Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Esta historia participa en el minireto de abril para La Copa de las Casas 2017–18 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.


De compras y citas


Nanette está mirando de soslayo a Cho mientras que juega al snap explosivo contra sí misma.

Cho ha estado muy entusiasma ya que por fin se va a reunir con Harry. Todo el mundo ha considerado que es una cita porque es evidente que un chico y una chica no se pueden reunir solo porque quieren conocerse mejor, ser amigos, eso no es natural. Cincuenta minutos después, Cho ha regresado del salón de té de Madame Pudipié muy cabreada e insultando al Niño Que Vivió, que ha tenido el descaro de preferir a la insulsa de Hermione Granger por encima de ella. El motivo del enfado de Cho es confuso para Nanette, que lleva un buen rato oyéndola y tratándolo de entender.

—¿Te gusta Harry Potter? —Al final pregunta, suponiendo que es por eso—. ¿Y Harry Potter sí es novio de Hermione Granger? —añade, recordando un artículo de Rita Skeeter del año pasado.

Su primer año en Hogwarts no ha tenido que acabar con Nanette asistiendo al funeral conmemorativo de Cedric Diggory.

—No. Me enteré que Harry está enamorado de mí pero quería asegurarme que era verdad —dice Cho—, y lo único que descubrí es que Harry es un patán desubicado, denso y verdaderamente cegato.

—Harry necesita lentes porque no ve bien —dice Nanette—. Como sea, ¿ya viste lo que estoy usando?

—Tu corbata está mal anudada.

—¡Mis guantes! —Le enseña sus manos donde hay un par de guantes de color azul oscuro, casi negro—. Se los compré a Fred, o George, y a un precio muy accesible.

—¿Otra vez están los gemelos Weasley con sus experimentos? —dice Cho—. Y no son accesorios, son guantes escudos.

—¿Y qué?

—Pensé que los guantes escudos todavía estaban en fase de revisión. Nigel los probó y terminó vomitando babosas.

—Ajá —dice Nanette, admirando lo genial que le quedan sus nuevos guantes. «¿Por qué no habían guantes lilas? Todo negro y azul oscuro, qué aburrido», piensa. Cho chasquea los dedos delante de ella—. ¿Qué?

Nanette se sienta en el sillón donde está Cho y, dejando las cartas del snap explosivo desperdigadas por el suelo, toma la caja pequeña donde ha venido la entrega. Uno de los gemelos, váyase a saber cuál, le ha pedido que le avise si hay algún contratiempo con los guantes.

—Te compraré un par.

—Creo que me los compraré yo si llego a querer unos —dice Cho suspirando.

—Como quieras.