Disclaimer: El mundo y los personajes de la saga de libros Harry Potter no me pertenecen, son propiedad de la autora J.K. Rowling. Hago esto por diversión y sin ánimo de lucro.
Trigger Warnings: Gore, adult themes, swearing, abuse, selfharm.
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Capítulo 1: Prisionero GH5201
Ministerio de Magia: Pisos inferiores - 23 de mayo de 1993
Albus Dumbledore podía sentir palpitar sus sienes. Las últimas semanas habían sido muy duras, y la situación que se disponía a enfrentar no ayudaba a mejorar el persistente dolor de cabeza que había estado padeciendo.
Suspiró mientras se las frotaba y veía el indicador de piso del ascensor privado del Ministerio bajar a toda velocidad. Hacía años que no estaba en los niveles más profundos de la institución, y no era agradable volver para revivir su mayor error. Un rápido y tenebroso flashback lo hizo morderse el labio inferior mientras el habitáculo se detenía, y este no indicó por megafonía el departamento como acostumbraba hacer. Sin querer perder el tiempo, salió rápidamente del ascensor mientras trataba de adecentar sus excéntricas vestimentas, la verdad era que con la edad había llegado a odiar la velocidad con la que se movía el dichoso cacharro.
Comenzó a caminar a paso rápido a través del largo pasillo de mármol negro que se presentó frente a él. Cada paso que daba producía un profundo eco que no hacía más que empeorar lo tétrico de la escena.
Después de un par de minutos, llegó a la habitación principal del departamento. Tenía unas paredes altas pobremente decoradas en las que se situaban múltiples puertas de caoba. En el centro del espacio, le dio la bienvenida una larga mesa prácticamente vacía y hecha del mismo material que el suelo y las paredes. Tras ella, una figura humana cubierta con una capucha negra y vestida con largas túnicas del mismo color esperaba pacientemente su llegada, descansando sobre una elegante silla forrada con cuero. Su cara no era visible gracias a antiguos encantos desarrollados por el departamento, la sombra proyectada por la tela lo impedía. Con un carraspeo, el director de Hogwarts se dispuso a tener otra de las incómodas conversaciones que lo aguardaban a lo largo del día.
"Buenos días, vengo a ver al prisionero GH5201".
Tras unos segundos de silencio, el Inefable contestó con una voz mágicamente distorsionada.
"Buenos días, director Dumbledore. La señora Bones dio el aviso de que vendría. No parecía muy feliz de haber sido obligada a aceptar su petición por orden del Ministro" respondió. Mientras hablaba, el encapuchado se levantó de la silla y se dirigió a una de las muchas puertas de la habitación, la cual estaba grabada con el código que el director había mencionado segundos antes.
Cautelosamente, Dumbledore lo siguió.
"Lamento profundamente la frustración de Amelia. No estaría haciendo esto si no fuese nuestra única opción para arreglar la situación. Es una medida desesperada, lo sé, pero es a lo único a lo que podemos recurrir ahora mismo. Lo necesitamos" afirmó el viejo director, mientras el Inefable ponía su mano derecha sobre la puerta y susurraba algo que Albus no llegó a distinguir.
Tras unos segundos, la puerta se abrió, y ambos cruzaron el umbral para encontrarse un pasillo algo más estrecho y tortuoso que el principal. A ambos lados se encontraban algunas puertas más, mientras que al fondo del mismo se discernía el brillo de una gran y pesada compuerta de acero.
"¿Desesperada? Más bien diría suicida, Dumbledore" comentó el Inefable, casi de forma casual, mientras ambos se acercaban a la llamativa entrada del final.
Albus suspiró sonoramente, sintiéndose muy cansado.
"Todo saldrá bien. Necesito que el Ministerio confíe en mí".
"El problema no está en la confianza que deposite Fudge sobre usted, director. Creo que es consciente de eso" respondió el encapuchado. "Antes de que entremos… Es mi deber recordarle las normas. Sé que no lo necesita, pero es el protocolo. Primero, está prohibido tocar al prisionero. Segundo, está prohibido acercarse al prisionero, hablará tomando una posición a mi lado. Tercero, es completamente ilegal mencionar los hechos ocurridos que trajeron aquí al prisionero. De la misma manera, le advertiré que cualquier pregunta o mención hacia mi persona se hará fuera del alcance de escucha del chico" explicó, mientras se paraba frente a la última puerta y dirigía su mirada al director. "¿Me he explicado con claridad?".
Albus se sintió confuso. Era consciente de las leyes aprobadas hace unos años para evitar que dicho incidente saliera a la luz (de hecho, había votado a favor), pero hablar con franqueza con el muchacho era parte de la estrategia que había preparado. Esto acotaba sus posibilidades.
"Lo entiendo, caballero. No quebrantaré ninguna ley" respondió Dumbledore, intentando que la indecisión no se filtrara en sus palabras.
El Inefable permaneció quieto durante unos segundos, para luego girarse y apoyar su mano derecha sobre la inmaculada entrada de metal. Tras unos segundos, comenzó a abrirse lentamente para permitirles la entrada. "Acompáñeme, por favor".
El director entró tras su acompañante en la oscura habitación. Después de unos momentos, el Inefable chasqueó los dedos y una repentina luz sin origen llenó el gran espacio. Esta vez, las paredes eran totalmente blancas y parecían no tener fin, lo que provocó que Dumbledore se tapara los ojos momentáneamente mientras sus pupilas se acostumbraban a la repentina claridad. Una vez pasada la molestia, tragó saliva sonoramente al observar el escenario: la habitación estaba curiosamente vacía salvo una especie de gran asiento de mármol negro en el centro de la misma. Sobre él, una figura infantil completamente desnuda se encontraba sentada, con los brazos apoyados en los espaldares. Si de por sí la escena no fuera lo suficientemente turbia, cadenas negras con protrusiones afiladas salían del suelo y daban varias vueltas alrededor de las muñecas y antebrazos del chico, así como de sus tobillos. Un cepo mantenía agarrado su cuello, y una especie de venda blanquecina tallada en runas se situaba firmemente sobre sus ojos, impidiendo su visión.
Era pequeño, sin duda, demasiado para su edad, y bastante delgado. El pelo negro que caracterizaba a su línea paterna estaba presente, claro, pero lo que más destacaba eran numerosas y profundas cicatrices repartidas a lo largo de todo el cuerpo del niño sin orden concreto. Llamaba la atención la más grande de ellas, que comenzaba en el pecho y ascendía diagonalmente hasta el cuello, perdiéndose bajo el cepo que retenía al muchacho. Era extraño como lo poco que se veía de su cara estaba libre de dichas marcas. Por otro lado, en el pecho del niño lucía una cicatriz en forma de cruz que, al contrario que las demás, parecía reciente, pues tenía un color rojizo, como si estuviese hinchada.
La aparente expresión de paz que al principio adornaba la cara del adolescente se perdió tras algunos segundos, siendo sustituida por una angustia evidente, que se manifestó como temblores a lo largo de todo el cuerpo del niño. Parece ser que los había escuchado entrar. Dumbledore se sintió repentinamente enfermo.
"¿H-Hola? ¿Señor?" preguntó el chico, sus palabras cortadas por el temblor de sus labios.
"Hola, Potter" respondió el Inefable, impasible. Parecía costumbrado a esta visión. "Tienes visita".
Ese anuncio pareció empeorar el nerviosismo del niño, que comenzaba a agitarse incontrolablemente.
"N-No, p-por favor. He s-sido bueno, de v-v-verdad. No he hecho n-nada" explicó el adolescente, en pánico e hiperventilando. Estaba empezando a llorar. "Por favor, por fa-"
"Cállate, mocoso. No es nadie del Ministerio" masculló el encapuchado en respuesta.
Dumbledore no entendía nada. Esta no es la persona con la que esperaba encontrarse, o al menos no lo parecía. Ciertamente era el joven Potter, pero su actitud se alejaba mucho de la persona que conoció hace unos años. ¿Qué le habían hecho aquí? El hecho de que el niño fuera un criminal no hacía esta escena menos terrible. Intentando controlar las náuseas que amenazaban en la boca de su estómago, decidió terminar esto cuanto antes.
"Hola, Harry" comenzó el director. "Soy Albus Dumbledore, director de Hogwarts, la escuela mágica de Gran Bretaña" saludó suavemente el anciano.
El joven Potter se tomó unos segundos para tranquilizarse, intentando respirar adecuadamente y contener las lágrimas, las cuales, curiosamente, no manchaban la gruesa venda que tapaba sus ojos. Dumbledore, por un segundo, recordó unos ojos rojos y brillantes cubiertos en lágrimas. Intentó apartar ese pensamiento de su cabeza con una sacudida.
"S-señor Dumbledore. E-es un placer conocerlo" respondió Harry, intentando ser educado. Se sorbía los mocos entre palabra y palabra, tratando de contener lo que parecía ser un ataque de pánico. "D-disculpe la s-s-situación…" lloró el niño.
Algo estaba muy mal aquí. Echó un vistazo al Inefable, el cual se limitaba a vigilar al adolescente mientras sujetaba su varita. Al ver que no habría respuesta temprana, continuó su conversación. El empleado del Ministerio ya le había avisado de que cualquier duda o cuestión no sería discutida dentro del alcance de Harry.
"También es un placer para mí, Harry. Por favor, no te preocupes por eso. Estoy aquí porque la escuela necesita tu ayuda" explicó Dumbledore.
El niño parecía confuso.
"¿M-mi ayuda? No entiendo…" respondió Harry, mientras seguía sorbiéndose la nariz.
"Déjame explicarte. En Hogwarts están ocurriendo cosas terribles, me temo. Una antigua cámara ha sido abierta, y no tenemos forma de acceder a ella, pero necesitamos hacerlo urgentemente. Creemos que tú puedes ayudarnos con ello".
"S-sigo sin entenderlo, señor. Si ustedes no han podido entrar, ¿c-cómo esperan que yo lo haga?" preguntó el niño. De repente, una idea cruzó por su mente. "¿Es p-peligroso? ¿Q-quieren que entre para m-m-morir?" agregó, volviendo a entrar en pánico. Las lágrimas no dejaban de correr por sus mejillas.
"No, Harry, no es eso" dijo rápidamente Dumbledore, volviendo a mirar de reojo al Inefable. Podía sentir su estómago dando vueltas. "Puedes hablar pársel, ¿verdad, Harry?".
"¿P-pársel?".
"El lenguaje oscuro de las serpientes" respondió, esta vez, el Inefable, con claro desprecio fluyendo a través de su voz distorsionada.
El niño pareció tensarse fuertemente ante la voz del empleado del Ministerio, y comenzó a balbucear de nuevo.
"N-no, s-s-señor, Yo no… De verdad, no… Por favor…" tartamudeó Harry, volviendo a llorar.
"Cierra la puta boca, niño. Sabes de sobra que puedes hacerlo, ¿o tengo que volver a traer la jaula de serpientes para comprobarlo?" preguntó siniestramente el Inefable.
Harry no respondió, simplemente se limitó a llorar. Dumbledore estuvo tentado a intervenir por el niño, pero flashbacks macabros cruzaron su mente en un segundo, e intentó recordar ante quién se encontraba. Guardó silencio durante unos momentos, reordenando sus pensamientos. Todo esto estaba muy mal.
"La entrada a la cámara está sellada para que solo un parlante de pársel pueda abrirla, Harry. Es vital que nos ayudes" explicó el director, tratando de reconducir la conversación y dejar sus pensamientos de lado. La celeridad era primordial.
"P-pero señor, yo…"
"¿De verdad crees que tienes opción, niño?" rio el Inefable antes de que Harry pudiera objetar. "El Ministro lo ha aprobado. Irás a Hogwarts y abrirás la cámara para el director. Quizás así comiences, al menos, a hacer algo útil con tu miserable vida".
Harry parecía abatido de nuevo.
"D-de acuerdo señor… Haré lo que me digan…" contestó el adolescente, con voz derrotada.
Dumbledore estaba a punto de vomitar. Tenía que terminar esto, y rápido. Quizás un poco de esperanza serviría para mejorar la situación.
"El Ministro ha acordado mejorar tu calidad de vida si colaboras adecuadamente, Harry. A cambio solo esperamos que no haya ningún tipo de problema" comentó el director.
El niño parecía sorprendido, pero era difícil decirlo con seguridad a causa de las potentes restricciones que sufría.
"¿D-de verdad?" preguntó Harry, esperanzado.
"Sí. Hablaremos de eso cuando todo esté resuelto, ¿de acuerdo?" afirmó Albus, intentando disimular la incomodidad que amenazaba con escapar en su voz.
La verdad era que había hablado de ello con el Ministro hacía unas horas como un aliciente para el muchacho. Fudge había accedido a ello demasiado rápido, obviamente en un intento de resolver rápidamente la situación que sabía que estaba provocando la caída en picado de sus índices de popularidad. No habían firmado nada, así que la realidad era que Dumbledore dudaba seriamente que Cornelius mantuviera su palabra. Sin embargo, después de ver las condiciones de vida del niño, estaba empezando a sentirse arrepentido de no haber dejado nada constado por escrito.
El anciano suspiró, sintiendo su edad sobre sus hombros. No quería engañar al niño, sin embargo, la situación en la que se encontraba lo apremiaba. Un basilisco suelto en la escuela. Una alumna poseída y secuestrada, posiblemente asesinada. Cuatro alumnos petrificados y una encontrada muerta. Una puerta que solo se abrirá con un parlante de pársel, y de los dos que existían uno era el primer enemigo público de la comunidad mágica de Gran Bretaña, y el otro se encontraba encadenado frente a él. Había estado toda la noche intentando abrir de mil maneras la cámara que la chica había encontrado anoche, y ni siquiera los hechizos explosivos más poderosos habían tenido resultado. Era imposible aprender el idioma mágico necesario para abrir la entrada, y en un día, era posible que muriera otra alumna y que parte de Lord Voldemort hubiera regresado al mundo.
Definitivamente, era necesario hacer esto. Si el niño colaboraba de buena gana, todo sería más rápido y más fácil. Pero eso no hizo menos dolorosa la primera sonrisa que le dirigió Harry.
"¡Muchas gracias, señor!" exclamó el adolescente, casi pareciendo feliz. "Daré lo mejor de mí y seré bueno, lo prometo" agregó, esta vez con voz llorosa.
"Me alegra que nos hayamos entendido, Harry. Hogwarts te agradece tu ayuda" terminó el director, con una mueca triste. "Te prepararán para salir cuanto antes. El tiempo apremia, me temo. Te veo en la escuela, muchacho".
"Allí nos vemos, señor. Gracias de nuevo" sollozó Harry.
Cursed!Blood
Cursed!Blood
Unos minutos después…
"Es una de las peores ideas que jamás haya tenido una persona, director Dumbledore, y por mi vida han pasado muchas personas con muchas malas ideas".
Mientras el director firmaba el registro del departamento en la gran mesa de mármol negro de la habitación principal, intentaba ignorar las quejas del trabajador que lo había acompañado durante la visita al joven Harry. Lo miró de reojo mientras firmaba, y apenas pudo evitar lo mordaz en su voz.
"Una alumna ha muerto, Inefable. Si no fuera estrictamente necesario, ni en un millón de años traería al chico a Hogwarts. Es nuestro último disparo, y el tiempo corre en nuestra contra" explicó el director fríamente, mientras terminaba de firmar. "¿Se puede saber qué demonios le han hecho? Esperaba muchas cosas, pero no esto" espetó, mientras enfrentaba al Inefable. Todo lo que había contenido durante la reunión con el niño estaba a punto de salir.
El encapuchado se limitó a ladear la cabeza.
"El departamento no está dispuesto a compartir los secretos del Ministerio con alguien que no tiene autorización para saberlos, director" contestó en tono mordaz. "Sin embargo, y dadas las circunstancias, estoy autorizado a compartir un par de detalles. ¿Se ha fijado en la venda grabada en runas que cubre sus ojos?"
Albus asintió con la cabeza enviándole una mirada helada, aunque el Inefable continuó su explicación como si estuviera hablando del tiempo.
"El niño puede ver, claro, no le hemos sacado los ojos, si es que es eso lo que sospechas. Es una venda forjada especialmente para él. Nos costó muchísimo tiempo y dinero hacerla" afirmó el Inefable."Tiene la función de hacerle olvidar cualquier hecho traumático del pasado. No podrá quitársela, ni siquiera cuando vaya a Hogwarts a ayudarlos. Su importancia reside en que está preparada para obligarlo a no recordar muchos de los detalles de su vida. Eso lo vuelve bastante manso, como ha podido comprobar" explicó, mientras volvía a sentarse en la silla que ocupaba a la llegada del director.
Dumbledore se sintió completamente perdido. Esa confusión comenzó a transformarse paulatinamente en ira.
"El Ministerio me aseguró que se encargarían de descubrir la verdad, y lo que usted me cuenta no se parece en nada a lo que Fudge prometió. El objetivo era ayudar al niño. Eso es lo que se acordó" comentó Albus en un tono peligroso.
"Oh, y le hemos ayudado, Dumbledore. Ahora es una tierna ovejita" rio el Inefable.
"¡Ese no era el trato!" rugió el director, con la magia latiendo detrás de su voz. "¡Están torturando a un niño que no recuerda nada de lo que pasó!"
"Cualquier cosa que crea que necesite objetar, debe hablarlo con el Ministro. Nosotros no seguimos su jerarquía, director. Guardar el secreto de aquella noche también era parte del objetivo, y también está cumplido. Ese artefacto lo mantiene atado, y le hace olvidar lo malo. Casi le estamos haciendo un favor y, de nuevo, hemos invertido mucho en esto".
"Y supongo que el concepto hecho traumático incluye lo que sea que hagáis aquí con él" siseó Albus.
El Inefable se encogió de hombros.
"Esta conversación es un sinsentido, Dumbledore. Son nuestras órdenes, y así seguiremos actuando" afirmó el Inefable. Se tomó unos segundos antes de continuar. "Por otro lado, las cadenas se encargan de absorber su magia de forma constante. Obviamente, no podemos llevarlas a la escuela, pero ya tenemos los anillos de Morgana preparados. Suplirán su función" comentó casualmente el encapuchado.
"Y también era necesario que las cadenas tuvieran clavos, ¿no?" gruñó Dumbledore, sin esforzarse en ocultar su desprecio.
"El dolor es un buen estímulo disuasorio. Además, Dumbledore, no eres nadie para juzgar nuestras decisiones. ¿Qué pasa? ¿Acaso has olvidado lo que hizo? Que no te engañe su estado actual. Mantén en tu mente el momento de su detención y seguro que se te pasa la tontería…".
El director no tuvo respuesta a eso. Sabía que no podía rebatirlo, así que se limitó a apretar los labios de frustración. Sin embargo, no pudo contenerse ante el último comentario del Inefable.
"… Además, por si lo has olvidado, que esté aquí es, en parte, tu culpa" casi rio el encapuchado.
Dumbledore sintió la ira arder en sus entrañas, y en respuesta golpeó el escritorio de mármol con un impulso de magia que mandó a volar todo el papeleo que se encontraba sobre ella. La silla del Inefable no se movió ni un centímetro. Tras unas respiraciones profundas, y el puño aún apoyado, el director se dispuso a contestarle.
"Sé… que no estoy libre de pecado…" comenzó, para luego dirigir la mirada a la sombra que cubría el rostro del Inefable. "Pero nunca torturaría a un niño. Nunca. Solo teníais que comprobar lo que le estaba ocurriendo, y habéis hecho lo que habéis querido con un niño pequeño. Me dais asco" terminó. Con eso dicho, se dio la vuelta y emprendió el camino de vuelta a Hogwarts.
Tras unos segundos de camino, el Inefable se dignó a darle una última explicación.
"Ha sido alimentado hoy mismo. De nada por ahorraros el mal trago de darle de comer".
Albus no contestó. Su mente era un torbellino de acertijos y confusión.
"¡Siempre es un placer verle, director Dumbledore!" rio el Inefable.
Cursed!Blood
Cursed!Blood
Terrenos de Hogwarts – Esa misma tarde…
Albus Dumbledore suspiró por enésima vez en el día. Se encontraba en la entrada de los terrenos de Hogwarts junto a Severus Snape y Minerva McGonagall. Gilderoy había desaparecido convenientemente la noche anterior, y el resto de profesores estaban encerrados en el Gran Comedor con todo el alumnado, incluyendo a los petrificados, junto a una veintena de aurores. Ni siquiera se habían atrevido a evacuar el colegio por si el basilisco decidía salir a pasear por los terrenos en ese momento.
Observó a su profesor de pociones, que parecía increíblemente nervioso. Miraba hacia todos los lugares posibles mientras susurraba para sí mismo.
"Severus…" dijo Albus, llamando su atención. El exmortífago lo miró con el ceño fruncido.
"No, Albus. Ya sabes lo que pienso de este plan. Que el patio de recreo al que llamáis Ministerio de Magia lo haya aprobado no quiere decir que tenga que sentirme a gusto con ello" respondió Snape, con voz cortante.
Minerva se limitó a observarlos, apesadumbrada.
"¿Y qué querías que hiciera, Severus? ¿Quieres ir tú a intentar abrir la puerta por millonésima vez? ¿Has aprendido pársel en mi ausencia?" dijo Dumbledore despectivamente, mientras lo miraba de reojo.
Snape se mordió el labio.
"Yo solo digo que no sé qué piensas hacer si algo sale mal, y bajo mi punto de vista y basándome en mi experiencia, muchas, muchas cosas pueden salir mal. Por no hablar del hecho de que estamos a punto de enfrentarnos a una criatura milenaria y…"
"Es suficiente, Severus" cortó Albus, con una expresión seria y el ceño fruncido. "Está decidido y va a hacerse, que estés ahí quejándote solo me hace esto más difícil. Para tu información, viene prisionero con los mejores aurores del Ministerio y retenido con los más avanzados artilugios supresores, por no hablar de que se irá en cuanto estemos seguros de que su colaboración ya no es necesaria. ¿Te parece bien eso?" replicó el director de forma mordaz, mientras giraba la mirada para volver a dirigirla hacia el bosque, donde pronto aparecería la señora Bones con el muchacho.
Dumbledore sabía que todo esto era un movimiento arriesgado, pero la situación era extremadamente urgente. Si quería volver a ver con vida a Ginevra Weasley, tenía que recurrir a Harry. Cuando el problema estuviera resuelto, quizás podría interceder por el muchacho para que Fudge cumpliera su palabra. Habían hecho un trato, después de todo, y Albus era el tipo de persona que creía en la rotura de la rueda del sufrimiento.
Había llegado al Ministerio con la idea de encontrarse un monstruo, cierto era, pero lo que vio en esa habitación… Ningún niño debería suplicar así.
La voz de su subdirectora lo sacó de sus pensamientos.
"¿Qué hay de James y Lily, Albus? ¿Se lo dirás?" preguntó McGonagall, sin poder evitar la profunda preocupación que se deslizaba en su voz.
Dumbledore no la miró.
"Los señores Potter están ocupados protegiendo a los alumnos en el Gran Comedor, Minerva. La participación de Harry se limitará a lo mínimo y luego volverá al Ministerio, no creo que sea necesario torturarles con la noticia de que su hijo se encuentra aquí" explicó el director con condescendencia.
Antes de que la subdirectora pudiera responder, numerosos sonidos de crack comenzaron a escucharse en las cercanías. La señora Bones, junto a aproximadamente una treintena de personas, se habían aparecido en los lindes de las barreras de la escuela. La jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica tenía exactamente la misma expresión en su rostro que la había acompañado desde que se había enterado del plan de acción esa misma mañana. La mayoría de las personas que la acompañaban llevaban el distintivo uniforme azul característico de la policía mágica, y no pudo evitar notar la presencia de Rufus Scrimgeour, el jefe de la Oficina de Aurores.
Entre todos ellos, destacaba una figura notoriamente más pequeña. Un tembloroso Harry Potter caminaba escoltado con las manos esposadas a su espalda. Albus se tomó un momento para observarlo mejor. Le habían puesto ropajes raídos y sucios, los cuales claramente eran demasiado grandes para un niño de doce años. No le habían proporcionado calzado, por lo que el muchacho se esforzaba para caminar sin tropezar a través de los pedregosos campos del terreno. Un auror caminaba a su lado, agarrándolo del brazo y tirando de él más bruscamente de lo necesario. El adolescente seguía llevando la gruesa venda rúnica que había sido fabricada para él, y en sus muñecas brillaban aros de color verde que flotaban sobre su piel, los anillos de Morgana.
De reojo, podía ver a Severus moverse incómodo cuando el grupo escolta comenzó a acercarse. Cuando ya estuvieron frente a ellos, la señora Bones no los saludó.
"Aquí traigo al chico, Dumbledore. Rufus y su equipo especialista en criaturas mágicas os acompañarán a la cámara. El auror Dalton es el especialista en restricción que permanecerá constantemente junto al prisionero. ¿Alguna pregunta?"
Albus hizo una mueca ante el uso de su apellido. Definitivamente, a su antigua amiga no le gustaba este plan.
"Ninguna, Amelia. Muchas gracias por esto, estás salvando muchas vidas" respondió el anciano, intentando suavizar la situación.
Amelia Bones se rio de forma sarcástica.
"Eso lo veremos, director. Estaré en el Gran Comedor esperando noticias". Sin decir nada más, la mujer comenzó a caminar en solitario hacia el castillo.
"H-Hola, señor Dumbledore" dijo Harry con voz suave, manteniendo la cabeza baja. "E-espero ser de ayuda…" dijo con voz débil. Parecía cansado y triste, y su pelo estaba realmente sucio, como si no lo hubieran enjabonado en años.
El director lo miró desde su altura y, aunque tenía genuinas ganas de ayudarlo, sabía que en este momento debía hacer de tripas corazón.
"Hola, Harry. Déjame ser el primero en agradecerte tu colaboración en nombre de Hogwarts…" comenzó con un intento de sonrisa, pero se vio cortado por el bufido burlón de su profesor de pociones. Decidió ignorarlo. "Vamos, debemos darnos prisa" continuó Albus, mientras se daba la vuelta y dirigía su paso hacia la entrada de la escuela. Cuando se dio cuenta de que solo Severus lo seguía, echó un vistazo atrás, y se mordió ligeramente el labio inferior de nerviosismo al ver que Minerva estaba clavada en su lugar mirando al joven Potter con el ceño fruncido y una mueca en su cara.
Su personal era consciente del incidente ocurrido hacía ya tres años cuyo responsable era el joven Potter. Claro, no sabían todos los detalles, pero tenían una idea general acerca del tema. Sabía que compartían la opinión que había albergado el mismo director antes de su visita al Ministerio, sin embargo, su subdirectora se encontraba ahora con el mismo conflicto que Dumbledore había sufrido hace unas horas y que actualmente lo atormentaba; no sabía qué pensar del muchacho. Minerva siempre había tenido una debilidad por los niños pequeños, a pesar de no mostrarlo públicamente. La visión de un chico joven esposado y sucio, por muy criminal que fuese, debía estar afectando a la mujer. Además, parecía estar dirigiendo su mirada específicamente a las heridas punzantes a medio cerrar en las muñecas y en los tobillos del niño, seguramente resultado de las cadenas con clavos que lo mantenían encerrado en el Ministerio. Eso por no hablar de la gran colección de cicatrices…
Albus había estado pensando el poco rato de tranquilidad del que había disfrutado desde que volvió a Hogwarts ese mismo día. ¿Era su cambio resultado del artefacto fabricado por el Ministerio, o quizás fruto de lo que habían hecho con él allí? ¿Puede que una mezcla de ambas? El Inefable estaba convencido de lo primero, sin embargo, Dumbledore, después de ver las condiciones en las que se encontraba el niño, ya no sabía qué pensar, y eso lo molestaba profundamente.
Hace tres años había hecho un trato con Fudge, le dejaría arrestar al niño por debajo de la legalidad a cambio de que el departamento de misterios investigara qué demonios le había pasado. En aquella época Albus tenía una idea muy bien formada de la posible explicación, pero a estas alturas esa teoría se había roto ya en mil pedazos.
"¿Minerva?" llamó el director con voz ronca.
La susodicha pareció salir de los profundos pensamientos que la habían ensimismado. Con una ligera sacudida de cabeza, se recompuso y siguió el paso de Dumbledore.
"Sí, director, disculpe" contestó Minerva con voz severa, sin embargo, el temblor de su labio inferior delató su conflicto interno.
Albus le sonrió en comprensión y siguió su camino, esta vez seguido por su personal y por el equipo de aurores. En el camino hacia el puente de Hogwarts, Dumbledore se dispuso a dar detalles de la situación.
"Como sabrán, hemos solicitado la inestimable ayuda del señor Potter para abrir la antigua Cámara de los Secretos de Salazar Slytherin. Su entrada se encuentra en el baño femenino del segundo piso, y solo se abrirá ante un hablante de pársel. En este momento solo existen dos de ellos hasta donde sabemos, el Señor Oscuro, que por suerte no está aquí, y el señor Potter aquí presente, que nos ayudará a abrirla" explicó Dumbledore, mientras intentaba mantener una marcha rápida hacia el castillo. El auror Dalton seguía tirando del adolescente que iba con ellos, que intentaba caminar sin tropezarse por la falta de visión.
"¿No era posible volar la entrada en pedazos?" preguntó con curiosidad uno de los aurores más jóvenes a la espalda del director.
"Lo hemos estado intentando toda la noche. Incluso llamamos al señor Bill Weasley, uno de los mejores rompemaldiciones que nuestra sociedad conoce, y ni siquiera tenía una idea clara de cómo funcionaba el mecanismo".
"¿Qué hay de las petrificaciones?" preguntó otro auror. "¿Es una situación muy grave?".
"Me temo que no es una petrificación ordinaria, y hasta dentro de algunas semanas la señora Pomfrey no tendrá listo el elixir para ayudarlos. La situación se ha vuelto extremadamente peligrosa, de ahí mi petición al Ministerio. La última víctima ha sido la señorita Potter. Junto a ella, se encuentran petrificados el señor Creevey, el señor Finch-Fletchley y la señorita Granger. Estoy seguro de que ya vienen preparados para ello, pero la cámara está custodiada por un basilisco milenario". Tras estas palabras, pudo escuchar algún carraspeo incómodo a sus espaldas. "No tienen de qué preocuparse, la señora Bones ya me informó que varios de ustedes vienen preparados para conjurar un gallo. Su canto es mortal para los basiliscos. Aun así, debo rogarles precaución con respecto a dónde miran. Como bien sabrán, la mirada de estas criaturas es capaz de fulminar a una persona en el mismo instante en el que conecta con la suya".
Mientras cruzaban el puente que los conducía al patio de la entrada, Dumbledore terminó su explicación.
"Es horrible para mí decir que ya ha muerto una alumna, la señorita Clearwater. Al contrario que los demás, tuvo la desgracia de encontrarse con la mirada directa del basilisco. Creemos que un artefacto extremadamente oscuro es el responsable de todo lo que está ocurriendo. Su procedencia es aún incierta. De alguna manera, ha estado controlando a la señorita Weasley para que esta transfiera las órdenes de acción a la criatura. Ahora, la ha secuestrado y llevado a la cámara. Es crucial actuar rápido para salvar su vida. Cuento con ustedes".
"Será una operación exitosa, director" aseguró Rufus. "¿Cómo descubrieron la existencia del basilisco? Me cuesta imaginar que las petrificaciones apuntaran a eso" masculló.
El director dibujó una ligera sonrisa en su cara mientras comenzaban a cruzar el patio de entrada.
"La señorita Potter acudió a mi oficina anoche con la respuesta, querido Rufus. Al parecer, la señorita Granger había deducido su existencia, y lo había apuntado en un papel que su amiga encontró en su mano petrificada". Antes de continuar, Albus se mordió de nuevo el labio inferior. "Desgraciadamente, tras mandarla a su dormitorio justo después de contactarme, sufrió un ataque por parte de la criatura frente a los baños. Fue un terrible error dejarla volver sola, pero debía informar al Ministerio urgentemente. Ella tenía sospechas de que la entrada se encontraba ahí debido al fantasma que habita los lavabos. Temo que trataba de buscar la forma de acceder a la cámara para salvar a la señorita Weasley". Explicó el director, intentando ignorar el bufido de burla de Severus. "Más tarde encontramos algunas marcas distintivas de Slytherin en los grifos, y una evidente magia antigua los rodea. Es indudablemente la entrada de la cámara".
Cuando llegaron al vestíbulo, Dumbledore agradeció en silencio a Amelia la precaución de haber cerrado adecuadamente la puerta del Gran Comedor. Sería muy incómodo que el alumnado viera a un grupo de aurores arrastrando a un niño esposado a través de Hogwarts, sobre todo a uno cuya historia estaba clasificada.
El camino hacia el baño fue algo tortuoso, aunque por suerte estar acompañados por el director de Hogwarts les permitió no perder el tiempo en la Gran Escalera. Minerva le hizo una señal a Albus que este reconoció y, caminando un poco más despacio, se quedaron en la parte final del grupo, siendo este liderado por Severus Snape el resto del camino.
"¿Qué le ha pasado, Albus? No esperaba… Bueno, no esperaba que fuese así" admitió Minerva en un susurro.
Dumbledore suspiró en respuesta.
"Esa misma pregunta le hice yo al Inefable del Ministerio, Minerva. Parece ser que la venda que lleva puesta no es porque sufra ningún tipo de ceguera, sino porque es, de hecho, un artilugio diseñado por el departamento de misterios especialmente para él. Por lo visto, bloquea de alguna manera cualquier tipo de recuerdo trágico, pero no tengo claro lo que significa eso. El Inefable se negó a darme más datos. Al parecer, no estoy autorizado a saber" murmuró el director, con el ceño fruncido.
Minerva lució angustiada.
"Él… ¿no recuerda nada?" preguntó Minerva con voz ahogada. Luego dirigió su mirada a los aurores que iban delante. "Ellos… han estado experimentando con él, ¿verdad? Se ve tan… frágil".
"Yo… No lo sé, Minerva. El departamento de misterios es muy cerrado, ya lo sabes…" suspiró Albus. "Hablaremos más tarde de esto, ¿de acuerdo? Tenemos que sacar a la señorita Weasley de ahí".
"Sí, director".
En poco tiempo, el grupo se encontraba en su destino. Por suerte, no se veía a Myrtle por ningún lado, el fantasma que solía habitar el lugar.
"Muy bien, ya estamos aquí. ¿Qué hacemos ahora, Albus?" preguntó Scrimgeour mientras examinaba los lavabos.
"Ahora el joven Harry debe abrir la puerta, me temo" contestó Dumbledore, dirigiéndole una mirada al chico, que seguía teniendo la cabeza agachada. Temblaba ligeramente, probablemente tuviese frío. Albus apretó los dientes al ver de nuevo la falta de calzado del niño. "¿Crees que puedes hacerlo, Harry?".
El adolescente, que no había hablado desde que se había vuelto a reunir con Dumbledore, pareció tensarse ante la pregunta directa.
"N-No lo sé, director. Lo int-intentaré" contestó el niño con voz cortada. El auror le había soltado el brazo, y parecía algo perdido en el gran espacio. "¿Á-abrete?" medio preguntó, tentativamente. Después de unos segundos sin que ocurriese nada, volvió a probar. "Ábrete" repitió, esta vez más decidido. Nada.
A pesar de los intentos, ninguna puerta se abrió, y Dumbledore observó como el pánico parecía apoderarse de Harry por segundos y comenzaba a hiperventilar. El director decidió ayudarlo un poco.
"Harry, no estás hablando en pársel. Por favor, relájate unos segundos e inténtalo de nuevo, ¿quieres?" dijo Albus, intentando que su voz sonase amable a pesar de la urgencia de la situación.
El adolescente asintió, intentando tranquilizarse. Después de un par de respiraciones profundas, lo volvió a intentar.
"Ábrete" dijo, de nuevo, en idioma común.
Dumbledore frunció el ceño y lanzó a Minerva una mirada preocupada. Sabía que el niño hablaba pársel, claro, pero al no hablarlo él mismo no sabía cómo sería la sensación de hacerlo. ¿Quizás Harry no distinguía entre una lengua y otra?
Su pensamiento lo distrajo de las acciones del auror situado detrás del adolescente.
"¿Nos estás vacilando, puto mocoso? ¡Abre la cámara de una maldita vez!" gritó un auror cuyo nombre Dumbledore no conocía. Tras esto, levantó el pie y arreó una patada en la espalda de Harry el cual, al estar maniatado a su espalda y tener los ojos vendados, cayó de bruces al suelo, golpeándose la cara contra la piedra en un fuerte ruido, lo que provocó que comenzara a llorar audiblemente.
Minerva y Albus jadearon en sorpresa, e incluso Severus hizo una mueca. Los aurores, por su parte, parecían entre divertidos e impasibles, como si esto fuera el pan de cada día. El director hizo el amago de levantar al muchacho, pero fue su subdirectora la que se apresuró a ayudar a Harry, agachándose a su lado con una mirada de horror. El niño seguía llorando, y parecía que Minerva quería hacerlo también.
McGonagall ayudó a Harry a ponerse de pie, y con lástima vio que se había hecho una fea herida en la nariz, que ya estaba empezando a sangrar. La cara del niño estaba mojada con una mezcla de lágrimas y sangre. Minerva apretó los labios en un intento de contener sus sentimientos y lanzó un suave episkey a la nariz de Harry, deteniendo el sangrado. A pesar de ello, el lloro no cesó.
Tras lanzar una mirada de asco al auror que había pateado al adolescente, intentó consolar al pequeño, arrodillándose frente a él.
"Harry, tranquilo" dijo McGonagall, acariciando la mejilla mojada del niño. Este se tensó fuertemente ante el toque inesperado mientras sollozaba, e hizo un amago de apartarse. La mujer lo respetó y apartó la mano. "Soy Minerva, la subdirectora de Hogwarts. ¿Harías algo por mí?" preguntó suavemente, mientras sacaba un pañuelo de su túnica y limpiaba los restos de sangre y lágrimas de Harry. Este asintió apretando los labios. "Necesito que respires hondo, ¿vale? Imítame" ordenó, mientras respiraba profundamente. El niño obedeció, intentando contener los sollozos. Después de dos o tres repeticiones, Minerva continuó su petición. "Bien hecho. Ahora quiero que imagines que tienes una serpiente delante de ti, ¿de acuerdo?" preguntó. Harry asintió en respuesta. Dándole unos segundos de margen, la subdirectora siguió guiándolo. "Bien, ahora prueba de nuevo".
Harry se concentró unos segundos. Un flashback de una serpiente en un jardín en llamas amenazó con deslizarse en su mente, pero esa imagen no tardó en desvanecerse rápidamente. Con un movimiento de cabeza y, enfocando únicamente al animal, probó lo que creía que era su último intento.
"Ábrete…" susurró, esta vez en lengua pársel, enviando un escalofrío a través de los adultos presentes.
Todos los presentes se sobresaltaron al ver los baños separándose. Después de unos segundos, habían desaparecido, y lo único que quedaba era un gran agujero en el baño de las niñas. Dumbledore miró con orgullo a su subdirectora, y está le sonrió en respuesta mientras acariciaba la cabeza de Harry, el cual, esta vez, no parecía molesto por el toque.
Los aurores, como buen equipo organizado que eran, comenzaron a prepararse para descender a la cámara.
"Dawlish, Robards, Williamson, Proudfoot, preparad una escalera para que podamos bajar en condiciones. Me da igual como lo hagáis. Smith, Devinson, controlad el perímetro. Dur, intenta ver qué coño hay ahí abajo. Fiven, envía un patronus a Bones para informar de que hemos podido entrar. Equipo de criaturas, estad atentos en caso de que sea necesario convocar un gallo prematuramente. Quiero ver a todo el mundo con la varita en la mano como si fuera la paga del mes. Dalton, lleva a Potter al Ministerio y enciérralo. ¿A qué estáis esperando? ¡Moveos!" gritó Scrimgeour con urgencia, organizando a los aurores.
Todos comenzaron a ponerse en sus posiciones siguiendo la orden de su jefe. Dalton solo llegó a agarrar a Harry antes de que Dumbledore pusiera una mano sobre el hombro del auror, el cual lo miró interrogante. Sin embargo, el director se dirigió al jefe de la Oficina de Aurores.
"Rufus, me temo que es muy posible que ahí abajo haya más cerraduras. No creo que esta sea la entrada original que construyó Salazar. Deberíamos llevar al joven Harry con nosotros, al menos por ahora" explicó Dumbledore con voz calmada.
Scrimgeour lo miró a los ojos, casi con desafío, intentando ver más allá de las palabras del anciano. Contestó después de unos segundos.
"Bien, Dumbledore. Te lo concederé esta vez, es posible que tengas razón. Dalton…" llamó Scrimgeour. "…contrólalo. Pase lo que pase, que no se escape. Si es necesario, hechízalo".
"A la orden, señor" respondió Dalton, con una sonrisa torcida en la cara. Harry no dejaba de temblar, sintiendo la mano del hombre agarrándolo más fuerte de lo necesario.
Scrimgeour se dispuso a seguir organizando a sus trabajadores cuando, dándose la vuelta, se encontró de frente con la mirada fría de Minerva McGonagall.
"¿Qué?" espetó Rufus con brusquedad, escupiendo en el proceso.
Minerva lo miró con obvio desprecio.
"Quítale eso" ordenó Minerva, señalando las esposas que mantenían las manos de Harry en su espalda. Rufus se rio sardónicamente.
"¿Ahora das las órdenes aquí, McGonagall? No sabía que te habían nombrado jefa mientras hablaba con Dumbledore".
La subdirectora lo miró fijamente, lanzándole dagas con los ojos.
"¿Vas a llevarte a un niño que apenas puede moverse a la Cámara de los Secretos habitada por un basilisco?" preguntó con voz afilada.
"Haré lo que crea que es necesario para mantener la seguridad de mis aurores, subdirectora" espetó Scrimgeour con el mismo tono de voz.
"La calidad del departamento ha debido verse ciertamente comprometida si un chiquillo con los ojos vendados y sin magia supone un peligro para sus trabajadores" señaló Minerva burlonamente, pero sin perder de vista a Scrimgeour.
Rufus resopló.
"Me importa una mierda tu opinión, McGonagall".
"Quítaselas o se las quitaré yo" amenazó la subdirectora.
Rufus levantó su varita, apuntando directamente a la frente de la mujer.
"Inténtalo" susurró Scrimgeour peligrosamente. Minerva levantó también su varita en respuesta. Durante unos segundos, nadie en la habitación habló, observando el intercambio de miradas entre dos poderosos magos. "¿Acaso lo has olvidado, Minerva? ¿Lo que hizo? Ese chico es un asesino" dijo Rufus, enfatizando la última palabra.
Se pudo escuchar un sollozo proveniente del niño.
"Minerva…" susurró Snape, en un intento por conciliar el conflicto.
"¡No, Severus! Me da igual lo que el Ministerio crea que haya pasado, ahora mismo solo es un niño asustado. Scrimgeour le quitará las esposas para que, al menos, pueda usar sus manos en caso de que algo ocurra. No sabemos lo que hay ahí abajo".
Dumbledore no intercedió por nadie, solo le dedicó otra mirada de orgullo a Minerva. Podía ver la confusión y el conflicto interno en sus ojos, pero ella había decidido ayudar a un niño que, al menos ahora mismo, estaba indefenso. Después de unos segundos, Scrimgeour bajó su varita.
"Dalton, quítale las esposas al mocoso".
"Pero señor…" intentó refutar el auror. Como especialista en restricción mágica que era, sabía que no era buena idea.
"Cierra la boca y haz lo que te digo" cortó su jefe. Rufus no perdió el contacto visual con McGonagall en ningún momento, y la mujer aún no había bajado su varita. "Si algo ocurre, te señalaré como responsable directa. Solo hago esto porque, aunque pienses lo contrario, yo también tengo alma, Minerva".
La subdirectora bajó su varita mientras veía al auror quitarle las esposas a Harry a regañadientes. El niño, a pesar de saber que era el objeto de la discusión, no intervino en ningún momento, dedicándose únicamente a intentar no llorar de nuevo. Cuando sus manos fueron liberadas, las estiró hacia delante e hizo varios giros con ellas. Estaban magulladas y claramente le dolían. Harry intentó dirigir la mirada hacia la mujer, aunque no sabía dónde estaba exactamente.
"M-muchas gracias, señora McGonagall" dijo Harry suavemente, frotándose sus muñecas heridas. Sus manos atravesaban los anillos de Morgana como si no estuvieran ahí.
Minerva le sonrió, a pesar de saber que él no podía verla.
"¿Y bien?" preguntó Scrimgeour. "¿Dónde está mi puta escalera, muchachos? ¿Tengo que llamar a vuestras mamis para que os ayuden, o qué?".
Cursed!Blood
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