Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Esta historia participa en el minireto de noviembre para La Copa de las Casas 2017–18 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


Cíñete al libreto


Érase una vez en un rectángulo finito donde la impertinencia alcanza su máxima expresión.

La retahíla de palabras que profieren los bárbaros que montan en su corcel, fabricado de madera y de utilidad cuestionable, mientras que llevan las armas necesarias que solo pueden usar aquellos indigentes. Se refiere los entrenados en las más finas artes de cómo golpear y ultrajar la integridad física del oponente, no a los que piden limosna.

Una pelota pequeña, tan pequeña que no es vista ni siquiera por la lupa más grande, sobrevuela por sobre el terreno mientras que disfruta de su libertad.

Oh, qué gran horror, es ver que esa pobrecita pelotita tan asediada por esos monstruos sin corazón; que no piensan más que en cogerla con sus manos ennegrecidas con indumentaria de dudosa procedencia. ¿Es qué nadie más que Gabriel toma en cuenta los sentimientos de esa pelotita? Seguro que su confianza se ha menguado luego de las humillaciones que ha sufrido.

—Me quiero ir de aquí —dice Gabriel, en tono de súplica, mirando las callosas manos de su amigo; no, no lo tocará—; carcelero, déjeme ir.

—¿Qué «carcelero» ni que ocho cuartos? —Darrel pone los ojos en blanco—. Déjate de palabas políticamente incorrectas y céntrate en…

Gabriel está apunto de debatir pero, al escuchar un alarido que le recuerda a una banshee en ataque, se asegura que la vida es tan injusta. No entiende cómo los bravos protectores olvidan a los inocentes útiles que no se defienden a sí mismo.

Tal fiero temperamento no es merecedor de los golpes sinfín que le dan.

—Oye —susurra Gabriel a Darrel—, ¿por qué estoy narrando como si estuviese desquiciado?

—¿Nunca has oído de la actuación fuera del carácter del personaje en las historias escritas por fans? —Darrel enarca una ceja—. Es popular por aquí.

—No —responde—. Un momento, ¿tenemos fans? —pregunta con ilusión.

—Tú y yo, no —desestima el otro—. Un tipo con la cara rajada y un rubio niño de papá que todavía no nacen, que se odian y que gustan de emparejar, sí.

Gabriel bufa.

—¿Y qué tienen ellos que no tenga yo? Digo, nosotros.

—Nuestro problema, dulzura, es que nos falta más popularidad con los fans. Somos muy terciarios.

—Entonces, ¿secundarios?

—Tampoco.

—¿Al menos sabes para qué estoy denigrando mi persona?

—Quizá te hagan bailar el Harlem Shake en el estadio —responde Darrel.

—… ¡Exijo mis derechos como personaje olvidado honrado que soy!


La palabra sorteada es «estadio».

El Harlem Shake es un estilo popular de baile de hip hop y el título de una canción instrumental de bajo pesado del 2012 producida por Baauer.