Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en el minirreto de septiembre para La Copa de la Casa 2019/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Animal sorteado: jobberknoll.
→ Ambientado en un WI? donde el accidente de Oliver Wood, durante su primer partido de quidditch, tuvo un daño colateral inesperado.
La silenciosa melodía
—¿Por qué no?
La música estaba sobrevalorada. Por ende cualquier criatura que se enorgulleciera por tener una voz celestial no tenía cavidad en su modesto apartamento, para sus estándares. Pese a que podía concederse algo más apropiado a su estatus social, no lo hacía. No era para demostrar un punto que nunca hizo o para huir de las consecuencias de una guerra que finalizó hacía seis años. Sabía que la gente debía aprender a superarlo o nunca podrían avanzar, tal como lo hacía hecho desde que se mudó a Northumberland.
La parte muggle del condado era pasable.
—Lo que pasa es… —Esta era la vigésima vez que Oliver le hacía esa pregunta, aún seguía sin tener una respuesta que la convenciera—. No rechazo la magia —respondió finalmente, a pesar que era una mentira que la incomodaba día a día.
¿Era extraño que ya no sintiera que pertenecería ahí? No se lo pensó dos veces, como venía siendo lo habitual, cuando empacó lo que consideró necesario y se fue sin despedirse de nadie. Un hechizo por aquí y el apartamento era de su propiedad. ¿Quién hubiera imaginado que los muggles utilizaban otra forma de dinero, que le parecía bastante peculiar?
Creyó que toda la compañía que pudiera querer la encontraría en Azurine.
Pero Oliver era simpático cuando se lo proponía.
—¿Por qué nos comparas?
Le pareció extraña la pregunta. «Hay otras profesiones relacionadas al deporte», le dijo. «Pero aun así es molesto». Sin embargo, ahora formaba parte de las reservas de dicho equipo en la posición de guardián; era el siguiente en la línea para ser parte de la selección, en cuando el veterano en turno se fuera.
—Azurine lo hará cuando vaya a morir. Me recuerda a ti: tú no oyes ni ella canta.
—¿Es por eso que te gustamos? —bromeó. Morag fingió una tos mientras se avergonzaba—. ¿Entonces si me acerco, también me besarás?
Quería dar un comentario sarcástico pero era difícil cuando Oliver estaba acariciando a Azurine. Le tomó dos meses hacer que Azurine la quisiera, y Oliver solo apareció y lo consiguió en menos de dos semanas. Bueno, quizá se debía a que Oliver no la rechazó cuando la conoció. ¿Quién la podía culpar? Ella nunca quiso una mascota; pero sus padres se la regalaron, no la podía abandonar por ahí.
Por indignación, lo hizo una vez.
Así fue cómo conoció a Oliver.
—Tal vez.
—¿Lo hacemos?
