Disclaimer: El mundo y los personajes de la saga de libros Harry Potter no me pertenecen, son propiedad de la autora J.K. Rowling. Hago esto por diversión y sin ánimo de lucro.
Trigger Warnings: Gore, adult themes, swearing, abuse, selfharm.
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Capítulo 2: La Cámara de los Secretos
Antesala de la Cámara de los Secretos – Tarde del 23 de mayo de 1993
En su corta vida, todo lo que Harry había conocido era el sufrimiento. Aunque no sabía por qué.
De su historia, Harry Potter apenas recordaba nada, cosa que, realmente, no entendía. La verdad era que no tenía mucho conocimiento del mundo mágico. Claro, sabía que era un mago, después de todo recordaba algunas escenas de cuando vivía felizmente en la mansión Potter, rodeado de su familia, cuando aún era muy pequeño. Podía evocar los rostros de sus padres, James y Lily Potter, y de su hermana pequeña, un año más joven que él, Claire. No sabía cuándo ni por qué, pero era consciente de que, en algún momento, tuvo que dejar ese lugar.
Fue a vivir con sus tíos, los cuales recordaba a duras penas. Sabía cómo era la cara de su tía, e incluso la horrible ropa que llevaba en ocasiones, al igual que su característico y larguirucho cuello, pero no podía imaginar siquiera el nombre de su tío, mucho menos su cara, al igual que la de su primo. Todo era una especie de niebla en su mente, aunque la verdad era que, de nuevo, no entendía por qué. Había imágenes de la casa en la que vivió. Un anodino y ordinario hogar en una calle aburrida y silenciosa, en la que los vecinos tenían más interés por saber la vida de los demás que por sentirse realizados. Por lo poco que podía imaginar, la convivencia allí debió ser tediosa.
También sabía que, en algún punto de la estadía con sus tíos, algo pasó, y las personas del Ministerio (el Gobierno del mundo mágico, creía) se lo llevaron. A partir de ese momento, había vivido atado a un trono de mármol, y, con el tiempo, llegó la completa oscuridad. No sabía cuándo le habían colocado la venda, pero, desde entonces, nunca se la habían quitado. Nunca supo por qué lo encerraron, o eso creía. No era consciente de cuánto tiempo había pasado allí, pues la mayoría de su estadía en ese lugar estaba cubierta de niebla. Sabía que le habían hecho cosas malas, muy malas, pero cuando intentaba pensar en ello, de nuevo la niebla venía y se lo llevaba todo, calmando su mente y arropándolo en calor. A pesar de ello, muchos de sus instintos prevalecían, y no podía evitar encogerse de terror cuando escuchaba la voz de su vigilante habitual, al igual que sentía el sudor frío correr por su nuca cuando intentaba recordar a sus tíos. No sabía por qué. Al menos, la niebla lo reconfortaba.
Por otro lado, más de una vez le dijeron que el Ministerio lo tenía encarcelado por algo que creían que él había hecho, aunque Harry no recordaba haberse portado mal. Lo cierto era que el niño dudaba mucho que todos los prisioneros estuvieran atados con cadenas que pinchaban. Era injusto. A veces lo llamaban asesino, pero no podía encontrar nada en la niebla que confirmara que lo fuese. En ocasiones sentía que se estaba volviendo loco.
Desde que llegó al trono, no recibió comida ni bebida. Una vez a la semana, le meterían varias bolas extrañas por la boca que se deshacían en su garganta. Tenían un sabor peculiar, pero lo cierto es que eran bastante sabrosas. Además, calmaban su hambre y su sed, así que realmente no tenía queja de ello. Lo que sí le había molestado era estar siempre desnudo. No pasaba frío, la verdad, pero creía recordar que las primeras semanas de encierro habían sido bastante tortuosas por el hecho de que había varios hombres en la habitación mirando su intimidad. El pensamiento era escalofriante, pero, de nuevo, no podía confirmarlo. Todo estaba borroso.
En muchas ocasiones, había deseado que todo acabara. Había querido que lo dejaran morir, y lo más frustrante era que, de nuevo, no sabía por qué. Apenas era capaz de retener ese pensamiento durante algunos segundos antes de que desapareciera. Todo era difuso y gris. Una parte de él le gritaba constantemente que debía huir, que, si alguien estaba en la habitación con él, eso significaría dolor, mientras que la lógica le decía que eso no era posible. No recordaba nada. No recordaba dolor y, sin embargo, ahí estaba el instinto. Era una constante batalla interna que únicamente desembocaba en incertidumbre, y era precisamente esta incertidumbre, alimentada por la falta de visión, lo que hacía que viviese con un constante y profundo miedo. Miedo al dolor. Miedo de sí mismo y de todos. Su vida giraba en torno al terror continuo y, por ende, no era vida. No quería vivir así, pero nunca tuvo el lujo de elegir.
Lo cierto era que la última semana era lo único que más o menos podía recordar con claridad. Había empezado con alguien haciéndole pruebas. Le pusieron lo que creía que eran cables por el cuerpo y algunas personas hablaban entre ellas, discutiendo cosas que Harry no entendía. Le hicieron daño. Sabía que electricidad había corrido a través de su cuerpo ese día. Sin embargo, ese momento ya se estaba perdiendo, hundiéndose en la niebla y dejando en su lugar inseguridad y desasosiego y, con ello, vino el miedo. Al día siguiente solo había sido visitado para responder una serie de preguntas complicadas, y los dos de después fueron total oscuridad. A veces estar días sin ver y oír nada era enloquecedor.
Fue una novedad cuando el señor Dumbledore se presentó para pedirle que abriera la cámara. La verdad era que le había parecido una persona agradable, y no le había hecho daño, lo cual, a los ojos de Harry, era un punto positivo. Esperaba que la niebla no se lo llevara. Además, le había prometido que su vida mejoraría, y eso había llenado de esperanza el corazón del niño. Tal vez, solo tal vez, pudiera volver a tener luz. Quizás más libertad de movimiento. Puede que incluso le permitieran caminar.
Las últimas horas habían pasado casi como un borrón. El hecho de que la maldita venda le tapara los ojos constantemente había ayudado en eso. Se había sentido muy nervioso, no creía que hubiera escuchado alguna vez tantas voces distintas a su alrededor. Eventualmente, el niño había dejado de intentar seguir la conversación. Sabía que a veces hablaban de él, pues había oído su nombre, pero Harry se había mantenido en silencio. Le habían dicho que tenía que portarse bien, y eso es lo que haría. Quería que el miedo desapareciera, y su cabeza esperaba que el señor Dumbledore cumpliera. Haría lo que le pedían, y lo haría bien. Sería un buen niño.
La patada que hizo que su nariz encontrara el suelo había sido muy dolorosa y humillante, al igual que las risas que escuchó a su espalda. Se sintió más indefenso que un insecto, y no pudo evitar llorar. No sabía por qué le hacían daño. Él no había hecho nada. Solo estaba intentando hablar en pársel con todas sus fuerzas, como le habían ordenado, pero la actitud del trabajador del Ministerio sumada a su frustración por no poder cumplir había sido demasiado.
La mujer que lo había ayudado a levantarse (y curado, pensaba) había sido muy amable con él, a pesar de su llorera. Dijo que se llamaba Minerva, y luego lo había tocado. El acto no había sido desagradable en sí, pero el contacto repentino lo había sobresaltado mucho. Nunca lo tocaban fuera de la niebla, o al menos no como lo había hecho la mujer. La forma en la que el auror lo había llevado de un sitio a otro no se parecía siquiera a esto, por lo que todo lo que sintió fue confusión. Su primer instinto fue apartarse, temeroso. A pesar de ello, lo había ayudado a llevar a cabo la tarea que le habían encomendado.
Después, una voz masculina le había ordenado al que lo vigilaba que lo devolviera al Ministerio para encerrarlo. Eso casi lo había llevado a otro ataque de pánico. ¿No dijo el señor Dumbledore que las cosas mejorarían? Se había imaginado en algún sitio que no fuera el trono. ¿Le había mentido el señor Dumbledore? Solo el pensamiento de volver allí lo hizo llorar de nuevo. Finalmente, y para estupefacción de Harry, Minerva lo había defendido, peleándose con un hombre para que le quitaran las esposas. El niño sintió calor en el pecho ante este acto. La señora McGonagall era muy buena persona. Gracias a ella podía volver a mover sus magulladas muñecas. Fue un alivio. De nuevo, esperaba que la niebla no se la llevara. Quería acordarse de ella la semana que viene cuando, vistas las circunstancias, estuviera de vuelta en su trono. Las personas del Ministerio no parecían muy dispuestas a cumplir lo que el señor Dumbledore le había prometido.
Antes de que se diera cuenta, estaban bajando por una escalera un poco tortuosa, pero la señora McGonagall lo llevaba de la mano para que no se cayera. Los peldaños eran extraños, como si estuvieran hechos de pequeñas rocas afiladas. Hacían bastante daño. Se preguntó si las personas que iban con él la construyeron así a propósito para herirle las plantas de los pies. No se quejó, sin embargo. Debía ser bueno y no quejarse.
Cuando llegaron abajo, Harry sintió una punzada de asco cuando sus pies pisaron un suelo inundado. Se escuchaba un sonido bastante desagradable cada vez que daba un paso, y el olor era nauseabundo. Después de unos minutos de camino y de palabras que el niño no entendía, los adultos jadearon al encontrar la piel del "basilisco" en algún sitio. Harry no sabía lo que era un basilisco, pero el señor Dumbledore dijo en el Ministerio que esto no era peligroso, y de momento confiaría en su palabra. La señora McGonagall lo había mantenido agarrado de la mano durante todo el trayecto. Era muy agradable.
Más adelante, el señor Dumbledore le pidió que repitiera lo mismo que había hecho arriba. Siguiendo el consejo de Minerva, Harry pensó en una serpiente. De nuevo, un flashback de un jardín ardiendo amenazó con filtrarse en su cabeza, pero la niebla se lo llevó lejos de nuevo, reconfortándolo.
Debió tener éxito, porque un sonido de algo muy grande abriéndose lo sobresaltó. Reanudaron el camino y todos avanzaron a través de lo que Harry descubrió, gracias a la señora McGonagall, que era una gran compuerta. De repente, hacía mucho frío, y además había corriente. Si tuviera que apostar, el niño diría que se encontraba en un lugar muy abierto. Además, todo seguía encharcado. Era muy incómodo. De un momento a otro, todo pareció volverse muy tenso.
"¡Ahí está!" gritó una voz anónima. "¡Robards! ¡Cógela!".
Durante unos momentos, Harry escuchó muchas pisadas a su alrededor. Sintió gotas caer sobre su cara. Las personas que iban con él se estaban moviendo, y los charcos que pisaban salpicaban al adolescente. La señora McGonagall le apretó la mano.
"¿Está viva?".
"A duras penas".
"¿Órdenes, señor?".
"¿No hay señales del basilisco?".
"Nada por aquí, señor".
"¡Despejado!".
"¡Nada aquí!".
"Maldita sea, ¿dónde está?".
Más pasos.
"¡Señor! Esto estaba junto a la chica Weasley".
"¿Qué demonios es esto? ¿Un libro?".
"Rufus, ¿me permitirías ver eso?" preguntó el que Harry sabía que era el profesor Dumbledore. A estas alturas era la única voz que creía poder reconocer, a parte de la de la señora McGonagall, claro.
"Podrás verlo cuando el Ministerio haya terminado su investigación, Dumbledore. Llevaos a los mocosos de aquí. Dalton, encárgate del niño" espetó el hombre que hablaba con el director.
El corazón de Harry se hundió. Definitivamente era hora de volver al trono. De nuevo, en su cabeza estalló el conflicto. ¿No lo defendería el señor Dumbledore? ¿La promesa que le había hecho en el Ministerio ya no valía? La mujer a su lado debió darse cuenta de su lamento, porque acarició el dorso de su mano con el pulgar.
"Sí, señor".
De repente, Harry escuchó un movimiento a su espalda seguida de un estruendo, y no necesitaba ver para saber lo que había pasado. La puerta que había abierto hace solo un par de minutos se había cerrado detrás de ellos. El adolescente sintió un sudor frío cayendo por su cuello mientras la señora McGonagall le apretaba la mano y se acercaba a él.
"¿Qué está pasando?".
Golpes.
"¡Está completamente cerrada!".
"¡Es una trampa! ¡Seguro que ha sido el mocoso Potter!".
"¡Él es el parlante! ¡Nos ha atrapado aquí! ¡Cogedlo!".
Harry comenzó a hiperventilar.
"N-no… Yo no… Yo no he hecho nada…" susurró el niño, soltando la mano de McGonagall y empezando a llorar. "P-por favor… No…" murmuró, mientras sentía las lágrimas correr por su rostro y escuchaba pasos dirigiéndose hacia él. Ahí estaba de nuevo. El terror. Puso los brazos sobre su cara en un intento por protegerse.
Los golpes nunca llegaron. Sintió a la señora McGonagall agarrarlo fuertemente antes de hacer un movimiento extraño, y los pasos cesaron. En cambio, una serie de jadeos empezaron a escucharse a lo largo de toda la cámara, provocando espeluznantes ecos. Justo después, una voz profunda se oyó a lo largo de todo el espacio.
"Ella no despertará…"
Fue casi como un susurro que recorrió la espina dorsal de Harry. Escuchó unos pasos lentos pero firmes alejarse de él, ¿quizás el profesor Dumbledore?
"Hola, Tom" dijo el director. Harry había acertado.
El niño deseó más que nunca poder quitarse la venda. No entendía nada de lo que estaba pasando, y empezaba a sentir que el pánico podría dominarlo pronto. Sutilmente, alzó su mano izquierda y trató, por primera vez en su vida, de liberar su sentido de la visión. No funcionó, la tela estaba fija a su rostro como si le hubieran puesto pegamento. Se lamentó y se acercó a la señora McGonagall en busca de protección, intentando contener el llanto.
"Dumbledore. No puedo decir que sea un placer verte" dijo una voz que Harry no había escuchado nunca. Fue extraño, pues parecía provenir de todas partes y de ningún lugar al mismo tiempo. El joven Potter comenzó a sentir una quemazón en el pecho, como si algo lo estuviera quemando desde dentro.
"Así que es verdad, Tom. Guardaste parte de ti en ese libro" afirmó el director.
"¿Qué puedo decir? Me considero una persona talentosa".
"¿Qué quisiste decir con que no despertará?".
"Quise decir eso mismo, Dumbledore. La chica morirá hoy, y yo renaceré".
Harry escuchaba la conversación sin dar crédito. Una persona estaba amenazando con matar a alguien y Dumbledore estaba intentando detenerlo. Sintió una punzada de respeto crecer en su interior hacia el director, aunque se preguntó por qué el resto de personas que vinieron no estaban haciendo ni diciendo nada.
"Me temo que no tendrás éxito esta noche, Tom, porque no vas a salir de aquí".
De repente, Harry escuchó una risa altiva y algo desquiciada.
"Ah, Dumbledore, Dumbledore… Siempre has sido y siempre serás un tonto. De mi diario, la pequeña Ginny ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas... Así que Ginny me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte, alimentándome de sus temores y de sus profundos secretos. Su energía me fortalece, ¿y tú amenazas con matarme?" rio Tom. "Te animo a que lo intentes".
El adolescente escuchó moverse a la vez a todas las personas que los habían acompañado, gritando palabras que Harry no entendía. El ambiente se sintió muy denso de repente, como si aumentara la humedad del aire. Los gritos asustaron a Harry, y se encontró sin saber qué hacer desde su posición, así que siguió aferrándose a McGonagall, que no se había movido de su sitio. Después de unos segundos, los gritos cesaron, pero Harry escuchó al tal Tom reírse de nuevo.
"Gran exhibición. Ahora que habéis terminado vuestro patético espectáculo de luces, veamos qué pueden hacer el gran Albus Dumbledore y los perros del Ministerio contra el legendario basilisco de Salazar…" dijo, y luego Harry lo escuchó sisear. "Háblame, Slytherin, el más grande de los Cuatro de Hogwarts…".
De repente, el suelo que pisaba comenzó a temblar y Harry, desesperado, hizo lo primero que se le vino a la cabeza: abrazó a McGonagall y empezó a llorar, ya sin intentar reprimirse. Un gran ruido comenzó a inundar la cámara. Algo enorme estaba en la habitación con ellos.
"¡No lo miréis a los ojos!".
"¡Rápido, los gallos!".
Un golpe. Un chillido.
"¡No! ¡Dur, maldita sea!".
"¡Robards! ¡Ponla en algún lugar seguro y ayuda aquí, joder!".
Palabras ininteligibles.
"Matar… Desgarrar… ¡QUIERO SANGRE!".
Un grito desesperado seguido de sonidos de algo duro rompiéndose. Líquido cayendo al suelo, fusionándose con los charcos.
"¡Dawlish! ¡DAWLISH!".
"¡No funciona! ¡La cámara está encantada para que no se puedan conjurar gallos!".
"¡Me cago en la puta! ¡Confringo!".
Calor. Gritos. Risa.
"¡Apuntad a la boca! ¡Bombarda Máxima!".
"¡Reducto!".
"¡Fawkes! ¡Los ojos!". Ese era el señor Dumbledore.
Todo el ambiente comenzó a volverse más y más pesado, y sentía que la señora McGonagall lo empujaba temblorosamente hasta llevarlo a una esquina. Sintió ambas paredes en su espalda. La escuchó susurrarle en el oído, pero la cabeza del niño no dejaba de dar vueltas.
"¡Harry! ¡Harry, escúchame! Tienes que quedarte aquí, ¿de acuerdo? ¡Quédate aquí y no te muevas!" masculló la subdirectora con desesperación evidente en su voz.
Antes de que pudiera replicar, Harry escuchó como se iba corriendo a gritar más palabras que el niño no entendía.
"No… No me dejes…" susurró en súplica el niño, deslizándose por la pared con el miedo calado hasta los huesos. Todo temblaba. "No… No… ¡No! ¡No!" gritó mientras lloraba e intentaba arrancarse de nuevo la venda, esta vez arañándose la cara en el proceso. No funcionó. "¡Joder!" gritó, abrazándose las piernas y llorando desesperadamente, intentando que no le afectaran las fuertes vibraciones, gritos y golpes que retumbaban a través de toda la habitación.
Los segundos parecían horas. Ruido. Desesperación. Pesadez. Chillidos. Calor. Temblores. Cosas rompiéndose. Personas aullando. Personas muriendo. Sentía que sus tímpanos iban a estallar. No supo cuánto tiempo estuvo llorando, suplicando que alguien lo ayudara. Quería vomitar. No quería estar ahí. El señor Dumbledore dijo que esto no era peligroso. De repente, algo estalló justo a su lado, e hizo lo que cualquier niño aterrorizado en su situación haría: corrió. Corrió en línea recta sin ver, hacia la oscuridad, mientras sentía las lágrimas cayendo libres sobre sus mejillas.
Un gran estruendo. Algo muy grande cayendo al suelo.
"¡Apuñálalo! ¡Apuñala esa maldita cosa!".
Un chillido. Todo vibró. Muy fuerte. Casi como un terremoto. Escuchó cosas enormes chocando por todas partes, golpeando el suelo y generando horribles estrépitos. La Cámara de los Secretos se estaba derrumbando. Pero Harry siguió corriendo. Corrió, hasta que sintió algo contundente colisionar con mucha fuerza contra su coronilla.
El ruido se desvaneció.
Cursed!Blood
Cursed!Blood
Cañerías – Tarde-noche del 23 de mayo de 1993
Harry se removió. Estaba tirado bocarriba, podía sentir la piedra y el agua en su espalda. Cuando el dolor de cabeza lo golpeó con toda su fuerza, jadeó. Abrió los ojos, pero, obviamente, no veía nada. La venda seguía ahí. Hizo un amago de acomodarse cuando algo puntiagudo rozó su nariz.
"No te muevas" dijo una voz. Era una niña. "T-tu nombre" exigió. Intentaba ocultarlo, pero Harry notaba el miedo deslizarse en su voz. Sabiendo que estaba indefenso, el niño se dejó caer en el suelo, pero no respondió de inmediato. "¡Di t-tu n-nombre!" repitió la chica con un chillido.
El joven Potter se preguntó por qué ya no escuchaba gente muriendo.
"Harry" respondió. Seguía teniendo miedo, pero al menos ahora las paredes no temblaban. Todo estaba extrañamente tranquilo.
"Harry, ¿qué más?" gritó la niña. No parecía estar escondiendo su desesperación ahora.
"Harry Potter" susurró el niño en respuesta. Tenía ganas de llorar, y aún sentía lo que sea que estuviera usando la cría para amenazarlo rozando su nariz.
El adolescente escuchó un resoplido.
"C-claro. Cómo no. M-muy bien Harry Potter, ¡ahora vas a decirme qué haces aquí antes de que… de que… te hechice!" rugió la niña. Harry podía casi afirmar que estaba al borde de un ataque de pánico. Los conocía bien.
El joven Potter no pudo evitarlo; empezó a sollozar.
"N-no lo sé. E-el s-señor D-Dumbledore s-solo quería q-que abriera la cámara p-pero…" lloró Harry. Sus lágrimas ya corrían, y podía sentir su pecho subiendo y bajando demasiado rápido. "T-todo comenzó a-a explotar y… había mucho ruido, y todos gritaban, y d-de repente todo s-se cayó y sentí un golpe y… no sé nada más" intentó explicar Harry. "L-lo he estropeado, ¿v-verdad? E-el s-señor D-Dumbledore s-se e-e-enfadará c-conmigo, p-pero dijo q-que no era peligroso, n-no sabía q-qué hacer, así que c-corrí" añadió mientras lloraba. Las palabras apenas salían.
"¿T-te pidieron que abrieras la cámara?" preguntó la voz. Harry, sintiéndose incapaz de responder, asintió con la cabeza. "¿Por qué?".
"Ginevra W-W-Weasley" consiguió decir Harry. "E-Escuché que decían que estaba a-atrapada aquí y me pidieron q-que ayudara".
"Oh" dijo la voz.
Harry sintió que el objeto se retiraba de su nariz, pero siguió llorando. Unos segundos después, escuchó que la voz que hace unos segundos le gritaba histérica ahora lloraba también. Harry no se reprimió y dejó salir todo el miedo que había sentido.
Después de unos largos minutos, ambos llantos se redujeron a leves sollozos. Fue ella quien reanudó la conversación.
"Yo soy Ginevra Weasley" dijo. Esta vez, su voz ya no tenía ese tinte de terror. Sonaba vacía. "Estás aquí porque me dejé engañar por un estúpido diario. Soy una idiota. Una gran idiota…" explicó, bajando la voz hasta que se convirtió en un susurro.
"Oh" respondió Harry esta vez. No se había movido del suelo, y su voz sonaba muy ronca. "Me alegra que estés bien" dijo, sintiendo las lágrimas correr por sus mejillas.
La verdad era que el adolescente no sabía qué decir. No entendía lo del diario, ni conocía ningún detalle de la historia que lo había traído aquí. Solo le habían pedido que abriera la cámara.
"¿Bien?" preguntó Ginevra. La histeria volvía. "He atacado a estudiantes. Creo que incluso maté a alguien. He herido a mis amigos, a profesores y casi hago que un espíritu maligno vuelva a la vida. Me expulsarán, me juzgarán, romperán mi varita y me enviarán a prisión, ¡estoy lejos de estar bien!" chilló la niña. Sus sollozos se intensificaron de nuevo.
Harry, a pesar de los suyos propios, prestó atención.
"Escuché a alguien hablar sobre un libro hace un rato. ¿Había un… espíritu dentro?" preguntó el adolescente. Seguía tirado bocarriba en el suelo. Tampoco podía ver, así que realmente no hacía la diferencia.
"Se llamaba Tom. Era el chico más encantador que puedas imaginar. Encontré el diario un día en mi mochila. Cuando escribía en él, Tom me respondía. Al principio fue una especie de… consejero, no lo sé… Simplemente hablábamos" explicó la niña como pudo. Su voz seguía sonando hueca. "Para cuando me quise dar cuenta, escribía en el diario todos los días. A todas horas. No sé cuándo pasó, pero con el tiempo empezaron a pasar cosas extrañas. Algunos días me despertaba sin saber qué hice la noche anterior, otros, cubierta con plumas y sangre. Con el tiempo, me distancié de todos. Pero no importó, porque lo tenía a él. Creo que…" dijo Ginevra. Comenzó a llorar de nuevo. "Creo que le quería, y solo me usó. Me poseyó para usar mi cuerpo y recuperar el suyo. Me siento violada" sollozó la niña. "Todo por mi culpa. Soy una maldita idiota" terminó, para luego llorar histéricamente de nuevo.
Ahora Harry se hacía más o menos idea de cómo había sido la historia. Si había entendido bien, el diario contenía un espíritu que engañó a Ginevra para que hiciera cosas horribles, la poseyó e intentó revivir a su costa, y ella se sentía culpable por eso.
"Ginevra…" empezó Harry. Aún no podía hablar bien.
"Ginny".
"¿Eh?".
"Nadie me llama Ginevra. Solo Ginny".
"Vale… Eh… Ginny… No creo que tengas la culpa, ¿sabes?" afirmó Harry, carraspeando.
"¿Qué?" preguntó Ginny. Su voz sonaba perpleja. A juzgar por el origen, no parecía haberse movido desde que se había retirado para llorar.
"Quiero decir… Yo no sé nada de magia, ¿sabes? Algunas de las cosas que has dicho me resultan difíciles de entender, pero… Si te engañó, no creo que tengas la culpa. Le escuché en la cámara y no parecía buena persona".
"Es fácil decirlo" resopló la niña. La culpabilidad seguía muy viva en su voz.
"Lo sé, pero… No sé, Ginny. Tendrías la culpa si lo hubieras hecho a posta. No eras tú, así que… No creo que debas culparte por ello. Él hizo esas cosas horribles, no tú".
La chica Weasley se tomó unos segundos antes de responder.
"Gracias" fue lo único que dijo, seguido de otro sollozo.
"No hay de qué" respondió Harry. Tampoco sabía qué otra cosa podría decir. Era, sin contar las preguntas complicadas de la gente del Ministerio, la conversación más larga que había tenido en su vida.
Durante un par de minutos, ambos permanecieron callados, siendo el silencio únicamente interrumpido por los hipos ocasionales de Ginny. Harry permaneció tumbado en el suelo.
"¿De verdad tu apellido es Potter?" cuestionó Ginny.
"Sí".
"¿Y cómo es que hablas pársel?".
"No lo sé. Creo que siempre he podido hacerlo, pero no estoy seguro" respondió el niño sinceramente. En su memoria había ecos, como con casi todo, pero siempre había sido consciente de que poseía dicha habilidad.
"¿Estás ciego?" preguntó repentinamente la niña. A pesar de que su voz seguía ronca, parecía más o menos tranquila. Ya no hipaba.
Harry negó con la cabeza desde su posición.
"Creo que no".
"¿Crees?".
"Hace mucho que me pusieron esta venda, pero, que yo recuerde, puedo ver".
"¿Y por qué no te la quitas?".
"Está pegada".
"Oh".
Un momento de silencio.
"¿Piensas levantarte?".
"Me da un poco de miedo caerme" admitió Harry.
"Puedo ayudarte, si quieres".
"Eso estaría bien".
Escuchó pequeños pasos acercarse. La niña le dio la mano y, tirando de él como pudo, Ginny ayudó a Harry a levantarse. Lentamente, lo guio a uno de los escombros para que se apoyara. El adolescente la sintió sentarse a su lado derecho, guardando una distancia prudencial.
"Entonces, la cámara se ha derrumbado, ¿no?" preguntó Harry, manteniendo la cabeza agachada.
"Sí" confirmó Ginny. "Muchos trozos del techo se han caído. Creo que te has salvado de milagro. Había una piedra muy grande cerca de tu cabeza. Parece que estamos en una de las cañerías, y el camino hacia la cámara está destruido. No creo que podamos volver por ahí".
Fue en ese momento cuando Harry se dio cuenta de la situación en la que realmente se encontraba. Su corazón se saltó un latido. Estaba lejos del Ministerio. Quizás… Quizás era una oportunidad. Podría dejar todo atrás. Los engranajes de su cabeza empezaron a girar a toda velocidad. ¿Le encontrarían si intentaba irse? Si le encontraban, ¿sería peor a la vuelta de lo que alguna vez fue? Y si no lo encontraban… ¿había posibilidad de vivir sin miedo? ¿Tenía alguna oportunidad siquiera de escapar del Ministerio si lo buscaban?
La elección no fue difícil.
"Bueno, eh…" comenzó a hablar Harry. "Yo… Me alegro de que estés… Uhh… Bueno, me alegro de que hayan podido rescatarte. Tengo que irme" dijo el niño rápidamente, poniéndose de pie y caminando a tientas por la cañería.
Escuchó pequeños pasos detrás suya.
"¿Vas a dejarme sola?" preguntó Ginny. Aunque intentaba sonar indignada, Harry escuchó la misma súplica que él mismo le había dado a McGonagall en la cámara. La chica tenía miedo.
Harry se congeló en el sitio, agachando la cabeza.
"Yo… De verdad tengo que irme, Ginny…" susurró el niño.
"¿Por qué?" preguntó la chica. Seguía parada justo a su espalda.
"Bueno… Es un poco difícil de explicar…".
"No soy tonta" refutó Ginny. Esta vez, su voz sonaba genuinamente indignada.
"No, eso no es lo que quería decir" gruñó Harry, frustrado, mientras se revolvía el pelo con una mano. Contuvo un escalofrío al sentir lo sucio que lo tenía. "Es solo que… Realmente necesito salir de aquí, y rápido. No quiero encontrarme con nadie".
"¿Y tu plan es moverte por cañerías sin ver nada? Creo que no soy la única tonta aquí".
Harry no tuvo nada que decir a eso. Sabía que las posibilidades eran ínfimas, pero la verdad era que prefería apostar por ellas que volver al Ministerio. Sin embargo, no tenía forma de explicarle a la niña el porqué de esa decisión. Ni siquiera él mismo sabía el motivo de su encierro, ¿cómo podía, entonces, tratar de aclarárselo a ella?
Se giró para enfrentar a la chica, a pesar de no poder verla.
"Ginny, mira… Si me encuentran, pasarán cosas malas. Yo solo… Solo quiero irme de aquí. Quiero poder vivir, y la única forma de hacerlo es salir de aquí por mi cuenta. No espero que lo entiendas, porque ni siquiera yo lo hago, pero… En fin, eso, que… Que me tengo que ir, ¿vale? Estoy seguro de que vendrán a por ti. El señor Dumbledore parecía buena persona, no te dejará aquí. Buena suerte, Ginny" explicó Harry, despidiéndose de nuevo, para después darse la vuelta y comenzar a caminar.
Esta vez no oyó pasos siguiéndole.
"Has hecho algo malo, ¿verdad?" sollozó la niña a su espalda después de unos segundos. Harry siguió andando a tientas, sin querer responder a eso. "No creas que no reconozco esas cosas que tienes en las muñecas. Mi hermano Bill me ha hablado más de una vez de los anillos de Morgana" dijo Ginny, alzando la voz para asegurarse de que la escuchaba.
Harry, por primera vez en mucho tiempo, sintió algo que no estaba acostumbrado a experimentar: ira.
Se dio la vuelta de nuevo.
"¡No he hecho nada! ¡Nunca hice nada!" gruñó el niño.
"Bueno, eso es lo que diría alguien que definitivamente hizo algo" se burló Ginny, a pesar de que los sollozos no se habían ido.
"¡¿Por qué todo el mundo dice eso?!" gritó Harry, agarrándose el pelo con rabia. "¡Estoy harto! ¡Todos me repiten una y otra vez que merezco estar encerrado cuando no es cierto!" añadió. Podía sentir, de nuevo, las lágrimas picar en sus ojos. "Estoy harto… Muy harto…" repitió. Sintió su ira diluirse en una profunda tristeza, e hizo todo lo que pudo para evitar llorar de nuevo.
Después de unos segundos, escuchó a Ginny acercarse a él. Contuvo un grito de sorpresa al sentir una pequeña mano sobre su hombro.
"Eh" dijo la niña. Sonaba arrepentida. "Lo siento. No quería decir eso. Tú me has creído con lo de Tom, así que… Yo también te creo a ti, ¿vale?".
Harry sintió un pinchazo en el pecho.
"¿De verdad…?" susurró el niño, con la cabeza baja.
"De verdad".
Silencio.
"Gracias" respondió con voz ahogada. Casi sin darse cuenta, cogió la mano de la niña apoyada en su hombro y entrelazó sus dedos con los de ella. "Todos parecen odiarme, y no sé qué hacer para demostrar que no he hecho nada".
"Seguro que no todos te odian, Harry" respondió la joven Weasley con voz suave.
Harry negó con la cabeza.
"Todos lo hacen".
"Bueno, yo no" señaló Ginny. El niño le dedicó una sonrisa un poco torcida. "Ven, busquemos la salida" dijo Ginny, tirando de su mano para que comenzase a caminar. "¡Lumos!".
"¿Lumos?".
Ginny hizo un sonido como si no entendiese lo que le estaba consultando. El adolescente se cuestionó si había estado mal que preguntara.
"Es verdad, antes dijiste que no sabías nada de magia. Lumos es un hechizo para hacer luz. Lo aprendí este año, aunque mi profesor era un completo imbécil, así que tuve que estudiarlo por mi cuenta" comentó Ginny. "¿No has ido a ninguna escuela, entonces?".
"No" respondió Harry. "Todo lo que recuerdo, y no recuerdo casi nada, es estar encerrado".
Ambos seguían caminando a través de las cañerías.
"Lo siento" respondió la niña. "Cuidado, un escalón" advirtió. Harry lo buscó a tientas con el pie y lo subió sin problemas. "Yo a veces también me he sentido así, ¿sabes? Mi mamá está obsesionada con el control. Sé que no es lo mismo, pero a veces me gustaría poder tener un poco más de libertad. Aunque creo que eso se ha acabado para mí ahora" dijo Ginny. Su voz sonaba ahogada de nuevo.
"¿Qué quieres decir?" preguntó Harry, sin entender. Esto provocó que Ginny llorara otra vez. Se encontró sin saber qué hacer, así que le apretó la mano levemente y acarició el dorso de la misma con su pulgar, como había hecho la señora McGonagall con él en la cámara.
"Lo siento, e-es que…" sollozó Ginny. "Es lo que dije antes… Romperán mi varita y me mandarán a prisión por lo que ha pasado…".
"No es tu culpa, Ginny…" susurró el niño.
"Bueno… Lo sea o no, es lo que pasará… Quiero decir, mírate, si es verdad que te han encerrado sin haber hecho nada, ¿qué pasará conmigo?" se lamentó la niña. Harry no pudo evitar hacer una mueca ante esa explicación, y parecía que Ginny lo vio. "Lo siento, no quería ser tan brusca, de verdad, a veces digo las cosas sin pensar. Es solo que no sé lo que voy a hacer".
"No te preocupes" respondió Harry, sintiéndose algo miserable, en parte porque Ginny tenía razón. "Ya pensaremos algo" añadió.
"¿Eh?" preguntó la pequeña Weasley.
"Bueno, me estás ayudando, así que yo te ayudaré a ti".
"Te estoy ayudando porque tú me has ayudado, tonto. Cuidado, otro escalón".
"Entonces te ayudaré por tu ayuda en mi ayuda" rio Harry tras saltar el pequeño obstáculo.
"Eso ni siquiera tiene sentido" respondió Ginny, sonando indignada, aunque la pena había desaparecido de su voz.
"No es mi culpa que no lo entiendas" dijo el adolescente, intentando sonar casual. Esta declaración hizo que Ginny se detuviera y le soltara la mano.
"¿Me estás llamando tonta de nuevo?" chilló la niña. Esta vez sonaba enfadada de verdad, aunque Harry escuchó el humor que se escondía detrás de su voz.
Harry levantó las manos en señal de rendición, aunque no pudo evitar la sonrisa en su cara.
"Tú también me has llamado tonto" se defendió el adolescente.
"¡Pero tú sí lo eres! ¡Yo no!" espetó la niña, con el humor ahora evidente en su voz.
"¡Sí, señora! ¡Lo que usted diga, señora!" respondió Harry, haciendo su mejor imitación de un tono militar, aunque la actuación fracasó cuando se echó a reír al final de la misma. Hacía mucho que no se reía. Se sintió bien.
"¡Bien! ¡Y que no se te…!" empezó, pero cortó la frase a mitad de camino, provocando un extraño silencio.
"¿Ginny?" preguntó Harry, confuso.
"Antes has dicho que no recordabas casi nada. ¿Qué querías decir?" preguntó la niña. Su voz sonaba como si estuviera inmersa en sus pensamientos.
"¿A qué viene eso?".
"Ahora te digo, tú responde".
"Bueno… Es un poco raro. Siento que olvido muchísimas cosas, pero… Ni siquiera sé cómo explicarlo. Es como si, conforme pasa el tiempo, mi cabeza borrara casi todo. Es difícil definir algo cuando no sé lo que es" trató de aclarar Harry.
Ginny no contestó de inmediato, pero el adolescente la sintió acercarse a él.
"Hay runas grabadas en la venda que tienes puesta, no las veía sin la luz" expresó la niña.
"¿Runas?" preguntó Harry.
"Sí. Es una especie de… alfabeto mágico. Producen magia por sí mismas, por lo que sus efectos se mantienen a lo largo del tiempo" explicó Ginny. A juzgar por su voz, se encontraba cerca de él, como si estuviese escudriñando la tela sobre los ojos de Harry.
"¿Un… alfabeto? ¿Y qué dice?".
"Hay muchas… Y no las entiendo todas, en Hogwarts no estudiamos Runas Antiguas hasta el tercer año, y yo recién estaba acabando el primero" comentó la niña. "Sin embargo, mi hermano Bill trabaja mucho con estas cosas, y se ha pasado horas hablándome de ellas".
"Parece una persona inteligente".
"Sí, es mi hermano favorito. Me ayudó mucho cuando todos mis otros hermanos estaban en la escuela. Ahora deja de distraerme, creía haber visto… Sí, es Perthro. Está repetida muchas veces y combinada con otras".
"No sé si lo entiendo, Ginny".
"Perthro se utiliza a veces para esconder cosas. Está escrita muchísimas veces, casi como si… la venda estuviese ocultando algo. También se repite Thurisaz, que se relaciona con el conocimiento y la mente… Si tuviera que apostar, diría que esta venda es el motivo por el que olvidas tanto, pero no puedo decirlo al cien por cien, no entiendo la mayoría del resto de runas, solo conozco Ear y Laguz, pero no sé lo que significan, lo siento".
"Guau" silbó Harry. "Eres increíble, Ginny" dijo sinceramente.
La joven Weasley no contestó de inmediato.
"G-gracias".
"Entonces, ¿estás diciendo que, si me quito esto, podré recordar todo lo que he olvidado?" preguntó Harry, esperanzado. Sería bueno poder recuperar todos los fragmentos perdidos de su vida.
"No lo sé" admitió Ginny. "De lo único de lo que estoy casi segura es de que si te la quitas dejarás de olvidar cosas".
"Normalmente puedo recordar la última semana, más o menos".
"Entonces tenemos siete días para quitártela. No podemos dejar que me olvides, ¿no?" preguntó Ginny, divertida.
"¿Podríamos decir que me estás ayudando por mi ayuda en tu ayuda?".
"Cierra el pico y sigue caminando, tonto" respondió la niña entre risas para luego volver a agarrar la mano de Harry y seguir caminando.
Pasaron unos minutos de cómodo silencio. Harry se dejó guiar por Ginny a través de la oscuridad, esquivando los ocasionales obstáculos que la niña le iba indicando. Después de un rato, se reinició la conversación entre ellos.
"¿Crees que esto tiene salida?" preguntó Ginny. Sonaba preocupada.
"No lo sé. Al fin y al cabo, no puedo ver, pero confío en que nos sacarás de aquí" admitió Harry.
Una vez más, Ginny tardó unos segundos en contestar.
"Haré lo que pueda, lo prometo" murmuró la niña.
"Sin embargo, me preocupa más lo que pasará después. No tengo ni idea de lo que haré. Nunca he pensado que pasaría si lograse escapar" susurró Harry.
La verdad era que, después de tres años de confinamiento, había supuesto que el mundo siempre sería oscuridad y niebla para él. Quizás debería volver con su familia, aunque estaba el hecho de que tampoco sabía qué ocurriría si lograra recuperar sus recuerdos. Era consciente de que había tenido que marcharse de su lado, pero no conocía el motivo. Puede que, si los volviese a ver, se lo explicarían, e incluso era posible que lo protegieran. Después de todo, había fantaseado durante años acerca de sus padres rescatándolo del Ministerio. Por otro lado, ahora que sabía que había una oportunidad de recordar lo que pasó, le daba miedo que el motivo por el que se había separado de ellos fuese su culpa.
Todo era muy confuso, y nunca se había dado el lujo de pensar acerca de ello. La voz de Ginny lo sacó de su ensimismamiento.
"Ya veremos, Harry. Yo tampoco sé lo que pasará".
"Todo irá bien".
"Ya… Eso era lo que decía Tom…" susurró la niña en un sollozo. El niño le apretó la mano en respuesta.
Ninguno de los dos quiso decir nada más, así que los niños siguieron caminando a través del laberinto de cañerías durante lo que parecieron horas, manteniendo de vez en cuando alguna conversación sin importancia. Harry aprendió que Ginny era la más joven de siete hermanos, y la única chica que el matrimonio Weasley había conseguido concebir. Al parecer, ese era motivo suficiente para que su madre controlase todo sobre su vida. También parecía dolida por el hecho de que, aunque su familia se jactaba de protegerla día y noche, ninguno se había dado cuenta de que estaba siendo poseída por un espíritu oscuro.
También le contó un poco acerca de cómo funcionaba Hogwarts, sus casas y sus asignaturas, y de lo arrepentida que estaba de haber perdido su amistad con una tal Luna Lovegood por haber estado en casas diferentes y por su obsesión con el diario de Tom. Además, le proporcionó, a grandes rasgos, algo de información acerca del mundo mágico, como el Wizengamot, las antiguas familias y las tradiciones de los sangre pura. El niño lo absorbió todo como una esponja, y de vez en cuando le regaló algún halago a Ginny a lo largo de la conversación. La voz de la niña parecía entrecortarse cada vez que Harry le decía lo increíble que le parecía que supiese todas esas cosas, y afirmaba que era algo que todos los niños nacidos de padres mágicos sabían. A pesar de ello, al adolescente le seguía sorprendiendo.
Harry, por desgracia, no tenía mucho que contar. Le habló de su familia, aunque a Ginny le costaba creer que fuese el hermano de Claire Potter.
"¿Ella lo sabe? Nunca ha mencionado nada" preguntó Ginny, curiosa.
"No lo sé" admitió el niño. "Si no lo ha dicho, supongo que no. Me gustaría conocerla, la verdad".
"Sí, bueno, eso es lo que dice todo el mundo antes de hacerlo".
"¿Qué quieres decir?" dudó el niño.
"Bueno… Tengo que admitir que siempre quise conocerla también, pero me llevé un chasco bastante grande cuando lo hice" explicó Ginny con voz incómoda.
"¿Siempre quisiste? ¿Habías oído hablar de ella antes o algo así?".
Ginny suspiró cansada.
"Cierto, perdona, a veces olvido que no sabes nada. Verás, ella tiene el título de Niña-Que-Vivió. Por lo visto, un mago oscuro al que llamamos El Que No Debe Ser Nombrado atacó a la familia Potter hace casi diez años, y de alguna manera pudo resistir la maldición asesina. Nadie lo había hecho nunca. De un día para otro, todos los periódicos publicaron que Claire consiguió derrotar a ese mago, y desde entonces todo el mundo sabe quién es. Por eso aún me cuesta creer que seas su hermano. Los Potter son una familia muy famosa, a todos los niños de hoy en día se les cuenta las grandes historias de Claire Potter".
Cuando escuchó la explicación de Ginny, Harry sintió un pinchazo en la sien y, como si fuera un eco, pudo ver a su madre hablándole a él y a una niña muy pequeña. Luego, todo fue muy rápido. Gritos. Golpes. Una luz verde.
Harry se encontró arrodillado sobre el húmedo suelo de la cañería, agarrándose la cabeza con dolor.
"¡¿Harry?! ¿Estás bien? ¿Qué pasa?" escuchaba el niño de fondo, como si un filtro estuviese colocado en sus oídos. "Dime algo, Harry, por favor".
Con el pasar de los segundos, todo pareció aclararse, y buscó a tientas la mano de Ginny. Cuando la encontró, se puso de pie a duras penas.
"¿Harry?" sollozó Ginny.
"Estoy bien, estoy… bien…" murmuró el niño. El dolor de cabeza comenzaba a irse. "Es solo que, cuando has dicho eso, he recordado algo…".
"¿El qué?".
"No mucho, la verdad… Solo a mi madre diciéndonos a Claire y a mí que teníamos que escondernos. Luego solo eran colores y voces…".
"Bueno, es algo, ¿no?" preguntó Ginny, más animada.
"Sí. Gracias, Ginny. Eres increíble, en serio" halagó el niño, dedicándole una sonrisa.
De nuevo, y como si fuese un ritual, la pequeña Weasley no respondió de inmediato.
"B-bueno. Ven, sigamos" dijo Ginny, tirando suavemente de su mano para que continuasen caminando. "Como estaba diciendo antes de que te explotase el cerebro, todos los niños del mundo mágico conocen la historia de Claire Potter, pero la realidad es que es una niña bastante… desagradable, la verdad. La tonta trata a los demás como si fuese el centro del universo. No me gusta" declaró Ginny.
"Oh. Es una pena".
"Sí. Cuando era muy pequeña soñaba con hacerme su amiga, y la conocí hace tres o cuatro años, y lo primero que me dijo fue que parecía una zanahoria" se quejó la niña. "Pues bien, yo seré una zanahoria, pero apuesto a que podría patearle el culo con mi maleficio de murciélagos".
"¿Zanahoria?" preguntó Harry sin reírse.
"Soy pelirroja" dijo la niña, como si fuera lo más obvio del mundo. "Toda mi familia lo es" añadió.
"Pero, que yo recuerde, ella también tiene el pelo rojo, ¿no?".
"Sí, pero mi pelo es más naranja que rojo, mientras que el suyo y el de vuestra madre es más caoba".
"Bueno, seguro que tienes un pelo bonito, Ginny".
"¿E-estás tratando de avergonzarme?" chilló la niña, soltando su mano repentinamente.
"No, solo digo lo que pienso" respondió Harry, aunque se le escapó una sonrisa. Sintió un ligero golpe en el pecho que no le hizo daño y que, por primera vez, no lo hizo estremecerse de miedo.
Después de unos minutos de más caminata, Ginny detuvo su paso repentinamente.
"Oye, quédate aquí un segundo, ¿vale? En seguida vuelvo. No te muevas" ordenó la niña mientras comenzaba a alejarse.
"¿Dónde vas?" preguntó Harry, curioso a la vez que temeroso de que lo dejara.
"Te digo que vuelvo en seguida. ¡No te muevas!" gritó, al ver que el niño la seguía a tientas.
"Pero no lo entiendo, ¿por qué te vas?".
"¡Porque tengo que hacer pis y no quiero que me escuches, imbécil!" rugió la niña, para luego alejarse corriendo.
Harry la oyó chapotear mientras se alejaba, y no pudo evitar una pequeña risa. No había pensado en ello. De repente se congeló. ¿Cuándo había sido la última vez que él había ido al baño? Sus pensamientos fueron cortados cuando, a lo lejos, se oyó el sonido que Ginny había querido evitar que escuchase.
"¡Lo estoy oyendo!" gritó con una sonrisa. Oyó un agudo chillido a lo lejos y, después de unos segundos, unos pasos chapoteando hacia él a toda velocidad.
"¡¿Cómo es posible que lo hayas oído a esa distancia?! ¡Guarro!" voceó la niña.
"No es mi culpa tener buen oído".
"¡Bien! ¡Pues ya está! ¡Vámonos!" ordenó Ginny, agarrándolo de la mano y tirando bruscamente de él.
"Supongo que no has tenido donde lavarte las manos, ¿no?".
Ginny chilló de nuevo. Para Harry, se sintió como unas vacaciones sin terror.
Cursed!Blood
Cursed!Blood
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