Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en el juego de quidditch de marzo para La Copa de la Casa 2018/19 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Material elegido: Bludger.
Género sorteado: Angustia.
→ Aviso: Usé el extra de 100 palabras. Ambientado en un WI? donde el accidente de Oliver Wood, durante su primer partido de quidditch, tuvo un daño colateral inesperado.
Voces inaudibles
El niño no se desenvolvía nada mal en la escoba. La manera en que cambiaba de dirección carecía de los aspectos técnicos para una amplia aceleración, o para evitar estrellarse con el desafortunado jugador que estuviera en medio; cada movimiento que hacía reflejaba que se encontraba ansioso por volver a volar, como si la clase de vuelo no hubiera suficiente. Entendía esa sensación; era tan magnífica e inigualable que no se podía explicar con palabras. Se debía vivir para que se pudiera entender.
—Veo que tienes un talento natural —dijo Oliver. Harry aterrizó cerca de él y aguardó por sus indicaciones; al menos no tendría que enseñarle la importancia de respetar al capitán, a diferencia de ciertos gemelos del demonio que nunca le obedecían—. Voy a enseñarte las reglas esta noche; pero te prevengo, ten cuidado cuando estés en el campo. Los accidentes pasan. Accidentes graves, algunas veces.
—¿Voy a morir?
—No necesariamente. Nadie ha muerto en años. —Harry palideció—. Los Weasley son oponentes perfectos para la bludger. Ellos no han permitido que ninguna le pegue a ningún integrante de mi equipo. Por ciertos, las bludger son aquella pelotas que te embestirán de vez en cuando, y te noquearán si le das la oportunidad. Evítalas siempre que puedas.
—¿Me perseguirán a todas partes?
—No. —Se lo pensó mejor—. A menos que las maldigan, pero no creo que nadie se atreva con la profesora McGonagall y madame Hooch observándonos. Ni Flint lo haría.
A los dos le gustaba el quidditch, pero solamente Oliver actuaba como un maníaco obsesivo. Un toque melancólico se entremezcló con el atisbo de una sonrisa que no terminó de aparecer. Echaba muchísimo de menos escuchar la voz de Percy, uno de los pocos amigos que conservó. Había heridas que ni la magia podía sanar. Eso era algo que sabía desde niño, pero nunca creyó que lo experimentaría.
—¿Estás bien?
Frunció el ceño. ¿A qué se pensaba que estaba jugando? Luego supuso que la profesora McGonagall no le había dicho nada aún y se sintió como un estúpido. No debía enfadarse cada vez que le hacían esa pregunta, pero no lo podía evitar.
Le explicó en qué consistía el resto de las posiciones y Harry comparó el trabajo de los cazadores con el baloncesto. Le especificó qué debía hacer como buscador del equipo y mencionó que uno de los partidos de quidditch tenía el récord de que duró tres meses.
Bueno, de ese dato no estaba seguro.
—¿Preocupado, Harry?
—Me advertiste dos veces que tuviera cuidado con las bludger. Solamente me has dado la teoría de cómo evitar que una de esas me rompa la mandíbula, pero no me has dejado que averigüe si soy capaz de hacerlo —respondió, algo alterado—. Entiendo que la snitch se pierda pero…
—Tranquilo —le pidió. Se imaginó que un tono culpable se filtró en sus palabras—. Es por algo que sucedió en mi primer partido. No recuerdo mucho de eso… Una bludger me golpeó la cabeza a los cinco minutos y me desperté a la semana en el hospital. Pensé que estaba bien. Cuando madame Pomfrey me revisó, descubrimos que no pude oír nada.
—¿Y ahora sí? —dijo Harry. Oliver negó con la cabeza—. Pero nuestra conversación… No he sospechado que no puedas, bueno, ya sabes, oírme. ¿Cómo lo haces?
—Aprendí a leer labios —contestó—. Me tomó un par de meses conseguirlo. Charlie Weasley, mi antiguo capitán, quiso relegarme a las reservas hasta que pudiera valerme por mí mismo. Le recordé que soy el guardián. No tengo que preocuparme demasiado por una bludger; sin embargo, no subestimo el daño que pueden causar.
Un golpe en la cabeza puede causar la pérdida de audición o problemas de vértigo. Existe la posibilidad de que se recupere la audición; sin embargo, las lesiones del nervio auditivo son irreversibles.
