del Hambre y sólo hay un ganador, ¿recuerdas? Debiste dejarme morir, habría sido mucho más fácil, así que gracias por tu ayuda pero no me harás aliarme contigo por ello.

—¿Entonces cuál es tu plan? ¿Anadear por ahí sólo? ¿Cómo te vas a deshacer de los Profesionales? Ya has dejado que los vigilantes te llevaran a su territorio.

—Conozco los riesgos —le digo mirándole feo, sin querer admitir que tiene razón—. No podrán matarme si no pueden encontrarme.

—Eso no funcionará, yo te encontré muy fácil. Tenemos que acabar con ellos ahora, mientras aún se pueda.

—¿Ah, y supongo que tienes un gran plan para hacerlo no? ¿Sólo nosotros dos? Porque no he visto a Charlie desde el baño de sangre y quién sabe si esté en condiciones de ayudarnos.

—Tengo un plan. Necesitamos que uno de los Profesionales se nos una.

—¿Y cuál de ellos crees que está lo suficientemente loco o idiota para hacer eso? —pero al tiempo que pregunto sé exactamente quién lo está.

—Plautia —dice Devon y sonríe al darse cuenta que he llegado a la misma conclusión. Tengo que admitir que no es la peor idea del mundo, Plautia odia a sus compañeros tanto como nosotros y a pesar de ser un plan desesperado quizás esté dispuesta a ayudarnos sólo para asegurarse de que cualquiera de ellos tenga menos posibilidades de volverse campeón.

Levanto una ceja del mismo modo en que lo haría Madame Lucia.

—Vale la pena intentarlo. Tendríamos que encontrarla primero y alejarla de los Profesionales para que no se den cuenta y convencerla de no matarnos antes de explicarle el plan. Oh, y tenemos que seducirla con un poco de comida, un buen conejo rostizado puede ser todo lo que necesitemos para ponerla de nuestro lado.

—Si, si, podemos hablar de eso mañana. Ahora duerme un poco, tomaré la primera guardia —Devon bosteza abiertamente y mueve su mano como espantando a una mosca. Me doy cuenta de que el sol se ha ido y espero a que el himno suene para dormir. No hubo muertes hoy, gracias a Devon.

No recuerdo el momento exacto en que me dormí pero las pesadillas vuelven, esta vez con la participación de los ponis mutantes que me persiguen por el distrito 7. No chillan esta vez, pero se ríen con las voces de Eamon y Abel. El semental dorado me encaja los dientes en la pierna y el dolor me despierta, el caballo desaparece pero el dolor no. Alguien patea mi pierna herida con fuerza.

—Devon… ¿qué estás…? —digo intentando espantar el sueño y es sólo cuando veo con claridad que mi boca se cierra con terror. No es Devon a mi lado, es Link.

—Buenos días pequeño elfo —sonríe.

MI mente está embotada mientas me arrastran fuera de la fuente. No pienso en escapar, ni en luchar; son demasiados y los del cuatro me restringen con una fuerza inusitada. En mis propios elementos, sigilo y evasión he sido formidable pero enfrentarme de ésta manera a los seis Profesionales es imposible.

Tara y Romani me arrastran por el bosque a un claro entre los árboles y el lago, el sol sale en el horizonte y llena la arena de luz. Primero estoy confundido por el paseo innecesario, pero entonces me dio cuenta de que aquí debe haber más cámaras que en el bosque y el terror me sube a la garganta imaginando las cosas que los Profesionales quieren que el Capitolio vea sin interferencias.

Me atan a un árbol a la orilla del lago, Quintus, el enorme tributo del Dos tiene a Devon y lo ata al árbol al lado de mí y todos se ponen en círculo y aprecian a sus víctimas con alegría. He decidido no emitir sonido alguno desde ahora hasta mi muerte, pero Devon le da a Panem toda una lección de vocabulario de maldiciones y palabrotas selectas del distrito Diez. Quintus lo golpea y veo cómo la sangre mana de su boca, entonces mi voto de silencio se rompe.

—¡Déjalo en paz fenómeno!

Link viene hacia mí y me mira con sus ojos azules.

—¿Fenómeno? ¿Crees que nosotros somos los fenómenos, pequeño y sucio elfo? Yo no soy el que no puede encontrar una buena chica en su distrito así que tiene que recurrir a los hombres —escupe la última palabra como si fuese una maldición—. En el distrito Uno serías colgado de un árbol por ése comportamiento, pero no voy a ser tan misericordioso. El Capitolio quizás ame lo que eres, pero nosotros sabemos cómo tratar a los de tu clase, a las cucarachas. Y te voy a dar una demostración.

—Al menos yo pude encontrar a alguien que se preocupa por mí Link. No puedo imaginar a nadie en el Uno que apruebe fraternizar con una mula como tú —a penas lo dije, una sonrisa cruzó la cara de Link y me maldigo por haber cometido el segundo error garrafal en la arena.

—Así que hay alguien —susurra—, alguien que te está mirando y probablemente llorando por su elfo. Bueno, eso lo cambia todo —se voltea y mira a los otros—, empezaremos con Diez, quiero que Siete dure tanto como se pueda.

Cierro los ojos pero no evito que las lágrimas salgan. Mi muerte se acerca, es algo que puedo enfrentar, pero mis palabras han garantizado que Jason sufra también.

—Ya basta Link —Plautia es la única que no ha dicho nada durante el intercambio de palabras. Se rehusa a mirar a Devon, pero le tira dagas con los ojos a Link—. Ya te divertiste, aún tenemos que cazar a otra después de éstos dos así que terminemos con esto.

Link la mira con desdén.

—¿Realmente crees que después de todo este tiempo esperando al elfo voy a dejar que le metas un cuchillo en el corazón como a la chica del Diez? Piénsalo de nuevo Dos, ellos son míos y lo haré a mi modo.

—¡Lo haré yo misma de ser necesario —Plautia saca su cuchillo y camina hacia Devon pero Link la toma del cabello y la aleja de él. Plautia lo mira con furia, prácticamente temblando de enojo—. ¡Bastardo! ¿Cómo te atreves a tocarme? ¡Cuando termine contigo no tendrás manos para tocar a nadie, engreído, cabeza hueca, arrogante pila de mierda!

La cara de Plautia es cada vez más roja y está tan concentrada en Link que no nota a Alabaster detrás de ella y a penas puede parpadear al sentir el cuchillo atravesarle la garganta. El cañón suena antes de que toque el suelo.

—Alabaser —medio reprocha Link rodando los ojos.

—Vamos, sabes que todos queríamos hacerlo —hace un bonito puchero—. ¿Alguien tiene un problema con ello? —le pregunta a los demás Profesionales. Tara y Romani están sonriendo y Quintus se encoge de hombros. Link se ríe.

—Mueve eso para que lo recojan —le dice a Quintus que levanta el cuerpo de su compañera de distrito y lo deposita a unos cien metros de la orilla del lago. Todos miramos cómo el aerodeslizador se lleva el cuerpo de una chica a la que nunca conocí bien, pero sí que respeté.

—¡Damas y caballeros, bienvenidos a los ocho finalistas! —grita Link entusiasmado—, que pronto serán siete —su mirada se posa en el collar al rededor del cuello de Devon y lo jala, rompiéndolo

al instante, lo abre y se ríe aún más—. ¡Mira eso! —se lo lanza a Alabaster.

—Aw, qué tierno —dice ella—. ¿Es tu novia vaquero? ¿Planeaban casarse y pasearse por ahí como las sucias vacas de tu distrito? ¿Ella esperaba que le dieras muchos muchos bebés? Bueno, seguro que esto la va a divertir.

Miro con aprehensión cómo Alabaste presiona su cuerpo contra Devon y monta un espectáculo bajándole los pantalones hasta los tobillos. Mi terror se mezcla con confusión hasta que veo el cuchillo en su mano y cierro los ojos cuando ella lo lleva entre las piernas de Devon y corta hacia arriba.

Nunca jamás podré bloquear los gritos de desesperación y dolor que reverberaron en el lago. Me niego a ver a los sonrientes profesionales ni a decir nada, en su lugar muerdo mis mejillas.

—No habrá bebés para la vaquerita —es el turno de Tara que traza un camino de sangre al rededor de los ojos de Devon.

He visto los juegos desde que soy un niño pequeño y he visto muchas muertes horribles y mutilaciones que no pueden ser descritas. Sé que Devon ha caído en el peor destino que los Juegos pueden ofrecer. No todos los años los Profesionales pueden mostrar todo su entrenamiento en un tributo vivo, así que los años que pueden, intentan que sean especialmente memorables. La peor que recuerdo fue una chica del Distrito Cuatro que duró casi cuatro horas. No puedo hacer nada más que rezarle a los dioses que alivien a Devon de ésa miseria.

Pero los dioses no me escuchan y Devon vive por más de siete horas.

Los sonidos que escapan sus labios mientras es desollado me duelen más de lo que un cuchillo podría. Después de tres horas creo que me volveré loco y comienzo a susurrar.

—Por favor que se muera, por favor que se muera —Romani se cansa de mis murmullos y me calla metiendo dos de los dedos de Devon en mi boca, así que me quedo callado, con los ojos cerrados dejando que cada espasmo y sollozo se quede guardado en mi corazón.

Abro los ojos cuando siento que alguien me toca. Link ha comenzado a dibujar diseños parecidos a los del desfile con sangre y quiero vomitar. Detrás de él veo el cuerpo que ya no se parece en nada al hombre que era mi aliado y me negaba a ver como amigo hasta ahora. Ha dejado de emitir sonido alguno y los Profesionales parecen darse cuenta de que no hallarán más satisfacción en él. Quintus levanta una ceja a Link que asiente con la cabeza, entonces el chico enorme del Dos atraviesa el estomago de Devon con su lanza. El cuerpo da un vuelco y se queda quieto, el cañón suena.

Y ahora, los cinco expertos asesinos me miran. Link toma un cuchillo y lo pone bajo mi ojo, sacando un poco de sangre que cae por mi cara, no me muevo. Todo mi terror, dolor y ansiedad han dejado de importar durante la tortura de Devon. Ahora, sólo quiero que Link comience para que pueda terminar.

—Es hora del evento principal —dice Link. No emito sonido alguno. No intento escapar. ¿Qué puedo hacer? Estoy exhausto y mi corazón no puede con tanto pesar, estoy atado a un árbol con las manos detrás de mí. No tengo nada más que mi dignidad—. Es hora de que todo Panem escuche qué tan fuerte puedes gritar.

Y en ése momento, todas las piezas encajan en mi cerebro y abro los ojos. Puedo sentir la furia que emiten, porque mis dedos detrás de mí se han encontrado con el último regalo de Eamon, la navaja que me mandó el primer día. Y ahora Link tiene razón, todos en Panem me escucharán y algo en ésta misma arena también lo hará.

Tomo una enorme bocanada de aire, abro la boca y grito.