Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en el minireto de marzo para La Copa de las Casas 2017–18 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Usé el extra de 100 palabras.
Quédate aquí
Se está volviendo difícil que el oxígeno le llegue a los pulmones, a pesar que está en un parque rodeado por árboles frondosos que golpetean las ramas entre sí al son de un ritmo estruendoso y distante. Permanece en calma, tratando de descifrar en qué momento se ha convertido en una pesadilla. El enorme barullo que está transcurriendo a más de dos metros de él le mantiene alerta, sabiendo que todavía hay oportunidad para que vuelva a ver a su hermano mayor.
Puede que esté recostado en contra del árbol, con la mano derecha presionando sobre la herida que hay en el antebrazo izquierdo, el cual no ha dejado de sangrar, sin embargo, confía en las habilidades de Gideon para sobrevivir al ataque. Un grito desgarrador le perfora los oídos y le rompe el corazón, las heridas grotescas en el cuerpo de su hermano se van haciendo más visibles.
Le da nauseas; los hechizos de sanación nunca han sido su fuerte, ojalá que no tenga que emplearlos.
La varita extraviada en medio del combate, la mano ensangrentada y la vista nublándose a cada segundo que pasa le están confirmando las sospechas. La magia no verbal pudiese funcionar, si todavía tuviese la fuerza necesaria para concentrar su magia en esa parte de su cuerpo. A pesar que en algún momento realmente el oxígeno ya no entrará, mantiene la esperanza que Gideon regrese para que juntos vayan a San Mungo.
Los párpados empiezan a cerrarse.
No, alto ahí. No puede, no lo permitirá. No aquí, no ahora.
Está demasiado cerca para desposar a la mujer que ama, Emmeline, está demasiado cerca por encontrar algo a lo que aferrarse para no morir. Le ha dado un anillo, joder, un anillo es la máxima prueba que va a cumplir lo que ha prometido. No puede faltar a su palabra, Emmeline quedará desconsolada.
Y Molly también.
Un segundo grito resuena, el cuerpo de GIdeon se desploma en el suelo. Fabian va arrastrando los pies, sintiéndose más agotado a cada paso que da. No, tiene que continuar. Llega donde está Gideon que está respirando difícilmente, con la piel más pálida que ha visto nunca.
—Quédate, estoy aquí —dice, temeroso y con la voz entrecortada. Le quiere decir que se alegra de que todavía esté vivo, no obstante, no se atreve—. Quédate, por favor, quédate, quédate. No debí perder mi varita, por favor… Quédate, quédate, hermano.
—¿Tú…?
Gideon empieza a toser.
—La familia es lo primero. —Le sonríe. Se inclina hacia él—. ¿Qué mejor ejemplo que nuestra Molly? Vámonos; quédate conmigo, hermano.
Le quiere decir que ha hecho un trabajo luchando contra los cinco mortífagos, que van a sobrevivir y que será el padrino de su boda, sin embargo, Gideon deja de respirar mientras que la presión que ejerce Fabian sobre el antebrazo se deshace lentamente y la mano queda a la par del resto del cuerpo.
Intercambia una mirada con Gideon, pese a que Gideon no le devuelve el gesto.
Fabian desea no haber visto nada.
