Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Tema 69: Molestia (O Annoyance).


Entre dos amores

"Skills are cheap.

Passion is priceless."

Gary Vaynerchuk.


En los veinticinco meses que llevaba de conocerlo, se había adaptado al patrón de comportamiento de Oliver.

O lo intentaba.

—Oye, amor… —Comenzó a decir en el tono más dulce que pudo invocar. Esa tuvo que ser la primera señal de alerta, eso tuvo que darle a entender que no estaba contenta con lo que sucedía pero, como venía siendo lo habitual, Oliver no se interesó por nada que no fuera ese ridículo plan suyo. A veces tenía ganas de arrojar esa libreta a la basura—. ¿Recuerdas qué día es hoy?

—¿Es tu cumpleaños?

—No.

—¿Es mi cumpleaños?

—No.

—¿Es el cumpleaños de alguien a quién conozco?

—No.

—Ah… —dijo distraídamente. Morag prefirió tranquilizarse antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse—. ¡Ya recuerdo! —Morag sonrió—. Si es nuestro aniversario, lo lamento pero lo olvidé. Con gusto aceptaré mi lugar en el sofá. Solo permite que termine con la sección dedicada al entrenador Corner. Él cree que solo porque es el entrenador no tiene que mantenerse en forma. Error de novato, te lo digo yo. Pero una vez que le entregue este programa, el entrenador Corner ya habrá mejorado su condición física.

Su novio estaba a un paso de convertirse en el dolor de cabeza del entrenador Irvin Corner debido a que, desde que fue aceptado como el guardián titular de los Puddlemere United, aún se negaba a aceptar el «lamentable intento de régimen de entrenamiento» que diseñó Corner hacía más de treinta años. «Oliver, estás exagerando. Hay una razón por la que los Puddlemere United son uno de los mejores de la liga hoy en día», le dijo pero él no la escuchó. A pesar que no entendía mucho del quidditch o de cualquier otro deporte en general, sabía reconocer el esfuerzo que su novio le ponía a lo que más amaba en el mundo.

Y ahí era donde su humor se agriaba.

Se suponía que ella era la novia, se suponía que ella debía recibir un mínimo de atención; sin embargo, en ocasiones como esta, parecía que Oliver mantenía una relación romántica con un deporte que nunca le diría que no debía extenuarse, o que le recordaría que debía comer y dormir, o que le obligaría a descansar para no estresarse ante lo que —en opinión de Oliver Wood— siempre era un partido importantísimo que no podían perder.

A veces era complicado no sentirse celosa.

—¡Ni es nuestro cumpleaños ni nuestro aniversario! ¡Wood, concéntrate!

—Eso estoy haciendo —le aseguró sin levantar la vista de sus papeles. Morag se cruzó de brazos y puso los ojos en blanco; después de que gruñó, Oliver volvió a verla—. ¿Quieres que te traiga algo de helado? Eso le ayudó a Charlie mientras estábamos en Hogwarts. No sé por qué pero decía que hasta parecía que el capitán era yo, cuando en realidad era él. Y, cuando finalmente fui el capitán, tuve que convencerlo para que nos ayudara con la Copa de las Casas. Es increíble que decidiera que obtener un buen número de aprobador, en los ÉXTASIS, era más importante que el quidditch.

—Oliver…

—Eso fue porque no hubo un buscador decente hasta que Harry apareció. O un par de bateadores decentes, para ser honesto. Todavía no sé qué me motivó a darle un bate a los gemelos Weasley, pero ellos fueron a hacer la prueba y no tenían ni idea en qué podían ser buenos. Es una lástima que se concentraron en despreciar tal talento en aquella tienda de bromas suya. Eso está bien, supongo, pero no se compara en nada al quidditch.

—Oliver…

—Me encontré con Marcus ayer en la Tienda de Té de Madame Tudipié. El pobre muchacho estaba sufriendo por causa de su madre. ¿Puedes creerte que consiguió una novia? Por lo que me pude enterar, se escabulló durante un tiempo hasta que la señora Flint lo descubrió. ¡Aunque se venía tan lindo volando en esa escoba de juguete! Aunque aquel conejo de felpa bloqueó la vista, ¿por qué tenía que agarrarlo mientras le tomaron la fotografía? Qué ultraje.

—Oliver… —siseó.

Estaba a punto de asesinarlo.

—Lo que me recuerda. ¿No tienes nada qué hacer mañana en la tarde, cierto? Tengo preparada una sorpresa para ti allá. ¡Te encantará! Y ya aprendí mi lección: no te regalaré otra escoba sin enseñarte primero cómo usarla. Y tengo que saber, ¿cómo te las ingeniaste para terminar en el estanque? Estaba a, más o menos, quince metros de nosotros. Pudiste romper la escoba. Es un buen modelo. No es uno que usarías para jugar al quidditch si quieres ganar. Sin embargo, eres una novata así que te queda bien.

—¡OLIVER!

—¿Ajá? —preguntó confundido.

—Tienes que definir tus prioridades —espetó Morag con un evidente tic en el ojo. Y si su novio no comprendía que estaba cavando su propia tumba, le maldeciría—. ¿Cómo puede una persona ser tan increíblemente densa?

—¡¿Me estás diciendo gordo?!

Oliver se puso de pie y empezó a evaluar su propio peso.

Morag conjuró una almohada y le dio un fuerte golpe en el cabeza.

—Tienes suerte de ser lindo, Oliver Wood.