Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Esta historia participa en el juego de quidditch de noviembre de la Copa de la Casa 2018-19 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Fanart sorteado: Bowman Wright (Quidditch Contest) por SmudgeThistle, en Deviantart. (smudgethistle/art/Bowman-Wright-Quidditch-Contest-659101360)


Una snidget para ti


La preservación de la snidget había sido asegurada.

Hubo una cruenta época en la que la pobre e indefensa ave había sido utilizada para la entretención de los espectadores y jugadores, quienes sólo se interesaron por cumplir sus fantasías banales y latentes de superioridad. La atrocidad llevaba un tiempo cometiéndose para cuando se enteró, en el final del Campeonato de Quidditch a la que asistió hacía cuatro años. Fue impactante descubrir que los demás parecían conformes con extinguir a toda una especie, sin saber que muchísimos años se arrepentirían por no haberse detenido cuando habían tenido la oportunidad.

La desaparición del pájaro do-do era un recuerdo de los imprudentes que podían ser los muggles, pero dicha imprudencia nunca exterminó a la especie. El pájaro do-do se escondió muy bien; no se le volvió a ver en el mundo muggle y había pocos magos suertudos para encontrarse con uno. Tal vez no eran una especie peligrosa, pero el pájaro do-do había aprendido su lección. No se podía decir lo mismo de la snidget. Era rápida, sí, pero eso incrementó su atractivo. Apreció los primeros esfuerzos de Modesty Rabnott por proteger a la snidget; no obstante, eso no resolvería el problema.

—¿Has hecho un avance?

Asintió. El único inconveniente al que se enfrentó fue que no podía analizar la anatomía de la snidget; su snitch dorada era rápida y sigilosa, como su predecesora, pero estaba incompleta. Era una sutil diferencia que desafiaba sus conocimientos en ciencia y magia, un hecho que le encantó. Cumplir una meta se sentía vacío si no hallaba un obstáculo en el camino. Agendó una reunión con Elfrida Clagg, la Jefa del Consejo de Hechiceros, y le expuso su idea. Ella aprobó la creación de la snitch dorada y le permitió quedarse en la reserva mientras hacía su investigación.

—Estoy cerca de… —Frunció el ceño, apagó las llamas de la snitch dorada y reparó las alas—. Siempre encuentro un detalle más —murmuró mientras inspeccionaba a la snitch.

Era consiente que un par de snidget le estaban observando, uno volando y el otro parado en la mesa. Tenía siete libros apilados en una fila irregular que le habían servido en algún momento de la semana. Depositó una jaula espaciosa en lo alto de la fila, esperando que no fuera a desmoronarse. No quería encerrar a las snidget, pero eran curiosas por naturaleza.

—Hallarás la respuesta —dijo. La volvió a ver por unos segundos antes de reconcentrarse en la snitch—. Eres uno de los magos más inteligentes que he conocido, Bow.

Detectó un tinte cariñoso en sus palabras, era lógico. Habían pasado cuatro meses desde que había llegado y se habían convertido en socios; hacía un tiempo se reunían para discutir qué avances había hecho, ahora cenaban sin una razón aparente. Eso ocupaba las escasas horas libres que ambos poseían y era entrañable. En algunas ocasiones él la invitaba, en otras ella lo hacía.

Lo miró sorprendido en cuanto Elfrida le besó la mejilla.

Le sonrió de vuelta, algo avergonzado.