Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Tema 80: Palabras. (O Words)


Encuentros en los pasillos

"Words are also actions, and actions are a kind of words."

Ralph Waldo Emerson.


La temporada de quidditch nunca le había parecido tan extenuante hasta ahora.

Al ser un estudiante de séptimo, solo tenía esta oportunidad para ganar la Copa de Quidditch a menos que, Godric lo prohibiera, tuviera que repetir el año por alguna razón. Le recorrió un escalofrío: a pesar que su madre compartía su pasión por los deportes, fue muy específica al mencionar qué tipo de consecuencia afrontaría si no le ponía interés a sus estudios. No podía imaginar un mundo donde no pudiera hacer lo que más le gustaba. Por eso mismo, aparte de entrenar al equipo para que estén en óptimas condiciones, también debía obtener el mínimo de aprobado en los ÉXTASIS.

Oliver suspiró. ¿A nadie le molestaría que se contentara con no esforzarse más de lo necesario? Los estudios eran importantes, suponía, pero no se comparaba con competir en la liga profesional. Ese era su sueño. Eso era lo que quería conseguir. ¿A quién le importaba que supiera diferenciar mil y una constelaciones cuando iba a detener mil y dos intentos de goles? Se imaginaba el entusiasmo de la multitud tendría al aclamar su nombre.

Iba a ser genial.

¿Qué podría hacer? ¿Qué plan podría diseñar para que Gryffindor ganara la Copa?

Su hilo de pensamientos se vio interrumpido cuando se tropezó con algo.

O, más concretamente, con alguien.

—¿Nunca te fijas por dónde caminas? —preguntó ella, de mal humor. Era un par de años más joven que él. No parecía tener el carácter de ser una jugadora decente; no obstante, eso se resolvería si entrenaba lo suficiente. Cuando se dio cuenta que era una Ravenclaw, lo desechó. No ayudaría a la competencia—. Tuviste suerte que no estuviéramos cerca de las escaleras. Ya tuve que rehacer un ensayo por eso, ¿sabes?

—O pudiste limpiarlo. Hay un par de hechizos para eso —sugirió Oliver. Ella entornó los ojos—. ¿Ya leíste Quidditch a través de los tiempos? ¡Es el mejor libro que existe! De hecho, es el único libro decente que hay en la biblioteca.

—Ajá —lo interrumpió—. Supongo que eso serás, ¿cierto?

Exactamente. Eso haría.

Entrenaría aún más e ingresaría en las reservas de algún buen equipo. «¿Y qué esperas para postularte para los Chudley Cannons?», le preguntó Weasley. Eh, el menor de los varones. Requirió el uso de todo su autocontrol para que no enumerara todas las razones por las que los Chudley Cannons eran considerados el peor equipo de la liga. Sabía apreciar la fascinación que un buen fanático le daba a su equipo favorito y, en cierta manera, le parecía adorable. Una vez, cuando tenía seis años, fue a su primer partido. No recordaba mucho de aquella tarde, pero ahí surgió su pasión. Su amor. El quidditch era su destino, ¿y quién era él para criticarlo?

Pero Trelawney era una verdadera molestia. ¿En qué estaba pensando cuando eligió Adivinación? Oh, sí. Quería una nota fácil. Le salió mal; sin embargo, se negó a abandonar la asignatura después de los TIMO. No era un desertor. «¡Tu equipo necesita descansar! Y si no nos permites que nos recuperemos, te prometo que haré que te arrepientas», advirtió Angelina Johnson. No tuvo otra alternativa más que concordar con ella. No quiso terminar en la enfermería.

—¡Sí! —dijo con entusiasmo—. ¿Vendrás al primer partido? Tendremos que derrotar a Slytherin.

—No iré. No me gusta el quidditch.

A Oliver le dio algo.

Qué sacrilegio.

—¿Pero por qué? No sabes de lo que te pierdes. —Entonces tuvo una idea—. ¿Irás al partido de Gryffindor versus Ravenclaw?

—Supongo… —respondió vacilante. La sonrisa de Oliver se ensanchó—. ¡Solo es para dar apoyo moral, nada más! No te pienses cosas extrañas, Wood.

—¿Sabes quién soy?

—Cualquiera que pretenda entrenar en el campo de quidditch te conoce, te lo aseguro. Eres la razón por la que se hacen reservaciones —dijo ella. Oliver no se consideraba un experto en bromas pero tras convivir con, entiéndase sobrevivir a, los gemelos Weasley ahora las podía diferenciar. Y fue una muy mala—. ¿Me dejas pasar? Quedé encontrarme con Blaise en la biblioteca. El muy torpe pretende copiarse de mi ensayo de Historia.

—Je, no lo culpo. Yo lo hago.

—Yo no. Amo la historia.

Oliver la miró raro.

—¿Cómo te llamas?

—Morag.