Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masahi Kishimoto (El Kishimoto que se fumo algo y creo un personaje tan poderoso que luego no sabía como matar, see…)
Notas de autor: ¡FELIZ CUMPLEAÑOS SHAROON! Wey nos conocemos desde el 2016 (creo, no recuerdo muy bien jajaja xd) así que es un honor verte envejecer un poco más *heart* (ah, okno, ¡no me pegues!) Hace mucho que no escribo, pero quería igual volver a los viejos tiempos.
Advertencias: BL/Yaoi, Relación estudiante/Alumno.
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Cruzando caminos
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Primavera, el inicio de un nuevo ciclo escolar y el florecimiento de los árboles de cerezo. Para muchas chicas de segundo año resultaba ser la temporada adecuada para profesar sus sentimientos hacia esos compañeros de clase que hacían el corazón palpitar a mil kilómetros por hora, y con los que, desgraciadamente, nunca más vuelvan a tener la oportunidad de hablar luego del cambio de clases.
Para Madara, quien esa mañana había encontrado un arcoíris de cartas con colores pasteles en su casillero al cambiarse los zapatos, esta resultaba ser la época más fastidiosa del año. Aunque nada le ganaba a San valentín, ese día siempre optaba por saltarse clases.
Lo único que le gustaba de la primavera era la brisa, y el que podía perderse (ignorar) durante horas la verborrea de los maestros mirando el claro cielo a través de la ventana. No había nada que ver, tan solo le ayudaba a caer dormido más rápido, y en eso se encontraba hasta que alguien le habló casi al oído.
―¿Qué es tan interesante?
Si no fuera porque el Uchiha era un paranoico y había notado la presencia de la otra persona a meros segundos antes de que esta hablara, probablemente hubiera saltado en su asiento como una persona normal. Pero Madara no era una persona normal, y tan solo basto que mandara una mirada hacia sus curiosos compañeros de clase para que estos volvieran sus ojos hacia sus libros de texto y fingieran no prestar atención. Solo entonces, cuando no se sintió así mismo como una fuente de entretenimiento, fue que le respondió al Sr. Senju.
―Un cerdo pasó volando. ―dijo con el tono más seco que pudo, conteniendo su sarcasmo y las ganas de rodar sus ojos. Era obvio que no estaba mirando nada en particular y solo estaba perdiendo el tiempo, pero no podía responder de manera irrespetuosa a su maestro.
Senju-san lo miró perplejo.
―Ah, pero tengo entendido que los cerdos no vuelan.
Madara no contestó y tan solo lo miró expectante, esperando que este le diera un castigo o que lo mandara de lleno con el director. No sería la primera vez, posiblemente tampoco la última.
Pero para sorpresa suya, el profesor tan solo sonrió, soltó una pequeña risa como si de verdad le hubiera causado gracia, y negó varias veces con la cabeza antes de dar media vuelta y caminar de vuelta hacia el frente del salón.
―Perderse en sus pensamientos es una gran manera de obtener inspiración en muchas ocasiones. Se sorprenderían de la cantidad de información que nuestra mente siempre tiene presente de forma inconsciente, y que solo sale a primer plano luego de reflexionar…
El discurso continuó con algunos ejemplos de poetas famosos, y algunos no tan conocidos. El Profesor Senju era el encargado de la clase 2-C, a pesar de ser joven parecía conocer mucho sobre su tema, pero a Madara se le hacía algo idiota.
―¡Uchiha-san! Por favor ¿podrías recoger los deberes de la clase pasada y llevarlos a mi oficina? ¡Gracias! ―fue lo que el Senju logró decir antes de que la campana anunciará el final del día, y Madara miró sorprendido como sin más desapareció por la puerta.
Tal vez lo llamó idiota muy temprano.
Esa fue la primera vez que llamo la atención de Hashirama, y este lo obligó a convertirse en su ayudante.
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Hashirama era un hombre simple, con un trabajo modesto y problemas económicos como cualquier otro. Tobirama le decía que no necesitaba ayuda para terminar la universidad, pero Hashirama no podía ver a su hermano sobre esforzarse en trabajos de medio tiempo y no mandarle algo de dinero al final del mes a costa de sus propias comidas.
Lo que más le importaba al Senju, a parte de su amor hacia la literatura, era su familia, o al menos el único miembro de esta que le quedada.
Recien graduado en letras, con poca experiencia, y el alquiler del próximo mes por pagar. Nunca en su vida pensó entrar en el campo de la educación, a decir verdad, siempre quiso escribir sus propios libros y viajar haciendo tesis sociales de investigación, pero el dinero es la madre de todas las necesidades.
Por suerte, se abrió una vacante en la preparatoria general de Konoha. Le tomó un tiempo acostumbrarse al ambiente, trabajando como profesor de apoyo, luego como sustituto, y, finalmente, en la segunda mitad del año al darse el cambio de aulas, le dejaron el aula 2-C a su cargo. En realidad seguía siendo relativamente nuevo a esto de ser profesor, pero no le tomó mucho tiempo tomarle cariño al trabajo. Pensó que trabajar con niños de seis a cuatro años menores que él sería difícil, pero hasta la fecha todos han sido chicos demasiado respetuosos o amigables.
Tal vez fue por eso que Madara le llamó la atención.
―¿Podrías venir en la mañana a recoger y repartir la tarea?
―¿Ah?
La mueca de fastidio que le dirigió se le hizo divertida. Ah ¿será este uno de los estudiantes que los que el Sr. Nara había nombrado como "problemáticos"? Más luego descubriría que el Uchiha venía de una familia de clase alta, tenía buenas calificaciones, y más que ser un delincuente era solo un tanto egocentrista. Un estudiante solitario, sin duda, por cómo se sentaba en la última fila y no entablaba conversación con nadie.
Pero eso sería en días posteriores.
Por el momento, Hashirama sonrió divertido, habiendo decidido que hacerlo su ayudante sería castigo suficiente por no prestar atención en clases.
―Sí, y también quisiera que le entregues esto al presidente de la clase, aún falta un mes para el festival deportivo pero ya que esta es la primera clase de la que estoy a cargo me gustaría tomar las cosas con calma, quisiera escuchar la opinión del presidente al respecto ¿lo harías?
Uchiha-san aún no miraba con fastidio, pero soltó un leve suspiro y acepto los papeles sin decir palabra alguna.
Días posteriores varios profesores verían con sorpresa al joven rebelde Uchiha entrar varias veces a la sala de maestros, hablar unas pocas palabras con el Lic. Senju, y llevar a cabo recados de forma obediente pero silenciosa…
Mientras tanto, el Senju sonreía o reía despreocupado de la vida.
"¡No te rías de la muerte!" pensaron muchos.
N/A: La verdad es que tengo escrito como el doble de esto pero como todo lo que hago, la trama se me fue de la manos (?) Hasta aquí me pareció un buen comienzo y sin nada tan apresurado como lo que luego escribí, y deja mucho a la imaginación ;)
Tal vez lo continue si a Sharon le gusta la idea. ¡Feliz cumple de nuevo! Sigue siendo 28 de febrero en mi país jajaja.
